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miércoles, 19 de enero de 2011

AMOR Y OTRAS DROGAS







Película: Amor y otras drogas. Título original: Love and other drugs.Dirección: Edward Zwick. País: USA. Año: 2010. Duración: 112 min.Género: Comedia, romance, romance. Interpretación: Jake Gyllenhaal(Jamie Randall), Anne Hathaway (Maggie Murdock), Hank Azaria (doctor Stan Knight), Oliver Platt (Bruce Winston), Gabriel Macht (Trey Hannigan),Judy Greer (Cindy), Josh Gad (Josh Randall). Guion: Charles Randolph, Edward Zwick y Marshall Herskovitz; basada en el libro “Hard sell: The evolution of a Viagra salesman”, de Jamie Reidy. Producción: Edward Zwick, Charles Randolph, Marshall Herskovitz, Scott Stuber y Pieter Jan Brugge. Música: James Newton Howard. Fotografía: Steven Fierberg. Montaje: Steven Rosenblum. Diseño de producción: Patti Podesta. Vestuario:Deborah L. Scott. Distribuidora: Hispano Foxfilm. Estreno en USA: 24 Noviembre 2010.Estreno en España: 14 Enero 2011. No recomendada para menores de 7 años
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Maggie es una mujer independiente que no deja que nada ni nadie la ate. Pero conoce a su media naranja, Jamie, cuyo implacable e infalible encanto le sirve bien tanto con las mujeres como dentro del despiadado mundo de las ventas farmacéuticas. La evolución que sufre la relación entre Maggie y Jamie coge a ambos por sorpresa, al encontrarse bajo la influencia de la droga suprema: el amor.
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Firmada por Edward Zwick (Diamante de sangre), un director de películas deliberadamente comerciales que esta vez ha querido dar a su propuesta cierto aire de filme independiente (sólo cierto aire, pues su nuevo trabajo tiene un look indie pero un engranaje simple y convencional), Amor y otras drogas ha sido concebida como una de esas películas que pretenden abordar grandes temas a partir de una historia sencilla. La jugada está clara: el romance in crescendo de la pareja protagonista, encarnada por unos excelentes Anne Hathaway y Jake Gyllenhaal, debe ser el soporte de una sátira del mecanismo y las miserias de la industria farmacéutica estadounidense. Pero el resultado no es el perseguido.

Amor y otras drogas cuenta una bella historia de amor, la explica bien. Sus protagonistas son fuertes y carismáticos, el romance fluye con frescura y el humor está usado con habilidad para suavizar la tragedia sin intentar relativizarla (salvo por algún error de cálculo aislado, el tema del Parkinson, la enfermedad que sufre la protagonista, está llevado con delicadeza). Pero, en vez de estar estrechamente ligado a esa historia de amor, el otro tema capital de la película, esas drogas a las que hace referencia el título (la descripción de la industria farmacéutica no es ni la mitad de afilada y graciosa de lo que pretende ser), se mueve en torno a ella como un satélite. Ése es el principal problema de Amor y otras drogas: su dispersión, la evidencia de que abarca muchas ideas pero no están lo bastante bien ligadas como para generar una historia coherente, potente y perspicaz.(FOTOGRAMAS)

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Tráilers engañosos. Son el último grito en mercadotecnia palomitera, la definitiva conspiración de los directivos de ventas. Nadie les negará el ingenio, pero, ciudado, puede que el espectador se sienta estafado si, como en el caso de Amor y otras drogas, decide pasar una tarde de domingo ingiriendo comedia romántica y se acaba tragando un dramón de los buenos sin comerlo ni beberlo. Cuando, para más inri, lo verdaderamente potente y original del filme deEdward Zwick (El último samurái, Leyendas de pasión?) es ese elemento trágico. Jake Gyllenhaal-mejor como niño rarito que hablaba con conejos imaginarios-, un guapo sin más cualidades que las de llevarse a las tías a la cama, un buen día (y hasta aquí nada le es ajeno a la comedia romántica) se enamora de Anne Hathaway -¿nos lo parece a nosotros o esta chica es de ésas que cuanto más las conoces más guapas se vuelven?-. La tensión dramática aparece cuando descubrimos que la actriz de El diablo viste de Prada es una enferma de Parkinson y el conflicto, a partir de aquí, pasa del habitual "pánico al compromiso" al "pánico al compromiso con enferma crónica", que podría haber funcionado (si se hubiese profundizado lo suficiente) como una metáfora de la necesidad de cualquier mujer de valerse por sí misma, sobre todo en el marco de una relación.Contextualizado en el optimismo que acompañó al boom económico de los 90, emborronado por unos secundarios poco creíbles y unas situaciones pretendidamente cómicas que no lo son, el drama pierde la fuerza que podría tener y sólo consiguen sostenerlo las interpretaciones de los protagonistas. Sobre todo la de ella. Aquí huele a Oscar.(CINEMANIA)

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