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viernes, 17 de diciembre de 2010

BALADA TRISTE DE TROMPETA








Dirección y guión: Álex de la Iglesia. Países: España y Francia. Año: 2010.Duración: 108 min. Género: Comedia dramática. Interpretación: Carlos Areces (Javier), Carolina Bang (Natalia), Antonio de la Torre (Sergio), Manuel Tallafé (Ramiro), Fernando Guillén Cuervo (capitán miliciano),Enrique Villén (Andrés), Santiago Segura (padre del payaso tonto), Sancho Gracia (coronel Salcedo), Juan Luis Galiardo (Ring Master), Manuel Tejada (jefe de pista), Gracia Olayo (Sonsoles). Producción: Gerado Herrero y Mariela Besuievsky.Música: Roque Baños. Fotografía: Kiko de la Rica. Montaje: Alejandro Lázaro. Diseño de producción: Eduardo Hidalgo. Vestuario: Paco Delgado. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España. Fecha de estreno: 17 Diciembre 2010. No recomendada para menores de 16 años.
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“Balada triste de trompeta” arranca en 1937, con los monos de un circo aullando dentro de su jaula mientras en el exterior otro circo, el de la Guerra Civil, sigue su curso. El payaso tonto, reclutado a la fuerza por los milicianos, perpetra una carnicería en el bando nacional sin abandonar su disfraz. Así arranca esta historia en la que Javier y Sergio, dos terroríficos y desfigurados payasos, se enfrentan a muerte por el ambiguo amor de una bailarina…
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Conviene no llamarse a engaño: Alex de la Iglesia ha demostrado, hasta ahora, su invencible gusto por el grand guignol, versión actualizada al ritmo de las nuevas tecnologías; su cine, a menudo áspero y desagradable (sus películas no llegarán nunca a gozar de las simpatías de públicos feministas, por ejemplo; aunque lo que aquí se muestra debería servir al menos para paliar ese desencuentro), está no obstante recorrido por un hálito de genialidad, de desbordante imaginación que ya querrían para si la inmensa mayoría de quienes perpetran películas chez nous. Enésima pelea entre dos niños grandes, emperrados en poseer el mismo juguete (que, al final, se rompe, como siempre ocurre entre machos), Balada triste presenta esta vez no solo una desgarrada superficie de violencia, enfrentamientos fratricidas y una Historia particularmente sanguinolenta, sino también una inspirada voluntad metafórica; el mismo aire de comic desmadrado que la hasta ahora mejor compuesta de sus películas, El Día de la Bestia, pero una mayor radicalidad a la hora de entrar en su frondosa, tremebunda peripecia. Ahí está lo mejor de este film que igual se puede amar que odiar: que jamás esconde nada, que va a saco, sin cálculos ni tapujos. Y más allá de la estéril discusión sobre la influencia tarantiniana, el film, no apto para espíritus delicados, muestra algunas de las más brillantes imágenes de todo el cine español contemporáneo.
(FOTOGRAMAS)
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Balada triste de trompeta es el perfecto resumen y casi que summa maxima de ese frustrante equilibrio en el que siempre se mueven las películas de Álex de la Iglesia: por un lado, problemas con la definición de personajes y comportamientos erráticos de éstos, que convierten las segundas mitades de sus películas en nudos gordianos de imposible resolución; por otro, la exhibición de un imaginario propio y un tono personal y relativamente único dentro de nuestro cine. Y nunca antes en su cine ese desequilibrio se había visto tan acusado.

El publicitado clímax de la película, en El Valle de los Caídos parece haber sido imaginado como concepto antes que como resolución lógica del guión. Como antes tantas veces en las películas del director vasco, demasiado a menudo los personajes parecen androides teledirigidos que deambulan, a veces sin demasiado motivo lógico, por una serie de peajes en forma de set-pieces(la mutilación del Payaso Listo, el clímax, la alucinación en el cine, el ataque berserker a un bar de carretera). Set-pieces que están, más que nunca, deshilvanadas y sin vida por culpa de un guión mal cosido y de estructura excesivamente errática.

Pero a pesar de estos problemas, la extraordinaria idea de partida (que le debe mucho a Muertos de Risa, quizás la mejor y más incomprendida película de De la Iglesia) de dos payasos con tendencias homicidas y que acaban con mutilaciones semejantes a las de sus respectivos maquillajes, enamorados de una misma y manipuladora mujer, tiene tanta fuerza como la de los puntos de arranque de sus mejores películas («grupo terrorista de tullidos del futuro», «el Anticristo nace en Madrid», «equipo de extras decadentes de spaghetti-westerns de Almería»), y es inevitable verse arrebatado por el indiscutible talento de Álex de la Iglesia para plasmar la violencia más descarnada y grotesca en pantalla. En sus mejores momentos (los estallidos de violencia inesperada, la historia del padre del Payaso Listo), Álex de la Iglesia está genuinamente inspirado, y brilla por encima de cualquier problema la soberbia interpretación de Carlos Areces, un descubrimiento portentoso y de comicidad sutil y triste.

Así, la sensación tras Balada triste de trompeta es agridulce, como en tantas otras películas de Álex de la Iglesia. El guión penosamente estructurado da pie a una película llena de altibajos, pero cuando el film apunta alto, es ciertamente estratosférico y, sobre todo, completamente inaudito en un cine a menudo tan proclive a la medianía tonal como el nuestro.(CINE 365)

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Álex de la Iglesia propone en su última película una relectura bárbara de algunos de los temas y situaciones desarrollados anteriormente en su cine. Está el antagonismo entre comediantes, aquí dos payasos, el clown y el augusto, que era la base de Muertos de risa, y una serie de persecuciones y enfrentamientos en las alturas que remiten a El día de la bestia y La comunidad. Pero Balada triste de trompeta no es solo un compendio de hechos y motivos reconocibles en la obra de un autor que, en los últimos años, había perdido parte de su credibilidad artística. Balada triste de trompeta parece, finalmente, la película que De la Iglesia siempre ha querido hacer y que, por razones diversas, no había logrado culminar.(EL PERIÓDICO)

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1 comentario:

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