viernes, 13 de diciembre de 2013

12 AÑOS DE ESCLAVITUD




Película: 12 años de esclavitud. Título original: Twelve years a slave. Dirección: Steve McQueenPaíses: USA y Reino UnidoAño: 2013. Duración: 135 min. Género: Biopic,dramaInterpretación: Chiwetel Ejiofor (Solomon Northup), Michael Fassbender (Edwin Epps), Benedict Cumberbatch (Ford), Brad Pitt (Bass), Paul Dano (Tibeats), Garret Dillahunt (Armsby), Paul Giamatti (Freeman), Sarah Paulson (Sra. Epps), Scoot McNairy (Brown), Lupita Nyong’o (Patsey), Alfre Woodard (Sra. Shaw). Guion: John Ridley; basado en la autobiografía de Solomon Northup. Producción: Brad Pitt, Dede Gardner, Anthony Katagas, Jeremy Kleiner, Bill Pohlad, Arnon Milchan y Steve McQueen. Música: Hans Zimmer. Fotografía: Sean Bobbit. Montaje: Joe Walker. Diseño de producción: Adam Stockhausen. Vestuario: Patricia Norris. Distribuidora: DeAPlaneta. Estreno en USA: 8 Noviembre 2013. Estreno en España: 13 Diciembre 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.


“12 años de esclavitud”, basada hechos reales, refleja la lucha de un hombre por su libertad y supervivencia. Dos décadas antes de la Guerra Civil estadounidense, Solomon Northup, un hombre libre de raza negra que vivía en el estado de Nueva York, fue secuestrado y vendido como esclavo. En los años siguientes, en los que conoció la crueldad (personificada por un despiadado propietario de esclavos) y también la amabilidad en momentos inesperados, Solomon luchó no sólo por conservar su vida, sino también su dignidad. Pero en el duodécimo año de su suplicio, un encuentro casual con un abolicionista canadiense cambió su vida para siempre.


......Formidable película, quizá el mejor drama que se ha filmado en cine sobre la esclavitud en Estados Unidos, destinado a tener el impacto que sobre el holocausto tuvo La lista de Schindler. Se basa en una historia real, que contó el propio Solomon Northup en un libro publicado en 1853.Steve McQueen (II) ha probado sobradamente sus capacidades como cineasta en Hunger –las huelgas de hambre de terroristas del IRA– y Shame –las adicciones sexuales–. Aquí se aplica con realismo en describir las penalidades de un hombre libre reducido al estado de esclavitud sin que pueda hacer nada por impedirlo, lo que supone una inmersión en el infierno de algo socialmente aceptado, disponer de las personas como si pudieran ser propiedad de alguien. Hay innegable crudeza en varios pasajes –las flagelaciones, el impuesto despojo de la intimidad...–, pero justificable y medianamente elegante......
(DE CINE 21).


12 de esclavitud, firme candidata a los Oscar, a menos que los de la Academia se hayan vuelto locos del todo.
Ya ningunguearon a Shame, la anterior película de Steve McQueen, así que no me sorprendería que con esta nueva lección de cine del mismo director cometieran el mismo trágico error. Hay algunos que si no tropiezan con la misma piedra dieciocho veces no se sienten realizados. Pero creo que en esta ocasión, por abordar el tema que aborda, esto es, el racismo en Estados Unidos (podríamos decir que el racismo es igual en todas partes, pero quien esto escribe sospecha que esta mala bestia tiene pelaje distinto en distintos lugares, culturas y subcuturas, aunque en el fondo todos llevamos un resto de racismo dentro), es posible que 12 años de esclavitud esté finalmente entre las nominadas a los premios de la Academia de Hollywood de este año.
Sus merecimientos son varios, pero principalmente me llama mucho la atención su madurez a la hora de plantear el asunto sin trucos, como ya hiciera McQueen con el tema de la la soledad y la adicción al sexo (una cosa lleva a la otra) en Shame. Me resulta particularmente entretenido comparar esta película con otras que es su polo opuesto, El mayordomo, por mucho que, como ya dije en mi crítica en esta misma página, me parezca eficaz y además crea que su protagonista también puede optar a nominación al Oscar este año. Curiosamente ambas adaptan las vicisitudes de personajes reales, pero donde en El mayordomo prima el intento de lavar la mala conciencia norteamericana con el tema del racismo contra los negros, la segunda adquiere todo el carácter y al personalidad de un testimonio más sólido sobre el asunto, construyendo el mismo dese la experiencia privada del protagonista. La voz en off funciona más eficazmente como monólogo interior y le otorga un carácter más íntimo a lo que se nos cuenta que nunca tuvoEl mayordomo. Mientras aquella estaba repleta de trucos de culebrón televisiva al estilo de Grandes relatos, ésta otra juega sólo con la verdad, lo cual en estos tiempos que vivimos es francamente temerario, porque la verdad está en busca y captura, no sea que nuestro “país de la piruleta” se nos vaya a freír puñetas, que encima cae en verso.
Doce años de esclavitud se convierte en una de esas películas imprescindibles y necesarias para reconducir nuestra mirada del mundo. Si tuviera que buscarle una compañera de viaje para un programa doble no sería El mayordomo, sino La lista de Schindler, que sigue pareciéndome la película más inquietante de toda la filmografía de Steven Spielberg. Inquietante porque nos permitió mirar al abismo del tema del genocidio y los campos de concentración, que como el racismo, en el caso que nos ocupa, estaba aparentemente muy trillado y abordado del derecho y del revés, pero no de una manera que llevara la mirada y la reflexión del espectador más allá de lo obvio, lo superficial, el tópico, lo evidente. En el caso del genocidio judío incluso habíamos tenido la oportunidad de ver una serie de éxito arrollador en la pequeña pantalla: Holocausto, en 1978. En el caso del racismo tuvimos, un año antes, en 1977, Raíces. Ambas en la misma década, los años setenta. Luego, por “simpatía comercial”, esto es, para explotar el filón, vendrían muchas más producciones de cine y televisión intentando explotar el mismo asunto. Así que apunten en su memoria el papel de la pequeña pantalla para dar el pistoletazo de salida al tratamiento de los mismos. Pero tuvo que pasar mucho tiempo para que Spielberg y ahora McQueen nos llevaran hasta el borde del precipicio, a contemplar el mal en su estado puro, la deshumanización en todas sus variantes y el oprobioso espectáculo de las víctimas y los verdugos bailando su danza de la muerte y el olvido. La lista de Schindler tenía a un villano ejemplar, Amon Goeth, interpretado por Ralph Fiennes. Y Doce años de esclavitud tiene otro tanto con Edwin Epps, interpretado por Michael Fassbender (¿le darán ahora la nominación al Oscar que le deben desde que protagonizó Shame?, quizá este año que tiene también en su agenda El consejero finalmente le toque…). El mal puro y duro. Sin adornos. Ese es el cometido de Fassbender en esta película en la que además ha saltado un duro competidor para cualquier otro nominado en la carrera de los Oscar: Chiwetel Ejiofor, el protagonista de esta pesadilla. Apunten en el reparto otra aportación en clave de cameo o secundario en la que, tal como ocurre con su contribución a El consejero, Brad Pitt, mantiene esa línea ascendente como actor que en mi opinión comenzó con su trabajo enMátalos suavemente. Sea por la edad o porque finalmente su estatus como estrella le permite mayor libertad de elección y mejores propuestas de trabajo, el caso es que Pitt está consiguiendo convencerme mucho más en sus últimos tiempos y demuestra que el nivel alto de sus trabajos en películas como Doce monos o El club de la lucha no era la excepción de la regla. Más que liberarse de su etiqueta como galán guapete de Hollywood lo que está haciendo es aprovecharla con gran astucia para imponerse como un actor mucho más interesante de lo que ha sido en su larga trayectoria como ídolo de mojabragas desaforadas con la brújula del criterio instalada entre las piernas.
Vayan a ver 12 años de esclavitud. Tengan agallas y miren al abismo.
(ACCIÓN DE CINE)


El cuerpo y sus torturas. En ese paisaje después de la batalla se libra el cine belicoso de Steve McQueen. Por eso la imagen más signifcativa de '12 años de esclavitud' es la del cuerpo colgante de Solomon Northup mientras a su alrededor los esclavos de la plantación reanudan sus actividades cotidianas, como si su sufrimiento ocurriera en una burbuja, indiferente al tiempo, encarcelado en un espacio abierto. Es también el momento en que la postura ideológica de la película resulta más declaradamente polémica; en la que, en fin, los blancos dejan de ser los villanos, transfriendo su responsabilidad a todos los que miraron hacia otro lado para sobrevivir.
'12 años de esclavitud' es 'La Pasión de Cristo' (Mel Gibson, 2004) menos el arameo. O así entiende McQueen ese período de la historia de América: hay que ver las heridas, hay que oír los latigazos. Como el 'Mandingo' (1975) de Richard Fleischer, pero en versión arty. La distancia expositiva a la que tiende el cineasta británico, en la elegancia de sus encuadres y la intensidad taimada en la dirección de actores (el magnífco Chiwetel Ejiofor no está solo en esta empresa: ni una sola interpretación, ni la más secundaria, chirría en una película controlada con mano de hierro), evita el melodrama. Emociona, pero sin lágrimas.(FOTOGRAMAS).


Una lectura apresurada de este peliculón tenderá a afirmar, con razón, que estamos ante un clásico instantáneo, ante la película definitiva sobre el esclavismo, y la considerará, con menos tino, el punto medio perfecto entre la corrección vacua (llorica incluso) de El mayordomo y la brutal huida hacia adelante de Tarantino en su Django. Pero igual que su tráiler no hace justicia al filme, todas estas definiciones puramente administrativas, rutinarias en su excelencia, no alcanzan para reconocer el carácter de una obra que enmascara (a través de los resortes del sistema de Hollywood) una docilidad estilística de la que carece, excepto en su resolución final (un alivio en la llaga del espectador, deudor quizá del texto original de 1853). Pese al crédito como productor y a la reserva de personaje a favor de corriente de Brad Pitt, ésta es una obra del McQueen artista, el premio Turner, el torturador necesario de Hunger, el devastador intelectual de Shame, y, por eso, nunca será la película favorita sobre el racismo de Barack Obama.
El primer reto superado es el estético: con su estilo aliado a la temática de la exploración de los extremos del hombre, un juego con el pánico y la soledad que viene de sus anteriores filmes, 12 años de esclavitud remite al mejor Malick, el controlado, sumiso a la naturaleza, y al Paul Thomas Anderson que pone al hombre frente a la inmensidad, física y mental. Soberbios maestros expresionistas de un país que es en realidad una cultura universal; el mérito de todos ellos, y el británico McQueen lo hace además con tan sólo dos filmes americanos (tiene el valor de situarnos ante la magnitud insuperable de un choque genial entre negros e indios), es haberse presentado como contracultura desde lo más hondo de unos valores estéticos asequibles a través una pantalla de cine.
El segundo desafío estriba en la superación del tópico esclavista, del buenismo de Kunta Kinte o de la visión spielbergiana de El color púrpura. Una extraña delicadeza desnuda, desprovista de amaneramiento sentimental pone en contraste forma y fondo (la violencia, durísima, no sólo física: ese plano del hombre colgado por blancos e ignorado por negros) para llevarnos, con permiso del libro de Northup, a reflexionesen la órbita de Hannah Arendt y el Holocausto. Cuando el protagonista pide perdón a los suyos, lo hace por no haber hecho lo suficiente, por no haber peleado por su libertad hasta la muerte: McQueen no culpa sólo a los blancos esclavistas; registra la presencia de un apasionante catálogo de miedos humanos.Reparte inteligentemente las responsabilidades, sin maniqueísmos, pero lejos de equidistancias, mientras Chiwetel Ejiofor clava un personaje para la historia. Hay además un asterisco sobre el trabajo de Fassbender, inmenso en la complejidad de un trastorno de raíces profundas. Ambos facilitan la tarea del director (y guionista), que no cae en un catálogo de poesía del dolor, un dolor nunca redentor sino odioso. Steve McQueen ha dado un nuevo paso para convertirse en el primer personaje que aparece cuando googleas su nombre, por delante del rey cool con pelo a lo marine. Lo va a conseguir a latigazos.(CINEMANIA). 

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