sábado, 5 de abril de 2014

NOÉ



Película: Noé. Título original: Noah. Dirección: Darren Aronofsky.País: USAAño: 2014. Duración: 138 min. Género: Drama.Interpretación: Russell Crowe (Noé), Jennifer Connelly (Naamé),  Ray Winstone (Tubal Caín), Emma Watson (Ila), Logan Lerman  (Cam), Anthony Hopkins (Matusalén), Douglas Booth (Sem), Nick Nolte (Samyaza), Mark Margolis (Magog), Kevin Durand (Rameel),Marton Csokas (Lamech). Guion: Darren Aronofsky y Ari Handel.Producción: Arnon Milchan, Scott Franklin, Mary Parent y Darren Aronofsky. Música: Clint MansellFotografía: Matthew Libatique. Montaje: Andrew Weisblum. Dirección artística: Mark Friedberg. Vestuario: Michael Wilkinson.Distribuidora: Paramount Pictures SpainEstreno en España: 4 Abril 2014. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.




Inspirado por la épica historia de valor, sacrificio, esperanza y redención, Darren Aronofsky lleva al cine su personal visión de Noé. Russell Crowe interpreta al hombre elegido por Dios para llevar a cabo una  trascendental misión de rescate antes de que una inundación apocalíptica destruya el mundo. La historia completa nunca antes se había llevado a la gran pantalla en una epopeya, invitando al público a vivir esos espectaculares acontecimientos a través de la mirada y las emociones de Noé y su familia en su periplo por el miedo y la fe, la destrucción y el triunfo, la calamidad y la esperanza. La producción embarcó al reparto y al equipo técnico de la pelicula en su propio e inesperado viaje al introducirlos en una intensiva investigación del mundo de Noé para hacerle justicia al texto y embarcarse en un Arca de verdad, construida a mano según las indicaciones de la Biblia. El resultado es el primer retrato cinematográfico de Noé como un hombre imperfecto cuya sobrecogedora tarea se enfrenta contra lo peor de la humanidad a la vez que reafirma nuestra fe en lo mejor de ella.



Más incestos que en Juego de tronos,batallas sin recurso a la Convención de Ginebra, asesinatos a sangre fría… Y un genocidio por vía acuática. Está claro que el Antiguo Testamento no es material para pusilánimes. Y también está claro queDarren Aronofsky no es de los que se arredran: aun lastrada por defectos a granel,Noé demuestra la capacidad del canadiense para convertir un episodio bíblico en un filme comparado ya por muchos con El Señor de los anillos, pero cuyos excesos primigenios le hacen aproximarse más a Conan el Bárbaro (versión John Millius, claro) y su Era Hiboria. 
El planteamiento de Noé es, además de conocido, sencillísimo: Dios ha decretado que la humanidad ensucia mucho, confiándole a ese Russell Crowe desbordante el papelón de preservar de su venganza a la fauna y la flora. Una vez expuesta la premisa, todo vale, desde el recurso a los  aspectos más fantásticos y chocantes del original hasta una formidable secuencia que aspira a convertir El árbol de la vida en bonsai, pasando por las loas al vegetarianismo, los ayes de las víctimas del Diluvio, un Anthony Hopkinsadorable (¿padecía Matusalén de falta de riego?) y un Ray Winstone al que sólo le falta mirar a cámara y prorrumpir en risotadas de folletín para cuadrar su rol de villano.
Ante semejante bullabesa, es inevitable invocar el tópico del malabarista y el exceso de bolas en el aire. Tópico en este caso muy veraz, sobre todo en lo que toca a los personajes: quienes se indignen ante el hecho de que Emma Watson parezca estar ahí sólo para hacer pucheritos pueden consolarse pensando que Douglas Booth no recibe siquiera la ocasión de caernos bien. En el plano estructural el director tampoco se aclara, habiendo de librarse la cuestión entre aquellos que valoren más el drama claustrofóbico de la segunda mitad y quienes (como nosotros) hubiesen cambiado con gusto los sermones medioambientales e infanticidas por un ratito más con esos ángeles caídos tan grotescos y tan majos.
Noé no es una película simpática. Tampoco pretende serlo: los arrebatos místicos y los brotes misántropos que conviven en el imaginario de Aronofsky hallan en sus fotogramas el campo para una batalla que, como suele pasar, queda en tablas. Aun así, el cineasta encara con mucha dignidad una tarea en la que sus mayores (John Huston, sin ir más lejos) las pasaron canutas, ofreciendo en el proceso tantos espacios para la reflexión como para el “¡Hala, cómo mola!”. Un trabajo, en suma, revestido de una personal e intransferible megalomanía.(CINEMANIA).


.......Aronofsky tropieza en Noé con la misma encrucijada a la que se sometió John Huston cuando rodó La Biblia. Huston salió del reto aplicando en la superficie de su película una especie de capa de imprimación visual que incorporaba ocasionalmente planos propios de los pastiches bíblicos de Cecil B. De Mille y la épica paisajística de David Lean, pero  sin renunciar en ningún momento a poner en primer término a los actores que le permitían tratar más en confianza y de manera más humana a las figuras bíblicas que retrataba. Aronofsky hace algo parecido con referentes más actuales. Incluye planos que parecen sacados de El señor de los anillos o El Hobbit, como los del ataque al arca, pero sin dejarse arrastrar a una dictadura de planos aéreos, cámaras voladoras y grandilocuentes planos generales que impongan la épica superficial y externa sobre la mirada íntima. Mantiene así su estilo visual de filmación cámara al hombro y nos mete entre sus personajes como si estuviéramos siguiendo una pieza de un reportaje televisivo. Nos muestra la épica y el diluvio como telón de fondo de la intriga y el conflicto de los personajes, nunca en un primer plano visualmente arrollador. El diluvio se pone al servicio de la intriga y el conflicto en torno a Noé, no es Noé el que se presta a ser una marioneta de la catástrofe. Y en esa intriga Aronofsky trabaja sobre todo el primer plano y la construcción de su película utilizando a los actores como su mejor efecto especial. De ese modo Noé queda dividida en dos partes, siguiendo escrupulosamente el viaje del héroe tejido por Joseph Campbell en su libro sobre mitología El héroe de las mil caras. En la primera, el héroe recibe y acepta su misión, y en ese camino llegamos hasta le ecuador del relato, la catástrofe propiamente dicha. Poner el diluvio en el ecuador del relato ya es en sí misma toda una declaración de principios por parte del director. A partir de ahí llega la segunda parte. Si la primera plantea un conflicto eminentemente exterior, la segunda nos zambulle en el conflicto interior de todos los personajes supervivientes de la catástrofe, filmado con gran coherencia desde dentro del arca en el que viajan. Hay poco paisaje exterior y el relato se desarrolla, en contraste con la primera parte, en una clave visual claustrofóbica. Y ahí es donde Aronofsky consigue hacer que la intriga y los conflictos de los personajes sean mucho más interesantes que el despliegue de épica visual de la primera parte. Noé se construye así como una balanza en equilibrio donde el platillo de la derecha es el de la épica visual más adolescente del cine de superproducción de nuestros días y el platillo de la izquierda es el viaje interior del atribulado Noé y sus compañeros, entre los cuales destacan como motores de intriga y conflictos los personajes interpretados por Emma Watson y Logan Lerman. El fiel de la balanza que registra el equilibrio de esas dos partes que integran la película es la evolución de la relación de Dios con los hombres, pasando desde el Dios temperamental y furioso que se siente traicionado por los hombres y por sus ángeles vigilantes y consecuentemente se distancia y castiga a los hombres en la primera parte al Dios que se reconcilia con lo humano otorgando a los hombres el libre albedrío en la segunda parte. Noé queda así como la historia de liberación del hombre. En ese sentido es interesante reparar en la pincelada más religiosa de toda la película, que incide con elegancia en la idea de Dios hablando o dejando de hablar con los hombres como recompensa o castigo, que desemboca en la idea de que la conversación de Dios con los hombres se torna mucho más fluida y menos traumática después del diluvio y cuando el hombre, Noé, recupera la confianza de Dios y con ello el libre albedrío, siendo así responsable de sus propias decisiones.
Sólo una pega, la misma que aqueja a otros momentos de piradas de pinza visuales de Aronofsky en La fuente de la vida: la recreación de Adán, Eva y el Pecado Universal me parece espantosa, pedante y de una simpleza que no se corresponde con el resto de la película.(ACCIÓN DE CINE).




En contra, por Noel Ceballos
Bienvenidos al búnker bíblico de Darren Aronofsky: una parábola fundamentalista (y, a ratos, directamente malsana) sobre el exterminio justificado de una humanidad que decidió darle la espalda a Dios y el viaje espiritual de un hombre que siempre se mantuvo firme en su fanatismo, incluso cuando este le exigía una conversión en infanticida ángel de la muerte. Es posible que Noé sea el blockbuster épico más extravagante del año, con su descripción de los tiempos antediluvianos como una suerte de Tierra Media alienígena y sus desquiciados recursos estilísticos. También es el más profundamente reaccionario: su tratamiento de lo secular como abyección extrema (que necesita ser erradicada para dejar paso a un renacer divino) da la medida del contenido ideológico de esta fantasía oscura y pomposa. Aronofsky renuncia al debate teológico y filosófico para alinearse con la interpretación menos polémica del texto, pero quizá sea interesante comprobar lo lejos que quedan los tiempos de Pi (1999): ambas películas hablan de la comunicación con Dios a través de la abstracción, pero ahora sus obsesivos protagonistas se pliegan ante las exigencias del mainstream falsamente espiritual.
A favor, por Jordi Costa
La búsqueda de sentido, ya sea a través de la matemática, la adicción, el amor eterno o el martirio del cuerpo, recorre la filmografía de Aronofsky hasta llegar a su primera película explícitamente religiosa. Un trabajo que, antes que rechazar como anacrónica extravagancia, conviene valorar por su condición de destino marcado, a pesar de que sus formas sean rabiosamente extravagantes. El cineasta sirve a Noé como si fuera el mito fundacional de una civilización extraterrestre, resituando la espectacularidad del viejo cine bíblico en una variable de la ciencia-ficción.
Su Noé es, a un tiempo, mito remoto y nuestro contemporáneo: el individuo frente al Apocalipsis, como el atormentado Curtis de esa puesta al día, casi carveriana, de la historia del Diluvio que fue “Take Shelter” (2011), golpeado por una voz divina tan violenta e indescifrable como la que sacudía al Cristo de Scorsese. Con un sentido del espectáculo a la vez sofisticado y primitivo, esta síntesis de megablockbuster delirante y turbio dilema moral es un enérgico antídoto contra el orden racional dominante en la industria de la ficción, pero también víctima potencial de instrumentalización por parte de los integrismos.(FOTOGRAMAS).

domingo, 30 de marzo de 2014

IDA





Película: Ida. Dirección: Pawel Pawlikowski. País: PoloniaAño: 2013. Duración: 80 min. Género: Drama. Interpretación: Agata Kulesza (Wanda), Agata Trzebuchowska (Hermana Anna)), Joanna Kulig, Dawid Ogrodnik, Adam Szyszkowski. Guion: Pawel Pawlikowski y Rebecca Lenkiewicz. Producción: Eric Braham, Piotr Dzieciol y Ewa Puszczynska. Música: Kristian Selin Eidnes Andersen. Fotografía: Lukas Zal y Ryszard Lenczewski. Montaje: Jarek Kaminski. Diseño de producción: Katarzyna Sobanska y Marcel Slawinski. Vestuario: Ola Staszko. Distribuidora: Caramel Films. Estreno en Polonia: 25 Octubre 2013. Estreno en España: 28 Marzo 2014.


Anna es una joven novicia que, en la Polonia de 1960, y a punto de tomar sus votos como monja, descubre un oscuro secreto de familia que data de la terrible época de la ocupación nazi. Junto a su tía recién encontrada, iniciarán un viaje en el que ambas se enfrentarán con las consecuencias de su pasado.


Ya de buen comienzo, una elección de composición del encuadre, con mucho aire por arriba, nos advierte que en esta película alguien ha pensado cómo se colocan las figuras en el campo que ve el espectador. Esas fguras, sobre todo las dos protagonistas, aparecen aplastadas por el marco superior de la imagen, como si no fueran responsables de su propio destino. Y no lo son: en la Polonia de los primeros años 60, esas dos mujeres poco horizonte tienen ante ellas.
De ahí la elección de la fotografía, riguroso blanco y negro; de ahí la búsqueda de una verdad incómoda tras la mudez del resto de los personajes, la roña que toda sociedad guarda sobre sím misma y su pasado, y que, en Polonia, se llama, como en otros lugares de Europa, antisemitismo, ambición, muerte. Pawlikowski hace emprender a sus protagonistas un viaje hacia una verdad que intuimos de buen comienzo: lo que importa no es esclarecer la verdad como compartir experiencias.
Y no les deja escapatoria: en ese país que ya no es (¿que ya no es?), la libertad de una consiste en una solución radical, y la de la otra, la novicia, no existe más allá de las cuatro paredes del monasterio. 'Ida' es una de esas sorpresas agradables que a veces nos da un cine que dista mucho de los mejores hallazgos que jalonaron su agitada historia.(FOTOGRAMAS).


......Sobria y eficaz película de Pawel Pawlikowski, coescrita con Rebecca Lenkiewicz. Con líneas severas que encajan bien con la narración, y que hacen pensar en el cine nórdico de Ingmar Bergman y compañía, o más reciente en el tiempo, en La cinta blanca de Michael Haneke, sigue el clásico esquema de viaje del héroe ­–en este caso, heroína–, que tras diversos avatares ya no es el mismo, en el proceso ha madurado, se ha vuelto más sabio, más conocedor de la naturaleza humana.
Sin aspavientos e histerismos, ni derroteros facilones, el film muestra las consecuencias en las personas de las tragedias producidas por las grandes tiranías del siglo XX, el nazismo y el comunismo. En tal sentido resulta muy interesante la relación entre Ida y Wanda –excelentes Agata Kuleska y, sobre todo, Agata Trzebuchowska–, donde contrasta la fe inocente de la protagonista con la piel dura de quien, instalada en el cinismo, se diría que no tiene ya una posible redención a su alcance.
A pesar de que el film es pesimista, y muestra la terrible soledad del ser humano –llama la atención que Anna-Ida no tenga un interlocutor con quien compartir sus anhelos y dudas, ya sea un confesor, la madre superiora, su tía, alguien en definitiva, sólo queda Dios, pero un Dios silencioso, al que sólo cabe rendirse aunque aparentemente no responda–, muestra una poco habitual apertura a la trascendencia y un reconocimiento de que los horrores del mundo son consecuencia de la actuación libre de las personas, que se labran su propio destino, aunque puedan verse fuertemente condicionados por los avatares históricos.(DE CINE 21).

viernes, 28 de marzo de 2014

CAPITÁN AMÉRICA: EL SOLDADO DE INVIERNO





Película: Capitán América: El Soldado de Invierno. Título original:Captain America: The Winter Soldier. Dirección: Anthony Russo yJoe RussoPaís: USAAño: 2014. Duración: 136 min. Género:AcciónaventurasfantásticoInterpretación: Chris Evans (Steve Rogers / Capitán América), Scarlett Johansson (Natasha Romanoff / Viuda Negra), Anthony Mackie (Sam Wilson / Halcón),  Samuel L. Jackson (Nick Furia), Sebastian Stan (Bucky Barnes / Soldado de Invierno), Cobie Smulders (agente Maria Hill), Robert Redford (Alexander Pierce), Frank Grillo (Brock Rumlow), Georges St-Pierre (Georges Batroc), Hayley Atwell (Peggy Carter), Toby Jones (Arnim Zola), Emily VanCamp (Agente 13), Maximiliano Hernández (Agente Jasper Sitwell). Guion: Christopher Markus y Stephen McFeely. Producción: Kevin Feige. Música: Henry Jackman. Fotografía: Trent Opaloch. Montaje: Jeffrey Ford y Mary Jo Markey. Diseño de producción: Peter Wenham. Vestuario: Judianna Makovsky. Distribuidora: The Walt Disney Company SpainEstreno en USA: 4 Abril 2014. Estreno en España: 28 Marzo 2014. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


Tras los devastadores acontecimientos acaecidos en Nueva York con Los Vengadores, “Capitán América. El Soldado de Invierno”, de Marvel, nos cuenta cómo Steve Rogers, alias el Capitán América, vive tranquilamente en Washington, D.C. intentando adaptarse al mundo moderno. Pero cuando atacan a un colega de S.H.I.E.L.D., Steve se ve envuelto en una trama de intrigas que amenaza con poner en peligro al mundo. El Capitán América une fuerzas con la Viuda Negra y lucha por sacar a la luz una conspiración cada vez mayor mientras hace frente a asesinos profesionales enviados para silenciarle. Cuando por fin se revela la magnitud de la malvada trama, el Capitán América y la Viuda Negra van a contar con la ayuda de un nuevo aliado, el Halcón. Pero deberán enfrentarse a un enemigo inesperado y extraordinario: el Soldado de Invierno.


......Pero bueno, más allá de una cierta flojera de continuidad, la pareja de cineastas parece tenerlo todo bien atado en una aventura bastante física ─hay un cierto rudimentarismo 80´s en algunos pasajes y personajes, incluso─ comandada una vez más por un Chris Evans muy cómodo en el personaje ─mejor, porque todavía le queda─ y bien acompañado por el eterno Samuel L. Jackson, la trabada Scarlett Johansson ─siempre ambigua comparsa─, un Anthony Mackie que se apunta a un bombardeo y, atención, Robert Redford, leyenda que con cruzar la pantalla le vale. Obligadas son un par de secuencias post-créditos, y el rótulo que recuerda que el Capi volverá con los colegas para la llegada de Ultrón. Pero eso será en el siguiente capítulo.(LA BUTACA).


.......Capitán América: El soldado de invierno también es a su manera un reflejo de este sinvivir del personaje. No deja de ser una película que "hace tiempo" de cara al próximo evento que reuna al supergrupo en Los vengadores: La era de Ultron. El origen del personaje ya quedó satisfactoriamente relatado en Capitán América: El primer vengador, así que esa parte mejor ni tocarla. De carisma anda justo –¿a que da igual si no se quita la máscara?–, y a la que se descuida le roban la tostada los especialistas secundarios de S.H.I.E.L.D. Por si fuera poco, tan aislado y teledirigido –de casa al curro, del curro a casa– es prácticamente imposible que le suceda nada en su vida personal. Pero si hasta Viuda Negra (Scarlett Johansson) tiene que emplearse a fondo para introducir algo de chispa sexual en la vida de un Steve Rogers (Chris Evans), cuerpo de joven, cabeza de viejo, que se conforma con una partida de dominó y recordar hazañas bélicas en el hogar del veterano.
Expuestos los problemas para esta secuela, en Marvel han tomado decisiones creativas para afrontar nuevos retos y situaciones. Una vez más, habría que añadir. Los que hablan de lo previsible y poco original de la mecánica de las franquicias de la Casa de las Ideas lo hacen de oídas. Fortalecen sus debilidades hasta convertirtlas en los pilares sobre los que soportan cada nueva entrega. El caso de Capitán América: El soldado de invierno es ejemplar. A un personaje monolítico y plano como el de este patriota obediente le introducen dudas propias de Jason Bourne o el Bond descreído de Skyfall. Su anémica galería de personajes se enriquece reclutando a Viuda Negra o Nick Furia, concediéndoles entidad de protagonistas y ahorrándonos de paso un spin-off innecesario de S.H.I.E.L.D......(CINEMANIA).


Capitán América, el soldado de invierno. El mejor cine-cómic después de El caballero oscuro y Los Vengadores.
Sospecho que algunos polemistas con más tiempo de ocio mal empleado que yo me van a dar la brasa por atizarle cinco estrellas, aunque luego algunos de estos detractores ni se molestan en leer la crítica hasta el final. Así que aclaro ya en estas primeras líneas que, por coherencia con lo que pienso del cine y su naturaleza primordial, que es la de servir como evasión y entretenimiento, y en el marco del cine-cómic, (que a veces hay que explicar y subrayar hasta lo más obvio) esta película es en mi opinión, por su calidad de construcción y planteamientos, tanto narrativos como visuales, de cinco estrellas. Mejor que las tres de Iron Man y las dos de Thor. Muy bien construida en sus planteamientos de cine. Haciendo palanca con su identidad primordialmente de película de intriga conspirativa, espías y acción, incluso consigue ponerse más allá de ser otra película más de superhéroes para encontrar su propia personalidad como proyecto cinematográfico. Hasta el momento, en las películas dedicadas a adaptar superhéroes del comic, y más concretamente en las que lo hacen con personajes de Marvel o DC siempre se ha advertido una dependencia del cine frente a los personajes originales que llevaba este tipo de propuestas por un camino intermedio, pleitesía a las imposiciones de presentación y desarrollo del personaje según las claves de las viñetas, limitándose a copiar esas claves del comic mecánicamente sin otorgarle al proyecto naturaleza verdaderamente cinematográfica. Así es como muchas de estas películas fueron fallidas, como Daredevil, Los cuatro fantásticos, Green Lantern, el segundo Hulk… Frente a este planteamiento de convertir al cine en marioneta desarticulada de adaptaciones planas del cómic, Marvel empezó a orientar mejor su rumbo con el primer Iron Man, culminando ese viaje en Los Vengadores, que marcó un nuevo estándar de calidad y aspiraciones para este tipo de producto de ocio audiovisual que inevitablemente navega entre dos mundos, el del cómic y el del cine, pero después de Los Vengadores parece empezar a inclinar la balanza hacia las claves del cine, algo que claramente evidencian Iron Man 3 y Thor 2 y confirma, para bien, superando a las dos anteriores claramente, esta segunda entrega de las aventuras cinematográficas del Capitán América, mucho mejor que la primera. Lo que viene a demostrar Capitán América, el soldado de invierno, es que el cine, buen cine, empieza a pesar más a la hora de concebir las adaptaciones de los superhéroes de la Marvel al cine, una tendencia que considero positiva y que, siempre dentro del estilo Marvel y aceptando todas las diferencias que ello implica respecto al estilo de la editorial DC, es la misma que aplicó Chistopher Nolan cuando inició su trilogía sobre Batman, especialmente con El caballero oscuro.........(REVISTA ACCIÓN).


El número 180 de la serie regular del Capitán América, publicado en diciembre de 1974, concluía con una de las viñetas clave en la historia de la cultura pop norteamericana: por primera vez, un escándalo político real (el Watergate) introducía una escala de grises en el mundo blanco, rojo y azul del personaje. Así, un reclamo patriótico nacido al calor de la propaganda de guerra se convertía en el pulso de una nación desengañada con la administración Nixon. Los responsables de Capitán América: El soldado de invierno han debido de tener muy en cuenta esta faceta del personaje a la hora de actualizar ese desencanto paranoico a nuestra era de Snowdens, Mannings y actividades encubiertas de la NSA: sus maneras replican y homenajean al thriller político de los 70 (con Robert Redford como tótem y Alan J. Pakula como espíritu guía), pero su subtexto no puede ser más relevante.
Aquellos que no comprendieron el optimismo pulp de la primera entrega disfrutarán con los matices sombríos que introduce esta secuela, auténtica exhibición de la pericia de Marvel Studios a la hora de construir un universo transmedia complejo. No obstante, sus estrategias suelen dar mejores frutos cuando son puestas en manos de autores como Shane Black o Joss Whedon. Los hermanos Russo demuestran una vigorosa mano izquierda para los interludios cómicos (la visita a la Apple Store, los cameos de dos estrellas televisivas), pero su planificación en las secuencias de acción no podría ser más pedestre y rutinaria. Inspirada en la etapa de Ed Brubaker al frente del personaje, El soldado de invierno adolece del mismo esquematismo argumental y de una ausencia casi total del factor sorpresa: sólo su excesivo clímax y la perfecta simbiosis de Chris Evans con el icono que interpreta consiguen situarla ligeramente por encima de su predecesora. Al final, resulta extraño que tanto espectáculo deje cierto regusto a episodio de transición.(FOTOGRAMAS).

sábado, 22 de marzo de 2014

EL GRAN HOTEL BUDAPEST



Película: El gran hotel Budapest. Título original: The grand Budapest hotel. Dirección: Wes AndersonPaís: USADuración:100 min. Género: ComediaInterpretación: Ralph Fiennes (M. Gustave), F. Murray Abraham (Mr. Moustafa), Mathieu Amalric (Serge X.), Adrien Brody (Dmitri), Willem Dafoe (Jopling), Jeff Goldblum (asesor legal Kovacs), Harvey Keitel (Ludwig), Jude Law(joven escritor), Bill Murray (M. Ivan), Edward Norton (Henckels),  Saoirse Ronan (Agatha), Jason Schwartzman (M. Jean), Léa Seydoux (Clotilde), Owen Wilson (M. Chuck), Tilda Swinton (Madame D.), Tom Wilkinson (escritor), Tony Revolori (Zero). Guion: Wes Anderson; basado en un argumento de Wes Anderson y Hugo Guinness. Producción: Wes Anderson, Scott Rudin, Steven Rales y Jeremy Dawson. Música: Alexandre Desplat. Fotografía: Robert Yeoman. Montaje:Barney Pilling. Diseño de producción: Adam Stockhausen. Vestuario: Milena Canonero. Distribuidora: Hispano FoxfilmEstreno en España: 21 Marzo 2014.


“El gran hotel Budapest” narra las aventuras de Gustave H., el legendario conserje de un famoso hotel europeo del período de entreguerras, y de Zero Moustafa, un botones que se convierte en su amigo más leal. La historia incluye el robo y recuperación de una pintura renacentista de incalculable valor; una frenética batalla por una inmensa fortuna familiar; y el inicio de la más dulce historia de amor; como telón de fondo, un continente que está sufriendo una rápida y drástica transformación.


Simplemente magnífica, Wes Anderson se ha vuelto a superar. Ha llevado su mundo al límite, logrando un increíble resultado. Si técnicamente es muy buena, el guión lo es todavía más. Humor constante en estado puro, repleto de pequeños detalles geniales. 

Como nos tiene acostumbrados, la estética está muy cuidada y bien lograda, repleta de colorido. Destaca sobretodo el colosal reparto, que querría tener todo director, permitiéndose incluso no sacarle jugo a la mitad de los actores, como a Bill Murray. De entre todos, cabe mencionar especialmente a un tremendo Willem Dafoe, aunque también es cierto que su papel le va como anillo al dedo.

Hermosa, divertida, melancólica... y sobre todo: una película única.(BOUNS.Barcelona).


........A base de juntar bien las piezas Wes Anderson se ha hecho mayor. En El gran hotel Budapest, el director de Viaje a Darjeeling ha subido cremallera y ha salido de su tienda de campaña para regalarnos su película más grande y ficcionada. Su protagonista, Gustave H –brillantemente interpretado por Ralph Fiennes– tiene aquel chasquidito del fantástico Sr. Fox y la paternidad mal entendida de Bill Murray enAcademia Rushmore –aquí apadrinando cual capitán Haddock al genial lobby boy Tony Revolori, ¿o era Tintín el “padre”?–, pero sobre todo es un personaje de la cabeza a los pies, una ficción tan al servicio de un legendario hotel de montaña como de la potencial aventura que le pueda traer el guión. Una frenética historia de las de antes con peripecias –¿recordáis El secreto de la pirámide?–, con guiños al mejor Hitchcock y a Spielberg –Tintín–, pero tan wesandersoniana que sería ridículo decir que se parece a otra cosa que a él mismo.
Porque en esta huida peregrina de un conserje y un botones en manos de una obra de arte de incalculable valor, están todos los habituales encantos del director: el amor por los detalles y las cámaras lentas, esa música que nos reconcilia con la vida –¡Alexandre Desplat a la balalaica!–, o ese excéntrico reparto creciente que es ya una familia –la suya– de genios. Está, sí, el mundo descompuesto de fondo, la Europa de entreguerras que le inspiró la lectura del escritor suicida Stefan Zweig, pero aquí, quizás, ya no haya reconstrucción ni mundo a escala. Pues el universo Wes Anderson, ese zorro fantástico, tiene ya tanta entidad que a veces parece que nunca estuvo roto.(CINEMANIA).



Un lugar es, en sí mismo, un relato. Fetichista de los espacios convertidos en preciosas casas de muñecas, Wes Anderson ha concebido el Hotel Budapest como una colmena de historias que a su vez exhibe los efectos, y ahí está la novedad en su flmografía, del devenir histórico. Se ha roto la burbuja del submarino de 'Life Aquatic' (2004). La ha roto desde esa mezcla de densidad y ligereza que caracteriza su cine: densidad en lo narrativo (en un cuarto de hora atravesamos tres tiempos, historias dentro de historias que evocan las puestas en abismo de las novelas de Stefan Zweig, la principal inspiración del flm) y en lo estético (dirección artística detallista hasta lo maníaco; uso de miniaturas; cambio de formato según la época); y ligereza en el tono. Anderson cuenta la llegada del Nazismo como si saltara de una aventura de Enyd Blyton a otra de Tintín, con una frívola elegancia no exenta de nostalgia.
Nostalgia de una era en la que al cineasta tejano le hubiera gustado vivir: una era donde los modales importaban, el debate intelectual era moneda común y la estética una cuestión de ética. ¿Cuál es la ética de 'El Gran Hotel Budapest'? Acasodemostrar que el pasado nos reinventa, y que recordarlo, con todas sus luces y sombras, ha de ser una experiencia deliciosa.(FOTOGRAMAS).