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sábado, 27 de marzo de 2010

PÁJAROS DE PAPEL









Pájaros de papel
TÍTULO ORIGINALPájaros de papel
AÑO
2010
DURACIÓN
122 min.
PAÍS
DIRECTOREmilio Aragón
GUIÓNFernando Castets, Emilio Aragón
MÚSICAEmilio Aragón
FOTOGRAFÍADavid Omedes
REPARTOImanol Arias, Lluís Homar, Roger Príncep, Carmen Machi, Fernando Cayo, Diego Martín, Oriol Vila, Cristina Marcos, José Ángel Egido, Emilio Aragón 'Miliki', Luis Varela, Asunción Balaguer,Pedro Civera, Javier Coll, Francisco Merino, Lola Baldrich
PRODUCTORAAntena 3 Films / Versátil Cinema
WEB OFICIALhttp://www.pajarosdepapel.com/
GÉNERODrama | Guerra Civil Española


"Papiroflexia del corazón. (...) Director y guionista barnizan la memoria de sentimentalismo (...) un recital 'kitsch'." (Jordi Costa: Diario El País)
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"Lo mejor es la construcción de sus personajes (...) No es fácil narrar una historia, por muy personal que sea, con la personalidad y la distinción ideal, mágica. Y a ésta le pesa más el corazón que la cabeza. (...) Puntuación: ** (sobre 5)." (E. Rodríguez Marchante: Diario ABC)
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"Bebe en el clasicismo de su puesta en escena para conseguir sus objetivos: ser un homenaje y emocionar al espectador. Es un film atípico y muy sincero. Una rareza." (Nuria Vidal: Fotogramas)
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El teatro a primera vista era austero, pero unos amigos nos habían hablado muy bien del espectáculo. Sin hacer mucho ruido y de puntillas, nos vamos sentando en nuestra incómoda butaca. De repente la oscuridad se hace dueña del anfiteatro, aunque todavía quedan resquicios de luminosidad donde se pueden apreciar las paredes desconchadas y un telón al que no le venía de más un buen lavado. En el silencio que nos acoge antes de que dé comienzo el espectáculo, percibimos perfectamente cómo los tablones triscan a su antojo y cómo algunos instrumentos son tímidamente afinados a última hora detrás del telón. Éste se abre y con él la magia de una de las mejores películas ambientadas en la Guerra Civil Española.

Muchas eran las ganas de ver 'Pajaros de papel'. Primero por la sensación de ver una ópera prima de prestigio, respaldada de un gran reparto con suficientes tablas en el oficio encabezado por un inmenso Imanol Arias. Además, había ganas de tener de nuevo la sensación de ver los espectáculos de plebeyos, donde bailarines, magos, ventrílocuos y comediantes de vodevil animaban como podían al populacho en tiempos de la posguerra, como ya pudimos disfrutar genialmente en '¡Ay, Carmela!' (1990). Y es que, a sus 50 años, el archiconocido Emilio Aragón, decidió debutar detrás de las cámaras con este filme que discurre por un género clásico donde los haya dentro de nuestro cine patrio: la Guerra Civil Española. Un género estrella que si se cuenta con recursos económicos y las ideas bien claras como ahora, puede salir algo muy grande.

El espectáculo comienza sin miramientos ni complejos de cinta minoritaria. Emilio Aragón sabe lo que se juega y pone toda la carne en el asador, apoyado de una banda sonora que evoca a algunas de las grandes epopeyas de Hollywood, y que está acompañado de unas acertadas dosis de acción y sentimientos. Tras ese impactante comienzo que reconozco que sorprendió a la mitad de la sala, las aguas empiezan a bajar tranquilas, permitiendo todas las licencias posibles para reír, llorar y divertirse en las dos horas que nos quedan de metraje.
En todo momento se aprecia el guiño como buen payaso -sin ser peyorativo- que fue Emilio Aragón y sobre todo a sus antepasados. El ser cómico se convierte a veces en una religión en vez de un oficio, por eso vemos constantemente cómo esa faceta les une más allá del escenario y cómo defienden su labor con uñas y dientes. En la cinta los nombres propios de los artistas hay que otorgárselos a Imanol Arias y Lluís Homar, quienes se encargarán de tocar con salero el violín, cantar unas cuantas frases con rima, realizar algún que otro truquete de magia de segunda o intentar -sin mucho éxito- algo de ventriloquia. Ambos transmiten una complicidad tanto dentro como fuera del show que es de destacar. Cada uno actúa a su manera, pero es que Imanol Arias está de auténtico Goya. Mejor incluso que en 'El Lute', ya que aquí hay un par de escenas que consigue encogerte el corazón.

Como éste era un proyecto meditadísimo desde hace tiempo (palabras del propio Aragón), no se iba a desperdiciar una historia y un guión tan bonito, si me permitís ablandarme un poco, sin unos buenos decorados y vestuario que la acompañasen. Ya digo, el nivel técnico es soberbio para ser cine español (lo siento por la coletilla). La fotografía de exteriores es exquisita y tanto como los decorados y el vestuario están más que logrados. La guinda la pone la banda sonora, que aunque al principio juegue la mayoría de sus bazas como ya apunté en párrafos anteriores, la partitura en general es muy buena.

El ritmo narrativo no se quiebra nunca. Entre la varieté y el show en los escenarios, el peso emocional del personaje de Arias y una conspiración (algo tramposa, todo hay que decirlo) contra Franco, las dos horas largas nunca llegan a agobiar. Sí que es cierto que entre bambalinas nos podemos encontrar con situaciones algo inverosímiles, además de que una vez acabada la cinta, se eche en falta un poco más crueldad en algunos momentos. Quizá también los números musicales de Carmen Machi la sigan restando enteros, pero se compensan con sus famosas almorranas y sus golpes de humor en el cara a cara.

Tras reír y acongojarnos en muchas escenas, llega la hora del final. Sobre el desenlace, ciertamente tengo que admitir que busca por todos los medios la lágrima fácil, algo que a mí desgraciadamente no ha conseguido. Sin embargo, a pesar de que ese objetivo se vea a mil leguas, es imposible negar que un sano escalofrío me recorrió por el cuerpo. Un final que la hace realmente bonita. Un final que rinde homenaje a estos profesionales del humor y que nos deja el sabor de boca de haber visto una grandísima película ambientada en tiempos de la posguerra.(
EL SEPTIMO ARTE).
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Sincero, y más que emotivo, homenaje a los cómicos de esta España mía, esta España nuestra, el debut en la dirección de Emilio Aragón (notable, todo hay que decirlo) supera a base de amor, verdad y un pulso (y una confianza ciega) férreo en el manejo de sus diferentes ingredientes, todo aquello que uno podría temer de posguerras, niños y folclorismos varios. Los referentes que maneja, lejos del cine de lentejas (caducadas) y revisionismos coyunturales, no son moco de pavo: El viaje a ninguna parte, de Fernando Fernán Gómez, y su precedente (en cine) de Juan Antonio Bardem, Cómicos. La troupe itinerante por los caminos del hambre y la intolerancia bebe tanto de la picaresca patria como del Fellini de La Strada. Y de toda nuestra tradición de actores de carácter, de héroes anónimos que se patearon teatros de mala muerte y películas que acaso no les merecieron.
Seguramente hay mucho de la biografía del clan Aragón en el film (ahí está ese final con Miliki hablando ante el público, ante su público, a corazón abierto), pero también de todos los que han configurado la historia de nuestros cómicos. Hasta la presencia del niño (Roger Príncep, un Pablito Calvo revivido) evita la tontería habitual nacional, y le guiña el ojo al magistral Ladislao Vajda de Mi tío Jacinto. Es verdad que Emilio Aragón tiene, a veces, la tentación de ponerse algo Tornatore (la madre perdida que un NO-DO recupera…o no), o algo demencial (esas dos subtramas que mezclan bizarramente Valkiria y Malditos bastardos en clave falangista), pero sin embargo todo se queda en un problema de guión que no molesta demasiado frente a la relación de Imanol Arias (seguro Goya para la próxima edición) y Lluís Homar, el intermedio rural entre Carmen Machi y José Ángel Egido, y un plantel de secundarios (Luís Varela al frente) en el que uno echa de menos a Fernando Chinarro y Miguel de Grandy. Pues eso, una película bonita (sí, suena mal) que hace que depositemos esperanzas en su mediático autor.(CINE 365).

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