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viernes, 2 de septiembre de 2011

LA PIEL QUE HABITO






Película: La piel que habito. Título internacional: The skin I live in. Dirección: Pedro AlmodóvarPaís: EspañaAño: 2011. Duración: 120 min. Género: DramaInterpretación: Antonio Banderas (Robert Ledgard),Elena Anaya (Vera), Marisa Paredes (Marilia), Jan Cornet  (Vicente), Roberto Álamo (Zeca), Blanca Suárez (Norma), Eduard Fernández (Fulgencio), José Luis Gómez (Presidente del Instituto de Biotecnología), Bárbara Lennie (Cristina), Susi Sánchez (madre de Vicente), Fernando Cayo (médico). Guion: Pedro Almodóvar; inspirado en la novela “Tarántula”, de Thierry JonquetProducción: Agustín Almodóvar y Esther García. Música: Alberto IglesiasFotografía: José Luis Alcaine. Montaje: José Salcedo. Vestuario: Paco Delgado, con la colaboración de Jean-Paul Gaultier.Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España. Estreno en España: 2 Septiembre 2011No recomendada para menores de 16 años.

Desde que su mujer murió quemada en un accidente de coche, el doctor Ledgard, eminente cirujano plástico, se interesa por la creación de una nueva piel con la que hubiera podido salvarla. Doce años después consigue cultivarla en su laboratorio, aprovechando los avances de la terapia celular. Para ello no dudará en traspasar una puerta hasta ahora terminantemente vedada: la transgénesis con seres humanos. Pero ése no será el único crimen que cometerá en “La piel que habito”.

.........Hizo falta muy poco para que en Cannes la gente se levantara de la butaca y cambiara el ceño fruncido causado por el -enésimo- escándalo con la firma de Lars Von Trier, por la sonrisa más dilatada. "Mesdames et messieurs... Pedro Almodóvar!" Y la locura se desató en el incomparable escenario del Grand Théâtre Lumière. Era esa la cuarta visita del manchego a su certamen favorito, y era esta la cuarta ocasión en la que salió ovacionado, confirmando que el feeling con el público galo sigue intacto. Así quedó latente con la proyección de 'La piel que habito', en la que los espectadores le rieron todas las gracias al realizador español, y en la que, cuando las luces se volvieron a encender, se acompañaron los títulos de crédito finales con un sonoro e interminable aplauso.

Hay quien todavía afirma que se trataba de un combate ganado mucho antes de librarse, ya que el amor que profesa la Croisette por Pedro es tal, que la calidad de los productos que presenta es lo de menos. Apostar por la buena acogida de una película de Almodóvar en Cannes es apostar al caballo ganador. Cierto, pero matizable, puesto que con 'La piel que habito' la jugada fue arriesgada, no sólo porque se tratara de un -leve- giro en su carrera, sino porque además significó pugnar por la escurridiza Palma de Oro con un título que podía compararse con demasiada facilidad (el mad doctor, la irónicamente destructiva obsesión por la reconstrucción facial, además de muchos otros puntos de unión a nivel más hipodérmico) con uno de los que a día de hoy sigue siendo considerado como uno de los buques insignia de la nouvelle vague: 'Ojos sin rostro', de Georges Franju. Palabras mayores para un duelo de alturas del que Almodóvar salió ileso, lo cual en el fondo no se aleja demasiado de una victoria épica.

Así pues, que no teman los seguidores de este singular director. Por mucho que se nos haya vendido su última obra como algo radicalmente diferente a lo que nos tenía acostumbrados en los últimos años, lo cierto es que hacía tiempo que no veíamos una película con una acumulación tan descarada -para bien o para mal- de tics y gestos de su autor. La historia de Jonquet, ya sólo por el tremendo giro argumental final, era ideal para que Pedro se regodeara, y la ocasión no es desaprovechada... es incluso modificada a través del carácter y la geografía toledana, o en forma de inesperada visita felina, para perder en sadismo (aunque el guión va igualmente sobrado de este factor) y ganar en los ya clásicos enredos familiares culebrescos que tan buenos réditos cómicos acostumbran a dar a Almodóvar, un cineasta que una vez más, nos lleva a un universo colorista y desmadrado que parece que sólo pueda habitar él, pero que de nuevo, hipnotiza a propios y extraños con su vitalidad e innegable gracia.

Lo retorcido y enfermizo de la trama hacen que el conjunto pierda en poder emocional, no obstante, 'La piel que habito' recupera el encanto y el descaro de aquel director primerizo que se daba a conocer a grito pelado desde la movida madrileña, con su concepción radicalmente pasional del amor, y con las emociones, cómo no, siempre a flor de piel. Es en definitiva una especie de back-to-classics delicioso (con el plus de la madurez en la puesta en escena adquirida a lo largo de tantos años de experiencia), que por supuesto tenía que venir acompañado por el antaño actor fetiche por excelencia, Antonio Banderas. Hasta él está entonado en este algo vano pero alocadamente divertido film.(EL SEPTIMO ARTE).

Probablemente para sacudirse de encima cualquier tentación al acomodamiento, y disfrazando de thriller lo que en esencia es un estudio sobre la identidad y las máscaras, sobre el sexo y la carne, sobre los cuerpos y el dominio y la muerte, Pedro Almodóvar nos ofrece aquí la que sin duda es una de sus obras más radicales de su carrera y tal vez la más sombría. Historia de un amour fou necrófilo que es también la crónica de una venganza servida muy fría, el relato de una supervivencia extrema, un cuento moral sobre los peligros de la ciencia y el retrato de una familia disfuncional que no entiende de escrúpulos, La piel que habito transita en varias direcciones a la vez: a veces juguetea con las convenciones del cine de terror, por momentos enfatiza el melodrama, a ratos simplemente incrementa el suspense. Podría definirse como un giallo de Mario Bava o Dario Argento dirigido a dos manos por el Hitchcock de Vértigo y el Wyler de El coleccionista, de no ser porque, ante todo, el cine al que más se parece es al de Almodóvar. 
En efecto, Todo sobre mi madre (1999) y La mala educación (2004) ya hablaban de la maleabilidad de nuestros yo externos, mientras que la invasión no consentida que el cirujano psicópata Robert Ledgard (Antonio Banderas) lleva aquí a cabo sobre los cuerpos de sus pacientes –representada a través de coreografías retorcidamente hipnóticas de látex y frío acero, de contrastes exquisitos pero terribles entre la carne joven y las heridas– es una forma de violación que evoca las transgresiones morales del protagonista de Hable con ella (2002). Como en muchas de sus películas previas, además, Almodóvar se sirve de recursos narrativos supuestamente prohibidos para los guionistas contemporáneos: diálogos expositivos, prolongados flashbacks que revelan secretos familiares inconfesables, estructuras argumentales que se separan y se reconfiguran y hacen juegos malabares con la cronología.
En todo caso, La piel… debe entenderse como un desmentido para quienes pensaran que Almodóvar estaba convirtiendo su estilo –ese tono entre lo operístico y lo folletinesco, esas superficies suntuosas, esa insistencia en las citas cinematográficas– en mera rutina. Aquí lo ha rapado al cero y lo ha despellejado del mismo modo que ha dejado en los huesos el casi siempre histriónico estilo interpretativo de Banderas. Y esa austeridad formal tensa aún más la plausibilidad de una película suicida. Porque la naturaleza bizarra de lo que está contando no se nos esconde, todo lo contrario: permanece al frente. La historia es tan demente que por momentos resulta inevitable preguntarse si el director se la toma en serio o si se burla de ella. Sólo alguien de su talento puede hacer algo así sin romperse la crisma.(CINEMANIA).



......La proeza del manchego consiste también en rizar el rizo y convertir La piel que habito en un mix bien equilibrado de géneros que se pasea a sus anchas por el thriller psicológico, la ciencia ficción biológica, el melodrama, el gore refinado y el terror al estilo clásico (toda vale, desde Frankenstein hasta Los ojos sin rostro de George Franju, de la que toma prestado casi al dedillo el punto de partida). Todo ello sin olvidar, por supuesto, una puesta en escena y una dirección de arte que explotan su conocido deleite por lo estético y los detalles (las referencias al arte de Louise Bourgeois, las figuras humanas de estilo vintage de Juan Gatti, el fetichismo del bisturí y la sala de operaciones, la voz y la presencia de Concha Buika o los eternos azul y rojo impregnando los fotogramas) .

Y marcando el ritmo de esta tragedia, una repetitiva y macabra melodía de violines ideada, una vez más, por el compositor Alberto Iglesias. La que guía los pasos y las retorcidas acciones de un Antonio Banderas que, de vuelta al universo almodovariano casi veinte años después deÁtame, demuestra que en sus manos y con la debida contención el director puede sacar de él su mejor registro. La misma melodía que nos revela, a medida que avanza la película, el verdadero origen de la desgracia actual de una mujer cuyo objetivo supremo es la supervivencia, poniendo en manos de Elena Anaya un caramelo interpretativo de alto voltaje. La que acompaña el viaje de ida y vuelta de una venganza recíproca para hacer suyo aquello de que cuanto más fría se sirva ésta, mejor sentará. Y que, en definitiva, atesora un mensaje clave en las relaciones humanas (haya o no sangre por medio): aunque mute la piel, la apariencia externa o la capa superficial, eso que uno siente por dentro, por mucho que le odie o le ame el otro, no lo cambia nada ni nadie.(CINE365).

Nada es sencillo. Soy maestra de ballet y nada es sencillo, decía Katerina Bilova (Geraldine Chaplin) al final de 'Hable con ella' (2002), la película en la que se afirmó esa etapa de madurez en la filmografía de Pedro Almodóvar que ahora parece haber llegado a un nuevo punto de inflexión con 'La piel que habito'. Entre una película y otra, la filmografía del manchego parece haber invertido todo su esfuerzo en ilustrar y demostrar las palabras del personaje de la Chaplin: en efecto, no hay nada sencillo en los fascinantes movimientos de la condición humana en esas zonas de alto riesgo que Almodóvar delimita como territorio de sus ficciones.
Si, en 'Hable con ella', emergía la luz en un acto aparentemente atroz, aquí, una retorcida venganza puede revelar una segunda piel como carta de amor mortuorio que transforma al verdugo en vulnerable víctima. Y una brutal tortura, sostenida en el tiempo,
podría ser el largo y tortuoso camino que recorre un personaje para cerrar el círculo esbozado por las leyes de la atracción. En efecto, nada es sencillo en 'La piel que habito'. Ni siquiera escribir sobre ella sin aguarle la fiesta al amante de los giros
imprevistos y los laberintos narrativos.
Horror y belleza
Aplico el teorema de Almodóvar, basta mirar el tiempo suficiente, para transformar el horror en belleza, escribía el enigmático Antoni Casas Ros en su novela 'El teorema de Almodóvar' (ed. Seix Barral), obra que parece mantener más puntos de contacto con 'La piel que habito' que la novela de Thierry Jonquet ('Tarántula') que sirve de punto de partida a la película. Cuando Casas Ros habla de belleza, probablemente no se esté refiriendo a la estética, sino, precisamente, a lo mismo a lo que aludía Katerina Bilova en Hable con ella: a la complejidad, a la posibilidad de trascender ese horror a través de la fascinación por sus matices, sus fragilidades. Pero, sí, también la forma de 'La piel que habito' es exquisita, un ejercicio de aplomo y alta seguridad en el delicado arte de detectar la armonía en lo irreconciliable. En sus notas más extravagantes –el plano final o la aparición de Zeca (Roberto Álamo)– es donde la película encuentra la medida de su grandeza.
El cóctel de géneros no parece la estrategia premeditada, astuta y posmoderna de un mad doctor cinéfilo, sino la respiración natural de una obra que absorbe diversos ecos ('La piel que habito' podría ser la summa de toda la tradición irracional del medio), fija la esencia almodovariana y ahonda en su gran tema: la ley del deseo como fuerza redentora y camino de autodestrucción.(FOTOGRAMAS).

1 comentario:

  1. Estoy impaciente por verla. No me he perdido ninguna película de Almodóvar desde que tengo edad para ir al cine.

    Saludos,


    www.artbyarion.blogspot.com

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