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viernes, 17 de diciembre de 2010

BALADA TRISTE DE TROMPETA








Dirección y guión: Álex de la Iglesia. Países: España y Francia. Año: 2010.Duración: 108 min. Género: Comedia dramática. Interpretación: Carlos Areces (Javier), Carolina Bang (Natalia), Antonio de la Torre (Sergio), Manuel Tallafé (Ramiro), Fernando Guillén Cuervo (capitán miliciano),Enrique Villén (Andrés), Santiago Segura (padre del payaso tonto), Sancho Gracia (coronel Salcedo), Juan Luis Galiardo (Ring Master), Manuel Tejada (jefe de pista), Gracia Olayo (Sonsoles). Producción: Gerado Herrero y Mariela Besuievsky.Música: Roque Baños. Fotografía: Kiko de la Rica. Montaje: Alejandro Lázaro. Diseño de producción: Eduardo Hidalgo. Vestuario: Paco Delgado. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España. Fecha de estreno: 17 Diciembre 2010. No recomendada para menores de 16 años.
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“Balada triste de trompeta” arranca en 1937, con los monos de un circo aullando dentro de su jaula mientras en el exterior otro circo, el de la Guerra Civil, sigue su curso. El payaso tonto, reclutado a la fuerza por los milicianos, perpetra una carnicería en el bando nacional sin abandonar su disfraz. Así arranca esta historia en la que Javier y Sergio, dos terroríficos y desfigurados payasos, se enfrentan a muerte por el ambiguo amor de una bailarina…
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Conviene no llamarse a engaño: Alex de la Iglesia ha demostrado, hasta ahora, su invencible gusto por el grand guignol, versión actualizada al ritmo de las nuevas tecnologías; su cine, a menudo áspero y desagradable (sus películas no llegarán nunca a gozar de las simpatías de públicos feministas, por ejemplo; aunque lo que aquí se muestra debería servir al menos para paliar ese desencuentro), está no obstante recorrido por un hálito de genialidad, de desbordante imaginación que ya querrían para si la inmensa mayoría de quienes perpetran películas chez nous. Enésima pelea entre dos niños grandes, emperrados en poseer el mismo juguete (que, al final, se rompe, como siempre ocurre entre machos), Balada triste presenta esta vez no solo una desgarrada superficie de violencia, enfrentamientos fratricidas y una Historia particularmente sanguinolenta, sino también una inspirada voluntad metafórica; el mismo aire de comic desmadrado que la hasta ahora mejor compuesta de sus películas, El Día de la Bestia, pero una mayor radicalidad a la hora de entrar en su frondosa, tremebunda peripecia. Ahí está lo mejor de este film que igual se puede amar que odiar: que jamás esconde nada, que va a saco, sin cálculos ni tapujos. Y más allá de la estéril discusión sobre la influencia tarantiniana, el film, no apto para espíritus delicados, muestra algunas de las más brillantes imágenes de todo el cine español contemporáneo.
(FOTOGRAMAS)
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Balada triste de trompeta es el perfecto resumen y casi que summa maxima de ese frustrante equilibrio en el que siempre se mueven las películas de Álex de la Iglesia: por un lado, problemas con la definición de personajes y comportamientos erráticos de éstos, que convierten las segundas mitades de sus películas en nudos gordianos de imposible resolución; por otro, la exhibición de un imaginario propio y un tono personal y relativamente único dentro de nuestro cine. Y nunca antes en su cine ese desequilibrio se había visto tan acusado.

El publicitado clímax de la película, en El Valle de los Caídos parece haber sido imaginado como concepto antes que como resolución lógica del guión. Como antes tantas veces en las películas del director vasco, demasiado a menudo los personajes parecen androides teledirigidos que deambulan, a veces sin demasiado motivo lógico, por una serie de peajes en forma de set-pieces(la mutilación del Payaso Listo, el clímax, la alucinación en el cine, el ataque berserker a un bar de carretera). Set-pieces que están, más que nunca, deshilvanadas y sin vida por culpa de un guión mal cosido y de estructura excesivamente errática.

Pero a pesar de estos problemas, la extraordinaria idea de partida (que le debe mucho a Muertos de Risa, quizás la mejor y más incomprendida película de De la Iglesia) de dos payasos con tendencias homicidas y que acaban con mutilaciones semejantes a las de sus respectivos maquillajes, enamorados de una misma y manipuladora mujer, tiene tanta fuerza como la de los puntos de arranque de sus mejores películas («grupo terrorista de tullidos del futuro», «el Anticristo nace en Madrid», «equipo de extras decadentes de spaghetti-westerns de Almería»), y es inevitable verse arrebatado por el indiscutible talento de Álex de la Iglesia para plasmar la violencia más descarnada y grotesca en pantalla. En sus mejores momentos (los estallidos de violencia inesperada, la historia del padre del Payaso Listo), Álex de la Iglesia está genuinamente inspirado, y brilla por encima de cualquier problema la soberbia interpretación de Carlos Areces, un descubrimiento portentoso y de comicidad sutil y triste.

Así, la sensación tras Balada triste de trompeta es agridulce, como en tantas otras películas de Álex de la Iglesia. El guión penosamente estructurado da pie a una película llena de altibajos, pero cuando el film apunta alto, es ciertamente estratosférico y, sobre todo, completamente inaudito en un cine a menudo tan proclive a la medianía tonal como el nuestro.(CINE 365)

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Álex de la Iglesia propone en su última película una relectura bárbara de algunos de los temas y situaciones desarrollados anteriormente en su cine. Está el antagonismo entre comediantes, aquí dos payasos, el clown y el augusto, que era la base de Muertos de risa, y una serie de persecuciones y enfrentamientos en las alturas que remiten a El día de la bestia y La comunidad. Pero Balada triste de trompeta no es solo un compendio de hechos y motivos reconocibles en la obra de un autor que, en los últimos años, había perdido parte de su credibilidad artística. Balada triste de trompeta parece, finalmente, la película que De la Iglesia siempre ha querido hacer y que, por razones diversas, no había logrado culminar.(EL PERIÓDICO)

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martes, 7 de diciembre de 2010

3 METROS SOBRE EL CIELO







Dirección: Fernando González Molina. País: España. Año: 2010. Duración:118 min. Género: Drama, romance. Interpretación: Mario Casas (Hache),María Valverde (Babi), Álvaro Cervantes (Pollo), Marina Salas (Katina), Diego Martín (Alejandro), Luis Fernández (Chino), Andrea Duro (Mara), Nerea Camacho (Dani), Pablo Rivero (Gustavo), Cristina Plazas (Rafaela), Clara Segura (Forga). Guión: Ramón Salazar; basado en la novela homónima de Federico Moccia. Producción: Francisco Ramos, Mercedes Gamero y Daniel Écija. Música:Manel Santisteban. Fotografía: Daniel Aranyó. Montaje: Irene Blecua y Verónica Callon.Dirección artística: Patrick Salvador. Vestuario: Loles García. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España. Estreno en España: 3 Diciembre 2010. No recomendada para menores de 12 años.
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Un drama romántico adolescente que narra la historia de dos jóvenes que pertenecen a mundos opuestos. Es la crónica de una relación improbable, casi imposible, pero inevitable, que terminará arrastrando a la pareja a un frenético viaje iniciático en donde juntos descubrirán el primer gran amor. Ella es una chica de clase media-alta que está educada en la bondad, en la inocencia y en las normas. Él es un chico rebelde, impulsivo, inconsciente, aficionado al riesgo y al peligro, enzarzado en un sinfín de peleas y carreras ilegales de motos, al límite del sentido común.
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3 metros sobre el cielo tiene un arranque simpático. Sin tomársela demasiado en serio (es un entretenimiento juvenil obvio y facilón, y darle más importancia de la que tiene es perder el tiempo), cae bien por su falta de complejos (la cursilería y el cliché no tienen límite) y por lo insólitamente obsoleta que está, por el arrojo con el que su director, Fernando González Molina (Fuga de cerebros) adopta el molde de un tipo de producto que caducó hace décadas. Adaptada a una estética y un lenguaje actual y televisivo, 3 metros sobre el cielo tiene mucho de la comedia dramática adolescente más formularia de los 80; a ella remiten sus personajes (la niña bien que se cuelga del rebelde), sus situaciones (las competiciones ilegales de motos en las que participa el protagonista) y sus temas (la disfunción familiar, el choque generacional o la diferencia de clases).
Antes de ponerse “seria”, 3 metros sobre el cielo puede pasar por un cruce curioso de Valley girl (1983) yFísica y química. El problema llega justo entonces, cuando se pone “seria”. En lugar de mantener ese tono de fantasía romántica adolescente --perversamente demodé y traviesamente sexual--, sus responsables cargan las tintas del drama e intentan sin suerte suavizar los clichés de la cinta, tratan de dar trascendencia a unos personajes y situaciones que sólo funcionan mínimamente si no se les da demasiada importancia.(FOTOGRAMAS)
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Adaptación de la primera novela del italiano Federico Moccia, un fenómeno de ventas, sobre todo entre el público más joven, lo que propició una segunda parte titulada "Tengo ganas de ti". Dio lugar a una adaptación italiana, Tre metri sopra il cielo (2004), de Luca Lucini. La versión española está protagonizada por el ídolo del público más joven Mario Casas, y la dirige Fernando González Molina, que ya tiene experiencia en trabajar con el actor, pues fue el responsable de Fuga de cerebros, y de episodios de la serie que le dio a conocer, Los hombres de Paco.

El argumento tiene puntos en común con Crepúsculo, pero cambiando al vampiro por un chico problemático. Babi, niña pija de buenas maneras, estudiosa y con futuro, prepara su ingreso en la universidad. Al acudir con su novio a una fiesta, se cuela, junto a su grupo de amigos brutotes, Hache, un chico macarra, motero, rudo, con antecedentes judiciales. Hache intenta que ella le haga caso, a pesar de que está acompañada, lo que deriva en que acaba arrojando a Babi a la piscina, golpes brutales al novio y destrozo del coche de su chico. Sin embargo, Babi acaba sintiéndose atraída por el joven inadaptado, con el que volverá a reencontrarse en una carrera ilegal de motos a las que Hache es aficionado.

Tres metros sobre el cielo está diseñada con tiralíneas para ser un gran éxito, pues se basa en una novela conocida, el protagonista tiene tirón, y retrata a cierta juventud actual bastante reconocible. Además, cuenta con una buena factura técnica y un reparto solvente, ya que Casas es ideal para el inadaptado protagonista, le acompaña la siempre solvente María Valverde, y ambos están arropados por secundarios lo suficientemente eficaces, como Diego Martín (Pájaros de papel), Nerea Camacho(Camino), Jordi Bosch (Boca a boca), etc.

Sin embargo, los personajes son arquetipos de la chica buena, y el chico 'malote', y la acción es predecible y sobre todo, poco creíble. El exhibicionismo de la actriz principal resulta cansino, pues resulta difícil llevar la cuenta de las veces que se queda en ropa interior, con excusa o sin ella.

Aparte de todo esto, se está vendiendo a los jóvenes un elogio de la vida salvaje demasiado irreal. Una cosa es realizar un retrato simpático del 'rebelde sin causa' tipo James Dean, los muchachos protagonistas deRebeldes, los mods de Quadrophenia, o el típico motero o pandillero, y otra ensalzar la figura de un delincuente como el que interpreta Mario Casas, violento, maltratador y bastante irresponsable. Las consecuencias a las que darían lugar sus acciones en la vida real no se ven en la pantalla, pues se libra 'milagrosamente' de un juicio por un acto tremendamente vandálico, con el testimonio de la chica que está enamorada de él, mientras que un acoso mafioso en toda regla a una profesora deriva en una pequeña riña de enamorados y ya está. (DECINE 21)
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domingo, 28 de noviembre de 2010

ENTRE LOBOS






Dirección y guión: Gerardo Olivares. Países: España y Alemania. Año:2010. Género: Drama. Interpretación: Juan José Ballesta (Marcos), Sancho Gracia (Atanasio), Vicente Romero (Hocicotocino), Carlos Bardem(Ceferino), Àlex Brendemühl (Balilla), Luisa Martín (Isabel), Antonio Dechent(sargento), Agustín Rodríguez López (Juan José), José Chaves (Doroteo),Dafne Fernández (Pizquilla), José Manuel Soto (don Honesto), Eduardo Gómez, Manuel Ángel Camacho. Producción: José María Morales. Fotografía: Óscar Durán. Montaje:Iván Aledo. Música: Klaus Badelt. Dirección artística: Ion Arretxe. Vestuario: Lala Huete. Dirección artística: Ion Arretxe. Vestuario: Lala Huete. Distribuidora: Wanda Visión. Estreno en España: 26 Noviembre 2010.
---------------------------------------------------------------------------------ENTRELOBOS es un largometraje de ficción basado en la extraordinaria historia de Marcos Rodríguez Pantoja, nacido en el norte de la provincia de Córdoba en 1946, en pleno corazón de Sierra Morena.Marcos tenía siete años cuando fue entregado por su padre a un cabrero para cuidar el rebaño en un perdido valle de Sierra Morena, en lo que hoy forma parte del Parque Natural de la Sierra de Cardeña y Montoro.Al poco tiempo el cabrero murió y Marcos se quedó solo y completamente aislado. En los doce años que permaneció en el monte, desde 1954, no tuvo contacto con humanos, y vivió todos estos años junto a una manada de lobos.Como dijo en una ocasión Yo era el rey del valle.Marcos nunca consiguió adaptarse a la sociedad y, desde entonces, su sueño fue siempre volver a vivir… ENTRELOBOS
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Por su trama, esta película podía haber caído fácilmente en las tentaciones de la metafísica a lo Werner Herzog ('El enigma de Gaspar Hauser', 1974) o en el didacticismo del François Truffaut de 'El pequeño salvaje' (1970). Gerardo Olivares ha preferido sin embargo no marear la perdiz y brindarnos, monda y lironda, una cinta de aventuras montaraces, localizada en paisajes espléndidos que una cámara voraz recorre en éxtasis perpetuo y con luz coruscante. Cine eminentemente visual, por supuesto, incluso con un largo tramo sin diálogos comparable al del Tom Hanks solitario de 'Náufrago' (Robert Zemeckis, 2000) o, más cercana por su parentesco lupino, al del héroe de 'Bailando con Lobos' (Kevin Costner, 1990) renaciendo como un hombre nuevo. La mucha abundancia de animales, peludos o plumíferos, protagonizando escenas de acción hace intuir un rodaje complicado, del que Olivares y su equipo salen con resultados óptimos.

Soberbios el niño Camacho, un Sancho Gracia pertinentemente pacorabalizado y un Carlos Bardem con el porte de los grandes villanos del western. Porque 'Entrelobos' es también un western o, mejor dicho, un film de bandoleros a la vieja usanza; en este negociado, Olivares ya puede codearse sin rubor con los clásicos del género: Vajda, Lazaga, Isasi, Forqué o Saura.(FOTOGRAMAS)

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El film entretiene lo justo, y eso con benevolencia. Es indudable que la historia ofrecía muchas posibilidades -la referencia clara es El pequeño salvaje-, pero es una lástima que no se aprovechen como es debido. La falta de un guión atractivo acaba siendo un lastre, pues la narración termina aburriendo al obviar los pequeños detalles que habrían completado un film más humano, más entrañable. ¿Qué pasa con el hermano del que se separa tan joven? ¿Por qué no se aprovecha más la relación con la chiquilla? ¿Por qué queda a medias la aventura del Balilla? Da la sensación de que se ha preferido recoger una colección de estampas campestres, antes que crear conflictos dramáticos de calidad. De este modo, todo se resume en una visión demasiado idílica de la naturaleza y la vida animal, con tantos planos gratuitos de buitres, búhos, conejos, lobos, etc., que a veces parece que estamos viendo un capítulo El hombre y la tierra. Sólo falta la voz de Rodríguez de la Fuente.(DECINE 21)

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Una historia basada en hechos reales es siempre morbosamente atractiva tanto para un director como para el espectador. Somos cotillas. Nos gusta saber lo que le pasa a la gente. Y, en general, cuanto más cerca nos pille esa gente más curiosidad nos despierta. Es perfectamente comprensible, por eso, que la historia de un niño salvaje que vivió durante 12 años perdido en un rincón de Sierra Morena entre los 50 y los 60 llamara la atención de Gerardo Olivares como para montar con ella una película muy arriesgada en su producción, aunque de resultado alertagador. Marcos Rodríguez Pantojafue vendido por su padre a un terrateniente en los años 50 a cambio de trabajo. El niño acabó viviendo con un pastor en medio de Sierra Morena. Cuando el pastor murió, Marcos se crió con los lobos hasta que 12 años después la Guardia Civil le atrapó y le metió en la sociedad. Quizá (y sólo quizá) la historia habría estado en esa inmersión forzosa en la vida convencional, en cómo aquel niño suponemos se daría cuenta de que los hombres somos más parecido a los animales salvajes de lo que creemos. Gerardo Olivares, sin embargo, prefirió quedarse en esos años entre lobos y para llevarlos a la pantalla dividió el rodaje en dos equipos: uno de ficción y otro de naturaleza. Desde luego, nadie le quita el mérito del riesgo que corrió, de la dificultad de una planificación de rodaje y de un montaje complicadísimos por ensamblar todo el material de unas y otras cámaras. El problema es que al final o sobran animales o faltan personas, pero no se te quita la sensación de estar viendo un documental muy bonito de los lobos en Sierra Morena.(CINEMANIA)

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sábado, 30 de octubre de 2010

THE TOWN:CIUDAD DE LADRONES









Título original: The town. Dirección: Ben Affleck. País: USA. Año: 2010.Género: Drama, thriller. Interpretación: Ben Affleck (Doug MacRay),Rebecca Hall (Claire Keesey), Jon Hamm (agente Adam Frawley), Jeremy Renner (James Coughlin), Blake Lively (Krista Coughlin), Pete Postlethwaite (Fergus “Fergie” Colm), Chris Cooper (Stephen MacRay), Slaine (Albert Magloan), Owen Burke (Desmond Elden), Titus Welliver (Dino Ciampa).Guión: Peter Craig, Ben Affleck y Aaron Stockard; basado en la novela “Prince of thieves” de Chuck Hogan. Producción: Graham King y Basil Iwanyk. Música: Harry Gregson-Williams y David Buckley. Fotografía: Robert Elswit. Montaje: Dylan Tichenor. Diseño de producción: Sharon Seymour. Vestuario: Susan Matheson. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España. Estreno en USA: 17 Septiembre 2010. Estreno en España: 29 Octubre 2010.

En Boston se producen más de 300 robos cada año. Y un barrio de 1.600 kilómetros cuadrados llamado Charlestown ha dado más ladrones de vehículos blindados y bancos que ningún otro lugar de EE.UU. Uno de ellos es Doug MacRay, aunque no está hecho de la misma pasta que sus colegas en el crimen. A diferencia de ellos, Doug sí ha tenido una oportunidad de tener éxito, una oportunidad para evitar seguir las huellas criminales de su padre. Pero en lugar de ello, se convirtió en el líder de un grupo de implacables ladrones de bancos que se enorgullecen de coger lo que quieren de forma limpia. La única familia que tiene Doug es la de sus socios criminales. Sin embargo, todo cambia tras el último trabajo de la banda. Doug intentará cambiar de vida y de ciudad, pero no le va a resultar fácil lograrlo.
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Que Ben Affleck es mejor director que actor es un secreto a voces. The Town combina la ambición de una mirada que quiere convertir un barrio criminalizado en reflejo del mundo con la modestia en la ejecución de tan magna empresa. El trabajo de Affleck recuerda al de los artesanos del sistema de estudios, que afrontaban un encargo con la profesionalidad de un orfebre que se adapta a los gustos de su cliente. No es difícil percibir en The Town ecos del Michael Curtiz de Ángeles con caras sucias (1938), pasados por el oportuno filtro de series de televisión como The Wire. Affleck se reserva el papel del santo varón, delincuente pero menos, y es su personaje, y la relación amorosa con la improbable directora de un banco (Hall), el punto más frágil de su film, que alza el vuelo en tres secuencias de atracos que podría haber filmado el Michael Mann de Heat (1995). El mayor problema de The Town es también su mayor virtud: aspira a un clasicismo que hemos visto en mil y una películas, nada en ella nos sorprenderá pero todo en ella está contado con mesura, aplomo y humildad. Affleck nunca se pone por encima de la historia, no quiere adornarla con fuegos de artificio. La puesta en escena respira al ritmo de sus personajes: los escucha, los mima, existe gracias a ellos.(FOTOGRAMAS)
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Adaptación de una novela de Chuck Hogan, cuyo nombre puede sonar porque firmó junto a Guillermo del Toro la novela de terror Nocturna. Se trata de una agilísima película perteneciente al subgénero de robos y atracos, cuyo oscuro guión sabe conjugar la ejecución de los distintos golpes con la perfecta definición de los personajes, una auténtica golosina para los actores. Ben Affleck no sólo dirige y coescribe el guión -tareas que aunó en la valiosa Adiós pequeña adiós-, sino que asume el papel protagonista de tipo cansado de la vida delictiva, que trata de salir de la charca inmunda donde se encuentra enfangado, en busca de redención y algo parecido a la normalidad. Se trata de un personaje rico en matices, también en lo referente a la ausencia materna en su vida, que marcó la distancia con el padre; y su reflexión final, servida con voz en off, tiene muchísima enjundia.

Pero hay más roles de interés. Sobresalen los del brutal Jem, encarnado por Jeremy Renner (En tierra hostil), que da miedo, pero que es humano, sobre todo en su sentido de la lealtad; el de Rebecca Hall, muy bien como mujer con el canguelo en el cuerpo, y que cree descubrir el amor; y el deJon Hamm (que debe su popularidad a la serie televisiva Mad Men), como antagonista sabueso del FBI. Hasta las brevísimas pero intensas composiciones de Chris Cooper y Pete Postlethwaite son de las que dejan huella.

Estamos ante una película muy violenta, pero en la que es preciso reconocer su sólida dirección de las escenas de acción, con persecuciones automovilísticas brillantes y atracos impactantes. Se trata desde luego de una historia de género, con personajes arquetípicos, pero donde junto a la idea de que el entorno te puede empujar a no hacer lo correcto, aletea también la de que la libertad puede llevarte a sacar cabeza y cuerpo del fango; aunque, claro está, hay que pagar un precio.(CINE 21)
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viernes, 22 de octubre de 2010

DÉJAME ENTRAR






Título original: Let me in. Dirección: Matt Reeves. Países: Reino Unido ySuecia. Año: 2010. Duración: 117 min. Género: Drama, fantástico, terror.Interpretación: Chloë Grace Moretz (Abby), Kodi Smit-McPhee (Owen),Richard Jenkins (padre), Elias Koteas (policía), Sasha Barrese (Virginia), Cara Buono (madre de Owen), Chris Browning (Jack). Guión: Matt Reeves; basado en la novela “Déjame entrar” de John Ajvide Lindqvist. Producción: Alex Brunner, Guy East, Tobin Armbrust, Donna Gigliotti, Carl Molinder, John Nordling y Simon Oakes. Música: Michael Giacchino. Fotografía: Greig Fraser. Montaje: Stan Salfas. Diseño de producción: Ford Wheeler. Vestuario: Melissa Bruning.Distribuidora: Aurum. Estreno en Reino Unido: 29 Octubre 2010. Estreno en España:22 Octubre 2010. No recomendada para menores de 16 años.

Owen es un niño solitario e introvertido cuya vida cambia cuando conoce a Abby, su nueva vecina. Abby es una extraña y misteriosa niña que solo sale por las noches. Coincidiendo con la llegada de esta al vecindario, comienzan a sucederse una serie de macabros asesinatos en la ciudad que hacen pensar a la policía en la presencia de un asesino en serie. Pero las apariencias siempre engañan…
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Es ineludible el pensamiento de que serán muchos los que de antemano rechazarán esta producción, no sin cierto fundamento dado algunos antecedentes, y que por ende la prejuzgarán y condenarán sin darle la más mínima oportunidad para demostrar su valía, un gesto injusto para con una película notable e inteligente cuyo único crimen es haberse inspirarse en un film previo muy respetado por buena parte de la comunidad cinematográfica, producción a la que rinde sincera pleitesía y respeta sin mancillar su recuerdo mientras que, lejos de limitarse a ser una burda copia comercial sin más, centra sus esfuerzos en reforzar y enriquecer su esencia con un discurso narrativo que resulta tan personal e independiente como complementario, aportando una nueva mirada tan satisfactoria y estimulante como la del original en su momento que sabe contrarrestar la evidente pérdida del factor sorpresa con un ejercicio de estilo de sorprendente solvencia fílmica.

Y es que esta ‘Déjame entrar’ es uno de los mejores remakes de los últimos tiempos, un ejemplo modélico de lo que es y debe de ser un remake, un film muy trabajado que mantiene las líneas maestras de su modelo sin desvirtuarlas ni dejar que este referente esclavice cobardemente su propia propuesta narrativa, y que además nos descubre a un nuevo diamante en bruto bajo el nombre de Matt Reeves, a quién prácticamente descubrimos como el aparente brazo ejecutor de JJ Abrams en la notable 'Monstruoso' y que aquí revela la sensibilidad de todo un prometedor cineasta en ciernes con una buena mano en la realización que por momentos, incluso, mejora a la de Tomas Alfredson. En definitiva, una producción más que interesante que se gana a pulso el derecho a ser vista, y que junto a títulos como la reciente 'The Crazies' obliga a replantearnos la catalogación del término "remake" como non grato.(EL SEPTIMO ARTE)
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A nivel formal Déjame entrar, versión USA, adopta el tratamiento visual lánguido y en ocasiones relamido de la película sueca. Los planos se dilatan, el tempo es fatigado, aunque sin llegar a los niveles de exasperación dramática del original, demasiado hastiado en su propia parsimonia. La propuesta es de una elegancia rotunda, aunque no renuncia a la visceralidad en sus escenas más salvajes. Su realizador, Matt Reeves, demuestra con esta obra que, como si se tratase del alumno aventajado de un taller de pintura del Renacimiento, es un ejemplar copista capaz de formalizar la mejor versión posible de un material ya trabajado. Así, tras enfrentarse a la comedia romántica en Mi desconocido amigo y al horror cámara en mano de Monstruoso, ahora se enfunda los ropajes del cine de terror sibarita y con sustancia, perfeccionando el trabajo previo del sueco Tomas Alfredson. Habrá que seguir la pista de este hombre de gesto amable y pose sencilla, rara avis en tiempos donde todos ambicionan el traicionero proyecto de la autoría.(CINE 365)
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En términos de metodología reinterpretativa, la viciosa productora Hammer violentó artística e ideológicamente toda la herencia clásica de la norteamericana y gótica Universal, en base a un solo eje: el sexo. Sexo, sordidez y aroma de romanticismo sucio y fatal son los elementos que este remake Hammer (pasado por USA) del original sueco usa para llevar a la América de Reagan un cuento bañado en gore que nos deja entrar en las pulsaciones lúbricas del fin de la infancia, y de una sociedad puritana, endogámica y llena de vidas secretas.
Matt Reeves dirige esta versión, donde los efectos especiales y de maquillaje dejan poco para la imaginación (la inocencia), con un referente en mente: lo que Paul Schrader hizo con el terror de frigidez femenina incestuosa en off de La Mujer Pantera (Jacques Tourneur, 1942), convirtiéndola en un splatter de sudorosas tensiones genitales (El beso de la pantera, 1982). Y, como Schrader, Reeves no está a la altura al remedar escenas de su modelo (la piscina, el cadáver en el lago) y sí cuando las reinventa (el accidente, los ataques de la niña), llegando al notable en su uso, ya sin coartadas, de lo erótico-pubescente.(FOTOGRAMAS)
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viernes, 15 de octubre de 2010

LA RED SOCIAL







Título original: The social network. Dirección: David Fincher. País: USA.Año: 2010. Duración: 122 min. Género: Drama. Interpretación: Jesse Eisenberg (Mark Zuckerberg), Andrew Garfield (Eduardo Saverin), Justin Timberlake (Sean Parker), Armie Hammer (Cameron Winklevoss/Tyler Winklevoss), Max Minghella (Divya Narendra), Rooney Mara (Erica), Rashida Jones (Marylin Delpy). Guión: Aaron Sorkin; basado en el libro “Multimillonarios por accidente” de Ben Mezrich. Producción: Dana Brunetti, Ceán Chaffin, Michael De Luca y Scott Rudin. Música: Trent Reznor y Atticus Ross. Fotografía: Jeff Cronenweth. Montaje:Kirk Baxter y Angus Wall. Diseño de producción: Donald Graham Burt. Vestuario:Jacqueline West. Distribuidora: Sony Pictures Releasing de España. Estreno en USA:1 Octubre 2010. Estreno en España: 15 Octubre 2010. No recomendada para menores de 7 años.

En “La red social”, el director David Fincher y el guionista Aaron Sorkin exploran el momento de la invención de Facebook, el fenómeno social más revolucionario del nuevo siglo. La película se basa en múltiples fuentes y se traslada desde los pasillos de Harvard a los cubículos de Palo Alto para capturar la emoción visceral de los inicios de un fenómeno que cambiaría la cultura actual y relatar cómo unió y después separó a un grupo de jóvenes revolucionarios. En el ojo del huracán se encuentran Mark Zuckerberg, el brillante alumno de Harvard que concibió una página web que parece haber redefinido nuestro tejido social de la noche a la mañana; Eduardo Saverin, el que fuera amigo íntimo de Zuckerberg, quien aportó el capital inicial para la joven empresa; Sean Parker, el fundador de Napster que trajo Facebook a los inversores de capital de riesgo del Silicon Valley; y los gemelos Winklevoss, los compañeros de Harvard que afirmaron que Zuckerberg les robó la idea y después le demandaron su titularidad.
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La escena inicial de La red social es la más frenética y pradigmática de este perfecto film de David Fincher. Con una pulcritud y un ojo clínico absolutamente magistrales, el guionista Aaron Sorkin, apoyado en una planificación dura, seca y firme de Fincher plantea una ruptura sentimental que va a marcar todas y cada una de las acciones posteriores del protagonista, Mark Zuckerberg, creador de la red social Facebook. De este modo, Sorkin y Fincher consiguen dotar de humanidad no ya a los personajes, robots superdotados obsesionados con encontrar una suplencia, una potenciación o un alivio para sus carencias sociales en el mundo real, sino que también dota de móvil emocional a la trama, en lo que no deja de ser una historia de espionaje industrial amateur y puñaladas traperas entre amigos.(CINE 365)
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Mark Zuckerberg, cuyo misterio encuentra su perfecto vehículo en la gestualidad esquiva y la musculatura derrumbada y hostil de Jess Eisenberg, bien podría ser el Charles Foster Kane de una era poseída por el vaciado del espíritu profetizado por el rostro de Peter Sellers en la película 'Bienvenido, Mr. Chance' (Hal Ashby, 1979). Sorkin parece haber detectado en él a un heterodoxa manifestación del utopista –el tipo que desafía el sistema de castas de las fraternidades americanas creando el club que acepta a cualquiera como miembro y que bate a la eficacia corporativa con las armas de la genialidad excéntrica–, pero también a una suerte de monstruo torturado (cuyo móvil es el resentimiento y la venganza) y a una paradoja trágica: el forjador de la mayor herramienta social (en realidad, un simulacro de relaciones) condenado al aislamiento y al más profundo aislamiento existencial.

En 'La Red Social' hay un sacrificio –Eduardo Saverin (Andrew Garfield), el amigo convertido en lastre abandonado en la ascensión al éxito– y un diablo tentador –Sean Parker (Justin Timberlake), que también será condenado a una singular inmolación por sus pecados en el aséptico, inmaculado universo de Facebook–, pero todo ello funciona como latencia y eco de viejas construcciones mitológicas en lo que, en realidad, se afirma como sobrecogedor retrato de unos tiempos (nuestro presente) marcados por la asfixia del significado y la implacable entrada en una sensibilidad casi posthumana.

David Fincher parece asumir el papel de fiel transcriptor de un guión impecable, y solamente se permite una puntual floritura de estilo, pero consigue fundar un nuevo clasicismo a través de una escritura que, de tan perfecta, resulta inquietante. Como el propio Mark Zuckerberg.(FOTOGRAMAS)

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Para mapear los orígenes de Facebook, el gran fenómeno social del siglo XXI, La red social se pregunta si su cofundador, el billonario postadolescente Mark Zuckerberg, es o no un capullo. También se plantea si ser un capullo es una elección o un accidente, y si en realidad hay alguna diferencia. En todo caso, aunque deja claro todo el daño que Zuckerberg causó en su ascenso, David Fincher y el guionista Aaron Sorkin se resisten a representarlo como un Anticristo tecnológico. Fincher dijo una vez que los cuatro rasgos ideales para un cineasta son la beligerancia, la paranoia, el miedo al fracaso y la necesidad de ser querido, y considerando que esos atributos son precisamente los que definen al protagonista de La red social, se intuye que las simpatías del director se alinean con ese monstruo social y no con todos aquellos a quienes pisoteó. Además, ésta es la película que Zuckerberg habría hecho de no saber que era sobre sí mismo.Se entiende, pues, que el gran tema de este clásico instantáneo tenga menos que ver con la concepción del medio social que con otro tipo de circuito cerrado igual de complejo: el ego masculino. Zuckerberg, imagina Sorkin, reconfiguró el tejido virtual para impresionar a una chica (Rooney Mara), que se llama Erica pero bien podría llamarse Rosebud. Pero no es ese el único motivo, tampoco el dinero. También hay necesidad de poder y control, una personalidad obsesiva y adictiva y un miedo atroz a ser excluido que a su vez es causa o efecto de su afán por excluir.Además de este retrato en primer plano, La red social logra ser una monumental panorámica, el paisaje del zeitgeist. Fincher ha creado la película que mejor define a quienes han definido nuestro tiempo -es, pues, un evento cinematográfico imprescindible--, empujándonos a vivir nuestras vidas online --no como una evasión de la existencia corporal, sino como una prolongación segura y privada? y convirtiéndonos en una sociedad de narcisistas, obsesionados por remodelar constantemente nuestro perfil con el fin de ser más populares. Que mientras creaba la herramienta ideal para hacer amigos -o amigos de Facebook--, Zuckerberg se aislara más y más no solo resulta irónico, también añade tragedia a la intriga.Porque eso es La red social, un misterio poliédrico, un intrigante rompecabezas que Sorkin nos presenta a través de una narración intrincada como un nido -aunque de claridad meridiana? y una frenética sucesión de agresivas voleas verbales que suenan como una retahíla de emails leídos a toda pastilla pero, eso sí, con la impecable corrección de Harvard. Y Fincher se rinde a la maestría de ese guión. Quizás porque ya no necesita demostrar nada, en términos de pirotecnia técnica es la película más modesta que ha hecho. Quizá por eso mismo, tal vez sea la mejor.(CINEMANIA)

sábado, 11 de septiembre de 2010

TODO LO QUE TÚ QUIERAS





Todo lo que tú quieras
TÍTULO ORIGINALTodo lo que tú quieras
AÑO
2010
DURACIÓN
101 min.
PAÍS
DIRECTORAchero Mañas
GUIÓNAchero Mañas
MÚSICALeiva
FOTOGRAFÍADavid Omedes
REPARTOJuan Diego Botto, Najwa Nimri, Ana Risueño, José Luis Gómez, Pedro Alonso, Lucía Fernández,Ana Wagener, Alberto Jiménez, Paloma Lorena
PRODUCTORABellatrix Films S.L
WEB OFICIALhttp://www.todoloquetuquieraslapelicula.com/
GÉNERODrama | Familia
SINOPSISLa familia Velasco, compuesta por Leo, Alicia y su pequeña hija Dafne, de cuatro años de edad, vive una vida tranquila en la ciudad de Madrid. Alicia es, habitualmente, la persona encargada del cuidado y la educación de la niña. Durante las vacaciones de navidad Alicia muere, inesperadamente, tras un ataque de epilepsia, dejando a su marido solo con su hija. Leo, hombre conservador y homófobo, cuida de la pequeña como mejor puede. Dafne, muy afectada por la ausencia de su madre, reclamará continuamente la figura materna. Leo, con el único objetivo de buscar la felicidad de Dafne, será capaz de renunciar a sí mismo, luchando contra sus propios prejuicios, hasta el punto de perder su propia identidad. (FILMAFFINITY)

"Melodrama que se adentra en el mundo del delirio y la fantasía (...) La cierta deriva en que se sumerge esta película realmente singular (...) finaliza de manera sorprendente y se diría que ejemplar" (Lluís Bonet Mojica: Diario La Vanguardia)
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"Una propuesta inusual (...) La historia de un improbable sacrificio paterno se convierte en manos de Mañas (...) en un discurso que trasciende su llamativo enunciado" (Jordi Costa: Diario El País)
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"Tiene tantos pliegues emocionales el acordeón argumental que, aún comprendiéndolo, no se acaba de entender o asimilar. (...) Puntuación: ** (sobre 5)" (E. Rodríguez Marchante: Diario ABC)
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"Bienvenidas sean las propuestas arriesgadas, valientes, bonitas y bien resueltas que nos cuentan verdades como puños. (...) Puntuación: **** (sobre 5)" (Olga Pereda: Diario El Periódico)
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De entrada, esta es una película que incomoda: acostumbrados a prever todo tipo de historias alrededor de padres que se quedan solos al cuidado de su hijo, y también habituados a ver a hombres que se disfrazan de mujer, la tercera cinta de Achero Mañas logra escabullirse de los lugares comunes en ambos casos, porque Todo lo que tú quieras (y perdón por el juego de palabras fácil) no es... todo lo que tú esperas, sino una historia que gana en firmeza y seguridad conforme va sorteando tópicos de guión y se va construyendo su propia e indomable personalidad.
Después de El Bola y Noviembre, el cineasta vuelve a romper cualquier esquema preconcebido sobre él. Y, pese a ser este un film muy ligado a sus temas más queridos (la infancia y los disfraces), se sale por la tangente siempre, y encuentra en el personaje de Juan Diego Botto (excelente en sus matices) al mejor portavoz: en la vida (y el cine) vale la pena arriesgarse, y no se puede tener contento a todo el mundo. Porque terminas por hacer concesiones y pactos cobardes y, desde luego, creativa y existencialmente, frustrantes.
(Pere Vall De FOTOGRAMAS)
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Achero Mañas trató la violencia paterna en El Bola, su impecable opera prima, y homenajeó la memoria de su propio padre en Noviembre. Siete años le ha costado finalizar su tercer trabajo, que incide de nuevo en las relaciones paternofiliales, pues gira en torno a un hombre capaz de realizar cualquier sacrificio para sacar adelante a su pequeña.

Leo, abogado harto de llevar casos de custodias en divorcios, lleva una vida feliz con su mujer, Alicia, que es la que lleva todo el peso de cuidar y educar a Dafne, la hija de ambos, de cuatro años. Pero Alicia muere repentinamente a consecuencia de un ataque de epilepsia. A Leo se le da muy bien cuidar a su hija, pero la pequeña está tremendamente afectada por la ausencia de su madre. Como un pasatiempo infantil aparentemente cándido, a Leo se le ocurre pintarse los labios, y posteriormente ponerse una peluca, para "interpretar" a su esposa fallecida. Pero su hija le sigue pidiendo que haga de madre una y otra vez, e incluso quiere que le lleve al colegio de tal guisa. Leo acaba recurriendo a uno de sus clientes, un veterano transformista homosexual (al que antes había llegado a insultar), para que le enseñe a resultar convincente como travestido.

Ciertamente, Mañas tenía ante sí la enorme dificultad de hacer creíble el punto de partida, que un tipo de lo más normal, en el fondo homófobo, sea capaz de salir a la calle con un vestido con tal de complacer a su niña. De hecho, es cierto que el argumento es estrambótico. Pero el realizador lo compensa con la sentida emotividad de sus imágenes, que acaban llevando de la mano al espectador. Por muy excéntrica que sea la cinta, es también sincera y sobre todo inteligente y compleja. Se pueden tener prejuicios ante esta atípica propuesta, pero su desarrollo tiene interés.

El travestismo "inocente" -totalmente contrapuesto al del personaje homosexual de José Luis Gómez- acaba siendo una elaborada metáfora sobre la capacidad masculina para adaptarse a los nuevos tiempos, y realizar tareas y adoptar roles que antaño estaban reservados a la mujer. Pero nunca se presenta este juego de suplantación y travestismo como "normal", ni como la mejor solución, queda bastante claro que todo sucede en un caso de extrema necesidad, y que la situación ideal es que un niño tenga padre y madre, pues necesita de ambas figuras.

No se trivializa en ningún momento el tema central, el escapismo a través del juego que desarrollan entre el padre y la hija para suplir mediante la imaginación la pérdida del ser amado. Esto no puede ser un sustituto de la aceptación de la muerte, pero el protagonista corre el peligro de que su niña acabe confundiendo la realidad con la ficción...

Mañas, también autor del guión, trata al espectador con respeto, ofrece motivos para reflexionar en lugar de imponer su discurso, y parece haberle dado muchas vueltas a todo lo que aparece en pantalla.

Al cineasta no le preocupa que le tachen de políticamente incorrecto por sus críticas sutiles pero afiladas hacia un sistema judicial que siempre concede la custodia a la madre, y que dificulta a los padres ejercer como tales, salvo en lo referente a sus obligaciones económicas. Ataca a los jueces, y también a los psicólogos, que aplican una serie de dogmas, pero no son capaces de adaptarse a cada situación, y flexibilizar sus métodos si la situación lo requiere.

Sale airoso Juan Diego Botto de su papel más maduro hasta la fecha, y resiste el duelo con el gran José Luis Gómez, uno de los pesos pesados de la interpretación en España -sobre todo en el teatro-. En papeles pequeños pero importantes, brillan Ana Risueño, Najwa Nimri e incluso un anecdóticoAlberto Jiménez, que había rodado con Mañas El Bola. Pero con permiso de todos ellos, el gran hallazgo de la película es la expresiva niña Lucía Fernández, que literalmente enamora al espectador, y se luce en secuencias muy difíciles, como aquella en la que su padre le pide que le llame "papá" -una de las más estremecedoras-. Y es que el punto fuerte de el director de El Bola es contar cómo son los niños de verdad, no niños cursis de películas como los que se suelen ver en el cine español. (DE CINE 21)
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Todo lo que tú quieras es el tercer largometraje de Achero Mañas (Madrid, 1966), director de la laureada El Bola y la machacada Noviembre. Han pasado ocho años y el madrileño vuelve ahora a la dirección después de haber vivido en Nueva York, estudiado Filosofía y tenido a su segunda hija. La paternidad es, de hecho, el tema central de su nueva película, una cita evidentemente arriesgada (un hombre heterosexual se viste de mujer) que se asienta sobre dos joyas. Una es el hecho de haber encontrado a una niña como Lucía Fernández. Espectacular cría. Se nota que Mañas tiene ojo para los niños. No más ver a Juan José Ballesta dijo: tú eres El Bola. Y así fue la película (cuatro premios Goya). Y así ha sido la carrera de Ballesta. La otra joya del filme es haber dado el papel-bombón de Leo a Juan Diego Botto, que, ayudado por el guión, construye un personaje equilibrado y nada irrisorio. Está pidiendo a gritos una nominación al Goya.

Todo lo que tú quieras tiene también algún apartado excesivo, como el retrato de los padres de ella. Recordemos que no todos los ricos son intolerantes. A pesar de eso, la historia llega al espectador porque le cuenta algo que no le resulta ajeno. ¿Qué es una familia? ¿Qué es un hombre? ¿Qué es una mujer? ¿Qué sacrificio estás dispuesto a hacer por tu hijo? No es la primera vez que en el cine español vemos a un hombre vestido de mujer (Mi querida señorita, Tacones lejanos, La mala educación). Tampoco es la primera vez que vemos lo que es capaz de hacer un padre por su hijo (Padre Coraje). Pero está bien que nos sigan recordando dos cosas. Primero, que uno sigue siendo persona con independencia de cómo se vista o a quién meta en su cama. Y segundo, que la paternidad no deja de ser una heroicidad.

Bienvenidas sean, pues, las propuestas arriesgadas, valientes, bonitas y bien resueltas que nos cuentan verdades como puños.(EL PERIODICO DE CATALUNYA)