viernes, 30 de diciembre de 2011

DRIVE




Película: Drive. Dirección: Nicolas Winding RefnPaís: USAAño: 2011.Duración: 102 min. Género: DramathrillerInterpretación: Ryan Gosling  (Driver), Carey Mulligan (Irene), Ron Perlman (Nino), Christina Hendricks  (Blanche), Bryan Cranston (Shannon), Oscar Isaac (Standard), Albert Brooks (Bernie Rose), Kaden Leos (Benicio), James Biberi (Chris Cook).Guion: Hossein Amini; basado en la novela homónima de James Sallis. Producción:Marc Platt, Michael Litvak, Gigi Pritzker, Adam Siegel y John Palermo. Música: Cliff MartinezFotografía: Newton Thomas Sigel. Montaje: Mat Newman. Diseño de producción: Beth Mickle. Vestuario: Erin Benach. Distribuidora: Buena Vista International Spain.  Estreno en USA: 16 Septiembre 2011. Estreno en España: 28 Diciembre 2011Calificación por edades: No recomendada para menores de 18 años.


Driver es un conductor especialista de cine por el día y un conductor para fugas por la noche. Pero no importa el trabajo que tenga que hacer porque Driver se siente siempre a gusto detrás del volante. Shannon es mentor de Driver a la vez que su jefe. Desde que se dio cuenta del talento de Driver al volante, le busca directores de cine y televisión para sus películas o criminales que necesiten al mejor conductor para sus fugas, llevándose una comisión en ambos casos. Pero el mundo de Driver cambia el día que se encuentra con Irene.


Drive es una muy buena película de acción e intriga con cine negro en sus entrañas.
Encaja perfectamente en la filmografía europea del director, Nicolas Winding Refn, tanto en lo narrativo como en su protagonista y su forma de abordar estéticamente el cine policíaco. Esto es: en sus antecedentes en  el seno del cine policíaco más negro rodado en Dinamarca con Pusher, un paseo por el abismo y Con las manos ensangrentadas, en la película que rodó en Inglaterra, Bronson. Y no defrauda las  buenas expectativas que habían sembrado esos trabajos anteriores.
El traslado a Estados Unidos no le ha robado un ápice de fuerza y estilo al director danés, que se acopla con solvencia a las claves del cine de género hecho al otro lado del Atlántico sin renunciar a sus claves. En el tratamiento del paisaje urbano como  personaje desolado y solitario sumido en la noche que muestra al principio se acumulan ecos del paisaje que rodeaba la secuencia del robo de coches de Con las manos ensangrentadas, por poner un ejemplo de parentesco inmediato que integra rápidamente Driver en la filmografía del director al que se suman otras claves claras de autoría en el abordaje visual de sus fábulas. Entre las mismas tiene especial significado por el tema que aborda esta película esa especie de nostalgia por un tipo concreto de cine de los ochenta que en el tratamiento de los personajes, sus relaciones, sus conflictos, las situaciones que los rodean, recuerda películas como Elígeme (1984) oInquietudes (1985), de Alan Rudolph. Ambas eran también historias de triángulo sentimental y relaciones cruzadas, como Drive. Esa nostalgia por un cierto tipo de cine de los ochenta es  elemento destacado del relato por la ocupación anterior del antagonista, Bernie Rose (Albert Brooks): “Antes producía películas… en los 80. De acción, sexys… Alguien las llamó europeas. Yo pensaba que eran una mierda”. Las dos películas de Alan Rudolph citadas bien podrían servir como ejemplo. Esa nostalgia por el cine ochentero se manifiesta en la música y su uso. Compone Angelo Badalamenti, autor de la partitura de películas igualmente representativas de ese tipo de cine de género pero con personalidad de cine de autor, como Terciopelo Azul oCorazón salvaje. Igualmente ochentero es el trabajo con el color y el estilo de las letras en la presentación de la película.
Este toque nostálgico estaba ya presente en cierto modo en la forma en la que el realizador planteó sus películas anteriores, todas ellas centradas en el tema del control, recurrente en toda su filmografía. Todos su protagonistas son antihéroes que pelean para retener el control de sus vidas, caso del personaje encarnado por Ryan Gosling en Drive, o para alcanzar controlar sus vidas, como el personaje que interpretara Mads Mikkelsen tanto en Con las manos ensangrentadas como en Vallhalla Rising, la interesante variante de cine de aventuras y road movie con vikingos descubriendo América al estilo de Aguirre o la cólera de Dios, de Werner Herzog,
Esa especie de retorno al cine de los ochenta recuerda algunos de los ejemplos más destacados y con personalidad cocinados en el cine de ésa época con cierta independencia de la fórmula de explotación más adocenada de los grandes estudios, como Hunter, cazador de hombres, la primera aparición de Hannibal Lecter en la pantalla grande, dirigida por Michael Mann, o Vivir y morir en Los ángeles, dirigida por William Friedkin, ambas con William L. Petersen, posteriormente consagrado como estrella de la pequeña pantalla por su papel de Grissom en la serie CSI, como protagonista. De hecho en lo referido a secuencias de acción y persecución con automóviles no cabe duda que Drive se mueve entre dos títulos principales.Bullit, protagonizada por Steve McQueen y dirigida por Peter Yates en 1968 es su antepasado más remoto, al que le debe mucho, especialmente en la planificación, montaje y uso del sonido de todas las secuencias relacionadas con acción y automóviles. Drive incluso reproduce la célebre secuencia de persecución automovilística con el ruido del motor acompañando la acción que cambió radicalmente la manera de plantear las secuencias de acción en el cine policíaco norteamericano. Me refiero a la persecución después del atraco.
A ésta le seguiría una de las mejores muestras de actualización de las claves del cine negro que dio Hollywood en los años setenta, Driver, dirigida por Walter Hill en 1978, con la que además del título tiene otras muchas similitudes, tanto en sus personajes y secuencias de acción como en su manera de entender el relato de serie negra.
Nicolas Winding Refn nos mete en una historia donde deja claro desde el principio que va a jugar con el espectador confundiéndonos en una trama donde nada ni nadie es exactamente lo que parece. La escena en la que vemos aparecer al protagonista con el uniforme de policía es sobradamente elocuente en ese sentido. El director pone claramente las cartas sobre la mesa para que nadie se llame a engaño. De hecho, su abordaje de la historia con las claves visuales y musicales del cine de los ochenta no tarda en revelarse como otra falacia, porque rápidamente la película cobra su propia personalidad y estilo plenamente asociado a las propuestas audiovisuales propias de nuestro tiempo.  Ese plano en movimiento en el que  vemos a una maquilladora dándole lo últimos toques al actor-policía calvo frente al espejo y éste se transforma en Gosling poniéndose la máscara para ejercer como doble de la estrella es plenamente actual, nos sitúa de inmediato en 2011, y de paso da un montón de información sobre el personaje sin una solo línea de diálogo. Sumido en la mentira del cine, donde ejerce como doble de acción, el conductor al que vemos participar en un robo en el arranque de la película está, como Alicia en el País de las Maravillas, saltando continuamente a un lado y otro del espejo, que marca la frontera entre la ley y el crimen. Nicolás Winding Refn sitúa así al Conductor encarnado por Gosling (el personaje que interpretara Ryan O´Neal  también era conocido únicamente por su “oficio”,  el Conductor…) entre dos mundos.
De la habilidad con la que el director construye visualmente la narración de su película es otra buena prueba la primera conversación entre Irene (Carey Mulligan) y el Conductor, con ese plano en el que la vemos a ella dominando la izquierda de la imagen pero además introduce el rostro de él en el pequeño espejo en el que también está la foto con la chica, su hijo y el padre del niño. Todos los personajes claves del relato reunidos en un solo plano donde además se anticipa toda la telaraña de complejas relaciones y afectos que preside el resto del relato. Otro ejemplo es como introduce el personaje del marido en el relato, en la escena en la que ella se está preparando para salir con él frente al espejo tras la llegada de la niñera,  suena el teléfono, y pasa en una elipsis al interior del coche, donde ella explica que quien llamaba era el abogado de su marido para decirle que éste volverá a estar en sus vidas en el plazo de una semana. Un trabajo de fluidez narrativa ejemplar, haciendo uso de la elipsis y del flash forward, rompiendo en ese fragmento el normal orden cronológico del relato al objeto de proporcionarle la necesaria relevancia a esos momentos e informaciones claves. Volverá a jugar con esa ruptura cuando acuerdan el golpe con el tipo  al que el marido debe dinero, antes de volver a la reunión familiar, dejando claro otro referente curioso del argumento: el western Raíces profundas. El Conductor es en definitiva una variante moderna del pistolero Shane que interpretará en ese clásico del cine del oeste Alan Ladd.
Si a eso añadimos la manera que tiene de introducir la violencia en escenas tan sobresalientes como la del motel o la del ascensor, queda claro que conviene seguirle la pista a Nicolas Winding Refn, que promete darnos muchos  buenos ratos de cine policíaco con madurez y solvencia en el futuro.(REVISTA ACCIÓN).



Como ya demostró en sus películas previas –la trilogía PusherBronsonValhalla Rising–, los hombres brutales en situaciones desesperadas son materia prima predilecta para el director Nicolas Winding Refn, que continúa esa fijación en Drive. Aquí el conductor (Ryan Gosling) es un lobo solitario, un tipo regido por rituales rigurosos y estrictos códigos de conducta de los que dependen el mantenimiento de su control, su estabilidad y su seguridad. Sumido en esa melancólica integridad digna del samurai de Jean-Pierre Melville, poseído de portentosas habilidades al volante y capaz tanto de la más tierna delicadeza como de la más espantosa brutalidad, el conductor no es sino un tipo de caballero andante –posee hasta su propio emblema heráldico, en forma de escorpión dorado estampado a la espalda de su cazadora plateada– que ya conocemos gracias a cientos de películas. 
Y es que Drive está cómodamente instalada en un universo estrictamente fílmico. De hecho, replica alegremente muchos elementos del cine de acción de los 80 aunque, que quede claro, trasciende el cliché. Su meta es abrazar el mito, tomar una narrativa puramente trash y reconfigurarla como alta cultura, amenazante, sofisticada y esplendorosa hasta decir basta. Drive es el actioner tratado como arte y ensayo. 
Estructuralmente, la larga batalla del conductor en pos de un salvoconducto –o, en otras palabras,  su intento de alejar el horror de Irene (Carey Mulligan) y su familia– es como un coche que acelera una y otra vez de cero a 100 y de nuevo a cero: las escenas arrancan silenciosas, estallan con ruido y furia y entonces vuelven a callar. Las grandes secuencias de acción irrumpen quebrando la atmósfera como un trueno. La violencia resulta irrisoria, no tanto porque sea excesiva sino por cómo pulveriza la fachada de blindada impasibilidad del conductor. Ese componente exploitation es un contrapunto al clasicismo dramático de la película y, a la vez, un antídoto contra su claro sentimentalismo: en un mundo tan bestial poco espacio hay para el amor o la redención.
Mientras nos convence de ello, Refn convierte Drive en una obra completamente hechizante en buena medida gracias a los detalles visuales y sonoros en las sombras de dos hombres dispuestos a rajarse, en un coche que vuela por los aires al fondo de la acción, en un ominoso paseo por la centelleante entrada de un club de striptease. Esas imágenes confirman al filme como poco más que un ejercicio de estilo, pero uno deslumbrante, un testimonio de la atracción fundamental que ejercen los coches rápidos, los hombres peligrosos y el tipo de extraordinaria tensión que nos ahoga como una mano apretada sobre la garganta. Gracias a ella, por lo menos media docena de escenas de esta película quedarán marcadas a fuego en la memoria cinéfila colectiva de por vida. Sobre todo ese momento crucial en un ascensor, que ejemplifica el brillante manejo de Refn del contraste entre la luz y la oscuridad –en sólo unos segundos, se dan de la mano el momento más puramente tierno de la película y el más zopenco–, y que, en última instancia, nos recuerda la sensación que ir al cine puede llegar a provocar, la que debería provocar. Uno sale del cine temblando.  (CINEMANIA).




Desde que aparecen los créditos en rosa fucsia con una música que parece firmada por Tangerine Dream, 'Drive' resucita a los clásicos. Desde el 'Driver' (1978) de Walter Hill hasta el 'Vivir y morir en Los Ángeles' (1985) de William Friedkin, de un cine que puso al día el código de honor del samurái de Melville sentándolo al volante de un thriller urbano, abstracto y reducido a sus esencias. La primera aventura americana del danés Nicolas Winding Refn es deliberadamente derivativa: sus referentes brillan en la superficie, las cartas están sobre la mesa.
Sin embargo, la autoconsciencia de la apuesta de 'Drive' no quita peso específico a la brillantez de su carrocería ni a la potencia de su motor: Winding Refn se desenvuelve especialmente bien en las persecuciones, que despertarían la envidia del mismísimo Michael Mann, y en los bruscos cambios de tono, que definen a su héroe como un caballero andante tan romántico como demoledor. Gosling es una estatua de sal que secundarios de la talla de Albert Brooks o Ron Perlman intentan erosionar sin éxito: su estoicismo es la columna vertebral de la película, un reluciente ejercicio de género retro que en su nada disimulada nostalgia expresa la ansiedad de cierto cine contemporáneo por reafirmar su estilo mirando por el retrovisor.(FOTOGRAMAS).

viernes, 16 de diciembre de 2011

MISIÓN: IMPOSIBLE- PROTOCOLO FANTASMA




Película: Misión: Imposible – Protocolo Fantasma. Título original: Mission: Impossible – Ghost Protocol. AKA: Misión imposible 4. Dirección: Brad Bird.País: USAAño: 2011. Duración: 133 min. Género: Acciónthriller.Interpretación: Tom Cruise (Ethan Hunt), Jeremy Renner (William Brandt),Paula Patton (Jane Carter), Simon Pegg (Benji Dunn), Josh Holloway  (Trevor Hanaway), Michael Nyqvist (Kurt Hendricks), Léa Seydoux (Sabine Moreau),Vladimir Mashkov (Anatoly Sidirov), Anil Kapoor (Brji Nath), Tom Wilkinson (Secretario del FMI). Guion: Josh Appelbaum y André Nemec; basado en la serie de televisión creada por Bruce Geller. Producción: J.J. Abrams, Bryan Burk y Tom Cruise. Música:Michael GiacchinoFotografía: Robert Elswit. Montaje: Paul Hirsch. Diseño de producción: James D. Bissell. Vestuario: Michael Kaplan. Distribuidora: Paramount Pictures SpainEstreno en USA: 21 Diciembre 2011. Estreno en España: 16 Diciembre 2011Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.


En “Misión: Imposible – Protocolo Fantasma” (popularmente conocida como “Misión imposible 4″), el agente Ethan Hunt, acusado de un atentado terrorista con bombas contra el Kremlin, es desautorizado junto con el resto de la organización al iniciar el Presidente el “Protocolo Fantasma”. Abandonado a su suerte y sin recursos, Ethan tiene que encontrar el modo de rehabilitar el buen nombre de su agencia e impedir un nuevo ataque. Para complicar aún más las cosas, Ethan se ve obligado a embarcarse en esta misión con un equipo de compañeros del IMF fugitivos, cuyos motivos personales no conoce del todo.


........Aunque no siempre se practique ni se aplique en la misma proporción -a todos nos sonará el "para ser de... no está mal"-, conviene tener en cuenta las aspiraciones de cualquier película a la hora de valorarla, especialmente si como es el caso se pretende transmitir algún tipo de recomendación fundamentada que trascienda de la retórica siempre susceptible del artículo de opinión en que terminan siendo no pocas críticas. Y de igual manera que hay buenas y no tan buenas críticas al margen de la calidad de la película usualmente degollada, hay buenas y no tan buenas películas al margen de su género, raza o condición que lo son, básicamente, porque lo son... independientemente de esa política que pocas veces es correcta. Y si bien cuesta considerar a según qué películas tan buenas como otras que pueden llegar a serlo de manera digamos que menos reticente, esta doble vara de medir no debiera de ser relevante a la hora de valorar por igual lo que en resumen genera un mismo resultado, gente saliendo con cara de gilipollas de una sala de cine... pero de gilipollas feliz, contento, no como si hubiera visto algún engendro demencial tipo 'Off' o similar.

Teniendo en cuenta las aspiraciones e intenciones de 'Misión: Imposible. Protocolo Fantasma' no cabe sino catalogar a esta cinta de excelente; sin tenerlas en cuenta tal vez debamos reducir la tasación a un notable pongamos que alto, y aunque sea porque "sólo" es una de acción... aunque no sea "sólo" una de acción la que para un servidor es ya una de las imprescindibles del año (al menos en su especie). En 'M:I-4' no sólo encontramos "una de acción" resuelta con maestría por un Brad Bird que engrandece su nombre a cada nuevo filme, también tiene cabida una notable cinta hecha por y para adultos que respeta a un espectador contribuyente al que regala un espectáculo de primera categoría y sin altibajos tremendamente efectivo en el que se entrecruzan con pasmosa fluidez, ritmo y naturalidad la acción con el drama, la comedia y el suspense todo ello perfectamente dosificado (véase las excelentes secuencias dentro y fuera del Burj Khalifa), y en donde todas sus escenas de acción -de una fisicidad sorprendente y muy de agradecer en alguien curtido en lo digital como Bird- resultan tan convincentes como para apretujarnos en la butaca sin necesidad de recurrir a excesos evidentes o posados cara a la galería del estilo a 'Fast & Furious'... siempre y cuando pasemos por alto, evidente resulta, que en la gran pantalla hay a quien el airbag de un coche le puede salvar de una caída mortal de 100 metros, que ya se sabe de esa magia del cine como bien nos enseñó John McTiernan con 'El último gran héroe'......(EL SEPTIMO ARTE).


Misión: Imposible, la serie televisiva creada por Bruce Geller en 1966, contaba la historia de un grupo teatral especializado en representaciones de riesgo en el inestable escenario de la Guerra Fría. Así lo entendió Brian De Palma al dirigir la primera entrega de la saga cinematográfica… hace ya quince años: en los primeros minutos de su película, procedía a desmantelar una de esas pantomimas para, acto seguido, reivindicar la set-piece de acción como nueva figura retórica dominante a la hora de sentar las bases de una nueva franquicia de multisalas.
En “Misión: Imposible: Protocolo fantasma”, Brad Bird parece tan consciente de esos orígenes como del horizonte de expectativas que levanta cada nueva entrega de la saga: uno de sus momentos más insólitos –e inspirados- viene a ser una suerte de vodevil de espías, fragmentado en dos plantas de un hotel de Dubai –Geller cruzado con Alan Ayckbourn-, pero el conjunto acaba adoptando la forma de milhojas de set-pieces sustentado por una narrativa delgadísima, meramente funcional. Sin duda, lo más frustrante de este producto impecable como blockbuster –da lo que pide el público de la mejor manera posible, pero sin ningún valor añadido- es comprobar cómo un animador del calibre de Bird opta por el esperanto del cine acción como no-estilo.(FOTOGRAMAS).



Tom Cruise regresa a su franquicia por la puerta grande. Si por algo se ha caracterizado casi siempre el popular actor, una de las estrellas más importantes de Hollywood, es por ser uno de los más listos de la clase, un personaje astuto e inteligente que sabe identificar los vaivenes del mundillo para ofrecer al público lo que desea ver. Por eso ha funcionado tan bien la franquicia Misión Imposible en cine, por esa inteligencia como productor a la hora de asociarse con lo que más interesante resultaba en cada momento para atraer al público a las salas. Lo hizo en su momento con Brian de Palma, con John Woo y en estas dos últimas entregas, con J.J. Abrams y su gente.
Cruise sabe perfectamente que su imagen está dañada de cara al público (sobre todo el americano), más aún desde sus salidas de tono en ciertos programas televisivos y sus controvertidas opiniones sobre religión. Hubo un momento en el que se había convertido para el público en un personaje antipático y la tibia acogida de un producto como Noche y Día demuestra que el actor no estaba pasando por su mejor momento. Por eso MI4 llega en el mejor momento posible y por eso el actor ha escuchado a la gente para hacer virar la saga hacia lo que el público realmente quiere ver en ella. La anterior entrega, pese a sus casi 150 millones recaudados sólo en Norteamérica, no fue el éxito que se esperaba y por ello los cambios están ahí y son palpables desde las primeras imágenes de la película.
La asociación con Abrams, que dirigió la tercera entrega, tampoco es casual y permite a esta cuarta entrega aprovecharse de un elemento casi televisivo que funciona en muchas franquicias. La continuidad. Hay una continuidad visual, temática y argumental que las anteriores películas no tenían, con sus repetidos cambios de equipo, de historia y de personajes. Aquí se mantienen muchos de esos elementos, aunque se reserven algunos como factor sorpresa, y lo que se añade le permite a la película crecer con respecto a su predecesora para crear un espectáculo visual de primer orden con el que pasar un magnífico rato estas navidades.
Con respecto a eso MI4 tiene muy claro qué película es o quiere ser y a qué público va destinado. Es cine de espías y de acción en la línea de las últimas entregas de James Bond o la saga de Jason Bourne, pero con el referente de Alias como principal ejemplo a seguir. Cine de palomitas. Puro entretenimiento sin más. No hay que pedirle peras al olmo, lógicamente. Pero dentro de ese género al que pertenece, la película funciona como un reloj suizo y ofrece un entretenimiento magnífico durante sus más de dos horas de duración. De ahí sus cuatro estrellas. Y lo hace apoyándose en el saber hacer de todos los responsables de la misma.
Si siempre le habíamos achacado a la saga su poca relación real con la serie que le da nombre, más que nada por el protagonismo estelar de Tom Cruise y la ausencia de un auténtico equipo encargado de las misiones (algo que en la anterior película quedaba más o menos arreglado), aquí la estrella de Hollywood ha sabido leer eso y cede parte de su protagonismo al equipo que le acompaña, dejando así que sus personajes nunca abandonen la acción y sean parte imprescindible de la misma de principio a fin. Por supuesto él sigue llevando la voz cantante y nadie le va a disputar el puesto al frente de la película, pero el peso de sus compañeros es muchísimo mayor en esta entrega.
Y ha sabido elegir su compañía a la perfección. Simon Pegg repite y aporta ese tono de humor y locura tan habitual en sus películas, que reina en todo el metraje, dejando claro que esto es una cuarta entrega. Mucho más humor y pocas ganas de tomarse en serio a sí mismos. El problema de Jeremy Renner es que es tan rematadamente bueno que se come a quien le pongan por delante, incluida la estrella de la función. Paula Patton no termina de encajar en el equipo, sin embargo. Algo que los villanos bordan, por ejemplo, con Michael Nyqvist y Lea Seydoux a la cabeza. De hecho la asesina de Seydoux aporta la perversión y el encanto necesarios para hacer de un personaje breve uno que se recuerda al salir de la película.
Brad Bird dirige su primera película con actores de carne y hueso y sabe lo que se hace. Las escenas de acción están pulcramente rodadas, tienen adrenalina de sobra y, lo más importante, uno ve perfectamente lo que sucede en pantalla. Escenas como la persecución entre la tormenta de arena, la escalada al edificio o el final de la película, son espectaculares a más no poder. Su trabajo junto al de los guionistas, además, se encarga de dar vida a los personajes, dejando que todos ellos, incluyendo secundarios, tengan algo que mascar, una historia, un drama, un pasado. Eso los hace más interesantes y destaca sobre todo con los personajes de Renner y Patton.
Sí, es cierto que la acción se sale de madre y que los huesos de Ethan Hunt son de goma y nunca se rompen. Pero eso viene sucediendo desde la primera entrega. Son las reglas del juego. Quien no las aceptase antes, no lo hará ahora. Y viceversa.
Esto es cine de palomitas, cine espectáculo, pero de lo mejor que podemos encontrar en los cines. Desde los primeros compases en la cárcel rusa al brutal ataque en el Kremlin. Es interesante, intrigante (el hecho de ver al equipo sin apoyos y jugándoselo todo a una carta ayuda mucho), divertida (nunca se termina de tomar en serio a sí misma) y muy entretenida. Aunque el final en Seattle le suponga una bajada de pantalones. Aunque la acción sea tan espectacular como inverosímil. Esto es Misión Imposible. Creo que todos sabemos a lo que venimos. Y pocos pueden sentir que han tirado el dinero.(REVISTA ACCIÓN).



.........Tom Cruise, a quien no se le puede negar su pasión profesional y eficacia comercial, se entrega nuevamente a su personaje con la inteligencia suficiente para dejar espacio a sus compañeros de reparto, unos sobradamente solventes Paula PattonSimon Pegg y Jeremy Renner ─este último, verdadera puerta abierta a la continuación de la saga como inseparable del jefe de equipo─ que sostienen un armatoste conscientemente orquestado en su recorrido del orbe ─Moscú, Dubai, Bombay…─ realzando su vocación comercial de herramienta de entretenimiento multicultural. Sin violencia excesiva, con un saludable sentido del humor y sin abandonarse demasiado a su propia tendencia al desbarre estructural, “Misión: Imposible ─ Protocolo Fantasma” es una buena noticia, de cara al presente y al futuro del serial y de las esperanzas del tambaleante y tantas veces hueco séptimo arte industrial.(LA BUTACA).



Hay que hacerse a la idea de que la versión de 1996 de Brian de Palma ya es historia. El único que sobrevive (y van cuatro) es Ving Rhames, que en estaProtocolo Fantasma parece un ídem. Sólo se entiende su cameo si se estrena una quinta parte. Y tiene toda la pinta.Tom Cruise, a sus 50 años, sigue en plena forma. Qué mejor campaña publicitaria que anunciar que te vas a descolgar del edificio más alto del mundo, sin extras y con un par de… guantes. Uno de ellos le falla. Como ya le avisó el personaje de Simon Pegg si el color cambia del azul al rojo: “Mueres”. Dicho así tiene menos gracia que en boca de Pegg que logra, junto a Jeremy Renner –uno de esos actores más aplaudidos e impasibles– formar uno de esos tándems del humor que tan bien complementan en las pelis de acción.Como toda la secuencia de la turbina, un guiño Scary Movie a la escena más emblemática de la primera parte de la saga. Porque Misión: Imposible vuelve de nuevo a repetir lo que funciona en el cine del “mil metros” Cruise. Esto es: explosiones, carreras, persecuciones en coche, saltos de edificios, más carreras, más explosiones y más saltos. No hay casi patadas a lo Matrix ni una mujer a la que seducir como en la versión de John Woo (Ethan Hunt sigue enamorado). Y peor que las Fallas de Valencia en Sevilla, imposible. Por eso, para disfrutar esta cuarta entrega hay que remontarse sólo a la anterior, la dirigida por J. J. Abrams en 2006, que para eso produce ésta. Si allí subía a Tom Cruise a la azotea del edificio más alto de Shanghai, aquí lo hace en el Burj Khalifa. Eso es Misión: Imposible. Cada vez más alto. Sin límites. Tal vez por eso contratase a Brad Bird, especialista en dibujos animados. Sólo a él se le ocurriría la secuencia de los coches aparcados que suben y bajan, recordando a las puertas deMonstruos S.A. Lo mejor: esa pelea entre la leona Paula Patton –reinventa a Matahari y bien podría ser chica Bond– y la fría Léa Seydoux, más obsesionada por los diamantes que Marilyn. Y como me quedan unas cuantas líneas, reivindico a Josh Holloway. ¿De verdad costaba tanto haberle dejado vivir? (CINEMANIA).