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viernes, 30 de septiembre de 2011

LOS TRES MOSQUETEROS 3D





Película: Los tres mosqueteros (2011). Título original: The three musketeers. Dirección: Paul W.S. AndersonPaíses: AlemaniaFrancia,Reino Unido y USAAño: 2011. Duración: 110 min. Género: Acción,aventurasromanceInterpretación: Logan Lerman (D’Artagnan), Orlando Bloom (duque de Buckingham), Ray Stevenson (Porthos), Matthew Macfadyen (Athos), Milla Jovovich (Milady de Winter), Luke Evans (Aramis), Juno Temple(reina Ana), Christoph Waltz (cardenal Richelieu), Mads Mikkelsen (Rochefort), Til Schweiger (Cagliostro). Guion: Alex Litvak y Andrew Davies; basado en los personajes creados por Alejandro DumasProducción: Paul W.S. Anderson, Jeremy Bolt y Robert Kulzer. Música: Paul Haslinger. Fotografía: Glen MacPherson. Montaje: Alexander Berner. Diseño de producción: Paul D. Austerberry. Vestuario: Pierre-Yves Gayraud.Distribuidora: AurumEstreno en Alemania: 1 Septiembre 2011. Estreno en España:30 Septiembre 2011.



“Los tres mosqueteros (2011)” es la nueva adaptación de la famosa novela de aventuras de Alejandro Dumas, en esta ocasión en versión 3D, dirigida por Paul W.S. Anderson, responsable entre otros títulos de la saga ”Resident evil”. Son conocidos como Athos, Porthos y Aramis, tres guerreros de élite que sirven al rey de Francia como sus mejores mosqueteros. Tras descubrir una malévola conspiración para derrocar al rey, los mosqueteros se cruzan con un joven que aspira a convertirse en héroe, D’Artagnan, y lo toman bajo su tutela. Juntos emprenden una peligrosa misión para frustrar el complot que amenaza no sólo a la Corona de Francia, sino al futuro de toda Europa.


Piratas del Caribe inauguró un modelo deblockbuster caracterizado por la adulteración del cine clásico de aventuras con elementos fantásticos, cierta ironía posmoderna respecto de su modelo y una ruidosa aparatosidad compatible con el crujir de palomitas y el sorbo de Coca-cola de la multisala convertida en rave alucinógena. En esta enésima adaptación del clásico de Alejandro Dumas –que por (in)fidelidad al original podría haberse titulado perfectamente Espadachines de Francia–, Paul W.S. Anderson sigue al dedillo esta fórmula más interesado en inaugurar una franquicia tan millonaria como Resident Evil que en guardar fidelidad a su fuente, la época o las conspiraciones históricas. Para ello ha reclutado al pirata Orlando Bloom, se ha sacado de la manga un clímax a bordo de barcos voladores, ha convertido a su musa y esposa, Milla Jovovich, en diva encorsetada con lúbricas funciones de heroína de acción y no ha tenido rubor alguno en repetir una y otra vez el mismo chiste filogay sobre la moda rococó de la época. El resultado es una digitalizada jarana espadachinesca con la misma coherencia narrativa y poder de perdurabilidad que una fiesta de carnaval del Círculo de Bellas Artes. Lo mejor: el maquiavélico (y van…) cardenal interpretado por Christoph Waltz.(CINEMANIA)


A mediados de los 90, Paul W.S. Anderson formó parte de una vanguardia de realizadores británicos que rechazaron con furia el modelo Merchant & Ivory y apostaron por un cine populista, casi insolente en su afán comercial. Una filmografía caracterizada por adaptaciones de videojuegos y música techno no lo ha convertido precisamente en el favorito de la crítica. Como una versión serie B de 'Sherlock Holmes' (Guy Ritchie, 2009), Los Tres Mosqueteros aplica una fórmula ya testada (insuflar vida a un clásico literario a través de estética steampunk y aceleración narrativa) con el frenesí de un adolescente decidido a añadir sus propios cambios a la novela de Dumas.
La Europa del Siglo XVII se convierte en aparatoso parque temático dentro de una propuesta que tiene en su desorbitado sentido del exceso su mayor virtud y su talón de Aquiles (los interludios cómicos y amorosos). En el fondo, Anderson no hace otra cosa que ofrecer a las nuevas generaciones una mutación urgente e hiperactiva de las bases del arte popular: el folletín, la opereta y el serial.(FOTOGRAMAS)




.......Antes de que su final así lo confirme en cierta manera, el cual se cierra con uno de esos (excelentes) planos finales que tan bien le han sentado a la saga 'Resident Evil' de la que Anderson es padre, madre, hijo y abuelo, 'Los tres mosqueteros' se asemeja más a una especie de precuela que a una verdadera producción, una cinta a la que parece que le pesa la responsabilidad y que es víctima aparente del mismo mal que parece afectar a no pocos superheroes a la hora de saltar del papel al celuloide pues, al igual que 'Linterna Verde' o 'Thor', da la sensación de que se limita a cumplir con el mínimo a la espera de que la fortuna, paciencia y comprensión de su audiencia le otorgue una revalida con la que, una vez libre de todo compromiso, dar verdadera rienda suelta al potencial de la idea en una presunta segunda parte que se antoja más y mejor aunque sólo sea porque la primera era menos y peor. Esta desidia se ejemplariza, sin duda, en el surrealista clímax del que hace gala la cinta, una escena que parte de querer meter algo de 'Piratas del caribe' en la ecuación y que no sé muy bien como calificar, la cual concluye sin pena ni gloria de forma totalmente descafeinada, tónica constante de un film que termina pereciendo ante su yugo, el aburrimiento y su propia torpeza. Sirva de ejemplo que en el citado clímax de una película DE ACCIÓN y titulada 'Los tres mosqueteros' se prive a nuestros ojos de la pelea final, precisamente, de estos tres mosqueteros en favor de un duelo sin alma ni corazón. Ni siquiera el brillante 3D que le salvo el pellejo a la última de Resident Evil sirve de aliado en esta ocasión, un rival mucho más temible que Rochefort y al que parece que las espadas -y un montaje necesariamente atropellado con el que dar agilidad a los pocos duelos a espadas que hay- afectan en grado sumo a la hora de ofrecer una molesta, sucia y continúa falta de profundidad en numerosos planos.

Que 'Los tres mosqueteros' iba a ser una mala película lo sospechábamos; que iba a ser algo estúpida también... aunque quizá no tanto, ahí ya cada cual... aunque no es menos cierto que sorprende la capacidad de la película para resultar aún más estúpida cuantas más vueltas se le da. Pero partiendo de una base que no oculta ninguna de estas opciones como algo necesariamente malo ni a evitar, sería un tanto cruel por mi parte calificarla sin más de mala a pesar de sus evidentes carencias a la hora de cumplir "en la cama". Fallida podría valer, pero quizá opte mejor por considerarla simplemente floja. Porque 'Intruders' es una producción fallida, 'Johnny English Returns' algo parecido a una película y muy malo, y 'Larry Crowne'... bueno, de 'Larry Crowne' digamos que simplemente es. 'Los tres mosqueteros' es floja hasta para los cánones que maneja, e incluso sin caer en la tentación de compararla con cotas sólo un poco más dignas, como 'Los tres mosqueteros' que produjo la Disney a principios de los 90. Puede que no sea como para mandarla haya adonde fuera el capitán Miller, pero tampoco es como para traerla de vuelta a la Tierra... dejemosla ahí, que el diseño y visualización de París, algunos efectos o su pretendidamente ridícula visión del Rey al menos tienen su gracia.

Nota: 4.0


Lo Mejor:
- París, y la ridículamente divertida caracterización del Freddie Fox como Luis XIII

Lo Peor:
- La película no es ni la sombra de lo que podría haber sido...(EL SEPTIMO ARTE).

viernes, 23 de septiembre de 2011

NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS





Película: No habrá paz para los malvados. Dirección: Enrique UrbizuPaís:EspañaAño: 2011. Duración: 109 min. Género: ThrillerInterpretación:José Coronado (Santos Trinidad), Rodolfo Sancho (Rodolfo), Juanjo Artero(Leiva), Helena Miquel (juez Chacón), Pedro María Sánchez (Ontiveros), Nadia Casado (Celia). Guion: Enrique Urbizu y Michel Gaztambide.Producción: Gonzalo Salazar-Simpson y Álvaro Augustín. Música: Mario de Benito.Fotografía: Unax Mendía. Montaje: Pablo Blanco. Dirección artística: Antón Laguna.Vestuario: Patricia Monné. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.Estreno en España: 23 Septiembre 2011. No recomendada para menores de 12 años.


“No habrá paz para los malvados” nos sitúa en Madrid, un domingo cualquiera, otro más, en el que el inspector de policía Santos Trinidad, de camino a casa, ya muy borracho, se ve involucrado en un triple asesinato. Pero hay un testigo que consigue escapar y que podría incriminarle. Santos Trinidad inicia la caza del hombre, emprende una investigación destinada a localizar y eliminar al testigo. Mientras tanto, la juez Chacón, encargada de la investigación del triple crimen, avanza meticulosamente en la búsqueda del asesino. Ambos, Santos y Chacón, van a descubrir que nada es lo que parece, y lo que empieza siendo un simple caso de tráfico de drogas, desembocará en algo mucho más peligroso.  Sólo Santos parece ser capaz de impedirlo, siempre que la juez Chacón no consiga detenerle antes.


Desde que hace ya casi una década rodara 'La caja 507', Enrique Urbizu dio un salto cualitativo que le situó en el selecto club de los directores españoles más preciados. El punto de inflexión en cuestión lo marcó una curiosa conjunción de ingredientes: un misterioso atraco y una intrincada trama de corrupción urbanística. El resultado no fue menos curioso, y notablemente meritorio, por ser éste imposible de pronosticar antes de su estreno. ¿Un thriller producido en España, hecho por españoles... y con marcado acento español? ¡Inconcebible! Ya se sabe, hay gente que usa mucho esta palabra, pero vistos los resultados, puede que no signifique lo que ellos creen que significa. Y es que no era la primera vez que sucedía y afortunadamente tampoco ha sido la última. Así debe ser, porque éste es un asunto en el que se nos tiene que refrescar la memoria muy a menudo. Demasiado.

De modo que algunos ya pueden ir tatuándoselo en la frente: el cine español de género no sólo existe, sino que además puede funcionar muy bien. Para más dudas, consultar por ejemplo a Daniel Monzón y su multi-premiada 'Celda 211', que se hizo con la aprobación total tanto por parte de la crítica como del público. Misión casi siempre imposible, al alcance de muy pocos. Una gloria similar conoció Urbizu, que ya sentó precedente en su carrera, y ahora, tras ocho años de descanso en lo que a largometrajes se refiere, vuelve a probar suerte con una apuesta similar a la de 'La caja 507', tanto en su estructura (dos líneas argumentales que surgen del mismo punto, se distancian ligeramente y terminan encontrándose) como en un tono oscuro que no obstante se ha visto sensiblemente potenciado en esta ocasión.

Una noche loca; desmadrada, marca el punto de partida de un descenso vertiginoso a los infiernos, en los que poco o nada tiene que ver la ciudad de Madrid, ya que, como en todo buen viaje de autodestrucción, el tormento se concentra en el interior de los personajes. En este caso, dentro de Santos Trinidad, cuyo nombre parece una broma pesada del destino. Ángel caído -en desgracia-, un halo de fatalidad siempre va con él, vaya donde vaya, bien porque éste le persigue, bien porque lo busca. Entre borracheras causadas por cubatas cada vez más cargados y maldiciones varias se suceden los días de este pobre diablo ahogado en su pasado, y desquiciado por un presente peor si cabe que los fantasmas que le acompañan. Lo que vendría a ser la versión españolizada de 'Teniente corrupto', acercándose más al desgarro de Abel Ferrara, sin ignorar del todo la versión más histriónica de Werner Herzog. Buena -y temible- carta de presentación.

Una vez conocido el personaje, la película se presenta con un título amenazador, profético podría decirse. 'No habrá paz para los malvados'. ¿Pero quién lo es? O visto el panorama, ¿quién no lo es? O para amoldarse más a la historia en cuestión, ¿qué significa ser malvado? No queda nada claro, o por lo menos, la respuesta es siempre rebatible, pues esta actitud es la que define en buena parte la propuesta de Urbizu. Esto es, un thriller castizo, con personajes castizos, y que, contraviniendo los convencionalismos del género, siente especial predilección por difuminar la línea que separa el bien del mal, algo en lo que el director bilbaíno ya mostró sus credenciales en anteriores trabajos.

Ahora va un paso más allá gracias sobre todo al gran trabajo interpretativo del que se ha convertido en su actor fetiche. José Coronado explota sus dotes camaleónicas para ponerse en la piel de un personaje que carga con todo el peso de la trama, y en ocasiones, monopoliza el interés del espectador. Más que ver cómo avanzan las distintas investigaciones, lo que más impacta es ver cómo se desenvuelve Santos Trinidad por un mundo que le repugna (cuenten las veces que lo manda todo a tomar por culo), al mismo tiempo que se gana nuestro odio... y compasión. Es en los matices y en el carisma del protagonista donde está el auténtico valor de 'No habrá paz para los malvados'.

El resto corre a cuenta de la casa, es decir, de las sensacionales partitura y fotografía de Mario de Benito y Unax Mendía, respectivamente, y cómo no, de la dirección de Enrique Urbizu, que como si estuviera escribiendo un número capicúa, empieza y termina (esos escalofriantes planos de clausura) de forma casi perfecta, y aunque la parte central a ratos pierda en consistencia, la verdad es que el interés nunca decae. ¿Resultado? Un sucio, negro y más que digno thriller que se siente nuestro. Sí, es posible.(EL SEPTIMO ARTE).


Jose Coronado es Santos Trinidad, un inspector de policía, fracasado y violento. Bebe mucho, y, una noche de borrachera y frustración, se ve involucrado en un triple crimen con unos narcotraficantes colombianos. Solucionar el caso del que es el principal sospechoso será su prioridad mientras se sumerge en una espiral de culpa y redención que le conducirá a descubrir los entresijos del poder y la corrupción. Urbizu vuelve al cine, y lo hace de la mano de Michel Gaztambide y Jose Coronado, sus dos cómplices en 'La Caja 507' (2002) y 'La vida mancha' (2003). No habrá paz para los malvados tiene un arranque espectacular. Sus primeros 15 minutos, en los que vemos a Coronado perdido en esa noche, son, sin ninguna duda, lo mejor que ha rodado Urbizu en toda su carrera. Mantener ese tono hasta el final habría hecho de No habrá paz... una obra maestra. No le pido tanto a Urbizu: creo que ese comienzo es tan bueno que ya es un regalo en el contexto de nuestro cine, en el que parece que solo haya espacio para la experimentación o el convencionalismo. Urbizu demuestra que a veces recurrir a los géneros más clásicos suele dar los mejores resultados.(FOTOGRAMAS).

Como una recortada, la misma con la que Santos Trinidad se quita de en medio los problemas con o sin razón. La pareja Urbizu-Coronado es efectiva, de alcance corto, va directa a la cabeza del espectador, para que se despierte, que parece dormido. Su ausencia de pretensiones, de demostrar nada, de enseñar lo que saben les permite maniobrar con facilidad en un western emocional perfectamente contenido como La vida mancha o en un thriller con nervio, violento, como era La caja 507 y como es este (sonoro)No habrá paz para los malvados. Sus movimientos son igual de precisos en un género que en otro, aunque la experiencia también es un grado. No son los años, nena, es el rodaje. Parece decir también este Santos Trinidad, un policía de aspecto ochentero pero que tiene que vivir en un presente jodido, tan jodido como está él.?
Una mala noche la tiene cualquiera, aunque tan mala como la de Santos, es difícil. En un arranque de agresividad alcoholizada mata a tres personas, y con su mirada borrosa se le escapa uno. En ese momento inicia una cacería a muerte por el Madrid que descubrimos tras el 11-M, ése en el que narcotraficantes se mezclan con buscavidas y terroristas islámicos. Todo eso está en No habrá paz para los malvados. Un mejunje de personajes, de historias, de pasados ocultados voluntariamente para que no nos desviemos de nuestra meta: acompañar a Santos (un enorme Coronado, grandísimo) en su deambular por las calles madrileñas, por los recuerdos de su casa oscura, evitando a la justicia, ésa que se mueve con lentitud, dando palos de ciego, porque aunque existan una jueza y un policía con ganas de atrapar a los malos, el sistema burocrático y de holgazanes les pone trabas, justo las que no se encuentra la recortada de este mortal Santos Trinidad. ¿Sería entonces mejor tomarnos la justicia por nuestra mano? Ni estando el azar de nuestro lado.(CINEMANIA).

viernes, 16 de septiembre de 2011

EL ARBOL DE LA VIDA





Película: El árbol de la vida. Título original: The tree of life. Dirección y guion: Terrence MalickPaís: USAAño: 2011. Duración: 141 min. Género:DramaInterpretación: Brad Pitt (Sr. O’Brien), Sean Penn (Jack), Jessica Chastain (Sra. O’Brien), Fiona Shaw (abuela), Irene Bedard (mensajera), Hunter McCracken (Jack joven), Laramie Eppler (R.L.), Tye Sheridan (Steve).Producción: Dede Gardner, Sarah Green, Grant Hill, Brad Pitt y William Pohlad. Música:Alexandre DesplatFotografía: Emmanuel Lubezki. Montaje: Mark Yoshikawa. Diseño de producción: Jack Fisk. Vestuario: Jacqueline West. Distribuidora: Tripictures.Estreno en USA: 27 Mayo 2011. Estreno en España: 16 Septiembre 2011. Apta para todos los públicos.



“El árbol de la vida” es un canto a la vida. Busca respuestas a las preguntas más inquietantes, personales y humanas; a través de un caleidoscopio de lo íntimo y lo cósmico, que va de las emociones más descarnadas de una familia de un pequeño pueblo de Texas a los límites infinitos del espacio y del tiempo, de la pérdida de la inocencia de un niño a los encuentros transformadores de un hombre; y lo hace con sobrecogimiento, asombro y trascendencia a través de una historia impresionista de una familia del medio-Oeste americano en los años cincuenta, que sigue el transcurso vital del hijo mayor, Jack, a través de la inocencia de la infancia hasta la desilusión de sus años de madurez, en su intento de reconciliar la complicada relación con su padre (Brad Pitt). Jack (como adulto, interpretado por Sean Penn) se siente como un alma perdida en el mundo moderno, en busca de respuestas sobre el origen y significado de la vida, a la vez que cuestiona la existencia de la fe. A través de la imaginería singular de Malick, vemos cómo, al mismo tiempo naturaleza bruta y gracia espiritual construyen no solo nuestras vidas como individuos y familias, sino toda vida existente.

Malick ha alumbrado una obra de arte, una sinfonía bellísima, un canto a la vida que suena como una ofrenda al Dios que hizo el cielo y la tierra, un Dios enamorado perdidamente del hombre.
Hay películas que te cambian el día, otras el mes. Las hay que son, claramente, la película del año. Unas pocas se convierten en películas que te cambian la vida. Y un número muy reducido se te meten en el corazón y en la cabeza y las llevas puestas el tiempo que sigues respirando el aire de este planeta asombroso. El árbol de la vida es una de estas últimas, al nivel de AmanecerOrdetLas uvas de la iraMatar un ruiseñorLuces de la ciudad o Milagro en Milán.
Y ustedes pensarán, vaya subidón que le ha dado al Sr. Fijo. Pues sí, esto es lo que hay. Sé que con esta película me pasará lo que me ocurre con Ford, pondré una secuencia en clase y me golpeará, arrollándome de nuevo, como un expreso que casi vuela sobre los raíles.
Terrence Malick, con la ayuda de un amplísimo equipo técnico y artístico de primer nivel, ha alumbrado una obra de arte, una sinfonía bellísima, un canto a la vida que suena como una ofrenda al Dios que hizo el cielo y la tierra, al Dios que se enamora perdidamente del hombre, hasta convertirse en hombre para que el hombre se haga Dios.
Hay tanta belleza en la película, que duele, que te saca del tiempo y del espacio, que te hace entrar en comunión con lo que ves y oyes (estoy recordando a ese niño que se abraza a su padre airado, en una secuencia de una perfección inolvidable, que casi hace que respondas amén)..............(FILA SIETE).

El árbol de la vida es una película que los miopes podríamos ver sin gafas. Como todo el cine de Dreyer, las cinco películas de Terrence Malick son ensayos sobre la luz, sobre las infinitas posibilidades de su representación, sobre los matices de su simbolismo. Y con su última película –no me extrañaría por cierto que fuese de verdad la última– entusiasmado, casi obsesionado con esta búsqueda, ha logrado la máxima depuración. Empieza con una cita bíblica del libro de Job sobre la fundación del mundo. Es el arranque de un filme alucinante, una obra libérrima y apabullantemente pretenciosa sobre el sentido de la vida, el terrible dolor de la pérdida, la paternidad, el aprendizaje, el poder de la naturaleza…
Malick se entrega a un insólito ejercicio de libertad creativa sin atisbo de concesión alguna. Filma formas geométricas del cielo, el agua y el fuego para vehicular una honda reflexión filosófica destinada a provocar estupor, ya sea a modo de fascinación o de repulsa. Para quien firma estas líneas, El árbol de la vida no es sino una vuelta de tuerca más al gran tema de toda su obra: el vacío de la condición humana. ¿Intangible verdad? Pues así lo filma el cineasta: a través de un relato ensimismado en el vuelo de una bandada de pájaros, en el silencio del corazón de un bosque y en el viaje por el más allá de Sean Penn a través del desierto y de edificios vacíos, como hiciera Antonioni en Zabriskie Point. A ratos adivina uno intenciones abstractas en los trazos ininteligibles de Malick, prescinde del orden argumental cuando le viene en gana y nos cuenta la extrañísima historia de una familia marcada por la violencia paterna.Flirteando sin rubor con la estética new age, contoneándose por el filo de lo sublime y lo ridículo, logrando que percibamos el olor del limbo, el director de Malas tierras concluye su película con un atronador rayo de esperanza cuando nos incrusta en los morros la gran paradoja del ser humano: la vida y la muerte. Simple y llanamente. (CINEMANIA).



El doble movimiento de la filosofía de Martin Heidegger (la exploración del ser en el tiempo y a su vez de los tiempos del ser) encuentra, en El Árbol de la Vida, un hermoso reflejo en su estructura bipolar, que tiende a igualar los flujos entre lo íntimo y lo cósmico. En su época de estudiante universitario, Terrence Malick dejó inacabada su tesis doctoral sobre Heidegger, y parece que ha invertido 30 años en rematarla en forma de poema vagamente metafísico sobre los orígenes del tiempo, o sobre lo que significa empezar a explicar una historia cuando apenas hay luz que nos saque de la oscuridad.

Oh, desmesura

Es probable que la desmesurada ambición de la película, que nació con la etiqueta de obra maestra grabada en la frente, perjudique sus objetivos. Cuando 2001: Una Odisea del Espacio (1968) emprendía un viaje astral hacia el futuro cabalgando sobre los lomos de la trascendencia, el estilo glacial de Kubrick conseguía congelar sus pretensiones en un misterio insondable. Las bellas imágenes del segmento melancólico-místico de El Árbol de la Vida no logran cristalizar en ningún enigma, no saben existir por sí mismas sin depender en exceso de su manifestación terrenal, que es donde Malick pone toda la carne en el asador.
Es más fácil contar la historia de Dios que convencer a los ateos de que Dios existe. Y probablemente Malick consigue convencernos de ello con la sencilla historia de una familia típicamente americana en la era Eisenhower, narrada a partir de los ojos de un niño en trance de crecer. Hay pocas sorpresas en el relato (el autoritario patriarca es en realidad un fracasado que no sabe relacionarse con el mundo, la madre es un refugio cálido y eterno, los ritos de iniciación siguen los patrones clásicos), pero, sin embargo, Malick sabe explicarlo como si fuera nuevo, escuchando las voces de la conciencia de sus personajes como si fueran las de su propia memoria, desterrando a la nostalgia de su mirada hacia el pasado, apostando por una agresiva, ditirámbica discontinuidad para organizar los versos de un mundo que se encierra en su siniestra belleza.
La gran virtud del Malick manierista es que el lirismo de su estilo nace de una sinceridad abierta en canal, no hay ni un gramo de impostura en él. El problema de El Árbol de la Vida es que cree que hay que viajar al tiempo sin tiempo para explicar lo frágiles que somos, cuando lo que está demostrando Malick, panteísta convencido, es que Dios existe más que nunca en la hierba y las hojas de los árboles, que contemplan cómo nos equivocamos una y otra vez.(FOTOGRAMAS).




Y es que Terrence Malick es uno de esos directores que en Hollywood son considerados "de culto". Signifique lo que signifique, más aún en estos tiempos. Los actores acuden a su llamada sin mirar ni por un momento los ceros del cheque que reciben. Y eso, tal y como andan las cosas últimamente, es algo a tener muy en cuenta.

El argumento de El Árbol de la Vida se presenta así: La película sigue el viaje de la vida del hijo mayor de una familia de clase media de los años 50, Jack, desde la inocencia de su infancia hasta la desilusión de sus años como adulto mientras trata de reconciliar la complicada relación que tiene con su padre (Brad Pitt). Jack (interpretado por Sean Penn en su edad adulta) se ve una alma perdida en un mundo moderno, buscando respuestas a los orígenes y al sentido de la vida mientras se cuestiona la existencia de la fe.

El Árbol de la Vida resulta una película que nos pedirá estar con los cinco sentidos, bajando el ritmo de forma importante y sobre todo con muchas ganas de descubrir algo nuevo ante nuestros ojos. Todo un ejercicio de sutilezas cinematográficas, marca de la casa, y de forma inconfundible. Pero eso sí, no dejará indiferente a casi nadie.(EL MULTICINE).

viernes, 9 de septiembre de 2011

LA DEUDA





Película: La deuda. Título original: The debt. Dirección: John MaddenPaís:USAAño: 2010. Duración: 113 min. Género: DramathrillerInterpretación:Helen Mirren (Rachel Singer), Sam Worthington (David Peretz joven),Jessica Chastain (Rachel Singer joven), Jesper Christensen (doctor Bernhardt/Dieter Vogel), Marton Csokas (Stephan Gold joven), Ciarán Hinds (David Peretz), Tom Wilkinson (Stephan Gold). Guión: Matthew VaughnJane Goldman y Peter Straughan; basado en el guión escrito por Assaf Berstein e Ido Rosenblum para la película “Ha-hov” (2007). Producción: Eduardo Rossof, Kris Thykier, Matthew Vaughn y Eitan Evan. Música: Thomas NewmanFotografía: Ben Davis. Montaje: Alexander Berner. Diseño de producción: Jim Clay. Vestuario: Natalie Ward. Distribuidora: Universal Pictures International SpainEstreno en USA: 31 Agosto 2011. Estreno en España: 8 Septiembre 2011. No recomendada para menores de 16 años.


La historia empieza en 1997, cuando dos agentes del Mossad ya retirados, Rachel y Stephan, reciben una noticia sorprendente acerca de su antiguo compañero David. Se convirtieron en figuras muy respetadas en Israel después de una misión que realizaron entre 1965 y 1966 cuando los tres localizaron al criminal de guerra nazi Dieter Vogel, el temible “Cirujano de Birkenau”, en Berlín Este. Rachel tuvo que superar una atracción sentimental mientras servía de cebo para que sus compañeros cerraran la pinza alrededor de Vogel. El equipo arriesgó mucho y pagó un considerable precio para cumplir la misión, pero ¿de verdad la cumplieron? El suspense crece, pasando de un período a otro, y las revelaciones son cada vez más sorprendentes. Rachel no tendrá más remedio que ocuparse personalmente del asunto.


El hecho de que sucesos del pasado vengan a invadir y cambiar el presente de unos personajes, es una premisa muy utilizada en el cine. El espectador es capaz de sentir el dolor, el remordimiento, el querer saltar la  pantalla y decirle a los protagonistas qué es lo correcto, lo que deben hacer. La deuda consigue llegar hasta el punto de reconocer ese sufrimiento, pero no es capaz de imprimir en el espectador una huella que le haga partícipe de la historia.

Tres agentes del Mossad, se unen para llevar a cabo una misión. Años después, reciben una devastadora noticia que les hará volver a recordar aquellos días de infiltración y peligro. Como bien dice el cartel de la película, “todo secreto tiene un precio”.

La deuda es un remake de una conocida película israelí, Ha-hov. El director de la versión americana, John Madden, afirma que primero leyó el guión y luego vio la película, pero que la lectura le dejó impresionado. Y no es para menos, porque la trama que se cuenta tiene una carga moral tremenda. El problema es que hay que saber hacer que la película transmita lo que es, y esta no lo hace. El intento es bueno y el director de la nominada Shakespeare in Love consigue en ciertos momentos trasladar al espectador completamente dentro de la trama del filme, pero se contrarrestan con otras situaciones que la hacen soporífera y lenta. Muchas veces, el problema en el metraje, y por lo que fallan ciertas películas, es saber encajar esos momentos: los de acción o emoción, con los más lentos y pausados.

Lo curioso de esta película es que tiene un equipo técnico bueno, notable. Empezando por el director, siguiendo por los tres guionistas: Matthew Vaughn, quien ha trabajado junto a Guy Ritchie en Snatch: cerdos y diamantes y ha dirigido X-Men: Primera generación; Jane Goldman, colaborador del anterior en X-Men: Primera… y Kick-Ass: listo para machacar; y Peter Straughan, guionista de Los hombres que miraban fijamente a las cabras. Y terminando por la música, creada por Thomas Newman, compositor de la banda sonora de películas como Cadena perpetuaCamino a la perdiciónBuscando a Nemo, WALL-E… Puede que el párrafo haya sido largo, pero merecido, porque se muestra que La deuda no es una película cualquiera realizada por un novato. Es un buen proyecto, realizado por gente experta, que no consigue encontrar una posición exacta. Si se sale del cine y lo único que eres capaz de decir sobre un tema tan peliagudo como la moral de unos agentes secretos es “si, bueno, no está mal…entretenida”, hay algo que está fallando.

Punto aparte merecen los actores. Lo anterior es lo que hay detrás de la película, pero por delante están dos reconocidos actores: Helen Mirren (algunos es que ni necesitan presentación) y Tom Wilkinson (Michael Clayton). Y en su papel de jóvenes elAvatar Sam Worthington y la bella Jessica Chastain, a la que próximamente veremos en El árbol de la vida, de Terrence Malick. Cuidado, que no estamos jugando con cualquier cosa. Y no consiguen transmitir esa fuerza y entereza que posee un espía. Si acaso, habría que decir que son las mujeres protagonistas las que consiguen despertar la empatía con el público e introducir al espectador en la trama, quizás también porque son ellas (ella, ya que las dos interpretan al mismo personaje) quienes cargan con el peso de la trama.

Como toda buena obra, La deuda tiene un principio, un nudo, introducido de una manera sutil y bonita, todo hay que decirlo, y un desenlace correcto. Pero no se puede decir mucho más. Se queda en el intento, como muchas otras.

Nota: 5,5/10 (EL SEPTIMO ARTE).


Son pocas las películas que uno se imagina convertidas en grandes novelas. La deuda, remake del filme israelí del 2007 Ha-Hov, es una de ellas. Es, en esencia, más literaria que cinematográfica, y resulta inevitable desear, frente a la pantalla, que una voz en off vaya completando los huecos que dos horas de metraje no son capaces de rellenar. En la línea de thrillerspolíticos de los años 70 como Marathon Man oLos tres días del Cóndor, pero más aún, en la de novelas de espionaje de John LeCarré o Tom Clancy, La deuda narra en dos tiempos la misión de tres agentes del Mossad en el Berlín del Este intentando capturar al ‘Cirujano de Birkenau‘, uno de los más sanguinarios carniceros del exterminio nazi que consiguió escapar de la justicia internacional. Es fácil identificar el tono novelesco de la película que John Madden (Shakespeare in Love) y los guionistas Matthew Vaughn y Jane Goldman (Kick-Ass)sitúan en el presente, con los tres espías (intachables
Helen Mirren, Tom Wilkinson y Ciarán Hinds) ya retirados y rememorando la misión que los convirtió en héroes para el pueblo israelí. La intriga no deriva tanto del suicidio de uno de los agentes, el tercero, si no del tono en el que sus otros dos compañeros formulan dichos recuerdos, con miradas y gestos de una ambigüedad inquietante que seremos incapaces de descifrar a menos que volvamos al pasado. Allí, en Berlín durante el año 1965, los tres espías (interpretados en su juventud por la pelirrojísima Jessica Chastain, por Marton Csokas y por el muy sorprendente Sam Worthington) nos entregan las claves de un suspense político-emocional que crece a medida que el filme avanza y que culmina con un inesperado giro narrativo. Lo demás, el triángulo amoroso que se forma entre los agentes, la cuidada dirección de arte, el color rojo del cabello de Jessica Chastain, el silencio del personaje de Worthington o las melodías queCsokas saca del viejo piano berlinés, son las descripciones ausentes de aquella novela hipotética, los huecos que nosotros rellenaríamos con palabras. (CINEMANIA).


La estupenda 'Munich' (Steven Spielberg, 2005) acuñó, a modo de daño colateral, un nuevo paradigma de thriller político, ensimismado con la sofisticación de esa edad de oro que vivió el género en los años 70. Resulta muy difícil no pensar en Spielberg durante el tramo berlinés de 'La Deuda', por mucho que transcurra en 1966 y beba de otra fuente, la película israelí 'Ha-Hov' (Assaf Bernstein, 2007): a todas ellas les une un interés común por explorar, en sus respectivos protagonistas, las tensas relaciones de una nación con su memoria histórica. El libreto de este remake hace un loable trabajo al plasmar esa negociación entre pasado y presente en una historia fracturada, de estructura compleja, que tiene la delicadeza de tratar al espectador como a un ser pensante.
Incluso Sam Worthington se muestra más que capacitado para la sutilidad en su cara a cara con el actor danés Jesper Christensen, excelente en su encarnación (melancólica al tiempo que perturbadora) del monstruo colectivo. 'La Deuda' resulta mucho más interesante cuando se concentra en los fríos mecanismos del suspense que cuando intenta dar una resolución convencional a los Grandes Temas que la sustentan: es ahí cuando el neothriller político se revela simple (pero convincente) ejercicio de estilo.(FOTOGRAMAS).

viernes, 2 de septiembre de 2011

LA PIEL QUE HABITO






Película: La piel que habito. Título internacional: The skin I live in. Dirección: Pedro AlmodóvarPaís: EspañaAño: 2011. Duración: 120 min. Género: DramaInterpretación: Antonio Banderas (Robert Ledgard),Elena Anaya (Vera), Marisa Paredes (Marilia), Jan Cornet  (Vicente), Roberto Álamo (Zeca), Blanca Suárez (Norma), Eduard Fernández (Fulgencio), José Luis Gómez (Presidente del Instituto de Biotecnología), Bárbara Lennie (Cristina), Susi Sánchez (madre de Vicente), Fernando Cayo (médico). Guion: Pedro Almodóvar; inspirado en la novela “Tarántula”, de Thierry JonquetProducción: Agustín Almodóvar y Esther García. Música: Alberto IglesiasFotografía: José Luis Alcaine. Montaje: José Salcedo. Vestuario: Paco Delgado, con la colaboración de Jean-Paul Gaultier.Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España. Estreno en España: 2 Septiembre 2011No recomendada para menores de 16 años.

Desde que su mujer murió quemada en un accidente de coche, el doctor Ledgard, eminente cirujano plástico, se interesa por la creación de una nueva piel con la que hubiera podido salvarla. Doce años después consigue cultivarla en su laboratorio, aprovechando los avances de la terapia celular. Para ello no dudará en traspasar una puerta hasta ahora terminantemente vedada: la transgénesis con seres humanos. Pero ése no será el único crimen que cometerá en “La piel que habito”.

.........Hizo falta muy poco para que en Cannes la gente se levantara de la butaca y cambiara el ceño fruncido causado por el -enésimo- escándalo con la firma de Lars Von Trier, por la sonrisa más dilatada. "Mesdames et messieurs... Pedro Almodóvar!" Y la locura se desató en el incomparable escenario del Grand Théâtre Lumière. Era esa la cuarta visita del manchego a su certamen favorito, y era esta la cuarta ocasión en la que salió ovacionado, confirmando que el feeling con el público galo sigue intacto. Así quedó latente con la proyección de 'La piel que habito', en la que los espectadores le rieron todas las gracias al realizador español, y en la que, cuando las luces se volvieron a encender, se acompañaron los títulos de crédito finales con un sonoro e interminable aplauso.

Hay quien todavía afirma que se trataba de un combate ganado mucho antes de librarse, ya que el amor que profesa la Croisette por Pedro es tal, que la calidad de los productos que presenta es lo de menos. Apostar por la buena acogida de una película de Almodóvar en Cannes es apostar al caballo ganador. Cierto, pero matizable, puesto que con 'La piel que habito' la jugada fue arriesgada, no sólo porque se tratara de un -leve- giro en su carrera, sino porque además significó pugnar por la escurridiza Palma de Oro con un título que podía compararse con demasiada facilidad (el mad doctor, la irónicamente destructiva obsesión por la reconstrucción facial, además de muchos otros puntos de unión a nivel más hipodérmico) con uno de los que a día de hoy sigue siendo considerado como uno de los buques insignia de la nouvelle vague: 'Ojos sin rostro', de Georges Franju. Palabras mayores para un duelo de alturas del que Almodóvar salió ileso, lo cual en el fondo no se aleja demasiado de una victoria épica.

Así pues, que no teman los seguidores de este singular director. Por mucho que se nos haya vendido su última obra como algo radicalmente diferente a lo que nos tenía acostumbrados en los últimos años, lo cierto es que hacía tiempo que no veíamos una película con una acumulación tan descarada -para bien o para mal- de tics y gestos de su autor. La historia de Jonquet, ya sólo por el tremendo giro argumental final, era ideal para que Pedro se regodeara, y la ocasión no es desaprovechada... es incluso modificada a través del carácter y la geografía toledana, o en forma de inesperada visita felina, para perder en sadismo (aunque el guión va igualmente sobrado de este factor) y ganar en los ya clásicos enredos familiares culebrescos que tan buenos réditos cómicos acostumbran a dar a Almodóvar, un cineasta que una vez más, nos lleva a un universo colorista y desmadrado que parece que sólo pueda habitar él, pero que de nuevo, hipnotiza a propios y extraños con su vitalidad e innegable gracia.

Lo retorcido y enfermizo de la trama hacen que el conjunto pierda en poder emocional, no obstante, 'La piel que habito' recupera el encanto y el descaro de aquel director primerizo que se daba a conocer a grito pelado desde la movida madrileña, con su concepción radicalmente pasional del amor, y con las emociones, cómo no, siempre a flor de piel. Es en definitiva una especie de back-to-classics delicioso (con el plus de la madurez en la puesta en escena adquirida a lo largo de tantos años de experiencia), que por supuesto tenía que venir acompañado por el antaño actor fetiche por excelencia, Antonio Banderas. Hasta él está entonado en este algo vano pero alocadamente divertido film.(EL SEPTIMO ARTE).

Probablemente para sacudirse de encima cualquier tentación al acomodamiento, y disfrazando de thriller lo que en esencia es un estudio sobre la identidad y las máscaras, sobre el sexo y la carne, sobre los cuerpos y el dominio y la muerte, Pedro Almodóvar nos ofrece aquí la que sin duda es una de sus obras más radicales de su carrera y tal vez la más sombría. Historia de un amour fou necrófilo que es también la crónica de una venganza servida muy fría, el relato de una supervivencia extrema, un cuento moral sobre los peligros de la ciencia y el retrato de una familia disfuncional que no entiende de escrúpulos, La piel que habito transita en varias direcciones a la vez: a veces juguetea con las convenciones del cine de terror, por momentos enfatiza el melodrama, a ratos simplemente incrementa el suspense. Podría definirse como un giallo de Mario Bava o Dario Argento dirigido a dos manos por el Hitchcock de Vértigo y el Wyler de El coleccionista, de no ser porque, ante todo, el cine al que más se parece es al de Almodóvar. 
En efecto, Todo sobre mi madre (1999) y La mala educación (2004) ya hablaban de la maleabilidad de nuestros yo externos, mientras que la invasión no consentida que el cirujano psicópata Robert Ledgard (Antonio Banderas) lleva aquí a cabo sobre los cuerpos de sus pacientes –representada a través de coreografías retorcidamente hipnóticas de látex y frío acero, de contrastes exquisitos pero terribles entre la carne joven y las heridas– es una forma de violación que evoca las transgresiones morales del protagonista de Hable con ella (2002). Como en muchas de sus películas previas, además, Almodóvar se sirve de recursos narrativos supuestamente prohibidos para los guionistas contemporáneos: diálogos expositivos, prolongados flashbacks que revelan secretos familiares inconfesables, estructuras argumentales que se separan y se reconfiguran y hacen juegos malabares con la cronología.
En todo caso, La piel… debe entenderse como un desmentido para quienes pensaran que Almodóvar estaba convirtiendo su estilo –ese tono entre lo operístico y lo folletinesco, esas superficies suntuosas, esa insistencia en las citas cinematográficas– en mera rutina. Aquí lo ha rapado al cero y lo ha despellejado del mismo modo que ha dejado en los huesos el casi siempre histriónico estilo interpretativo de Banderas. Y esa austeridad formal tensa aún más la plausibilidad de una película suicida. Porque la naturaleza bizarra de lo que está contando no se nos esconde, todo lo contrario: permanece al frente. La historia es tan demente que por momentos resulta inevitable preguntarse si el director se la toma en serio o si se burla de ella. Sólo alguien de su talento puede hacer algo así sin romperse la crisma.(CINEMANIA).



......La proeza del manchego consiste también en rizar el rizo y convertir La piel que habito en un mix bien equilibrado de géneros que se pasea a sus anchas por el thriller psicológico, la ciencia ficción biológica, el melodrama, el gore refinado y el terror al estilo clásico (toda vale, desde Frankenstein hasta Los ojos sin rostro de George Franju, de la que toma prestado casi al dedillo el punto de partida). Todo ello sin olvidar, por supuesto, una puesta en escena y una dirección de arte que explotan su conocido deleite por lo estético y los detalles (las referencias al arte de Louise Bourgeois, las figuras humanas de estilo vintage de Juan Gatti, el fetichismo del bisturí y la sala de operaciones, la voz y la presencia de Concha Buika o los eternos azul y rojo impregnando los fotogramas) .

Y marcando el ritmo de esta tragedia, una repetitiva y macabra melodía de violines ideada, una vez más, por el compositor Alberto Iglesias. La que guía los pasos y las retorcidas acciones de un Antonio Banderas que, de vuelta al universo almodovariano casi veinte años después deÁtame, demuestra que en sus manos y con la debida contención el director puede sacar de él su mejor registro. La misma melodía que nos revela, a medida que avanza la película, el verdadero origen de la desgracia actual de una mujer cuyo objetivo supremo es la supervivencia, poniendo en manos de Elena Anaya un caramelo interpretativo de alto voltaje. La que acompaña el viaje de ida y vuelta de una venganza recíproca para hacer suyo aquello de que cuanto más fría se sirva ésta, mejor sentará. Y que, en definitiva, atesora un mensaje clave en las relaciones humanas (haya o no sangre por medio): aunque mute la piel, la apariencia externa o la capa superficial, eso que uno siente por dentro, por mucho que le odie o le ame el otro, no lo cambia nada ni nadie.(CINE365).

Nada es sencillo. Soy maestra de ballet y nada es sencillo, decía Katerina Bilova (Geraldine Chaplin) al final de 'Hable con ella' (2002), la película en la que se afirmó esa etapa de madurez en la filmografía de Pedro Almodóvar que ahora parece haber llegado a un nuevo punto de inflexión con 'La piel que habito'. Entre una película y otra, la filmografía del manchego parece haber invertido todo su esfuerzo en ilustrar y demostrar las palabras del personaje de la Chaplin: en efecto, no hay nada sencillo en los fascinantes movimientos de la condición humana en esas zonas de alto riesgo que Almodóvar delimita como territorio de sus ficciones.
Si, en 'Hable con ella', emergía la luz en un acto aparentemente atroz, aquí, una retorcida venganza puede revelar una segunda piel como carta de amor mortuorio que transforma al verdugo en vulnerable víctima. Y una brutal tortura, sostenida en el tiempo,
podría ser el largo y tortuoso camino que recorre un personaje para cerrar el círculo esbozado por las leyes de la atracción. En efecto, nada es sencillo en 'La piel que habito'. Ni siquiera escribir sobre ella sin aguarle la fiesta al amante de los giros
imprevistos y los laberintos narrativos.
Horror y belleza
Aplico el teorema de Almodóvar, basta mirar el tiempo suficiente, para transformar el horror en belleza, escribía el enigmático Antoni Casas Ros en su novela 'El teorema de Almodóvar' (ed. Seix Barral), obra que parece mantener más puntos de contacto con 'La piel que habito' que la novela de Thierry Jonquet ('Tarántula') que sirve de punto de partida a la película. Cuando Casas Ros habla de belleza, probablemente no se esté refiriendo a la estética, sino, precisamente, a lo mismo a lo que aludía Katerina Bilova en Hable con ella: a la complejidad, a la posibilidad de trascender ese horror a través de la fascinación por sus matices, sus fragilidades. Pero, sí, también la forma de 'La piel que habito' es exquisita, un ejercicio de aplomo y alta seguridad en el delicado arte de detectar la armonía en lo irreconciliable. En sus notas más extravagantes –el plano final o la aparición de Zeca (Roberto Álamo)– es donde la película encuentra la medida de su grandeza.
El cóctel de géneros no parece la estrategia premeditada, astuta y posmoderna de un mad doctor cinéfilo, sino la respiración natural de una obra que absorbe diversos ecos ('La piel que habito' podría ser la summa de toda la tradición irracional del medio), fija la esencia almodovariana y ahonda en su gran tema: la ley del deseo como fuerza redentora y camino de autodestrucción.(FOTOGRAMAS).