lunes, 13 de marzo de 2017

KONG: LA ISLA CALAVERA




Película: Kong: La Isla Calavera. Título original: Kong: Skull Island. Dirección: Jordan Vogt-Roberts. País: USAAño: 2017. Género: Acciónaventurasfantástico. Reparto: Tom Hiddleston, Brie Larson, Samuel L. Jackson, Toby Kebbell, John Goodman, Tian Jing, Corey Hawkins, Jason Mitchell, John Ortiz, Shea Whigham. Guion: Max Borenstein. Producción: Thomas Tull. Estreno en España: Marzo 2017.


Kong: La Isla Calavera reimagina el origen del mítico Kong en una aventura original del director Jordan Vogt-Roberts. En la película, un diverso equipo de exploradores es reunido para aventurarse en el interior de una isla del Pacífico —tan bella como traicionera— que no aparece en los mapas, sin saber que están invadiendo los dominios del mítico Kong.


Al igual que los inconformistas y contradictorios niños de 'The kings of summer' que se adentraban en el bosque para construir su propia personalidad sobre los cimientos de la aventura como única manera de crecer, Jordan Vogt-Roberts, su director, se ha ido a la Isla Calavera para levantar la que seguramente sea la cabaña más cara, más cinéfila y más aventurera del Hollywood de los últimos años. No es algo nuevo como opción para aproximarse a King Kong: la versión de Peter Jackson no era más que la materialización de un sueño infantil, el del autor neozelandés con respecto a la mitología que el inmortal film de 1933 firmado por Ernest Schoedsack y Merian C. Cooper despertó en él. Los materiales con los cuales Vogt-Roberts edifica ese refugio de imaginación son de primera y heterogénea categoría: desde una relectura muy inteligente de 'La isla del tesoro' (el personaje de John C. Reilly como trasunto del Ben Gunn de la novela de Stevenson), 'La isla misteriosa' de Julio Verne, 'El mundo perdido' de Conan Doyle y 'La tierra olvidada por el tiempo' de E. R. Burroughs a los viajes al corazón de la tiniebla conradianos (y los guiños a 'Apocalypse Now' son evidentes).
Consciente de que el espectador amante de estas aventuras, de este universo deliberadamente pulp, es un niño atemporal, 'Kong: La Isla Calavera' recurre con inteligencia a ese periodo tornado hoy el Shangri-La de la nostalgia: los años 80. Sí, es verdad que su ambientación y acción acontecen en 1973, días después del fin de la guerra de Vietnam y a tres años de que el barco de prospección petrolífera del 'King Kong' de John Guillermin atravesara las brumas de la isla del gorila gigante. Sin embargo, esa influencia bélica (y rocanrolera) es más de los años 80, de las películas de la Cannon (o de los Rambos de la Carolco) que querían ganar aquella guerra perdida desde el cine, un poco como el reflejo (sumamente estimulante) del militar que encarna Samuel L. Jackson aquí. Y más ochentero es el espíritu de survival fantastique que no oculta su deuda y cariño hacia el 'Depredador' de John McTiernan. Con todo, lo más maravilloso de esta extraordinaria película no es únicamente la mano de un director con una inventiva visual (el ataque a los helicópteros al llegar a la isla) apabullante y su sentido de la aventura, del cine de aventuras, sino cómo es capaz de capturar la magia de la imágenes del 'King Kong' de 1933 (Kong surgiendo de entre la niebla, los planos desde lo alto de las montañas) y la poesía (sí, poesía) de la versión de 1976 (las miradas de dignidad y comprensión del rey Kong) para reelaborarlas con estilo propio y maestría.(FOTOGRAMAS).


La mejor película de King Kong desde la original. Un personaje que desde que se estrenó en cines en 
1933 se ha convertido en un icono para el cine, un icono con dos remakes, el último de ellos, el dirigido por Peter Jackson. Es muy difícil revisitar ese personaje sin repetir esquemas previos, y eso es algo que la película de Jordan Vogt-Roberts consigue plenamente. Un viaje a la Isla Calavera en el que no veremos Nueva York, ni una revisión de La Bella y la Bestia, sino un despliegue de cine de aventuras, acción y grandes efectos visuales que por un lado homenajea con brillantez a King Kong y por otro al cine bélico de los 70, con Apocalipsis Now a la cabeza.
No, no estoy comparando Kong con la obra maestra de Coppola, ni mucho menos. Ni en temas, ni en profundidad… Nada tiene que ver. Pero esta película sí ofrece diversos homenajes visuales a aquella y a la guerra de Vietnam en el cine en general. Al cine de los 70 en particular, para ofrecer un espectáculo visual de primer orden, puro entretenimiento que además guarda un par de gratas sorpresas. Desde el diseño de la isla, el propio Kong, los parajes o las criaturas que la habitan (alejándose de los típicos dinosaurios para darnos una nueva serie de monstruos… como esa terrorífica araña gigante), pasando por la propia acción de la película, el tono de la misma, más centrado en Kong casi que en los humanos......(ACCIÓN DE CINE).

......Irreprochable en lo tecnológico, con ritmo desigual pese a que las escenas de acción son abundantes (y muy bien resueltas) y no dan tregua al espectador y con algunos golpes de humor que no terminan de encajar con demasiada armonía dentro del conjunto, la película retiene poco del espíritu de los anteriores Kongs cinematográficos para dejarse llevar por un espíritu lúdico y autorreferencial. En otras palabras, Kong: La isla calavera es a King Kong (1933) lo que Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015) fue a Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993): una grandilocuente banalización de sus aciertos, diseñada al milímetro para cautivar a las nuevas audiencias, pero sin auténtica magia ni facultad para sorprender alguna. Esto, lejos de ser tomado como algo negativo, debería avisar a quienes esperen encontrar en esta cinta algo que no sea dos horas de puro entretenimiento cargado de testosterona. Los constantes guiños a Apocalypse Now se extienden también al aspecto visual –el brutal pasaje del derribo de Kong a los helicópteros, en el que parece que en cualquier momento van a resonar los acordes de Wagner y su Cabalgata de las valkirias; la incendiaria imagen de Samuel L. Jackson dejándose llevar por los efectos destructivos del napalm–, algo que otorga a la obra una atractiva personalidad (prestada) que se ve potenciada con una excelente labor de Larry Fong en la fotografía, su conseguida estética setentera (esas imágenes documentales intercaladas) y el uso de clásicos del rock de la época en su banda sonora. Por todo ello, si no nos dejamos llevar por falsas expectativas de trascendencia –alimentadas, tal vez, por el hecho de tener detrás de las cámaras a alguien como Jordan Vogt-Roberts, realizador de una pequeña perla indie como fue The Kings of Summer (2013)– que nunca se cumplen, la película se disfruta con facilidad y es cumplidora como monster movie con alma de serie B –durante su visionado asoman a nuestro recuerdo aquellas entrañables producciones de Kevin Connor adaptando, a su aire, a Edgar Rice Burroughs– y presupuesto de serie A. El alcance de su calado en el espectador será, en este caso, directamente proporcional a los prejuicios con los que este se acerque a ella.(EL ANTEPENULTIMOMOHICANO).

miércoles, 1 de marzo de 2017

MOONLIGHT



Título: Moonlight
Título original: Moonlight
Dirección: Barry Jenkins                  
Guión: Barry Jenkins, Tarell McCraney     
Reparto: Mahershala Ali, Shariff Earp, Duan Sanderson, Alex R. Hibbert, Janelle Monáe, Naomie Harris, Jaden Piner, Herman 'Caheei McGloun, Kamal Ani-Bellow, Keomi Givens, Eddie Blanchard, Rudi Goblen, Ashton Sanders, Edson Jean, Patrick Decile
Idioma original: Inglés
Duración: 111 min
País: EEUU
Fecha de estreno: 10 de febrero del 2017


'Moonlight' es una historia atemporal de relaciones humanas y autodescubrimiento, que narra la vida de un joven que crece en los suburbios de Miami, desde su infancia hasta la edad adulta. Un retrato vital de la vida afroamericana contemporánea que resuena por su profundidad y sus verdades 

.....Dicen por ahí... muchas cosas, demasiadas. Y todos las decimos aunque no siempre bien, aunque no siempre se entiendan; o aunque lo que queramos decir sea algo tan etéreo como para no poder ser descrito. La cualidad de 'Moonlight', su valor diferencial, es que no es una historia que contar... es una historia que experimentar, capaz de transcender de aquello que se pueda decir. Tan pequeña, tan irrelevante como la vida misma de un cualquier otro que no sea uno mismo, del color que sea y/o quiera ser, y en cierta manera tan insignificante como lo puede ser un premio, el Óscar, en no pocas ocasiones un cincel para opiniones de todo tipo, color e interés bienintencionados y no tan bienintencionados.

Dicen por ahí... muchas cosas, demasiadas. Todos las decimos aunque ni siempre merezcan la pena ser dichas, ni siempre lleguen a manos de las personas indicadas. 'Moonlight' ni es ni deja de ser una gran película, ni es ni deja de ser una película "importante", "necesaria" o cuantos calificativos con los que queramos "marcarla" para su fácil y rápido consumo. Ahí, y no en ninguna otra parte, es dónde la cinta de Barry Jenkins encuentra la valía que tiene, sea cual sea dentro de su condición de "rareza" a reposar convenientemente. Allí es dónde se erige en un filme que merece la pena ver por cuanto se escapa de la apariencia de lo habitual, por cuanto se diferencia de cualquier cosa que pueda decirse de ella que no sea verla, simplemente.

Tan sencillo, estimulante y banal como eso.

Porque la vida no es sino una suma de momentos al final de la cual no hay una IMDb que nos la catalogue ni un Óscar que tiña de satisfacción o no lo que, sencillamente, es una cuestión emocional de cada cual. Eso es 'Moonlight'. O algo que se le parezca.(EL SEPTIMO ARTE).

La originalidad nunca radica en el fondo, sino en la forma. Existe una cantidad limitada de historias que pueden ser contadas, aunque, claro está, las maneras de hacerlo sean infinitas. El inesperado Barry Jenkins (¿alguien vio su ópera prima de 2008, 'Medicine for Melancholy?' Yo tampoco) nos ha arrojado a la cara una obra innegablemente mayor desde la más desarmante de las pequeñeces. De esas que a veces encienden los espíritus de cierta masa durmiente de espectadores sensibles, que activan los detonadores de superlativos ansiosos por ser esgrimidos, llaman a la unanimidad y engendran proles enteras de conversos.
Ahora bien, lo ha logrado recurriendo a uno de esos relatos de siempre: el coming of age, lo iniciático, vaya. Bajo su mirada certeramente impresionista, sin asomo de afectación, y gracias a un pulso forjado a partir de una sensibilidad audiovisual más de cincel que de escoplo, cristaliza en algo único, minúsculo y enorme a la vez, refractario a la categorización fácil: costaría poco, a saber, un 'Boyhood' (Richard Linklater, 2014) negro y gay. Su película es una de esas raras piezas de sabor único, belleza quebradiza y carácter renuente a la generalización. Privilegiando el destello antes que el fulgor, la degustación del momento en vez del redoble de timbales, el gesto y no la postura, 'Moonlight', más jardín de detalles que parque temático, entra en esa categoría de película- experiencia, del que no te la cuenten, tan raramente justificable fuera de la pura mercadotecnia.(FOTOGRAMAS).

Tres momentos, una vida. Little, Chiron, Black, son los tres nombres con que es conocido un afroamericano en distintas etapas de su devenir: siendo un niño a las puertas de las adolescencia, como un adolescente en el umbral de la juventud, y convertido en joven recién ingresado en la edad adulta.
Chiron, su nombre real, vive en el conflictivo barrio de Liberty, Miami, donde la población es presa fácil de las drogas, por consumirlas o traficar con ellas. Su madre es adicta al crack. Él tiene problemas de autoestima, es un chico sensible y frágil, sus compañeros de colegio, cruelmente, le insultan llamándole maricón. Tiene dudas de si es homosexual, y nadie le ayuda a afrontarlas. Vive solo con su madre, y le toma bajo su protección Juan, camello de origen cubano, que vive con su novia Teresa, y que conforman una especie de segunda familia más acogedora, pero no menos problemática. En el colegio, sólo parece sentirse a gusto con Kevin, pero realmente la confianza parece imposible, sobre todo cuando los matones acechan. Con este panorama debe forjar su carácter, madurar.
Drama sorprendentemente sólido del hasta ahora desconocido Barry Jenkins, también guionista, que ha combinado elementos biográficos propios, con otros del responsable de la idea original, Tarell Alvin McCraney, quien había concebido un germen de obra de teatro que iba titularse "A la luz de la luna los niños negros parecen azules-tristes". Llama la atención el verismo de la dura trama, y la inteligencia con que se evita vender ideología, una tentación que de haberse materializado habría rebajado notablemente la fuerza de la historia. Así, dejando algunas puertas abiertas a la interpretación, al jugarse la carta de la ambigüedad –no hay que resolver todas las dudas, dar todo mascado–, sobre todo somos testigos de la dolorosa confusión del protagonista a la hora de crecer en un entorno donde se encuentra básicamente solo, no puede hablar y desahogarse. Es curioso, porque muchos personajes son conscientes de sus tristes carencias y contradicciones a la hora de plantearse ejercer a modo de padre, de madre, de amigo, y su impotencia, propiciada por la marginalidad donde se desenvuelven, acaba clavándose de modo fuerte en el ánimo del espectador. Ello sin estridencias, en un hábil juego de emociones contenidas.
Jenkins rueda con elegancia, visualmente muestra poderío, y su numeroso plantel de actores lo hace estupendamente, increible casting afroamericano. Tenemos al protagonista, encarnado por tres actores muy naturales –Jaden PinerAshton SandersTrevante Rhodes– pero también a los secundarios, más conocidos, Naomie Harris –la madre–, Mahershala Ali –el camello Juan–, Janelle Monáe –una actriz que empieza a despuntar–, donde los dos primeros tiene algunos momentos desgarradores, realmente memorables.(DE CINE 21).

martes, 14 de febrero de 2017

MANCHESTER FRENTE AL MAR




La historia de los Chandler, una familia de la clase obrera afincada en Massachusetts. Después del fallecimiento repentino de Joe (Kyle Chandler), el hermano mayor de Lee (Casey Affleck), este se convierte en el tutor legal de su sobrino (Lucas Hedges). De pronto, Lee se ve obligado a enfrentarse a un pasado trágico que le llevó a separarse de su esposa Randi (Michelle Williams) y de la comunidad en la que nació y creció.


Casey Affleck y Lucas Hedges brillan con luz propia, en este convincente y profundo drama.
Tan agreste como el paisaje en que transcurre, Manchester frente al mar es una de esas películas cuyo poso queda mucho después de finalizar los títulos de crédito. Apoyado en las excelentes localizaciones de carácter costero, Kenneth Lonergan mete el frío ambiente de Massachusetts en los huesos de los personajes, como si estos se hallaran contaminados por la depresión medioambiental que domina la región norteña donde transcurre la trama.
Precisamente, el personaje principal (al que encarna con precisión milimétrica, y mimetismo asfixiante, Casey Affleck) es el más importante valedor de la apuesta del director, destinada a construir un filme carente de artificios innecesarios, y en el que cualquier elemento tiene su sentido de existencia....(ACCIÓN DE CINE).

Las películas de Kenneth Lonergan se rigen por las leyes de la combustión lenta. Expone los elementos de la historia, va configurándolos y dándoles forma de manera callada y sutil hasta que, cuando quieres darte cuenta, te ves atrapado. En 'Manchester frente al mar' intenta representar en la pantalla el dolor en su dimensión más desgarradora. Y lo hace a través de unas imágenes serenas en su superficie que contienen una furia y una rabia internas imposibles de describir. El director renuncia a la épica de la tragedia humana para intentar describir lo que significa la verdadera desolación y el vacío desde la más estricta austeridad emocional.
El resultado es una película que, a través de una elegancia conmovedora, nos introduce en los terrenos de la culpa y la pérdida hasta estallar en un grito de rabia sordo. Y Casey Afeck materializa su tortura íntima desde la contención, a través de la mirada. Una mirada hacia el abismo en la que no hay espacio para la redención.(FOTOGRAMAS).

....Hondísimo y desolador drama familiar entregado con perfección por el guionista y director Kenneth Lonergan, conocido por su estupendo debut tras las cámaras con Puedes contar conmigo. No sale Lonergan de su universo narrativo: los lazos familiares, la muerte, la culpa y las dificultades para reencontrar el rumbo cuando todo se ha hecho añicos. Lo transmite con una película dura, muy dura en su trama argumental, pero ofrecida con una enorme humanidad, con personajes reales, vivísimos, en las antípodas del tópico, a quienes no les cabe más remedio que seguir adelante y afrontar los embates de la vida, a veces verdaderamente trágicos. El sentido del dolor y la desgracia es tan insondable como la inmensidad del océano. Por mucho que lo miremos, que lo contemplemos frente a nosotros, será complicado encontrar las respuestas, tan misterioso es.
Visualmente Manchester frente al mar se despliega como un puzle, en donde por medio de un montaje pormenorizado se van intercalando piezas en diferentes tiempos, que responden a las vivencias del pasado del protagonista. Retazos de vida, que surgen como recuerdos, flashes de lo que fue y se evaporó para siempre. Tal cualidad consigue que narrativamente la película sea un prodigio, pues se elude la confusión con maestría, golpea directamente donde quiere y a la vez se logra transmitir la idea de que es imposible intentar abarcar siquiera una gran parte del mundo exterior e interior de las personas. Siempre faltan piezas, pero bastan unos trazos firmes para vislumbrar un retrato. Así, casi es más importante en el film –en presencia y entidad– lo que no se muestra que lo que vemos en pantalla, por ejemplo en la relación entre Lee y su mujer (maravillosa Michelle Williams), sucesos apenas velados pero que sabiamente Lonergan los hace asomar en la prodigiosa escena del encuentro en la calle, de un dramatismo abrumador. Pero también en lo referente a la relación de Lee con su sobrino (estupendo Lucas Hedges) –esa compañía en el dormitorio, esa confesión en la cocina– o con sus amigos, personas buenas que siempre están ahí, con el hombro preparado en el momento malo. En el plano interpretativo, lo que hace Casey Affleck (Adiós pequeña adiós) con Lee Chandler es asombroso, angustiante. Faltan adjetivos para definir una verosimilitud tan perfecta. Pocas veces el Oscar sería un premio tan justo.
A la pericia narrativa hay que añadir también la excelente puesta en escena y el acierto en las bellas localizaciones en la costa de Massachussetts, donde parece que las heridas no pueden empezar a cerrar hasta que llega el sol para calentar la tierra. Y funciona la potente inclusión de una reconocible banda sonora de calidad –Händel, Albinoni, Massenet, etc.–, que ayuda a digerir esas bellas imágenes contemplativas cuando acechan los instantes más trágicos y el espectador sólo puede tragar saliva.
No estamos lo que se dice ante una película alegre, más bien todo lo contrario. Sencillamente hay cosas que no se pueden superar. Y por eso, es cierto, se le puede achacar al director neoyorquino haber llevado la historia hasta el extremo de la aflicción, dejando muy poco hueco para respirar. Y también que el recurso a la trascendencia, tan humano en ciertos casos, pase de puntillas. Sin embargo, pese a todo, Lonergan no hace una retrato sombrío de la existencia –incluso se permite algún momento cómico (o tragicómico)–, más bien parece subrayar algo que ya es claramente capital en su filmografía: pase lo que pase queda la familia, ella es el cabo fuerte, seguro, al que hay que agarrarse para mantenerse cuerdos. Es un comienzo.(de CINE 21).

lunes, 30 de enero de 2017

LION





Película: Lion. Dirección: Garth Davis. Países: AustraliaReino Unido y USAAño: 2016. Género: Drama. Interpretación: Nicole KidmanRooney MaraDev PatelGuion: Luke Davies; basado en la novela “A long way home”, de Saroo Brierley. Producción: Angie Fielder, Iain Canning y Emile Sherman. Estreno en España: 27 Enero 2017.


El pequeño Saroo, de cinco años, se pierde en un tren en el que recorrerá miles de kilómetros por la India, lejos de su casa y de su familia. Saroo tendrá que aprender a vivir solo en Calcuta, antes de que una pareja australiana lo adopte. Veinticinco años después, y contando tan sólo con sus recuerdos, una determinación inquebrantable y las posibilidades que le proporciona la herramienta de búsqueda Google Earth, comenzará a buscar a su familia perdida, para reencontrarse con ellos.


Tras una serie de desdichas, un niño mendigo de La India se separa primero de su madre, y después de su hermano. Acaba en un orfanato, donde le recoge una familia australiana que decide adoptarle. Años después, nacerá la inquietud de reencontrarse con los suyos.
El australiano Garth Davis, forjado en el ámbito de la publicidad y en series como Top of the Lake, debuta con buen pie en la realización cinematográfica, versionando una historia real, recogida por el propio protagonista en su libro “A Long Way Home”. Habrá que seguir los pasos de esta joven promesa, que convierte un film que funciona como excelente publicidad de Google Earth –herramienta que ayuda bastante al protagonista en la trama– en un drama de primer orden, con algunos momentos conmovedores. Se le perdona que atraviese un pequeño bache hacia la mitad del metraje, pues aborda con sobriedad temas como la identidad personal, y la necesidad de conocer las raíces.
Por un lado Dev Patel se consagra como actor adulto, años después de Slumdog Millonaire, tras una serie de papeles bien ejecutados, como el protagonista de El hombre que conocía el infinito. No sólo mantiene su fotogenia con el paso del tiempo, sino que cada vez interpreta mejor. Choca más que Nicole Kidman vuelva a trabajarse un personaje, defendiendo con vigor a la madre adoptiva, en sus escasas escenas. Por encima de ellos, se convierte en rey de la función el debutante Sunny Pawar, comunicativo niño que interpreta en el primer tramo al protagonista.
El relato tiene puntos en común con Rastros de sándalo, si bien resultaría extraño que sus responsables conocieran el film español.(DE CINE 21).

Nunca dejaré de ser un conjunto de piezas pegadas, en el fondo siempre habrá algo roto en mí”, decía A. M. Homes en su novela autobiográfica La hija de la amante, en la que contaba cómo su madre biológica había irrumpido en su vida cuando ella tenía 31 años. De piezas pegadas y profundos rotos también habla Lion, adaptación de Un largo camino a casa, de Saroo Brierley, que lleva a la gran pantalla el australiano Garth Davis.
Contada cronológicamente, Lion es la historia de Saroo, un niño que se pierde en India y acaba en un orfanato en la otra punta del país. Allí es donde lo encuentran sus padres adoptivos, una pareja australiana que ha decidido altruistamente adoptar niños en vez de tener los suyos propios. Después de unas cuantas penurias de niño huérfano –filmando a Sunny Pawar sin sensacionalismos, con un naturalismo de agradecer para una película que ambicionaba estar en la carrera a los Oscar–, la adaptación de Saroo al nuevo medio es total, y sólo la incómoda presencia de su hermano Mantosh, también adoptado, evidencia que lo que une las piezas pegadas de esta perfecta familia es sólo eso, pegamento.
Dev Patel interpreta con calidez al Saroo universitario que, al entrar en contacto con compañeros indios, al oler sus cocinas y al verse en sus rasgos, recuerda de pronto lo que durante todos esos años no ha querido ver: sus orígenes. Es así cómo se embarca en un viaje tecnológico para buscar a la madre y los hermanos a los que perdió, y de paso, a sí mismo. Un viaje en Google Earth que parecería de broma si la historia no estuviese inspirada en un caso real. De todas formas, no es en ese viaje donde subyace la capacidad emotiva de Lion, sino en su acercamiento honesto a la adopción, al sentimiento del adoptado y del que adopta –maravillosa Nicole Kidman–, a las piezas pegadas, al inevitable vacío de no saber de dónde venimos y quiénes somos.(CINEMANIA).

Pocas veces se puede hallar en un largometraje porciones dramáticas tan claramente divididas (para bien y mal) como dentro de este estimable primer crédito cinematográfico de Garth Davis (da reparo decir debutante cuando uno ve en su ficha créditos como la rutilante teleserie 'Top of the Lake'). La película posee un arranque narrativa y tonalmente cautivador, el cual progresa con un brío sostenido que, llegando incluso más allá del tercio de su metraje, hace pensar que podríamos disfrutar finalmente de una experiencia inolvidable.
No obstante, acaba por evidenciar ciertas flaquezas, no sólo por la progresiva relajación en sus ambiciones de originalidad, sino, sobre todo, al perder el control sobre su cantidad de caramelo visual y tonal. Considerando sólo sus momentos mejor resueltos y efectivos, casi todos ubicados en la primera mitad, calificar 'Lion' como obra tremendamente conmovedora sería incluso quedarse corto. Eso pesa más que algunos previsibles minutos de soluciones formularias que, aun desluciendo algo el conjunto, tampoco llegan a arruinar la experiencia.(FOTOGRAMAS).