viernes, 25 de febrero de 2011

CHICO & RITA









Película: Chico & Rita. Dirección: Fernando Trueba, Javier Mariscal y Tono Errando. Países: España y Reino Unido. Año: 2010. Duración: 94 min.Género: Animación, musical, romance. Guión: Fernando Trueba e Ignacio Martínez de Pisón. Producción: Santi Errando, Cristina Huete, Martin Pope y Michael Rose. Música: Bebo Valdés. Montaje: Arnau Quilles. Distribuidora:Buena Vista International Spain. Estreno en España: 25 Febrero 2011. Apta para todos los públicos.
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En la Cuba de finales de los cuarenta, Chico y Rita inician una apasionada historia de amor. Chico es un joven pianista enamorado del jazz y Rita sueña con ser una gran cantante. Desde la noche en que el destino los junta en un baile de La Habana, la vida va uniéndolos y separándolos como si de la letra de un bolero se tratara.
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Circunscribir este precioso bolero cuya melodía se hace carne, color y sentimiento con la etiqueta de cine de animación es quedarse corto. Cine, pero con mayúsculas, trazado con la línea clara y luminosa de Javier Mariscal, es la historia romántica (llena de desencuentros y desamores esquivos) entre el pianista y la cantante, bastante más humanos y vivos que algunos actores reales.
Los reyes del mambo tocan canciones de amor, decía esa novela-río que tuvo una versión fílmica que respetaba aceptablemente su letra y su música. Y esta es una canción que se llena de palabras y cambia de nombre, pese a no olvidar su inspiración. Es la reina de un maravilloso melodrama que se mira en la nostalgia (crítica: ese ácido patio de vecinos de La Habana otoñal, actual) de las películas que la misma Rita LaBelle interpretó en esa Metro-Goldwyn-Mayer reimaginada por la supernatural paleta de óleos de la cinta de Mariscal y Trueba.
Puntuada con una cinefilia nada vacía (Marlon Brando, Fred Astaire y Otto Preminger son secundarios de la crónica de una estrella que asciende, en Technicolor, desde el Malecón y parece ponerse en Las Vegas), Chico & Rita acaricia el corazón con el mismo deseo y dulzura que esas teclas reencontradas al fin, que esas lágrimas felices en unas arrugas eternamente jóvenes.(FOTOGRAMAS).
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Además de un delicioso romance, Chico & Rita es una sinestesia. Ilustrada por el colorido mundo visual de Javier Mariscal y armonizada por el piano de Bebo Valdés, los sentidos del espectador se disparan y es difícil saber de dónde viene el nudo en el pecho, la lágrima emocionada, el sabor amargo que acompaña a cualquier amor imposible. No es fácil reconocer si esa capacidad para envolver que tiene Chico & Rita es cosa de Mariscal (con su dibujo de cómic, su Habana rota, su Nueva York plomizo y frío), o tal vez es de Bebo (no sólo de sus notas; Bebo como Chico es todos los músicos cubanos) o quizás de Trueba y su redondo guión. Es tan difícil separarlos porque los tres funcionan como uno. La animación y la música están tan armoniosamente integradas enChico & Rita que, llegado un punto, es imposible recordar que hay varios directores detrás y, sobre todo, se hace accesorio el que sea una película dibujada. Pasa a ser una película a secas. Una gran película que (si no anduviésemos tan perdidos) por lo menos debería haber estado nominada entre las mejores (de acción real) de la pasada edición de los Goya.
Por si fuera poco, los amantes del jazz tendrán la ocasión de vibrar con la escena musical neoyorquina de los 50 e incluso ver la versión animada de Charlie Parker o Cole Porter durantela estancia de Chico y Rita en la Gran Manzana, y bailar sus encuentros y descuentros al ritmo dela percusión afrocubana que Chano Pozo le enseñó a Dizzy Gillespie, hasta que la Revolución cubana separe a los amantes de nuevo y "pasen más de mil años, muchos más" para que vuelvan a encontrarse. Como en los buenos boleros.(CINEMANIA).
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Fernando Trueba ha dedicado a la música latina, de la que se declara incondicional, los documentales Calle 54 y El milagro de Candeal. Reincide en el tema en esta producción de dibujos animados, que concibió con el famoso diseñador Javier Mariscal, y que ambos han dirigido con la asistencia de Tono Errando, responsable de la poco conocida comedia musical La gran mentira del Rock'n'roll.
Chico & Rita es un homenaje al jazz latino que cuenta la historia de un pianista de ficción, cuya historia tiene muchos puntos en común con la de las grandes figuras de este estilo musical, algunos de los cuales aparecen como secundarios. Cuando escucha en la radio un viejo tema musical, el anciano Chico rememora los años de su juventud en los años 40, antes de la llegada de Fidel Castro al poder, cuando soñaba con triunfar en el mundo de la música. Una noche acompaña a su representante y a dos extranjeras a un club de La Habana, donde queda deslumbrado por la aparición de Rita, una preciosa joven que sueña con convertirse en cantante. Ambos se enamoran, pero resulta que Chico está casado por lo que acaban separándose...
La animación es limitada pero bastante eficaz, los personajes transmiten un gran encanto, los decorados de La Habana, Nueva York, París y Las Vegas están logrados, e incluso contiene una persecución rodada con un buen nivel de calidad. La banda sonora está grabada por el gran músico cubano Bebo Valdés, incluye numerosas referencias o pasan por la pantalla grandes figuras como Charlie Parker, Dizzie Gillespie y sobre todo Chano Pozo, y la reconstrucción del ambiente en el que vivieron estos míticos artistas convierte esta película en una cita interesante para melómanos y aficionados a este tipo de música. El film incluye múltiples homenajes a películas como Casablanca, critica la censura hacia la música considerada "imperialista" del régimen de Fidel Castro, y logra ir creciendo en intensidad dramática, sobre todo hacia el final. Desentonan las secuencias de sexo, pues aunque el film claramente no va dirigido al público infantil, ya tiene un tono adulto, por lo que resultan innecesarias. (DECINE21).
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viernes, 18 de febrero de 2011

CISNE NEGRO








Película: Cisne negro. Título original: Black swan. Dirección: Darren Aronofsky. País: USA. Año: 2010. Duración: 110 min. Género: Drama, thriller psicológico. Interpretación: Natalie Portman (Nina), Vincent Cassel(Thomas Leroy), Mila Kunis (Lily), Barbara Hershey (Erica), Winona Ryder(Beth). Guion: Mark Heyman, Andrés Heinz y John McLaughlin; basado en un argumento de Andrés Heinz. Producción: Mike Medavoy, Arnold W. Messer, Brian Oliver y Scott Franklin. Música: Clint Mansell. Fotografía: Matthew Libatique. Montaje:Andrew Weisblum. Diseño de producción: Thérèse DePrez. Vestuario: Amy Westcott.Distribuidora: Hispano Foxfilm. Estreno en USA: 3 Diciembre 2010. Estreno en España: 18 Febrero 2011. No recomendada para menores de 12 años.
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“Cisne negro” narra la historia de Nina, una bailarina de una compañía de ballet de la ciudad de Nueva York cuya vida, como la de todos los de su profesión, está completamente absorbida por la danza. Nina vive con su madre, Erica, una bailarina ya retirada que apoya con entusiasmo la ambición profesional de su hija. Cuando el director artístico Thomas Leroy decide sustituir a la bailarina principal en la nueva producción de la temporada, “El lago de los cisnes”, Nina es su primera elección. Pero Nina tiene competencia: una nueva bailarina, Lily, que también ha impresionado gratamente a Leroy. “El lago de los cisnes” requiere una bailarina que pueda interpretar tanto al Cisne Blanco, con inocencia y elegancia, como al Cisne Negro, que representa la astucia y la sensualidad. Nina se adecua perfectamente al papel del Cisne Blanco, pero Lily es la absoluta personificación del Cisne Negro. Mientras la rivalidad entre las dos jóvenes bailarinas va transformándose en algo más que una encrespada relación, Nina empieza a conectar con su lado más oscuro, con una temeridad tal que amenaza destruirla.
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Lo que realmente importa es que Aronofsky ve el mundo con los ojos de su heroína, y se mete dentro de su cuerpo y de su cabeza para que lo veamos y lo pensemos igual que ella, como si su delirante transformación recogiera ecos de 'La mosca' (David Cronenberg, 1986) pero también de 'Repulsión' (Roman Polanski, 1965), película de la que 'Cisne Negro' parece un remake en formato panorámico, con sus fantasmas eróticos y su locura orgánica. Importa más la imagen que la letra, importa más el rescendo sinfónico de la psicosis de Nina (a la que Portman se entrega con generosidad, haciendo creíbles las heridas, el onanismo entre peluches, los nerviosos pasos de baile) que la falta de sutileza de la trama.

Imagínense qué ocurriría si 'Las Zapatillas Rojas' (1948) estuviera dirigida a cuatro manos por Brian De Palmay Dario Argento, directores que, como Michael Powell y Emeric Pressburger, son estetas de lo imposible. El resultado se parecería a 'Cisne Negro': formalista que se guía por la intuición y desecha la lógica, Aronofsky contempla el mundo de la danza atendiendo a su dinámica interna de dolor y sacrificio y utilizándolo como excusa para unirse a su celebración del movimiento y la modulación, a la vez bella y monstruosa, del cuerpo. Esa celebración de la fi sicidad del arte del baile clásico es también una celebración de la piel de la película, de su textura y de sus piruetas suicidas. Es una celebración del cine en su expresión más libre y demente; el cine entregándose a los excesos operísticos propios de la vida que quiere contar; el cine más grande que la vida, a secas.(FOTOGRAMAS).

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Sin duda, el gran valor de la película reside en la soberbia actuación de Natalie Portman, que se perfila como gran favorita al Oscar de Hollywood, con una compleja actuación, de bailarina obsesiva, autoexigente, destructiva, perfeccionista, que va siendo fagocitada por el personaje de Odette, la reina de los cisnes, sin que sea posible distinguir a la persona de la protagonista del cuento. Además en algunas escenas, irradia sensualidad por los cuatro costados (recordando en un momento a una de las míticas escenas onanistas de "El último tango en París"). Su actuación es de método, conmovedora pero no histriónica ni pasada de vueltas y en sus hombros reside casi toda la cinta, que resplandece gracias a ella. Los demás actores están correctos, la controladora y frustrada madre (Barbara Hershey) portadora también de luces y sombras en un personaje ambiguo, la nueva compañera de baile (Mila Kunis), vampiresa putona que va a pervertir a la delicada e inocente Nina, ambicionando hacerse con su papel a lo “Eva al desnudo” (película, por cierto, de la que hay cierta influencia) y el director de la compañía de baile, exigente y dominador (Vicent Cassel). Bienvenida sea también la breve aparición de Winona Ryder, como destronada primera bailarina (aunque un poco irreconocible, la verdad). Pero Portman lo borda, teniendo en cuenta que, aunque ya había tomado clases de ballet hasta los 13 años de edad, no se había enfundado nunca más unas puntas o unas zapatillas, teniendo que sufrir, a sus 28 años, edad a la que se suelen retirar las bailarinas, extremas jornadas de entrenamiento diario de cerca de 16 horas durante un año. Chapeau por Natalie.(EL SEPTIMO ARTE).

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Intensa película sobre el mundo de la danza, aunque muchas de sus ideas pueden aplicarse a cualquiera de las bellas artes. El guión de Mark Heyman, John JMcLaughlin y Andres Heinz a partir de una idea de este último, incide en el cariz obsesivo que pueden cobrar unas legítimas aspiraciones profesionales de llegar a lo más alto. Obsesión que gana en intensidad con la sombra de una madre frustrada, que quiere realizarse en su "niña", y con los métodos de trabajo de Thomas. En efecto, frente a la vieja idea de algunos actores que dicen no llevarse sus personajes a casa, aquí prevalece, por la presión de Thomas, el planteamiento de que para componer el cisne negro es necesario rebuscar en la parte más oscura de uno mismo, "explorando" en la propia sexualidad y "dejándose llevar". Esta doble influencia, más su propia sensibilidad y ambición, que le hacen ver en la recién llegada Lily una rival, conforman en Nina un cóctel verdaderamente explosivo. En lo último, y en una diva venida a menos, se detecta la huella imborrable de un clásico sobre el teatro, Eva al desnudo, aunque la película que nos ocupa tiene su propia originalidad.

El crudo film, a modo de arriesgada fábula, habla de la fragilidad del artista y los excesos enfermizos por alcanzar su sueño, tomando pie de la propia trama de "El lago de los cisnes". Lo hace con dureza a veces desagradable, por la exigencia física -esos sarpullidos, el modo en que se trabajan los pies-, o por el camino de desenfreno que Nina emprende en una noche loca y alucinada, donde resulta difícil distinguir la realidad de lo que es una proyección de una mente que empieza a enloquecer, a no pisar suelo firme.(DECINE21).

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Darren Aronofsky da de nuevo en la diana. Una historia peculiar, una experiencia única no fácilmente digerible para todo tipo de públicos, que puede satisfacer más o menos, pero que nos deja con algunos momentos de cine turbadores para clavarse en nuestra memoria. En parte es el Aronofsky más asequible, como en la estupenda 'El luchador', y también el más obsesivo o hermético, caso de su opera prima 'Pi' o la de culto 'Réquiem por un sueño', con las obsesiones y los demonios que produce una mente frágil como telón de fondo.

Y lo hace desde un mundo tan presuntamente sofisticado y elegante como el del ballet, de manera siniestra e inquietante, una nueva vuelta de tuerca a 'Eva al desnudo' y un drama psicológico reconvertido en thriller de horror para hablarnos de lo más oscuro de la naturaleza humana y de la condición artística, de la obcecación por la perfección, de un arte y una pasión que requiere de entrega total y por medio de su desquiciada protagonista, una fabulosa e inmensa Natalie Portman como nunca habíamos visto hasta ahora, en un personaje que le permite multitud de registros y expresiones, una muñeca de porcelana de psique perturbada, desamparada y amenazante por igual
.(CINEMPATÍA).

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Si no apareciera la firma de Aronofsky en Black swan, podrías apostar a que esta película la habían dirigido a medias el Polanski de Repulsión y el Haneke de La pianista. Durante gran parte del metraje posee el estilo visual, la atmósfera, las obsesiones, el tono enfermizo y perturbador, las perversiones mentales de esos dos cualificados buceadores del mal. En el desenlace aparece desgraciadamente lo peor de Aronofsky, su afición al desmadre, sus caprichosos delirios, su vocación de epatar.

Antes ha narrado de forma modélica los ensayos para una nueva versión del ballet El lago de los cisnes , la subterránea y maquiavélica lucha entre las bailarinas para conseguir el protagonismo. Aronofsky combina el psicologismo, la intriga y el terror describiendo la esquizofrénica personalidad de una mujer vampirizada por su madre, deseada por el retorcido director de la obra, manipulada por sus feroces competidoras, alguien que encarna con naturalidad la pureza del cisne blanco pero que descubre su lado oscuro, su facilidad para transformarse en el tenebroso cisne negro.

Aronofsky cuenta esta temible historia con poderoso sentido visual, con suspense, con desasosiego. Da mucho miedo el infierno mental que vive esa mujer con anverso angelical y reverso demoniaco, sus automutilaciones, su problemática sexualidad. El inquietante talento del director y la maravillosa interpretación que realiza Natalie Portman de los fantasmas que acorralan a ese trágico personaje, logran permanente hipnosis en el espectador. Por ello resulta aún más enervante que al final ese turbio universo se convierta en un esperpento barato, en efectismo hueco.(EL PAIS).

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martes, 15 de febrero de 2011

PA NEGRE







Película: Pa negre (Pan negro). Título original: Pa negre. Dirección: Agustí Villaronga. País: España. Año: 2010. Duración: 108 min. Género: Drama.Interpretación: Francesc Colomer (Andreu), Marina Comas (Nuria), Nora Navas (Florencia), Roger Casamajor (Farriol), Lluïsa Castell (Ció), Marina Gatell (Enriqueta), Laia Marull (Pauleta), Eduard Fernández (maestro), Sergi López (alcalde). Guion: Agustí Villaronga; basado en la novela de Emili Teixidor.Producción: Isona Passola. Música: José Manuel Pagán. Fotografía: Antonio Riestra.Montaje: Raúl Román. Dirección artística: Ana Alvargonzález. Vestuario: Mercè Paloma. Distribuidora: Emon. Estreno en España: 15 Octubre 2010. No recomendada para menores de 12 años.
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En los duros años de la posguerra rural en Cataluña, Andreu, un niño que pertenece al bando de los perdedores, encuentra en el bosque los cadáveres de un hombre y su hijo. Las autoridades quieren cargarle las muertes a su padre, pero él, para ayudarle, intenta averiguar quiénes son los auténticos responsables. En este recorrido, Andreu desarrolla una conciencia moral frente a un mundo de adultos alimentado por las mentiras. Para sobrevivir, traiciona sus propias raíces y acaba descubriendo el monstruo que habita en él.
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La primera respuesta del cinéfilo ante el anuncio de un producto como Pan negropodría ser: «Vaya, otra película española sobre la posguerra, tazones de leche, fascistas malísimos y rojos angelicales». Su reacción inmediatamente posterior se parecería a: «¿Y por qué Agustí Villaronga se mete en estos berenjenales y no sigue con ese cine tan atractivamente perverso que inició con Tras el cristal?». Una vez vista la película, sin embargo, las dudas se disipan. Villaronga ha conseguido adaptar las novelas de Emili Teixidor insuflándoles un toque punk que no sólo no chirría, sino que subvierte salvajemente las desventuras del niño protagonista, haciéndolas pasar del estadio de la literalidad (las desgracias de la guerra) al de la metáfora nihilista (nadie se libra del mal cuando el cáncer se extiende) sin solución de continuidad. Sea como fuere, es reconfortante ver que un subgénero tan devaluado en el cine español alcanza aquí una intensidad pocas veces vista en ese ámbito.

Por supuesto, la película no puede librarse de la imaginería que le correspondería por elección de procedencia, y a veces no consigue superar ese escollo, sobre todo con dos personajes tan estereotipados como el fascista que interpreta Sergi López y el maestro al que da vida Eduard Fernández. Sin embargo, todo ello queda subsumido en una historia de aprendizaje al revés contada con malicia y una narrativa ampliamente sugerente, a veces laberíntica, a veces espeluznante en su simplicidad agresiva y directa. Digamos que Villaronga, a través de la historia de este niño corrompido por el entorno en un pueblo catalán de la posguerra, consigue a la vez ofrecer al gran público una insólita película mainstream y a los más exigentes algo así como el revés de su trama, lo que hay detrás de todo ello: una naturaleza agreste, miradas inquietantes que nunca encuentran donde posarse, idas y venidas a través del horror, un universo –en fin— enrarecido que también acaba haciendo inquietante la forma y el estilo escogidos como referentes. En ese sentido, Pan negro es a la vez una película y su propia crítica, una historia y su propio comentario. Y también un ejemplo perfecto de lo que podría ser un cine español medio, alejado tanto de la exquisitez como de la ranciedad: una posibilidad de tercera vía tan respetable como cualquier otra.(CINE 365).

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Agustí Villaronga es un gran creador de atmósferas, y vuelve a demostrarlo en Pan negro. La trama de su película, que maneja un buen plantel de actores, se sitúa en la Cataluña posterior a la guerra civil, en un pueblo de montaña, y adopta el punto de vista de un niño, Andreu, cuyo padre, Farriol, de modesta condición, está mal visto por las fuerzas vivas, por haberse significado en el pasado como hombre de izquierdas, o sea, del bando de los perdedores. Un día el chaval descubre en el bosque los cadáveres de un hombre y su hijo, amigo suyo. No está claro que haya sido un accidente su caída por un barranco, y podría ser la excusa perfecta para colgar los muertos al padre de Andreu.

El director adapta una desesperanzada novela de Emili Teixidor y entrega imágenes brutalmente poderosas, de modo especial en el arranque. Hay que reconocer cierta originalidad en la trama, donde se da una vuelta al habitual victimismo de las películas sobre la contienda fraticida, siempre empeñadas en "ganar la guerra" al menos en el cine. Los grandes ideales pueden que no lo sean tanto, y las miserias humanas vienen a ser las de siempre, no hay nada nuevo bajo el sol en los secretos de la España profunda, o la Cataluña profunda si se prefiere.

La mirada del director es oscura, muy oscura, no hay espacio para la luz. Ya lo dice el título, con la metáfora del pan negro. La película sigue el esquema habitual de las narraciones sobre la pérdida de la inocencia en la infancia, eso sí, sin resquicio para la esperanza, no hay nadie capaz de iluminar la pantalla. La única salida es el pragmatismo cínico, adaptarse a las circunstancias como un camaleón, tragar lo que haya que tragar, tratando de seguir siendo uno mismo. Porque en el fondo el desenlace no muestra más que a un personaje que va a seguir los pasos de sus padres -que dentro de su supuesto idealismo han tenido que optar por la supervivencia- o de su prima Núria, una niña que no duda en acostarse con su maestro si eso le reporta alguna ventaja, aunque en el fondo ansía escapar.

Asumido su amargo pesimismo, puede decirse que Villaronga no logra el deseable equilibrio en su película. En cierto momento las cosas se le van de las manos, pierde las riendas en los contradictorios laberintos de los distintos personajes, su tupida red de mentiras y excusas, que se acumula caóticamente; no casa bien esta parte dramática con la atmósfera algo terrorífica de algunos pasajes, ni tampoco es acertado el modo de desvelar cierta acción brutal que descalifica a sus protagonistas y conduce al final del film. Hay una denuncia de la mentira, pero en realidad nadie parece interesado en la verdad, falta el necesario referente ético.(DE CINE 21).

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domingo, 13 de febrero de 2011

WINTER´S BONE







Película: Winter’s bone. Dirección: Debra Granik. País: USA. Año: 2010.Duración: 100 min. Género: Drama. Interpretación: Jennifer Lawrence,John Hawkes, Kevin Breznahan, Dale Dickey, Garret Dillahunt, Sheryl Tate Taylor. Guion: Debra Granik y Anne Rosellini; basado en la novela de Daniel Woodrell. Producción: Anne Rosellini y Alix Madigan-Yorkin. Música: Dickon Hinchliffe. Fotografía: Michael McDonough. Montaje: Affonso Gonçalves. Diseño de producción: Mark White. Vestuario: Rebecca Hofherr. Distribuidora: Golem. Estreno en USA: 11 Junio 2010. Estreno en España: 11 Febrero 2011.
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Ree Dolly, de 17 años, decide buscar a su padre después de que éste ofrezca la casa familiar como garantía para la fianza que le permitirá salir de la cárcel y desaparecer sin dejar rastro. Antes de perder su hogar y encontrarse sin techo en medio de los bosques de las montañas Ozark, Ree prefiere enfrentarse a la ley del silencio de sus parientes con tal de salvar a su familia. Poco a poco, consigue abrirse paso a través de las mentiras, evasivas y amenazas de sus parientes hasta llegar a la verdad.
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En muy raras ocasiones tiene el espectador la oportunidad de encontrarse con una película que, sin aspavientos y solo con un firme compromiso con el relato que quiere contar, rompe con la tradición de dos géneros: en este caso, el policiaco, en su doble vertiente de narco-thriller y cine de mafias, y el western. Segundo largometraje de Debra Granik –cuya primera película, 'Down to the Bone', lidiaba con las derivas de la drogodependencia funcional de clase media–, 'Winter’s Bone' adapta una novela del maestro del country noir Daniel Woodrell–el autor de 'Cabalga con el Diablo', de Ang Lee–, y cuenta la historia de una búsqueda en el hostil territorio de las comunidades de cocineros de crack en las montañas Ozark, en Missouri.

Con ecos del 'Valor de ley' de Charles Portis (novela que rompió con la mirada masculina del western), 'Winter’s Bone' articula un microcosmos inédito y acaba formulando un discurso matizado y complejo sobre la feroz defensa de la identidad (familiar, genética), en el seno del asfixiante y opresivo trenzado de códigos y lealtades de una comunidad firmemente asentada en las últimas fronteras de la marginalidad. Granik sabe contar la odisea de su heroína Ree sin sucumbir al golpe bajo sentimental, pero sin renunciar a la poesía de gran calado.(FOTOGRAMAS).

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Estupenda muestra de cine independiente estadounidense, premiada en Sundance, y que se diría 'prima hermana' de la reciente Frozen River. Adapta una novela de Daniel Woodrell, y como en el film citado, también tenemos a una mujer fuerte que lucha con todos los medios por los suyos, aunque en este caso con la característica de que se trata de una adolescente. De narración sobria, Debra Granik, con el sabio guión escrita por ella y Anne Rosellini, y una partitura musical intrigante y desasosegadora, sabe tomarse su tiempo en el despliegue de los diversos elementos, jugando con la ignorancia del espectador en lo referente a la catadura moral de los distintos personajes.

Domina una tristeza resignada, que casa bien con los colores invernales de las imágenes de los bosques con sus árboles pelados, y de la que son sintomáticos los personajes de Lágrima, tío de Ree, Gail, su mejor amiga, y ciertas mujeres; incluso en la alegría despreocupada de los niños destaca de algún modo su inconsciencia. Y a medida que Ree se acerca más a descubrir el paradero de su padre, la narración crece en intensidad, hasta el magnífico clímax en el pantano, donde se desbordan las emociones y la joven Jennifer Lawrence da lo mejor de su estupenda interpretación.(DE CINE 21).

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Las películas con hueso hay que atacarlas desde la convicción, el ánimo, la paciencia y el rigor. Requieren un esfuerzo del espectador que, inducido por determinados alicientes, puede decidir no tirar la toalla a pesar de la cuesta arriba. Winter's bone, segundo largo de la inédita en nuestro país Debra Kranik, es una película con hueso. La información otorgada sobre trama y personajes es mínima. Apenas hay banda sonora de apoyo. Los diálogos que envuelven su intriga criminal casi parecen un jeroglífico. Se acumulan las preguntas sin respuesta. Quizá porque, más que el thriller en sí mismo, lo que le interesa a Kranik son sus personajes y el retrato de un microcosmos rural. Sin embargo, a pesar de las dificultades, sus alicientes iniciales (credibilidad en los ambientes, hermosa fotografía y una heroína adolescente de fuerza, y belleza, arrolladoras) ejercen de señuelo para el esfuerzo. Y al final llega el premio. Winter's bone es dura de roer, pero fascinante.


Cada temporada se cuela entre las películas candidatas a los Oscar una de corte independiente, más barata y menos ambiciosa que sus contrincantes. En los últimos años las ha habido simpáticas (Pequeña Miss Sunshine, Juno),aparatosas (Precious), sentimentaloides (Crash),enjundiosas (Entre copas) y vacías (Slumdog millionare). Un par de ellas, triste recuerdo, incluso llegaron a ganar el gran premio.

Winter's bone, candidata a mejor guión adaptado, actriz, actor secundario y película, y ganadora en Sundance, no se llevará ni uno. Hay mejores largometrajes, sí, pero otros cursos también los había. Simplemente no es una historia para mayorías, tiene hueso.(EL PAIS).




viernes, 11 de febrero de 2011

VALOR DE LEY










Película: Valor de ley (True grit). Título original: True grit. Dirección: Joel Coen y Ethan Coen. País: USA. Año: 2010. Duración: 108 min. Género:Drama, western. Interpretación: Jeff Bridges (Rooster Cogburn), Matt Damon (LaBoeuf), Josh Brolin (Tom Chaney), Barry Pepper (Lucky Ned),Hailee Steinfeld (Mattie Ross). Guion: Joel Coen y Ethan Coen; basado en la novela de Charles Portis. Producción: Scott Rudin, Ethan Coen y Joel Coen.Producción ejecutiva: Steven Spielberg, Robert Graf, David Ellison, Paul Schwake y Megan Ellison. Música: Carter Burwell. Fotografía: Roger Deakins. Montaje: Roderick Jaynes. Diseño de producción: Jess Gonchor. Vestuario: Mary Zophres. Distribuidora:Paramount Pictures Spain. Estreno en USA: 22 Diciembre 2010. Estreno en España:11 Febrero 2011. No recomendada para menores de 7 años.
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El padre de la niña de catorce años Mattie Ross es asesinado de un disparo a sangre fría por el cobarde Tom Chaney, y ahora ella está dispuesta a hacer justicia. Buscando la ayuda del jefe de policía Rooster Cogburn, un borracho de gatillo fácil, se marcha con él —a pesar de su oposición— para atrapar a Chaney. La sangre vertida de su padre le hace perseguir al criminal hasta el territorio indio y encontrarle antes de que elranger llamado LaBoeuf le atrape y le lleve de vuelta a Texas por haber asesinado a otro hombre.
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Hay una diferencia sustancial entre Ladykillers, el remake que realizaron los hermanos Coen de la obra maestra de Alexander Mackendrick,El quinteto de la muerte, y Valor de ley, la nueva versión emprendida por Joel y Ethan tanto del film homónimo de Henry Hathaway como de la novela de Charles Portis en que se basaba: la primera fue una mera fotocopia y tan siquiera tenía trazos del habitual manierismo posmoderno que se les imputa a los Coen, mientras que la segunda es una recreación con todas las de la ley, y con mucho valor, parafraseando el título de la película.

Porque volver ahora sobre el territorio horadado por Hathaway y John Wayne en 1969, en el que no es, además, uno de los westerns más concluyentes del realizador –está un tanto por debajo de Del infierno a Texas, Los cuatro hijos de Katie Elder o Nevada Smith–, es mayor desafío que recrear aquella brillante comedia británica de los cincuenta creyendo que con poner a Tom Hanks al frente del reparto todo está solucionado. Hanks nunca podrá ser Alec Guinnes, intérprete del personaje que emula en Ladykillers, mientras que Jeff Bridges, salvando todas las distancias que se quiera, sí puede incorporar, aún con mayor escepticismo, el tipo de personaje al que dio vida Wayne en aquella extraña mezcla entre western de resistencia clásica y film del Oeste otoñal. Salvada pues la comparación actoral (y conviene decir que tanto Matt Damon como Hailee Steinfeld están infinitamente mejor que los actores que interpretaron sus mismos personajes en el film original, el muy discreto Glen Campbell y la chirriante Kim Darby), quedan las sugerencias, mejoras y equilibrios que Valor de ley propone respecto al film de Hathaway, aunque tampoco ese debería ser un tema esencial habida cuenta del escaso recuerdo que se tiene hoy del primer Valor de ley, en particular, o del cine de su director, en general.

Los Coen han introducido una considerable dosis de hiperrealismo, que afecta no solo a la configuración de decorados o ropajes, sino a la plasmación de la violencia –en detalles tan secos como el de Bridges cogiéndole la lengua ensangrentada a Damon para que no se la muerda– o, incluso, el gesto cansado de montar a caballo durante días. También un halo de cierta y triste nostalgia que surge de la forma de estructurar el relato en primera persona, tan distinto de la película de Hathaway. Pero hay también mucho respeto. Por ello no falta la secuencia capital del film, aquella en la que el viejo Rooster se enfrenta con cuatro pistoleros como si se tratara de una justa medieval, cogiendo con la boca las bridas de su caballo y disparando a diestra y siniestra con sus dos revólveres.(CINE 365).

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Aunque 'No es país para viejos' contenía más de un guiño al género,'Valor de ley' debería constar como el primer western de los Coen. Aunque tratándose de estos devotos de la ironía posmoderna, el resultado no podía sino apuntar a la impureza. Planteada como una fábula sobre el valor de la venganza, la pérdida de la inocencia y la posibilidad del perdón, esta relectura del film de 1969, que retorna a la novela de Charles Portis, se erige en una hipnótica fantasmagoría plagada de reliquias del Viejo Oeste. Recorrida por un halo agónico, apuntalada sobre numerosas escenas nocturnas y otras tantas viñetas pulp, recoge el guante de testamentos westernianos como 'Dead Man'o 'Wild Bill', aunque, curiosamente, su referente más directo podría ser el gótico cuento de hadas de'La Noche del Cazador'.

Así, asordinando el cinismo de su mirada, pero conservando intactas la mordacidad y el retorcido humor negro, los Coen vuelven a retratar el choque entre la cara amable del espíritu yanqui y la cruda realidad de la América amoral, habitada por monstruos deformados y antihéroes moribundos.(FOTOGRAMAS).

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Malacostumbrados por los mismísimos hermanos Coen, que arrastran hasta los extremos más insospechados algunos de los códigos clásicos del cine norteamericano hasta desvirtuar los géneros; el cuerpo pide revancha, o al menos llevar el análisis de sus películas hasta el paroxismo que ellos promueven con su cine. Según esta extraña teoría que bien pudiera servir sólo para ocultar las carencias del crítico que esto escribe, el Valor de ley de los Coen no es ni siquiera ese antiwestern que aparenta a gritos, a la luz de esa revisitada teoría sobre el cine de esta pareja genial que dice que Muerte entre las flores es una gloriosa antipelícula de gangsters, que Oh, Brother es el perfecto antimusical o queEl hombre que nunca estuvo allí e incluso El gran Lebowski, son los ejemplos más talentosos de anticine negro que ha dado el Séptimo Arte. Algo de eso hay, pero si existen películas que no están ambientadas en el Oeste a las que todos consideramos westerns (de Los siete samuráis a La carretera,pasando este mismo mes por Winter's Bone), si estamos hartos de escuchar que No es país para viejosera una auténtica película del Oeste, si algo huele siempre a chamusquina creativa en la propuesta de los Coen, sólo nos queda una salida: aunque sea una gran película, una de las más sólidas del año... Valor de ley no es un western. Aunque lo parezca.

¿Razones? El Valor de ley de los Coen no quiere saber nada de su predecesora. Más luminosa y optimista, casi cantarina, la película del profesional Henry Hathaway tenía poca chicha, y menos recorrido incluso que su cowboy, 'Rooster' Cogburn, que le dio el Oscar a John Wayne, y hasta una secuela cuando todavía no era moda. Escondidos tras las apariencias, los Coen dan la espalda a los paisajes, que nunca toman protagonismo; no hacen hincapié en el territorio sentimental, indio o no, ni frecuentan el saloon. Prefieren quedarse en el cuarto trasero del Oeste, donde sobreviven sus tres principales personajes (los juzgados, la letrina, la trastienda de un chino, una casa de la pradera que nunca conocemos y hasta un circo). Tampoco hay épica ni leyenda, y ahí es donde rescatan su peculiar humor, socarrón y desmitificador: como tantas veces, sus personajes bordean el ridículo, hasta el punto de entrever al 'Nota' Jeff Bridges en su 'Rooster' borrachín en la redundante escena de los tiros al aire.

Para seguir retratando a su manera las (estúpidas) motivaciones que rodean al crimen, Joel y Ethan Coenno creen en los vaqueros, meras comparsas. No es casualidad que, como en Fargo, le hayan entregado su filme a una chica. Y dan un paso más: sólo hay que ver cómo esta niña, una portentosa Hailee Steinfeldque se eleva por encima de Bridges y Damon entre secundariosde daguerrotipo, se ciñe a la Ley y la razón, no reconoce los usos del Far West, los subvierte con su cabezonería, y aún así sobrevive, rodeada de criminales, más fuerte que ellos, un poco como los mismísimos hermanos Coen en el mundo del cine. Hollywood ha puesto precio a su cabeza, pero siguen cabalgando.(CINEMANIA).

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