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viernes, 20 de mayo de 2011

PIRATAS DEL CARIBE : EN MAREAS MISTERIOSAS






Película: Piratas del Caribe: En mareas misteriosas. Título original: Pirates of the Caribbean: On stranger tides. Dirección: Rob Marshall. País: USA.Año: 2011. Duración: 137 min. Género: Acción, aventuras, comedia.Interpretación: Johnny Depp (capitán Jack Sparrow), Geoffrey Rush (Héctor Barbossa), Penélope Cruz (Angélica), Ian McShane (Barbanegra), Kevin R. McNally (Gibbs), Astrid Bergès-Frisbey (Syrenia), Sam Claflin (Philip Swift), Stephen Graham (Scrum), Tamayo Perry (pirata), Gerard Monaco (oficial español), Óscar Jaenada (el español), Paul Bazely (Salaman), Deobia Oparei (pirata artillero), Keith Richards (capitán Teague). Guion: Ted Elliott y Terry Rossio; basado en los personajes creados por Ted Elliott, Terry Rossio, Stuart Beattie y Jay Wolpert; basado en la novela de Tim Powers. Producción: Jerry Bruckheimer. Música: Hans Zimmer. Fotografía:Dariusz Wolski. Montaje: David Brenner y Wyatt Smith. Diseño de producción: John Myhre. Vestuario: Penny Rose. Distribuidora: Walt Disney Studios Motion Pictures Spain. Estreno en USA: 20 Mayo 2011. Estreno en España: 20 Mayo 2011. No recomendada para menores de 7 años.

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En esta cuarta entrega de la saga, “Piratas del Caribe: En mareas misteriosas”, elcapitán Jack Sparrow se cruza con una mujer de su pasado y no está seguro de si lo que ocurre ahora entre ellos es amor… o si ella es una despiadada impostora que le está usando para hallar la famosa Fuente de la Juventud. Cuando esta mujer le obliga a abordar el Queen Anne’s Revenge —el barco del terrible pirata Barbanegra—, Jack se encuentra en una inesperada aventura en la que no sabe a quién temerle más: si a Barbanegra o a la mujer de su pasado.
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'Piratas del Caribe 4' más que una película es una imitación de la misma, una burda copia que intenta valerse de un buen nombre para seguir exprimiendo un filón al que lejos de revitalizar le puede causar una vía de agua tal que pueda causar su naufragio. Esta cuarta entrega de la saga es sin duda la peor, el certificado de que algo a lo que se le podría haber dado más de sí con algo de maña, paciencia y buena letra se le ha dado de sí por culpa de aquello que tanto mal le hace al prestigio de Hollywood, eso mismo que tanto nos hace temer nuestras propias expectativas cuando nos descubrimos emocionados por que llegue un día en concreto para ir al cine. Aunque se deja ver no es ni de casualidad lo que fueron las tres anteriores, con un saldo final que arroja una superioridad por parte de sus puntos débiles sobre los fuertes, donde casi todas las novedades restan en vez de sumar puntos mientras que a los hasta ahora puntos fuertes de la franquicia empiezan a dar muestras de agotamiento. Entretiene, molesta pero sin llegar a ofender y podría pasar como cualquier otro olvidable pasatiempo de esos que tanto abundan por esta épocas del año. Pero no es el caso, y al igual que un superhéroe necesita de un superenemigo que pueda estar a su altura Sparrow necesitaba de una mejor tripulación para este viaje que más que a una de 'Piratas del caribe' se insinúa parecer más a, perdóneme padre, una tele serie de Telecinco con Pilar Rubio de protagonista...

Nota: 5.0


Lo Mejor:
- Entretiene, que sin ser nada tampoco es poco
- Diseminado por todo el metraje hay elementos y/o detalles de la gran película que podría haber sido que, al menos, nos alegran por momentos (esos barcos en miniatura, la pierna de madera de Rush)

Lo Peor:
- Penélope Cruz. Habrá quien diga que lo digo por la manía que le tengo... pero yo diré que por contribuciones como esta precisamente es el por qué la tenga manía. Astrid Berges-Frisbey se la merienda con apenas los 10 minutos de la película más intrascendentes.
- Carece de escena alguna que pueda ser considerada "memorable" o "digna de ser recordada".(EL SEPTIMO ARTE).

A pesar de Penélope; a pesar de las escenas donde manda la acción, de los grandes enfrentamientos navales, de las persecuciones interminables, de las acrobáticas luchas de espadas; a pesar, incluso, del inmenso Geoffrey Rush, que repite como el capitán Barbosa, y de que vuelve a aparecer Keith Richards; a pesar de todo esto, el barco pesado, ya visto, voluntarioso y con ganas de entretener que es Piratas del Caribe: en mareas misteriosas, la nueva entrega de la serie, avanza con decisión hacia ninguna parte.

Rob Marshall, el nuevo director, ha querido volver a los orígenes. Y ahí está Jack Sparrow, de nuevo en las manos de Johnny Depp para que haga con su personaje lo que le dé la gana. Las piezas están repetidas, como en la atracción de parque temático de Disney en que se basan. El problema es que se suceden unas a otras con la sensación de que hay que cumplir el recorrido y de que, en realidad, nada importa, sólo cubrir todas las etapas de la travesía.

Ni el mismo Depp parece tomarse muy en serio a su propio capitán Sparrow. La mayoría de las veces parece una mera caricatura de lo que un día sorprendió; tan sólo en los momentos en que su camino se cruza con Geoffrey Rush, la cosa crece en intensidad y gana un poco de verdad.

Penélope cumple su cometido entre sombras, por aquello de que no se le note el embarazo. Hay zombis, pero no se sabe mucho para qué. Y también sirenas, cruzadas en este caso, al parecer, con un peligroso escualo, por lo voraces. Hay españoles ávidos de santidad; ingleses celosos, y el sueño de una fuente de la eterna juventud que mueve la maquinaria de la intriga. Hay de casi todo, generosa como es en presupuesto –y en minutaje, más de dos horas– esta nueva entrega de los piratas. Pero la sensación es que el esfuerzo ha valido para muy poco, por no decir para nada. Le sobran situaciones y le falta una verdadera historia que contar.(LA VANGUARDIA).


Jack Sparrow no se casa con nadie. Ni con el amor de su vida. Esa mujer que regresa de su pasado: primero, imitándole; luego, poniéndole en peligro; pero siempre, desafiándole. Esto es lo que le faltaba a la saga de Piratas del Caribe, un nuevo reto. A unos, esta cuarta entrega les ha parecido un borrón y cuenta nueva? a las bravas. A otros, entre los que me encuentro, nos admira que Jack Sparrow siga en tan buena forma, con un Johnny Depp en su salsa, encantado en la piel del pirata canalla, abierto a cuantas provocaciones se le presenten. Un título premonitorio estas mareas misteriosas, pues en la novedad (nuevos aliados, nuevos villanos, ¡los españoles!) radica su atractivo.

Tras la trilogía de Gore Verbinski (¿o no es eso?), Rob Marshall se insufla del espíritu libre del pirata (y también del protagonista: el propio Johnny Depp contribuyó en el guión) para hacer lo que le da la real gana. Así nos hace olvidar rápidamente (lo que tampoco es difícil) al dúo formado por Keira Knightley yOrlando Bloom. Por un lado, con una pareja anecdótica, formada por ese amor imposible llevado al extremo (con dos guapos adolescentes): la sirena (Astrid Berges-Frisbey) y el clérigo (Sam Clafin). Lo que le permite, además, ciertas licencias picantonas. Como cuando Sparrow bromea sutilmente con "la postura del misionero". ¿Y ésta es una película Disney? Pues sí.

Por otro lado, y aquí esconde Rob Marshall el as en la manga, gracias a otra inquietante relación, la del impenetrable Barbanegra, al estilo Acab (Ian McShane recordando a su Al Swearengen de Deadwood en una escena con cerdo incluido) y su hija, Angélica, una Penélope Cruz de armas tomar (olvídate del "¡Que le corten la cabeza!", la madrileña rescata su mala follá de Vicky Cristina Barcelona -que, ojo, le valió un Oscar- para amenazar al mismísimo Sparrow en perfecto español: "¡Te voy a romper la cabeza!"). Y la interacción de ambos con Johnny Depp, como si éste fuera el Ben Stiller en una versión bucanera de, imaginen, El padre de ella (en cuanto a la química, mejor con Pé que con Angelina Jolie en The Tourist, eso seguro). Por cierto, es una pena, por lo que nos toca, que Óscar Jaenada quede en la retina como el típico español que conquista y aniquila a su paso. Sin más.

¿Y para los nostálgicos qué ha perdurado? Por supuesto, Geoffrey Rush como Barbosa (la escena inicial de la persecución es memorable), tras los pasos del Pato Lucas (como llama Rush a Sparrow). Y La Perla Negra, el maldito barco omnipresente. Y la acción, la aventura?, y las sorpresas: el ataque de las sirenas, los zombies piratas y la reaparición de Keith Richards, como? El padre de él. Qué pena que no exista la Fuente de la Juventud, el músico habría dado mucho juego.(CINEMANIA)


La primera parte de Piratas del Caribe(película inspirada en una montaña rusa) combinaba un cierto espíritu de parque temático con una exaltación de la aventura y el delirio fantástico que le garantizaron (a corto plazo) un par de secuelas y (a largo plazo) un lugar en el zeitgeist cultural para su protagonista, el capitán Jack Sparrow. El hecho de que Johnny Depp parezca estar cansado de su personaje durante buena parte de esta desangelada cuarta entrega es bastante significativo: tras el arrebatado, poderosísimo clímax de En el Fin del Mundo (2007), la saga parece haber perdido toda pretensión de darle al público algo más que entretenimiento rutinario. En otras palabras:En Mareas Misteriosas no sólo es el momento más bajo de la saga, sino que marca el punto en el que deja de ser una montaña rusa con loops inesperados y pasa a convertirse en un espectáculo en vivo para visitantes poco amigos de las emociones fuertes.

Los primeros minutos borran toda ilusión de cambio en esta cuarta parte: ha habido relevo en la silla del director y en el plantel de secundarios, pero el productor Jerry Bruckheimer no está dispuesto a introducir mayores novedades en la franquicia. Por el contrario, En Mareas Misteriosas sirve para poner en relieve algunas razones por las que la trilogía original, con sus evidentes debilidades, se mantenía a flote. Así, es posible que Gore Verbinski rodase dos secuelas con una narración algo farragosa y demasiado dependientes del barroquismo digital, pero su dominio de la excentricidad visual puntuaba cada película de manera muy generosa. Rob Marshall, en cambio, realiza un trabajo impersonal y no parece poner demasiado empeño en homenajear al novelista Tim Powers. Sólo la secuencia de las sirenas logra que recordemos por qué esta entrega cita En costas extrañas (que Powers publicó en 1987) en sus créditos.

No estamos ante una mala película, pero sí ante una oportunidad desaprovechada: todos los elementos que hacen atractiva a la saga están ahí, pero Marshall no sabe combinarlos o los sepulta bajo un puñado de malas decisiones (¿para qué prescindir de Orlando Bloom y Keira Knightley, si luego tenemos otra pareja de amantes desdichados que parece añadida en el último momento?). En Mareas Misteriosas, con su Barbanegra y su fuente de la eterna juventud, habría podido ser algo realmente especial si sus responsables hubieran invertido en ella energía suficiente. Tal como está, es un blocksbuster sin mordiente, con la dosis mínima de carisma y una insolencia sin límites a la hora de samplear al Steven Spielberg de Indiana Jones y la última cruzada (1989).(CINE 365).


Y es que “Piratas del Caribe: En mareas misteriosas” recoge el testigo artístico dejado por la secuela anterior. La aventura se envuelve en un diseño de producción espectacular, abundante en exóticas localizaciones exteriores y fastuosos decorados recorridos por una realización de Rob Marshall tan mecánica como cabe esperar en este tipo de propuestas, que se saben triunfantes largo tiempo antes de su desembarco en salas; pero, al igual que en su hermana previa, narrativamente lo que propone no sostiene el interés, con un desarrollo aburrido que incrusta a fuego un pensamiento en nuestro cerebro: estamos viendo la misma película… otra vez.

A estas alturas, huelga decir que Johnny Depp se diluye en un personaje que ha interpretado constantemente desde 2003, todo aspavientos, mimo y guiños; más allá, veteranos bucaneros alegran el conjunto, encabezados por el puñeteramente vilGeoffrey Rush y ese señor imponente que es Ian McShane. Los tres, voluntariamente exagerados y teatreros, lideran un elenco en el que nos enchufan otro nuevo reclamo en la figura de una carnosísima, neumática Penélope Cruz, que poco aporta por encima de servir como rampa de lanzamiento a una serie de chascarrillos sexuales ─«siempre que me ves me apuntas con algo, Jack…»─ que chocan por lo discordante con el conjunto. En fin. En unos años ─Depp ha pedido un poco de calma de cara a la evidente quinta parte─, más.(LA BUTACA).


En la obra literaria del norteamericano Tim Powers, la fantasía siempre es la nota a pie de página que se cuela en las grietas de la Historia para acabar explicándolo todo, para descifrar, en definitiva, la estructura profunda de lo real. En sus manos, el Cristianismo y el Islam se han enfrentado por la conquista de una cerveza oscura, Lord Byron y Percy B. Shelley han alternado con lamias y los horrores lovecraftianos han recorrido la Guerra Fría. En Costas Extrañas, publicada en 1987, fue su particular ejercicio sobre el imaginario de la novela de piratas: en ella, Barbanegra partía en busca de la Fuente de la Eterna Juventud entre duelos mágicos, ritos vudú, mutaciones vegetales y muertos vivientes.

Entre los lectores de Powers hubo quien se maliciaba que la franquicia Piratas del Caribe había tomado En Costas Extrañas como algo más que una referencia lejana. Esta cuarta entrega (que, en buena medida, es un cambio de tercio y refundación de la saga, con relevo de presencias secundarias y cambio de director incluido) hace explícito el tributo en sus títulos de crédito (el guión no adapta la novela, sino que está sugerido por la novela) en lo que parece antes un acuerdo legal para tapar el marrón que un acto de justicia poética.

Algunas poderosas imágenes de En Costas Extrañas ya habían sido explotadas en la trilogía dirigida por Gore Verbinski (director con mayor fulgor poético y mayor cuidado en las texturas plásticas que su relevo) y, por tanto, poco queda de la inspiración literaria en este trabajo que supone una estimable prolongación de la saga, sin mayores ambiciones aparentes que establecer una razonable continuidad.

De nuevo, la libre lógica del serial cinematográfico es suplantada por la mecánica lógica del videojuego, pero la aparatosidad de la maquinaria deja, a su paso, algunas imágenes perdurables: Barbanegra usando sus poderes sobrenaturales para ahorcar a su tripulación, los estantes con barcos embotellados y, sobre todo, esas sirenas que manejan las algas como si fueran látigos proporcionan los grandes momentos de una aventura que no llega a desembarazarse de lo que implica la base de su inspiración –una atracción (sobresaliente) de parque temático- y no llega a rendirse a la liberadora dinámica de su intermitente locura. Piratas del Caribe 4 pasaría de espectáculo generoso y satisfactorio a algo más si, por decirlo de algún modo, a Rob Marshall le interesaran más las lágrimas de sirena encadenada que las cucamonas de Sparrow/Depp y Angélica/Cruz.(FOTOGRAMAS).

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