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viernes, 14 de octubre de 2011

MIENTRAS DUERMES



Película: Mientras duermes. Dirección: Jaume BalagueróPaís: España.Año: 2011. Duración: 102 min. Género: ThrillerterrorInterpretación: Luis Tosar (César), Marta Etura (Clara), Alberto San Juan (Marcos), Iris Almeida (Úrsula), Pep Tosar (padre de Úrsula), Petra Martínez (Verónica), Margarita Rosed (madre de César), Oriol Genis (administrador). Guion: Alberto Marini.Producción: Julio Fernández. Música: Lucas Vidal. Fotografía: Pablo Rosso. Montaje:Guillermo de la Cal. Dirección artística: Javier Alvariño. Vestuario: Marian Coromina.Distribuidora: FilmaxEstreno en España: 14 Octubre 2011.

“Mientras duermes” es un thriller de terror ambientado en una comunidad de vecinos donde nada es lo que aparenta ser. César trabaja de portero en un edificio de apartamentos. Puede que no sea el mejor trabajo del mundo, pero la verdad es que no lo cambiaría por ningún otro, ya que su trabajo le permite conocer a fondo a todos los inquilinos del inmueble, sus movimientos, sus hábitos. Desde su posición resulta fácil controlar sus idas y venidas, estudiarles, descubrir sus puntos débiles, sus secretos. Si quisiera podría incluso controlar sus vidas, influir en ellas como si fuera Dios, abrir sus heridas y hurgar en ellas. Y todo sin levantar ninguna sospecha. Porque César tiene un secreto, un juego particular: le gusta hacer daño, mover las piezas necesarias para crear dolor a su alrededor. Y la nueva vecina del 5ºB no deja de sonreír. Entra y sale cada día radiante y feliz, llena de luz. Así que pronto se convertirá en el nuevo objetivo de César. Un reto personal. Una obsesión. El juego de César va a empezar a complicarse más de la cuenta. Pronto se volverá impredecible. Peligroso. Si no tiene cuidado, incluso podría volverse contra él.


Mientras duermes nos habla de un portero de finca, de lo que en las películas estadounidenses suelen calificar como encargados de mantenimiento o "manager del edificio", pero que en España fueron siempre los primeros en enterarse de todo sobre los inquilinos del edificio, es más, "vivían el edificio". Una propuesta así es la que nos llega con Mientras Duermes, la de un hombre totalmente vacío, devastado y podrido por dentro. Cuya única alegría, mezquina y cruel, es la de regodearse en su foro interno con las desgracias de los inquilinos del edificio en el que trabaja. Y claro está, esas desgracias no se producen solas, por lo que como si de una alimaña se tratara, decide adentrarse en territorio prohibido, en la intimidad de todos ellos para hundirles desde dentro. El desarrollo de la trama va más allá cuando se focaliza en una "vecinita", a la que sonríe pero a la que en verdad odia con todo su ser. La odia simplemente porque parece ser feliz, y eso él no puede soportarlo.

Luis Tosar realiza una de sus grandes interpretaciones. De esas a las que nos tiene bien acostumbrados en sus últimos trabajos y que le re-confirman como uno de los mejores actores españoles de la actualidad. Tal vez sólo superado por el reconocimiento recibido por Bardem y algún otro más. El papel de Tosar da miedo por, precisamente, lo creíble que resulta. El terror ya no es un hombre lobo, un vampiro, un zombi o una terrible criatura mutante. Tal vez sea todo lo malo de los anteriores pero además envuelto en la piel de un aparentemente afable ser humano.(EL MULTICINE).


Técnicamente impecable, Balagueró logra un enorme suspense, e imágenes impactantes del acoso del portero, de los insectos, etc. Cuenta a su servicio con una esmeradísimo Luis Tosar, que logra hacer creíble a un personaje muy oscuro, totalmente desquiciado, que hacia el exterior parece amable, pero que disfruta haciendo daño. Con otro actor menos brillante, la película naufragaría enseguida. Le acompañan selectos secundarios que realizan buenos trabajos, como Marta Etura, su novia en la vida real, con la que había rodado Celda 211, aunque resulta especialmente destacable el trabajo de Petra Martínez, como anciana solitaria.
Sin embargo, el film resulta especialmente árido y retorcido. En todo momento, el punto de vista es el del psicópata, un tipo que no tiene ni un resquicio de humanidad. Parece que Balagueró se haya planteado el reto de que el espectador se descubra a sí mismo del lado de este tipo, lo que puede resultar bastante incómodo. Lo consigue parcialmente en algunas secuencias de tensión, en las que se espera que el personaje escape sin que le descubran, pero en general no es un King Kong o Frankenstein que consiga el apoyo del público, pues resulta demasiado mezquino. También se excede en violencia en algún tramo, por lo que el film acaba siendo sobre todo apto para los incondicionales del 'gore'.(DE CINE 21).



.......Uno de los mayores hándicaps del que adolecen no pocas producciones es que en ocasiones tratan de justificar o explicar aunque sea de forma burda y ridícula según que cosas que en verdad no tienen importancia alguna, no al menos dentro del contexto de la historia. Siempre se me ocurre el mismo ejemplo (y es más que posible que si rebuscan en alguna de mis críticas lo vuelvan a encontrar), ¿por qué Bill Murray revivía una y otra vez el Día de la Marmota? ¿Importa? La Peyton Flanders de Rebecca De Mornay tenía un motivo que justificase sus acciones. ¿Lo tiene Luis Tosar? ¿Hay algo que justifique el por qué, tal y como el propio personaje dice, es como si hubiera nacido sin la capacidad de poder ser feliz? De Norman Bates lo supimos, pero ¿acaso se supo el por qué a Hannibal Lecter le gustaban los sesos de Ray Liotta, entre otras delicatessen que bien podríamos encontrar en el establecimiento del Sr. Clapet? Resulta más escalofriante cuando no hay motivo, como decía Billy Loomis al final del primer y auténtico 'Scream'. Y así, el César de Luis Tosar resulta escalofriante...

Porque la felicidad de los demás se convierte en el motor de su odio, en la fuerza que irrumpe en su retorcida mente para darle algún tipo de sentido a ese "hombre hueco", vacío, al que hacía referencia 'El hombre invisible' de Verhoeven en su título original, vacío, un recipiente sin alma relleno tan sólo de perversa maldad como el virus de Soderbergh: si él no puede ser feliz, hagamos que los demás tampoco lo sean. Porque en el país de los ciegos el tuerto es el rey, y como bien sabemos una media sonrisa picarona bien encuadrada es capaz de transmitir más inquietud que una horda de zombies hambrientos. Porque César no es Jason Vorhees, tampoco una mujer blanca y soltera, evidentemente; ni que decir tampoco es Max, ese otro portero de reciente vida en los cines españoles a quien aun sin haber visto me atrevería a decir que no le alcanza ni como para ser digna de comparación. Lo suyo no es el cuchillo, el martillo o la sierra, lo suyo es más sutil, diabólico, y procede de esta misma dimensión en la que nos encontramos. Porque resulta tangible, creíble, humano y porque al igual que ponía en evidencia el Henry de John McNaughton no hay nada más perturbador que la cruda realidad. Y por si fuera poco Marta Etura sí es de verdad la víctima perfecta, con esa sonrisa tan irritantemente irresistible. Si es que son ellas las que van provocando... ¿qué no?

En estos aspectos es donde 'Mientras duermes' encuentra su principal valía, su fuerza, su razón de ser y su futuro prestigio como lo dicho en el primer párrafo, una condición de clásico instantáneo que no he necesitado reposar mientras duermo para ratificar (veremos si para contradecirme... algún día). Su felicidad, la de la película si le otorgamos la oportunidad de poder ser, proviene de nuestro malestar, un incómodo malestar cómplice y que no obstante poco tiene que ver con la retahíla de sobresaltos típicos de todo slasher donde uno siempre se acuerda de la madre de un gato tanto como en el campo de fútbol de la del árbitro. Nuestra angustia es su recompensa, y la vía es el constante, progresivo y gradual enrarecimiento de una atmósfera turbia pero cotidiana, normal, donde la acosada no acaba saltando de azotea en azotea perseguida por los integrantes de una comunidad de vecinos furiosos. Seamos serios, y 'Mientras duermes' lo es, tanto que no es un filme de terror, no es el alocado divertimiento que eran los dos 'Rec' ni los fallidos ejercicios de estilo de 'Darkness' o 'Frágiles'. Es un thriller, pero no sólo es un buen thriller; además es una buena película, y eso sí tiene nombre.

La maldad sí tiene rostro, y esta puede ser la de cualquiera. Balagueró encuentra en Luis Tosar la figura que necesitaba para que sus innegables aptitudes obtuvieran algo más de premio que sus intenciones y pasar el rato, y ahora el mal además tiene corazón, un corazón del que nos hace ser partícipes al obligarnos a sufrir con él. Porque lo verdaderamente poderoso de 'Mientras duermes' es que convierte al espectador en cómplice de los actos de César al situarnos a la altura de sus ojos (y de su corazón) para observar la realidad como él la observa, y de tal manera que igualmente disfrutemos viendo como se le borra la sonrisa de aquel que tenemos sentado al lado en la butaca de nuestra siembre bien amada sala de cine. Eso es el verdadero terror, aquel que se introduce en nosotros sin que apenas nos demos cuenta, el que se introduce en nuestros hogares bajo la apariencia de una mano amiga. No es perfecta, porque nadie lo es, y puede que el temor a sentirme inhumano tras el brochazo final o a no encontrar otra igual en algún tiempo me haga aferrarme a ensalzar 'Mientras duermes' como uno de los mejores filmes de género del año. Puede. El miedo es una herramienta poderosa, mucho. Y bien lo sabe César. Porque César sabe donde hacerte daño... y aquí sí, así aquí no hay quien viva, precisamente.

Nota: 7.7


Lo Mejor:
- Luis Tosar
- El temple de Balagueró tras las cámaras
- El in crescendo de la historia, culminado con un final realmente perturbador

Lo Peor:
- Algunas pequeñas deficiencias en su guión que le restan solidez (EL SEPTIMO ARTE).



Más de 15 años de experiencia dedicados casi en exclusiva al cine de género han dado a Jaume Balagueró las tablas y la confianza para firmar su película más libre, más osada. Con la seguridad del que conoce tan bien los códigos del terror y del suspense que puede permitirse el lujo de subvertirlos, el codirector de [REC] (2007) propone un thriller de trazo polanskiano que destaca por su sólido protagonista, el fascinante universo construido en torno a él (como en El quimérico inquilino y La Comunidad, el edificio donde se sitúa la acción es un microcosmos vivo y chalado) y el modo (inesperado, escurridizo, malsano) en que personaje y entorno se relacionan. Con la complicidad de Luis Tosar, perfecto en la piel del malo, Balagueró crea uno de los villanos más carismáticos del cine reciente. Se distingue por su contundente presencia, alimentada por escenas de terror que se prevén icónicas (el protagonista y los botes de roll-on o el histórico final)Pero, sobre todo, destaca por cómo está formulada su maldad: en una apuesta ciega por el género puro, el director esquiva justificaciones y concesiones. Idea un malo brutal y sin coartadas; y, a partir de los siniestros mecanismos de la mente del protagonista, nos introduce en una pesadilla tan agónica como magnética, entre la realidad más sórdida y la ensoñación psicótica.(FOTOGRAMAS).

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