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sábado, 2 de julio de 2011

BLACKTHORN.SIN DESTINO






Película: Blackthorn (Sin destino). Dirección: Mateo GilPaíses: España,Francia y BoliviaAño: 2011. Duración: 98 min. Género: Western.Interpretación: Sam Shepard (James Blackthorn), Eduardo Noriega(Eduardo Apocada), Stephen Rea (Mackinley), Magaly Solier (Yana), Nicolaj Coster-Waldau (James de joven), Padraic Delaney (Sundance), Dominique McElligott (Etta). Guion: Miguel Barros. Producción: Andrés Santana, Ibon Cormenzana, Jerôme Vidal y Paolo Agazzi. Música: Lucio Godoy. Fotografía: J.A. Ruiz Anchía.Montaje: David Gallart. Dirección artística: Juan Pedro de Gaspar. Vestuario: Clara Bilbao. Distribuidora: Alta ClassicsEstreno en España: 1 Julio 2011. No recomendada para menores de 12 años.


Tras haber huido de Estados Unidos, el legendario forajido Butch Cassidy murió en Bolivia en 1908, tiroteado junto a su amigo Sundance Kid. Esto es lo que dice la versión oficial. Pero lo cierto es que ha pasado veinte años escondido y ahora quiere volver a casa. Sin embargo, pronto encontrará en su camino a un joven ingeniero español que acaba de robar la mina en la que trabajaba y que pertenece al empresario más importante de Bolivia.


Lo primero que piensas al ver esta película es que estas ante un western crepuscular. Luego, cuando la recuerdas, te das cuenta que es muchas más cosas: es un film sobre la necesidad de la amistad; una profunda reflexión sobre la vejez y la memoria; la historia de una obsesión; la crónica de una reivindicación indigenista. Es todo esto sin duda, pero sobre todo, es la aventura de dos hombres y un paisaje. O, mejor aún, de tres hombres. Dos de ellos, los más viejos, tejen una espiral hacia dentro, buscando en lo que fueron la razón de lo que son; el otro, el más joven, traza una espiral hacia fuera, huyendo de un destino que él mismo se ha marcado. Todo sucede en los años 20 del siglo pasado en el altiplano boliviano. Blackthorn, un viejo cowboy con el rostro cruzado de arrugas de Sam Shepard, intenta recuperar su vida perdida cuando un joven arribista español, Eduardo Noriega, se cruza en su camino. Intimista a pesar de estar rodado en grandes espacios abiertos, este film de Mateo Gil es un buen ejemplo de que el cine europeo puede atreverse con temas aparentemente reservados a Hollywood.(FOTOGRAMAS).




'Blackthorn. Sin destino', ejemplo evidente de lo que se ha dado por llamar western crepúscular, bien podría valer como una especie de secuela de 'Dos hombres y un destino', el filme de 1969 dirigido por George Roy Hill con Robert Redford y Paul Newman en los dos papeles principales. De hecho el argumento de este filme cuyo guión, curiosamente, no firma el propio Mateo Gil sigue la historia del personaje de Butch Cassidy -interpretado notablemente por Sam Shepard- a partir de los hechos narrados en este clásico -y que no necesariamente se hacen coincidir con lo que se supone es la historia real- para hipotetizar sobre que este no murió a manos del ejército boliviano... sino que 20 años después vive tranquilamente entre sus recuerdos criando caballos en un lugar remoto de la propia Bolivia, hasta el día en que decide que ya es hora de regresar a casa aunque sea para descansar para siempre, un camino "de vuelta" en el que se cruza con el personaje al que da vida Eduardo Noriega -que como siempre no lo hace mal sin hacerlo del todo bien- un emigrante español que por su parte huye de su propio destino.

Ante todo 'Blackthorn. Sin destino' es un filme de (buenas) intenciones que, sea el resultado mejor o peor, revelan que tras las cámaras existe un amor, un conocimiento y un respeto tanto por el cine como por el material que se tiene entre manos, una producción que lejos de apoyarse en valores industriales transmite sinceridad en su puesta en escena y esa sensación de servir al cine "por amor al arte" tan encomiable. Una producción muy cuidada, elegante a nivel formal y muy sólida en la suma de sus partes donde destaca especialmente la labor de Sam Shepard, su preciosa fotografía y una partitura musical aparentemente discreta en la que subyace mucho más de lo aparente. No obstante, como tantos otros, se trata de un filme cuyo recuerdo es mucho más agradable que su visionado en sí mismo, que gana según se cuenta y pierde según se mira, una aparente incoherencia que proviene de su afinidad tal vez demasiado cinéfila y respetuosa hacia un modelo al que se quiere referenciar y homenajear, un difícil y en ocasiones frío equilibrio un tanto academicista entre la deuda contraída a partir de la herencia cinematográfica que nubla un discurso dramático o narrativo propio del autor que se esconde tras las cámaras, una especie de copista de muy buena caligrafía pero de escasa profundidad.

Como todo buen western, que más allá de la limitación que esto puede suponer encierra una reflexión sobre algunos de los temas más intrínsecos del ser humano (como la necesidad de la amistad o el peso que ejerce en nosotros nuestro pasado), su narración reposa en un ritmo lento y pausado no apto para impacientes, una puesta en escena contemplativa, repleta de gestos y miradas muy sobria y poco propicia para los amigos de los blockbuster y demás, en donde se hace palpable la influencia de títulos como ese 'Sin perdón' de Clint Eastwood, uno de los títulos fundamentales y más conocidos del último periodo vital del género, pero sin trascender de esa influencia de la que sí es capaz de escapar verdaderos autores como Quentin Tarantino para ofrecer ese algo más con el que dar palmas con las orejas. Aunque Mateo Gil demuestra muy buenas maneras tras las cámaras no es un autor, y por ende su nueva película no trasciende como para convertirse ni en una clásico ni en un film imprescindible, por más que sea una buena imitación de ambas por lo que, a falta de pan buenas son tortas, y como opción alternativa siempre puede ser perfectamente válida, especialmente porque a pesar de ser una imitación lo es, sí, pero de buena calidad.

Nota: 6.9


Lo Mejor:
- Sam Shepard, la fotografía y sus innegables buenas intenciones

Lo Peor:
- Su ritmo si bien es aguantable oscila peligrosamente sobre esa línea que separa la reflexión del aburrimiento, por lo que según el día es posible que los poco afines a los western no les acabe de entretener.(EL SEPTIMO ARTE).


Supongamos, que es mucho suponer pero también una aventura que a veces sale bien, que haya un Mateo Gil guionista y otro Mateo Gil realizador. Así, resulta curioso que, ante su segundo largometraje, el director deNadie conoce a nadie haya tenido que distanciarse tanto, dejar pasar tanto tiempo e irse tan lejos, para estar tan cerca de sí mismo y de aquella primera película suya. Su cine, sus preocupaciones como autor coinciden en vincular sus dos apuestas, separadas por 12 años de tareas cinematográficas al más alto nivel en nuestro cine. 
Ahora dejemos de suponer: Mateo Gil escribe lo mismo Ágora, que Abre los ojos, que El método, que Mar adentro… que dirige dos películas donde la identidad resulta, no sólo un toque de color al estilo de esosthrillers de sobremesa con falso culpable, sino la esencia del filme. La identidad, delante y detrás de la cámara, articula un planteamiento sobre el que orquestar toda una trama, toda una propuesta, y todo un regreso de un cineasta con muchas más trazas de autor de lo que sus fríos datos de filmografía permiten adivinar. No puede ser casual. Mejor sigamos suponiendo: en una industria cinematográfica seria (y la española no lo es), Mateo Gil habría dirigido muchas más películas, sin renunciar por supuesto a su tarea como guionista. Quizá por eso, lo mejor de Blackthorn es su motivación, el aura que desprende un personaje (y un rostro digno de aguantarlo) capaz de mantener el misterio de una película. Contada, gana. Vista, deja alguna duda.
Algo (seguimos con las suposiciones) debe de tener Bolivia para que dos de las mejores producciones del cine español reciente (Blackthorn y También la lluvia) hayan desembarcado allí, pero la elección aquí era obligada. Seguimos el rastro de Butch Cassidy (Paul Newman en Dos hombres y un destino, George Roy Hill, 1969). Esa leyenda reencontrada marca la personalidad del filme, que alarga el camino de Cassidy, ahora Blackthorn, por otros vericuetos. De la interpretación medida, sin postizos, de Sam Shepard, surge un interés, áspero y despojado, como la película, por saber más sobre un hombre viejo y cansado que quiere regresar a EE UU tras años oculto. Ése es el motor de una especie de película de carretera en huida hacia adelante que se convierte en un juego al quién es quién en cuanto Eduardo Noriega y su ingeniero de minas español aparece en el camino. Noriega maneja bien su lado inquietante, pero no acaba de funcionar la relación entre ambos en las escenas que sirven de contrapunto al suspense. Ahí sobrevive el western, por supuesto, pero es un enfoque malditista en el que la referencia a Peckinpah llega más por la apelación a una soledad polvorienta (un crepúsculo que ese detective de la agencia Pinkerton presentado por Stephen Rea ayuda a apuntalar), que por la vía de una impronta de género, pese al final seco, ajustado, lo mejor de un filme con más carácter que factura, y que por eso mismo deja más sabor en el paladar que satisfacción ante la pantalla, en perfecta línea con la leyenda perdida que rescata. Volvemos a la suposición: si Hitchcock hubiese dirigido un western, ¿no seguiría siendo una película de Hitchcock? Ese es el principal logro del director ante una buena historia, hacerse reconocible incluso en un supuesto western. Cuestión de identidad. Mateo Gil ha vuelto a la ciudad.(CINEMANIA).

3 comentarios:

  1. Hola Antonio, te escribo desde una cabina pública, quería pedirte un favor, no puedo escribirte comentarios desde mi computadora porque blogger me rebota el acceso, quería pedirte si puedes cambiar la configuración de tus comentarios (configuración > comentarios)a ventana emergente, es fácil y no afecta negativamente tu bitácora, así puedo escribirte, sino se puede seguiré intentado. Un abrazo.

    Mario.

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  2. Te agradezco el cambio, ahora me es accesible colocar comentarios. Sobre ésta película decir que como trabaja Magaly Solier me da una cierta curiosidad, también me gusta Noriega y Shepard. Mi aprecio por el western es grande por eso espero ésta película con entusiasmo. Un abrazo.

    Mario.

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  3. Ya sabes mi interés por el western.Y espero verla pronto.Los comentarios sobre ella doblan la curiosidad.
    Ya te he arreglado lo de la configuración.Saludos.

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