lunes, 29 de septiembre de 2014

LA ISLA MINIMA




Película: La isla mínima. Dirección: Alberto RodríguezPaís:EspañaAño: 2014. Duración: 105 min. Género: Accióndrama,policiacothrillerInterpretación: Raúl Arévalo (Pedro), Javier Gutiérrez (Juan), Antonio de la Torre (Rodrigo), Nerea Barros  (Rocío), Salva Reina (Jesús), Jesús Castro (Quini), Manolo Solo (periodista), Jesús CarrozaGuion: Rafael Cobos y Alberto Rodríguez. Producción: Mercedes Gamero, José Antonio Félez, Mikel Lejarza, José Sánchez Montes y Mercedes Cantero. Música:Julio de la Rosa. Fotografía: Alex Catalán. Montaje: José M.G. Moyano. Vestuario:Fernando García. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International EspañaEstreno en España: 26 Septiembre 2014.


1980. En un pequeño pueblo de las marismas del Guadalquivir, olvidado y detenido en el tiempo, dos adolescentes son encontradas muertas. Desde Madrid envían a dos detectives de homicidios, Pedro y Juan, de perfiles y métodos muy diferentes que, por distintos motivos, no atraviesan su mejor momento en el cuerpo policial. Nada es lo que parece en una comunidad aislada, opaca y plegada sobre sí misma. Las pesquisas de los detectives parecen no llevar a ningún lado. En este difícil proceso, Juan y Pedro deberán enfrentarse a sus propios miedos, a su pasado y a su futuro. Su relación se irá estrechando y sus métodos se harán parecidos. Lo único importante es dar con el asesino.


La isla mínima. Imprescindible cine policíaco. Aún mejor que Grupo Siete. La mejor película española del año. 
Alberto Rodríguez se corona con La isla mínima como uno de los mejores directores con los que cuenta el cine español actual. Su capacidad de creación visual con personalidad, su talento para contar historias en imágenes que vienen respaldadas por tramas competentes servidas con afán perfeccionista y con un trabajo en el que destaca también la dirección de actores, sitúa a Rodríguez en la primera división del cine europeo. Además tiene una visión de los géneros sin complejos que le permite facturar producto digno de interesar a público internacional, lo cual que sus películas son películas sobre la frontera, entre el bien y el mal, entre el crimen y la ley, fronteras éticas y espirituales tanto como fronteras geográficas o mentales. Por eso es tanto más inexplicable que La isla mínima no esté entre las candidatas a competir por los Oscar, considerando además que es un policíaco de factura intachable, ejemplar, con toques clásicos a los que Alberto Rodríguez ha sabido añadir la idiosincrasia cultural e histórica española. De manera que su paseo por el sur  de España siguiendo la pista a un asesino en serie en compañía de dos policías recuerda notablemente la mejor serie policiaca  norteamericana de los últimos años, True Detective, con la que presenta puntos argumentales y visuales en común (esos planos cenitales que dibujan el mapa del laberinto que recorren los protagonistas investigando el crimen, por ejemplo), se da la mano con esa otra historia del sur estadounidense. Pero además tiene la habilidad de no entregarse al mimetismo gratuito de las fórmulas del policíaco estadounidense, y desde el primer momento presenta con orgullo su identidad plenamente española......(ACCIÓN DE CINE).



Poco a poco, con paciencia de monje trapense, el realizador andaluz Alberto Rodríguez está construyendo, como quien no quiere la cosa, tal vez la más coherente de las carreras en el cine criminal que haya visto el reciente cine español. En esta, sin duda alguna, su película más redonda, por qué no, su primera obra maestra, logra además algo que ya se intuía en la anterior 'Grupo 7' (2012): la capacidad de nuestro hombre, y de su guionista, el imprescindible Rafael Cobos, para reconstruir con extremo rigor el referente histórico más o menos reciente. Aquí, una exposición del impactante fotógrafo sevillano Atín Aya le sirve de inspiración para armar un rompecabezas fascinante, se mire por donde se mire: la resolución de un doble crimen en las marismas del Guadalquivir, en el año de gracia de 1980; un escenario sencillamente primoroso, un asesinato repugnante.
Tres tramas criminales en una
La última película de Alberto Rodríguez es apasionante desde el punto de vista del género: ahí es nada reconducir con éxito hasta tres tramas criminales en una sola película, sin perder nunca de vista ninguna, y cumpliendo a satisfacción la conclusión de todas. Lo es desde el punto de vista de sus personajes. Porque si, en 'Grupo 7', la relación entre los policías tenía algo déjà vu cinematográfcamente, aquí resulta del
todo inédita: lo que tienen entre ellos el policía demócrata Raúl Arévalo y el escurridizo Javier Gutiérrez (excelentes ambos, pero hay que acotar que aquí el segundo logra su mejor personaje en cine hasta la fecha) es cualquier cosa menos maniquea. Y lo es, en fin, desde el punto de vista histórico, que tal vez sea el que mejor sabe refejar el film. Ese momento de cambio, cuando muy gramscianamente lo viejo se resiste a morir, pero a lo nuevo le cuesta mucho abrirse paso (en suma, la creación de una fcción esencialmente política), nunca había sido reconstruido así en el cine español.
Horror, pasividad y sueños de confort
La incertidumbre, el horror sin nombre, la vida muelle de señoritos aburridos que se pasan de la raya, pero también la pasividad de las clases subalternas, los sueños de adolescentes que se mueren de aburrimiento y aspiran a un mundo de confort, el día a día de ir trampeando para seguir viviendo, son los elementos del puzzle. Y el resultado ya quedó dicho: una gran, inmensa película. Pegada a la realidad pero al mismo tiempo, inteligente pasatiempo. Denunciatoria pero sutil, y sin resultar machacona: el director respeta a su espectador, en un tour de force del que este siempre sale recompensado, pero con inteligencia. ¿Qué más se puede pedir?.(FOTOGRAMAS).

...Desde las primeras imágenes el director, Alberto Rodríguez, nos apresa y seduce, captando nuestra atención. Con solo situar la cámara en un lugar inesperado – ese picado cenital atronador – siembra el interés y la inquietud, consiguiendo fundir la trama narrativa con la textura visual: ¿cómo interpretar lo que vemos? ¿Cómo atar cabos en un entorno taciturno y garrulo? ¿Cómo ver más allá de la superficie de las cosas y de las palabras hasta reconstruir la complejidad de unos crímenes atroces? Es esta opulencia de capas y sugerencias lo más admirable de la cinta. Reproducir una época (ese año de 1980 con ecos de servidumbres recientes y esperanzas inciertas), desagraviar el olvido, advertir los detalles que nos hacen vislumbrar exenciones malsanas y tóxicas, reparar la inquietud de una comunidad al borde de la nada y con ganas de huir y salir adelante......(Antonalva.Madrid).

lunes, 22 de septiembre de 2014

EL CORREDOR DEL LABERINTO



Película: El corredor del laberinto. Título original: The maze runner. Dirección: Wes Ball. País: USAAño: 2014. Género:Ciencia-ficciónInterpretación: Dylan O’Brien (Thomas), Thomas Brodie-Sangster (Newt), Kaya Scodelario (Teresa), Will Poulter (Gally), Aml Ameen (Alby), Blake Cooper (Chuck), Ki Hong Lee (Minho), Patricia Clarkson (ministra Ava Paige). Guion: Noah Oppenheim, Grant Pierce Myers y T.S. Nowlin; basado en la novela de James Dashner. Producción: Ellen Goldsmith-Vein, Lee Stollman, Wyck Godfrey y Marty Bowen. Música: John Paesano. Fotografía: Enrique Chediak. Montaje: Dan Zimmerman. Diseño de producción: Marc Fisichella.Distribuidora: Hispano FoxfilmEstreno en España: 19 Septiembre 2014.

Thomas se despierta en un ascensor que asciende lentamente. Cuando la caja se detiene y las puertas se abren, Thomas se ve en medio de un grupo de chicos que le dan la bienvenida al Claro: un enorme espacio abierto flanqueado por gigantescos muros de hormigón. Su mente está totalmente en blanco. No tiene ni idea de dónde está, no sabe de dónde viene y no puede recordar ni a sus padres, ni su pasado, ni siquiera su propio nombre. Ni Thomas ni el resto de sus compañeros saben cómo ni por qué han llegado al Claro. Solo saben que las gigantescas puertas de hormigón que conducen al Laberinto se abren cada mañana. Que todas las noches, con la puesta de sol, se vuelven a cerrar. Y que, cada treinta días, un chico nuevo llega en el ascensor. El predecible comportamiento del Laberinto hizo que la llegada de Thomas fuera esperada. Lo que no era esperable es que la caja apareciera de nuevo, menos de una semana después, portando a Teresa, la primera chica en llegar al Claro. Thomas descubre que cada habitante del Claro tiene asignada una tarea, desde trabajos de jardinería o construcción a ser uno de los corredores de élite que elaboran el mapa de los muros del Laberinto que los mantiene cautivos y cuya configuración cambia cada noche. Los Corredores del Laberinto corren contrarreloj intentando cubrir el mayor terreno posible antes de que acabe el día, cuando el Laberinto se cierra herméticamente y los mortíferos laceradores biomecánicos deambulan por las galerías de la gigantesca estructura de hormigón. Aun siendo un recién llegado o “novato”, Thomas siente una inquietante familiaridad hacia el Claro y el Laberinto. Hay algo profundamente guardado en su memoria que, de hecho, puede ser la clave para resolver los misterios del Laberinto y, tal vez, del mundo que se encuentra más allá.



..El film es entretenido, logra crear una atmósfera de tensión y miedo, por los peligros que acechan y la incómoda ignorancia de los personajes, compartida con los espectadores, acerca de lo que realmente está ocurriendo, unos y otros no saben por qué pasa lo que pasa. En algunos momentos la cinta se acerca al género de terror, también por ciertos pasajes violentos no aptos para todos los paladares. Visualmente la cinta es impactante, pero algunos momentos de acción son algo confusos y videocliperos, aturullan demasiado.
La idea principal que propugna El corredor del laberinto, muy adecuada para la sociedad actual, tan acomodaticia y pasiva, es la de qué actitud se debe adoptar ante las dificultades y problemas que hay que resolver en la vida. En los extremos, se puede aceptar el estado de las cosas, esto es lo que hay, y adaptarse; o bien, propugnar un cambio radical para alcanzar una solución; y en medio hay bastantes posibles posturas, según uno esté dispuesto a arriesgar –quizá temerariamente– o adoptar una actitud prudente –que podría lindar con la cobardía–.
Hay una decisión de no recurrir a actores de caché demasiado alto, tenemos jóvenes guaperas más o menos resultones como al protagonista, Dylan O’Brien, al que sólo conocerán los fans de la serie Teen Wolf. Los secundarios funcionan razonablemente –siempre resulta agradable ver a Patricia Clarkson, aunque sabe a poco su presencia–, pero se saca poca tajada a la llegada al lugar de una chica, que debería revolucionar al gallinero, podría uno pensar, y que encarna una sosita Kaya Scodelario.(DE CINE21).


.....El corredor del laberinto consigue así otra de sus características esenciales: es absolutamente adictiva. Para ello no ha tenido que inventar nada. Ya estaba todo inventado. Como relato tiene elementos de El señor de las moscas, pero maneja un tono en todo lo referido a la llegada del héroe y su integración en el grupo que es heredera de clásicos del cine de los años sesenta y setenta, como La leyenda del indomable, El día de los tramposos o Papillon, películas que incluí en mi repaso de títulos del cine de fugas en el último número de la revista Acción precisamente para acompañar el estreno de El corredor del laberinto. Ejemplo de ello es la pelea del protagonista con Gally (Will Poulter), que recuerda la pelea a puñetazos de Paul Newman y George Kennedy en La leyenda del indomable (incluso el actor y el personaje de Gally se asemeja mucho físicamente a Kennedy y su personaje, Dragline, en ésta última). El corredor del laberinto me ha recordado también mucho en su situación de arranque a otro de mis títulos clásicos favoritos del cine bélico:Comando en el Mar de China, protagonizada por Michael Caine y Cliff Robertson y dirigida por Robert Aldrich en 1970…
Todas ellas son, como El corredor en el laberinto, un entretenimiento infalible y muy recomendable.(revista acción).

.....La vi en un pase para fans que ofreció la Fox en Madrid. Antes que nada, aclarar que me gustan mucho los libros: son muy originales y tienen personalidad (probablemente los críticos de cine digan "otra película para adolescentes con tema distópico", pero no. En realidad, no tiene nada que ver con "Los juegos del hambre" y "Divergente"; más bien, con "El señor de las moscas" y "Perdidos" --te hace preguntarte todo el rato: ¿qué está ocurriendo, por qué los han llevado (y quiénes) allí, qué va a pasar ahora?--. Sí, son de esos libros que lees sin parar porque necesitas averiguar qué ha pasado y obtener respuesta para todos los misterios que hay en ellos.
Dicho esto, la peli es distinta en varias cosas. Eso no quiere decir que cambie cosas importantes de la trama... Lo que hace a lo mejor es tomar otro derrotero para desembocar en el mismo sitio. Y esto generalmente a los fans de un libro no nos gusta (sólo hay que ver el ejemplo de "Cazadores de sombras", aunque eso estaba en otro nivel totalmente distinto en cuanto a calidad y cambios. Aquí no hablamos de ese tipo de modificaciones), pero ¿sabéis qué? LA PELÍCULA ES ALUCINANTE...(HAEK,Madrid).

lunes, 15 de septiembre de 2014

BOYHOOD (MOMENTOS DE UNA VIDA)




Película: Boyhood (Momentos de una vida). Dirección y guion:Richard LinklaterPaís: USAAño: 2014. Duración: 165 min.Género: Drama. Interpretación: Patricia Arquette (Olivia), Ellar Coltrane (Mason), Lorelei Linklater (Samantha), Ethan Hawke(padre). Producción: Richard Linklater y Cathleen Sutherland.Fotografía: Lee Daniels y Shane Kelly. Montaje: Sandra Adair.Diseño de producción: Rodney Becker. Vestuario: Kari Perkins.Distribuidora: Universal Pictures International SpainEstreno en España: 12 Septiembre 2014. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


“Boyhood (Momentos de una vida)” es un drama rodado con el mismo grupo de actores durante doce años, concretamente desde 2002 a 2013, que trata de un viaje tan épico como íntimo a través de la euforia de la niñez, los sísmicos cambios de una familia moderna y el paso del tiempo.

Una película verdaderamente singular, aunqueRichard Linklater no deja de seguir en Boyhood la estela de su celebrada trilogía iniciada con Antes del amanecer. Pues en ambos casos se reflexiona sobre las relaciones humanas, el amor y el discurrir de la vida, con el paso del tiempo, y la madurez y sabiduría que se van adquiriendo al aprender de los errores, como elementos configuradores de lo que se cuenta. Se diría inspirada en parte por la traslación de Harry Potter al cine –los libros del niño mago son citados explícitamente–, pues aunque de otro modo, también en esa saga el espectador ha visto crecer a los protagonistas, aunque en ese caso a lo largo de los años, y no de golpe, como el espectador experimenta de un modo muy vívido en este film.
Lo novedoso en Boyhood, es que se trata de un proyecto que su director ha ido rodando a lo largo de 12 años para estrenar al fin ahora, manteniendo el mismo reparto, lo que resulta especialmente importante en el caso del protagonista Mason –al que seguimos hasta que cumple 21 años y se va a estudiar a la universidad, gran papel de Ellar Coltrane iniciado cuando era un chaval–, aunque también en el de su hermana Samantha –a la que da vida la hija del director, Lorelei Linklater–, y en el de sus padres divorciados –interpretados por Patricia Arquette y el habitual de Linklater Ethan Hawke–.
El director, guionista y productor sale airoso de su experimento de largo metraje, casi 3 horas, pues logra imprimir a lo que cuenta el sello de la autenticidad, el proceso que vive el protagonista desde su infancia hasta que está en edad universitaria, en el ambiente de una familia desestructurada con un ambiente típicamente estadounidense: la madre llega a pasar por tres matrimonios, y cada esposo tiene sus rasgos problemáticos.
Todo el film discurre con gran naturalidad, se evitan los tópicos al abordar los típicos ritos de iniciación a la vida, no hay excesos ni aspavientos cuando se produce el desconcierto vital, aunque haya momentos de dolor, y surja la inevitable pregunta existencial "¿Cuál es el sentido de todo esto?", para la que no hay aquí una respuesta trascendente. Linklater pinta con convincentes rasgos vigorosos a los personajes con sus respectivos lazos; y nadie es perfecto, pero de ningún "árbol caído" se hace "leña", más bien hay un esfuerzo de comprensión de cómo son los demás, y de sus posibilidades de mejorar. El modo en que se pinta al padre simpatizante de Obama en las elecciones presidenciales, y el matrimonio que tanto aprecian el rifle y la Biblia, son ilustrativos de un enfoque amable, que evita los juicios hoscos tan habituales hacia aquellos que tienen distintos puntos de vista. Hay sin duda momentos hermosos –las conversaciones hijo-progenitor, la satisfacción de que un consejo en un momento dado no cayó en saco roto...–, que como en la vida, ocurren también en el cine, y que transmiten emociones genuinas.(DE CINE 21).

Una obra maestra que perdurará por años. La sencillez convertida en maestría, la perseverancia en arte puro, el talento trabajado a lo largo de los años, de más de una década de seguir preparando una película única, pero no diferente. Diferente en el modo de concebirse, en la realización de la misma. Pero el resultado, en gran medida, tampoco tiene que ver tanto con el rodaje de la película, que es lo que se está anunciando a bombo y platillo en todas partes, sino con la historia, los personajes y la película en sí. El alma de la película no es su rodaje, es la forma en la que cuenta una pequeña historia, con una honestidad, una fuerza y una magia conmovedoras.
Sí, es cierto que el truco ayuda. La película se ha rodado ininterrumpidamente durante doce años para abarcar la vida del protagonista desde que es un niño hasta la mayoría de edad. Para no cambiar de actor ni recurrir a trucos de maquillaje absurdos. El cine y la televisión americanos, siempre empeñados en contratar actores demasiado mayores para hacer de adolescentes y que el paso del tiempo no les afecte demasiado, y resulta que Richard Linklater ha optado por lo contrario. Por la paciencia y el trabajo de años para levantar una obra enorme sobre una pequeña vida. El resultado es sensacional y ayuda mucho, no vamos a negárselo, la continuidad de los personajes y los actores a lo largo de la historia. Da una pátina de realismo aún mayor, de credibilidad porque, como ya se han adelantado a decir muchos, ves crecer a este chico delante de tus ojos, lo que convierte la película en una suerte de novela río, pero de carácter audiovisual. Ves cómo le cambia la voz, la altura, el pelo, las facciones… Sigue siendo él mismo, pero creciendo. Y eso, lo quieras o no, es una forma de convencer al espectador nunca antes vista en una película. Doce años de paciencia que han dado sus frutos. Pero tampoco nos engañemos, más allá del “stunt” publicitario, si la película no tuviese miga, no tuviese alma, se hubiese quedado todo en mero artificio sin nada real a lo que hincarle el diente. Por suerte la película de Richard Linklater tiene mucho más de lo que parece a simple vista debajo de sus imágenes........(ACCIÓN DE CINE).

Existe un precedente de 'Boyhood', una saga aún en curso, dirigida por Michael Apted, 'The 7up Series', que, desde 1964 y cada siete años, entrevista a los que fueron sus objetos de estudio (niños de orfanato y de internado) ahora convertidos, por obra y gracia del tiempo, en lo que la vida ha querido modelar de sus sueños. El tiempo, por supuesto. El ser y el tiempo. Las dos grandes diferencias entre este proyecto y el de Linklater, probablemente, una de las películas más importantes y hermosas de los últimos años, es que: 1) uno es documental y el otro ficción, y 2) en la propuesta de Apted, el espectador envejece al mismo ritmo que lo que ve en pantalla, obligado a vivir sus elipsis con las de los protagonistas.
En 'Boyhood', obra maestra que haría resucitar de alegría a André Bazin, Linklater ha ido mucho más allá que Apted. Rodando una semana al año durante 12 años con los mismos actores, dibujando la historia de una familia que parece robada de la propia vida, ha logrado captar el latido del tiempo en cada uno de los gestos de su devenir, en el modo en que afecta a nuestro vínculo con el mundo cuando este se está formando –vemos en qué se convierte Mason (Ellar Coltrane) de los 5 a los 17 años, ese periodo que identificamos con el relato de iniciación–; y en cómo la vida nos abre los ojos, cumple y frustra nuestros sueños (el personaje de la magnífica Patricia Arquette es, en este sentido, sintomático). En definitiva, en cómo el tiempo nos hace humanos.
Catarsis sin subrayar
Los 12 años que cuenta la película, concentrados en casi tres horas que pasan en un suspiro, son 12 años que también han transcurrido para el cineasta. Y, sin embargo, es imposible imaginar más consistencia en el tono, más coherencia en un tratamiento del tiempo que nunca se pone en primer plano, que nunca quiere definirse a sí mismo como una sucesión de catarsis, que nunca subraya las circunstancias del contexto, que nunca evidencia sus elipsis. Los que pensaban que la trilogía de Linklater con Ethan Hawke y Julie Delpy era un monumento a las erosiones del tiempo real, tendrán que admitir que 'Boyhood' le da sopas con honda.
Conmover y... terminar
Estamos ante una de las películas domésticas más conmovedoras de la historia, porque su sola existencia, tan modesta y humilde como un Súper 8 infnito, hace crecer la mirada del espectador, la implica en su propuesta, tan transparente como experimental, de una manera que sólo el cine parece capaz de conseguir. Cuando el Sol se pone y todo termina, es imposible que no nos embargue una enorme melancolía. ¿Qué será de nosotros cuando las luces de la sala se enciendan? ¿Qué será de nosotros cuando la vida y el tiempo estén de nuestro lado?.(FOTOGRAMAS).

domingo, 7 de septiembre de 2014

JERSEY BOYS




Película: Jersey boys. Dirección: Clint EastwoodPaís: USAAño:2014. Duración: 134 min. Género: Biopicdramamusical.Interpretación: Christopher Walken (Angelo “Gyp” DeCarlo), John Lloyd Young (Frank Valli), Vincent Piazza (Tommy DeVito), Erich Bergen  (Bob Gaudio), Michael Lomenda (Nick Massi), Mike Doyle (Bob Crewe), Renée Marino (Mary), Erica Piccininni (Lorraine).Guion: Rick Elice y John Logan; basado en el musical homónimo.Producción: Clint Eastwood, Graham King y Robert Lorenz.Fotografía: Tom Stern. Montaje: Joel Cox y Gary D. Roach. Diseño de producción:  James J. Murakami. Vestuario: Deborah Hopper. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International EspañaEstreno en España: 5 Septiembre 2014.


La película cuenta la historia de cuatro jóvenes de Nueva Jersey que iban por mal camino y que se unieron para crear el icónico grupo de rock The Four Seasons. La historia de sus esfuerzos y de sus triunfos va acompañada de las canciones que influyeron en toda una generación.


Clint Eastwood mezcla drama, crimen y musical. Y no, no es su mejor película ni de lejos, pero consigue que una historia aparantemente poco interesante de un grupo de amigos italoamericanos que forman un grupo de música en los 50 que acabará convirtiéndose en el famoso grupo The Four Seasons. Aunque quizá sea incorrecto hablar de un grupo cuando la historia se centra continuamente en la vida de Frankie Valli. Pero lo interesante es como el genial director de películas como Sin Perdón, da un nuevo giro a su carrera con su edad, para presentarnos una historia contada de un modo distinto. Un musical que no se centra tanto en las canciones como en la historia detrás de los personajes. Una historia llena de drama y marcada por la herencia de estos cuatro amigos.
Nacidos en el lado equivocado de la ciudad, ligados desde jóvenes al crimen y la mafia, pero con un enorme talento para la música, sobre todo el más joven de ellos, la historia basada en la realidad nos lleva a lo largo de los años, desde los primeros devaneos con el crimen y la música, hasta el éxito, los problemas y luchas internas, las traiciones y la separación del grupo. Y aunque la historia se centra como decíamos en Valli, es contada desde los puntos de vista de los cuatro miembros del grupo musical, quienes ofrecen su perspectiva dirigiéndose al espectador y, muchas veces con un enorme sentido del humor. La película juega con el guiño continuo con quien están en la sala de cine.
Y funciona bastante bien. El pulso narrativo de Eastwood es perfecto para la historia, los actores están contenidos, sutiles y bien elegidos, además de que la música ayuda a contar la historia y no se convierte en un ir y venir de canciones y gente cantando por la calle, sino que la música tiene su porqué y sólo hay un número musical clásico, con coreografía y todo, al final de la película. Una historia entretenida, muy bien contada, con mucho drama en sus personajes, que incluye no sólo el crimen, sino la desintegración de la familia, el peso de la fama, la traición de los amigos, el poder o el dinero.
El problema de la película está primero en su excesiva duración, que hace que tenga serios problemas de ritmo en algunos momentos, en lo que pueda interesar la historia a los espectadores actuales (y la música) y en un tono en el guión a ratos demasiado complaciente. Pese a que quiere contarnos las luces y las sombras del grupo, a veces uno tiene la sensación de que las sombras interesan menos, sobre todo las profesionales. Además el hecho de centrarse tanto en Valli hace que perdamos de vista algunos personajes mucho más interesantes, como el de Tommy DeVito. Queda como resultado una buena película, muy potente por momentos, pero que pierde en el contraste con sus lagunas. Los fans de la música y de Eastwood seguro que la disfrutarán incluso más que el resto de mortales.(ACCION DE CINE).



Ya cantaba en La leyenda de la Ciudad sin Nombre (Joshua Logan, 1969) y capturó el espíritu del jazz en Bird (1988), pero a un melómano como Clint Eastwood le quedaba dirigir su musical al más puro estilo Broadway. Su compromiso con el éxtasis y caída de los Four Seasons nunca parece ir más allá del mero encargo, pero también exhibe una voluntad lúdica inédita en su filmografía desde hace tiempo. Un guiño a Uno de los nuestros (1990) nos recuerda, sin embargo, que Eastwood no es Martin Scorsese, que su capacidad para transmutar canciones pop en dinamismo cinematográfco nunca llegará a proporcionarnos una experiencia tan chispeante como siempre ha sido Jersey Boys sobre las tablas.
El director se sobrepone a cualquier arritmia cuando empieza a considerar esta historia como una pieza (ligera) de acompañamiento a Banderas de nuestros padres (2006) y J. Edgar (2011). Con la primera comparte una refexión sobre la fama; con la segunda, un interés por la historia secreta del siglo XX. Como mausoleo para la edad dorada de la melodía, Jersey Boys tiene un acabado algo endeble, pero su diseño es fascinante.(FOTOGRAMAS).


Adaptación de un popular musical de Broadway, basado en la historia del grupo sesentero The Four Seasons, con guión a cargo de los propios autores del libreto original, Marshall Brickman y Rick Elice. Como es de sobras conocido el amor de Clint Eastwood por la música –ha creado bandas sonoras de sus cintas y le encanta el jazz–, existían fundadas esperanzas de que dirigiera un buen film. PeroJersey Boys resulta más bien fría y desangelada.
Pese a las buenas canciones, el film no parece un musical, sólo el número final remite al género. Lo que cuenta es una historia bastante convencional, de cómo se forma una banda musical en un ambiente gangsteril, con los altibajos y rencillas que propician la fama y el dinero. No está en tal sentido lejos de cintas recientes como Cadillac Records y Dreamgirls, con la diferencia de que la segunda película citada es bastante superior al film de Eastwood. Incluso la autocita de Eastwood a una vieja serie televisiva en la que tuvo importante presencia, se revela como detalle perezoso en un querer y no poder. Es como si estuviéramos ante un sucedáneo de lo que pudo ser y no fue, su proyectado remake no realizado de Ha nacido una estrella.
Faltan, sobre todo, las emociones genuinas. Los diálogos de los protagonistas a cámara, en que ofrecen sus impresiones sobre el modo en que discurre su carrera, resultan artificiales y descolocan. Los actores, desconocidos procedentes casi todos del musical original, no resultan memorables, aunque la voz cantarina de John Lloyd Young, que encarna a Frankie Valli, es poderosa. El veteranoChristopher Walken compone bien a su gángster, prácticamente sin despeinarse. (DE CINE 21).