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domingo, 14 de agosto de 2011

13 ASESINOS




Película: 13 asesinos. Título original: Jûsan-nin no shikaku. AKA: 13 assassins. Dirección: Takashi MiikePaíses: Japón y Reino UnidoAño:2010. Duración: 120 min. Género: AccióndramaInterpretación: Kôji Yashuko (Shinzaemon Shimada), Takayuki Yamada (Shinrokuro), Yûsuke Iseya (Koyata), Gorô Inagaki (lord Naritsugu), Masachika Ichimura (Hanbei), Mikijiro Hira (sir Doi), Hiroki Matsukata (Kuranaga), Ikki Sawamura (Mitsuhashi). Guion:Daisuke Tengan; basado en un argumento de Shoichirou Ikemiya. Producción:Masaaki Ujo, Michihiko Umezawa, Minami Ichikawa, Toichiro Shiraishi, Takahiro Ohno, Hirotsugu Yoshida y Shigeji Maeda. Música: Kôji Endô. Fotografía: Nobuyasu Kita.Montaje: Kenji Yamashita. Dirección artística: Yuji Hayashida. Vestuario: Kazuhiro Sawataishi. Distribuidora: AvalonEstreno en Japón: 25 Septiembre 2010. Estreno en España: 12 Agosto 2011No recomendada para menores de 16 años.

El ascenso al poder del joven y sanguinario Lord Naritsugu supone una seria amenaza para la paz en el Japón feudal. Simplemente por ser el hermano del shogun, Lord Naritsugu está por encima de la ley, y asesina y viola a su antojo. Afligido por la masacre perpetrada por el sádico Naritsugu, el oficial Sir Doi contacta secretamente con el samurái Shinzaemon Shimada para acabar con Naritsugu. El noble samurái, indignado por la crueldad de Naritsugu, acepta de buen grado la peligrosa misión. Para ello, reúne a un selecto grupo de samuráis, entre los que se encuentra su sobrino Shinrokuro y el devoto aprendiz Hirayama. Juntos, traman una emboscada para atrapar a Lord Naritsugu. Shinzaemon es consciente del peligro que conlleva. Naritsugu va escoltado por una comitiva encabezada por el letal e implacable Hanbei, uno de sus antiguos rivales. Los “13 asesinos” de Takashi Miike es un remake del film homónimo dirigido por Eichi Kudo en 1963.

Una de las mejores películas del cineasta japonés, que ofrece a un tiempo belleza estética y acción sublime.
Takashi Miike es uno de los directores japoneses más prolíficos del momento y uno de los que tiene mejor distribución de su obra en España. Ecléctico y versátil, el realizador se atreve con casi todo: desde el minimalista romance Big bang love, juvenile A pasando por el film de acción Crows Zero, la comedia negra La felicidad de los Katakuri o el jidaigeki -película de época- 13 asesinos.
El hecho de que Takashi Miike sea un cineasta tan fértil implica -como en el caso de otros realizadores como Woody Allen- que su filmografía esté llena de altibajos y que su calidad -con todo, siempre interesante- varíe de una película a otra. Sin embargo, 13 asesinos se destaca, sin duda, como uno de los mejores largometrajes del director.
Remake homónimo de un largometraje de Eiichi Kudo del año 1963, narra el empeño de un grupo de samuráis por asesinar a un noble despótico y demente cuya diversión principal es matar y torturar a quienes se le antoja. Ante la perspectiva de que alcance una posición de poder en el shogunato, se da una orden secreta desde dentro del gobierno para eliminar la amenaza que supone. 
Además de destacar por su belleza plástica, la película -mucho más violenta que la original- logra uno de sus mayores triunfos en una contención irreprochable, fundamentalmente en la primera mitad de la narración. Al igual que en Big bang love, juvenile AMiike opta por retratar lo macabro fuera de campo, lo cual le permite crear un simbiosis magnífica entre lo poético y la acción deplorable. 
Si bien es cierto que la fuente original del relato parte de la propuesta de Eiichi Kudo, la referencia a Los siete samuráis deAkira Kurosawa en 13 asesinos es ineludible. Evidentemente ambas comparten similitudes narrativas -un grupo de guerreros emboscan en un pueblo a un grupo de villanos-, pero es en la planificación de las secuencias de acción y en la introducción del personaje del chiflado, que no aparecía en la versión de 1963, donde aparecen las referencias al maestro del cine japonés.
Miike añade a la trama un viaje por los bosques en el que la banda conoce a su decimotercer aliado: un hombre básico, que sin ser ducho en el arte de las armas, tiene un instinto de supervivencia encomiable y un manejo de la onda proverbial. El parecido con el personaje interpretado por Toshiro Mifune en el largometraje de Kurosawa es notable, no sólo en su forma de comportarse y de entender la vida, sino también en el papel que ambos directores dan al personaje para distender la tensión dramática. 
Sin perder de vista que 13 asesinos es una versión del largometraje de Eiichi Kudo, dado que ambas comparten la misma trama básica y tienen planos exactamente iguales, la reformulación del director de Crows zero posee una fuerza visual espléndida y un ritmo inteligente. Esta superioridad con respecto al original se da, a partes iguales, gracias a la soberbia fotografía de Nobuyasu Kita -Crows zero 2-, a la vibrante banda sonora de Koji Endo -colaborador habitual del director-, a un magnífico montaje y a una poderosa edición sonora.
El colofón perfecto lo proporciona un impresionante elenco actoral, con Koji Yakusho a la cabeza -La anguila, CureBabel.13 asesinos es, en resumen, una película magnífica, palpitante y hermosa, digna de ser vista en pantalla grande para disfrutar plenamente de su bellísima composición.(FILA SIETE).



El japonés Takashi Miike es uno de los directores más prolíficos, prestigiosos y versátiles de su país. Desde que irrumpiera en 1999 con su durísima Audition, no ha parado de entregar películas de todo tipo, desde el puro terror (Three Extremes), la acción (Crows Zero) o incluso el musical de humor surrealista (La felicidad de los Katakuri). Ahora rinde un apoteósico homenaje al espíritu de clasicismo japonés con una película de guerreros feudales que retrotrae innegablemente a Los siete samuráis de Kurosawa, aunque en realidad es un remake de un film de 1963 dirigido por Eiichi Kudo. La puesta al día es de una gran maestría y por supuesto de un ritmo en las escenas de acción incomparable con su predecesora.
El film se puede estructurar en tres partes claramente diferenciadas. Se inicia con los diálogos conspirativos contra Naritsugu, a la vez que se ofrecen escenas desagradables acerca de la crueldad y la psicopatía de este abominable personaje; seguidamente tiene lugar el viaje a lo largo de la selva emprendido por el grupo de asesinos, que pretenden enfrentarse a sus enemigos en territorio favorable y buscan su emboscada en un pequeño pueblo; y en tercer lugar tiene lugar el enfrentamiento. Esta tercera parte dejará al espectador totalmente epatado debido a su larguísima duración: casi una hora de combates entre 13 hombres contras 200, con flechas, lanzas, piedras y por supuesto katanas. En este sentido, y aunque la producción está sumamente cuidada, es muy difícil que muchas imágenes no resulten también reiterativas. Esto se debe, claro, a la propia naturaleza de las mismas -la cámara va de un samurái a otro, mientras va matando todo lo que le sale al paso-, pero también a que hay un tratamiento deficiente de los personajes. Puede decirse que sólo conocemos a seis de ellos -Shinzaemon, su sobrino Shinrouko, su discípulo Hirayama y el cazador Koyata, por un lado; y Naritsugu y su principal guardaespaldas, Hanbei, por otro-, y este handicap lleva consigo cierta falta de implicación emocional, aunque no por eso el film deje de ser muy entretenido.
Por lo demás, en una película de este jaez Miike ofrece como era de esperar una visión heroica del mundo samurái, de sus convicciones y su entrega casi ciega a las órdenes de su señor, que ellos ven como su único destino. Pero el director japonés es travieso a su modo y acierta al mostrar un contrapunto muy original -y actual- con el humorístico y gamberro personaje del cazador, quien se ríe de la presuntuosidad de ese mundo de zalamerías y honorabilidad que entonces estaba cerca de extinguirse. En cuanto a los actores, hay que destacar, sin duda, al estupendo Koji Yakusho en el papel de Shinzaemon.(DE CINE 21).



Honor y justicia. Dos conceptos que sobrevuelan, se confunden y condicionan a sus protagonistas, en este drama ambientado en el Japón feudal de Takashi Miike, conocido entre sus seguidores por sus inquietantes y sorprendentes secuencias en películas como Ichi the Killer (de 2001, o el esquizofrénico asesino, fan de la carne picada humana aliñada con yakuzas) y Audition (de 1999, o el arte de la tortura acupuntura, kirikirikiri). No en vano este grupo de samuráis se juega la vida sin temer a la muerte, y se practica el harakiri con una tranquilidad pasmosa. Todo sea por el honor y/o la justicia. Esto es lo que acerca 13 asesinos a Los siete samuráis (1954) de Kurosawa. Si en ésta los campesinos contratan a estos Robin Hood nipones de la guerra para protegerse de los que roban sus cosechas, en la película de Miike es uno de los oficiales (que reúne a los mejor preparados) el que toma la decisión de jugarse el cuello contra el hermano del Shogun, un tipo ambicioso, al que, en la primera mitad de la película, se nos retrata como un sádico asesino con total impunidad para torturar y matar. A diferencia de sus dos obras maestras anteriormente citadas, 13 asesinos –que fue nominada como mejor película en el Festival de Venecia del año pasado y ganó en Sitges el premio del público– parece tener más relación con el cine en el que se está volcando el director ahora. Su próximo proyecto, Hara-kiri: Death of a samurai, presentado en la sección oficial a concurso del Festival de Cannes de este año, está protagonizado por un samurái que pretende suicidarse. La desesperación, la locura, la angustia llevada al límite continúan aquí. También la necesidad de venganza, sangrienta, y de una crueldad excesiva. Y el fino humor surrealista, siempre chocante, pero muy de Miike, del cine japonés. 13 asesinos es 100% cine de samuráis. Un chute de acción en vena. Y, sumando algunas escenas que se fijan en la retina (esa mujer mutilada, imagen del terror, de la maldad absoluta), le resta parte de esa escena de lucha de 45 minutos final, que se alarga, como es obvio, más de lo humanamente permitido.(CINEMANIA).
En 'Ran' (1985), Akira Kurosawa convirtió las escenas violentas y sangrientas en un cuadro de Jackson Pollock. Sin embargo, el estilo de Kurosawa había cambiado: la rabia enloquecida y fragmentada de 'Los Siete Samuráis' (1954) había dejado espacio para el plano general y sin cortes. La casquería final de 13 asesinos tiene mucho de la serenidad mutante de Ran, a pesar de que en Takashi Miike es difícil hablar de evolución, teniendo en cuenta que cada una de sus películas supone una ruptura con la anterior.
Miike juega a ser casi clásico, como para demostrar que ningún registro se le resiste, y consigue hacer una película sobria, tanto en el planteamiento de la trama, eminentemente dialogado, como en su resolución, una lección de cómo se pone en escena una lucha cuerpo a cuerpo, coreografiando a varios actores sin romper el equilibrio en la composición del plano. El film puede perder algún espectador en su parte expositiva, pero, en el fondo, poco importa saber quién es quién en este western que enfrenta a un loco con una pandilla de desclasados. Lo que importa es ver y oír la espada rasgando la pantalla.(FOTOGRAMAS).

1 comentario:

  1. No soy muy seguidora de las pelis asiáticas, me he visto alguna, como Lola de Brillante Mendoza y se me hizo larga, con escenas muy pausadas
    http://www.cultture.com/58200-trailer-de-the-grandmaster-el-ultimo-fenomeno-del-cine-de-artes-marciales-asiatico

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