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viernes, 30 de diciembre de 2011

DRIVE




Película: Drive. Dirección: Nicolas Winding RefnPaís: USAAño: 2011.Duración: 102 min. Género: DramathrillerInterpretación: Ryan Gosling  (Driver), Carey Mulligan (Irene), Ron Perlman (Nino), Christina Hendricks  (Blanche), Bryan Cranston (Shannon), Oscar Isaac (Standard), Albert Brooks (Bernie Rose), Kaden Leos (Benicio), James Biberi (Chris Cook).Guion: Hossein Amini; basado en la novela homónima de James Sallis. Producción:Marc Platt, Michael Litvak, Gigi Pritzker, Adam Siegel y John Palermo. Música: Cliff MartinezFotografía: Newton Thomas Sigel. Montaje: Mat Newman. Diseño de producción: Beth Mickle. Vestuario: Erin Benach. Distribuidora: Buena Vista International Spain.  Estreno en USA: 16 Septiembre 2011. Estreno en España: 28 Diciembre 2011Calificación por edades: No recomendada para menores de 18 años.


Driver es un conductor especialista de cine por el día y un conductor para fugas por la noche. Pero no importa el trabajo que tenga que hacer porque Driver se siente siempre a gusto detrás del volante. Shannon es mentor de Driver a la vez que su jefe. Desde que se dio cuenta del talento de Driver al volante, le busca directores de cine y televisión para sus películas o criminales que necesiten al mejor conductor para sus fugas, llevándose una comisión en ambos casos. Pero el mundo de Driver cambia el día que se encuentra con Irene.


Drive es una muy buena película de acción e intriga con cine negro en sus entrañas.
Encaja perfectamente en la filmografía europea del director, Nicolas Winding Refn, tanto en lo narrativo como en su protagonista y su forma de abordar estéticamente el cine policíaco. Esto es: en sus antecedentes en  el seno del cine policíaco más negro rodado en Dinamarca con Pusher, un paseo por el abismo y Con las manos ensangrentadas, en la película que rodó en Inglaterra, Bronson. Y no defrauda las  buenas expectativas que habían sembrado esos trabajos anteriores.
El traslado a Estados Unidos no le ha robado un ápice de fuerza y estilo al director danés, que se acopla con solvencia a las claves del cine de género hecho al otro lado del Atlántico sin renunciar a sus claves. En el tratamiento del paisaje urbano como  personaje desolado y solitario sumido en la noche que muestra al principio se acumulan ecos del paisaje que rodeaba la secuencia del robo de coches de Con las manos ensangrentadas, por poner un ejemplo de parentesco inmediato que integra rápidamente Driver en la filmografía del director al que se suman otras claves claras de autoría en el abordaje visual de sus fábulas. Entre las mismas tiene especial significado por el tema que aborda esta película esa especie de nostalgia por un tipo concreto de cine de los ochenta que en el tratamiento de los personajes, sus relaciones, sus conflictos, las situaciones que los rodean, recuerda películas como Elígeme (1984) oInquietudes (1985), de Alan Rudolph. Ambas eran también historias de triángulo sentimental y relaciones cruzadas, como Drive. Esa nostalgia por un cierto tipo de cine de los ochenta es  elemento destacado del relato por la ocupación anterior del antagonista, Bernie Rose (Albert Brooks): “Antes producía películas… en los 80. De acción, sexys… Alguien las llamó europeas. Yo pensaba que eran una mierda”. Las dos películas de Alan Rudolph citadas bien podrían servir como ejemplo. Esa nostalgia por el cine ochentero se manifiesta en la música y su uso. Compone Angelo Badalamenti, autor de la partitura de películas igualmente representativas de ese tipo de cine de género pero con personalidad de cine de autor, como Terciopelo Azul oCorazón salvaje. Igualmente ochentero es el trabajo con el color y el estilo de las letras en la presentación de la película.
Este toque nostálgico estaba ya presente en cierto modo en la forma en la que el realizador planteó sus películas anteriores, todas ellas centradas en el tema del control, recurrente en toda su filmografía. Todos su protagonistas son antihéroes que pelean para retener el control de sus vidas, caso del personaje encarnado por Ryan Gosling en Drive, o para alcanzar controlar sus vidas, como el personaje que interpretara Mads Mikkelsen tanto en Con las manos ensangrentadas como en Vallhalla Rising, la interesante variante de cine de aventuras y road movie con vikingos descubriendo América al estilo de Aguirre o la cólera de Dios, de Werner Herzog,
Esa especie de retorno al cine de los ochenta recuerda algunos de los ejemplos más destacados y con personalidad cocinados en el cine de ésa época con cierta independencia de la fórmula de explotación más adocenada de los grandes estudios, como Hunter, cazador de hombres, la primera aparición de Hannibal Lecter en la pantalla grande, dirigida por Michael Mann, o Vivir y morir en Los ángeles, dirigida por William Friedkin, ambas con William L. Petersen, posteriormente consagrado como estrella de la pequeña pantalla por su papel de Grissom en la serie CSI, como protagonista. De hecho en lo referido a secuencias de acción y persecución con automóviles no cabe duda que Drive se mueve entre dos títulos principales.Bullit, protagonizada por Steve McQueen y dirigida por Peter Yates en 1968 es su antepasado más remoto, al que le debe mucho, especialmente en la planificación, montaje y uso del sonido de todas las secuencias relacionadas con acción y automóviles. Drive incluso reproduce la célebre secuencia de persecución automovilística con el ruido del motor acompañando la acción que cambió radicalmente la manera de plantear las secuencias de acción en el cine policíaco norteamericano. Me refiero a la persecución después del atraco.
A ésta le seguiría una de las mejores muestras de actualización de las claves del cine negro que dio Hollywood en los años setenta, Driver, dirigida por Walter Hill en 1978, con la que además del título tiene otras muchas similitudes, tanto en sus personajes y secuencias de acción como en su manera de entender el relato de serie negra.
Nicolas Winding Refn nos mete en una historia donde deja claro desde el principio que va a jugar con el espectador confundiéndonos en una trama donde nada ni nadie es exactamente lo que parece. La escena en la que vemos aparecer al protagonista con el uniforme de policía es sobradamente elocuente en ese sentido. El director pone claramente las cartas sobre la mesa para que nadie se llame a engaño. De hecho, su abordaje de la historia con las claves visuales y musicales del cine de los ochenta no tarda en revelarse como otra falacia, porque rápidamente la película cobra su propia personalidad y estilo plenamente asociado a las propuestas audiovisuales propias de nuestro tiempo.  Ese plano en movimiento en el que  vemos a una maquilladora dándole lo últimos toques al actor-policía calvo frente al espejo y éste se transforma en Gosling poniéndose la máscara para ejercer como doble de la estrella es plenamente actual, nos sitúa de inmediato en 2011, y de paso da un montón de información sobre el personaje sin una solo línea de diálogo. Sumido en la mentira del cine, donde ejerce como doble de acción, el conductor al que vemos participar en un robo en el arranque de la película está, como Alicia en el País de las Maravillas, saltando continuamente a un lado y otro del espejo, que marca la frontera entre la ley y el crimen. Nicolás Winding Refn sitúa así al Conductor encarnado por Gosling (el personaje que interpretara Ryan O´Neal  también era conocido únicamente por su “oficio”,  el Conductor…) entre dos mundos.
De la habilidad con la que el director construye visualmente la narración de su película es otra buena prueba la primera conversación entre Irene (Carey Mulligan) y el Conductor, con ese plano en el que la vemos a ella dominando la izquierda de la imagen pero además introduce el rostro de él en el pequeño espejo en el que también está la foto con la chica, su hijo y el padre del niño. Todos los personajes claves del relato reunidos en un solo plano donde además se anticipa toda la telaraña de complejas relaciones y afectos que preside el resto del relato. Otro ejemplo es como introduce el personaje del marido en el relato, en la escena en la que ella se está preparando para salir con él frente al espejo tras la llegada de la niñera,  suena el teléfono, y pasa en una elipsis al interior del coche, donde ella explica que quien llamaba era el abogado de su marido para decirle que éste volverá a estar en sus vidas en el plazo de una semana. Un trabajo de fluidez narrativa ejemplar, haciendo uso de la elipsis y del flash forward, rompiendo en ese fragmento el normal orden cronológico del relato al objeto de proporcionarle la necesaria relevancia a esos momentos e informaciones claves. Volverá a jugar con esa ruptura cuando acuerdan el golpe con el tipo  al que el marido debe dinero, antes de volver a la reunión familiar, dejando claro otro referente curioso del argumento: el western Raíces profundas. El Conductor es en definitiva una variante moderna del pistolero Shane que interpretará en ese clásico del cine del oeste Alan Ladd.
Si a eso añadimos la manera que tiene de introducir la violencia en escenas tan sobresalientes como la del motel o la del ascensor, queda claro que conviene seguirle la pista a Nicolas Winding Refn, que promete darnos muchos  buenos ratos de cine policíaco con madurez y solvencia en el futuro.(REVISTA ACCIÓN).



Como ya demostró en sus películas previas –la trilogía PusherBronsonValhalla Rising–, los hombres brutales en situaciones desesperadas son materia prima predilecta para el director Nicolas Winding Refn, que continúa esa fijación en Drive. Aquí el conductor (Ryan Gosling) es un lobo solitario, un tipo regido por rituales rigurosos y estrictos códigos de conducta de los que dependen el mantenimiento de su control, su estabilidad y su seguridad. Sumido en esa melancólica integridad digna del samurai de Jean-Pierre Melville, poseído de portentosas habilidades al volante y capaz tanto de la más tierna delicadeza como de la más espantosa brutalidad, el conductor no es sino un tipo de caballero andante –posee hasta su propio emblema heráldico, en forma de escorpión dorado estampado a la espalda de su cazadora plateada– que ya conocemos gracias a cientos de películas. 
Y es que Drive está cómodamente instalada en un universo estrictamente fílmico. De hecho, replica alegremente muchos elementos del cine de acción de los 80 aunque, que quede claro, trasciende el cliché. Su meta es abrazar el mito, tomar una narrativa puramente trash y reconfigurarla como alta cultura, amenazante, sofisticada y esplendorosa hasta decir basta. Drive es el actioner tratado como arte y ensayo. 
Estructuralmente, la larga batalla del conductor en pos de un salvoconducto –o, en otras palabras,  su intento de alejar el horror de Irene (Carey Mulligan) y su familia– es como un coche que acelera una y otra vez de cero a 100 y de nuevo a cero: las escenas arrancan silenciosas, estallan con ruido y furia y entonces vuelven a callar. Las grandes secuencias de acción irrumpen quebrando la atmósfera como un trueno. La violencia resulta irrisoria, no tanto porque sea excesiva sino por cómo pulveriza la fachada de blindada impasibilidad del conductor. Ese componente exploitation es un contrapunto al clasicismo dramático de la película y, a la vez, un antídoto contra su claro sentimentalismo: en un mundo tan bestial poco espacio hay para el amor o la redención.
Mientras nos convence de ello, Refn convierte Drive en una obra completamente hechizante en buena medida gracias a los detalles visuales y sonoros en las sombras de dos hombres dispuestos a rajarse, en un coche que vuela por los aires al fondo de la acción, en un ominoso paseo por la centelleante entrada de un club de striptease. Esas imágenes confirman al filme como poco más que un ejercicio de estilo, pero uno deslumbrante, un testimonio de la atracción fundamental que ejercen los coches rápidos, los hombres peligrosos y el tipo de extraordinaria tensión que nos ahoga como una mano apretada sobre la garganta. Gracias a ella, por lo menos media docena de escenas de esta película quedarán marcadas a fuego en la memoria cinéfila colectiva de por vida. Sobre todo ese momento crucial en un ascensor, que ejemplifica el brillante manejo de Refn del contraste entre la luz y la oscuridad –en sólo unos segundos, se dan de la mano el momento más puramente tierno de la película y el más zopenco–, y que, en última instancia, nos recuerda la sensación que ir al cine puede llegar a provocar, la que debería provocar. Uno sale del cine temblando.  (CINEMANIA).




Desde que aparecen los créditos en rosa fucsia con una música que parece firmada por Tangerine Dream, 'Drive' resucita a los clásicos. Desde el 'Driver' (1978) de Walter Hill hasta el 'Vivir y morir en Los Ángeles' (1985) de William Friedkin, de un cine que puso al día el código de honor del samurái de Melville sentándolo al volante de un thriller urbano, abstracto y reducido a sus esencias. La primera aventura americana del danés Nicolas Winding Refn es deliberadamente derivativa: sus referentes brillan en la superficie, las cartas están sobre la mesa.
Sin embargo, la autoconsciencia de la apuesta de 'Drive' no quita peso específico a la brillantez de su carrocería ni a la potencia de su motor: Winding Refn se desenvuelve especialmente bien en las persecuciones, que despertarían la envidia del mismísimo Michael Mann, y en los bruscos cambios de tono, que definen a su héroe como un caballero andante tan romántico como demoledor. Gosling es una estatua de sal que secundarios de la talla de Albert Brooks o Ron Perlman intentan erosionar sin éxito: su estoicismo es la columna vertebral de la película, un reluciente ejercicio de género retro que en su nada disimulada nostalgia expresa la ansiedad de cierto cine contemporáneo por reafirmar su estilo mirando por el retrovisor.(FOTOGRAMAS).

3 comentarios:

  1. Tu blog está excelente, me encantaría enlazarte en mis sitios webs de Peliculas. Por mi parte te pediría un enlace hacia mis web y asi beneficiar ambos con mas visitas.

    me respondes a munekitacat@gmail.com

    besosss

    Emilia

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  2. Un post genial para una nueva peli de culto.
    Felicidades por tu blog; nos parece muy interesante

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