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viernes, 8 de julio de 2011

BEGINNERS.PRINCIPIANTES




Película: Beginners (Principiantes). Título original: Beginners. Dirección y guion: Mike MillsPaís: USAAño: 2010. Duración: 105 min. Género: Drama,comediaInterpretación: Ewan McGregor (Oliver), Christopher Plummer(Hal), Mélanie Laurent (Anna), Goran Visnjic (Andy), Mary Page Keller(Georgia), Kai Lennox, Keegan Boos. Producción: Miranda de Pencier, Lars Knudsen, Leslie Urdang, Jay Van Hoy y Dean Vanech. Música: Roger Neill, David Palmer y Brian Reitzell. Fotografía: Kasper Tuxen. Montaje: Olivier Bugge Coutté.Diseño de producción: Shane Valentino. Vestuario: Jennifer Johnson. Distribuidora:Universal Pictures International SpainEstreno en USA: 3 Junio 2011. Estreno en España: 8 Julio 2011.

En “Beginners (Principiantes)”, Oliver conoce a la impredecible e irreverente Anna unos meses después de la muerte de su padre. Mientras, los recuerdos de su padre Hal —un hombre que, tras más de cuatro décadas de matrimonio, salió del armario a los 75 años— siguen aflorando. Ahora Oliver se esfuerza por amar a Anna con la valentía y el humor que él le enseñó.

'Beginners (Principiantes)'. El título ya deja más o menos claro cuál es el, en realidad, el macguffin del filme. Sí, macguffin, porque aunque lo pueda parecer el filme en realidad no gira en torno al amor por mucho que en ella tenga cabida, tanto hacia un padre (Plummer) como hacia un amante (Laurent), y en el que da lo mismo la experiencia que pueda tener uno que siempre nos sentiremos como unos "principiantes" -como en otras tantas cosas de la vida-. En realidad la segunda película de Mike Mills como tal, más conocido por su labor como director de vídeos musicales y que aquí se vale de su propia vida como terapéutica fuente de inspiración, gira en torno a la importancia del pasado y la infelicidad que de ello se deriva cuando se la malinterpreta, sensación parecida a la que podíamos encontrar en la mucho más aburrida 'Medianoche en París' de Allen, la misma que sufre el personaje de Ewan McGregor y la cual le conduce a una especie de hibernación pasiva cuya latente amargura no termina por liberarle de una vida en la que no es más un testigo en primera persona.

Pero esa es sólo una de las partes que sumadas en un mismo fresco dan como resultado esta falsa comedia dramática más cercana a un drama simpático que gira en torno, finalmente, a lo que es la vida en resumen, tan sencilla y compleja al mismo tiempo como absurda, volátil y especialmente agridulce, una escala repleta de grises para todos los gustos, momentos y lugares vista desde un punto de vista ácido no exento de un grado de tristeza. Con buena mano y caligrafía, una puesta en escena pragmática y discreta y un montaje muy calibrado, la cinta alterna de forma hábil dos aparentes tiempos narrativos que se conjugan a la vez en la cabeza del protagonista, saltando de uno a otro con naturalidad y en la que ejerce de mediador la figura de un Jack Russell Terrier, perro que como es costumbre cinematográfica roba los planos en los que aparece pero cuya participación está muy calculada para que no termine por robar la película. El descubrimiento del amor en el presente coincide con el redescubrimiento de su padre en el pasado a través de los recuerdos de diversos momentos más o menos fundamentales y cotidianos, especialmente a partir del momento en el que este sale del armario ya con la que fuera su esposa y madre del protagonista en el cementerio.

'Beginners (Principiantes)' es un producción de corte sencillo, adulta y elegante, un filme eminentemente de actores donde el trio principal brilla en cada una de sus composiciones (si acaso Melanie Laurent pierde por cuanto su personaje es el menos definido) y donde cada gesto ha de interpretarse como una insinuación con intencionalidad dramática que, en última estancia, busca la emotividad de un relato de ribetes íntimos cargado de emociones. Un filme de muy buenas intenciones, fluido, que se mantiene a distancia de caer en los tópicos y que trata con mimo algunos aspectos que en otras manos podrían aparentar ser una simple pose condescendiente, o directamente, significar algún tipo de problemática social. Y hasta aquí se lee muy bien, mejor de lo que se escribe.

¿Dónde está la trampa? ¿Cuál es el motivo por el cual haya castigado a una cinta aparentemente tan interesante? Sin dejar por ello de ser igualmente interesante en su aparente discreción acaba por sobresalir un frío distanciamiento emocional, un sentido narrativo heredado y un tanto impersonal que no remata lo que tan bien apunta tanto su libreto como sus actores. Además, fruto de un exceso de mesura por tratar de distanciarse en lo aparente, tanto de forma visual como argumental salvo alguna que otra excentricidad, Mills nos deja sin golpe de efecto alguno que rompa la monotonía en la que al final se instaura un filme que no rompe molde alguno y aunque muy válido en su plena corrección termina por resultar predecible por cuanto no logra, no al menos en su conjunto, voltear el relato lo suficiente como para que la veamos como si nunca la hubiéramos visto. Pero lo uno no quita lo otro y puede que yo también termine por pecar en lo mismo pues, al fin y al cabo, yo también soy un principiante a la hora de escribir un texto de estos... (EL SEPTIMO ARTE).


Tristeza, infinita tristeza. Es lo que trasluce este film escrito y dirigido porMike Mills (Thumbsucker), basado en su propia experiencia personal, la muerte de sus padres y la homosexualidad del progenitor recién descubierta, recreadas libremente. La nueva relación padre-hijo a partir de los "inputs" de la condición gay y la enfermedad de Hal al descubierto, más el progresivo conocimiento y amor de Oliver y Anna, son los ejes sobre los que se asienta la película. Pero todo traspasado por un "mood" pesado, insoportable, en que se diría que la felicidad es una quimera, un estado deseable pero no alcanzable. Conviven dolor, sufrimiento y tristeza, pero es sobre todo esta última la que pesa como el plomo.
Mills, con modos narrativos audaces, voz en off y collages que tratan de entender la época en que Hal no podía hablar abiertamente de homosexualidad, denuncia los prejuicios del pasado, el disparate que sería, desde su punto de vista, tratar de disimular, crear el ambiente falso de una familia "normal", donde no cabe que él sea gay y ella judía. Pero el cineasta es probablemente consciente de su confusión, de sus propias contradicciones, pues Hal quería a su esposa, de su amor nació Oliver, él quiso mantener la comedia, y se entiende que le fue fiel mientras ella vivió. Y si en la actualidad puede celebrar el orgullo gay, llevar banderas arco iris y poner anuncios de contactos para vivir una promiscuidad semejante a la de su pareja Andy, no está claro que esta "libertad" le haga más feliz que antaño.
Quizá lo que se detecta en esta exploración del amor, es la estrechez de miras con que se maneja el concepto, pues al final parece que lo deseable es la autosatisfacción personal del momento, el sentirse a gusto con uno mismo y más o menos comprendido por los seres queridos. Está ausente en todo momento el sentido moral, es como si no existiera, convenciones de épocas oscuras, y la entrega mutua sin condiciones en que consiste el amor se presenta con demasiadas limitaciones.
La película cuenta con tres personajes que permiten grandes interpretaciones, y Ewan McGregorChristopher Plummer y Mélanie Laurent aprovechan la oportunidad. Hay ciertamente momentos muy bien resueltos, como la fiesta donde se conocen Oliver y Anna, en que ella no puede hablar.(DE CINE 21).

A veces necesitamos decir adiós para ser capaces de decir hola, por eso Beginnershabla de cosas que empiezan a partir de cosas que acaban: es la historia de un padre septuagenario que sale del armario poco después de quedarse viudo y que muere de cáncer a los pocos años, pero sobre todo es la historia de su hijo, Oliver, y de cómo ambos cataclismos afectan a su incipiente relación con Anna.
Cómo aprende este hombre a gestionar el dolor es lo que conduce el relato hacia una inmaculada mezcla de flashbacks, experiencias en presente de indicativo y reflexiones atemporales sobre la posición que el yo ocupa en relación con otros humanos y con la historia de la humanidad. Aquí, el dolor personal nunca se convierte en mera excusa para la hagiografía del yo o el ego trip travestido de búsqueda de lo universal. La tardía homosexualidad pública del padre aparece conectada con imágenes de los movimientos por los derechos de los gays, un destello de luz desprende información de cómo el sol lucía en 2003, y un hermoso rostro nos recuerda qué era considerado bonito en 1938.
El director Mike Mills a menudo se apoya en digresiones formales para representar los pensamientos de su protagonista, pero no las utiliza como meros trucos de ilusionista ni para demostrar qué ocurrente y quécool es, sino, ante todo, para adentrarse en lo profundo. Es por eso que logra salir airoso hasta de mostrarnos a un perro que habla, porque incluso el chucho comunica tristeza y pérdida, y nos ayuda a entender que amar es muy duro si naciste en una familia construida sobre los secretos y las mentiras. A partir de eso, Beginners defiende la posibilidad de remodelar tu propia vida para dar cabida a la felicidad. Mientras retrata ese proceso, Mills encadena una serie de escenas que evocan esos mágicos primeros días en los que dos deprimidos mortales se enamoran y se comportan como personajes inmortales de una película de la nouvelle vague, haciendo graffitis y correteando en patines por la ciudad, escenas que resultarían intolerables si las angustias derivadas de este instante de feliz locura no fueran tan reales. Anna y Oliver poseen la libertad de vivir una relación llena de dudas y pasos en falso porque pertenecen a una generación, la nuestra, que no ha tenido que combatir en una guerra o ser perseguida por su sexualidad o su religión, y nadie esperó de ellos que tuvieran una familia formada antes de los 30. Y su experiencia hace que Beginners funcione como conmovedora reflexión sobre hasta qué punto se debate el ser humano moderno entre el placer de crear algo bonito con otra persona y el miedo terrible a perderlo, sobre cómo la gracia de un momento puede ser sepultada por el miedo, o la certeza, de que no durará. (CINEMANIA).



Se supone que uno de los momentos más duros de la salida del armario es aquel en el que quien ha adoptado una sexualidad a contracorriente comunica a sus progenitores su opción. Pero, ¿qué ocurre cuando un hombre de 39 años (McGregor), hijo de un viudo reciente de 75, oye de labios de su padre (Plummer) que siempre ha sido gay y, a pesar de haber querido mucho a su esposa, no está dispuesto a irse de este mundo sin asumir a fondo su homosexualidad? Este sugestivo punto de arranque es no obstante algo así como un macguffin, puesto que en realidad de lo que habla Beginners es de muchas otras cosas: del melancólico sentido de la vida del hijo, de la suerte del padre al encontrar un amante joven, de una historia de amor deslumbrante y, que sin embargo, parece condenada de antemano.
Con estos elementos, Mills borda una película que tiene muchos puntos de interés: la manera tan esquinada con que maneja el humor, una estructura en perpetua vuelta de tuerca y, sobre todo, la propuesta de unos comportamientos masculinos por completo alejados de la ideología patriarcal, algo que necesariamente se debe agradecer en medio de películas dirigidas por hombres que no siempre (en realidad, que casi nunca) parecen dispuestas a recorrer estos caminos.(FOTOGRAMAS)

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