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viernes, 11 de noviembre de 2011

5 METROS CUADRADOS



Película: 5 metros cuadrados. AKA: Cinco metros cuadrados. Dirección:Max LemckePaís: EspañaAño: 2011. Duración: 91 min. Género: Drama,comediaInterpretación: Fernando Tejero (Álex), Malena Alterio (Virginia), Manuel Morón (Arganda), Secun de la Rosa (Nacho), Emilio Gutiérrez Caba (Montañés), Jorge Bosch (Toño). Guion: Pablo Remón y Daniel Remón.Producción: Isabel García Peralta. Música: Fernando Velázquez. Fotografía: José David Montero. Montaje: Laurent Dufreche y Ascen Marchena. Dirección artística: Javier Fernández. Vestuario: Helena Sanchís. Distribuidora: A Contracorriente FilmsEstreno en España: 11 Noviembre 2011Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.

Álex y Virginia, una pareja con planes de boda, compran un piso sobre plano a las afueras de una gran ciudad. Reúnen todos sus ahorros para pagar la entrada, más una hipoteca a cuarenta años. Cuando sólo faltan unos meses para la entrega de los pisos, paran las obras y precintan la zona. Álex quiere una solución y hará lo que sea para conseguir su casa y tener la vida que había soñado.


...'Cinco metros cuadrados', CMC para los amigos, no sólo es una película española sino que además lo es con orgullo, el mismo que esgrime sin ocultarse en beneficio de posibles ventas internacionales y por el que más de uno la rechazará de inicio sin darle la oportunidad de ser rechazada por méritos propios, si acaso y llegado el caso, y haciendo malo el dicho aquel de que pagan justos por pecadores. Y lo es desde el punto de vista de que toma un pedazo de la realidad que nos rodea, la de esta tierra que ha algunos nos gusta considerar algo llamado España, y la interpreta de una forma tan cercana a nosotros que parece como si fuera, durante el 90% de su metraje, tan real como la de verdad de la buena, la que al sacar la mano por la ventana podemos tocar. ¿Cuántas veces vemos alguna que otra película sin entender según qué cosas? ¿Cuántas veces, por ejemplo, nos hemos preguntado que si de verdad será tan estúpida como parece la vida en los institutos norteamericanos?

El problema de 'Cinco metros cuadrados', donde ya ni es amiga ni CMC, es que es tan cercana en cuerpo y alma que lo que luce como drama en la gran pantalla es accesible como tragedia en la vida diaria, una de tantas en la que un final que se sale por la tangente y haría las delicias del Joliwoó más rancio no tiene por qué salir al rescate de su en esta ocasión excelente protagonista, un Tejero que demuestra que además de dar el pego como portero en televisión también puede actuar, si se lo propone, que lo suyo con Malena Alterio es algo más que química, y que junto a José y Luis son una terna, palabra que hoy sí que uso como es debido, muy decente para dar la cara ante el cabezón. Cuando a una la catalogan como la gran triunfadora de algo, ya sea donde sea aunque más si el asunto suena tan serio como Málaga, peligroso se queda corto ante las posibles expectativas que puedan surgir de la alfombra roja; 'Cinco metros cuadrados' cumple, tal vez sin rematar, sin merecerse ese "gran"... pero que nos quiten lo bailado.

CMC, y aquí sí es una amiga, es una producción dueña de una inteligente puesta en escena, con buena caligrafía, un reparto ejemplar, un ritmo muy fluido y un montaje muy hábil a la hora de ignorar perfectamente los tiempos muertos de un guión muy conciso, claro y medido que dan lugar a una narración donde no hay nada de grasa, superfluo, y a la que tan sólo le sobran los últimos minutos, un final que no muy amigable demasiado efectista que se sale por la tangente y resquebraja la sensación de falso docudrama conducido por mano sobria que hasta ese momento predominaba, y que nos devuelve antes de tiempo a la realidad de una sala de cine. Lástima que Max Lemcke no haya sabido cerrar con la misma solvencia con la que ha sabido desarrollar un filme siempre interesante del que no obstante podemos seguir extrayendo una más que temible moraleja "como la vida misma": que al igual que ya ocurriera con 'Margin Call' o 'The Company Men' nadie sigue sin saber dar un final creíble y convincente a la llamada (y padecida) crisis...(EL SEPTIMO ARTE).

Con Casual Day (2007), Max Lemcke encontraba el chiste gracioso y amargo riéndose de la corbata que nos estrangula en nuestro día a día de oficina. Le daba seriedad a Camera Café y, al mismo tiempo, recuperaba el humor de Azcona y Berlanga.Ahora, los hermanos Remón (también responsables del guión de Casual Day) yLemcke repiten fórmula con la misma mala uva, pero un reparto menos coral, más compromiso y cambio de entorno. De la oficina, nuestra segunda casa, se trasladan al hogar, o más bien, a la imagen idealizada que tiene la gran parte de la sociedad actual de lo que sería su hogar: un pisito nuevo en propiedad en los nuevos barrios aún por construir de las grandes ciudades, con sus zonas comunes, jardines, piscinas… y sus andamios porque, claro, la burbuja ha explotado y Virginia Álex, los dueños de estos 5 metros cuadrados, han metido la pata hasta el fondo comprando sobre plano. La trampa mortal de esta crisis que aún resufrimos.
Con esa crítica a nuestro maltrecho y corrupto mercado inmobiliario, a esta sociedad empeñada en comprarse una casa, 5 metros cuadrados entronca directamente con Azcona, Ferreri y su pisito,jugando con el drama de la incapacidad de conseguir una vivienda digna (más difícil para una pareja joven) y el humor negro de las situaciones que desencadena tanta desgracia. Y mientras en la comedia la película se asienta sobre unos cimientos sólidos (la pareja Alterio-Tejero siempre funciona), con el drama (y ese final), la estructura se tambalea, a pesar de contar con el mejor Fernando Tejero visto hasta ahora, que precisamente destaca en el conflicto dramático.(CINEMANIA)

Si, en Casual Day, Max Lemcke dejaba entrever su interés por escudriñar en los rincones oscuros de una realidad tercamente diferente a la habitual en el cine español, no otra cosa es lo que hace en su segundo largometraje comercial: contar la vida de dos asalariados que, felices porque han logrado por fin comprar un piso, se toparán de bruces con una estafa que los arrojará en manos de lo imprevisto, primero, y que literalmente acabará con la vida tal como la conocían hasta ese momento.
Los personajes aquí abordados son cualquier cosa menos glamourosos. Sudan, trabajan, sufren, son engañados, se rebelan: como en la vida misma. Lemcke ajusta las cuentas con el boom inmobiliario, con sus impresentables beneficiarios, con los políticos venales que les bailan el agua y facilitan la tarea; y en el fondo, con una sociedad cuya rebeldía queda apagada por el miedo a perder los cinco metros cuadrados en los que arrastren sus míseras existencias.
En ocasiones, los personajes resultan casi patéticos, pero hay que agradecerle al director que jamás ceda ante la tentación de la facilidad, del populismo del final feliz y aquí
no ha pasado nada.(FOTOGRAMAS).

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