viernes, 25 de febrero de 2011

CHICO & RITA









Película: Chico & Rita. Dirección: Fernando Trueba, Javier Mariscal y Tono Errando. Países: España y Reino Unido. Año: 2010. Duración: 94 min.Género: Animación, musical, romance. Guión: Fernando Trueba e Ignacio Martínez de Pisón. Producción: Santi Errando, Cristina Huete, Martin Pope y Michael Rose. Música: Bebo Valdés. Montaje: Arnau Quilles. Distribuidora:Buena Vista International Spain. Estreno en España: 25 Febrero 2011. Apta para todos los públicos.
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En la Cuba de finales de los cuarenta, Chico y Rita inician una apasionada historia de amor. Chico es un joven pianista enamorado del jazz y Rita sueña con ser una gran cantante. Desde la noche en que el destino los junta en un baile de La Habana, la vida va uniéndolos y separándolos como si de la letra de un bolero se tratara.
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Circunscribir este precioso bolero cuya melodía se hace carne, color y sentimiento con la etiqueta de cine de animación es quedarse corto. Cine, pero con mayúsculas, trazado con la línea clara y luminosa de Javier Mariscal, es la historia romántica (llena de desencuentros y desamores esquivos) entre el pianista y la cantante, bastante más humanos y vivos que algunos actores reales.
Los reyes del mambo tocan canciones de amor, decía esa novela-río que tuvo una versión fílmica que respetaba aceptablemente su letra y su música. Y esta es una canción que se llena de palabras y cambia de nombre, pese a no olvidar su inspiración. Es la reina de un maravilloso melodrama que se mira en la nostalgia (crítica: ese ácido patio de vecinos de La Habana otoñal, actual) de las películas que la misma Rita LaBelle interpretó en esa Metro-Goldwyn-Mayer reimaginada por la supernatural paleta de óleos de la cinta de Mariscal y Trueba.
Puntuada con una cinefilia nada vacía (Marlon Brando, Fred Astaire y Otto Preminger son secundarios de la crónica de una estrella que asciende, en Technicolor, desde el Malecón y parece ponerse en Las Vegas), Chico & Rita acaricia el corazón con el mismo deseo y dulzura que esas teclas reencontradas al fin, que esas lágrimas felices en unas arrugas eternamente jóvenes.(FOTOGRAMAS).
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Además de un delicioso romance, Chico & Rita es una sinestesia. Ilustrada por el colorido mundo visual de Javier Mariscal y armonizada por el piano de Bebo Valdés, los sentidos del espectador se disparan y es difícil saber de dónde viene el nudo en el pecho, la lágrima emocionada, el sabor amargo que acompaña a cualquier amor imposible. No es fácil reconocer si esa capacidad para envolver que tiene Chico & Rita es cosa de Mariscal (con su dibujo de cómic, su Habana rota, su Nueva York plomizo y frío), o tal vez es de Bebo (no sólo de sus notas; Bebo como Chico es todos los músicos cubanos) o quizás de Trueba y su redondo guión. Es tan difícil separarlos porque los tres funcionan como uno. La animación y la música están tan armoniosamente integradas enChico & Rita que, llegado un punto, es imposible recordar que hay varios directores detrás y, sobre todo, se hace accesorio el que sea una película dibujada. Pasa a ser una película a secas. Una gran película que (si no anduviésemos tan perdidos) por lo menos debería haber estado nominada entre las mejores (de acción real) de la pasada edición de los Goya.
Por si fuera poco, los amantes del jazz tendrán la ocasión de vibrar con la escena musical neoyorquina de los 50 e incluso ver la versión animada de Charlie Parker o Cole Porter durantela estancia de Chico y Rita en la Gran Manzana, y bailar sus encuentros y descuentros al ritmo dela percusión afrocubana que Chano Pozo le enseñó a Dizzy Gillespie, hasta que la Revolución cubana separe a los amantes de nuevo y "pasen más de mil años, muchos más" para que vuelvan a encontrarse. Como en los buenos boleros.(CINEMANIA).
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Fernando Trueba ha dedicado a la música latina, de la que se declara incondicional, los documentales Calle 54 y El milagro de Candeal. Reincide en el tema en esta producción de dibujos animados, que concibió con el famoso diseñador Javier Mariscal, y que ambos han dirigido con la asistencia de Tono Errando, responsable de la poco conocida comedia musical La gran mentira del Rock'n'roll.
Chico & Rita es un homenaje al jazz latino que cuenta la historia de un pianista de ficción, cuya historia tiene muchos puntos en común con la de las grandes figuras de este estilo musical, algunos de los cuales aparecen como secundarios. Cuando escucha en la radio un viejo tema musical, el anciano Chico rememora los años de su juventud en los años 40, antes de la llegada de Fidel Castro al poder, cuando soñaba con triunfar en el mundo de la música. Una noche acompaña a su representante y a dos extranjeras a un club de La Habana, donde queda deslumbrado por la aparición de Rita, una preciosa joven que sueña con convertirse en cantante. Ambos se enamoran, pero resulta que Chico está casado por lo que acaban separándose...
La animación es limitada pero bastante eficaz, los personajes transmiten un gran encanto, los decorados de La Habana, Nueva York, París y Las Vegas están logrados, e incluso contiene una persecución rodada con un buen nivel de calidad. La banda sonora está grabada por el gran músico cubano Bebo Valdés, incluye numerosas referencias o pasan por la pantalla grandes figuras como Charlie Parker, Dizzie Gillespie y sobre todo Chano Pozo, y la reconstrucción del ambiente en el que vivieron estos míticos artistas convierte esta película en una cita interesante para melómanos y aficionados a este tipo de música. El film incluye múltiples homenajes a películas como Casablanca, critica la censura hacia la música considerada "imperialista" del régimen de Fidel Castro, y logra ir creciendo en intensidad dramática, sobre todo hacia el final. Desentonan las secuencias de sexo, pues aunque el film claramente no va dirigido al público infantil, ya tiene un tono adulto, por lo que resultan innecesarias. (DECINE21).
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martes, 15 de febrero de 2011

PA NEGRE







Película: Pa negre (Pan negro). Título original: Pa negre. Dirección: Agustí Villaronga. País: España. Año: 2010. Duración: 108 min. Género: Drama.Interpretación: Francesc Colomer (Andreu), Marina Comas (Nuria), Nora Navas (Florencia), Roger Casamajor (Farriol), Lluïsa Castell (Ció), Marina Gatell (Enriqueta), Laia Marull (Pauleta), Eduard Fernández (maestro), Sergi López (alcalde). Guion: Agustí Villaronga; basado en la novela de Emili Teixidor.Producción: Isona Passola. Música: José Manuel Pagán. Fotografía: Antonio Riestra.Montaje: Raúl Román. Dirección artística: Ana Alvargonzález. Vestuario: Mercè Paloma. Distribuidora: Emon. Estreno en España: 15 Octubre 2010. No recomendada para menores de 12 años.
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En los duros años de la posguerra rural en Cataluña, Andreu, un niño que pertenece al bando de los perdedores, encuentra en el bosque los cadáveres de un hombre y su hijo. Las autoridades quieren cargarle las muertes a su padre, pero él, para ayudarle, intenta averiguar quiénes son los auténticos responsables. En este recorrido, Andreu desarrolla una conciencia moral frente a un mundo de adultos alimentado por las mentiras. Para sobrevivir, traiciona sus propias raíces y acaba descubriendo el monstruo que habita en él.
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La primera respuesta del cinéfilo ante el anuncio de un producto como Pan negropodría ser: «Vaya, otra película española sobre la posguerra, tazones de leche, fascistas malísimos y rojos angelicales». Su reacción inmediatamente posterior se parecería a: «¿Y por qué Agustí Villaronga se mete en estos berenjenales y no sigue con ese cine tan atractivamente perverso que inició con Tras el cristal?». Una vez vista la película, sin embargo, las dudas se disipan. Villaronga ha conseguido adaptar las novelas de Emili Teixidor insuflándoles un toque punk que no sólo no chirría, sino que subvierte salvajemente las desventuras del niño protagonista, haciéndolas pasar del estadio de la literalidad (las desgracias de la guerra) al de la metáfora nihilista (nadie se libra del mal cuando el cáncer se extiende) sin solución de continuidad. Sea como fuere, es reconfortante ver que un subgénero tan devaluado en el cine español alcanza aquí una intensidad pocas veces vista en ese ámbito.

Por supuesto, la película no puede librarse de la imaginería que le correspondería por elección de procedencia, y a veces no consigue superar ese escollo, sobre todo con dos personajes tan estereotipados como el fascista que interpreta Sergi López y el maestro al que da vida Eduard Fernández. Sin embargo, todo ello queda subsumido en una historia de aprendizaje al revés contada con malicia y una narrativa ampliamente sugerente, a veces laberíntica, a veces espeluznante en su simplicidad agresiva y directa. Digamos que Villaronga, a través de la historia de este niño corrompido por el entorno en un pueblo catalán de la posguerra, consigue a la vez ofrecer al gran público una insólita película mainstream y a los más exigentes algo así como el revés de su trama, lo que hay detrás de todo ello: una naturaleza agreste, miradas inquietantes que nunca encuentran donde posarse, idas y venidas a través del horror, un universo –en fin— enrarecido que también acaba haciendo inquietante la forma y el estilo escogidos como referentes. En ese sentido, Pan negro es a la vez una película y su propia crítica, una historia y su propio comentario. Y también un ejemplo perfecto de lo que podría ser un cine español medio, alejado tanto de la exquisitez como de la ranciedad: una posibilidad de tercera vía tan respetable como cualquier otra.(CINE 365).

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Agustí Villaronga es un gran creador de atmósferas, y vuelve a demostrarlo en Pan negro. La trama de su película, que maneja un buen plantel de actores, se sitúa en la Cataluña posterior a la guerra civil, en un pueblo de montaña, y adopta el punto de vista de un niño, Andreu, cuyo padre, Farriol, de modesta condición, está mal visto por las fuerzas vivas, por haberse significado en el pasado como hombre de izquierdas, o sea, del bando de los perdedores. Un día el chaval descubre en el bosque los cadáveres de un hombre y su hijo, amigo suyo. No está claro que haya sido un accidente su caída por un barranco, y podría ser la excusa perfecta para colgar los muertos al padre de Andreu.

El director adapta una desesperanzada novela de Emili Teixidor y entrega imágenes brutalmente poderosas, de modo especial en el arranque. Hay que reconocer cierta originalidad en la trama, donde se da una vuelta al habitual victimismo de las películas sobre la contienda fraticida, siempre empeñadas en "ganar la guerra" al menos en el cine. Los grandes ideales pueden que no lo sean tanto, y las miserias humanas vienen a ser las de siempre, no hay nada nuevo bajo el sol en los secretos de la España profunda, o la Cataluña profunda si se prefiere.

La mirada del director es oscura, muy oscura, no hay espacio para la luz. Ya lo dice el título, con la metáfora del pan negro. La película sigue el esquema habitual de las narraciones sobre la pérdida de la inocencia en la infancia, eso sí, sin resquicio para la esperanza, no hay nadie capaz de iluminar la pantalla. La única salida es el pragmatismo cínico, adaptarse a las circunstancias como un camaleón, tragar lo que haya que tragar, tratando de seguir siendo uno mismo. Porque en el fondo el desenlace no muestra más que a un personaje que va a seguir los pasos de sus padres -que dentro de su supuesto idealismo han tenido que optar por la supervivencia- o de su prima Núria, una niña que no duda en acostarse con su maestro si eso le reporta alguna ventaja, aunque en el fondo ansía escapar.

Asumido su amargo pesimismo, puede decirse que Villaronga no logra el deseable equilibrio en su película. En cierto momento las cosas se le van de las manos, pierde las riendas en los contradictorios laberintos de los distintos personajes, su tupida red de mentiras y excusas, que se acumula caóticamente; no casa bien esta parte dramática con la atmósfera algo terrorífica de algunos pasajes, ni tampoco es acertado el modo de desvelar cierta acción brutal que descalifica a sus protagonistas y conduce al final del film. Hay una denuncia de la mentira, pero en realidad nadie parece interesado en la verdad, falta el necesario referente ético.(DE CINE 21).

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lunes, 7 de febrero de 2011

PRIMOS










Película: Primos. Dirección y guion: Daniel Sánchez Arévalo. País: España.Año: 2011. Duración: 97 min. Género: Comedia. Interpretación: Quim Gutiérrez (Diego), Raúl Arévalo (Julián), Adrián Lastra (Miguel), Inma Cuesta (Martina), Antonio de la Torre (Bachi), Clara Lago (Clara), Nuria Gago (Yolanda), Alicia Rubio (Toña), Marcos Ruiz (Dani). Producción:Fernando Bovaira y José Antonio Félez. Música: Julio de la Rosa. Fotografía: Juan Carlos Gómez. Montaje: David Pinillos. Dirección artística: Curru Garabal y Satur Idarreta. Vestuario: Fernando García. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España. Estreno en España: 4 Febrero 2011. No recomendada para menores de 7 años.
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A Diego le ha dejado su novia plantado en el altar. Sus primos, Julián y José Miguel, deciden llevárselo a las fiestas del pueblo donde veraneaban de pequeños. Un fin de semana de juerga para olvidar y, sobre todo, intentar recuperar a su amor de adolescencia, Martina. A grandes males, grandes borracheras. Un plan infalible, ¿no?
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Igual que hiciera con su alabado film de exordio,'AzulOscuroCasiNegro', Daniel Sánchez Arévalo parte aquí de un cortometraje suyo anterior, '(Uno de los) primos', para dar un sorprendente giro a su carrera: si hasta ahora, sus dos largometrajes realizados (y buena parte de los cortos) se teñían con los ocres colores del drama, aquí la paleta se hace vibrante y plural, y la risa, incluso el dislate surreal, se apoderan de la escena, eso sí, sin abandonar el arrebatado romanticismo que, a estas alturas, es la marca mejor identificable del director.

Con un pletórico Quim Gutiérrez, convertido ya en actor fetiche de nuestro hombre, al frente de un elenco espléndido, se despliega una comedia amorosa que fija, ya desde su desopilante primera secuencia, sus coordenadas: una trama recorrida por un persistente aire antirealista (digan alocado, no pasa nada), el deseo de poner en solfa algunos aquilatados lugares comunes de la guerra de sexos (el carácter rocoso de ellos, el cálculo maquiavélico de ellas), hasta convertir el enamoramiento en un cómico estado perenne de zozobra. Se le puede poner algún que otro pero (Sánchez Arévalo sigue conociendo mejor a los hombres que a las mujeres), pero funciona con un ritmo implacable, con personajes incluso adorables y un sano, jocoso aire de juerga.(FOTOGRAMAS)

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Después del atracón de sentimientos y dramas personales de Gordos, era de esperar una resaca aún más compleja, igual de tragicómica o incluso que viajara más aún de un extremo emocional al otro. Sin embargo, Daniel Sánchez Arévalo se ha levantado sin desazón, ni dolores de cabeza anímicos para escribir y dirigir su tercera película, una resaca llevadera, feliz y entrañable de Gordos.

Primos es una comedia sencilla, sin aristas trágicas ni rincones agridulces. Está cargada de buenas intenciones, las de unos personajes y una historia creados con un único objetivo entretener al gran público. Gran idea. ¿O es que acaso el cine siempre tiene que dejarnos poso, sacudirnos y hacernos pensar? Al contrario, también se inventó para que pasemos un buen rato. Sin más. Y la huida al pueblo de la juventud, en plena borrachera de desengaño, de estos tres primos desquiciados es la mejor forma de aligerarnos de dramas propios.

Es imposible no soltar la carcajada mientras ves a Raúl Arévalo (más divertido que nunca, en un papel completamente alejado de lo que nos tiene acostumbrados), Quim Gutiérrez (en la línea de Una hora más en Canarias, genial) y Adrián Lastra (gran nuevo descubrimiento) sobre un escenario, bailando y cantando a la perfección los Back Street Boys. Muy difícil es no reírse de un Antonio de la Torre "correctísimo" de cinéfi lo borracho. O disfrutar de la fuerza de Clara Lago (cada vez más mayor) o Inma Cuesta, llevándose a los primos de calle y equilibrando el exceso de testosterona y de estupidez masculina.

No hay nada AzulOscuroCasiNegro en la playa o la plaza de Comillas que recorren los tres primos. Sólo mucho sol, prados verdes, fiestas de pueblo y mucho cachondeo. Y, sin embargo, todos sus habitantes, perfectamente dibujados, siguen llenos de la sensibilidad y ternura con la que Sánchez Arévalo ha dotado siempre a sus personajes por muy gamberros, hipocondriacos o romanticones hasta el empalague que sean.(CINEMANIA).

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“Primos” tiene prólogo, nudo y desenlace, como toda buena obra. En el orden adecuado. Unos actores por todos conocidos y, algunos, muy buenos. Está rodada en una tierra con aire fresco, Comillas (Cantabria), como la nueva corriente de una generación que intenta levantar el cine español. Daniel Sánchez Arévalo, el director, arriesga y vuelve a ganar.

Después de la “goyeizada” 'Azuloscurocasinegro', y la pasejera 'Gordos', la nueva película de Sánchez Arévalo es una comedia dramática de esas que te producen una sonrisa sana, que hace que te sientas bien por dos motivos: por saber que estás viendo un producto que te divierte y entretiene, y por afirmar que el cine español no está perdido.

A Diego (Quim Gutiérrez) le deja plantado la novia días antes de la boda, pero él decide ir a la iglesia, por si se arrepiente. Lógicamente, no aparece. Por despecho, decide ir a buscar al amor de su juventud al pueblo y empezar de cero. En este viaje le acompañarán sus primos (Raúl Arévalo y Adrián Lastra), que son algo más que primos.

No hay nada como rodearse de buenos amigos para trabajar. Sabes de antemano que la cosa, si no sale bien, al menos la risa está asegurada. Pero con unos profesionales de la talla de Raúl Arévalo o Antonio de la Torre, la cosa pinta bastante bien. Son actores que cogen un guión y lo hacen suyo, se mimetizan con la historia hasta pertenecer a ella. Capaces de cambiar de registro según el personaje lo requiera. En “Primos”, son los que llevan la voz cantante, pero el resto del elenco le siguen los pasos muy de cerca.

El “primo” principal, Quim Gutiérrez despliega una batería de gestos ya conocidos por todos en otras películas como Una hora más en Canarias, pero sale airoso y el joven actor Adrián Lastra (del musical Hoy no me puedo levantar) ameniza el filme de una manera sobresaliente. Y de las “primas”, si hay que destacar a alguna sería a Clara Lago. Empezó joven en esto de la actuación y no acababa de cuajar, pero al lado de Sánchez Arévalo ha ganado soltura y madurez. Total, que forman una panda bastante buena y correcta, correctísima.

“Primos” logrará imprimir en el espectador un buen rollo incapaz de olvidar, por lo menos durante un rato. Un guión con un prólogo (lo mejor de Quim Gutiérrez) sustancialmente lleno de pequeñas pinceladas de humor que harán que te acomodes en la butaca. Una banda sonora bien elegida y que despertará recuerdos en más de uno (¿os acordáis de los “Backstreetboys?). No abusa de planos de paisajes, porque no es importante saber dónde transcurre la historia y, además, el nombre de dicha localidad está impreso en las camisetas a lo largo de toda la película (una buena forma de fomentar el turismo). Y algún que otro desnudo que no chirría, como ocurre con otras películas de cine español y que dan paso a más humor.

Daniel Sánchez Arévalo ha creado una película natural, personal, de la que no se puede decir mucho más porque no tiene ninguna pretensión de ir más allá que la de mostrar una historia que se toma con humor. Pero, quizás, el fallo es que le falta buscar esa pretensión, esa pizca de madurez que la haga grande, porque no sólo los actores redondean una película. Hasta ahora, el trabajo del director han sido dramas y pasar a la comedia, de repente, es un gran salto en que te puedes caer o sobrevivir. Daniel sobrevive, lo supera y se demuestra a él y a los demás que también puede hacer comedias, aunque le falta camino.(EL SEPTIMO ARTE).

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sábado, 5 de febrero de 2011

THE FIGHTER








Película: The fighter. Dirección: David O. Russell. País: USA. Año: 2010.Duración: 115 min. Género: Drama. Interpretación: Mark Wahlberg (Micky Ward), Christian Bale (Dicky Eklund), Amy Adams (Charlene Fleming),Melissa Leo (Alice Ward), Jack McGee (George Ward). Guion: Scott Silver, Paul Tamasy y Eric Johnson; basado en un argumento de Keith Dorrington, Paul Tamasy y Eric Johnson. Producción: David Hoberman, Todd Lieberman, Ryan Kavanaugh, Mark Wahlberg, Dorothy Aufiero y Paul Tamasy. Música: Michael Brook.Fotografía: Hoyte Van Hoytema. Montaje: Pamela Martin. Diseño de producción: Judy Becker. Vestuario: Mark Bridges. Distribuidora: TriPictures. Estreno en USA: 17 Diciembre 2010. Estreno en España: 4 Febrero 2011.
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Inspirada en hechos reales, “The fighter” nos cuenta la áspera pero a la vez cariñosamente humorística historia del regreso de un héroe del boxeo poco común: Micky Ward “El irlandés”, y de su hermanastro, Dicky Eklund, quienes tuvieron que enfrentarse como contrincantes antes de unirse en una dura pelea para ganar un importante campeonato y fortalecer sus lazos familiares.
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Sujeto a unas reglas dignas del código escrito por el marqués de Queensbury, el boxeo en el cine es, de por sí, todo un reconocible minigénero que ha fintado con elegancia, y con contundencia, a parientes más respetables como el noir (Cuerpo y alma), lo social (Rocco y sus hermanos), lo deportivo (Rocky, aunque el primer título era realismo social en estado puro), el melodrama (Marcado por el odio) o todo junto concentrado (Toro salvaje). The Fighter es un uppercut fraternal, y familiar, disfrazado de biopic triunfalista. Los golpes que el jovenzuelo Ward (un Mark Wahlberg sensacional, condenado a perder a los puntos frente a Christian Bale, soberbio) soporta en el ring no son nada ante esas relaciones extrañas y dependientes con su madre (una Melissa Leo que se va a llevar todos los premios del año), sus hermanas (un coro irlandés que habría aplaudido con las orejas John Ford, pese a ser tan scorsesiano en el fondo, y con el sentido del humor de ambos realizadores) y, especialmente, con su hermano Dicky, ex boxeador, adicto al crack, pequeño delincuente, entrenador ocasional de su hermanito y lastre para este. Es en esa descripción del lumpen barrio de Lowell, en sus bares, sus tiendas y sus contenedores de basura, en ese gimnasio cutre…donde la cinta de David O. Russell brilla más que en sus combates filmados en plan retransmisión HBO.

A pesar de su épica del segundón, que mola (y si no, ahí estamos los fans del potro italiano Balboa), la verdadera fuerza del film está en los lazos familiares, tan tensos como las cuerdas del cuadrilátero, en los amores reñidos (Amy Adams, asimismo estupenda), y en ese mano a mano entre Micky y Dicky, entre la luz y la sombra, entre el éxito y el fracaso. Creo que desde la genial Fat City de John Huston que no había visto una película pugilística que me tocara tanto la fibra. Y para emociones fuertes, el plano final del film, complementario del inicial: ambos hermanos (los de la ficción, no los verdaderos que aparecen bromeando en los créditos de cierre) sentados en el sofá ante las cámaras, ante la cámara, seguramente unidos, seguramente separados y situados en las esquinas de un ring bastante más jodido que el del boxeo.(CINE 365).

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En principio The Fighter iba a dirigirla Aronofsky, y como principales se había pensado en Matt Damon y Brad Pitt, pero al final ni Aronofsky se encargó de la dirección -David O. Russell fue el elegido; aunque eso sí, Aronofsky se adjudicó el cargo de productor ejecutivo-, ni Damon y Pitt aceptaron los papeles protagonistas, que recayeron en Bale y Wahlberg. Lo de Aronofsky es comprensible, y más después de dirigir la inmensa The Wrestler.

A pesar de los cambios, y de que el que se cepilla a la Weisz

Spoiler (Click para ver)
por la noche no estuviese tras las cámara, el resultado no es malo, para nada, todo lo contrario, es una película solida, con un trabajo de dirección impecable y un dueto actoral principal que está magistral, apoyado por unos secundarios de lujo que la elevan a un nivel superior consiguiendo la carga dramática que requiere el film; no tiene una carga emocional tan profunda como la de Rourke, ni se explora tanto el drama humano; se hace, sí, pero sin profundizar demasiado, sólo se dibuja por así decirlo. El boxeo es un genero muy mamado, y poco o nada se podía, ni se debía esperar, de ella, aunque ese no supuso un problema. Es un producto con fuerza y un buen envoltorio.

Tópica, sí, con el típico discursito sobre perseguir los sueños, sobre la redención, la familia, pero da igual, a pesar de no contar nada nuevo, a pesar de abusar de un género sobre el que ya se han hecho varias obras maestras, la película está a la altura y tiene alma propía.(EL SEPTIMO ARTE).

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