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miércoles, 25 de mayo de 2011

PELICULAS MITICAS :EL HOMBRE TRANQUILO








TÍTULO ORIGINALThe Quiet Man
AÑO
1952
DURACIÓN
129 min.
PAÍS
DIRECTORJohn Ford
GUIÓNFrank S. Nugent, John Ford (Historia: Maurice Walsh)
MÚSICAVictor Young
FOTOGRAFÍAWinton C. Hoch & Archie Stout



Sinopsis:
Al pueblo irlandés de Innisfree llega un forastero que resulta ser oriundo de la comunidad, hijo de una familia que emigró a los Estados Unidos. Huyendo de un pasado turbulento (era un boxeador profesional que en el transcurso de un combate lesionó accidentalmente a su contrincante, que falleció a causa de la pelea), el recién llegado adquiere la que fuera casa de sus mayores, granjeándose la enemistad del cacique local. Cuando se enamora de la hermana de su enemigo, empieza el camino que le llevará a enfrentarse con su realidad y a aceptar la cultura de sus ancestros. Por el camino habrán quedado una resurrección personal, un amor con final feliz... y una buena dosis de whisky y bofetadas.
Premios:
2 Oscars. 6 premios ganados y 7 nominaciones.


El hombre tranquilo es una especie de cuento para adultos en versión obra maestra. Me sigo riendo, con cada golpe cómico (también los políticamente incorrectos), con cada palabra de Michaleen Flynn (Barry Fitzgerald). Es una historia sencilla, verosímil, llena de tradición, hermosa, con buenos sentimientos en personajes de carne y hueso, entrañable, pero no sentimentalona. El paisaje irlandés está fotografiado con una belleza que parece fantasía. Cuenta lo que al ser humano le importa, y lo hace con una mirada limpia e ingenua. Y los hombres cantan y beben cerveza siempre que pueden, en una explosiva celebración de la vida.

El film traduce el amor de Ford por esta tierra de sus antepasados. Y nos lo contagia a nosotros también. Nos hace reir con las frases de Mac Flinn, nos emboba con el beso de Sean y Mary Kate en el interior de la cabaña azotada por el viento y esa sonrisa que sin duda mantenemos durante toda la película. Sin olvidarnos de los paisajes y cantos llenos del espíritu gaélico.

El momento en que Sean Thornton se baja del tren (que llega con tres horas de retraso, como siempre), preguntando cómo llegar a Innisfree, el absurdo diálogo que mantienen los lugareños, sin contestarle para nada a la pregunta (no tiene desperdicio), nos pone en la pista de cómo será el resto del metraje.(EL SEPTIMO ARTE).









Según se cuenta, durante el rodaje se produjo una anécdota que explica perfectamente el carácter pícaro y superirlandés de John Ford. Por lo visto, el director llamó a John Wayne y le dijo que Victor McLaglen no estaba hablando bien de él y que además su personaje se estaba alzando con el protagonismo de la cinta. Del mismo modo llamó a McLaglen y le dijo algo parecido acerca de Wayne. Los resultados de tales confidencias no se hicieron esperar. En la escena de la lucha entre los dos, el realismo superó la ficción. McLaglen acabó con una pequeña conmoción y John Wayne con dos fracturas en las costillas. Y tan amigos. La escena, eso sí, no tiene desperdicio.



La columna vertebral del cine de John Ford son los westerns, pero los valores que transmite en ellos son tratados también en el resto de su obra. Por eso, aunque no estemos ante una película de vaqueros, sólo con ver la firma de John Ford enseguida reconoceremos temáticas que le pertenecen. El hombre tranquilo es un film que posee valores conservadores que siempre fueron defendidos por el maestro y expuestos en su obra de un modo u otro. Valores como la religión (incluso el narrador es uno de los curas del pueblo en el que se desarrolla la historia), el matrimonio, la amistad, la familia y la patria son transmitidos en este film de una forma más clara y rotunda que en otras películas suyas. En esta cinta cumplen un importante papel liberador de los demonios interiores.

John Wayne interpreta magistralmente a un boxeador atormentado que huye de su pasado y busca refugio en su patria, su Irlanda natal, en el pequeño pueblo donde creció, Inisfree. Busca sobre todo redimirse por algo que hizo. La película por ello es una completa huída de su pasado. Pero por otro lado no deja de ser una evocación también del pasado ya que retorna al pueblo donde siempre ha vivido hasta que se fue a América. Los recuerdos, por tanto, están presentes (igual que en el film de 1941 Qué verde era mi valle) aunque la narración de Ford no los exponga de manera explícita (exceptuando el flashback que nos desvela el motivo del tormento interior que sufre el boxeador). La excelente fotografía de Winton C. Hoch y Archie Stout recrea una Irlanda que parece más la de un sueño que la de una postal, tiene más de reminiscencia que de realidad. Es una Irlanda idílica en la que todos son buenos y en la que los malos no lo son tanto, probablemente como la recuerde el propio Ford que era de origen irlandés.
La película contrapone a través de esta premisa la vida rural con la vida urbana, representada por el boxeador. La vida del pueblo posee valores sencillos tales como la camaradería, la familia o una ética construida a través de la religión. La cinta juega con la sencillez de un tipo de vida todo el tiempo y se aprecia también en la técnica de John Ford. Por ejemplo, la presentación de la chica no puede ser más simple y a la vez más grandiosa: una bellísima Maureen O’ Hara, una mujer temperamental de la que el personaje de John Wayne se enamorará enseguida. Ella es presentada junto con ganado ovino, que recuerda en cierto modo a los personajes de la novela pastoril que con tanta brillantez ha usado Cervantes en más de una ocasión.
Del tándem John Wayne-Maureen O’ Hara saltan chispas. Las dos secuencias más emocionales de la película están protagonizadas por ellos, con sendas tormentas de fondo que crean el clímax perfecto. El primer beso que se dan en la película es pura magia, uno de los grandes momentos románticos de la historia del cine. Spielberg usó esta secuencia de forma divertida para homenajear a este film en E.T., el extraterrestre (1982), cuando la entrañable criatura proveniente de otro planeta la está viendo por televisión.
El hombre tranquilo es una absoluta obra maestra y una de las mejores películas de la historia del cine. No envejece ya que habla de la condición humana y porque es también una gran historia de amor, un regalo para el alma de John Ford. Está dirigida con elegancia, cada plano está construido al detalle y la cámara se mueve nada más que lo necesario, sello del maestro. No se puede alcanzar más perfección y belleza. La exaltación de los valores conservadores que propone en otras manos hubiera parecido un film propagandístico. Pero la maestría con la que está contada hace que no caigamos en ningún momento en ese erróneo sentimiento. Por todo ello gracias, John Ford.(LIBRECINEFILO).

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