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viernes, 13 de mayo de 2011

MIDNIGHT IN PARIS




Película: Midnight in Paris. Dirección y guion: Woody Allen. Países:España y USA. Año: 2011. Duración: 94 min. Género: Comedia romántica.Interpretación: Owen Wilson (Gil), Marion Cotillard (Adriana), Rachel McAdams (Inez), Kathy Bates (Gert), Michael Sheen (Paul), Adrien Brody (Salvador), Nina Arianda, Mimi Kennedy (Wendy), Kurt Fuller (John), Carla Bruni (guía del museo), Léa Seydoux (Gabrielle). Producción: Letty Aronson, Stephen Tenenbaum y Jaume Roures. Fotografía: Darius Khondji. Montaje: Alisa Lepselter.Dirección artística: Anne Seibel. Vestuario: Sonia Grance. Distribuidora: Alta Classics.Estreno en USA: 20 Mayo 2011. Estreno en España: 13 Mayo 2011. Apta para todos los públicos.

“Midnight in Paris”, de Woody Allen, nos cuenta la historia de una familia que viaja a la capital francesa por asuntos de negocios, incluyendo entre ellos a una joven pareja que está prometida, y cuyas vidas cambian gracias a este viaje. La cinta aborda la idea que tiene la gente de que una existencia distinta a la suya quizás podría ser mejor.


Owen Wilson no parece recién salido aquí de una comedia bárbara junto a Vince Vaughn. Los buenos actores saben plegarse a las características de los cineastas con los que trabajan, y Wilson se convierte en Midnight in Paris en un héroe característico del cine de Woody Allen. Se trata de un escritor estadounidense que pasa una temporada en París junto a su prometida y los ricos y reaccionarios padres de esta. Tiene pájaros en la cabeza, abraza ideales románticos algodemodées (pasear por París bajo la lluvia) y se encuentra finalmente con lo que le gustaría haber vivido en otro tiempo.

Gracias a los simples recursos fantásticos de Allen (aunque estamos lejos de las experimentaciones narrativas o formales de La rosa púrpura de El Cairo, Zelig, Alice y Sombras y niebla), el protagonista puede deslizarse hasta el París de los años veinte, cuando la ciudad era una fiesta. Allí intima ni más ni menos que con Zelda y Francis Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, Pablo Picasso, Gertrude Stein (quien lee su novela y le hace pertinentes recomendaciones), el terceto surrealista formado por Salvador Dalí (un muy divertido Adrien Brody), Man Ray y Luis Buñuel (a quien Wilson le sugiere el tema de El ángel exterminador, aunque el director aragonés se queda estupefacto y comenta varias veces que no entiende porque los burgueses no pueden salir del comedor: un gran gag), Belmonte, Djuna Barnes, Henri Matisse, Cole Porter y T.S. Eliot. Y también con una especie de groupie de artistas, como la define el protagonista, que ha sido amante de Modigliani, Georges Braque y Picasso, se va de aventura africana con Hemingway e intima con el personaje de Wilson colmando, por supuesto, su ideal romántico y artístico.

Este personaje femenino, interpretado por Marion Cotillard, da otra vuelta de tuerca al fantasioso viaje temporal por el París pretérito, convirtiéndo la película en una experiencia que, como queda muy claro en la secuencia con Buñuel, Ray y Dalí, solo pueden entender los surrealistas. Lástima que un Allen más comedido, teniendo en cuenta el caudal de sugerencias que la historia propone, frene en muchos momentos el arrebato artístico y fantasioso que está implícito siempre en la historia. Midnight in París termina siendo una película bastante ocurrente cuando podría haber sido una reflexión, siempre divertida, sobre los mitos y clichés artísticos. Quizás Allen prefiera ya las superficies antes que las interioridades.(CINE 365).



En El episodio Kugelmass, uno de los cuentos más delirantes de Woody Allen, un hombre aplastado por la monotonía de su matrimonio recibe la llamada de un mago que le ofrece hacer realidad su más lúbrico sueño: cometer adulterio. Sólo tiene que meterse en un armario con la novela, obra de teatro o poema que prefiera, y se proyectará en su universo. Quiero tener un affaire con una amante francesa. ¿Qué le parece Emma Bovary?, pregunta, ansioso.

Midnight in Paris explota ese punto de partida –que también estaba en el epicentro de una de sus películas más hermosas, La Rosa Púrpura de El Cairo (1985)-, no solo para ratificar la francofilia de su autor sino para reírse de la imagen idealizada que los americanos tienen sobre la vieja Europa como cuna de la cultura, para poner contra las cuerdas a todas aquellos que lo tachan de turista accidental (y, por extensión, de cineasta superficial) y para elaborar una furibunda diatriba contra la nostalgia.

Midnight in Paris es, en ese sentido, una película paradójica: por un lado, celebra los clichés de una ciudad que Allen adora tanto como Nueva York, y, por otro, siente la necesidad de desmontar la dimensión simbólica de esos clichés, materializada en un dream team de la vida bohemia del París de los años 20 que parece un parque temático para intelectuales de pacotilla, y que Allen recrea sin miedo a hacer el ridículo.

Es en los requiebros de esa fantasía imposible donde Allen logra que Midnight in Paris se convierta en su película más original desde Desmontando a Harry (1997). Más allá del ingenio de la premisa, con sus hilarantes gags sobre El Ángel Exterminador (Luis Buñuel, 1962) y sus parodias de Hemingway y Dalí, el viaje en el tiempo que emprende su alter ego en la pantalla le permite reivindicar el presente como tabla de salvación. El hombre siempre quiere lo que no tiene, nos dice Allen, y ese deseo no es otro que el de escapar de la muerte, el de dejar su huella para la posteridad. Y por muy ligera y cálida y deliciosa que sea esta comedia, el poso que deja es pura melancolía.(FOTOGRAMAS).

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