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lunes, 28 de noviembre de 2011

EL GATO CON BOTAS EN 3D



Película: El Gato con Botas 3D. Título original: Puss in Boots. Dirección:Chris MillerPaís: USAAño: 2011. Duración: 90 min. Género: Animación,aventurascomediafamiliarDoblaje original: Antonio Banderas (Gato con Botas), Salma Hayek (Kitty Zarpassuaves), Zach Galifianakis (Humpty Dumpty), Billy Bob Thornton (Jack), Amy Sedaris (Jill), Guillermo del Toro  (comandante/hombre del bigote), Constance Marie (Imelda). Guion: Tom Wheeler; basado en un argumento de Brian Lynch, Will Davies y Tom Wheeler. Producción: Joe M. Aguilar y Latifah Ouaou. Música: Henry Jackman. Montaje: Eric Dapkewicz. Dirección artística: Guillaume Aretos. Distribuidora: Paramount Pictures SpainEstreno en USA:28 Octubre 2011. Estreno en España: 25 Noviembre 2011Calificación por edades:Apta para todos los públicos


Mucho antes de que conociera a Shrek, el conocido espadachín, amante y fuera de la ley Gato con Botas se convierte en un héroe al emprender una aventura junto a la dura y espabilada Kitty Zarpassuaves y el astuto Humpty Dumpty para salvar a su pueblo. Complicándoles las cosas por el camino están los infames forajidos Jack y Jill, que harán cualquier cosa para que Gato y su banda no lo consigan.

....Si algo cabe reconocerle a DreamWorks Animation es su capacidad para haber desarrollado una especie de sello propio, un llamémosle pragmático estilo personal que no todo el mundo es capaz de proyectar con el que dar cobijo a producciones que, por lo usual, suelen ser tan entretenidas como olvidables, quizá no siempre tan eficaces como cabría esperar pero lo suficiente como para que caigamos en la tentación de darle una nueva oportunidad a la siguiente ocasión que se presente, una apuesta por la inmediatez de resultados antes que por la prevalencia en el recuerdo sólo rota ocasionalmente por la aplicación de la formula más allá de sus límites, casos de 'Cómo entrenar a tu dragón', 'Kung Fu Panda' y por supuesto y por encima de ellas 'Shrek', una de las pocas producciones animadas norteamericanas que en los últimos años ha podido mirar a la cara a buena parte de lo producido en cierta compañía con una lámpara en su logo, referente inevitable que no imprescindible. ¿En qué grupo metemos a la que en caso de éxito será la primera aventura en solitario de este aguerrido minino?

'El Gato con Botas' es una buena película... de animación, lo que no quiere decir que necesariamente sea una buena película propiamente dicha. De hecho si es buena, principalmente, es porque le añadimos esa coletilla que en otras ocasiones puede ser tremendamente despectiva al reducir la consideración que se pueda tener hacia una producción al medio con el que está hecha. ¿'Avatar' es (o era) buena, mala... o en 3D? Sin embargo, lo uno no quita lo otro, y no es menos cierto que referirnos a una película de animación como si fuera una película de animación es un eufemismo que simboliza a la perfección las intenciones de entre otras DreamWorks Animation para con el grueso de "su cine"; es lo que mejor sabe hacer, y es lo que es 'El Gato con Botas'. Porque si cuando hablamos de una cinta de animación más o menos todos nos hacemos una misma idea en torno a lo que cabe esperar, más aun cuando como es el caso viene auspiciada por una compañía que tiene las cosas claras y las intenciones de sobra contrastadas, todo ello aliñado con una animación por lo general siempre sensacional. 

La diferencia entre el bien y el mal, he aquí donde la está el matiz principal respecto a sí misma, la competencia y otros derivados, es que se apliquen las directrices de toda producción animada con más o menos maña, habilidad y fortuna, condicionantes que es donde 'El Gato con Botas' puede que no se gane la posteridad... pero sí el momento, el de distraer sin prejuicio alguno mientras se nos dan los suficientes motivos como para dar por bueno el dinero invertido en la entrada, y que no es poca cosa aunque pueda sonar a poca cosa dado que algunas producciones han sido capaces con los mismos ingredientes de ir más allá. Podría ser mejor, sí, pero también podría ser peor, y dadas las intenciones el resultado no puede sino calificarse de acertado y coherente. Lo he dicho ya, pero lo repito: 'El Gato con Botas' es una buena película... de animación. Entiéndase esto como una producción animada que cumple los objetivos que imperan en su gueto y que dentro de sus autolimitaciones resulta de lo más efectiva. Es como poco entretenida, resulta inofensiva para cualquier edad, mayormente simpática (aunque no tan divertida como pretende) y con un personaje protagonista verdaderamente carismático, se complica lo justo con un guión sólidamente sencillo y práctico, y su acabado técnico es de primerísimo nivel, ya sea en dos o en tres dimensiones, y al que además acompaña una partitura de lo más animada elaborada para la ocasión por el prometedor Henry Jackman.

'El Gato con Botas' viene a ser la clásica producción de la compañía del niño en la luna, un poco mejor que la media eso sí y aun por debajo de sus grandes hits a su vez por encima de sus grandes blufs. Realizada de forma más que ejemplar por un Chris Miller mucho más acertado que con 'Shrek Tercero', se trata de una producción que dentro del cada vez más saturado y saturable mercado del cine de animación no aporta mucho más que unos 80 minutos de distracción garantizada. No es memorable como tampoco lo son todas las películas de Disney, algo que no impide que esta tenga su por otro lado merecida (aunque heredada) buena fama. DreamWorks Animation también tiene la suya, y con 'El Gato con Botas', que cumple y funciona como cabe esperar, no hace sino corroborarlo. Y visto lo visto y como no parece que les vaya nada mal, no hay por qué pedir más... bueno, si acaso, que de esta no hagan cuatro, con eso vale, que a la primera el ogro verde también tenía su gracia.(EL SEPTIMO ARTE).

Nota: 6.75



He llegado a tal grado de amor-cursilería con el reciente cine de animación occidental (bueno, americano) que ya me conformo con que cualquier película de dibujos no resulte frontalmente idiotizadora (para eso están la tele y el colegio, ¿no?). Tal es el caso de este frescales spin off de la reiteradamente antipática, falsamente ingeniosa y arteramente neocon Shrek, que, por fortuna, bien poco tiene en común con su franquicia madre, ni en ritmo, ni en tono cómico, ni en formato narrativo, ni, sobre todo, en contenido.
'El Gato con Botas' se aparta de la ironía moralistilla que la saga del ogro verde adoptó como sello legitimador, para limitarse a ser (nada menos) que una celérica y bien articulada sucesión de viñetas donde los guiños esporádicos pueden disfrutarse como tropezones cinéfilos sin que te atragantes con el puré referencial. Y aloja, en su ceñido metraje, tanto una apuesta por la ligereza como una mera disposición fílmica bastante más honestas y lúcidas que la mayoría de los largos animados vistos últimamente. Montaña rusa de gags a menudo afortunados, al final no estamos sino ante la plasmación del travieso talento de Antonio Banderas para la metamorfosis vocal, capaz de brincar de Errol Flynn a Eastwood, de James Bond a Cary Grant. Vamos, que lo suyo es verla en versión original.(FOTOGRAMAS).




Desde un punto de vista puramente técnico, “El Gato con Botas 3D” luce bien ─faltaría más en los tiempos que corren─, con un aspecto visual muy cuidado especialmente en términos de iluminación; aunque tampoco es que destaque sobre el resto de compañeras animadas, no nos vamos a engañar, y el 3D, sin resultar en absoluto invasivo, sigue pareciendo tan innecesario como en la mayoría de los casos. Se agradece igualmente su metraje ajustado a la hora y media de rigor, y la rapidez con la que transcurren unos acontecimientos encaminados a poco más que hacer pasar el rato, arrancar amables carcajadas en la familia y dejar el camino abierto a lo que pueda venir; veremos si son capaces de parar aquí o si siguen exprimiendo una idea que tampoco parece dar para mucho más. La taquilla dirá.(LA BUTACA).

viernes, 25 de noviembre de 2011

UN MÉTODO PELIGROSO




Película: Un método peligroso. Título original: A dangerous method. AKA:The talking cure. Dirección: David CronenbergPaíses: Reino Unido,Alemania y CanadáAño: 2011. Duración: 99 min. Género: Drama.Interpretación: Keira Knightley (Sabina Spielrein), Viggo Mortensen(Sigmund Freud), Michael Fassbender (Carl Gustav Jung), Vincent Cassel(Otto Gross), Sarah Gadon (Emma Jung). Guion: Christopher Hampton; basado en la novela “A most dangerous method” de John Kerr y la obra de teatro “The talking cure” de Christopher Hampton. Producción: Jeremy Thomas. Música: Howard Shore.Fotografía: Peter Suschitzky. Montaje: Ronald Sanders. Diseño de producción: James McAteer. Vestuario: Denise Cronenberg. Distribuidora: Universal Pictures International SpainEstreno en Reino Unido: 10 Febrero 2012. Estreno en España: 25 Noviembre 2011Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


Un método peligroso” cuenta una historia de descubrimiento sexual e intelectual basada en acontecimientos reales a partir de la turbulenta relación entre el joven psiquiatra Carl Jung (Michael Fassbender), su mentor Sigmund Freud (Viggo Mortensen) y Sabina Spielrein (Keira Knightley). A este trío se añade Otto Gross (Vincent Cassel), un paciente libertino decidido a traspasar todos los límites. Esta exploración de la sensualidad, de la ambición y del engaño llega a su momento cumbre cuando Jung, Freud y Sabina se reúnen antes de separarse definitivamente y acabar cambiando la dirección del pensamiento moderno.


En la fría y aparentemente aséptica Un mé­todo peligroso hay una imagen brutal que -no por casualidad- se repite dos veces. Es una escena que revela el desequilibrio de una enferma que llegaría a ser una prestigio­sa psiquiatra y la confusión y falta de fir­meza de un ya reputado psiquiatra que se de­ja arrastrar por la locura de su paciente. Pien­so que en esta escena Cronenberg resu­me el núcleo de su película: el riesgo de un nuevo método psiquiátrico, con interesan­tes hallazgos y no pocos peligros.
Mucho ha tardado el realizador canadiense -siempre dispuesto a adentrarse en univer­sos morbosos y con una tendencia irrefre­nable a poblar sus películas de personajes con la psique destrozada- en abordar la vi­da de Sigmund Freud, el creador del psicoa­nálisis.
En concreto, Cronenberg lleva a la gran pan­talla la obra de teatro de Christopher Hampton que, basándose en hechos reales, re­crea las relaciones que mantuvo Freud con uno de sus más valiosos seguidores, Carl Jung, y con una paciente de éste, Sa­bi­na Spielrein.
La película arranca con un Freud instalado en la cincuentena y con una amplia obra a sus espaldas, un Carl Jung joven, casado y a punto de tener su primer hijo, y una Sa­bi­ne post-adolescente y en el borde de la rui­na psíquica. Tanto en la obra de teatro co­mo en la película, se introduce otro perso­naje: Otto Gross, un psiquiatra drogadicto, desequilibrado y defensor de teorías liber­tarias sobre el sexo que convence al sensa­to Jung a lanzarse a una relación con su pa­ciente.

Un tono distante y contenido

Al contrario que en el resto de su filmogra­fía -llena de excesos- y a pesar de lo esca­broso de algunas situaciones, Cronen­berg adopta aquí un tono distante y conteni­do, podría decirse que hasta frío. Lo que cuen­ta en la película tiene un interés induda­ble y, a la vez, sobrecoge; especialmente si se piensa que la historia no se aparta exce­sivamente de lo que ocurrió en realidad.
Freud aparece como un filósofo tan brillan­te como cerrado en su cosmovisión: un hom­bre dispuesto a llevarse por delante a to­do aquel que cuestione su sistema. En el ex­tremo contrario, Jung es un hombre también brillante, pero mucho más vulnerable e inseguro. Sabine es una mezcla explosiva de intuición y desequilibrio. La postura de Cro­nenberg hacia los tres personajes está tan lejos de la hagiografía como de la crítica feroz.
La cinta expone, muestra, disecciona. Es­ta aparente frialdad para exponer hechos tan terribles hace que la historia sobrecoja más. Detrás de tres de los insignes psiquiatras que echaron a rodar el psicoanálisis ha­bía tres personas con severas fisuras -casi fa­llas- en su personalidad, en buena medida propiciadas por el propio método que inven­taron.
Como ya hizo en Promesas del Este y Una his­toria de violenciaCronenberg ha vuelto a contar una historia terrible con una pues­ta en escena cuidadísima y una pareja de intérpretes muy solventes, Viggo Mor­ten­sen (su actor fetiche) yMichael Fass­ben­der (un valor en alza). El ya referido to­no gélido, el tempo lento -para mi gusto, de­masiado- y un discurso aparentemente asép­tico no restan dramatismo a lo que cuenta... quizás, lo potencian.(FILA SIETE).



Hay un par de escenas en Un método peligroso que al cronenberguiano de pro le recordarán tanto a esa escena de la fundacional Vinieron de dentro de... (1975) donde la enfermera Forsythe (Lynn Lowry) decía eso de la enfermedad es el acto de amor de dos criaturas extrañas, incluso la muerte es un acto erótico, como a ese momento de Crash (1996) donde Vaughan (Elias Koteas) aleccionaba a Ballard (James Spader) sobre el accidente automovilístico como acto liberador de energía lúbrica. Pese a las apariencias, esta película no es un paso de Cronenberg en dirección al cine académico, sino el film al que le ha estado abocando toda su trayectoria creativa.
Resulta curioso que este relato haya tenido que recorrer la Historia, un libro de no ficción firmado por John Kerr y una adaptación teatral de Christopher Hampton antes de afirmarse como lo que siempre ha sido: la película de David Cronenberg que, por fin, convierte en discurso y apasionante drama el subtexto psicoanalítico que siempre ha sustentado su personalísima poética. Aquí está todo: el pulso entre la razón y el deseo, la sistematización de lo irracional, el subconsciente como forjador de identidad… e incluso la problemática mutación de la ciencia (Freud) en un nuevo misticismo (Jung).(FOTOGRAMAS).



Sexo, mentiras y discos de gramófono.Mientras David Cronenberg juega a descubrirnos la diferencia entre sexo oral y sexo hablado, la inquietud se adueña del cinéfilo: ¿es éste nuestro Cronenberg o nos lo han cambiado? Es hora de que el crítico trate infructuosamente de poner orden. Sembrando más desconcierto: ¿de qué Cronenberg hablamos? En esta terapia más peligrosa que Billy Crystal yDe Niro, encontramos al Cronenbergextremo. Ojo, el del OTRO extremo. Nada de Crash, ni de eXistenZ, ni siquiera deSpider, olvidémonos por supuesto de La mosca. 
Ni siquiera ha adoptado el aire de falsa calma chicha de Una historia de violencia y Promesas del Este.Poco hay de aquella inquietud tramposa (excepto quizá Vincent Cassel), basada en una dirección clasicista, que hacía que muchos críticos de Cronenberg, los que le habían llamado raro como si fuese un insulto, pensasen que había visto la luz: ya hacía cine ortodoxo. O eso pensaban ellos. Entonces llega el cineasta canadiense y aprieta el paso para descolocar incluso a los que estaban encantados con ese director extraño al que por fin se le entendía todo. Más pretendidamente convencional todavía, va el tipo y adapta una obra de teatro que firmaría James Ivory, pero sin preocuparse del lado de la mesa en el que va el plato de la mantequilla. Y si el detallismo manierista no está a la altura del servicio de Lo que queda del día, es porque las palabras empiezan a adueñarse de todo el espacio hasta que ni siquiera importa si estamos en Zúrich, en Viena, en el puerto de NY o en casa recibiendo cartas a estilográfica. Al revés que en aquellas películas formalistas, aquí nadie se guarda nada.
Y empiezan a surgir nuevas dudas: es un Cronenberg tan normal que es aún más raro. Como si él mismo se hubiese sometido a la terapia de su película y contuviese el volcán, liberado de su interés estético. Al principio nos despista con las apariencias y un curioso Michael Fassbender, que ofrece un Carl Gustav Jung casero, goloso reprimido (¿hay algún dulce que no pruebe?) y monógamo, mientras Keira Knightleysigue el camino inverso: empieza dando miedo en una apoteosis del mohín que deja paso a una recomposición total de su personaje. Eso es cuando el Freud de Viggo Mortensen ya ha echado sal a este huevo que no estaba tan recocido. 
¿El sexo lo es todo? Pues sí, pero tampoco, observa Cronenberg entre guiños que explican además el futuro de los judíos. La conversación se eleva más allá de la terapia individual de un cineasta que nos turba a plena luz del día, con la palabra, sino a una terapia colectiva que arrasará al espectador más incauto: sólo al final se acercan las posturas sobre el sexo y la muerte de los dos genios de la psicoterapia con un fundido a negro. El que nos espera a todos. Avisados quedamos.?(CINEMANIA).

viernes, 18 de noviembre de 2011

UN DIOS SALVAJE



Película: Un dios salvaje. Título original: Carnage. Dirección: Roman PolanskiPaíses: FranciaAlemaniaPolonia y EspañaAño: 2011.Duración: 79 min. Género: Comedia negraInterpretación: Jodie Foster (Penelope Longstreet), Kate Winslet (Nancy Cowan), Christoph Waltz (Alan Cowan), John C. Reilly (Michael Longstreet), Elvis Polanski (Zachary), Eliot Berger (Ethan). Guion: Roman Polanski y Yasmina Reza; basado en la obra teatral homónima de Yasmina Reza. Producción: Saïd Ben Saïd. Música:Alexandre DesplatFotografía: Pawel Edelman. Montaje: Hervé de Luze. Diseño de producción: Dean Tavoularis. Vestuario: Milena Canonero. Distribuidora: Alta ClassicsEstreno en Francia: 7 Diciembre 2011. Estreno en España: 18 Noviembre 2011. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.

Dos niños de unos once años se enfrentan con violencia en un parque. Labios hinchados y algún diente roto…. Los padres de la “víctima” han invitado a su casa a los padres del “matón” para resolver el conflicto. Lo que comienza siendo una charla con bromas y frases cordiales adquiere un tinte más violento a medida que los padres van revelando sus ridículas contradicciones y grotescos prejuicios sociales. Roman Polanski dirige esta película que lleva a la gran pantalla “Un dios salvaje”, obra de teatro de Yasmina Reza.

Los planos que abren y cierran Un dios salvaje parecen un homenaje al plano de clausura de Caché (Michael Haneke, 2005). Ambas películas hablan de cómo la civilización occidental gestiona (mal) su sentimiento de culpa ante un acto de violencia. Cualquiera diría que Roman Polanski vuelve a hablar de sí mismo, aunque lo que importa aquí no son los rastros autobiográficos que se detectan al desenmascarar las buenas intenciones de lo políticamente correcto,sino las tablas que el director de Repulsión (1965) demuestra a la hora de poner en escena una obra de teatro de un solo escenario.
Adicto a los espacios cerrados como metáfora de las prisiones del alma, disfruta de lo lindo decorando el apartamento en que dos parejas intentan demostrar que son los mejores padres del mundo. Pone barreras y espejos que permitan que la relación entre los cuatro protagonistas tenga una dimensión geométrica, con sus puntas y sus aristas, afiladas por un montaje frenético que alza la voz a medida que aumenta la crispación. Es muy divertido el modo en que juega con lo inverosímil (¿por qué los invitados no se marchan a los dos minutos?) para convertir una sátira un punto frívola en una versión neoyorquina de El Ángel Exterminador (Luis Buñuel, 1962).(FOTOGRAMAS).



Una divertida comedia sin miedo a satirizar la sociedad bienpensante y buenrrolista que nos hemos inventado con el infundio de lo políticamente correcto. Polanski regresa con toda la artillería de su talento para poner su probada astucia como director al servicio de la adaptación de la obra teatral de Yasmina Reza. Y da una lección de cómo adaptar teatro al cine sin hacer teatro filmado, bidimensional o plano. Un dios salvaje es una película plena de sentido cinematográfico tanto en su planteamiento visual como en el dinamismo de sus diálogos, servidos de lujo por su cuarteto protagonista.
Teniendo en cuenta esos mimbres, la película es por un lado una comedia desternillante y al mismo tiempo un dibujo o testimonio de nuestra sociedad, pero junto con su indudable eficacia como pieza de humor de ritmo envidiable, es todo un  laboratorio para aprender cómo contar cosas en el cine.
Habituado a explotar los espacios interiores por los que pasean sus personajes con el máximo de rendimiento cinematográfico (ejemplos no faltan en algunas de sus películas más interesantes, como El cuchillo en el agua, Repulsíon, El quimérico inquilino, La muerte y la doncella, La semilla del diablo…), Polanski saca el máximo partido a las evoluciones de los cuatro monos supuestamente sabios pero inevitablemente imbéciles que habitan esta historia de apariencias tras la que se oculta un puñado de verdades demoledoras. Pero en lugar de darnos la brasa, la paliza o la plasta con un discursillo en plan homilía, como hacen algunos pregoneros que entienden mal el cine de autor o torturan al personal con sus pajas mentales sobre la existencia, Polanski se alía con el texto de Yasmina Reza y hace de su película algo parecido a esos espejos que nos devuelven nuestra propia imagen deformada hasta provocarnos la risa, sin ocultar una de las verdades que definen a la comedia en cualquiera de sus formas: que detrás de cada risa se oculta siempre un punto de tristeza, cuando no una seria tragedia, como por ejemplo en este caso habernos convertido en una tribu de gilipollas que cada día progresan más en agilipollar a nuestra civilización.
Lo bueno de la película de Polanski es que toda su autocrítica y el abundante vitriolo que vierte sobre sus personajes en esta metáfora tan fácilmente aplicable a las miserias de nuestro presente, entre las cuales posiblemente la más grave sea esa preocupación ya francamente insana sobre las apariencias que deberíamos haber superado como sociedad, nos llega servida a lomos de un encadenamiento trepidante de situaciones hilarantes y diálogos hirvientes que son un brillante duelo de esgrima entre los personajes............(ACCION DE CINE).



.........“Un dios salvaje” domina su espacio ─la práctica totalidad de la historia transcurre en un salón─ con una sencilla composición de las imágenes que equilibra la participación del cuarteto protagonista apoyada en unas buenas fotografía, dirección artística y montaje. Por supuesto, los actores están muy bien en sus respectivos moldes, en cierta medida imprevisibles y entregados a interpretaciones que tanto en sus grandilocuencias como en sus más mínimas gestualidades suponen un festival para el espectador; eso sí, una vez más, Waltz destaca sobre sus compañeros ─qué ojo tiene Tarantino a la hora de descubrir talentos─, reinando por encima del Bien y del Mal. Foster y Winslet cumplen con contundencia, como se espera, y John C. Reilly, aunque a veces parece que esté esperando a Will Ferrell, nuevamente demuestra que sirve para todo papel que se le proponga, y eso es muy difícil. Ahora bien, obligada en versión original.(LA BUTACA).



......Parece difícil pensar en un nombre mejor que el de Polanski para la adaptación de esta obra, no es la primera vez que el realizador polaco adapta una obra de teatro, ya lo hizo anteriormente con La Muerte y la Doncella o MacBeth. Pero sobre todo si algo caracteriza a Polanski es el juego y provecho que sabe sacar a los espacios pequeños y cerrados, desde sus apartamentos en Repulsión, El quimérico Inquilino y La Semilla del Diablo a más recientemente la casa de El Escritor. Pese a que prácticamente durante todo el metraje los cuatro protagonistas permanecen en el mismo lugar, Polanski con una sabia elección de planos y encuadres consigue hacer desaparecer toda la sensación de teatralidad que una película como ésta podría acarrear.

Cómo ocurría en El Ángel Exterminador de Buñuel, una extraña fuerza parece que hace imposible que los invitados puedan abandonar el piso, pese a la disposición a irse nada más comenzar la película, éstos permanecen dentro en todo momento, los ataques no comienzan desde el principio (“Los cuatro somos personas civilizadas” dice Michael al comienzo sin saber lo que se les avecina), si no que poco a poco la situación se va volviendo insostenible y aunque ya empieza a dejar atisbos y momentos bastante sangrantes, no es hasta el comienzo del segundo round, marcado por una divertida aunque esperada vomitona cuando los trastos no comienza a volar. Los papeles se cambian continuamente, lo que empieza a ser una lucha entre parejas, de repente se vuelve en maridos contra mujeres para virar poco a poco a un todos contra todos, el ritmo se va a acelerando en todo momento y las carcajadas son incesables, un cúmulo de situaciones histriónicas mezcladas con un guión brillante y divertidísimo, que va soltando perlas en cada frase que sueltan los protagonistas, y sobre todo un excelente timing cómico, hacen que sin darnos cuenta los escasos 80 minutos del metraje pasen por nuestros ojos sin apenas habernos percatado, cuando llega el momento Polanski sabe como tocar el gong final de una manera magistral, una última carcajada para cerrar una impecable obra maestra que funciona con una precisión casi mecánica.  

Un Dios Salvaje es sobre todo una película humanista, un viaje de no retorno hasta lo peor del ser humano, llevado a cabo con cuatro personajes fantásticos, que no atacan de forma gratuita si no por una corrosiva necesidad de defenderse desde sus impulsos más salvajes, y lo que es peor hace que el espectador sienta hasta normales cada una de sus (exageradas) reacciones. Es normal que el intento de civismo de Penelope se vea crispado ante el pasotismo de Alan que parece más bien poco interesado por lo que se está hablando y no deja de estar pegado a su teléfono móvil. Que el cóctel mortal de Nancy la haga explotar (literalmente) desde sus entrañas, y que Michael se sienta vulnerable y atacado hasta que por fin decide abrir la botella de whisky. Por supuesto su reparto funciona a las mil maravillas y aunque la mayor pega que se le puede poner es que parece difícil creernos a Jodie Foster junto a John C. Reilly en el momento que éste comienza a destapar su patetismo y mediocridad nos encaja a la perfección. Es de hecho Foster la que más sorprende con un histrionismo nada esperado, pero es Waltz el que se lleva la mejor parte del guión con el personaje más bestia de todo el guión al que el actor le aporta una malévola sonrisa y una forma de recitar sus frases casi susurradas al cuello de la camisa y una fantástica e impertérrita expresión de cinismo.

Polanski sorprende con una comedia de lo más divertida y con un don para ello que hace parecer que lleva toda la vida haciéndolo de la mano de Woody Allen. Un Dios Salvaje no sólo es divertidísima si no que es tan burra y salvaje como su propio título indica, una auténtica carnicería humana en el que los golpes y patadas van al ritmo de frases brillantes en un non-stop total. Polanski firma una de las películas más delirantes de los últimos años, sin lugar a dudas una nueva obra maestra que sumar a la filmografía del director polaco.

Lo mejor: Cuando el alcohol empieza a circular y todo se empieza a descontrolar.
Lo peor: Quedarse con ganas de más.
Nota: 8,5  (EL SEPTIMO ARTE).

Durante décadas, Polanski ha hecho películas aterradoras sobre la angustia de sentirse aislado y confinado: en el yate de Cuchillo en el agua, en el gueto en El pianista, en un casoplón en El escritor y en los apartamentos deRepulsiónLa semilla del diablo y El quimérico inquilino. Ahora ha hecho una película hilarante sobre algo aún peor: la angustia de estar aislado y confinado con otras personas. 
Un dios salvaje es como una sitcom buñueliana:la puerta al mundo exterior está abierta pero, como sucedía en El ángel exterminadornadie es capaz de irse. Y Polanski se aprovecha de ello para diseccionar con extrema finura las pretensiones socioculturales y las fachadas de progresismo ideológico de la pequeña burguesía y revelar así la avaricia, el odio y la estupidez del ser humano. Se trata, es cierto, de un objetivo manido, pero el director compensa la familiaridad temática a base de ingenio exquisitamente grosero.
A medida que el encuentro entre dos parejas de padres preocupados por un conflicto entre sus respectivos hijos degenera en un furioso fuego cruzado de puyas, todo –una botella de whisky, un móvil que no deja de sonar, un libro de arte, una docena de tulipanes amarillos, una vomitona– se convierte en un arma cargada, un medio para justificar los argumentos propios y descalificar los del otro. Y Polanski, pese a trabajar con un texto claramente teatral –la aclamada obra de Yasmina Reza–, vuelve a mostrarse como un orquestador impecable, capaz de crear tanta fricción entre el primer plano con el fondo y los cuatro cuadrantes de la pantalla que su estética refleja, con precisión quirúrgica, la creciente tensión de las dinámicas entre los cuatro personajes.
Puede que la guerra doméstica aquí retratada sea más convencional que los contornos espinosos de, por ejemplo, ¿Quién teme a Virginia Woolf?pero si hay poca metáfora en los intercambios verbales es porque el tema esencial del texto original son precisamente las superficies, cómo nuestros juicios se nutren del modo en que los demás visten, decoran sus casas, y con qué frecuencia contestan el teléfono en nuestra presencia. En todo caso, habrá quien diga que es una película menor de Polanski. No se lo crea. (CINEMANIA).

viernes, 11 de noviembre de 2011

5 METROS CUADRADOS



Película: 5 metros cuadrados. AKA: Cinco metros cuadrados. Dirección:Max LemckePaís: EspañaAño: 2011. Duración: 91 min. Género: Drama,comediaInterpretación: Fernando Tejero (Álex), Malena Alterio (Virginia), Manuel Morón (Arganda), Secun de la Rosa (Nacho), Emilio Gutiérrez Caba (Montañés), Jorge Bosch (Toño). Guion: Pablo Remón y Daniel Remón.Producción: Isabel García Peralta. Música: Fernando Velázquez. Fotografía: José David Montero. Montaje: Laurent Dufreche y Ascen Marchena. Dirección artística: Javier Fernández. Vestuario: Helena Sanchís. Distribuidora: A Contracorriente FilmsEstreno en España: 11 Noviembre 2011Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.

Álex y Virginia, una pareja con planes de boda, compran un piso sobre plano a las afueras de una gran ciudad. Reúnen todos sus ahorros para pagar la entrada, más una hipoteca a cuarenta años. Cuando sólo faltan unos meses para la entrega de los pisos, paran las obras y precintan la zona. Álex quiere una solución y hará lo que sea para conseguir su casa y tener la vida que había soñado.


...'Cinco metros cuadrados', CMC para los amigos, no sólo es una película española sino que además lo es con orgullo, el mismo que esgrime sin ocultarse en beneficio de posibles ventas internacionales y por el que más de uno la rechazará de inicio sin darle la oportunidad de ser rechazada por méritos propios, si acaso y llegado el caso, y haciendo malo el dicho aquel de que pagan justos por pecadores. Y lo es desde el punto de vista de que toma un pedazo de la realidad que nos rodea, la de esta tierra que ha algunos nos gusta considerar algo llamado España, y la interpreta de una forma tan cercana a nosotros que parece como si fuera, durante el 90% de su metraje, tan real como la de verdad de la buena, la que al sacar la mano por la ventana podemos tocar. ¿Cuántas veces vemos alguna que otra película sin entender según qué cosas? ¿Cuántas veces, por ejemplo, nos hemos preguntado que si de verdad será tan estúpida como parece la vida en los institutos norteamericanos?

El problema de 'Cinco metros cuadrados', donde ya ni es amiga ni CMC, es que es tan cercana en cuerpo y alma que lo que luce como drama en la gran pantalla es accesible como tragedia en la vida diaria, una de tantas en la que un final que se sale por la tangente y haría las delicias del Joliwoó más rancio no tiene por qué salir al rescate de su en esta ocasión excelente protagonista, un Tejero que demuestra que además de dar el pego como portero en televisión también puede actuar, si se lo propone, que lo suyo con Malena Alterio es algo más que química, y que junto a José y Luis son una terna, palabra que hoy sí que uso como es debido, muy decente para dar la cara ante el cabezón. Cuando a una la catalogan como la gran triunfadora de algo, ya sea donde sea aunque más si el asunto suena tan serio como Málaga, peligroso se queda corto ante las posibles expectativas que puedan surgir de la alfombra roja; 'Cinco metros cuadrados' cumple, tal vez sin rematar, sin merecerse ese "gran"... pero que nos quiten lo bailado.

CMC, y aquí sí es una amiga, es una producción dueña de una inteligente puesta en escena, con buena caligrafía, un reparto ejemplar, un ritmo muy fluido y un montaje muy hábil a la hora de ignorar perfectamente los tiempos muertos de un guión muy conciso, claro y medido que dan lugar a una narración donde no hay nada de grasa, superfluo, y a la que tan sólo le sobran los últimos minutos, un final que no muy amigable demasiado efectista que se sale por la tangente y resquebraja la sensación de falso docudrama conducido por mano sobria que hasta ese momento predominaba, y que nos devuelve antes de tiempo a la realidad de una sala de cine. Lástima que Max Lemcke no haya sabido cerrar con la misma solvencia con la que ha sabido desarrollar un filme siempre interesante del que no obstante podemos seguir extrayendo una más que temible moraleja "como la vida misma": que al igual que ya ocurriera con 'Margin Call' o 'The Company Men' nadie sigue sin saber dar un final creíble y convincente a la llamada (y padecida) crisis...(EL SEPTIMO ARTE).

Con Casual Day (2007), Max Lemcke encontraba el chiste gracioso y amargo riéndose de la corbata que nos estrangula en nuestro día a día de oficina. Le daba seriedad a Camera Café y, al mismo tiempo, recuperaba el humor de Azcona y Berlanga.Ahora, los hermanos Remón (también responsables del guión de Casual Day) yLemcke repiten fórmula con la misma mala uva, pero un reparto menos coral, más compromiso y cambio de entorno. De la oficina, nuestra segunda casa, se trasladan al hogar, o más bien, a la imagen idealizada que tiene la gran parte de la sociedad actual de lo que sería su hogar: un pisito nuevo en propiedad en los nuevos barrios aún por construir de las grandes ciudades, con sus zonas comunes, jardines, piscinas… y sus andamios porque, claro, la burbuja ha explotado y Virginia Álex, los dueños de estos 5 metros cuadrados, han metido la pata hasta el fondo comprando sobre plano. La trampa mortal de esta crisis que aún resufrimos.
Con esa crítica a nuestro maltrecho y corrupto mercado inmobiliario, a esta sociedad empeñada en comprarse una casa, 5 metros cuadrados entronca directamente con Azcona, Ferreri y su pisito,jugando con el drama de la incapacidad de conseguir una vivienda digna (más difícil para una pareja joven) y el humor negro de las situaciones que desencadena tanta desgracia. Y mientras en la comedia la película se asienta sobre unos cimientos sólidos (la pareja Alterio-Tejero siempre funciona), con el drama (y ese final), la estructura se tambalea, a pesar de contar con el mejor Fernando Tejero visto hasta ahora, que precisamente destaca en el conflicto dramático.(CINEMANIA)

Si, en Casual Day, Max Lemcke dejaba entrever su interés por escudriñar en los rincones oscuros de una realidad tercamente diferente a la habitual en el cine español, no otra cosa es lo que hace en su segundo largometraje comercial: contar la vida de dos asalariados que, felices porque han logrado por fin comprar un piso, se toparán de bruces con una estafa que los arrojará en manos de lo imprevisto, primero, y que literalmente acabará con la vida tal como la conocían hasta ese momento.
Los personajes aquí abordados son cualquier cosa menos glamourosos. Sudan, trabajan, sufren, son engañados, se rebelan: como en la vida misma. Lemcke ajusta las cuentas con el boom inmobiliario, con sus impresentables beneficiarios, con los políticos venales que les bailan el agua y facilitan la tarea; y en el fondo, con una sociedad cuya rebeldía queda apagada por el miedo a perder los cinco metros cuadrados en los que arrastren sus míseras existencias.
En ocasiones, los personajes resultan casi patéticos, pero hay que agradecerle al director que jamás ceda ante la tentación de la facilidad, del populismo del final feliz y aquí
no ha pasado nada.(FOTOGRAMAS).