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viernes, 6 de marzo de 2009

CINE :GRAN TORINO




Gran Torino
TITULO ORIGINAL Gran Torino
AÑO
2008
DURACIÓN
116 min.
PAÍS

DIRECTOR Clint Eastwood
GUIÓN Nick Schenk (Historia: Nick Schenk, Dave Johannson)
MÚSICA Kyle Eastwood, Michael Stevens
FOTOGRAFÍA Tom Stern
REPARTO Clint Eastwood, Cory Hardrict, Geraldine Hughes, Brian Haley, Dreama Walker, Brian Howe, Doua Moua, Sarah Neubauer
PRODUCTORA Warner Bros. Pictures / Malpaso Productions / Double Nickel Entertainment
WEB OFICIAL http://www.thegrantorino.com/
GÉNERO Y CRÍTICA


drama. Racismo / SINOPSIS: Walt Kowalski (Clint Eastwood) es un veterano de la guerra de Corea, trabajador jubilado del sector del automóvil. Su máxima pasión es cuidar de su más preciado tesoro: un coche Gran Torino de 1972. Inflexible y con una voluntad de hierro, Walt vive en un mundo en perpetua evolución, pero las circustancias harán que se vea obligado, frenta a sus vecinos inmigrantes, a enfrentarse a sus antiguos prejuicios. (FILMAFFINITY)
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"Ya apenas hay americanos que hagan películas sobre su país, más allá del Sr. Eastwood, un hombre cuya vitalidad como artista no muestra signos de menguar, incluso en un esfuerzo modesto como es 'Gran Torino'." (Manohla Dargis: The New York Times)
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"Una vida dedicada al cine recorre la interpretación de 'gran reserva' de Eastwood. No puedes apartar los ojos de él. 'Gran Torino', sin adornos ni grandezas, me alegró el día." (Peter Travers: Rolling Stone)
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"En el contexto de la carrera de Eastwood como estrella, como actor y como director, 'Gran Torino' es una película totalmente fascinante. Aunque eso no la hace una película buena. (...) ¿Estamos listos para 'La última tentación de Clint'? Eso es lo que tenemos aquí." (Ty Burr: Boston Globe)
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"Seria y subestimada, 'Gran Torino' es un minucioso examen de los temas que han fascinado a Eastwood en la mayor parte de sus últimos films: familia, guerra, pérdida, fe y una conexión humana inesperada. (...) Puntuación: *** (sobre 4)." (Claudia Puig: USA Today)
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"Todo fluye y palpita en esta película magistral, concebida con los medios justos, con enorme talento, con sentido moral. Es normal que la emoción explote con un desenlace tan imprevisible como épico." (Carlos Boyero: Diario El País)
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"Una narración directa y vivísima en detalles, con momentos de una elocuencia abrumadora (...) Es ese cine infrecuente que no parlotea, sino que se hace escuchar, sentir. (...) absolutamente colosal (...) Puntuación: **** (sobre 5)." (E. Rodríguez Marchante: Diario ABC)


Las dos últimas películas dirigidas por Clint Eastwood, uno de los pocos cineastas contemporáneos que ha logrado convertirse en un clásico en vida, permiten distinguir a la perfección sus vías de acceso preferidas a lo que podría considerarse su particular disección del Gran Enigma Americano. Pues si El intercambio es un gran fresco histórico sobre las verdades ocultas en la mentira institucional, Gran Torino se presenta como una película pequeña, humilde, casi autobiográfica, en la que Eastwood se enfrenta a la decadencia de su propio mito como estrella de Hollywood identificándola con la de su propio país. De este modo, si el primero de esos trabajos está en la línea épica y colectiva de Un mundo perfecto, Mystic River o el díptico Banderas de nuestros padres / Cartas desde Iwo Jima, el segundo se acerca más a proyectos de carácter íntimo y de pequeño formato como Deuda de sangre o Million Dollar Baby. En cualquier caso, si algo se propone Gran Torino es pronunciar la última palabra sobre la leyenda del personaje que se ha formado Eastwood a lo largo de los años a partir de sí mismo y, en consecuencia, convertirse en su primera película explícitamente testamentaria.

Walt Kowalski, el protagonista, es una especie de autorretrato de Eastwood y a la vez su contrafigura cinematográfica. Filmado a contraluz, observado en el esplendor de una vejez digna y majestuosa que se presenta también como un momento de crisis, el rostro del cineasta se funde con el de su personaje y da lugar a una película a medio camino entre la ficción y el documental, entre la historia de ese veterano de Corea enfrentado a la nueva América multirracial, así como a sus obsesiones y recuerdos, y el itinerario de un hombre de cine que se sabe al final del camino y quiere dejar constancia de su paso por el mundo.

Pero Gran Torino es también muchas más cosas. Es una película sobre la herencia, sobre la transmisión, sobre la necesidad de pactar con el presente y las nuevas generaciones, aunque éstas supongan un cambio sustancial en el ideario personal. Y es un thriller que no quiere serlo, que se despliega perezosamente, al que le importan más los andares desgarbados de Eastwood que el desarrollo de una trama propiamente dicha, por otro lado reducida a la historia de ese hombre, repentinamente viudo, al principio racista y violento, que debe aprender a convivir con sus vecinos asiáticos, aunque ello suponga un sacrificio en el más estricto sentido del término. Gran Torino es la gran película independiente del cine americano actual.Carlos Losilla

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QUIM CASAS
BARCELONA

Clint Eastwood cumplirá 79 años el próximo 31 de mayo. Siempre ha tenido fama, como director, de rodar rápido, ajustarse a los planes de trabajo y no pasarse un dólar del presupuesto. Pero nunca había dirigido tanto en tan poco tiempo como ahora: cuatro películas –Banderas de nuestros padres, Cartas desde Iwo Jima, El intercambio y Gran Torino– en solo dos años, del 2006 al 2008, y una quinta que ahora mismo está en fase de producción, The human factor, adaptación del libro de John Carlin en torno a Nelson Mandela y el capitán de la selección surafricana de rugby, Jacobus François Pienaar.
En esto, Eastwood no se parece a los cineastas clásicos norteamericanos. John Ford, King Vidor, Howard Hawks y compañía se quedaron sin filmar muchos de los proyectos que tenían porque, entonces, las compañías aseguradoras de los grandes estudios no querían correr riesgos y un director con más de 65 años ya no ofrecía garantías. Hoy las cosas son distintas y el longevo Eastwood es un valor firme y puede hacer lo que quiera. Y en este caso, con Gran Torino, el cineasta ha reverdecido viejas ideas crepusculares y ha removido viejas cuitas ideológicas que no deberían dejar indiferente a nadie. Si algo tiene Eastwood es que nunca se ha acomodado.
Desde que dirigió y protagonizó El principiante en 1990, Eastwood no ha vuelto a ser un héroe prototípico del cine de acción. A diferencia de otros actores más jóvenes que él, sabe que su tiempo como figura referencial de este género hace tiempo que terminó; el físico no perdona. En Gran Torino, además, hasta ironiza con el mito: su protagonista apunta a los miembros de las pandillas del barrio con el dedo y hace el ademán de disparar.
Los personajes que ha interpretado desde entonces en películas propias o ajenas han sido pistoleros crepusculares (Sin perdón), guardaespaldas cansados (En la línea de fuego), rangers que empatizan con delincuentes (Un mundo perfecto), ladrones solitarios (Poder absoluto), fotógrafos con el corazón roto (Los puentes de Madison), periodistas alcoholizados (Ejecución inminente), astronautas retirados (Space cowboys), detectives con marcapasos (Deuda de sangre) o desencantados promotores de boxeo (Million Dollar Baby).
La última parte de la filmografía de Eastwood, coronada ahora por Gran Torino, ha sido un viaje pausado, denso y coherente hacia los confines del ocaso. Y en su última película, que no sería para nada lo mismo sin su concurso como actor –aunque antes de dirigir Banderas de nuestros padres asegurara que se iba a dedicar solo a la dirección–, rescata además su imagen menos complaciente. Es la imagen dura e individualista que le granjeó tantas críticas por el inspector Harry Callahan en los 70 o, años después, por el deslenguado y machista sargento instructor de El sargento de hierro.
Diciendo las cosas a la cara
Sobre el papel, su personaje en Gran Torino es un racista iracundo y malcarado que acaba de enviudar y no aguanta a las familias asiáticas que se han instalado en su mismo barrio, en Detroit. Pero nada es exactamente lo que parece, como va demostrando la película secuencia tras secuencia hasta dar un giro monumental que encierra uno de los finales más hermosos que el cineasta haya rodado.
Lo que para unos será un disimulado alegato racista en los coletazos del régimen Bush, para otros se convertirá en un proceso de autoafirmación del Eastwood autor e independiente que dice las cosas cara a cara, sin inmutarse, bordeando las a veces finas y complejas líneas que van de la derecha a la izquierda, acordándose, quizá, de otra soberana película sobre un personaje racista, Centauros del desierto, de John Ford, que en su momento no fue bien comprendida.



jueves, 5 de marzo de 2009

PELÍCULAS MITICAS: KING KONG








KING KONG
TITULO ORIGINAL King Kong
AÑO
1933
DURACIÓN
100 min.
PAÍS
DIRECTOR Merian C. Cooper, Ernest B. Schoedsack
GUIÓN James Ashmore Creelman & Ruth Rose (Idea: Edgar Wallace)
MÚSICA Max Steiner
FOTOGRAFÍA Eddie Linde, Vernon L. Walker, J.O. Taylor (B&W)
REPARTO Fay Wray, Robert Armstrong, Bruce Cabot, Noble Johnson, James Flavin, Sam Hardy, Frank Reicher
PRODUCTORA RKO Radio Pictures
GÉNERO Y CRÍTICA




Fantastico Animales / SINOPSIS: Un equipo de cine van a rodar una película a la misteriosa isla de Teschio, al este de Sumatra. Allí los recién llegados descubren la existencia de una civilización prehistórica y de una tribu ancestral que secuestra a la atractiva Ann, la actriz protagonista, para ofrecerla en sacrificio ritual a King, un gigantesco gorila. El animal se enamora de la chica, defendiéndola del ataque de criaturas antediluvianas antes de ser reducido por la expedición. Inmediatamente se decidirá transportar al asombroso simio a Nueva York, para ser exhibido públicamente. El contacto de King Kong con un mundo que no es el suyo y el amor que siente por Ann precipitarán trágicamente los acontecimientos. (FILMAFFINITY)
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Clásico del cine fantástico que recrea el mito de la bella y la bestia. Ya en su época obtuvo un gran éxito. (FILMAFFINITY)
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"Sin duda, una de las mayores cotas de virtuosismo alcanzadas en el cine de todos los tiempos (...) espectacular, deliciosa e inolvidable (...) realmente fascinante" (Fernando Morales: Diario El País)
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  • Los pilotos que disparaban a King Kong en el Empire State Building son el director de la película, Merian Cooper, y el productor, Ernest Schoedsack. The Movie Vault
  • Originalmente la película se iba a titular "La Octava Maravilla del Mundo", o simplemente "La Octava Maravilla". The Movie Vault
  • Los posters afirmaban que Kong medía 50ft (más de 15 metros), pero exageraban para vender más entradas. En las escenas de la jungla, medía alrededor de 18ft (5,4 metros), pero cuando viajó a Nueva York, se vio que no era lo suficientemente alto comparado con los gigantescos rascacielos, así que "creció" hasta los 24ft (7,3 metros). The Movie Vault
  • La película recaudó 89.931 dólares en solo cuatro días en Nueva York, rompiendo todos los records anteriores. Para que veamos lo grande que era esa cantidad, recordemos que por aquel entonces la entrada de cine valía solo 15 centavos. The Movie Vault
  • Las maquetas de King Kong eran solo de 18 pulgadas (menos de medio metro). IMDb
Dirigida y producida por Merian C. Cooper y Ernst B. Schoedsak, cineastas aventureros especializados en documentales. Se rodó en los Estudios Culver (California) y en New Jersey, NYC, San Pedro (LA) y en el Shrine Auditorium (LA). Costó 650.000 dólares. Se estrenó el 7-IV-1933, con gran éxito de público.

La acción tiene lugar en NYC, en el vapor S.S. Venture y en la imaginaria isla Calavera (Skull Island), del SO del Pacífico, en 1931/32. Narra la historia de Ann Darrow (Fay Wray), bella actriz en paro, que hurta para poder comer. El cineasta Carl Denham (Robert Armstrong), a la búsqueda desesperada de una actriz para la película que quiere rodar sobre un gran gorila, la contrata.

Es una película de monstruos, destinada a provocar suspense y terror, con dosis elevadas de violencia y de erotismo, gracias a una aplicación del Código Hayes más laxa que en épocas posteriores. Con todo, se eliminaron escenas de NYC, incorporadas al film posteriormente, y la escena del ataque de arañas gigantes a los expedicionarios en isla Calavera. Es, además, una versión singular del antiquísimo mito de la bella y la bestia, sin final feliz. No sólo se enamora Kong de Ann, sino que además pone en peligro su vida para librarla de peligros y amenazas. Kong encarna la triple figura de monstruo, bestia enamorada y esforzado caballero andante que vela por la dama. La película denuncia la inmoralidad y el grave error de Denham de apresar a Kong para utilizarlo como animal de feria, sin prever las consecuencias. Se añaden elementos de crítica social, como el afán desmedido de lucro de Denham y la juxtaposición en NYC de miseria (colas de personas sin techo) y opulencia (colas de personas que han pagado 10 dólares para ver a Kong). Es una película de cine en el cine, de gran interés. Plantea y aborda el viejo conflicto entre la ciudad y la naturaleza.

La música, de Max Steniner, se apoya en una masa orquestal muy numerosa, que da densidad y solemnidad a la composición. Diferencia los momentos románticos, de intriga y de terror. La fotografía contiene elementos propios de un film de serie B, con escenas tomadas de films anteriores, niebla que reduce el escenario, etc. La parte que incluye efectos especiales constituye un alarde de imaginación, trucos visuales (Kong era un muñero articulado de 45 cm.) y recursos técnicos novedosos (stop-motion, rear projection). La estética de los decorados está tomada del cuadro "La isla del diablo", del pintor Arnold Bocklin. El guión cuenta una historia interesante y hace uso de una narración austera, intensa y de aire documental. La interpretación de Fay Wray, pelirroja de ojos miel, realiza un trabajo excelente. Los directores hacen de Denham su propio "alter ego" y realizan un vistoso cameo como piloto y artillero de uno de los aviones de la secuencia final.

Película gratamente compleja, que marcó un hito en el uso de los efectos especiales, creados por Willis O'Brien. Obra clásica e imprescindible.