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viernes, 19 de agosto de 2011

SUPER 8




Película: Super 8. Dirección y guion: J.J. AbramsPaís: USAAño: 2011.Duración: 114 min. Género: Ciencia-ficciónInterpretación: Joel Courtney (Joe Lamb), Kyle Chandler (Jack), Amanda Michalka (Jen), Elle Fanning (Alice), Gabriel Basso (Martin), Ron Eldard (Louis), Noah Emmerich (Nelec), Riley Griffiths (Charles), Zach Mills (Preston), Ryan Lee(Cary). Producción: J.J. Abrams, Steven Spielberg y Bryan Burk. Música: Michael GiacchinoFotografía: Larry Fong. Montaje: Maryann Brandon y Mary Jo Markey. Diseño de producción: Martin Whist. Vestuario: Ha Nguyen. Distribuidora: Paramount Pictures SpainEstreno en USA: 10 Junio 2011. Estreno en España: 19 Agosto 2011No recomendada para menores de 7 años.


En el verano de 1979, un grupo de amigos de un pueblecito de Ohio se disponen a hacer una película de zombis. Mientras ruedan su film en formato Super 8, son testigos de un catastrófico accidente de tren y, tras librarse ellos mismos por poco, pronto descubren que no fue un accidente. Poco después, comienzan a sucederse en el pueblo una serie de extrañas desapariciones y de sucesos inexplicables, y el sheriffadjunto Jack Lamb intenta descubrir la verdad, algo más terrorífico de lo que ninguno de ellos podía imaginar.


 Por edad (nació en 1966), J.J. Abrams quizá no debería tener como referentes de culto E.T. El extraterrestre y Los goonies, dos producciones de Steven Spielberg, la primera dirigida por él mismo. El creador de Alias, Perdidos y Fringe andaba ya entonces superando la adolescencia, que es la edad en la que los espectadores podían quedar marcados por los relatos de aventuras fantásticas e infantiles tan del gusto de Spielberg. Sin embargo, viendo Super 8, uno tiene la sensación de que Abrams es un auténtico devoto de este tipo de relatos. Mientras que en sus versiones para cine de teleseries de culto ( Misión: imposible III y Star trek ) imprimió un sello propio respetando las señas de identidad de los originales, con Super 8 ha realizado un filme de vocación casi manierista: podría haberlo firmado el mismo Spielberg. 
 El referente, en este caso, se convierte en parte activa del ejercicio nostálgico: Spielberg es también el productor de Super 8 , una película que le homenajea. En este sentido, la cinta dirigida por Abrams (no la cinta de Abrams) puede verse como un juego de espejos: el director le devuelve a su productor una puesta al día de sus historias y el productor la costea gustosamente porque es una forma de que su estilo siga perviviendo e influyendo. 
 La película une comedia, peripecias adolescentes, el fin de la inocencia y ciencia ficción light, aunque la secuencia del accidente de tren parece más de una severa película de catástrofes y el alienígena no resulte tan simpático como el famoso extraterrestre de Spielberg. Abrams, como su maestro en este caso, sabe combinar bien humor y horror, ternura e inquietud, haciendo además del Super 8, el cine analógico y doméstico por excelencia, protagonista de excepción del relato. Una vuelta al pasado en toda regla. (EL PERIODICO).




....Lo cierto es que el filme empieza bien por no decir que muy bien. Hasta bien entrado su metraje esta especie de evidente mezcla de títulos como 'Los Goonies', 'Gremlins', 'E. T., el extraterrestre' o 'Cuenta conmigo', esta última no surgida de la factoría Spielberg pero con la que quizá comparte más similitudes, funciona perfectamente dando forma y credibilidad tanto a su argumento como a sus personajes, estos partícipes de un trabajo excelente especialmente en lo referido a los menores de edad, e involucrando al espectador en una experiencia cercana a una proyección astral tanto por lo que está contando por cómo te lo está contando, todo ello apoyado por la excelente partitura (una más) de un Michael Giacchino haciendo las veces del John Williams de JJ. Toda esa solidez reforzada por un acabado técnico y una puesta en escena inmaculados que, no obstante y más allá del evidente respeto por Steven Spielberg, se encuentra más influenciada por el que esperemos siga siendo un muy buen director y que lo pueda demostrar, John McTiernan -algo notorio en sus por ahora tres filmes-, se viene un poco abajo cuando el castillo de naipes por los que tiene predilección el creador de 'Perdidos' ha puesto todas las cartas sobre la mesa y toca resolver la ecuación. Es en este momento, durante su último tramo, cuando el guión muestra sus carencias a la hora de ensamblarse como una verdadera historia que aporte algo más que la voluntad para ser lo que pretendía ser, unos últimos minutos que efectivos pero que carecen de brillo, más cercano a un quiero y no puedo que además contienen un par de apuntes excesivamente violentos impropios de sus algo más ingenuos modelos, y que si bien culminan con una imagen llamémosle icónica y muy estimulante (así como con unos títulos de crédito finales excelentes) resquebrajan la hasta ese momento solidez de una propuesta a la que le falta algo de temple para sacarle a sus ilusiones todo el potencial que cabría esperar, amén de que su contenido pero evidente empleo de artimañas digitales, véase la por otro lado espectacular secuencia "del accidente", extrae de ella una realidad ajena al año 79 que ejerce de telón de fondo.

'Super 8' no es la gran película que debería de haber sido, no es la gran película que podría haber sido y por no ser siquiera es una película que podamos considerar como una gran película, lo que no quita para que no sea una producción que se ha ganado a pulso algo más que una oportunidad para demostrar que el camino de la imperfección también conduce a la satisfacción. No ser la mejor no le resta méritos como el título sumamente interesante, estimulante y disfrutable que es, un film que tras el celuloide esconde un corazón que rubrica las intenciones de un proyecto personal vestido de fanfarria fruto del deseo y no del interés comercial. Ni es Super ni alcanza el 8, vale, pero es igualmente un filme digno de mención. En pleno siglo XXI Abrams pretendía hacer una buena película como las que se hacían en los años ochenta, una esas producciones que siendo justos quizá no sean tan buenas como nuestros recuerdos nos hacen creer, y lo que ha logrado no es más que un filme hecho en el siglo XXI a la manera en que se hacía en los años ochenta. El tiempo dirá si 'Super 8' merece o no aspirar a incorporar su nombre a esa lista en la que figuran filmes como 'Depredador' o 'Jungla de cristal', películas que quizá no tengan mucho que ver en apariencia al margen de los destellos de luz en pantalla pero cuya incuestionable atracción cada vez que se dejan ver en la pequeña pantalla les hacen ser algo más que una película. De momento es la producción menos lograda y efectiva de JJ Abrams en relación a sus intenciones iniciales. Pero el amor es lo que tiene, es casi tan imperfecto como lo somos nosotros.

Nota: 7.2


Lo Mejor:
- Sus inmejorables intenciones
- La excelente banda sonora de Michael Giacchino
- La excesiva pero muy efectiva secuencia "del accidente", una de esas escenas que hacen de la pantalla de cine algo grande

Lo Peor:
- No está a la altura de sus intenciones...
- Sus por otro lado muy logrados efectos digitales que rompen ese encanto ochentero que demandaba unos efectos especiales más artesanales
- En su segunda mitad el guión es corrompido en demasía, careciendo de la solidez de su primera hora y pico; efectivo, pero carente de brillo, en resumen.(EL SEPTIMO ARTE).


Super 8 está siendo malentendida en su tercer acto porque no está siendo observada con atención: el propio Abrams ha declarado su abierta intención de homenajear el cine de la productora Amblin de los años ochenta con su emotiva historia de un grupo de chicos que están rodando una película casera y que graban por accidente el descarrilamiento de un tren cuyo contenido queda en libertad y provocará considerables trastornos en sus vidas cotidianas. El beneplácito y la producción ejecutiva de Spielberg y la propia Amblin son la evidente señal de que el homenaje es bien recibido, y la maquinaria nostálgica de fans y cinéfilos treintañeros echa a andar sin tener en cuenta que Abrams ha rodado tanto un homenaje a las películas familiares protagonizadas por niños propia de aquellos tiempos (Los Goonies, E.T.Exploradores) como una rendida reverencia a las estupendas monster movies de esa década (El terror no tiene formaLifeforce, el remakede Invasores de Marte...).

Por eso, mientras que el código para disfrutar la primera mitad de la película está al alcance de todo cinéfilo al que se le llena la boca con el «tío Clint», «el bueno de Hitch» y el «Maestro Spielberg», la segunda mitad (y sobre todo, el último acto, ese último acto que falla tanto para los foreros meméticos) exige unos códigos algo más rebuscados y que, por suerte o por desgracia, aún no han obtenido su legitimación por parte de la cinefilia oficial. Las carreras por los túneles, los ataques a traición y las motivaciones del monstruo son más propias de una serie B generosa en látex que de una producción Amblin. Y ese es el auténtico homenaje que hay que desentrañar, no el que ya viene en grandes letras precediendo al título de la película. La clave para todo ello está en los soberbios créditos finales: puede que alguien estuviera esperando la estúpida «magia» de ver pasar a una bicicleta volando por delante de una luna, pero unos cuantos nos lo estábamos pasando bien con las referencias a unos infragéneros mucho más divertidos que el enésimo volumen de En los límites de la realidad.

El hecho de sobreinterpretar o infrainterpretar los homenajes que aparecen en la película, sin duda,es importante cuando Super 8 está firmemente asentada en el legado del fantástico de décadas recientes. No es eso, sin embargo, lo que la convierte en una buena película, y a ratos en una película sensacional: las espectaculares interpretaciones de los niños protagonistas, los cuidados detalles de guion (con diálogos y sugerencias que van resonando con curiosos ecos a lo largo de todo el metraje), el diseño y ejecución de todo lo relativo a la criatura... Hay que conceder a las voces más críticas que la película pisa el acelerador en su tramo final y, por algún motivo que tiene más que ver con esa intención reverencial de Abrams que con la posibilidad de cerrar con cabeza la historia, la secuencia climática del film parece atemorizada de su propio universo de ficción y no posee la brillantez del resto del film. Pero es un detalle menor en una película que rezuma tanto cariño explícito (los homenajes) como implícito (su propio palpitar, que va más allá de la mera clonación de constantes del pasado) por el género fantástico, que acaba funcionado a la perfección como obra autónoma y, por suerte, vuela libre sin mirar a sus padrinos más de lo necesario. (CINE 365).



La llegada de las primeras cámaras domésticas de Súper 8 a los hogares de clase media norteamericanos alentó un curioso fenómeno que no fue reconocido como tal hasta que, años más tarde, los estudiosos de la cultura popular le pusieron nombre: las backyard monster movies; es decir, las películas de monstruos de patio trasero, versiones domésticas del cine de terror emitido por televisión que confeccionaban los niños y preadolescentes de la casa con la cámara hurtada al padre.
Famous Monsters of Filmland, la histórica revista creada por el coleccionista Forrest J. Ackerman, alentó esas actividades extraescolares reservándoles espacio en sus páginas. Con el tiempo, alguno de esos cineastas amateurs se convirtió en profesional de los efectos especiales, dibujante de tebeos de superhéroes o director en toda regla. Quizá el más célebre de todos ellos fuera Steven Spielberg, que acabó trasladando toda esa energía (todo ese amor) impresionada en Súper 8 a la forja de un nuevo modelo de cine espectáculo que, para los apocalípticos, destruyó la posibilidad de un nuevo Hollywood adulto y, para los integrados, sublimó una utopía del cine dionisíaco que amplificaba la memoria de la serie B en Dolby Surround y esplendor visual de altísimo presupuesto.
Comunión e imaginario universal 
En 'Super 8', J.J. Abrams (un zorro al que se le puede reprochar el cálculo, pero nunca negar el talento) no solo rinde tributo explícito a su propia educación sentimental (esas producciones de la Amblin que nos formaron como cinéfilos bastardos), sino que destila, en forma de poderosa ficción familiar, todo ese proceso, ese juego de vasos comunicantes que comunica la emergencia de la cienciaficción de los años 50 con la trascendencia del modelo Amblin, pasando por esa zona de tránsito que fueron las apropiaciones domésticas de un imaginario universal.
La película de Abrams hace caer en la cuenta al espectador con memoria de hasta qué punto el blockbuster deshumanizado de última generación nos ha malacostumbrado: los placeres contenidos en 'Super 8' parecen antiguos, en algunos casos (el encuentro con el padre de Alice en el albergue) casi kitsch, pero, del primer al último fotograma, hay pasión cinéfila, conocimiento de causa y, sobre todo, compromiso con el factor humano. En este sentido, el prólogo (las imágenes de la fábrica, el funeral) es modélico: una lección magistral sobre cómo definir un mundo, abrir interrogantes y escoger la mirada que transformará un aparente Apocalipsis en un acto de comunión con la otredad.(FOTOGRAMAS).

CONAN,EL BARBARO 3D




Película: Conan el bárbaro (2011). Título original: Conan the barbarian 3D.Dirección: Marcus NispelPaís: USAAño: 2010. Duración: 117 min.Género: AcciónaventurasfantásticoInterpretación: Jason Momoa(Conan), Ron Perlman (Corin), Stephen Lang (Khalar Zym), Rachel Nichols (Tamara), Rose McGowan  (Marique), Saïd Taghmaoui (Ela-Shan), Leo Howard (Conan joven), Steve O’Donnell (Lucius), Raad Rawi (Fassir), Nonso Anozie (Artus). Guion: Thomas Dean Donnelly, Sean Hood y Joshua Oppenheimer; basado en el personaje creado por Robert E. Howard. Producción: Boaz Davidson, Joe Gatta, Avi Lerner, George Furla, Danny Lerner, John Baldecchi, Les Weldon, Joe Gatta, Henry Winterstern y Fredrik Malmberg. Música: Tyler BatesFotografía: Thomas Kloss.Montaje: Ken Blackwell. Diseño de producción: Chris August. Vestuario: Wendy Partridge. Distribuidora: AurumEstreno en USA: 19 Agosto 2011. Estreno en España:19 Agosto 2011No recomendada para menores de 16 años.


Las hazañas de Conan en la Era Hiboria cobran ahora vida en esta película de acción y aventuras en 3D. Una búsqueda que comienza como una vendetta personal para el feroz guerrero cimmerio no tardará en convertirse en una épica batalla que lo enfrentará a descomunales rivales y horrendos monstruos. Contra toda esperanza de victoria, Conan se dará cuenta de que es la única posibilidad de salvación de las grandes naciones de Hiboria frente a la invasión de un mal sobrenatural.



Que el alemán Marcus Nispel sea el director de esta nueva versión de las andanzas bárbaras de Conan ya era, de entrada, una buena señal. Nispel es un excelente reciclador, como ya demostró en sus versiones/puestas al día de La matanza de Texas y Viernes 13. Puede sobrar el 3D si establecemos una comparación con la sucia y violenta película que realizó John Milius hace 30 años, y quizá el nuevo intérprete que luce los pectorales, la melena y la espada del personaje creado por Robert E. Howard, el actor y modelo hawaiano Jason Momoa, carezca de la presencia de Arnold Schwarzenegger. 
 Sin embargo, este nuevo Conan el Bárbaro no solo respeta las señas de identidad de este personaje trasladado de la literatura pulp y el cómic a la superproducción, sino que tiene una fisicidad no digital bastante sorprendente para los tiempos que corren. Nispel ha tenido en cuenta sin duda alguna los filmes previos de Milius y Richard Fleischer sobre el personaje y las ilustraciones que le dedicó Frank Frazzetta, además de toda la vasta cultura sobre espalda y brujería desperdigada en las artes más populares, pero su intención no es perpetuar una imagen concreta sino acudir a los elementos más míticos del personajes y su contexto y caminar con libertad sobre los mismos. 
 En este sentido, la película de Nispel ni es un revival ni el aprovechamiento formulario de un personaje de éxito. Como hiciera con La matanza de Texas, Nispel sabe contentar tanto al conocedor como al neófito. (EL PERIODICO).




Creado en 1932 por el escritor Robert E. Howard, Conan el bárbaro, es un personaje emblemático del subgénero de espada y brujería. Alcanzó la popularidad, sobre todo por las adaptaciones al cómic, de Marvel y muy posteriormente Dark Horse. En 1982, John Milius fue el responsable de una notable versión cinematográfica que lanzó a la fama al entonces desconocido Arnold Schwarzenegger, que tenía un aspecto físico idóneo para interpretar al personaje. Richard Fleischer dirigió en 1984 Conan, el destructor, una desmejorada secuela.
La madre de Conan da a luz en plena batalla cuando está herida de muerte. El chico crecerá junto a su padre en un pueblecito cimmerio cuyos habitantes ocultan un fragmento de una antigua corona que posee grandes poderes. En busca de este objeto acude al lugar un codicioso individuo acompañado de su hija bruja y de un ejército que aniquila a la población, incluido el padre de Conan. Éste se convertirá años después en un musculoso guerrero, que arriesga su vida para liberar esclavos y otras causas justas. Encontrará el rastro del hombre que masacró a su pueblo, tras reencontrarse ocasionalmente con uno de sus secuaces.
La película recupera el esquema del film de Milius, también en torno a la venganza, aunque la trama es completamente diferente. Pero no resiste ni de lejos la comparación, ya que su predecesora tenía un tono épico que no logra en ningún momento el anodino experto en remakes Markus Nispel (Viernes 13El guía del desfiladero).
Es posible que los menos exigentes y los incondicionales del personaje se conformen con la sucesión de coreografías aceptables, y efectos especiales logrados, a ritmo 'videoclipero', pero el film tiene un guión predecible y poco trabajado, y todo resulta excesivamente insulso, ya visto en otras películas, como una batalla contra monstruos de arena que recuerda a Spider-Man 3. Tampoco resultan convincentes las interpretaciones, especialmente por parte de Jason Momoa, que se limita a poner gestos de bruto. Puesto que no logra hacer olvidar a Schwarzenegger, produce la sensación de estar viendo un Tarzán sin Johnnny Weissmuller.
Si a principios de los 80 chocaba la crudeza de la cinta de Milius, el realizador se limitaba a no ocultar los aspectos más sórdidos, ni el erotismo de ciertas secuencias, pero nada resultaba forzado ni se alargaba en exceso. Llama la atención que esta nueva versión se regodee en excesos violentos, con detalles propios del cine gore, lo que le quita realismo. También parece que el film se detiene para recrearse en la exhibición de la anatomía femenina, y en una alargada y morbosa secuencia de sexo.(DE CINE 21).


Arnold Schwarzenegger accedió al estrellato gracias al personaje creado en 1932 por Robert E. Howard, pero los fans integristas nunca le perdonaron al director John Milius su decisión de ignorar los aspectos más abiertamente fantásticos de las novelas pulp que adaptaba. Esta nueva versión intenta corregir ese error: bestias tentaculares,monstruos de arena, sacrificios rituales y hechiceras con complejo de Electra devuelven a Conan al territorio de la pura weird fantasy, ya explotado con anterioridad por el debut cinematográfico de otra creación de Howard, Solomon Kane (Michael J. Bassett, 2009).
Como buena serie B de alto presupuesto, Conan el Bárbaro no tiene reparo en invocar (o, más bien,canibalizar) el recuerdo de Tolkien, Indiana Jones, Beowulf o, básicamente, cualquier tótem del fantástico que entre en su radar. El vikingo Marcus Nispel compensa esa carencia de originalidad con una muy bienvenida sobredosis de gore, erotismo y demás placeres profanos que el género parecía haber olvidado. Su propuesta está destinada a ser incomprendida por el gran público, pero los amantes del cine de aventuras bruto sabrán valorarla como lo que es: un chute de adrenalina que se olvida de cualquier sofisticación y sólo busca saciar nuestra necesidad dediversión epidérmica.(FOTOGRAMAS).



Debo de ser de los pocos a los que les gustó la mencionada 'Pathfinder' del siglo XXI, no necesariamente porque fuera buena (que no lo era) sino más bien por lo que se le intuía, una especie de película gráfica por pulir que de no haberse plegado a las directrices más comerciales, habituales y conservadoras podría haber funcionado muy bien dentro de su propia sencillez y simpleza, básicamente de la misma manera que por ejemplo lo hacía ese 'Viernes 13' del propio Nispel, un filme que hacia de lo estilizado de su puesta en escena su mejor arma con la que degollar el cuello de un público por demás entregado a la causa.

Prometer hasta meter... y una vez metido, se acabo lo prometido. Carpe Diem. Este 'Conan el bárbaro 3D' viene a ser lo que cabe esperar de un 'Conan el bárbaro' mass media concebido en un siglo XXI cuya sociedad de consumo no se caracteriza precisamente por la densidad de sus ambiciones o el interés por crear algo que sobreviva más allá del momento, dando lugar a un simple y efectivo pasatiempo con el que distraerse y pasar el rato, no por ello necesariamente bueno ni especialmente logrado, para nada emblemático ni una cita ineludible, pero donde el ruido está orquestado con ritmo y el suficiente oficio como para este que sirva de rodillo para que el guión fluya de la cabeza de Ron Perlman a la de Stephen Lang. Entre medias, sin que nada de lo que cuente sea particularmente interesante, un convincente Jason Momoa como un Conan con menos músculo pero más agilidad que el de Schwarzenegger, una constante apuesta por la acción por encima de su argumento ante el que sus intérpretes ponen buena cara al mal tiempo, y la sencillez de una narrativa a la que los millones de dólares de su presupuesto evitan pensar que estemos 'En tiempo de Brujas', ofreciendo a nivel visual una más que convincente estampa -cuando su atropellado montaje lo permite- con la que decorar una pantalla de cine en la que, sin embargo y pesar de la eficacia una vez más de Tyler Bates, se echa en falta un sustento sonoro tan memorable como el que contó Milius en su momento.

Estamos pues ante lo que no debiera ser una sorpresa, no para espectadores ya curtidos ante el poder del dólar y prevenidos ante lo que una producción de verano es capaz de ofrecer. 'Conan el bárbaro 3D' es una versión que más que actualizada se vislumbra simplificada, que más que rehacer se aprovecha y muy propicia para la generación "fast & furious", la misma que aplaude con las orejas al son de 'Torrente 4' mientras grita que españoladas no, por favor. Al igual que ese 'Solomon Kane' del mismo autor, 'Conan el bárbaro' es una traslación netamente comercial que aspira a ser lo que pretendía ser sin que el esfuerzo aporte más de lo necesario. Ni más ni menos. Y por valer puede valer como puede no valer, depende de cuanto nos guste sucumbir al poder del acero.

Recuerdo con cariño 'El Rey Escorpión'. Puede que no sea una buena película pero no por ello deja de ser la película que quería ser, una especie de serie B simpática consciente de su condición y que no se toma en serio a sí misma. En ese sentido este 'Conan' pierde al tomarse así misma algo en serio lo que por contra gana en espectacularidad y, especialmente, en lo salvaje de una puesta en escena que sin regodearse en la carne no escatima a la hora de enseñar sangre. The Rock y Jason Momoa viene a ejercer, en líneas generales y salvando las distancias, de la misma manera y con la misma sencillez con la que sus respectivos personajes afrontan la vida, una vida fundamentada en el mata o muere que reduce sus respectivos vehículos de lucimiento a entretenimientos tan sencillos como el propio cine es capaz de ofrecer. Si el propio Conan es simple en su concepción del mundo, ¿por qué no esperar una producción igual de simple?

Nota: 6.0


Lo Mejor / Lo Peor:
- Es más o menos lo que cabe esperar de ella.(EL SEPTIMO ARTE).

domingo, 14 de agosto de 2011

13 ASESINOS




Película: 13 asesinos. Título original: Jûsan-nin no shikaku. AKA: 13 assassins. Dirección: Takashi MiikePaíses: Japón y Reino UnidoAño:2010. Duración: 120 min. Género: AccióndramaInterpretación: Kôji Yashuko (Shinzaemon Shimada), Takayuki Yamada (Shinrokuro), Yûsuke Iseya (Koyata), Gorô Inagaki (lord Naritsugu), Masachika Ichimura (Hanbei), Mikijiro Hira (sir Doi), Hiroki Matsukata (Kuranaga), Ikki Sawamura (Mitsuhashi). Guion:Daisuke Tengan; basado en un argumento de Shoichirou Ikemiya. Producción:Masaaki Ujo, Michihiko Umezawa, Minami Ichikawa, Toichiro Shiraishi, Takahiro Ohno, Hirotsugu Yoshida y Shigeji Maeda. Música: Kôji Endô. Fotografía: Nobuyasu Kita.Montaje: Kenji Yamashita. Dirección artística: Yuji Hayashida. Vestuario: Kazuhiro Sawataishi. Distribuidora: AvalonEstreno en Japón: 25 Septiembre 2010. Estreno en España: 12 Agosto 2011No recomendada para menores de 16 años.

El ascenso al poder del joven y sanguinario Lord Naritsugu supone una seria amenaza para la paz en el Japón feudal. Simplemente por ser el hermano del shogun, Lord Naritsugu está por encima de la ley, y asesina y viola a su antojo. Afligido por la masacre perpetrada por el sádico Naritsugu, el oficial Sir Doi contacta secretamente con el samurái Shinzaemon Shimada para acabar con Naritsugu. El noble samurái, indignado por la crueldad de Naritsugu, acepta de buen grado la peligrosa misión. Para ello, reúne a un selecto grupo de samuráis, entre los que se encuentra su sobrino Shinrokuro y el devoto aprendiz Hirayama. Juntos, traman una emboscada para atrapar a Lord Naritsugu. Shinzaemon es consciente del peligro que conlleva. Naritsugu va escoltado por una comitiva encabezada por el letal e implacable Hanbei, uno de sus antiguos rivales. Los “13 asesinos” de Takashi Miike es un remake del film homónimo dirigido por Eichi Kudo en 1963.

Una de las mejores películas del cineasta japonés, que ofrece a un tiempo belleza estética y acción sublime.
Takashi Miike es uno de los directores japoneses más prolíficos del momento y uno de los que tiene mejor distribución de su obra en España. Ecléctico y versátil, el realizador se atreve con casi todo: desde el minimalista romance Big bang love, juvenile A pasando por el film de acción Crows Zero, la comedia negra La felicidad de los Katakuri o el jidaigeki -película de época- 13 asesinos.
El hecho de que Takashi Miike sea un cineasta tan fértil implica -como en el caso de otros realizadores como Woody Allen- que su filmografía esté llena de altibajos y que su calidad -con todo, siempre interesante- varíe de una película a otra. Sin embargo, 13 asesinos se destaca, sin duda, como uno de los mejores largometrajes del director.
Remake homónimo de un largometraje de Eiichi Kudo del año 1963, narra el empeño de un grupo de samuráis por asesinar a un noble despótico y demente cuya diversión principal es matar y torturar a quienes se le antoja. Ante la perspectiva de que alcance una posición de poder en el shogunato, se da una orden secreta desde dentro del gobierno para eliminar la amenaza que supone. 
Además de destacar por su belleza plástica, la película -mucho más violenta que la original- logra uno de sus mayores triunfos en una contención irreprochable, fundamentalmente en la primera mitad de la narración. Al igual que en Big bang love, juvenile AMiike opta por retratar lo macabro fuera de campo, lo cual le permite crear un simbiosis magnífica entre lo poético y la acción deplorable. 
Si bien es cierto que la fuente original del relato parte de la propuesta de Eiichi Kudo, la referencia a Los siete samuráis deAkira Kurosawa en 13 asesinos es ineludible. Evidentemente ambas comparten similitudes narrativas -un grupo de guerreros emboscan en un pueblo a un grupo de villanos-, pero es en la planificación de las secuencias de acción y en la introducción del personaje del chiflado, que no aparecía en la versión de 1963, donde aparecen las referencias al maestro del cine japonés.
Miike añade a la trama un viaje por los bosques en el que la banda conoce a su decimotercer aliado: un hombre básico, que sin ser ducho en el arte de las armas, tiene un instinto de supervivencia encomiable y un manejo de la onda proverbial. El parecido con el personaje interpretado por Toshiro Mifune en el largometraje de Kurosawa es notable, no sólo en su forma de comportarse y de entender la vida, sino también en el papel que ambos directores dan al personaje para distender la tensión dramática. 
Sin perder de vista que 13 asesinos es una versión del largometraje de Eiichi Kudo, dado que ambas comparten la misma trama básica y tienen planos exactamente iguales, la reformulación del director de Crows zero posee una fuerza visual espléndida y un ritmo inteligente. Esta superioridad con respecto al original se da, a partes iguales, gracias a la soberbia fotografía de Nobuyasu Kita -Crows zero 2-, a la vibrante banda sonora de Koji Endo -colaborador habitual del director-, a un magnífico montaje y a una poderosa edición sonora.
El colofón perfecto lo proporciona un impresionante elenco actoral, con Koji Yakusho a la cabeza -La anguila, CureBabel.13 asesinos es, en resumen, una película magnífica, palpitante y hermosa, digna de ser vista en pantalla grande para disfrutar plenamente de su bellísima composición.(FILA SIETE).



El japonés Takashi Miike es uno de los directores más prolíficos, prestigiosos y versátiles de su país. Desde que irrumpiera en 1999 con su durísima Audition, no ha parado de entregar películas de todo tipo, desde el puro terror (Three Extremes), la acción (Crows Zero) o incluso el musical de humor surrealista (La felicidad de los Katakuri). Ahora rinde un apoteósico homenaje al espíritu de clasicismo japonés con una película de guerreros feudales que retrotrae innegablemente a Los siete samuráis de Kurosawa, aunque en realidad es un remake de un film de 1963 dirigido por Eiichi Kudo. La puesta al día es de una gran maestría y por supuesto de un ritmo en las escenas de acción incomparable con su predecesora.
El film se puede estructurar en tres partes claramente diferenciadas. Se inicia con los diálogos conspirativos contra Naritsugu, a la vez que se ofrecen escenas desagradables acerca de la crueldad y la psicopatía de este abominable personaje; seguidamente tiene lugar el viaje a lo largo de la selva emprendido por el grupo de asesinos, que pretenden enfrentarse a sus enemigos en territorio favorable y buscan su emboscada en un pequeño pueblo; y en tercer lugar tiene lugar el enfrentamiento. Esta tercera parte dejará al espectador totalmente epatado debido a su larguísima duración: casi una hora de combates entre 13 hombres contras 200, con flechas, lanzas, piedras y por supuesto katanas. En este sentido, y aunque la producción está sumamente cuidada, es muy difícil que muchas imágenes no resulten también reiterativas. Esto se debe, claro, a la propia naturaleza de las mismas -la cámara va de un samurái a otro, mientras va matando todo lo que le sale al paso-, pero también a que hay un tratamiento deficiente de los personajes. Puede decirse que sólo conocemos a seis de ellos -Shinzaemon, su sobrino Shinrouko, su discípulo Hirayama y el cazador Koyata, por un lado; y Naritsugu y su principal guardaespaldas, Hanbei, por otro-, y este handicap lleva consigo cierta falta de implicación emocional, aunque no por eso el film deje de ser muy entretenido.
Por lo demás, en una película de este jaez Miike ofrece como era de esperar una visión heroica del mundo samurái, de sus convicciones y su entrega casi ciega a las órdenes de su señor, que ellos ven como su único destino. Pero el director japonés es travieso a su modo y acierta al mostrar un contrapunto muy original -y actual- con el humorístico y gamberro personaje del cazador, quien se ríe de la presuntuosidad de ese mundo de zalamerías y honorabilidad que entonces estaba cerca de extinguirse. En cuanto a los actores, hay que destacar, sin duda, al estupendo Koji Yakusho en el papel de Shinzaemon.(DE CINE 21).



Honor y justicia. Dos conceptos que sobrevuelan, se confunden y condicionan a sus protagonistas, en este drama ambientado en el Japón feudal de Takashi Miike, conocido entre sus seguidores por sus inquietantes y sorprendentes secuencias en películas como Ichi the Killer (de 2001, o el esquizofrénico asesino, fan de la carne picada humana aliñada con yakuzas) y Audition (de 1999, o el arte de la tortura acupuntura, kirikirikiri). No en vano este grupo de samuráis se juega la vida sin temer a la muerte, y se practica el harakiri con una tranquilidad pasmosa. Todo sea por el honor y/o la justicia. Esto es lo que acerca 13 asesinos a Los siete samuráis (1954) de Kurosawa. Si en ésta los campesinos contratan a estos Robin Hood nipones de la guerra para protegerse de los que roban sus cosechas, en la película de Miike es uno de los oficiales (que reúne a los mejor preparados) el que toma la decisión de jugarse el cuello contra el hermano del Shogun, un tipo ambicioso, al que, en la primera mitad de la película, se nos retrata como un sádico asesino con total impunidad para torturar y matar. A diferencia de sus dos obras maestras anteriormente citadas, 13 asesinos –que fue nominada como mejor película en el Festival de Venecia del año pasado y ganó en Sitges el premio del público– parece tener más relación con el cine en el que se está volcando el director ahora. Su próximo proyecto, Hara-kiri: Death of a samurai, presentado en la sección oficial a concurso del Festival de Cannes de este año, está protagonizado por un samurái que pretende suicidarse. La desesperación, la locura, la angustia llevada al límite continúan aquí. También la necesidad de venganza, sangrienta, y de una crueldad excesiva. Y el fino humor surrealista, siempre chocante, pero muy de Miike, del cine japonés. 13 asesinos es 100% cine de samuráis. Un chute de acción en vena. Y, sumando algunas escenas que se fijan en la retina (esa mujer mutilada, imagen del terror, de la maldad absoluta), le resta parte de esa escena de lucha de 45 minutos final, que se alarga, como es obvio, más de lo humanamente permitido.(CINEMANIA).
En 'Ran' (1985), Akira Kurosawa convirtió las escenas violentas y sangrientas en un cuadro de Jackson Pollock. Sin embargo, el estilo de Kurosawa había cambiado: la rabia enloquecida y fragmentada de 'Los Siete Samuráis' (1954) había dejado espacio para el plano general y sin cortes. La casquería final de 13 asesinos tiene mucho de la serenidad mutante de Ran, a pesar de que en Takashi Miike es difícil hablar de evolución, teniendo en cuenta que cada una de sus películas supone una ruptura con la anterior.
Miike juega a ser casi clásico, como para demostrar que ningún registro se le resiste, y consigue hacer una película sobria, tanto en el planteamiento de la trama, eminentemente dialogado, como en su resolución, una lección de cómo se pone en escena una lucha cuerpo a cuerpo, coreografiando a varios actores sin romper el equilibrio en la composición del plano. El film puede perder algún espectador en su parte expositiva, pero, en el fondo, poco importa saber quién es quién en este western que enfrenta a un loco con una pandilla de desclasados. Lo que importa es ver y oír la espada rasgando la pantalla.(FOTOGRAMAS).

viernes, 12 de agosto de 2011

LA BODA DE MI MEJOR AMIGA






Película: La boda de mi mejor amiga. Título original: Bridesmaids.Dirección: Paul FeigPaís: USAAño: 2011. Duración: 125 min. Género: ComediaInterpretación: Rose Byrne (Helen), Kristen Wiig (Annie), Maya Rudolph (Lillian), Wendi McLendon-Covey (Rita), Chris O’Dowd (oficial Nathan Rhodes), Ellie Kemper (Becca), Matt Lucas (Gil), Melissa McCarthy  (Megan), Jon Hamm (Ted). Guion: Kristen Wiig y Annie Mumolo. Producción: Judd Apatow, Barry Mendel y Clayton Townsend. Música: Michael Andrews. Fotografía:Robert D. Yeoman. Montaje: William Kerr y Mike Sale. Diseño de producción: Jefferson Sage. Vestuario: Leesa Evans. Distribuidora: Universal Pictures International Pictures SpainEstreno en USA: 13 Mayo 2011. Estreno en España: 12 Agosto 2011. No recomendada para menores de 12 años.

La vida de Annie está hecha un asco. Cuando se entera de que su mejor amiga Lillian va a casarse, se empeña en ser su primera dama de honor. A pesar de amar y no ser correspondida, y de no tener un centavo a su nombre, Annie se echa un farol e intenta salir airosa del extraño y caro ritual, al tiempo que va conociendo a las otras damas del séquito de la novia, especialmente a su rival más directa (Helen), perfectamente capaz de hacer sin esfuerzo lo que a Annie le cuesta un mundo. Mientras guía a las damas de honor por una creciente serie de desastres, Annie se da cuenta de que la persona que mejor la conoce le ha presentado a cuatro extrañas que van a dar un vuelco a su vida.

Divertido film del subgénero comedia con boda, pergeñado en la factoría del prolífico Judd Apatow, que aquí ejerce de productor. En realidad el alma de la cinta es la coguionista y protagonista Kristen Wiidg, todo un descubrimiento, respaldada por la también guionista Annie Mumolo y el director Paul Feig. Como cabe imaginar, contiene algunas de las señas de identidad de las comedias Apatow, como el lenguaje obsceno, con la particularidad en esta ocasión de que está en boca de mujeres. En lo visual hay en cambio cierta contención, sin duda con vistas a recibir una calificación por edades benigna; no es tan salvaje como Resacón en Las Vegas, de la que se ha venido a decir que era su versión femenina, una indudable simplificación.
Aunque algunas bromas son bastante elementales, groserías del tipo "caca-culo-pis" -véanse los efectos secundarios de comer en un restaurante brasileño-, hay un buen puñado de pasajes desternillantes que funcionan, como el "duelo" en la cena de pedida entre Annie y Helen, o los intentos desesperados de Annie por recabar la ayuda del agente Rhodes, un policía por el que siente cierta atracción no confesa. Por tanto un guión bien escrito, más un personaje central bien construido -el de Annie-, más buenos secundarios -qué divertida resulta, por citar un ejemplo, la dama de honor "mulier fortis" Megan, compuesta por Melissa McCarthy-, más un disparatado sentido del humor, componen una película razonable, que funciona, y que incluso los tópicos de las películas de bodas -los obstáculos que amenazan que que el día clave no sea tan feliz como se espera, los mil y un preparativos...- sabe retorcerlos, riendo de las cursiladas que pueden surgir en tales ocasiones.(DE CINE 21).



........Por simple inercia tendemos a comparar unas películas con otras, o simplemente a comparar para en no pocas ocasiones hacernos entender. Es algo que está en cada uno y que cada uno lo hace a su manera. En mi caso ya sea justo o no para cualquiera de las dos contendientes me resulta verdaderamente complicado no comparar a 'Super' con 'Kick-Ass' o a 'Thor' con 'Linterna verde', casi tanto como a buen seguro me resultará complicado no caer en la tentación de hacer lo propio con 'Noche de miedo' o 'Conan', versiones 2011, y sus respectivos originales ochenteros. De igual manera se me antoja complicado no comparar 'La boda de mi mejor amiga' con 'Resacón en Las Vegas' sin que necesariamente podamos hablar de dos títulos que ni se lo merezcan ni que sean afines. Simplemente es así. O tal vez sea porque filmes como 'La boda de mi mejor amiga' sirvan para revalorizar el trabajo de gente como Todd Philips en ambas entregas de la ya franquicia, y en las que se vislumbran una dosis de inteligencia, habilidad y verdadero interés por hacer de la función una función que merezca de verdad la pena sin pretensión alguna por ser lo que ni se es ni merece la pena ser, y además sabiendo dónde, cómo y cuanto tiempo, tres cuestiones fundamentales de una buena comedia que algunos insisten en no entender.

La guerra entre las dos mejores amigas de la novia que ni por asomo lo son entre ellas por convertirse en la dama de honor preferida de esta es el eje principal que sustenta el film, un eje que lejos de focalizar toda la atención es salpicado por diversos detalles paralelos como una aburridísima, tópica e insustancial relación entre la protagonista y un policía que rompe el relato cada vez que se presenta, recreación torpe del que una vez más es un innecesario interés romántico que le mete relleno y desvía la atención sobre lo que no debiera de ser más que una desbocada comedia sin prejuicios, algo con lo que no por casualidad coquetea en aquellas ocasiones en las que mejor funciona, véase la impagable escena en la que las damas de honor se prueban los vestidos tras comer en un restaurante brasileño... Así su irregular, repleta de altibajos e inconsistente narración con ansias de irreverencia infundada se extiende a cerca de unos muy excesivos 120 minutos de metraje que diluyen en mucho la fuerza cómica del relato, sobrecargado de elementos recreados de forma un tanto torpe que no conducen a ninguna parte, de cara a la galería y que bañados en un exceso de vago dramatismo de manual le quitan progresivamente la gracia a unos cada vez más insulsos chistes cuya atención se desvía, incluso antes de llegar a su muy edulcorado tercio final, hacia el reloj una vez se ha sobrepasado el límite de lo que, en esencia, es como cualquier otra historia de entretenimiento sin pretensiones a la que se le ha dado demasiado margen para naufragar.

Lejos de las expectativas 'La boda de mi mejor amiga' es toda una decepción tanto como película como comedia, una producción cuyo visionado es salvable pero a todas luces fallida, bastante corriente salvo detalles puntuales -algunos excelentes, no obstante, como la aportación de un no acreditado Jon Hamm- y muy sujeta a un patrón comercial en el que alrededor de un concepto se han elaborado de manera un tanto difusa una suma de sketches con forma de guión que delatan claramente la procedencia de las mentes creativas que se esconden detrás. El indudable carisma de Kristen Wiig, mucho mejor como actriz que como guionista a tiempo completo y que recuerda a la Sandra Bullock de 'Mientras dormías' y demás títulos por los que nunca le hubieran regalado un Oscar, y sobre el que descansa buena parte de la responsabilidad en detrimento de unos secundarias muy desperdiciadas no es suficiente como para sobreponerse del todo a la por otro lado desganada, impersonal y plana puesta en escena del igualmente televisivo Paul Feig, un trabajo bastante poco lucido tras las cámaras que se ve refrendado por un montaje bastante inocuo y aséptico en líneas generales, y cuyo gusto por el exceso (véase la interminable escena en la que los personajes de Wiig y Byrne rivalizan con su discurso) termina por convertir escenas potencialmente graciosas en escenas que se hacen las graciosas, no sin cierta desesperación para el espectador. Y es que no es tanto el resultado, que al menos tiene un pase, como la sensación de que en mejores manos o con algo más de maña la cinta podría haber dado para mucho más.

Nota: 5.5


Lo Mejor:
- Ocasionales golpes de humor
- Kristen Wiig, cuyo carisma y potencial fue no obstante mejor aprovechado en la mucho más lograda 'Paul'
- Pillarle el punto a la VO, donde intuyo que con un inglés más fluido se le puede sacar más partido a los diálogos...

Lo Peor:
- Su excesivo tono sensiblero
- Su por momentos excesiva seriedad desprovista del humor con el que están enfocadas otras escenas
- Sus muy excesivos 120 minutos de metraje.(EL SEPTIMO ARTE).


El tema de las comedias protagonizadas por mujeres siempre ha sido complejo sobre todo en los últimos años. El problema ha radicado muchas veces en ser excesivamente femeninas, o pretender serlo tanto que se vuelven poco digeribles para los hombres y ciencia-ficción incluso para las propias mujeres. El caso de "La boda de mi mejor amiga" se aleja bastante de esas Bridget Jones o comedias de Sarah Jessica Parker y es accesible a ambos géneros por igual.
 La película desprende el estilo de los mejores Farrelly, de los que en cierta manera es un heredero directo Judd Apatow, a todo esto productor del film. Eso de que era como «Resacón en Las Vegas» pero con mujeres no es ser sinceros con una historia que de primeras sí puede parecer que va a ir por ahí pero que luego se desvía a otros derroteros.

El pilar de la película es sin duda Kristen Wiig. Salida de la cantera del Saturday Night Live y recientemente vista en «Paul», la actriz soporta todo el peso del film y se destapa como una gran intérprete de comedia. Wiig vendría a ser la perfecta Ben Stiller en femenino, borda ese personaje de pringada algo desilusionada con la vida que intenta poner buena cara pero siempre acaba liándola parda. También hay que decir que Kristen Wiig juega en cierto modo sobre seguro porque ese personaje es uno de sus puntos fuertes como ha demostrado en anteriores trabajos, y si a eso le sumamos que es co-autora del guión, tenía todo preparado para lucirse.
El humor de la película, si tenemos en cuenta las influencias antes mencionadas, no es ni mucho menos de guante blanco. Es soez, bruto y con toques escatológicos que aún así guarda una esencia femenina. Como siempre hay algunos gags que funcionan mejor que otros, pero en general funcionan bien aunque ha habido cierta desmedida en cuanto a su duración porque en algunos estas pidiendo la hora y en otros, como en el de la llamada de atención del coche de policía, no aportan nada y hacen que la película se vaya a las dos horas de duración.

A pesar de la fuerza del personaje de Kristen Wiig, la escolta de secundarias que tiene la llevan en volandas bastante bien, aunque se desperdicie el potencial de algunos personajescomo el de Rita o Becca y se potencie el de Megan, la hermana marimacho del novio, cuyo jugo humorístico es evidente y se saca con facilidad. El sector masculino se ve bien representado por Chris O'Dowd, el televisivo Roy de "The IT Crowd", y sobre todo por Jon Hamm que con lo poco que sale consigue hacer del perfecto guaperas completamente estúpido diametralmente opuesto al Don Draper de "Mad Men".

La historia es predecible hasta decir basta, pero el equilibrio entre los gags y el pequeño contrapunto tragicómico de ella hacen un producto de empaque, muy gracioso por momentos y algo diferente por ser "ellas" quienes protagonizan y realizan este tipo de comedias.(CINE 365).

Si comparamos esta comedia con La boda de mi mejor amigo, la estimable película de P.J. Hogan de 1997 con las que tantas similitudes tiene el título en castellano y no pocas situaciones del argumento, es relativamente fácil concluir que diez años en humor son mucho tiempo. Ahora el tono es muy distinto. Hemos pasado de la comedia romántica a la comedia… cínica. Es decir, la comedia de los ex románticos. Aquí hay gamberrismo e incorrección, posthumorismo y clasicismo, descreimiento y varias gamas de comedia. Humor de última generación.
En la pugna entre dos damas de honor por ver quién es más amiga de la novia ya se establece una divisoria entre dos maneras de entender la comedia: la dama que encarna Rose Byrne es la caricatura de la feminidad en versión cliché, la que tantas veces hemos visto en comedias no aptas para diabéticos. Por el contrario, el personaje de la gran Kristen Wiig es mucho más rico y novedoso: un imán de desgracias y un manantial de gags que, oh sorpresa, no encaja en ningún arquetipo femenino de comedia previo. Y que acredita a Wiig, poseedora de varios registros, como una de las grandes cómicas de la actualidad.(FOTOGRAMAS).


sábado, 6 de agosto de 2011

EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS



Película: El origen del planeta de los simios. Título original: Rise of the planet of the apes. Dirección: Rupert WyattPaís: USAAño: 2011. Duración:107 min. Género: Ciencia-ficciónInterpretación: James Franco (Will Rodman), Freida Pinto (Caroline Aranha), Brian Cox (John Landon), Tom Felton (Dodge Landon), Andy Serkis (César), John Lithgow (Charles Rodman), David Hewlett (Hunsiker), David Oyelowo (Steven Jacobs), Tyler Labine (Robert Franklin), Jamie Harris (Rodney). Guion: Rick Jaffa y Amanda Silver; inspirado en la novela “El planeta de los simios”, de Pierre Boulle. Producción: Peter Chernin, Dylan Clark, Rick Jaffa y Amanda Silver. Música: Patrick DoyleFotografía: Andrew Lesnie. Montaje: Conrad Buff y Mark Goldblatt. Diseño de producción: Claude Paré.Vestuario: Renée April. Distribuidora: Hispano FoxfilmEstreno en USA: 5 Agosto 2011. Estreno en España: 5 Agosto 2011No recomendada para menores de 7 años.

“El origen del planeta de los simios” es la precuela de “El planeta de los simios”. En la película, un científico trabaja en una cura para el Alzheimer que está siendo probada en monos. Una de estas criaturas es César, cuya inteligencia evoluciona de forma rápida y al que el protagonista de la historia lleva a su hogar para protegerlo de la crueldad de algunos de sus colegas. Pero algo va mal…

No es justo juzgar una película en función de su promoción por más que la primera impresión dependa en buena parte del impacto que esta haya causado en nosotros, promoción sobre la que recae no lo olvidemos la responsabilidad de generar una serie de expectativas que luego han de verse satisfechas por una producción que se las haya merecido. Con esto o sin esto, lo cierto es que existen muchos condicionantes que pueden afectar a la percepción de una película que por más que siempre sea la misma no siempre se nos muestra de la misma manera, entre ellos un exceso de información al respecto de cualquier producción que haya costado lo suficiente como para exigirle un mínimo rédito comercial en taquilla. De ahí que el tiempo ponga a cada uno en su sitio y que las primeras impresiones no siempre sean de fiar, dos afirmaciones cuya validez se ratifica con el recuerdo del encuentro nada casual y memorable con una mujer semidesnuda de 33 metros de altura que ponía fin en aquel entonces a lo que ahora es un punto de partida. Con esta imagen en el recuerdo y el hándicap de saber hacia dónde se dirige inevitablemente la historia difícil se presuponía la papeleta para un film que finalmente ha logrado asomar la cabeza no tanto por la violencia de los acólitos de César como por la inteligencia de este.

Dejando estas cuestiones al margen, tan importantes de inicio como irrelevantes a largo plazo, 'El origen del Planeta de los Simios' es ante todo una apuesta sólida que va más allá de la argucia comercial tan en boga hoy en día, y que demuestran que los diez años transcurridos desde su predecesora moral, la poco afortunada visita de Tim Burton a este universo, no han sido en balde a la hora de desarrollar un verdadero interés por traer de vuelta y con dignidad a la primera línea de batalla a un ideario con visos de continuidad en el futuro, algo muy evidente en un apartado visual mucho más lucido y digno del siglo XXI en el que los efectos digitales, acompañados de una muy sugestiva dirección de fotografía, se adueñan de la pantalla aunque no necesariamente de forma más convincente a nivel técnico que la llevada a cabo no ya en los años 60 por parte del equipo comandado por J. Schaffner, eran otros tiempos con otros medios, sino por el equipo de Rick Baker en la versión de Burton, mucho más creíbles por más que no podamos hablar de un mismo objetivo. La apuesta por el empleo exclusivo de la tecnología digital ofrece resultados dispares, genial cuando toca pulir la interpretación de un personaje como César, a quien una vez más el especialista en estas lides Andy Serkis presta sus dotes pixeladas, pero evidentemente forzado cuando toca dinamizar los movimientos tanto de este como de un rebaño de los malhumorados y peligrosos ciudadanos del futuro planeta de los simios.

Este abuso digital que en no pocas ocasiones deriva en un artificio de resultados más bien fríos por suerte es contrarrestado por una historia que si bien sencilla, evidentemente previsible y no exenta de ciertos clichés, trampas y demás recursos un tanto forzados y evidentes (puestos al servicio del ritmo del relato, eso sí), no centra su interés en dichos efectos, sino que se apoya en ellos para ser contada de tal manera que para cuando lleva el momento de la revolución la función permite albergar algún que otro sentimiento donde cobijar el placer culpable y contradictorio de ver como sacan brillo a unas heridas que en la vida real sería un tanto peliagudas. La narración, dominada por un personaje como César al que el humano James Franco se limita a secundar, consigue la plena identificación con este personaje no humano logrando que el cauce de la narración se aproveche, en cierta forma, de la falta de sorpresa del relato para sorprendernos sintiéndonos como este personaje que a la postre resulta tan realista y emocional, todo ello adornado con algún que otro plano digno del recuerdo con el que acostarse esa noche o momento a retener más allá de la proyección, algo cada vez más escaso en producciones sin pretensiones y entre los que destacan los que César comparte con un excelente John Lithgow, el momento en el que a cierto personaje se le ocurre abrir la boca o por méritos propios su clímax sobre el famoso puente de San Francisco, un verdadero clímax que rubrica su condición como tal y con tanta efectividad que los aburridos 50 minutos finales de 'Transformers 3' parecen carne de videoclub.

Aprendiendo de los errores del pasado, sin dejar de ser el blockbuster que debe de ser ni de servir a la causa de quien paga la factura, la producción ofrece algo más que fuegos de artificio de rápida digestión para contarnos una historia que se adivina muy solvente ya desde las páginas de un férreo y muy medido guión de Rick Jaffa y Amanda Silver que no descuida dar forma y fondo al inevitable enfrentamiento final con el que sabemos terminará la función. Rupert Wyatt corrobora el por qué los dirigentes de la Fox, poco dados a ofrecerles trabajo a cineastas con personalidad, depositaron su confianza en un virtual desconocido que presenta su candidatura como una promesa a tener en cuenta. Rodada con elegancia, narrada con ritmo y montada con habilidad, más que ejemplar resulta la puesta en escena, muy clara y limpia, de un director que sabe oscilar entre lo íntimo y lo grandilocuente para que el relato equilibrie entre lo emocional y lo espectacular sin que haya fisura alguna en su narrativa más allá de alguna licencia argumental ocasional como el hecho de que lo que algunos aprenden en años a otros les cueste minutos... Sin ser algo verdaderamente excepcional, este 'El origen del Planeta de los Simios' resulta uno de los estrenos más estimulantes y, por qué no, entretenidos de este verano... incluso aún antes de entrar a la sala; después no gana tanto pero al César lo que es del César, siempre que no sea de los humanos, tampoco pierde y eso ya es un triunfo en un mundo en el que a los humanos les va más por la labor vender que convencer.

Nota: 7.5   (EL SEPTIMO ARTE).


Después de la decepcionante visión de Tim Burton –cuya autoría a veces es un arma de doble filo– la idea de resucitar la franquicia de El planeta de los simios fue recibida con un arqueo de ceja, cuando no indiferencia. Es probable que esta falta de expectativas sea una de las causas de que este reboot nos haya gustado tanto, pero también las acertadas decisiones de un desconocidoRupert Wyatt (El escapista) que ha sabido resetear el concepto con ideas frescas y darle trascendencia a un material que se prestaba al ridículo o el delirio psicotrónico. El cineasta nos cuenta el por qué de un mundo dominado por simios, ese del que Charlton Heston era esclavo, pero en lugar de optar por el aparatoso espectáculo non-stop de serie B ofrece algo mucho mejor: un drama animal sobre los dilemas éticos a los que se enfrenta la ciencia que, a su vez, narra cómo se fragua una revolución cuyo origen está en la tensión surgida por el maltrato y el abuso de poder. El filmepodría funcionar, perfectamente, como una alegoría del movimiento 15-M.  
Su toque de distinción está en una primera hora cuyo núcleo dramático se centra en un triángulo paternofilial compuesto por un científico kamikaze, su padre enfermo de Alzheimer y el chimpancégenéticamente modificado que adoptan como uno más. Rupert Wyatt sabe darle dimensión emocional a tan disfuncional relación mientras transmite, con sutileza y buen pulso, una soterrada violencia que finalmente estalla en una segunda parte en la que el cine de catástrofes cobra pleno sentido y nos deja algunas imágenes poderosas.
Aunque lo más sorprendente del conjunto es la expresividad y el lenguaje del que han sido dotados los chimpancés. El mérito es de ese actor de última generación llamado Andy Serkis. El hombre que interpretó a Gollum en El señor de los anillos o al gorila gigante en King Kong ha dado vida a uno de los pocos personajes convincentes y con pleno sentido creados con la herramienta desarrollada por James Cameron en Avatar. El resultado es un prodigio de interacción entre realidad y tecnología en la que ésta está al servicio de la historia y no es un valor por sí mismo. Por cierto, fijaros en el periódico que tira elpaperboy en una secuencia y adivinen quién puede estar dentro de la nave de la portada…(CINEMANIA).



..... Podría decirse que El planeta de los Simios es la película perfecta para esta generación: una producción que prácticamente prescinde del componente alegórico original, pero que lo sustituye por una empatía con los simios que hace que comprendamos perfectamente sus esfuerzos revolucionarios.

A pesar de ser uno de los grandes blockbusters del verano, El origen del Planeta de los Simios tiene una sencillez de concepto que lo emparenta con la serie B de aventuras clásica que legitima, de una vez, una franquicia que parecía tocada de muerte después del encontronazo con el tifón Tim Burton en el reciente remake que sufrió el clásico original. Realmente, solo tiene un protagonista simio, César, y uno humano, el científico ocupado con él e interpretado por James Franco, y entre ambos se va desplegando una mezcla de drama y aventura sencilla y familiar que culmina en una revolución simia. A menudo capaz de explicar cuestiones relativamente complejas (el arranque de la rebeldía de los monos) sin más palabras de las necesarias, El origen del Planeta de los Simios posee un equilibrio muy atinado entre acción y emoción, y aunque el guion tiene orificios considerables (elipsis de varios años que dejan múltiples preguntas sin responder, repentinos cambios en las actitudes y comportamientos de los personajes), todo queda compensado por la asombrosa humanidad de César, el líder simio, interpretado por un Andy Serkis camino del encasillamiento más estrafalario delstar-system reciente.

Al final, como en el mejor cine de aventuras, todo acaba reduciéndose a una cuestión de si los héroes y sus motivaciones nos importan, y El origen del Planeta de los Simios consigue plenamente ese objetivo. Lo sorprendente es que, como sucede en el el mejor cine de ciencia-ficción y terror, los buenos no son aquellos que dábamos por supuesto cuando entramos en la sala.(CINE 365).




El Origen del Planeta de los Simios nos transmite fuertes dosis de reprimenda por sus cuatro costados. Al menos hasta que los simios en cuestión inician su "reparto" de mamporros, desgarrones, retorceduras, tronchamientos y mordiscos a todo ser humano (o casi) que se les cruza por delante.

A saber, un ciencífico bueno, simpático y con el afán de encontrar una cura para una enfermedad que sufre su propio padre, el mal Alzheimer. Su vida cuenta además con un pequeño y simpático chimpancé, muy inteligente gracias a modificaciones genéticas. Todo ello, dentro de una sociedad que en ocasiones nos devora sin saber el motivo, o que castiga a todo aquél que no comulga con los convencionalismos, provoca que el detonante de la revolución quede inmerso en un ambiente áspero, hostil, dañino. En definitiva, en una caldera a presión que, como suele pasar siempre, termina por estallar. Y menudo modo en el que estalla. Un despliegue de efectos visuales de grandes dimensiones. Acción y destrucción provocada por los simios del planeta, ahora con un "plus" de desarrollo cerebral jamás visto.

James Franco, el chico bueno. Freida Pinto, la chica guapa y buena del chico bueno. Xxx el padre que padece Alzheimer. Tom Felton, el odioso hijo de papá que maltrata a los animales. Todos ellos quedan en un segundo plano con la interpretación de Andy Serkis. Aunque la misma sea vista a través de los ojos de miles y miles de horas de cálculo en sendos nidos de servidores informáticos. Y es que el actor parece sentirse cómodo con un traje de sensores, gesticulando, dotando de "vida" a sus personajes. Ya sean Golum, King Kong o el áspero Capitán Haddock.

El Origen del Planeta de los Simos es una película a tener en cuenta. Ya solo sea por el despliegue en efectos visuales que se adopta para la ocasión. Mejorable en aspectos de ritmo o descripción de personajes (tal vez complicándose un poco más la vida a la hora de no caer en demasiados tópicos). Pero en definitiva, sus aciertos nivelan las carencias.(EL MULTICINE).