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viernes, 13 de enero de 2012

MILLENNIUM:LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES



Película: Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres (2011).Título original: The girl with the dragon tattoo. Dirección: David Fincher.Países: USASueciaReino Unido y AlemaniaAño: 2011. Duración: 158 min. Género: ThrillerInterpretación: Daniel Craig (Mikael Blomkvist),Rooney Mara (Lisbeth Salander), Stellan Skarsgård (Martin Vanger), Robin Wright (Erika Berger), Christopher Plummer (Henrik Vanger),  Steven Berkoff (Frode),Joely Richardson (Anita Vanger), Yorick Van Wageningen (Bjurman). Guion: Steven Zaillian; basado en la novela de Stieg LarssonProducción: Ceán Chaffin, Scott Rudin, Søren Stærmose y Ole Søndberg. Música: Trent Reznor y Atticus RossFotografía: Jeff Cronenweth. Montaje: Kirk Baxter y Angus Wall. Diseño de producción: Donald Graham Burt. Vestuario: Trish Summerville. Distribuidora: Sony Pictures Releasing de España.Estreno en USA: 20 Diciembre 2011. Estreno en España: 13 Enero 2012. Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.


En el laberinto de la historia de “Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres” hallamos asesinatos, corrupción, secretos familiares y los demonios internos de dos inesperados socios en búsqueda de la verdad sobre un misterio oculto durante 40 años. Mikael Blomkvist (Daniel Craig) es un periodista financiero dispuesto a restaurar su honor tras ser declarado culpable por difamación. Contactado por uno de los empresarios más ricos de Suecia, Henrik Vanger (Christopher Plummer), para esclarecer la desaparición muchos años atrás de su querida sobrina Harriet —asesinada, según cree Vanger, por uno de los miembros de su familia— el periodista llega a una isla remota de la congelada costa sueca sin saber lo que allí le espera. Simultáneamente, Lisbeth Salander (Rooney Mara), una inusual pero ingeniosa investigadora, es contratada para averiguar los antecedentes de Blomkvist, una tarea que en última instancia la lleva a unirse a Mikael en su investigación sobre el asesinato de Harriet Vanger. Aunque Lisbeth se protege de un mundo que la ha traicionado una y otra vez, sus habilidades como hacker y su capacidad de concentración y determinación inquebrantable, la hacen imprescindible. Mientras Mikael se enfrenta cara a cara con los herméticos Vanger, Lisbeth trabaja en la sombra. Ambos comienzan a trazar una cadena de homicidios desde el pasado hasta el presente, forjando un frágil hilo de confianza, aun siendo arrastrados hacia una de las corrientes más salvajes del crimen contemporáneo.


.............'Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres' es básicamente un prodigio de narrativa, puesta en escena y ritmo, una elaborada y exquisita 'delicatessen' cinematográfica de primera categoría. O lo que es lo mismo, básicamente es un filme de David Fincher ante y sobre todo. La perfección casi tan enfermiza como los cuentos que nos relata del hijo bastardo de Kubrick -independientemente del corazón que cada cual le aporte- sólo puede dar de sí una obra de estudio formal para cualquier aspirante a director, donde confluyen en una mezcla perfecta para el cine del siglo XXI estética e historia para avanzar de la mano durante el tiempo que sea necesario. El notable guión de Steve Zaillian, especialmente brillante en la concisión de sus diálogos y transiciones; el notable aporte de un inmaculado reparto donde no sólo sobresalen los dos excelentes protagonistas (atención a la conversación que se produce en su teórico clímax...); la constante, atmosférica y sugestiva banda sonora de Trent Reznor & Atticus Ross, cuya premeditada ausencia curiosamente coincide con el momento de mayor tensión; un montaje que fluye con naturalidad sin que nos percatemos de su existencia y/o injerencia en la historia... No son sino un suma y sigue, partes de esa máquina que es cada una de las películas de este realizador que no nos permite perderle ni un instante de vista. Fincher vuelve a presentar su solicitud... ¿a la tercera irá la vencida? No creo, la verdad, ni falta que hace ni quita para que este 'Millennium' sea capaz de presentarse ante nosotros cómo si la historia que nos cuenta pareciera nueva, o mejor aún, como si fuera otra película completamente distinta... como es en realidad. El problema, si acaso, es que no lo es, de ahí que no le alcance para ese 9 que se le podía intuir... pero lo dicho, problema si acaso, porque por lo demás es un filme imprescindible.

Nota: 8.5


Lo mejor
- 160 minutos sin altibajos

Lo peor
- Que se trate de una nueva versión, lo que le resta un poco el efecto sorpresa.(EL SEPTIMO ARTE).


La versión Fincher es mejor que la versión anterior y más fiel a la novela, es además más clara en su desarrollo y desenlace.
Tal y como ya expliqué cuando hablaba de la versión europea de esta misma novela, Millenium no me parece precisamente un dechado de originalidad, por mucho que  haya tenido éxito notable en las librerías de todo el mundo. Lo que sí hace es acertar a mezclar dos variantes de la narrativa policiaca, el relato whodunit estilo Agatha Christie, también conocido como “¿quién lo hizo?”, donde impera la intriga, el enigma y la resolución del mismo sobre la acción, y el relato hardboiled, enmarcado en la serie y el cine negro, protagonizado por un detective duro, metiéndose en todo tipo de enredos, al mismo borde de la frontera del crimen, a punto de saltársela e incluso dispuesto a enfrentarse a las autoridades de turno, esencialmente corruptas. Es el tipo de esquema que encontraríamos en clásicos del cine negro como El halcón maltés o El sueño eterno, si nos da por rebuscar en la filmografía esencial de Bogart, pero que también puede encontrar referentes en la esencial Retorno al pasado, o en las cronológicamente hablando más próximas Chinatown y Blade Runner.
Toda la trama de la desaparición de la joven en la poderosa familia que ficha al periodista interpretado por Daniel Craig responde al esquema del whodunit, es un enigma por resolver, lo que podríamos denominar su faceta Cluedo, tomando prestado el nombre del célebre juego de mesa. Todo lo referido a Lisbeth Salander responde al esquema del hardboiled. Lo curioso de esta nueva versión de Millenium es que deja aún más claro lo más interesante de mezclar esas propuestas de relato policial esencialmente diferentes: los papeles tradicionales repartidos por sexos están invertidos. El asunto tiene aún más relevancia si contamos con la participación de Craig, el James Bond más duro y brutal de la saga de 007, que le saca aquí el mayor partido a desmarcarse de su propia imagen (curiosamente mientras el actor encargado de interpretar ese mismo papel en la versión europea ha hecho lo mismo, pero en sentido contrario, en Misión imposible: protocolo fantasma).
Digo que los papeles están invertidos respecto a lo que tradicionalmente nos ha propuesto el relato policial porque, como se las ingenia para remarcar David Fincher con mayor pericia que en la versión anterior, Lisbeth es la encargada de proteger, ayudar, investigar y ser el brazo armado de Mikael. Lo que en el cine más clásico habría hecho el protagonista masculino lo hace en esta ocasión la protagonista femenina. Fincher utiliza las escenas de sexo para dejar eso aún más claro, después de que disparen contra Mikael, o tras la escena de la tortura. Entre otras cosas, eso hace mucho más creíble los personajes y las situaciones, no tanto porque se aleja del estereotipo, de lo previsible, sino porque responde coherentemente a la manera en que han sido construidos los dos personajes. Mikael es un periodista, no un tipo duro y callejero. La dura y la callejera es ella. Lógico es que, con independencia de su sexo, sus relaciones y participación en la investigación se reconstruyan según esos parámetros. Lo contrario, además de desleal para la definición de los personajes, sonaría falso, poco verosímil y totalmente previsible para el espectador: pura fórmula. Creo que Fincher trabaja mejor y más claramente esta inversión de papeles tradicionales del relato policíaco más clásico.
Lo que diferencia aún más la versión Fincher de la versión europea de Millenium es precisamente el tercer factor que entra a relacionarse eficazmente con esa especie de alianza o encuentro entre el relato whodunit y el relato hardboiled que ya etaba presente en la novela original y en la película anterior: el propio estilo Fincher. Desde el momento en que los dos personajes empiezan a descubrir las claves del asesinato en serie, que estaba presente también en el relato original y es la columna vertebral del mismo, al menos en la primera novela, nos damos cuenta de que esta historia encaja como una pieza más del puzzle de relatos siniestros presentes en la filmografía de David Fincher. Así, Millenium se desvela como una pariente muy cercana de títulos como Seven Zodiac, pero además, por lo referido al enigma, encontramos huellas de The Game El club de la lucha, tanto en lo estético como en lo argumental.
Tomemos como ejemplo el elemento más obvio que pone de manifiesto ese encaje perfecto en la filmografía de Fincher ya desde el principio: los títulos de crédito, mercuriales y potentes, tan cercanos a los de cualquier otra película del director, especialmente Seven, en su manera de desplegar parte de la historia, aunque en el caso que nos ocupa el ritmo de los mismos y la música que los complementa responda más a la personalidad de Lisbeth y presente y anticipe no al villano, como en aquella sino la compleja y tempestuosa relación que vincula a los dos protagonistas. El desarrollo creativo de los créditos encaja en el excelente uso que suele hacer Fincher de esa herramienta narrativa tantas veces desperdiciada o mal utilizada para presentar o anticipar elementos esenciales de la trama.  Es el primer ladrillo de un edificio que demuestra ser otra adaptación distinta de la novela original, comercial, sin duda, pero igualmente clasificable dentro de las claves de su director como autor.
Me ha gustado bastante la manera de respetar los momentos más escabrosos de la trama, sin recrearse en la violencia y la tortura innecesariamente, manera morbosa. Son tan brutales como deben ser, pero dejando que cada espectador recomponga el puzzle según le cuadre o prefiera, sin automutilarse pero sin dejar que esos fragmentos tengan más protagonismo del estrictamente necesario para componer el arco de desarrollo de la trama y los personajes.
Pero además hay un elemento que me ha llamado poderosamente la atención en esta versión y que no estaba presente, o al menos no tenía la importancia en la trama que se le da en ésta: el triángulo sentimental. Se construye sobre las relaciones de Mikael con Erika, la directora de la revista -Robin Wright en un papel breve pero decisivo- y da pie a dos de las imágenes más definitorias de los vínculos que se establecen entre los dos protagonistas: el plano en el que vemos a Mikael hablando en la calle frente a Lisbeth, con Erika en un segundo término, y un plano final que me parece muy superior, más resolutivo y explícito, más contundente, que el de la versión europea de la novela de Stieg Larsson.
Finalmente hay otro tema que es inevitable abordar antes de acabar este comentario: las comparaciones odiosas entre los protagonistas de la versión europea y la norteamericana. A la pregunta: ¿devora el estrellato de Daniel Craig a Mikael? Contestaría que no, muy al contrario: Craig encuentra en el juego a la contra de su imagen como 007 un elemento positivo, que da pruebas de su talento como actor y su capacidad para escapar al encasillamiento. A la pregunta:  ¿Qué Lisbeth es mejor, la de Noomi Rapace o la de Rooney Mara? Contestaría que son distintas. Ni mejor ni peor. Dos versiones diferentes de un mismo personaje, cada una ajustada al tipo de película en el que tiene que habitar. La Lisbeth de Rapace era la mejor posible para la versión europea, del mismo modo que la de Mara es la mejor imaginable para la versión norteamericana.
A modo de resumen: estamos ante una película distinta, cuyas diferencias sabrán apreciar los aficionados al buen cine, quienes se entienden que esto no es tanto un remake como una nueva versión de la novela de Stieg Larsson, en mi opinión más fiel a la misma en algunos aspectos fundamentales de la misma, y conste que no me refiero sólo a que aparezca la hija de Mikael o se haga el debido hincapié en su relación con Erika.(REVISTA ACCIÓN).



El cine de David Fincher siempre ha demostrado una fascinación por los demiurgos y arquitectos que construyeron las estructuras subterráneas de nuestra sociedad. Es fácil saber qué es lo que le atrajo de la saga Millennium, cuya primera entrega gira en torno a una remota isla sueca que, en realidad, actúa como metonimia y caja de resonancia de una Europa secreta, erigida sobre sangre inocente y aún sobrevolada por el fantasma del nazismo. El monólogo final del villano acredita esta versión de Los hombres que no amaban a las mujeres como una obra quizá menor, pero completamente coherente con el discurso fincheriano, modulado aquí hasta reproducir los gélidos espacios de un thriller geométrico, envasado al vacío y tan despojado de toda emoción como la mirada reptil de Rooney Mara, esa heroína postpunk de sensualidad casi sintética.
La ansiedad que debió de sentir el cineasta ante tamaña franquicia se traduce en una serie de concesiones a los lectores, unos créditos que nos permiten fantasear con una reformulación fincheriana de la saga Bond y un dilatado tercer acto que, sin embargo, sería interesante analizar como una coda descreída y paranoica a 'La Red Social' (2010). Por lo demás, este cuento detectivesco de psicosis y romance sucio nunca había tenido una fuerza tan huracanada.(FOTOGRAMAS).




......La versión americana del primer volumen de la conocida trilogía de novelas Millennium, de las que es autor el malogrado Stieg Larsson, que no llegó a conocer con vida el enorme éxito de sus novelas, no digamos de su traslación al cine y la televisión. Sin atender a ningún pudor mantiene, si no aumenta, la enorme carga de morbo sexual y violencia presentes en la novela original y en la película sueca servida por Niels Arden Oplev. En lo que claramente mejora es en la estructura del inteligente guión de Steven Zaillian, donde las piezas argumentales casan mucho mejor, además de que existe una mejor definición de personajes, se humanizan Blomkvist y Salander, del primero se apunta aquí una vida familiar rota, y de ella se perfila mejor la relación con el primer tutor y las ilusiones que se hace en la relación con el periodista. Incluso los elusivos miembros del clan Vanger tienen algo parecido a la tridimensionalidad. De modo que el reparto lo tiene en tal sentido más fácil -Daniel CraigRooney MaraStellan SkarsgårdChristopher Plummer...- que los originalesMichael NyqvistNoomi Rapace y compañía, que debían llenar agujeros de guión con sus interpretaciones.
Además la película se beneficia claramente del talento visual de su director, David Fincher, por ejemplo en todas las escenas que muestran el avance en las pesquisas de Blomkvist y Salander, y también en la creación de atmósferas, la isla bajo la nieve, el viento que sopla en la casa de Martin, un sobrino de Henrik, en lo alto de una colina, o un pasaje tan breve como la escena del metro en que a Lisbeth le birlan el ordenador portátil.
Así las cosas, los defectos del film son los mismos que los de la obra de Larsson, que se enmarca en la moda del "noir" nórdico, del que también es muy representativo Henning Mankell y su Kurt Wallander, que también pasó de la versión sueca a la angloparlante con Kenneth Branagh de protagonista. La idea es mostrar los excesos de la opulenta sociedad occidental, donde han acontecido y acontecen todo tipo de depravaciones; el problema es la falta de referentes morales nítidos, ya que ante los crímenes horrorosos a los que se enfrentan los protagonistas -y de los que Lisbeth es víctima directa-, parece que vale cualquier respuesta, por salvaje que sea. Y eso que a tal respecto la película de Fincher y Zaillian se permite alguna licencia para suavizar actitudes y no convertir a Salander en la Terminator que podía verse en la versión fílmica de Oplev. Algunas truculencias y pasajes -las actitud del segundo tutor, la persecución en moto...- obligan a algo parecido a la suspensión de la incredulidad del espectador, aunque muchos espectadores -y lectores- pensarán que eso es parte del juego en que consisten película -y libro.
(DE CINE 21).

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