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viernes, 1 de julio de 2011

UNA MUJER EN ÁFRICA


Película: Una mujer en África. Título original: White material. Dirección: Claire Denis.País: FranciaAño: 2009. Duración: 106 min. Género: DramaInterpretación: Isabelle Huppert (Maria Vial), Isaach de Bankolé (boxeador), Christopher Lambert (André Vial), Nicolas Duvauchelle (Manuel Vial), William Nadylam (alcalde). Guion: Claire Denis y Marie N’Diaye. Producción: Pascal Caucheteux. Música: Stuart Staples. Fotografía:Yves Cape. Montaje: Guy Lecorne. Diseño de producción: Abiassi Saint-Père.Vestuario: Judy Shrewsbury. Distribuidora: GolemEstreno en Francia: 24 Marzo 2010.Estreno en España: 1 Julio 2011. No recomendada para menores de 12 años.

La trama de “Una mujer en África” transcurre en algún lugar de África, donde el ejército se prepara para restablecer el orden en el país. Los extranjeros se han ido antes de que las cosas se pongan feas. Pero Maria Vial no está dispuesta a abandonar la plantación de café antes de la recolecta porque hayan sonado unos cuantos disparos. Al igual que su suegro y su ex marido, está convencida de que Chérif, el alcalde de un pueblo vecino, la protegerá a ella y a su familia. Tiene una guardia personal, una milicia privada formada por hombres bien entrenados, bien armados y muy duros.

Para aquellos que están hartos de la autosuficiencia y el hermetismo de Isabelle Huppert. Para los que, por el contrario, no pueden apartar los ojos de la actriz, por su contante afirmación de la vida y de ella misma. Incluso para aquellos que Áfricales importa poco o nada (como paisaje dramático), esta es una propuesta fascinante: la locura de un continente que se mete en los huesos. Locura de sus personajes, atrapados en una Áfricahermosa pero cruel. Y fascinación del espectador que gritaría a esa mujer decidida a quedarse que corra, que no pare, que huya. Pero ella se queda, como nos quedamos todos, clavados, Por el mal de África.(LA VANGUARDIA).

La realizadora de 63 años, Claire Denise, di­rige y escribe con Marie N’Diaye este dra­ma ambientado en un país de África que su­fre la inseguridad de una guerra civil no de­clarada, con grupos que saquean y asesinan, empleando muchas veces a niños solda­dos.
Mientras se incita al odio contra los blancos desde una emisora de radio (es espe­luznan­te escuchar al actor desbordante de odio pidiendo que se elimine al white ma­te­rial), María Vial, blanca y cercana a los 60 años, pro­pietaria de una plantación de ca­fé en la zona, sepa­rada de su marido y con un hi­jo dro­gadic­to que vegeta en su ca­sa, se nie­ga a mar­charse de la propiedad que perte­nece a su suegro.
Lo que cuenta esta película -estrenada en septiembre de 2009 en Venecia y en Fran­cia en marzo de 2010- tiene interés y la realizadora intenta aportarle sentido trági­co, pero hay dos grandes obstáculos. Uno es la sobredosis deIsabelle Huppert, presen­te en cada plano de una película que se rin­de a la contemplación de una actriz que pue­de resultar empalagosa si se lo propone. El otro, es la manera de cerrar la historia y de abocetar personajes que tienen poco reco­rrido, resultando casi grotescos. Se echan de menos contrapuntos y se abusa del tono alu­cinógeno. Igual la historia tendría más in­terés contada desde el punto de vista de los africanos negros.(FILA SIETE).


A lo largo de su carrera, Claire Denis ha mostrado una tendencia inexpugnable a abordar sus relatos poniendo el foco en los detalles, las texturas y las sensaciones, y en elipsis que se mueven en torno al drama para encontrar el momento revelador de una historia, una persona, un género, y una idea. Asimismo, siempre había permanecido alejada de los temas de actualidad. Por eso, que Una mujer en África sea la dramatización de un problema social convencional y que en ella los temas aparezcan más claramente delineados puede llevarnos a pensar por error que la directora francesa se ha vendido. En realidad, se trata de otro de sus estudios de personaje emocionalmente complejos y, como sus trabajos anteriores, se centra en el movimiento y los cuerpos, y en el que la personalidad se define estrictamente por lo que la gente hace y cómo lo hacen.
Melodrama político muy físico y a la vez completamente abstracto, es una historia íntima y pesadillesca acerca de hombres blancos enfrentados al final de su poder económico poscolonial en algún país africano dividido entre un gobierno corrupto y un anárquico movimiento rebelde. El conflicto es, usando una expresión manida, universal. En otras palabras, a pesar de que mantiene su guerra civil en términos generales -¿es Angola, Ruanda, Mozambique?-, el retrato de la misma es palpable y nada simplista.
La descripción que Una mujer en África lleva a cabo del orgullo colono blanco, tan firmemente arraigada en el paisaje narrativo y visual y encarnada con tanta pericia por Isabelle Huppert, es una maravilla. La actriz lleva a cabo una interpretación deslumbrantemente animal, y la cámara forma con ella una entidad única, siempre siguiéndola, deslizándose hacia ella, permaneciendo incómodamente cerca, lo suficiente para ver los cambios imperceptibles en su semblante, cambios que la narración se niega a explicar. Denis es una cineasta demasiado sofisticada para eso.(CINEMANIA).


La imagen de Maria, perdida en una carretera, sometida a un Sol de justicia, como un animal que se sabe a punto de ser cazado, no pone el cronómetro de la película a cero, porque Una mujer en África empieza donde acaba, coge atajos, pone punto y aparte cuando quiere decir acción. No se trata de un capricho: es la gramática de la locura, la locura que no conoce ni principio ni fin, un estado de ánimo in medias res. Maria es el coronel Kurtz del África postcolonialista, la dueña de una plantación de café que se ha olvidado de sus pecas caucásicas, que cree haberse convertido en el Otro sin que el Otro la reconozca como uno de los suyos. 
En la que debe ser su obra maestra, Claire Denis filma la piel del continente africano como si fuera la de Maria: en el demente acto de resistencia de esta mujer pequeña y furiosa, a la que una grandiosa Isabelle Huppert encarna con su hostilidad habitual, existe la historia de una tierra contradictoria, que lucha contra los que intentan borrar su cultura pero no pueden evitar copiar sus peores vicios. Es la tierra de los locos, y Una mujer en África, con todo su misterio y toda su belleza, nos habla de lo lejos que podemos llegar cuando cruzamos la línea que nos separa del delirio; cuando, en fin, creemos ser Dios y solo somos esclavos de nuestra imagen divina.(FOTOGRAMAS).

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