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viernes, 27 de mayo de 2011

PEQUEÑAS MENTIRAS SIN IMPORTANCIA




Película: Pequeñas mentiras sin importancia. Título original: Les petits mouchoirs. Dirección y guion: Guillaume Canet.País: Francia. Año: 2010. Duración: 154 min. Género: Comedia dramática.Interpretación: François Cluzet (Max), Marion Cotillard (Marie), Benoît Magimel (Vincent), Gilles Lellouche (Éric), Jean Dujardin (Ludo), Laurent Lafitte (Antoine).Producción: Alain Attal. Fotografía: Christophe Offenstein. Montaje: Hervé de Luze.Diseño de producción: Philippe Chiffre. Vestuario: Carine Sarfati. Distribuidora: A Contracorriente Films. Estreno en Francia: 20 Octubre 2010. Estreno en España: 27 Mayo 2011. No rcomendada para menores de 12 años.


En “Pequeñas mentiras sin importancia” conoceremos a un grupo de amigos que tiene la costumbre de reunirse en sus vacaciones de verano. Este año, deciden no romper esta tradición a pesar de que uno de ellos ha sufrido un accidente en París unos días antes de partir. Ya en la playa, sus contradicciones afloran y su amistad se pone a prueba. Juntos se verán obligados a convivir con esas pequeñas mentiras sin importancia que se dicen cada día.
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Guillaume Canet es muy conocido, sobre todo en Francia, por su faceta de actor, pues ha tenido papeles destacados en títulos como Feliz Navidad oVidocq. Menos repercusión internacional han tenido hasta ahora sus películas como director y guionista. Éste es su tercer largometraje, tras Ne le dis à personne, Mon idole y varios cortos. El film tuvo un enorme éxito en el país galo, donde llegó a superar en recaudación a Los seductores, que hasta su estreno era la película más taquillera de 2010.

Max, exitoso propietario de un restaurante, casado con una defensora a ultranza del ecologismo, invita cada año a su grupo de amigos a su lujosa casa de la playa. Por desgracia, un miembro del grupo, Luddo, sufre un serio accidente de moto justo antes de que dejen París. Aunque todos parecen muy preocupados, deciden seguir adelante con sus vacaciones mientras Luddo permanece en el hospital.

Canet ha reunido a un privilegiado grupo de actores, entre los que destaca la oscarizada Marion Cotillard, su pareja en la vida real. Aunque todos están a un alto nivel, destaca François-Cluzet (conocido por su papel de padre en Olivier, Olivier), en un buen registro cómico-dramático como empresario desbordado y desquiciado lleno de contradicciones.

El film se inscribe en el subgénero de grupo de amigos que se reúne para pasar unos días juntos, en la línea de Reencuentro, de Lawrence Kasdan, y Los amigos de Peter, de Kenneth Branagh. Con esta última tiene mucho en común, por su recopilación de temas musicales populares, y porque predomina un tono distendido que deriva hacia un final trágico. El film tiene también mucho de la acidez de Robert Altman, que en Vidas cruzadas mostraba en clave de humor negro a un grupo de pescadores, que postergaba la comunicación del hallazgo de un cadáver para disfrutar del fin de semana, pero cuando informan, el film da un giro hacia el drama y los personajes se dan cuenta de que la fallecida era un ser humano con familia.

A Canet se le puede reprochar que se excede en metraje, pues le lleva 154 minutos desarrollar una historia que habría funcionado mejor en hora y media. Pero su principal acierto es que ha sabido retratar a un conjunto de personajes desorientados, muy representativos de la sociedad moderna, a los que mira con una enorme distancia crítica. El hombre de negocios que lo tiene todo, pero aún así está estresado y no consigue ser feliz, la treintañera incapaz de comprometerse, aunque aparezca el hombre absolutamente ideal, etc. son bastante reconocibles, y no sólo en Francia, sino en toda la sociedad occidental. En general es implacable con su cinismo, pues a pesar de la amistad incondicional del grupo, apenas parecen preocuparse por su amigo accidentado, a la hora de preocuparse unos de otros son tremendamente superficiales.(DE CINE 21)


Mientras alguien no decida hacer French Movie, una comedia como puedas con los lugares comunes del cine francés, tendremos que solazarnos comentándolos? o simplemente acogerloscon cariño.Burgueses urbanitas de mediana edad que dialogan como si estuvieran escribiendo libros de ensayo sociológico; interminables cosechas de vino descorchándose en torno a mesas alumbradas por velas que, a su vez, encienden cajetillas enteras de una cinematografía que no entiende de leyes anti-tabaco; maridos, mujeres, amigos y vecinos en una centrifugadora catártica; emociones de una intensidad volcánica contenidas por descripciones de lo más cerebrales?Con argumentos similares -reunión de amigos en la que desnudan sus problemas y obsesiones-

Kenneth Branagh hizo una comedia generacional como Los amigos de Peter. Guillaume Canet seecha unas risas a costa de sus amigos (y de sí mismo), pero le pueden las ganas de trascendencia y acaba haciendo una película con moraleja y, sólo un poco, de moralina. Se le puede disculpar. Básicamente porque los actores y actrices, la flor y nata del cine gabacho, están todos espléndidos, disfrutando del intercambio y trabajando en sintonía. Además, aquí lo importante es que las intenciones de la película pueden a sus resultados. Cae en la lágrima fácil, de acuerdo, pero inclusoese final alargado solo revela la cara más sensible (o sensiblera, según lo afilado del colmillo) de su autor. No se rían al ver a un hombre llorar.(CINEMANIA).


A favor, por Desirée de Fez

Los amigos de 'Pequeñas mentiras sin importancia', un grupo de burgueses franceses en torno a los 40, prefieren dejar solo en el hospital a un amigo que ha tenido un accidente a sacrificar sus vacaciones en la playa. Esa decisión inicial funciona como declaración de principios: por buenas que sean las experiencias de los personajes en esos días, aspectos como la tristeza, el egoísmo, la culpa y la angustia van a estar allí, con ellos, y a hacerles evolucionar o aceptar su mezquindad. En esa tesitura, entre el canto a la amistad y el mapa de las miserias humanas, se mueve la cinta, que halla el balance perfecto entre ambas variables mediante un sabio cruce de géneros. Con un esquema similar al de 'Reencuentro' (Lawrence Kasdan, 1983) o 'Los amigos de Peter' (Kenneth Branagh, 1992), el film salta con naturalidad del drama doloroso a la comedia chiflada, y subraya lo caprichosa que es la vida. Tiene algún toque moralista, una selección de canciones poco acertada y un final con brillos (como el sublime speech de Marion Cotillard), pero lacrimógeno. Pero son males menores en una cinta escrita con lucidez y emoción, y con algo menos común de lo habitual: personajes. Los amigos de 'Pequeñas mentiras sin importancia' se parecen a alguien y a nadie, causan identificación y a la vez son únicos.

En contra, por Jordi Costa

Este supuesto diagnóstico de la generación del narcisismo y la inmadurez multiforme se abre con una ambiciosa demostración de fuerza: uno de esos ejercicios formales sostenidos que espolean el asombro del espectador, quien no podrá dejar de preguntarse cómo demonios ha sido ejecutado el virtuoso número de magia. Desgraciadamente, después de esto, lo único ambicioso está en la imprudente generosidad del metraje. Hay veces en que, para juzgar una película, basta con afinar el oído en una platea llena. En este caso, la calidad de las risas recogidas en ese trabajo de campo son el peor dictamen: risas pequeñoburguesas, desecadas de todo placer y toda alegría, condescendientes, desgranadas como mero trámite. Risas que, en definitiva, hablan del fracaso de la disección crítica de este grupo, atrapado entre el recuerdo de 'Reencuentro' y 'Los amigos de Peter', que, al final, recibirá un chaparrón de explícita moralina en boca del buen salvaje de turno. El resultado es de esas películas en las que cuesta decidir qué elemento conquista el top de la repelencia: si el ceño fruncido de una Marion Cotillard forzando su registro de intensa o la fatal, inevitable, canción de Antony and the Johnsons.

(FOTOGRAMAS).

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