Seguidores

viernes, 16 de septiembre de 2011

EL ARBOL DE LA VIDA





Película: El árbol de la vida. Título original: The tree of life. Dirección y guion: Terrence MalickPaís: USAAño: 2011. Duración: 141 min. Género:DramaInterpretación: Brad Pitt (Sr. O’Brien), Sean Penn (Jack), Jessica Chastain (Sra. O’Brien), Fiona Shaw (abuela), Irene Bedard (mensajera), Hunter McCracken (Jack joven), Laramie Eppler (R.L.), Tye Sheridan (Steve).Producción: Dede Gardner, Sarah Green, Grant Hill, Brad Pitt y William Pohlad. Música:Alexandre DesplatFotografía: Emmanuel Lubezki. Montaje: Mark Yoshikawa. Diseño de producción: Jack Fisk. Vestuario: Jacqueline West. Distribuidora: Tripictures.Estreno en USA: 27 Mayo 2011. Estreno en España: 16 Septiembre 2011. Apta para todos los públicos.



“El árbol de la vida” es un canto a la vida. Busca respuestas a las preguntas más inquietantes, personales y humanas; a través de un caleidoscopio de lo íntimo y lo cósmico, que va de las emociones más descarnadas de una familia de un pequeño pueblo de Texas a los límites infinitos del espacio y del tiempo, de la pérdida de la inocencia de un niño a los encuentros transformadores de un hombre; y lo hace con sobrecogimiento, asombro y trascendencia a través de una historia impresionista de una familia del medio-Oeste americano en los años cincuenta, que sigue el transcurso vital del hijo mayor, Jack, a través de la inocencia de la infancia hasta la desilusión de sus años de madurez, en su intento de reconciliar la complicada relación con su padre (Brad Pitt). Jack (como adulto, interpretado por Sean Penn) se siente como un alma perdida en el mundo moderno, en busca de respuestas sobre el origen y significado de la vida, a la vez que cuestiona la existencia de la fe. A través de la imaginería singular de Malick, vemos cómo, al mismo tiempo naturaleza bruta y gracia espiritual construyen no solo nuestras vidas como individuos y familias, sino toda vida existente.

Malick ha alumbrado una obra de arte, una sinfonía bellísima, un canto a la vida que suena como una ofrenda al Dios que hizo el cielo y la tierra, un Dios enamorado perdidamente del hombre.
Hay películas que te cambian el día, otras el mes. Las hay que son, claramente, la película del año. Unas pocas se convierten en películas que te cambian la vida. Y un número muy reducido se te meten en el corazón y en la cabeza y las llevas puestas el tiempo que sigues respirando el aire de este planeta asombroso. El árbol de la vida es una de estas últimas, al nivel de AmanecerOrdetLas uvas de la iraMatar un ruiseñorLuces de la ciudad o Milagro en Milán.
Y ustedes pensarán, vaya subidón que le ha dado al Sr. Fijo. Pues sí, esto es lo que hay. Sé que con esta película me pasará lo que me ocurre con Ford, pondré una secuencia en clase y me golpeará, arrollándome de nuevo, como un expreso que casi vuela sobre los raíles.
Terrence Malick, con la ayuda de un amplísimo equipo técnico y artístico de primer nivel, ha alumbrado una obra de arte, una sinfonía bellísima, un canto a la vida que suena como una ofrenda al Dios que hizo el cielo y la tierra, al Dios que se enamora perdidamente del hombre, hasta convertirse en hombre para que el hombre se haga Dios.
Hay tanta belleza en la película, que duele, que te saca del tiempo y del espacio, que te hace entrar en comunión con lo que ves y oyes (estoy recordando a ese niño que se abraza a su padre airado, en una secuencia de una perfección inolvidable, que casi hace que respondas amén)..............(FILA SIETE).

El árbol de la vida es una película que los miopes podríamos ver sin gafas. Como todo el cine de Dreyer, las cinco películas de Terrence Malick son ensayos sobre la luz, sobre las infinitas posibilidades de su representación, sobre los matices de su simbolismo. Y con su última película –no me extrañaría por cierto que fuese de verdad la última– entusiasmado, casi obsesionado con esta búsqueda, ha logrado la máxima depuración. Empieza con una cita bíblica del libro de Job sobre la fundación del mundo. Es el arranque de un filme alucinante, una obra libérrima y apabullantemente pretenciosa sobre el sentido de la vida, el terrible dolor de la pérdida, la paternidad, el aprendizaje, el poder de la naturaleza…
Malick se entrega a un insólito ejercicio de libertad creativa sin atisbo de concesión alguna. Filma formas geométricas del cielo, el agua y el fuego para vehicular una honda reflexión filosófica destinada a provocar estupor, ya sea a modo de fascinación o de repulsa. Para quien firma estas líneas, El árbol de la vida no es sino una vuelta de tuerca más al gran tema de toda su obra: el vacío de la condición humana. ¿Intangible verdad? Pues así lo filma el cineasta: a través de un relato ensimismado en el vuelo de una bandada de pájaros, en el silencio del corazón de un bosque y en el viaje por el más allá de Sean Penn a través del desierto y de edificios vacíos, como hiciera Antonioni en Zabriskie Point. A ratos adivina uno intenciones abstractas en los trazos ininteligibles de Malick, prescinde del orden argumental cuando le viene en gana y nos cuenta la extrañísima historia de una familia marcada por la violencia paterna.Flirteando sin rubor con la estética new age, contoneándose por el filo de lo sublime y lo ridículo, logrando que percibamos el olor del limbo, el director de Malas tierras concluye su película con un atronador rayo de esperanza cuando nos incrusta en los morros la gran paradoja del ser humano: la vida y la muerte. Simple y llanamente. (CINEMANIA).



El doble movimiento de la filosofía de Martin Heidegger (la exploración del ser en el tiempo y a su vez de los tiempos del ser) encuentra, en El Árbol de la Vida, un hermoso reflejo en su estructura bipolar, que tiende a igualar los flujos entre lo íntimo y lo cósmico. En su época de estudiante universitario, Terrence Malick dejó inacabada su tesis doctoral sobre Heidegger, y parece que ha invertido 30 años en rematarla en forma de poema vagamente metafísico sobre los orígenes del tiempo, o sobre lo que significa empezar a explicar una historia cuando apenas hay luz que nos saque de la oscuridad.

Oh, desmesura

Es probable que la desmesurada ambición de la película, que nació con la etiqueta de obra maestra grabada en la frente, perjudique sus objetivos. Cuando 2001: Una Odisea del Espacio (1968) emprendía un viaje astral hacia el futuro cabalgando sobre los lomos de la trascendencia, el estilo glacial de Kubrick conseguía congelar sus pretensiones en un misterio insondable. Las bellas imágenes del segmento melancólico-místico de El Árbol de la Vida no logran cristalizar en ningún enigma, no saben existir por sí mismas sin depender en exceso de su manifestación terrenal, que es donde Malick pone toda la carne en el asador.
Es más fácil contar la historia de Dios que convencer a los ateos de que Dios existe. Y probablemente Malick consigue convencernos de ello con la sencilla historia de una familia típicamente americana en la era Eisenhower, narrada a partir de los ojos de un niño en trance de crecer. Hay pocas sorpresas en el relato (el autoritario patriarca es en realidad un fracasado que no sabe relacionarse con el mundo, la madre es un refugio cálido y eterno, los ritos de iniciación siguen los patrones clásicos), pero, sin embargo, Malick sabe explicarlo como si fuera nuevo, escuchando las voces de la conciencia de sus personajes como si fueran las de su propia memoria, desterrando a la nostalgia de su mirada hacia el pasado, apostando por una agresiva, ditirámbica discontinuidad para organizar los versos de un mundo que se encierra en su siniestra belleza.
La gran virtud del Malick manierista es que el lirismo de su estilo nace de una sinceridad abierta en canal, no hay ni un gramo de impostura en él. El problema de El Árbol de la Vida es que cree que hay que viajar al tiempo sin tiempo para explicar lo frágiles que somos, cuando lo que está demostrando Malick, panteísta convencido, es que Dios existe más que nunca en la hierba y las hojas de los árboles, que contemplan cómo nos equivocamos una y otra vez.(FOTOGRAMAS).




Y es que Terrence Malick es uno de esos directores que en Hollywood son considerados "de culto". Signifique lo que signifique, más aún en estos tiempos. Los actores acuden a su llamada sin mirar ni por un momento los ceros del cheque que reciben. Y eso, tal y como andan las cosas últimamente, es algo a tener muy en cuenta.

El argumento de El Árbol de la Vida se presenta así: La película sigue el viaje de la vida del hijo mayor de una familia de clase media de los años 50, Jack, desde la inocencia de su infancia hasta la desilusión de sus años como adulto mientras trata de reconciliar la complicada relación que tiene con su padre (Brad Pitt). Jack (interpretado por Sean Penn en su edad adulta) se ve una alma perdida en un mundo moderno, buscando respuestas a los orígenes y al sentido de la vida mientras se cuestiona la existencia de la fe.

El Árbol de la Vida resulta una película que nos pedirá estar con los cinco sentidos, bajando el ritmo de forma importante y sobre todo con muchas ganas de descubrir algo nuevo ante nuestros ojos. Todo un ejercicio de sutilezas cinematográficas, marca de la casa, y de forma inconfundible. Pero eso sí, no dejará indiferente a casi nadie.(EL MULTICINE).

No hay comentarios:

Publicar un comentario