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domingo, 16 de octubre de 2011

CONTAGIO




Película: Contagio. Título original: Contagion. Dirección: Steven SoderberghPaís: USAAño: 2011. Duración: 106 min. Género: Ciencia-ficciónthrillerInterpretación: Matt Damon (Mitch Emhoff), Marion Cotillard (Dra. Leonora Orantes), Laurence Fishburne (Dr. Ellis Cheever),Jude Law (Alan), Gwyneth Paltrow (Beth Emhoff), Kate Winslet (Dra. Erin Mears), Chin Han (Sun Feng), Elliott Gould (Dr. Ian Sussman), Josie HoGuion: Scott Z. BurnsProducción: Michael Shamberg, Stacey Sher y Gregory Jacobs. Fotografía: Peter Andrews. Música: Cliff Martinez. Montaje: Stephen Mirrione. Diseño de producción:Howard Cummings. Vestuario: Louise Frogley. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International EspañaEstreno en USA: 9 Septiembre 2011. Estreno en España: 14 Octubre 2011.



“Contagio” narra el rápido progreso de un virus letal que se transmite por el aire y mata en cuestión de días. A medida que va creciendo la epidemia, la comunidad médica mundial lucha contrarreloj para encontrar una cura y controlar el pánico, que se extiende incluso más rápido que el propio virus. Al mismo tiempo, la gente lucha por sobrevivir en una sociedad que se desmorona.

Soderbergh, el científico loco, tiene prisa por infectarnos: la hipérbole del virus de la Gripe A se contagia a partir de un montaje veloz, que sustituye a las células por imágenes, y a los personajes por víctimas potenciales. La arquitectura narrativa de Contagio es la de un sistema nervioso que se corrompe con la rapidez con que un bulo se transmite por Internet. Virus biológicos o informáticos, no importa: el cine se ocupa de ponerlos al mismo nivel, de hacerlos igualmente peligrosos. Los planos cortos son los anticuerpos de la paranoia: los insertos del pomo de una puerta, de una tarjeta de crédito o de un bol de cacahuetes tienen el mismo valor que la cuenta atrás de una bomba nuclear.
Del mismo modo que su díptico sobre el Che se entretenía en estrategias y procedimientos, dando la espalda al elemento humano, en Contagio, Soderbergh presta toda su atención a las (fallidas) tácticas del orden mundial para protegerse contra una pandemia. La frialdad característica de su cine se adapta a la perfección al ritmo trepidante de un virus sin corazón. No hay tiempo para sentimentalismos ni para profundizar en la psicología de los personajes. En cierto modo, Soderbergh ha hecho algo políticamente muy incorrecto: ha preferido identificarse con el virus antes que con las personas que infecta.(FOTOGRAMAS).



Desde sus primeras películas independientes a la trilogía Ocean’s o el biopic Che, Steven Soderbergh ha mirado la vida humana y las acciones humanas desde una perspectivavoyeurística casi clínica, y por eso es la persona idónea para dirigir ahora una película sobre la enfermedad y la ciencia y la burocracia –es decir, sistemas más que personas– en la que todo se propaga de forma vírica, principalmente una infección nueva y desbocada que amenaza con barrer el planeta, pero también el temor, la información, los rumores y el pánico.Dotada como su oscarizada Traffic de personajes y puntos de vista múltiples, estethriller pandémico se fija en manos y bocas a medida que propagan silenciosamente microbios, y la promesa de un apocalipsis, de la barra de un autobús al vaso de un restaurante a la apacible caricia de un hombro. Ese esquema formal eleva inmensamente la tensión de su relato, en el que las muertes repentinas de una adúltera y de su joven hijo son el catalizador de una catástrofe mundial.
Es cierto que por momentos la narrativa fracturada le resta a Contagio cierta urgencia dramática. Pero en general Soderbergh traza pinceladas rápidas y enérgicas. Su fotografía digital transmite una ansiedad que añade fuerza motora a su descripción de cómo no sólo los virus sino también las ideas y los sentimientos pueden esparcirse y mutar de maneras imprevisibles y mortales. Tanto como una apasionante película de terror moderno capaz de crear adictos al jabón para manos, Contagio es también un retrato de la inquietante fragilidad de las redes biológicas, sociales y emocionales que gobiernan nuestras vidas. Y de la reacción en cadena causada por actos aislados de egoísmo y poder descontrolado.
Contagio es la mejor película hecha a día de hoy acerca de una pandemia. Convirtiendo a sus personajes en meros accesorios de la historia en lugar de su foco central, Soderbergh logra contar la historia de la evolución de la enfermedad sin ser estorbado por dosis de melodrama o postizas secuencias de acción. El resultado no es ni más ni menos que una investigación policial, apasionante sobre todo porque resulta creíble: una mirada clarividente a lo que podría suceder si una epidemia ocurriera. Cierto que se trata de una obra más provocadora que emotiva dada la gelidez de Soderbergh;que presenta su cuenta atrás de la potencial destrucción de la civilización de forma objetiva y, de hecho, uno no está seguro, basándose en la evidencia, de que el director realmente piense que la perspectiva de esa aniquilación del orden social sería necesariamente algo malo. Pero tampoco es ése su cometido. Para espolvorear el fin del mundo de azúcar ya está Emmerich.(CINEMANIA).



Me gusta y convence este ejercicio de cine de catástrofe, variante epidemias, esgrimido como pretexto por Steven Soderbergh para meternos en el cuerpo una ración de miedo milenarista envuelta en el papel de celofán del cine de autor. Imaginen Estallido sin secuencias de acción trepidante, con un ritmo y presentación y uso de personajes que explota la fórmula de puzzle con intenciones de reportajear la fábula a base de protagonismo coral de Traffic, y tendrán una idea muy aproximada de lo que les espera en el cine.
Bien dirigida, con una sobriedad que algunos pueden tener la tentación de calificar como frialdad, pero no es tal. Muy al contrario, es una película con momentos muy intensos que por no estar sujetos al abuso de las fórmulas de sobrepuntuación musical o visual habituales en el cine de nuestros días puede parecer distante en exceso de acontecimientos y personajes pero en realidad no lo es tanto como sus detractores pretenden. De hecho, tiene el mismo tono y ritmo que otra película de Soderbergh que también me gustó, El soplón, y comparte con ella la misma negación a dejarse atrapar en la complacencia del cine de entretenimiento para contar su historia sin ningún tipo de anzuelos fáciles para el espectador. Me gusta esa sobriedad, sustentada en el protagonismo de estrellas que además son actores de probada eficacia, y además me convence la manera de tratar las situaciones y personajes en casi todos los casos, con alguna salvedad. Por ejemplo creo que el personaje de Jude Law, el bloguero, está tratado de manera algo superficial, a pesar de que plantea uno de los temas más interesantes de la trama, la responsabilidad de quienes emiten noticias o difunden rumores o simplemente se inventan su propia realidad a través de internet, sin ser del todo conscientes, o siendo conscientes pero sin que les importe un pimiento, de las consecuencias que tienen sus actos en las vidas ajenas. En relación a ese asunto, la película contiene una de las mejores frases que he escuchado este año en el cine: “un blog es como un grafiti pero con signos de puntuación”.
Pero dejando al margen la superficialidad con la que Soderbergh trata a ese personaje, en otros protagonistas de la historia nos encontramos un tratamiento que personalmente me parece genial, porque con la máxima sencillez y el mínimo de tiempo y gestos, Soderbergh saca el máximo partido además de la forma más elegante. Con una escena de arranque nos define perfectamente el tipo de persona y el conflicto a que se encuentra sometida la ejecutiva interpretada por Gwyneth Paltrow. Con una escena que muestra a la doctora interpretada por Kate Winslet en el baño del hotel, por la mañana, comprobando el termómetro, y luego hablando por teléfono en la ventana, asumiendo lo que le ocurre, consigue marcar la soledad y el aislamiento de los otros que muchas veces acompaña a la enfermedad, idea reforzada con esa imagen de Winslet en el polideportivo que va a servir para atender a los infectados. Con una escena como la de Matt Damon recibiendo la información del médico marca un intenso dramatismo sin el menor atisbo de exceso melodramático, lo cual convierte ese momento en algo mucho más brutal.
Admito que otros personajes y tramas son más endebles, como los interpretados por Laurence Fishburne o Marion Cotillard, y que en el caso de ésta última la parte de la trama que protagoniza parece algo fuera de juego con el resto de las piezas del puzzle, e incluso desaparece de la trama en su columna vertebral. Pero esos desequilibrios no me molestan, por tratarse de una película que funciona como un  edificio complejo y con múltiples puntos de interés.
Después de ver la película sale uno del cine con la idea de que se le puede haber ido la mano un poco metiendo miedo con el tema, pero lo cierto es que esta película es un producto de los inquietantes tiempos que vivimos, y emplea el lenguaje atemorizador y poco objetivo que estamos viendo cada día en algunos informativos televisivos y no pocos titulares periodísticos, de manera que Soderbergh no hace sino ser un testigo de nuestros tiempos de ciudadanos atemorizados por casi todo, y especialmente por el audiovisual.
Es cosa nuestra no ser tan acojonados, por mucho que quieran acojonarnos. La película no tiene la culpa de que seamos fáciles de asustar como colectivo. Y no olvidemos que la película deja bien claro, desde su cartel, que su tema central no es la epidemia, sino lo fácil que es asustarnos, esto es, el miedo como constante social que nos acosa, porque nos dejamos acosar.(REVISTA ACCION).

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