miércoles, 31 de octubre de 2012

SKYFALL





Película: Skyfall. AKA: 007 Skyfall / Bond 23. Dirección: Sam Mendes.Países: Reino Unido y USAAño: 2012. Duración: 143 min. Género: Acción,thrillerInterpretación: Daniel Craig (James Bond), Judi Dench (M),Bérénice Marlohe (Sévérine), Helen McCrory (Clair), Javier Bardem (Silva),Ralph Fiennes (Gareth Mallory), Ben Whishaw (Q), Naomie Harris (Eve), Albert Finney (Kincade), Ola Rapace (Patrice). Guion: John Logan y Neal Purvis; basado en un argumento de Robert Wade; a partir de los personajes creados por Ian Fleming.Producción: Barbara Broccoli y Michael G. Wilson. Música: Thomas Newman.Fotografía: Roger Deakins. Diseño de producción: Dennis Gassner. Vestuario: Jany Temime. Distribuidora: Sony Pictures Releasing de EspañaEstreno en Reino Unido:26 Octubre 2012. Estreno en España: 31 Octubre 2012. Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.

En “Skyfall”, la lealtad de James Bond hacia M será puesta a prueba cuando el pasado de M vuelve para atormentarla. Su vida se verá en peligro, de modo que el agente 007 deberá localizar y eliminar la amenaza, sin importar el precio personal que tendrá que pagar. Tras el fracaso de la última y fatídica misión de Bond y revelarse la identidad de varios agentes secretos en distintos puntos del planeta, la sede del MI6 es atacada, obligando a M a trasladar su agencia. Debido a estos sucesos, su autoridad y posición se verán amenazados por Mallory, el nuevo Presidente del Comité de Inteligencia y Seguridad. Ahora, el MI6 se enfrenta a amenazas tanto externas como internas por lo que M decide acudir al único aliado en quien puede confiar: Bond. El agente 007 desaparece en las sombras con una única aliada: la agente de campo Eve. Juntos le seguirán la pista al misterioso Silva, cuyas letales y ocultas motivaciones están aún por desvelarse.


En “Skyfall” hay más tela que cortar que en cualquier otro Bond de estos festejadísimos cincuenta años. Resumámoslo en cuatro breves apuntes. 1) Cicatrizada la herida de amor abierta en “007 Casino Royale” (2006) y todavía no cerrada en “007 Quantum of Solace” (2008), Bond sigue volcando toda su callada sentimentalidad en el personaje de M, que aquí adquiere rango de coprotagonista; es casi una película dentro de la película, un terso melodrama maternofilial. 2) Inesperadamente, el villano de turno (Bardem, tan amanerado como brillante) también echa el lazo a M en un argucia de guión de quitarse el peluquín. 3) De manera no menos insólita, viajamos a lo más profundo de 007, incluso a su infancia, para descubrir su “rosebud” particular. Comprobarán que “Skyfall” se permite muchas licencias para matar todo asomo de previsibilidad. Pero.. y 4) Finalmente la tradición se impone sobre la osadía y, al margen de las prescriptivas y excelentes secuencias de acción, reflota nuevamente el humor (autoparódico en el caso de Q), los cócteles están bien agitados y la conmovedora escena final reconduce la saga a los orígenes conneryanos, como diciendo “Pase, pase, Dr. No”.(FOTOGRAMAS).


.......La nueva debilidad de Bond, además de tener que justificar los gastos porque se acabó el derroche en el servicio secreto británico, es la ausencia de aquella frivolidad que le caracterizaba: la necesidad continua de justificación, de búsqueda de enemigos a su altura termina pasándole factura. Sólo el pasado puede mantenerle a salvo del desguace. Y aquí el filme ataca con todo lo que tiene a mano (excepto quizá el desfile innecesario y el destape de chicas Bond, aquí más bien controlado) para que el clasicismo envuelva al personaje, tras un inicio en la línea más convencional de la saga, que sorprendente y subterráneamente acabará derivando en la aventura más oscura (y más británica, de Londres a una Escocia prereferéndum, no vaya a ser que le quede poco al actual Reino Unido) de un James Bond marcado sin duda por los Batman de Nolan y con vocación de precuela en alguna de sus subtramas.
Empeñados en devolver al origen a 007, Mendes y sus guionistas cambian el trineo de Kane por una escopeta de caza de la familia. Pero no se acaba aquí el influjo de Orson Welles: hay cloacas, ratas e incluso un tercer hombre que también viene del pasado, como casi todo lo bueno que aporta la nueva vuelta de tuerca de la franquicia. A falta de otra cantera de enemigos, es un ex agente el que pone patas arriba el sistema y compite con Bond por impactar a la figura de M (Judi Dench), un personaje capital en el filme, una figura materna para los dos rivales, cuyas carencias afectivas quedan expuestas.
Capítulo Bardem: villano de pelucón oxigenado y tentetieso, el actor español necesita moderar una aparición demasiado afectada. A medida que pasa el metraje y sobre todo desde que muestra su verdadero rostro, Bardem se va conteniendo. Así, la desmesura inicial en su ambigüedad, casi cómica, acaba ajustándose poco a poco, hasta acabar ofreciendo un trabajo terroríficamente humano.
Los viejos tiempos acuden al rescate de Bond también desde el guión, que acaba proponiendo para el filme un desenlace de western, con encierro a lo Río Bravo, y hasta un abuelete guasón con rifle como Albert Finney de aliado. Sólo faltan Ricky Nelson y Dean Martin cantando My rifle, my pony and me. Sin trucos finales ni colorantes ni aditivos, la oscuridad invade la escena como si de una escena de purificación y purga de pecados se tratase y Bond (y alguno más) se hubiera ganado el derecho a un nuevo comienzo.
Solitario, envejecido, con menos chicas a las que arrimarse, cansado de buscar enemigos en las cloacas, peleado con la tecnología (y hasta con Q), con un servicio secreto en crisis y el Aston Martin en el taller, el James Bond de Daniel Craig, pese a sus dudas interiores, no puede prejubilarse aún: alguien tiene que apretar el gatillo. Y Sam Mendes le ha dejado unas cuantas balas en la recámara.(CINEMANIA).



Skyfall, el mejor Bond de Daniel Craig, Bardem mejor villano de toda la saga. Un reebot del reebot que fue Casino Royale.
Muerte y resurrección. Ese es tema central que aborda la tercera entrega de Daniel Craig como James Bond, completando una trilogía, poniendo fin a un ciclo, haciendo un original y complejo ejercicio de reboot del reboot. Me explico: Casino Royale era ya un reboot o relanzamiento del personaje de 007. Y ahora esta película no sólo le pone punto final a ese relanzamiento, sino que plantea un nuevo punto de partida para el personaje, configurándose como un fin de ciclo para la reescritura de las aventuras del agente con licencia para matar.
De ahí que la película pueda dividirse fácilmente en dos partes bien diferenciadas y que se complementan. En la primera, desde el trepidante principio de persecución hasta el encuentro de Bond con el villano interpretado por Javier Bardem, tenemos la historia habitual de 007 en la era Daniel Craig: persecuciones, acción tajante y resolutiva, peleas cuerpo a cuerpo que transmiten brutalidad, chicas bond con las que acostarse, y el resto de los condimentos de esa mezcla de cine de aventuras e intriga que siempre ha caracterizado el periplo cinematográfico del personaje. Incluso hay viaje exótico a Shangai, Macao, etcétera. Propio de la saga. Pero a partir del momento en que Bardem, que no aparece en esa primera parte, hace acto de presencia, la película inicia su giro hacia algo distinto con un tono claramente más siniestro y más serio en el que no habrá lugar ya sólo para la aventura. La entrada en ese otro territorio narrativo, que no es habitual en la saga de 007, en el que no hay ya chicas Bond sino una historia de “madre-hijo” muy interesante entre el agente y su superior, M (Judi Dench) se produce tras la secuencia en la que se da resolución a una de las “chicas Bond” de esta entrega poniéndole sobre la cabeza un vaso de whisky… Se cumple así con una seña de identidad de toda la saga cinematográfica del agente con licencia para matar, y al mismo tiempo se abre la puerta a otra cosa. Dicho sea de paso, la manera en que Bond repasa la vida de la chica en un monólogo que es un flashback verbal para presentarnos ese personaje femenino en tiempo récord y con la máxima economía de metraje y medios narrativos, plano contra plano, es una lección de buen uso de los recursos del guión.
La primera secuencia del villano interpretado por Bardem en el cuartel general del MI6, además de hacerse eco astutamente del estilo de algunas de las producciones que han marcado el género de espionaje en la ficción en los últimos años en series como Alias o Nikita, culmina con una transformación física posible, no fantástica, y precisamente por ello mucho más terrorífica, del antagonista, completando la presentación del mismo con unos tonos que recuerdan tanto a Hannibal Lecter como al Joker de El caballero oscuro, película con la cual Skyfall tiene mucho en común por su ritmo de narración y giros constantes en los puntos de agotamiento de la narración capaces de renovar la misma y mantener impecablemente el interés del espectador en los momentos clave. No es casualidad que este cambio de tono se produzca en Londres, en lugar de en una localización más exótica y lejana, y que uno de sus puntos álgidos sea una persecución en el metro de la capital británica que es una especie de versión 007 de la persecución que propusiera William Friedkin para The French Connection. Más tarde la película nos reserva aún una nueva sorpresa, pasando de esa clave de cine de acción urbanita a un planteamiento de western en Escocia con el que el arco argumental camina hacia su desenlace, y llegando a unas escenas en el páramo que enlazan directamente con las propuestas visuales de los títulos de crédito iniciales con la canción de Adele, que se cuentan entre los mejores de toda la serie Bond. Las secuencias en el páramo iluminado por las llamas son la materialización de la promesa de viaje al inframundo del protagonista que ya estaba en dichos títulos de crédito y constituyen un ejemplo perfecto de la cuidadosa y estilizada resolución visual y propuesta estética que acompaña a 007 en esta aventura y brilla especialmente en otras secuencias que parecen estallar visualmente para contrastar con los tonos más realistas del resto del relato, como la pelea cuerpo a cuerpo en Shangai, con las siluetas recortándose en el anuncio luminoso de neón, o esa isla abandonada en la que habita el villano, una especie de Chernóbil en el lejano oriente, entorno monumental que recuerda también las creaciones oníricas del desenlace de origen y de algún modo rinde homenaje a la isla de Scaramanga, el villano de El hombre de la pistola de oro. Eso me lleva a destacar que los guiños de homenaje al pasado del personaje a través de objetos y referencias varias a otras entregas de la serie muestran también la elegancia y la estilización de esta entrega que celebra el 50 aniversario de James Bond, sin entorpecer la narración, antes al contrario: sirven como oportuno refuerzo de la misma. La pistola Walter PPK, el Martini agitado, la Beretta, el Aston Martin, la señorita Moneypenny… son ecos de otras entregas, pero al mismo tiempo reafirman esa declaración de principios a favor de la supervivencia del personaje de Bond como icono de la cultura popular y el cine de acción, así como de la propia saga. Es una declaración de principios que puede resumirse en una frase de guión: “perro viejo, trucos nuevos”, pero también está en ese guiño al pasado estableciendo los cuarteles del MI6 en el que fuera cuartel general de Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial, en el poema de Tennyson que recita M en la vista sobre su competencia como directora del MI6 y también, por qué no, en esa figura de perro bulldog con la bandera británica que adorna la mesa de la jefa de 007 y contiene un mensaje final muy claro para el agente. Todo ello alude a otro elemento esencial de esta nueva entrega de la saga de 007 junto a la muerte y la resurrección: la memoria.
O lo que es lo mismo: muerte y resurrección de Bond, reboot del reboot.
He dejado para el final un rotundo aplauso y una advertencia.
El aplauso es para Javier Bardem, que con todos mis respetos para quienes le han precedido en el azaroso empeño de ser un villano de la serie Bond, ha puesto el listón muy alto en este terreno. Tan alto que me atrevo a calificarle como el mejor villano de toda la serie. Es difícil encontrar los matices que Bardem le ha dado a este tipo de personaje con tendencia a caer en el tópico y la fórmula en otros antagonistas anteriores de la saga, no obstante haber contado ésta con notables actores dedicados a esta parcela. Lo que ocurre es que Bardem vuelve a demostrar y lucir su curiosa mezcla de arrollador talento, pura animalidad cinematográfica liberada que no entiende de tópicos y fórmulas y vuelve a desarrollar un trabajo de todoterreno muy complejo, aunque él lo haga fluir con una aparente facilidad de fluidos gestos e indicaciones mínimas, pequeños detalles en situaciones aparentemente tan convencionales y tópicas como lanzar una granada dentro de un edificio.
Jamás tuvo James Bond enfrente un villano más competente e inquietante que éste.
El aviso está relacionado también con el papel de Bardem: hay que ver la película en versión original para apreciar el trabajo del actor. Yo la he visto así en el pase de prensa. Desconozco qué va a ocurrir con la voz de Bardem en la copia doblada al castellano, pero aviso que si es la misma del tráiler, no tiene nada que ver con el original. Así que no se dejen guiar por ese tráiler.
En conclusión: una entrega de cinco estrellas en el seno de la saga de 007.(REVISTA ACCIÓN).



........La apertura lúdica, desenfadada y sexual de las primeras producciones se ha perdido casi definitivamente frente al empuje de lo que podría llamarse ‘gravitas Nolan’, o la tragedia de un héroe que ha sido un casquivano y el ojo derecho de mamá durante demasiado tiempo. La prueba de resistencia física y emocional de Bond acaba siendo más una broma interna que un serio cuestionamiento, pero los interrogantes sobre su conservadurismo quedan ahí, para cada uno. “Skyfall” no es una caída del universo del MI6, y asciende sobre los desiertos estéticos y narrativos propuestos en “Quantum of solace” (Marc Forster, 2008), aunque es en el diálogo entre la tradición —guiños poco camuflados al fan, convenciones como los créditos kitsch, la familiaridad de la canción de Adele, un villano delirante y gaylord de manos de Javier Bardem, inesperada voz crítica de la saga—, y el nuevo orden —cambios de rostros para personajes conocidos, la vigencia innecesaria del agente secreto en tiempos sobreinformados y de crisis imperiales— donde reside la elegía más poética, y la más difícil de superar, en lo que llevamos de Bond.(LA BUTACA).

martes, 30 de octubre de 2012

HOTEL TRANSILVANIA





Película en 3D: Hotel Transilvania. Título original: Hotel Transylvania.Dirección: Genndy TartakovskyPaís: USAAño: 2012. Duración: 82 min.Género: AnimacióncomediafamiliarDoblaje original: Adam Sandler  (Drácula), Selena Gomez (Mavis), Kevin James (Frankenstein), Steve Buscemi (Wayne), David Spade (El Hombre Invisible), Andy Samberg(Jonathan), Fran Drescher (Eunice), Molly Shannon (Wanda), CeeLo Green (Murray).Guion: Peter Baynham y Robert Smigel; basado en un argumento de Dan Hageman, Kevin Hageman y Todd Durham. Producción: Michelle Murdocca. Música: Mark MothersbaughMontaje: Catherine Apple. Diseño de producción: Marcelo Vignali.Distribuidora: Sony Pictures Releasing de España. Estreno en USA: 28 Septiembre 2012. Estreno en España: 26 Octubre 2012Calificación por edades: Apta para todos los públicos.



Drácula es el sobreprotector padre de la jovencita Mavis, de tal modo que idea todo tipo de peligrosos relatos que sirvan para frenar el espíritu aventurero de su hija. Ambos viven en el lujoso Hotel Transilvania, un sitio donde los monstruos y sus familias pueden mantenerse alejados de los humanos. El problema llega cuando aparece Jonathan, un muchacho de 21 años que se enamora de Mavis.




Los monstruos, más aún si son los clásicos de la vieja Universal, ejercen una extraña atracción en los niños. Quizá, porque los unos se reconocen en los otros y viceversa. Niños y monstruos viven por y para una fantasía fundamentalmente anárquica, casi dionisíaca y algo infernal. El susto, lo repulsivo, escatológico y hasta repugnante, forma parte de ese mismo universo oral que comparten las criaturas del Id, con los tiernos infantes, cuyas fantasías primigenias siguen siempre ocultas en sus padres adultos. Por eso, las películas como Hotel Transilvania cumplen una tarea fundamental en el mundo de hoy.Permiten a padres e hijos celebrar conjuntamente orgías iniciáticas con chistes plagados de gusanos y mucosidades varias, gags macabros, bromas de mal gusto, y alusiones veladamente sexuales, todo, obviamente, disfrazado de cuento con moraleja tolerante y políticamente correcta. No hay que buscar en Hotel Transilvania el tono melancólico y gothic de Tim Burton, sino, simplemente, olvidarse de la mera anécdota argumental y dejarse llevar por una deliciosa coreografía llena de bichos, guiños cinéfagos, chistes pringosos y monstruos entrañables, al servicio de la pura diversión. Aunque escondido en su desván esté el monstruo que todo buen padre es para sus hijos.(FOTOGRAMAS).


El Hotel Transilvania, lujoso resort de cinco "estacas", fue creado para que los monstruos pudieran tomarse unas vacaciones tranquilos, pues el lugar está a salvo de los humanos. Mavis, hija adolescente del dueño –nada menos que el conde Drácula– está a punto de llegar a la mayoría de edad vampírica. Para celebrar su 118º cumpleaños a todo tren llegan al lugar familiares y amigos variopintos, como el monstruo de Frankenstein, la Momia, una familia de hombres lobo que habla con acento andaluz (en la versión española), unos gremlins argentinos y hasta The Blob. Desde que los seres humanos mataron al amor de su vida, Drácula se muestra sobreprotector con su hija y la mantiene lo más alejada posible de ellos, de ahí que el vampiro se salga de sus casillas cuando aparezca por el lugar un muchacho que hace turismo, y que además ha atraído la atención de Mavis.
Primer largometraje de cine dirigido por el ruso afincado en Estados Unidos Genndy Tartakovsky, con amplia experiencia y prestigio en el mundillo de la animación por su trabajo en series comoLas supernenas o Las guerras clones, y que creó Dexter's Laboratory. Ejerce como productor ejecutivo el cómico Adam Sandler, que en la versión original también pone la voz a Drácula. Hotel Transilvania llega a los cines cuando están más de moda que nunca los monstruos, que hacen furor también en los libros infantiles. El estreno coincide más o menos con Frankenweenie y El alucinante mundo de Norman, también con ambientación gótica y homenajes a ultranza a los clásicos del cine de terror.
Numerosos gags cómicos de Hotel Transilvania tienen su gracia. Si bien la calidad de la animación no llega a la altura de los mejores producciones de terror, el estilo sencillo y de aire 'retro' de los personajes tiene su encanto y trata de forma positiva el tema central: las relaciones paternofiliales. El conjunto parece estar enfocado sobre todo al público infantil, aunque su moraleja también tiene su interés para los adultos: los jóvenes deben explorar el mundo por sí mismos, por mucho que la ayuda y el cariño de sus padres resulten muy útiles para abrirse camino. También se puede interpretar como un sencillo pero eficaz alegato contra los prejuicios y a favor de la tolerancia.(DE CINE 21).

jueves, 11 de octubre de 2012

LO IMPOSIBLE







Película: Lo imposible. AKA: The impossible. Dirección: J.A. Bayona.Países: EspañaAño: 2012. Duración: 107 min. Género: Drama.Interpretación: Naomi Watts (María), Ewan McGregor (Henry), Tom Holland (Lucas), Samuel Joslin (Thomas), Oaklee Pendergast (Simon), Marta Etura (Simone), Sönke Möhring (Karl), Geraldine Chaplin (mujer mayor). Guion: Sergio S. Sánchez, basado en un argumento de María Belón.Producción: Belén Atienza, Álvaro Augustín, Enrique López Lavigne y Ghislain Barrois.Música: Fernando Velázquez. Fotografía: Óscar Faura. Montaje: Elena Ruiz y Bernat Vilaplana. Diseño de producción: Eugenio Caballero. Vestuario: Sparka Lee Hall, Anna Bingemann y María Reyes. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.Estreno en España: 11 Octubre 2012. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


En “Lo imposible”, María (Naomi Watts), Henry (Ewan McGregor) y sus tres hijos comienzan sus vacaciones de invierno en Tailandia. En la mañana del 26 de diciembre, la familia se relaja en la piscina después del día de Navidad cuando el mar, convertido en un enorme y violento muro de agua negra, invade el recinto del hotel. María solo tiene tiempo de gritar antes de ser engullida y arrastrada por la terrible ola. Sin tiempo para asimilar lo incomprensible e inesperado del desastre natural que acaban de sufrir, deberán luchar por la supervivencia y por volver a reencontrarse. La película se basa en una historia real que tuvo lugar durante el tsunami que azotó a la costa tailandesa en el año 2004.


Basada en la historia real de una familia que sobrevivió al tsunami tailandés de 2004, 'Lo Imposible' tiene el mismo corpus temático que el debut de su director, 'El Orfanato' (2007), película de fantasmas con un melodrama familiar dentro. Cambian el género (si bien la primera mitad de este film es puro terror, un survival desgarrador), las situaciones y el diálogo con la realidad, pero los asuntos son los mismos. Se trata de las relaciones familiares y el sentido de pérdida, temas que, por el cuidado y la emoción con los que están tratados, se intuyen constantes en la obra de su autor.
Sin dejar que el apabullante aparato formal de la película eclipse la historia, J.A. Bayona firma un melodrama contundente y emotivo sobre la pérdida, mostrada en distintas fases. 'Lo Imposible' es una película partida en dos, pero ese quiebro no es negativo: el tono, la atmosfera e incluso el género son distintos, pero ambas mitades dialogan entre sí.
Paisaje familiar tras el impacto físico
La primera parte es una recreación hiperrealista de la llegada de la ola y su inmediato impacto físico y emocional sobre los personajes. Esa mitad es un incontestable prodigio formal. Una fotografía y un diseño de producción y sonido espectaculares, enfocados a la verosimilitud, así como un rechazo radical de los excesos digitales sirven al cineasta para reproducir de forma realista el azote de la Naturaleza y hablar de su poder incontrolable, otro tema fundamental de 'Lo Imposible', cuyo tratamiento remite a Peter Weir y Terrence Malick. Y le ofrece un marco idóneo para el realismo, un escenario físico y sonoro donde las heridas físicas y emocionales de los protagonistas (unos soberbios Naomi Watts y Tom Holland) se nos revelan en toda su fiereza. Bayona propone una primera parte casi sin texto, donde el diálogo y la reflexión son mínimos porque los personajes están en shock, porque la película busca la reproducción del impacto.
El gusto por el gesto
Pero el director esquiva la recreación aséptica al detenerse en una serie de gestos y decisiones, abordados con sublime delicadeza (la escena del árbol), que sirven de antesala a una segunda mitad (con una narrativa y una ejecución más convencionales) en la que, tras el shock, en una primera toma de conciencia de la tragedia, 'Lo Imposible' se torna más reflexiva y aborda los sentimientos de una forma más directa.
A partir de un guión de Sergio G. Sánchez, Bayona expone con lucidez y emoción sus temas de cabecera (la infancia, la relación entre madres e hijos, la educación), conmueve con su forma de mostrar la asimilación de la pérdida y cierra la película con un maduro gesto final que insinúa que el viaje de los personajes no acaba ahí.(FOTOGRAMAS).



Lo imposible, gran trabajo de dirección y actores sin falso melodrama. Buen cine que dignifica el género de catástrofe.
Basándose en hechos reales, eso sí, convenientemente maquillados para el cine y cambiando algunas cosas y nombres para buscar una más fácil distribución internacional, algo perfectamente lícito desde el punto de vista empresarial (no olvidemos que el cine es sobre todo una industria), Juan Antonio Bayona vuelve a dar en el clavo como ya hiciera con El orfanato. Ambas películas tienen en común un mismo tema central, la familia. Comparten también un mismo planteamiento: mezclar las características de un género con cierta mirada más personal del director sobre sus personajes. El resultado es una curiosa alianza entre las claves del cine comercial y el cine de autor que Bayona mantiene con eficacia en equilibrio y complementándose en todo momento. Ambas películas tienen también en común un gran trabajo de sus actores. Es algo esencial para la manera en la que Bayona se plantea contar su historia, manteniéndose muy cerca de los personajes, en este caso aún más intensamente próximo que en El orfanato, porque no se trata de creaciones de ficción, sino de personajes inspirados por personas reales. El respeto se impone sin que ello coarte en ningún momento la libertad del director para construir los momentos dramáticos. Más bien ocurre lo contrario: es el respeto por los personajes y por la tragedia real que está retratando lo que facilita una clave para contar la historia. Ese respeto a la tragedia real del Tsunami en Tailandia y a sus protagonistas impone un tono de sobriedad en el tratamiento de la trama y los personajes que evita todo exceso o melodrama gratuito. De ese modo, la película queda revestida de una verosimilitud tanto más terrible cuanto que es más creíble. Y así es también más madura que cualquier otro ejercicio de la fórmula genérica de cine de catástrofe rodado hasta el momento. La sobriedad y la madurez de la película deriva por tanto de ese respeto por el tema, que acaba siendo también un respeto por el público, al que no se acosa en un intento de arrancarle las lágrimas por la vía de la hipérbole banal de la tragedia que con frecuencia caracteriza otras películas catastrofistas.
Por supuesto Lo imposible contiene unas espectaculares e impresionantes escenas del tsunami, el mar invadiendo la tierra y consigue personalizar la experiencia de los protagonistas a través del sonido y con un planteamiento visual y una planificación que prolonga en duración e intensidad ese breve apunte del asunto que nos diera Clint Eastwood en Más allá de la vida. Durante diez minutos asistimos a la brutal experiencia de ser arrastrados por el agua con María, la madre que interpreta Naomi Watts, y su hijo Lucas, interpretado por Tom Holland. El sonido y las imágenes se alían para hacernos sentir dentro del agua.
Pero pronto queda claro que, al contrario de lo que ocurre en el cine de catástrofe, aquí la propia catástrofe no es la protagonista, sino el detonante de la verdadera historia, que es una aventura de supervivencia y superación de la adversidad sin lágrimas fáciles ni resonancias épicas. Muy al contrario. Bayona elige una planificación visual espectacular en la que no cae en la trampa de dejarse llevar por la enorme magnitud de la catástrofe hasta convertirla en un espectáculo. Porque su tema son en todo momento las personas, y no sólo personajes.
Ese respeto es también el origen de tres momentos que marcan el tono de madurez y la solidez de la película. El primero nos muestra una reacción de terror del hijo al ver el destrozo en el cuerpo de su madre e inmediatamente después un momento de pudor al ver el seno desnudo. El segundo consigue ponernos el nudo en la garganta cuando el padre llama al abuelo de sus hijos. El tercero es una especie de canto funeral por los que perecieron en la catástrofe, los que nunca fueron encontrados, el recuerdo a los caídos que cada protagonista llevará siempre a través de esas frases y objetos. Es la memoria, que tan frágil se muestra en el público general en cuanto pasan unos días de la tragedia y otra nueva tragedia estalla en algún otro sitio, porque incluso en esto de compadecernos del prójimo nuestra sociedad se cansa pronto de llorar a los mismos muertos y se muestra ávida y voraz en la búsqueda de nuevas catástrofes.
Esos tres momentos recogen el verdadero acierto de Lo imposible junto con la resolución visual de otras secuencias y el talento del director para trabajar con el encuadre y la cámara borrando la distancia que separa al público y los personajes hasta situarnos casi dentro de la propia película. Hay que destacar aquí el trabajo de dirección de actores, que ha conseguido sacar la máxima naturalidad incluso de los integrantes más jóvenes del reparto. En ese sentido los dos hermanos pequeños son un ejemplo de sencillez en la que no se aprecia la afectación que a veces marca la interpretaciones infantiles en el cine. Los niños de esta película realmente parecen niños, no monstruitos sabihondos. En cuanto a Tom Holland forma con Naomi Watts un dúo perfecto, capaz de meternos totalmente dentro de los momentos más duros que viven los personajes que interpretan. Holland me ha recordado otros dos grandes trabajos de jóvenes actores, Christian Bale en El imperio del sol y Jamie Bell en Billy Elliott. Y para ser sincero me resulta difícil pensar en un momento tan intenso de derroche de talento en la filmografía de Ewan McGregor como el que interpreta con un teléfono en esta película.
No niego que la película tiene un recorrido argumental algo limitado, pero creo que eso también obra en su beneficio. La credibilidad de la historia se perdería prolongando el metraje innecesariamente o introduciendo más situaciones y escenarios. Es más verosímil tal y como se nos presenta, centrando la trama en el arco de desarrollo de la vivencia de estas personajes en primera persona.
Podríamos decir que es una historia intimista en un marco espectacular.
Por otra parte no es tan morbosa como podría haber sido, y aunque haya espectadores que no podrán separarse del pañuelo de papel, no es una película que busca la lágrima fácil.
En conclusión: un gran trabajo. Y un notable esfuerzo de producción que no tiene nada que envidiar a cualquier otra cinematografía.
Lo imposible es plenamente exportable, plenamente eficaz para todo tipo de público, en cualquier lugar del mundo.
(REVISTA ACCIÓN).



Lo imposible se encuadra en un género, el catastrofista, que se presta mucho al convencionalismo, al tópico, al “déjà vu”. Y el mérito, enorme, de Juan Antonio Bayona y su guionista Sergio G. Sánchez, es contar con frescura y mirada de “la primera vez” algo que en otras manos habría sido simplemente normalito, una bonita historia de interés humano, pero como tantos telefilmes, si acaso con efectos especiales más elaborados...
En Lo imposible se nos cuenta la historia -basada en un caso real- de los Bennett, el matrimonio, María y Henry, y sus tres hijos Lucas, Thomas y Simon, de doce, siete y cinco años de edad, de vacaciones por Navidad en Tailandia. Días placenteros en un lugar idílico, puestos literalmente patas arriba por el tsunami destructor que asoló la costa en 2004. La familia se dispersa, tenemos dudas sobre la supervivencia de unos y otros, viven experiencias personales, y con otros individuos que conocen, muy fuertes. Lo típico, pero contado con un talento narrativo excepcional.
Porque la recreación de la catástrofe en Lo imposible resulta sencillamente asombrosa, el espectador vive el desastre en primera persona. Nada que envidiar a lo que hizo Clint Eastwooden uno de los hilos narrativos de Más allá de la vida. Si acaso más espectacular, mejor. Pero dentro del despliegue de producción, asombroso, está la historia, muy bien llevada, con pulso dramático excelente y momentos emocionantes de genuino suspense, sostenidos con increíble osadía, jugando al despiste sin caer en las trampas fáciles. Sí, se confirma que lo de Bayona y Sánchez enEl orfanato no fue un espejismo.
Pero están además los personajes, anglosajones, rubitos, preciosos. ¿No podía ser aquello la puerta abierta a lo meloso y acaramelado, un empacho de buenos sentimientos mil veces vistos en cine? Y sin embargo, imposible no sufrir con el pequeño Tom Holland y su Lucas, obligado a madurar al estilo de Jim en El imperio del sol de Steven Spielberg. Imposible no llorar con Ewan McGregor y sus llamadas con el teléfono móvil. Imposible no pensar que las estrellas de las que habla Geraldine Chaplin conforman una hermosa metáfora sobre la vida y la muerte. Los críos más pequeños son críos, y eso es muy bueno, y se les concede el espacio justo. Y Naomi Watts, imposible no padecer con ella, o dejar de recordar que ya vimos a otra madre sufriente en las manos de Bayona y Sánchez, la que encarnó Belén Rueda en El orfanato.(DE CINE 21).

sábado, 7 de julio de 2012

THE AMAZING SPIDER-MAN





Película 3D: The amazing Spider-Man. AKA: Spider-Man 4. Dirección: Marc Webb. País: USAAño: 2012. Duración: 136 min. Género: Acciónfantástico.Interpretación: Andrew Garfield (Peter Parker / Spider-Man), Emma Stone  (Gwen Stacy), Rhys Ifans (Dr. Curt Connors / Lagarto), Martin Sheen (tío Ben), Sally Field (tía May), Denis Leary (capitán Stacy), Campbell Scott  (Richard Parker), Chris Zylka (Flash Thompson), Irrfan Khan (Ratha). Guion: James Vanderbilt; basado en los personajes creados por Steve Ditko y Stan LeeProducción:Avi Arad, Matthew Tolmach y Laura ZiskinMúsica: James HornerFotografía: John Schwartzman. Diseño de producción: J. Michael Riva. Vestuario: Kym Barrett.Distribuidora: Sony Pictures Releasing de EspañaEstreno en USA: 3 Julio 2012.Estreno en España: 6 Julio 2012Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.


“The amazing Spider-Man” es la historia de Peter Parker (Andrew Garfield), un estudiante de secundaria que fue abandonado por sus padres cuando era niño, dejándolo a cargo de su tío Ben (Martin Sheen) y su tía May (Sally Field). Como la mayoría de los adolescentes de su edad, Peter trata de averiguar quién es y qué quiere llegar a ser. Peter también está encontrando su camino con su primer amor de secundaria, Gwen Stacy (Emma Stone), y juntos luchan por su amor con compromiso. Cuando Peter descubre un misterioso maletín que perteneció a su padre, comienza la búsqueda para entender la desaparición de sus padres, una búsqueda que le lleva directamente a Oscorp, el laboratorio del Dr. Curt Connors (Rhys Ifans), ex compañero de trabajo de su padre. Mientras Spider-Man se encuentra en plena colisión con el alter-ego de Connors, el Lagarto, Peter hará elecciones que alterarán sus opciones para usar sus poderes y darán forma a un destino que le convertirá en un superhéroe.


Tras el éxito de Spider-Man 3, el realizador de la trilogía, Sam Raimi, preparaba una nueva entrega que volvería a estar protagonizada por Tobey Maguire y Kirsten Dunst. Sin embargo, durante el proceso de preproducción, Raimi no acabó de entenderse con los ejecutivos de Sony, y finalmente decidió abandonar el proyecto. La productora anunció a bombo y platillo que reiniciaría la franquicia con un nuevo reparto, devolviendo al personaje principal a la época del instituto, con la excusa de conectar con el público joven. En The Amazing Spider-Man sorprendió la elección del director, Marc Webb, procedente de los videoclips y las series televisivas, hasta ahora autor de un único largometraje, la tragicomedia romántica de factura 'indie' (500) días juntos.
Así, Peter Parker vuelve a ser un joven estudiante, de mente privilegiada, pero que sufre las iras de Flash Thompson, el matón de su centro, y que vive con sus tíos tras haber sido repentinamente abandonado por sus padres. Se siente atraído por una compañera de clase, Gwen Stacy, hija de un vecino policía. La chica colabora con el doctor Curt Connors, brillante científico que perdió el brazo derecho, y realiza experimentos con animales en busca de un método para que el ser humano pueda regenerar los miembros amputados. Cuando Parker se entera de que Connors colaboró con su padre, se cuela en la compañía donde trabaja, Oscorp, pero allí sufre la picadura de una araña radiactiva que le dará poderes excepcionales.
Pesa como una losa que a Webb le hayan encargado repetir el punto de partida ya conocido. También que The Amazing Spider-Man llegue a las carteleras en el punto álgido del aluvión de superhéroes en el cine, tras la estela de propuestas de enorme calidad –El caballero oscuro– y otras fallidas –Green Lantern (Linterna verde)–, pero todas con elementos que se repiten (la identidad secreta, la novia del héroe) por lo que a estas alturas resulta muy difícil no sólo sorprender sino mantener el interés.
Por esta razón, salvo para el público que en gran medida desconozca el subgénero, el inicio deThe Amazing Spider-Man resulta agotador, a pesar de que se nota un enorme esfuerzo por rodar una producción de calidad. El guión, coescrito por el prestigioso James Vanderbilt (Zodiac) reinventa un poco las secuencias que en esencia ya están vistas y dota de profundidad no sólo a los protagonistas, sino a todos los personajes. Para interpretarlos se ha reclutado a un elenco de auténtico lujo, en el que sobresalen secundarios como Martin Sheen (un gran tío Ben pese a queCliff Robertson también se lució en la versión anterior), Rhys Ifans (impresionante como villano),Sally Field (aunque su papel de tía May podría tener mayor relevancia) y Denis Leary (el severo pero honrado capitán Stacy). En los roles principales, Andrew Garfield, que se reveló como Eduardo Saverin en La red social, se confirma como joven de gran futuro, mientras que Emma Stone vale para afrontar cualquier papel, como demostró en Criadas y señoras (The Help).
Tampoco existen grandes novedades en The Amazing Spider-Man en cuanto a las secuencias de acción, más de lo mismo, pese a que se nota que se ha invertido un generoso presupuesto y que se ha usado tecnología de última generación. Sorprende ligeramente la primera aparición de Peter Parker saltando entre edificios con su recién diseñado uniforme (ahora de licra), y que está filmada en cámara subjetiva, así como un momento 'capriano' en el que los operarios de grúa se unen para ayudar al Trepamuros. Refuerza esta secuencia el mensaje, en torno a la obligación moral de ayudar a los demás, aunque en esencia el fondo viene a ser otra vez aquel "un gran poder conlleva una gran responsabilidad" explicado con diálogos diferentes.
Se ven premiados los esfuerzos de los implicados en The Amazing Spider-Man en el tramo final, que adquiere intensidad dramática, sobre todo en lo relativo a la subtrama romántica, especialidad de Marc Webb. Stan Lee, cocreador del personaje con el dibujante Steve Ditko, lleva a cabo aquí el más divertido de sus habituales cameos en adaptaciones de sus obras. Como la mayoría de películas de héroes Marvel, contiene una secuencia de propina durante los títulos de crédito, que promete la inevitable secuela.(DE CINE 21).



The Amazing Spider-man, buena y fiel adaptación del cómic al cine. Mejor que las tres películas anteriores de Raimi. 
Los responsables del relanzamiento de la franquicia cinematográfica de Spiderman se han puesto las pilas comprendiendo que vivimos en los tiempos del éxito internacional deLos Vengadores y la inminente llegada a la cartelera de El Caballero Oscuro, la leyenda renace y no es plan de enchufarnos una nueva entrega melódico-pastelosa de las peripecias del Lanzarredes y la pelirroja Mary Jane Watson, sino simplemente de retornar a las verdaderas raíces del personaje de las viñetas Marvel. Han dado en el blanco. Justo en el centro de la diana. Con mejores escenas de acción, mejores lanzarredes, mejor recreación de los balanceos de Spiderman por la ciudad…
En general mucho mejor todo.
El primer acierto ha sido cambiar la fórmula de Sam Raimi, que inevitablemente parecía empeñado en hacer una historia romántica en la que, eventualmente, había alguna actividad superheroica. Cuando más se apartó de esa tendencia –y más se aceró a la que ahora exhibe el nuevo Spiderman cinematográfico- fue en la segunda película de su trilogía, y no es casualidad que ésta fuera precisamente la mejor. Las versiones Raimi nunca me convencieron, su protagonista tampoco. Spiderman no es el pagafantas que nos pintaron en los tres largometrajes anteriores, que se me fueron atragantando por esa tendencia a poner lo romántico por delante de las aventuras y la ciencia ficción. Como intuyo que saldrá algún defensor de las anteriores versiones pretextando que sí había ciencia ficción, aventuras y demás en las mismas, repito y aclaro: naturalmente que estaban presentes esos elementos, pero no con el mismo peso dramático que la trama romántica, claramente elegida como epicentro.
En The Amazing Spiderman hay rollito entre el Trepamuros y su ligue de toda la vida, el que siempre le hemos conocido en primer lugar los seguidores del personaje, la rubiales Gwen Stacy. Lo que hizo Raimi con ese personaje femenino en la trilogía anterior fue simplemente una chapuza. Y además ni siquiera respetó la verdadera naturaleza de la propia Mary Jane Watson, que en sus manos y las de Kirsten Dunst se convirtió en una tía tirando a tristona y muermazo, todo lo contrario de la figura eminentemente optimista que conocemos los lectores de los cómics de Spiderman. De manera que Raimi no sólo nos enchufó una historieta eminentemente romántica, sino que además nos coló una tragedia sentimentaloide que no responde al original. Mi impresión después de ver esta nueva versión es que simplemente Raimi no llegó a entender demasiado el verdadero espíritu del personaje de Peter Parker. Para los despistados o diletantes, dos ejemplos: el rollito que se traen Mary Jane y Parker en la saga Spider Island o incluso la muerte de Spiderman en el universo Ultimate, paralelo al convencional de la Marvel. Observarán que incluso en ese momento final hay un toque épico y optimista en Peter Parker que no asomó en casi ninguna secuencia de las tres películas dirigidas porRaimi.
The Amazing Spiderman mete el rollo romántico de manera fluida, sin entorpecer la intriga ni la acción, sin frenar el ritmo de la historia, y sobre todo sin tragedias forzadas, sin pena, penita pena, de manera eminentemente optimista. Reparen quienes vean la película en ese momento final de retorno a las clases de Parker y entenderán mejor a qué me refiero. Incluso cuando la tragedia o la muerte aparece en escena, no se pasan de la raya con el asunto, no se regodean en el morbo de la tristeza, apuestan siempre, como en los comics originales, por lo mismo que apostaría el Peter Parker original: seguir peleando hasta el final de los finales, sin arrugarse y sin ponerse moñas.
El segundo acierto ha sido la elección del reparto, empezando por el protagonista. Tras aguantar la perpetua cara de pasmado de Tobey Maguire, ha sido un verdadero descanso ver cómo Andrew Garfield reivindicaba una interpretación de Spiderman más cercana a la de los cómics, dignificando el personaje con esa primera media hora de metraje, más o menos, en la que incluso sin poderes el tipo ya es intrépido y muestra recursos para abrirse paso incluso entre los matones de la escuela. Así han mejorado todo lo que le rodea y añadiendo el sentido del humor que siempre le faltó a las versiones anteriores, han conseguido hacer mucho más sólido su mundo y el resto de los personajes que lo habitan, así como las relaciones de Parker con los mismos. De repente nos encontramos con que la intragable Tía May se nos hace mucho más tolerable en manos de Sally Field, y el tío Ben resulta menos tópico en manos de Martin Sheen, mientras la evolución de la relación con Flash Thompson, personaje destacado luego en los cómics, se solventa en un alarde de economía narrativa en apenas tres escenas que marcan los cambios. En cuanto al tema romántico con Gwen Stacy, tocado por ese optimismo que he comentado antes se hace menos pesado y truño que el asunto con la falseada Mary Jane de Raimi, y además aporta un conflicto dramático breve pero contundente y resuelto de forma solvente y con cierto toque épico con el padre de la muchacha, el capitán Stacy, que como antagonista “civil” de Spiderman funciona aquí mejor que el gritón y más estereotipado Jonah Jameson.
Finalmente el tercer acierto es el villano elegido para retomar el personaje, el Lagarto, que aporta una faceta de conflicto metahumano muy curiosa, próxima a la licantropía y a los clásicos de la era dorada del cine de ciencia ficción de los años cincuenta, que tanto inspiró a Stan Lee para la creación de su galería de supervillanos. En el doctor Curt Connors y su complejo de inferioridad por la falta del brazo derecho, tan bien expresado visualmente en esa imagen que precede a la transformación donde el personaje, muy bien construido por Rhys Ifans, juega con su imagen reflejada en un cristal, encontramos ecos de la versión clásica de La mosca, dirigida por Kurt Neumann en 1958. Connors y el Lagarto aportan además una clave inquietante próxima al terror, o por lo menos relacionada con lo siniestro, que enriquece notablemente el paisaje narrativo general de esta fábula.
Me ha gustado también mucho la manera de recrear la ciudad, el paisaje de desfiladeros de acero y cemento urbanita por el que trepa y se balancea el protagonista, que, un detalle importante, no deja de ser Peter Parker cuando se convierte en Spiderman, simplemente se pone el uniforme. Ese detalle de humanización y proximidad al público del personaje en esta nueva versión se expresa con la infalible magia de la sencillez (el tema de los huevos, por ejemplo), y con un recurso que los artífices de la película han sabido captar con habilidad de El Caballero Oscuro de Christopher Nolan, ese momento de protagonismo de la gente común en la escena final de las grúas. Más breve, pero construido con la misma clave de la secuencia de la gente atrapada en los transformadores en la segunda aventura de Batman dirigida por Nolan, capta una de las características esenciales de los superhéroes como personajes claves de la cultura popular y de Spiderman en general: el contacto de estos remedos de los antiguos dioses del Olimpo de la mitología griega con la gente corriente.
Esto último y en general el conjunto de esta reinvención cinematográfica de Spiderman con muy buen ritmo narrativo que permite a la película irse a más de dos horas de metraje sin hacerse pesada en ningún momento (cosa que no me ocurrió con la primera película de Raimi), me lleva a pensar que The Amazing Spiderman puede ser para el Hombre Araña de la Marvel lo que en su momento fuera Batman Begins para el Hombre Murciélago de la DC. Esta buena primera entrega apunta a ser un primer paso en un camino que se presenta interesante, a la vista de esa escena final tras los créditos. Dicho sea de paso, se la perdieron por su habitual impaciencia buena parte de mis compañeros en el pase de prensa y sospecho se la perderán por el mismo ataque de prisas algunos espectadores en los cines, aunque al contrario de otras producciones Marvel no hay que esperar hasta el último crédito más de ocho minutos de letras, sino que basta con unos dos o tres minutos, al estilo de la escena final de Los Vengadores. En ese momento final de Connors con ese otro personaje conviene fijarse en la voz si es en versión original, por cuanto anticipa jugosas apariciones y sorpresas en la segunda entrega. Si el Batman de Nolan tuvo su Joker en El Caballero Oscuro…(REVISTA ACCIÓN).



El Spider-Man que creara hace medio siglo Stan Lee se alejaba del superhéroe convencional, acercándose a una tipología juvenil a medio camino entre la psicología social y el albor del fenómeno pop. Es a ese universo realista adolescente a donde lo ha devuelto Marc Webb, una suerte de reverso teen del Batman de Christopher Nolan (esas alusiones al demonio de la noche en el ring latino) en el que la soledad del héroe, la ausencia violenta de figuras paternas y el gusano voraz de la venganza se entrelazan con las magnificadas cuitas púberes, la timidez, el ser un bicho raro... Es The Amazing Spider-Manuna superproducción intimista disfrazada de brillante pirotecnia tridimensional: pedirle una cita a la chica que te gusta se convierte aquí en algo más épico que destrozar un rascacielos mano a mano con El Lagarto, tampoco un villano al uso, casi ni villano. Todo porque Peter Parker es quien le interesa a Webb, y no su álter ego enmascarado que juguetea solo con el anonimato en contadas ocasiones, mostrando su rostro en las mejores escenas del film, instantes que remiten a la segunda entrega del mito que dirigiera Sam Raimi. Más vecino y amigo que justiciero (la solidaridad ciudadana), Spider-Man es el que imaginara Lee, dibujara Steve Ditko y empatizara con sus quinceañeros lectores.(FOTOGRAMAS).