jueves, 11 de octubre de 2012

LO IMPOSIBLE







Película: Lo imposible. AKA: The impossible. Dirección: J.A. Bayona.Países: EspañaAño: 2012. Duración: 107 min. Género: Drama.Interpretación: Naomi Watts (María), Ewan McGregor (Henry), Tom Holland (Lucas), Samuel Joslin (Thomas), Oaklee Pendergast (Simon), Marta Etura (Simone), Sönke Möhring (Karl), Geraldine Chaplin (mujer mayor). Guion: Sergio S. Sánchez, basado en un argumento de María Belón.Producción: Belén Atienza, Álvaro Augustín, Enrique López Lavigne y Ghislain Barrois.Música: Fernando Velázquez. Fotografía: Óscar Faura. Montaje: Elena Ruiz y Bernat Vilaplana. Diseño de producción: Eugenio Caballero. Vestuario: Sparka Lee Hall, Anna Bingemann y María Reyes. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.Estreno en España: 11 Octubre 2012. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


En “Lo imposible”, María (Naomi Watts), Henry (Ewan McGregor) y sus tres hijos comienzan sus vacaciones de invierno en Tailandia. En la mañana del 26 de diciembre, la familia se relaja en la piscina después del día de Navidad cuando el mar, convertido en un enorme y violento muro de agua negra, invade el recinto del hotel. María solo tiene tiempo de gritar antes de ser engullida y arrastrada por la terrible ola. Sin tiempo para asimilar lo incomprensible e inesperado del desastre natural que acaban de sufrir, deberán luchar por la supervivencia y por volver a reencontrarse. La película se basa en una historia real que tuvo lugar durante el tsunami que azotó a la costa tailandesa en el año 2004.


Basada en la historia real de una familia que sobrevivió al tsunami tailandés de 2004, 'Lo Imposible' tiene el mismo corpus temático que el debut de su director, 'El Orfanato' (2007), película de fantasmas con un melodrama familiar dentro. Cambian el género (si bien la primera mitad de este film es puro terror, un survival desgarrador), las situaciones y el diálogo con la realidad, pero los asuntos son los mismos. Se trata de las relaciones familiares y el sentido de pérdida, temas que, por el cuidado y la emoción con los que están tratados, se intuyen constantes en la obra de su autor.
Sin dejar que el apabullante aparato formal de la película eclipse la historia, J.A. Bayona firma un melodrama contundente y emotivo sobre la pérdida, mostrada en distintas fases. 'Lo Imposible' es una película partida en dos, pero ese quiebro no es negativo: el tono, la atmosfera e incluso el género son distintos, pero ambas mitades dialogan entre sí.
Paisaje familiar tras el impacto físico
La primera parte es una recreación hiperrealista de la llegada de la ola y su inmediato impacto físico y emocional sobre los personajes. Esa mitad es un incontestable prodigio formal. Una fotografía y un diseño de producción y sonido espectaculares, enfocados a la verosimilitud, así como un rechazo radical de los excesos digitales sirven al cineasta para reproducir de forma realista el azote de la Naturaleza y hablar de su poder incontrolable, otro tema fundamental de 'Lo Imposible', cuyo tratamiento remite a Peter Weir y Terrence Malick. Y le ofrece un marco idóneo para el realismo, un escenario físico y sonoro donde las heridas físicas y emocionales de los protagonistas (unos soberbios Naomi Watts y Tom Holland) se nos revelan en toda su fiereza. Bayona propone una primera parte casi sin texto, donde el diálogo y la reflexión son mínimos porque los personajes están en shock, porque la película busca la reproducción del impacto.
El gusto por el gesto
Pero el director esquiva la recreación aséptica al detenerse en una serie de gestos y decisiones, abordados con sublime delicadeza (la escena del árbol), que sirven de antesala a una segunda mitad (con una narrativa y una ejecución más convencionales) en la que, tras el shock, en una primera toma de conciencia de la tragedia, 'Lo Imposible' se torna más reflexiva y aborda los sentimientos de una forma más directa.
A partir de un guión de Sergio G. Sánchez, Bayona expone con lucidez y emoción sus temas de cabecera (la infancia, la relación entre madres e hijos, la educación), conmueve con su forma de mostrar la asimilación de la pérdida y cierra la película con un maduro gesto final que insinúa que el viaje de los personajes no acaba ahí.(FOTOGRAMAS).



Lo imposible, gran trabajo de dirección y actores sin falso melodrama. Buen cine que dignifica el género de catástrofe.
Basándose en hechos reales, eso sí, convenientemente maquillados para el cine y cambiando algunas cosas y nombres para buscar una más fácil distribución internacional, algo perfectamente lícito desde el punto de vista empresarial (no olvidemos que el cine es sobre todo una industria), Juan Antonio Bayona vuelve a dar en el clavo como ya hiciera con El orfanato. Ambas películas tienen en común un mismo tema central, la familia. Comparten también un mismo planteamiento: mezclar las características de un género con cierta mirada más personal del director sobre sus personajes. El resultado es una curiosa alianza entre las claves del cine comercial y el cine de autor que Bayona mantiene con eficacia en equilibrio y complementándose en todo momento. Ambas películas tienen también en común un gran trabajo de sus actores. Es algo esencial para la manera en la que Bayona se plantea contar su historia, manteniéndose muy cerca de los personajes, en este caso aún más intensamente próximo que en El orfanato, porque no se trata de creaciones de ficción, sino de personajes inspirados por personas reales. El respeto se impone sin que ello coarte en ningún momento la libertad del director para construir los momentos dramáticos. Más bien ocurre lo contrario: es el respeto por los personajes y por la tragedia real que está retratando lo que facilita una clave para contar la historia. Ese respeto a la tragedia real del Tsunami en Tailandia y a sus protagonistas impone un tono de sobriedad en el tratamiento de la trama y los personajes que evita todo exceso o melodrama gratuito. De ese modo, la película queda revestida de una verosimilitud tanto más terrible cuanto que es más creíble. Y así es también más madura que cualquier otro ejercicio de la fórmula genérica de cine de catástrofe rodado hasta el momento. La sobriedad y la madurez de la película deriva por tanto de ese respeto por el tema, que acaba siendo también un respeto por el público, al que no se acosa en un intento de arrancarle las lágrimas por la vía de la hipérbole banal de la tragedia que con frecuencia caracteriza otras películas catastrofistas.
Por supuesto Lo imposible contiene unas espectaculares e impresionantes escenas del tsunami, el mar invadiendo la tierra y consigue personalizar la experiencia de los protagonistas a través del sonido y con un planteamiento visual y una planificación que prolonga en duración e intensidad ese breve apunte del asunto que nos diera Clint Eastwood en Más allá de la vida. Durante diez minutos asistimos a la brutal experiencia de ser arrastrados por el agua con María, la madre que interpreta Naomi Watts, y su hijo Lucas, interpretado por Tom Holland. El sonido y las imágenes se alían para hacernos sentir dentro del agua.
Pero pronto queda claro que, al contrario de lo que ocurre en el cine de catástrofe, aquí la propia catástrofe no es la protagonista, sino el detonante de la verdadera historia, que es una aventura de supervivencia y superación de la adversidad sin lágrimas fáciles ni resonancias épicas. Muy al contrario. Bayona elige una planificación visual espectacular en la que no cae en la trampa de dejarse llevar por la enorme magnitud de la catástrofe hasta convertirla en un espectáculo. Porque su tema son en todo momento las personas, y no sólo personajes.
Ese respeto es también el origen de tres momentos que marcan el tono de madurez y la solidez de la película. El primero nos muestra una reacción de terror del hijo al ver el destrozo en el cuerpo de su madre e inmediatamente después un momento de pudor al ver el seno desnudo. El segundo consigue ponernos el nudo en la garganta cuando el padre llama al abuelo de sus hijos. El tercero es una especie de canto funeral por los que perecieron en la catástrofe, los que nunca fueron encontrados, el recuerdo a los caídos que cada protagonista llevará siempre a través de esas frases y objetos. Es la memoria, que tan frágil se muestra en el público general en cuanto pasan unos días de la tragedia y otra nueva tragedia estalla en algún otro sitio, porque incluso en esto de compadecernos del prójimo nuestra sociedad se cansa pronto de llorar a los mismos muertos y se muestra ávida y voraz en la búsqueda de nuevas catástrofes.
Esos tres momentos recogen el verdadero acierto de Lo imposible junto con la resolución visual de otras secuencias y el talento del director para trabajar con el encuadre y la cámara borrando la distancia que separa al público y los personajes hasta situarnos casi dentro de la propia película. Hay que destacar aquí el trabajo de dirección de actores, que ha conseguido sacar la máxima naturalidad incluso de los integrantes más jóvenes del reparto. En ese sentido los dos hermanos pequeños son un ejemplo de sencillez en la que no se aprecia la afectación que a veces marca la interpretaciones infantiles en el cine. Los niños de esta película realmente parecen niños, no monstruitos sabihondos. En cuanto a Tom Holland forma con Naomi Watts un dúo perfecto, capaz de meternos totalmente dentro de los momentos más duros que viven los personajes que interpretan. Holland me ha recordado otros dos grandes trabajos de jóvenes actores, Christian Bale en El imperio del sol y Jamie Bell en Billy Elliott. Y para ser sincero me resulta difícil pensar en un momento tan intenso de derroche de talento en la filmografía de Ewan McGregor como el que interpreta con un teléfono en esta película.
No niego que la película tiene un recorrido argumental algo limitado, pero creo que eso también obra en su beneficio. La credibilidad de la historia se perdería prolongando el metraje innecesariamente o introduciendo más situaciones y escenarios. Es más verosímil tal y como se nos presenta, centrando la trama en el arco de desarrollo de la vivencia de estas personajes en primera persona.
Podríamos decir que es una historia intimista en un marco espectacular.
Por otra parte no es tan morbosa como podría haber sido, y aunque haya espectadores que no podrán separarse del pañuelo de papel, no es una película que busca la lágrima fácil.
En conclusión: un gran trabajo. Y un notable esfuerzo de producción que no tiene nada que envidiar a cualquier otra cinematografía.
Lo imposible es plenamente exportable, plenamente eficaz para todo tipo de público, en cualquier lugar del mundo.
(REVISTA ACCIÓN).



Lo imposible se encuadra en un género, el catastrofista, que se presta mucho al convencionalismo, al tópico, al “déjà vu”. Y el mérito, enorme, de Juan Antonio Bayona y su guionista Sergio G. Sánchez, es contar con frescura y mirada de “la primera vez” algo que en otras manos habría sido simplemente normalito, una bonita historia de interés humano, pero como tantos telefilmes, si acaso con efectos especiales más elaborados...
En Lo imposible se nos cuenta la historia -basada en un caso real- de los Bennett, el matrimonio, María y Henry, y sus tres hijos Lucas, Thomas y Simon, de doce, siete y cinco años de edad, de vacaciones por Navidad en Tailandia. Días placenteros en un lugar idílico, puestos literalmente patas arriba por el tsunami destructor que asoló la costa en 2004. La familia se dispersa, tenemos dudas sobre la supervivencia de unos y otros, viven experiencias personales, y con otros individuos que conocen, muy fuertes. Lo típico, pero contado con un talento narrativo excepcional.
Porque la recreación de la catástrofe en Lo imposible resulta sencillamente asombrosa, el espectador vive el desastre en primera persona. Nada que envidiar a lo que hizo Clint Eastwooden uno de los hilos narrativos de Más allá de la vida. Si acaso más espectacular, mejor. Pero dentro del despliegue de producción, asombroso, está la historia, muy bien llevada, con pulso dramático excelente y momentos emocionantes de genuino suspense, sostenidos con increíble osadía, jugando al despiste sin caer en las trampas fáciles. Sí, se confirma que lo de Bayona y Sánchez enEl orfanato no fue un espejismo.
Pero están además los personajes, anglosajones, rubitos, preciosos. ¿No podía ser aquello la puerta abierta a lo meloso y acaramelado, un empacho de buenos sentimientos mil veces vistos en cine? Y sin embargo, imposible no sufrir con el pequeño Tom Holland y su Lucas, obligado a madurar al estilo de Jim en El imperio del sol de Steven Spielberg. Imposible no llorar con Ewan McGregor y sus llamadas con el teléfono móvil. Imposible no pensar que las estrellas de las que habla Geraldine Chaplin conforman una hermosa metáfora sobre la vida y la muerte. Los críos más pequeños son críos, y eso es muy bueno, y se les concede el espacio justo. Y Naomi Watts, imposible no padecer con ella, o dejar de recordar que ya vimos a otra madre sufriente en las manos de Bayona y Sánchez, la que encarnó Belén Rueda en El orfanato.(DE CINE 21).

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