sábado, 30 de octubre de 2010

THE TOWN:CIUDAD DE LADRONES









Título original: The town. Dirección: Ben Affleck. País: USA. Año: 2010.Género: Drama, thriller. Interpretación: Ben Affleck (Doug MacRay),Rebecca Hall (Claire Keesey), Jon Hamm (agente Adam Frawley), Jeremy Renner (James Coughlin), Blake Lively (Krista Coughlin), Pete Postlethwaite (Fergus “Fergie” Colm), Chris Cooper (Stephen MacRay), Slaine (Albert Magloan), Owen Burke (Desmond Elden), Titus Welliver (Dino Ciampa).Guión: Peter Craig, Ben Affleck y Aaron Stockard; basado en la novela “Prince of thieves” de Chuck Hogan. Producción: Graham King y Basil Iwanyk. Música: Harry Gregson-Williams y David Buckley. Fotografía: Robert Elswit. Montaje: Dylan Tichenor. Diseño de producción: Sharon Seymour. Vestuario: Susan Matheson. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España. Estreno en USA: 17 Septiembre 2010. Estreno en España: 29 Octubre 2010.

En Boston se producen más de 300 robos cada año. Y un barrio de 1.600 kilómetros cuadrados llamado Charlestown ha dado más ladrones de vehículos blindados y bancos que ningún otro lugar de EE.UU. Uno de ellos es Doug MacRay, aunque no está hecho de la misma pasta que sus colegas en el crimen. A diferencia de ellos, Doug sí ha tenido una oportunidad de tener éxito, una oportunidad para evitar seguir las huellas criminales de su padre. Pero en lugar de ello, se convirtió en el líder de un grupo de implacables ladrones de bancos que se enorgullecen de coger lo que quieren de forma limpia. La única familia que tiene Doug es la de sus socios criminales. Sin embargo, todo cambia tras el último trabajo de la banda. Doug intentará cambiar de vida y de ciudad, pero no le va a resultar fácil lograrlo.
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Que Ben Affleck es mejor director que actor es un secreto a voces. The Town combina la ambición de una mirada que quiere convertir un barrio criminalizado en reflejo del mundo con la modestia en la ejecución de tan magna empresa. El trabajo de Affleck recuerda al de los artesanos del sistema de estudios, que afrontaban un encargo con la profesionalidad de un orfebre que se adapta a los gustos de su cliente. No es difícil percibir en The Town ecos del Michael Curtiz de Ángeles con caras sucias (1938), pasados por el oportuno filtro de series de televisión como The Wire. Affleck se reserva el papel del santo varón, delincuente pero menos, y es su personaje, y la relación amorosa con la improbable directora de un banco (Hall), el punto más frágil de su film, que alza el vuelo en tres secuencias de atracos que podría haber filmado el Michael Mann de Heat (1995). El mayor problema de The Town es también su mayor virtud: aspira a un clasicismo que hemos visto en mil y una películas, nada en ella nos sorprenderá pero todo en ella está contado con mesura, aplomo y humildad. Affleck nunca se pone por encima de la historia, no quiere adornarla con fuegos de artificio. La puesta en escena respira al ritmo de sus personajes: los escucha, los mima, existe gracias a ellos.(FOTOGRAMAS)
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Adaptación de una novela de Chuck Hogan, cuyo nombre puede sonar porque firmó junto a Guillermo del Toro la novela de terror Nocturna. Se trata de una agilísima película perteneciente al subgénero de robos y atracos, cuyo oscuro guión sabe conjugar la ejecución de los distintos golpes con la perfecta definición de los personajes, una auténtica golosina para los actores. Ben Affleck no sólo dirige y coescribe el guión -tareas que aunó en la valiosa Adiós pequeña adiós-, sino que asume el papel protagonista de tipo cansado de la vida delictiva, que trata de salir de la charca inmunda donde se encuentra enfangado, en busca de redención y algo parecido a la normalidad. Se trata de un personaje rico en matices, también en lo referente a la ausencia materna en su vida, que marcó la distancia con el padre; y su reflexión final, servida con voz en off, tiene muchísima enjundia.

Pero hay más roles de interés. Sobresalen los del brutal Jem, encarnado por Jeremy Renner (En tierra hostil), que da miedo, pero que es humano, sobre todo en su sentido de la lealtad; el de Rebecca Hall, muy bien como mujer con el canguelo en el cuerpo, y que cree descubrir el amor; y el deJon Hamm (que debe su popularidad a la serie televisiva Mad Men), como antagonista sabueso del FBI. Hasta las brevísimas pero intensas composiciones de Chris Cooper y Pete Postlethwaite son de las que dejan huella.

Estamos ante una película muy violenta, pero en la que es preciso reconocer su sólida dirección de las escenas de acción, con persecuciones automovilísticas brillantes y atracos impactantes. Se trata desde luego de una historia de género, con personajes arquetípicos, pero donde junto a la idea de que el entorno te puede empujar a no hacer lo correcto, aletea también la de que la libertad puede llevarte a sacar cabeza y cuerpo del fango; aunque, claro está, hay que pagar un precio.(CINE 21)
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viernes, 22 de octubre de 2010

DÉJAME ENTRAR






Título original: Let me in. Dirección: Matt Reeves. Países: Reino Unido ySuecia. Año: 2010. Duración: 117 min. Género: Drama, fantástico, terror.Interpretación: Chloë Grace Moretz (Abby), Kodi Smit-McPhee (Owen),Richard Jenkins (padre), Elias Koteas (policía), Sasha Barrese (Virginia), Cara Buono (madre de Owen), Chris Browning (Jack). Guión: Matt Reeves; basado en la novela “Déjame entrar” de John Ajvide Lindqvist. Producción: Alex Brunner, Guy East, Tobin Armbrust, Donna Gigliotti, Carl Molinder, John Nordling y Simon Oakes. Música: Michael Giacchino. Fotografía: Greig Fraser. Montaje: Stan Salfas. Diseño de producción: Ford Wheeler. Vestuario: Melissa Bruning.Distribuidora: Aurum. Estreno en Reino Unido: 29 Octubre 2010. Estreno en España:22 Octubre 2010. No recomendada para menores de 16 años.

Owen es un niño solitario e introvertido cuya vida cambia cuando conoce a Abby, su nueva vecina. Abby es una extraña y misteriosa niña que solo sale por las noches. Coincidiendo con la llegada de esta al vecindario, comienzan a sucederse una serie de macabros asesinatos en la ciudad que hacen pensar a la policía en la presencia de un asesino en serie. Pero las apariencias siempre engañan…
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Es ineludible el pensamiento de que serán muchos los que de antemano rechazarán esta producción, no sin cierto fundamento dado algunos antecedentes, y que por ende la prejuzgarán y condenarán sin darle la más mínima oportunidad para demostrar su valía, un gesto injusto para con una película notable e inteligente cuyo único crimen es haberse inspirarse en un film previo muy respetado por buena parte de la comunidad cinematográfica, producción a la que rinde sincera pleitesía y respeta sin mancillar su recuerdo mientras que, lejos de limitarse a ser una burda copia comercial sin más, centra sus esfuerzos en reforzar y enriquecer su esencia con un discurso narrativo que resulta tan personal e independiente como complementario, aportando una nueva mirada tan satisfactoria y estimulante como la del original en su momento que sabe contrarrestar la evidente pérdida del factor sorpresa con un ejercicio de estilo de sorprendente solvencia fílmica.

Y es que esta ‘Déjame entrar’ es uno de los mejores remakes de los últimos tiempos, un ejemplo modélico de lo que es y debe de ser un remake, un film muy trabajado que mantiene las líneas maestras de su modelo sin desvirtuarlas ni dejar que este referente esclavice cobardemente su propia propuesta narrativa, y que además nos descubre a un nuevo diamante en bruto bajo el nombre de Matt Reeves, a quién prácticamente descubrimos como el aparente brazo ejecutor de JJ Abrams en la notable 'Monstruoso' y que aquí revela la sensibilidad de todo un prometedor cineasta en ciernes con una buena mano en la realización que por momentos, incluso, mejora a la de Tomas Alfredson. En definitiva, una producción más que interesante que se gana a pulso el derecho a ser vista, y que junto a títulos como la reciente 'The Crazies' obliga a replantearnos la catalogación del término "remake" como non grato.(EL SEPTIMO ARTE)
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A nivel formal Déjame entrar, versión USA, adopta el tratamiento visual lánguido y en ocasiones relamido de la película sueca. Los planos se dilatan, el tempo es fatigado, aunque sin llegar a los niveles de exasperación dramática del original, demasiado hastiado en su propia parsimonia. La propuesta es de una elegancia rotunda, aunque no renuncia a la visceralidad en sus escenas más salvajes. Su realizador, Matt Reeves, demuestra con esta obra que, como si se tratase del alumno aventajado de un taller de pintura del Renacimiento, es un ejemplar copista capaz de formalizar la mejor versión posible de un material ya trabajado. Así, tras enfrentarse a la comedia romántica en Mi desconocido amigo y al horror cámara en mano de Monstruoso, ahora se enfunda los ropajes del cine de terror sibarita y con sustancia, perfeccionando el trabajo previo del sueco Tomas Alfredson. Habrá que seguir la pista de este hombre de gesto amable y pose sencilla, rara avis en tiempos donde todos ambicionan el traicionero proyecto de la autoría.(CINE 365)
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En términos de metodología reinterpretativa, la viciosa productora Hammer violentó artística e ideológicamente toda la herencia clásica de la norteamericana y gótica Universal, en base a un solo eje: el sexo. Sexo, sordidez y aroma de romanticismo sucio y fatal son los elementos que este remake Hammer (pasado por USA) del original sueco usa para llevar a la América de Reagan un cuento bañado en gore que nos deja entrar en las pulsaciones lúbricas del fin de la infancia, y de una sociedad puritana, endogámica y llena de vidas secretas.
Matt Reeves dirige esta versión, donde los efectos especiales y de maquillaje dejan poco para la imaginación (la inocencia), con un referente en mente: lo que Paul Schrader hizo con el terror de frigidez femenina incestuosa en off de La Mujer Pantera (Jacques Tourneur, 1942), convirtiéndola en un splatter de sudorosas tensiones genitales (El beso de la pantera, 1982). Y, como Schrader, Reeves no está a la altura al remedar escenas de su modelo (la piscina, el cadáver en el lago) y sí cuando las reinventa (el accidente, los ataques de la niña), llegando al notable en su uso, ya sin coartadas, de lo erótico-pubescente.(FOTOGRAMAS)
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viernes, 15 de octubre de 2010

LA RED SOCIAL







Título original: The social network. Dirección: David Fincher. País: USA.Año: 2010. Duración: 122 min. Género: Drama. Interpretación: Jesse Eisenberg (Mark Zuckerberg), Andrew Garfield (Eduardo Saverin), Justin Timberlake (Sean Parker), Armie Hammer (Cameron Winklevoss/Tyler Winklevoss), Max Minghella (Divya Narendra), Rooney Mara (Erica), Rashida Jones (Marylin Delpy). Guión: Aaron Sorkin; basado en el libro “Multimillonarios por accidente” de Ben Mezrich. Producción: Dana Brunetti, Ceán Chaffin, Michael De Luca y Scott Rudin. Música: Trent Reznor y Atticus Ross. Fotografía: Jeff Cronenweth. Montaje:Kirk Baxter y Angus Wall. Diseño de producción: Donald Graham Burt. Vestuario:Jacqueline West. Distribuidora: Sony Pictures Releasing de España. Estreno en USA:1 Octubre 2010. Estreno en España: 15 Octubre 2010. No recomendada para menores de 7 años.

En “La red social”, el director David Fincher y el guionista Aaron Sorkin exploran el momento de la invención de Facebook, el fenómeno social más revolucionario del nuevo siglo. La película se basa en múltiples fuentes y se traslada desde los pasillos de Harvard a los cubículos de Palo Alto para capturar la emoción visceral de los inicios de un fenómeno que cambiaría la cultura actual y relatar cómo unió y después separó a un grupo de jóvenes revolucionarios. En el ojo del huracán se encuentran Mark Zuckerberg, el brillante alumno de Harvard que concibió una página web que parece haber redefinido nuestro tejido social de la noche a la mañana; Eduardo Saverin, el que fuera amigo íntimo de Zuckerberg, quien aportó el capital inicial para la joven empresa; Sean Parker, el fundador de Napster que trajo Facebook a los inversores de capital de riesgo del Silicon Valley; y los gemelos Winklevoss, los compañeros de Harvard que afirmaron que Zuckerberg les robó la idea y después le demandaron su titularidad.
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La escena inicial de La red social es la más frenética y pradigmática de este perfecto film de David Fincher. Con una pulcritud y un ojo clínico absolutamente magistrales, el guionista Aaron Sorkin, apoyado en una planificación dura, seca y firme de Fincher plantea una ruptura sentimental que va a marcar todas y cada una de las acciones posteriores del protagonista, Mark Zuckerberg, creador de la red social Facebook. De este modo, Sorkin y Fincher consiguen dotar de humanidad no ya a los personajes, robots superdotados obsesionados con encontrar una suplencia, una potenciación o un alivio para sus carencias sociales en el mundo real, sino que también dota de móvil emocional a la trama, en lo que no deja de ser una historia de espionaje industrial amateur y puñaladas traperas entre amigos.(CINE 365)
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Mark Zuckerberg, cuyo misterio encuentra su perfecto vehículo en la gestualidad esquiva y la musculatura derrumbada y hostil de Jess Eisenberg, bien podría ser el Charles Foster Kane de una era poseída por el vaciado del espíritu profetizado por el rostro de Peter Sellers en la película 'Bienvenido, Mr. Chance' (Hal Ashby, 1979). Sorkin parece haber detectado en él a un heterodoxa manifestación del utopista –el tipo que desafía el sistema de castas de las fraternidades americanas creando el club que acepta a cualquiera como miembro y que bate a la eficacia corporativa con las armas de la genialidad excéntrica–, pero también a una suerte de monstruo torturado (cuyo móvil es el resentimiento y la venganza) y a una paradoja trágica: el forjador de la mayor herramienta social (en realidad, un simulacro de relaciones) condenado al aislamiento y al más profundo aislamiento existencial.

En 'La Red Social' hay un sacrificio –Eduardo Saverin (Andrew Garfield), el amigo convertido en lastre abandonado en la ascensión al éxito– y un diablo tentador –Sean Parker (Justin Timberlake), que también será condenado a una singular inmolación por sus pecados en el aséptico, inmaculado universo de Facebook–, pero todo ello funciona como latencia y eco de viejas construcciones mitológicas en lo que, en realidad, se afirma como sobrecogedor retrato de unos tiempos (nuestro presente) marcados por la asfixia del significado y la implacable entrada en una sensibilidad casi posthumana.

David Fincher parece asumir el papel de fiel transcriptor de un guión impecable, y solamente se permite una puntual floritura de estilo, pero consigue fundar un nuevo clasicismo a través de una escritura que, de tan perfecta, resulta inquietante. Como el propio Mark Zuckerberg.(FOTOGRAMAS)

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Para mapear los orígenes de Facebook, el gran fenómeno social del siglo XXI, La red social se pregunta si su cofundador, el billonario postadolescente Mark Zuckerberg, es o no un capullo. También se plantea si ser un capullo es una elección o un accidente, y si en realidad hay alguna diferencia. En todo caso, aunque deja claro todo el daño que Zuckerberg causó en su ascenso, David Fincher y el guionista Aaron Sorkin se resisten a representarlo como un Anticristo tecnológico. Fincher dijo una vez que los cuatro rasgos ideales para un cineasta son la beligerancia, la paranoia, el miedo al fracaso y la necesidad de ser querido, y considerando que esos atributos son precisamente los que definen al protagonista de La red social, se intuye que las simpatías del director se alinean con ese monstruo social y no con todos aquellos a quienes pisoteó. Además, ésta es la película que Zuckerberg habría hecho de no saber que era sobre sí mismo.Se entiende, pues, que el gran tema de este clásico instantáneo tenga menos que ver con la concepción del medio social que con otro tipo de circuito cerrado igual de complejo: el ego masculino. Zuckerberg, imagina Sorkin, reconfiguró el tejido virtual para impresionar a una chica (Rooney Mara), que se llama Erica pero bien podría llamarse Rosebud. Pero no es ese el único motivo, tampoco el dinero. También hay necesidad de poder y control, una personalidad obsesiva y adictiva y un miedo atroz a ser excluido que a su vez es causa o efecto de su afán por excluir.Además de este retrato en primer plano, La red social logra ser una monumental panorámica, el paisaje del zeitgeist. Fincher ha creado la película que mejor define a quienes han definido nuestro tiempo -es, pues, un evento cinematográfico imprescindible--, empujándonos a vivir nuestras vidas online --no como una evasión de la existencia corporal, sino como una prolongación segura y privada? y convirtiéndonos en una sociedad de narcisistas, obsesionados por remodelar constantemente nuestro perfil con el fin de ser más populares. Que mientras creaba la herramienta ideal para hacer amigos -o amigos de Facebook--, Zuckerberg se aislara más y más no solo resulta irónico, también añade tragedia a la intriga.Porque eso es La red social, un misterio poliédrico, un intrigante rompecabezas que Sorkin nos presenta a través de una narración intrincada como un nido -aunque de claridad meridiana? y una frenética sucesión de agresivas voleas verbales que suenan como una retahíla de emails leídos a toda pastilla pero, eso sí, con la impecable corrección de Harvard. Y Fincher se rinde a la maestría de ese guión. Quizás porque ya no necesita demostrar nada, en términos de pirotecnia técnica es la película más modesta que ha hecho. Quizá por eso mismo, tal vez sea la mejor.(CINEMANIA)