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viernes, 19 de agosto de 2011

SUPER 8




Película: Super 8. Dirección y guion: J.J. AbramsPaís: USAAño: 2011.Duración: 114 min. Género: Ciencia-ficciónInterpretación: Joel Courtney (Joe Lamb), Kyle Chandler (Jack), Amanda Michalka (Jen), Elle Fanning (Alice), Gabriel Basso (Martin), Ron Eldard (Louis), Noah Emmerich (Nelec), Riley Griffiths (Charles), Zach Mills (Preston), Ryan Lee(Cary). Producción: J.J. Abrams, Steven Spielberg y Bryan Burk. Música: Michael GiacchinoFotografía: Larry Fong. Montaje: Maryann Brandon y Mary Jo Markey. Diseño de producción: Martin Whist. Vestuario: Ha Nguyen. Distribuidora: Paramount Pictures SpainEstreno en USA: 10 Junio 2011. Estreno en España: 19 Agosto 2011No recomendada para menores de 7 años.


En el verano de 1979, un grupo de amigos de un pueblecito de Ohio se disponen a hacer una película de zombis. Mientras ruedan su film en formato Super 8, son testigos de un catastrófico accidente de tren y, tras librarse ellos mismos por poco, pronto descubren que no fue un accidente. Poco después, comienzan a sucederse en el pueblo una serie de extrañas desapariciones y de sucesos inexplicables, y el sheriffadjunto Jack Lamb intenta descubrir la verdad, algo más terrorífico de lo que ninguno de ellos podía imaginar.


 Por edad (nació en 1966), J.J. Abrams quizá no debería tener como referentes de culto E.T. El extraterrestre y Los goonies, dos producciones de Steven Spielberg, la primera dirigida por él mismo. El creador de Alias, Perdidos y Fringe andaba ya entonces superando la adolescencia, que es la edad en la que los espectadores podían quedar marcados por los relatos de aventuras fantásticas e infantiles tan del gusto de Spielberg. Sin embargo, viendo Super 8, uno tiene la sensación de que Abrams es un auténtico devoto de este tipo de relatos. Mientras que en sus versiones para cine de teleseries de culto ( Misión: imposible III y Star trek ) imprimió un sello propio respetando las señas de identidad de los originales, con Super 8 ha realizado un filme de vocación casi manierista: podría haberlo firmado el mismo Spielberg. 
 El referente, en este caso, se convierte en parte activa del ejercicio nostálgico: Spielberg es también el productor de Super 8 , una película que le homenajea. En este sentido, la cinta dirigida por Abrams (no la cinta de Abrams) puede verse como un juego de espejos: el director le devuelve a su productor una puesta al día de sus historias y el productor la costea gustosamente porque es una forma de que su estilo siga perviviendo e influyendo. 
 La película une comedia, peripecias adolescentes, el fin de la inocencia y ciencia ficción light, aunque la secuencia del accidente de tren parece más de una severa película de catástrofes y el alienígena no resulte tan simpático como el famoso extraterrestre de Spielberg. Abrams, como su maestro en este caso, sabe combinar bien humor y horror, ternura e inquietud, haciendo además del Super 8, el cine analógico y doméstico por excelencia, protagonista de excepción del relato. Una vuelta al pasado en toda regla. (EL PERIODICO).




....Lo cierto es que el filme empieza bien por no decir que muy bien. Hasta bien entrado su metraje esta especie de evidente mezcla de títulos como 'Los Goonies', 'Gremlins', 'E. T., el extraterrestre' o 'Cuenta conmigo', esta última no surgida de la factoría Spielberg pero con la que quizá comparte más similitudes, funciona perfectamente dando forma y credibilidad tanto a su argumento como a sus personajes, estos partícipes de un trabajo excelente especialmente en lo referido a los menores de edad, e involucrando al espectador en una experiencia cercana a una proyección astral tanto por lo que está contando por cómo te lo está contando, todo ello apoyado por la excelente partitura (una más) de un Michael Giacchino haciendo las veces del John Williams de JJ. Toda esa solidez reforzada por un acabado técnico y una puesta en escena inmaculados que, no obstante y más allá del evidente respeto por Steven Spielberg, se encuentra más influenciada por el que esperemos siga siendo un muy buen director y que lo pueda demostrar, John McTiernan -algo notorio en sus por ahora tres filmes-, se viene un poco abajo cuando el castillo de naipes por los que tiene predilección el creador de 'Perdidos' ha puesto todas las cartas sobre la mesa y toca resolver la ecuación. Es en este momento, durante su último tramo, cuando el guión muestra sus carencias a la hora de ensamblarse como una verdadera historia que aporte algo más que la voluntad para ser lo que pretendía ser, unos últimos minutos que efectivos pero que carecen de brillo, más cercano a un quiero y no puedo que además contienen un par de apuntes excesivamente violentos impropios de sus algo más ingenuos modelos, y que si bien culminan con una imagen llamémosle icónica y muy estimulante (así como con unos títulos de crédito finales excelentes) resquebrajan la hasta ese momento solidez de una propuesta a la que le falta algo de temple para sacarle a sus ilusiones todo el potencial que cabría esperar, amén de que su contenido pero evidente empleo de artimañas digitales, véase la por otro lado espectacular secuencia "del accidente", extrae de ella una realidad ajena al año 79 que ejerce de telón de fondo.

'Super 8' no es la gran película que debería de haber sido, no es la gran película que podría haber sido y por no ser siquiera es una película que podamos considerar como una gran película, lo que no quita para que no sea una producción que se ha ganado a pulso algo más que una oportunidad para demostrar que el camino de la imperfección también conduce a la satisfacción. No ser la mejor no le resta méritos como el título sumamente interesante, estimulante y disfrutable que es, un film que tras el celuloide esconde un corazón que rubrica las intenciones de un proyecto personal vestido de fanfarria fruto del deseo y no del interés comercial. Ni es Super ni alcanza el 8, vale, pero es igualmente un filme digno de mención. En pleno siglo XXI Abrams pretendía hacer una buena película como las que se hacían en los años ochenta, una esas producciones que siendo justos quizá no sean tan buenas como nuestros recuerdos nos hacen creer, y lo que ha logrado no es más que un filme hecho en el siglo XXI a la manera en que se hacía en los años ochenta. El tiempo dirá si 'Super 8' merece o no aspirar a incorporar su nombre a esa lista en la que figuran filmes como 'Depredador' o 'Jungla de cristal', películas que quizá no tengan mucho que ver en apariencia al margen de los destellos de luz en pantalla pero cuya incuestionable atracción cada vez que se dejan ver en la pequeña pantalla les hacen ser algo más que una película. De momento es la producción menos lograda y efectiva de JJ Abrams en relación a sus intenciones iniciales. Pero el amor es lo que tiene, es casi tan imperfecto como lo somos nosotros.

Nota: 7.2


Lo Mejor:
- Sus inmejorables intenciones
- La excelente banda sonora de Michael Giacchino
- La excesiva pero muy efectiva secuencia "del accidente", una de esas escenas que hacen de la pantalla de cine algo grande

Lo Peor:
- No está a la altura de sus intenciones...
- Sus por otro lado muy logrados efectos digitales que rompen ese encanto ochentero que demandaba unos efectos especiales más artesanales
- En su segunda mitad el guión es corrompido en demasía, careciendo de la solidez de su primera hora y pico; efectivo, pero carente de brillo, en resumen.(EL SEPTIMO ARTE).


Super 8 está siendo malentendida en su tercer acto porque no está siendo observada con atención: el propio Abrams ha declarado su abierta intención de homenajear el cine de la productora Amblin de los años ochenta con su emotiva historia de un grupo de chicos que están rodando una película casera y que graban por accidente el descarrilamiento de un tren cuyo contenido queda en libertad y provocará considerables trastornos en sus vidas cotidianas. El beneplácito y la producción ejecutiva de Spielberg y la propia Amblin son la evidente señal de que el homenaje es bien recibido, y la maquinaria nostálgica de fans y cinéfilos treintañeros echa a andar sin tener en cuenta que Abrams ha rodado tanto un homenaje a las películas familiares protagonizadas por niños propia de aquellos tiempos (Los Goonies, E.T.Exploradores) como una rendida reverencia a las estupendas monster movies de esa década (El terror no tiene formaLifeforce, el remakede Invasores de Marte...).

Por eso, mientras que el código para disfrutar la primera mitad de la película está al alcance de todo cinéfilo al que se le llena la boca con el «tío Clint», «el bueno de Hitch» y el «Maestro Spielberg», la segunda mitad (y sobre todo, el último acto, ese último acto que falla tanto para los foreros meméticos) exige unos códigos algo más rebuscados y que, por suerte o por desgracia, aún no han obtenido su legitimación por parte de la cinefilia oficial. Las carreras por los túneles, los ataques a traición y las motivaciones del monstruo son más propias de una serie B generosa en látex que de una producción Amblin. Y ese es el auténtico homenaje que hay que desentrañar, no el que ya viene en grandes letras precediendo al título de la película. La clave para todo ello está en los soberbios créditos finales: puede que alguien estuviera esperando la estúpida «magia» de ver pasar a una bicicleta volando por delante de una luna, pero unos cuantos nos lo estábamos pasando bien con las referencias a unos infragéneros mucho más divertidos que el enésimo volumen de En los límites de la realidad.

El hecho de sobreinterpretar o infrainterpretar los homenajes que aparecen en la película, sin duda,es importante cuando Super 8 está firmemente asentada en el legado del fantástico de décadas recientes. No es eso, sin embargo, lo que la convierte en una buena película, y a ratos en una película sensacional: las espectaculares interpretaciones de los niños protagonistas, los cuidados detalles de guion (con diálogos y sugerencias que van resonando con curiosos ecos a lo largo de todo el metraje), el diseño y ejecución de todo lo relativo a la criatura... Hay que conceder a las voces más críticas que la película pisa el acelerador en su tramo final y, por algún motivo que tiene más que ver con esa intención reverencial de Abrams que con la posibilidad de cerrar con cabeza la historia, la secuencia climática del film parece atemorizada de su propio universo de ficción y no posee la brillantez del resto del film. Pero es un detalle menor en una película que rezuma tanto cariño explícito (los homenajes) como implícito (su propio palpitar, que va más allá de la mera clonación de constantes del pasado) por el género fantástico, que acaba funcionado a la perfección como obra autónoma y, por suerte, vuela libre sin mirar a sus padrinos más de lo necesario. (CINE 365).



La llegada de las primeras cámaras domésticas de Súper 8 a los hogares de clase media norteamericanos alentó un curioso fenómeno que no fue reconocido como tal hasta que, años más tarde, los estudiosos de la cultura popular le pusieron nombre: las backyard monster movies; es decir, las películas de monstruos de patio trasero, versiones domésticas del cine de terror emitido por televisión que confeccionaban los niños y preadolescentes de la casa con la cámara hurtada al padre.
Famous Monsters of Filmland, la histórica revista creada por el coleccionista Forrest J. Ackerman, alentó esas actividades extraescolares reservándoles espacio en sus páginas. Con el tiempo, alguno de esos cineastas amateurs se convirtió en profesional de los efectos especiales, dibujante de tebeos de superhéroes o director en toda regla. Quizá el más célebre de todos ellos fuera Steven Spielberg, que acabó trasladando toda esa energía (todo ese amor) impresionada en Súper 8 a la forja de un nuevo modelo de cine espectáculo que, para los apocalípticos, destruyó la posibilidad de un nuevo Hollywood adulto y, para los integrados, sublimó una utopía del cine dionisíaco que amplificaba la memoria de la serie B en Dolby Surround y esplendor visual de altísimo presupuesto.
Comunión e imaginario universal 
En 'Super 8', J.J. Abrams (un zorro al que se le puede reprochar el cálculo, pero nunca negar el talento) no solo rinde tributo explícito a su propia educación sentimental (esas producciones de la Amblin que nos formaron como cinéfilos bastardos), sino que destila, en forma de poderosa ficción familiar, todo ese proceso, ese juego de vasos comunicantes que comunica la emergencia de la cienciaficción de los años 50 con la trascendencia del modelo Amblin, pasando por esa zona de tránsito que fueron las apropiaciones domésticas de un imaginario universal.
La película de Abrams hace caer en la cuenta al espectador con memoria de hasta qué punto el blockbuster deshumanizado de última generación nos ha malacostumbrado: los placeres contenidos en 'Super 8' parecen antiguos, en algunos casos (el encuentro con el padre de Alice en el albergue) casi kitsch, pero, del primer al último fotograma, hay pasión cinéfila, conocimiento de causa y, sobre todo, compromiso con el factor humano. En este sentido, el prólogo (las imágenes de la fábrica, el funeral) es modélico: una lección magistral sobre cómo definir un mundo, abrir interrogantes y escoger la mirada que transformará un aparente Apocalipsis en un acto de comunión con la otredad.(FOTOGRAMAS).

2 comentarios:

  1. Después de verla en el cine mi puntuación también es de notable. Era una de mis elecciones hace tiempo y no me ha defraudado. Saludos

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  2. La vi hace unos días,y me gustó,con reservas.
    El principio es impactante.La escena del descarrilamiento muy efectiva.
    Pero después va decreciendo y el final me dejó un poco frío.
    En conjunto, es de lo mejor de este verano.Saludos,Arandax.

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