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martes, 15 de febrero de 2011

PA NEGRE







Película: Pa negre (Pan negro). Título original: Pa negre. Dirección: Agustí Villaronga. País: España. Año: 2010. Duración: 108 min. Género: Drama.Interpretación: Francesc Colomer (Andreu), Marina Comas (Nuria), Nora Navas (Florencia), Roger Casamajor (Farriol), Lluïsa Castell (Ció), Marina Gatell (Enriqueta), Laia Marull (Pauleta), Eduard Fernández (maestro), Sergi López (alcalde). Guion: Agustí Villaronga; basado en la novela de Emili Teixidor.Producción: Isona Passola. Música: José Manuel Pagán. Fotografía: Antonio Riestra.Montaje: Raúl Román. Dirección artística: Ana Alvargonzález. Vestuario: Mercè Paloma. Distribuidora: Emon. Estreno en España: 15 Octubre 2010. No recomendada para menores de 12 años.
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En los duros años de la posguerra rural en Cataluña, Andreu, un niño que pertenece al bando de los perdedores, encuentra en el bosque los cadáveres de un hombre y su hijo. Las autoridades quieren cargarle las muertes a su padre, pero él, para ayudarle, intenta averiguar quiénes son los auténticos responsables. En este recorrido, Andreu desarrolla una conciencia moral frente a un mundo de adultos alimentado por las mentiras. Para sobrevivir, traiciona sus propias raíces y acaba descubriendo el monstruo que habita en él.
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La primera respuesta del cinéfilo ante el anuncio de un producto como Pan negropodría ser: «Vaya, otra película española sobre la posguerra, tazones de leche, fascistas malísimos y rojos angelicales». Su reacción inmediatamente posterior se parecería a: «¿Y por qué Agustí Villaronga se mete en estos berenjenales y no sigue con ese cine tan atractivamente perverso que inició con Tras el cristal?». Una vez vista la película, sin embargo, las dudas se disipan. Villaronga ha conseguido adaptar las novelas de Emili Teixidor insuflándoles un toque punk que no sólo no chirría, sino que subvierte salvajemente las desventuras del niño protagonista, haciéndolas pasar del estadio de la literalidad (las desgracias de la guerra) al de la metáfora nihilista (nadie se libra del mal cuando el cáncer se extiende) sin solución de continuidad. Sea como fuere, es reconfortante ver que un subgénero tan devaluado en el cine español alcanza aquí una intensidad pocas veces vista en ese ámbito.

Por supuesto, la película no puede librarse de la imaginería que le correspondería por elección de procedencia, y a veces no consigue superar ese escollo, sobre todo con dos personajes tan estereotipados como el fascista que interpreta Sergi López y el maestro al que da vida Eduard Fernández. Sin embargo, todo ello queda subsumido en una historia de aprendizaje al revés contada con malicia y una narrativa ampliamente sugerente, a veces laberíntica, a veces espeluznante en su simplicidad agresiva y directa. Digamos que Villaronga, a través de la historia de este niño corrompido por el entorno en un pueblo catalán de la posguerra, consigue a la vez ofrecer al gran público una insólita película mainstream y a los más exigentes algo así como el revés de su trama, lo que hay detrás de todo ello: una naturaleza agreste, miradas inquietantes que nunca encuentran donde posarse, idas y venidas a través del horror, un universo –en fin— enrarecido que también acaba haciendo inquietante la forma y el estilo escogidos como referentes. En ese sentido, Pan negro es a la vez una película y su propia crítica, una historia y su propio comentario. Y también un ejemplo perfecto de lo que podría ser un cine español medio, alejado tanto de la exquisitez como de la ranciedad: una posibilidad de tercera vía tan respetable como cualquier otra.(CINE 365).

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Agustí Villaronga es un gran creador de atmósferas, y vuelve a demostrarlo en Pan negro. La trama de su película, que maneja un buen plantel de actores, se sitúa en la Cataluña posterior a la guerra civil, en un pueblo de montaña, y adopta el punto de vista de un niño, Andreu, cuyo padre, Farriol, de modesta condición, está mal visto por las fuerzas vivas, por haberse significado en el pasado como hombre de izquierdas, o sea, del bando de los perdedores. Un día el chaval descubre en el bosque los cadáveres de un hombre y su hijo, amigo suyo. No está claro que haya sido un accidente su caída por un barranco, y podría ser la excusa perfecta para colgar los muertos al padre de Andreu.

El director adapta una desesperanzada novela de Emili Teixidor y entrega imágenes brutalmente poderosas, de modo especial en el arranque. Hay que reconocer cierta originalidad en la trama, donde se da una vuelta al habitual victimismo de las películas sobre la contienda fraticida, siempre empeñadas en "ganar la guerra" al menos en el cine. Los grandes ideales pueden que no lo sean tanto, y las miserias humanas vienen a ser las de siempre, no hay nada nuevo bajo el sol en los secretos de la España profunda, o la Cataluña profunda si se prefiere.

La mirada del director es oscura, muy oscura, no hay espacio para la luz. Ya lo dice el título, con la metáfora del pan negro. La película sigue el esquema habitual de las narraciones sobre la pérdida de la inocencia en la infancia, eso sí, sin resquicio para la esperanza, no hay nadie capaz de iluminar la pantalla. La única salida es el pragmatismo cínico, adaptarse a las circunstancias como un camaleón, tragar lo que haya que tragar, tratando de seguir siendo uno mismo. Porque en el fondo el desenlace no muestra más que a un personaje que va a seguir los pasos de sus padres -que dentro de su supuesto idealismo han tenido que optar por la supervivencia- o de su prima Núria, una niña que no duda en acostarse con su maestro si eso le reporta alguna ventaja, aunque en el fondo ansía escapar.

Asumido su amargo pesimismo, puede decirse que Villaronga no logra el deseable equilibrio en su película. En cierto momento las cosas se le van de las manos, pierde las riendas en los contradictorios laberintos de los distintos personajes, su tupida red de mentiras y excusas, que se acumula caóticamente; no casa bien esta parte dramática con la atmósfera algo terrorífica de algunos pasajes, ni tampoco es acertado el modo de desvelar cierta acción brutal que descalifica a sus protagonistas y conduce al final del film. Hay una denuncia de la mentira, pero en realidad nadie parece interesado en la verdad, falta el necesario referente ético.(DE CINE 21).

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1 comentario:

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    Thank you!!Wang Han Pin(王翰彬)
    From Taichung,Taiwan(台灣)

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