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viernes, 20 de enero de 2012

LOS DESCENDIENTES




Película: Los descendientes. Título original: The descendants. Dirección:Alexander PaynePaís: USAAño: 2011. Duración: 110 min. Género: Drama,comediaInterpretación: George Clooney (Matt King), Judy Greer (Julie Speer), Matthew Lillard (Brian Speer), Beau Bridges (primo Hugh), Shailene Woodley (Alexandra), Robert Forster (Scott Thorson), Nick Krause (Sid), Amara Miller (Scottie King), Mary Birdsong (Kai Mitchell), Rob Huebel (Mark Mitchell).Guion: Alexander Payne, Nat Faxon y Jim Rash; basado en la novela de Kaui Hart Hemmings. Producción: Jim Burke, Alexander Payne y Jim Taylor. Fotografía: Phedon Papamichael. Montaje: Kevin Tent. Diseño de producción: Jane Ann Stewart.Vestuario: Wendy Chuck. Distribuidora: Hispano FoxfilmEstreno en USA: 9 Diciembre 2011. Estreno en España: 20 Enero 2012. Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.


En “Los descendientes”, Matt King (George Clooney), casado y padre de dos niñas, se ve obligado a reconsiderar su pasado y a encauzar su futuro cuando su mujer sufre un terrible accidente de barco en Waikiki. Matt intenta torpemente recomponer la relación con sus hijas —la precoz Scottie, de 10 años, y la rebelde Alexandra, de 17—, al mismo tiempo que se enfrenta a la difícil decisión de vender las tierras de la familia. Herencia de la unión entre la realeza hawaiana y los misioneros, los King poseen algunas de las últimas zonas vírgenes de playa tropical de las islas, de un valor incalculable. Cuando Alexandra suelta la bomba de que su madre tenía una aventura amorosa en el momento del accidente, Matt tiene que empezar a mirar con ojos nuevos toda su vida, por no hablar de su herencia, durante una semana plena de cruciales decisiones. Con sus hijas a cuestas, Matt se embarca en la azarosa búsqueda del amante de su mujer. A lo largo del camino, donde se van alternando encuentros divertidos, conflictivos y trascendentales, Matt comprende que por fin se halla en la buena dirección para reconstruir su vida y su familia.


Han pasado siete años desde que Payne dirigió su última película, un periodo bastante largo de tiempo, algo que nos ha hecho esperar con bastante expectación su nuevo largometraje, en este tiempo tampoco ha estado parado si no que se ha dedicado bastante a su nueva tarea de productor, llevando a salir a la luz películas como La Familia Savage, Convención en Cedar Rapids o El Rey de California, también produjo la serie Hung de la HBO de la que dirigió el piloto, y escribió un guión que finalmente no se llevó a cabo pero que posiblemente realice después de estos Descendientes. Es cierto que no ha estado parado, pero estos siete años se han antojado demasiados para esperar el nuevo trabajo de uno de los realizadores norteamericanos más interesantes y que más va a tener que decir durante las próximas décadas.

Antes de que podamos ver los créditos iniciales Payne abre con una escena en el agua de vital importancia, una en la que la mujer del protagonista está en una lancha motora, realmente podríamos decir que es una escena de fuera de relato, de hecho esta es la única vez que veremos con vida a este personaje, pero la importancia de esa escena es vital y realmente  no dejará de estar presente durante toda la película. Ese incidente es el que cambia por completo la vida de Matt King, un tipo que podría parecer exitoso, tiene una familia, dos hijas, vive en el paraíso, <<¿Paraíso? Y una mierda>>, sentencia nada más comenzar la película, y es que en el Hawái que vive este Matt King no tiene nada que ver con ese idílico paraíso tropical que el cine nos ha mostrado casi siempre, y además él, pese a toda esa imponente fachada no es más que otra persona que siente fracasada en la vida y totalmente perdido dentro de su mundo, uno de esos perdedores que han estado siempre presentes el cine de Payne, como el profesor adultero de Election, el viudo recién jubilado de A propósito de Schmidt o el divorciado incapaz de publicar su novela de Entre Copas. Matt King de repente se ve solo y lo que es peor se ve sobrepasado por todo lo que no entiende y cargado de nuevas responsabilidades. Matt tendrá que lidiar con dos hijas rebeldes, de las que no puede entender por qué le guardan tan poco respeto, tampoco entiende por qué su mujer le engañaba y quería divorciarse de él, además como heredero de unas extensas tierras en Hawái se verá responsable a lidiar con todos sus primos en un interminable proceso de venta, ese es el paraíso actual de Matt King, normal que diga que ese paraíso es una mierda.
Tras enterarse de la infidelidad de su esposa, Matt se verá en la necesidad de encontrar a ese hombre para darle la noticia sobre el incidente, un acto que está a medio camino entre la curiosidad y el temor pero que sobre todo se acaba convirtiendo en un último acto de amor. Esto será lo que marque el devenir de toda la película, así se aventurará de una isla a otra del archipiélago de Hawái, una metáfora perfectamente usada por Payne para explicar el desperdigamiento de la familia, y es que uno de los muchos temas del film no deja de ser la disfunción familiar, para encontrarse con ese hombre sin saber muy bien si lo único que busca es encontrar los motivos que llevaron a su mujer a querer separarse de él cuando creía que todo iba bien o si realmente lo hace como una necesaria vía de escape a la que aferrarse. Esta visita también influirá en su decisión de cara a la futura venta de esos terrenos, algo que podría acabar siendo una mera comparsa de fondo, pero que Payne la utiliza muy bien para crear en ella una reconciliadora toma de conciencia con el pasado e incluso un valido argumento vengativo.

Lejos de caer en el melodrama en el que habría sido realmente fácil caer con una historia como ésta, Payne narra con el satírico sentido del humor que siempre ha acompañado a su cine, acompañando a la película con las ácidas reflexiones en off de su protagonista y regalándonos también secundarios de naturaleza divertida pero que no se dejan caer en la caricaturización. Payne consigue lograr un perfecto equilibrio entre la comedia y el drama sin perder nunca el sentido, sabiendo captar la complejidad de las relaciones emocionales y dotando a la película de un tono calmado, pero también triste y melancólico capaz de alternar en una misma escena un momento cómico con otro dramático o de aumentar el dramatismo en pequeños y necesarios momentos puntuales como el monólogo al lado de la cama de su esposa por parte de Clooney. Es precisamente Clooney una de las cosas que más destaca en la película con su increíble interpretación, quizá lo más grande de su papel es lo fácil que resulta creer a Clooney como un hombre medio abandonado, herido y perdido, porque es difícil conociendo a Clooney pensar en él así, pero aquí consigue borrar toda su fachada para dar vida a este pequeño perdedor que es Matt King. Y aunque realmente la película cuenta con un gran reparto dónde todos destacan, quizá la sorpresa más agradable nos la llevamos con una extraordinaria Shailene Woodley en un complejísimo papel de niño teniendo que ser adulto.
 
Una de las muchas cosas que resultan increíblemente fascinante en Los Descendientes es el tratamiento que se le da a Hawái, de una forma que posiblemente no hayamos visto nunca, Payne se aleja del habitual enfoque turístico con el que siempre ha aparecido la isla en el cine y nos traslada de lleno al corazón urbano de Honolulu, algo que está muy lejos de ese paraíso al que Matt King se refiere en la primera escena, esto también es de vital importancia puesto que como ya ocurría en Entre Copas el paisaje toma también posición privilegiada como un personaje más, que aunque es una visión desconocida tampoco renuncia a sus raíces, y no faltan esas horribles camisas de flores (‘Hasta el más rico de Hawái se viste como un vagabundo’ dice King) ni una estupenda banda sonora con temas autóctonos a ritmo de Ukelele. Payne completa una película redonda, donde sin miedo se aventura a tocar muchos temas, pero sabiendo ordenarlos para no tropezarse ni dejar que ninguno parezca superficial o se quede abandonado, y es que Payne abre sobre el agua, y cierra debajo de ella con un precioso plano contrapicado, cerrando así un círculo perfecto en el que consigue llegar, no solo la película, sino también sus personajes, a una necesaria estabilidad. ¿Que Los Descendientes tienen escrito Oscar en la frente? Por supuesto, pero con todo merecimiento. (EL SEPTIMO ARTE).

Nota: 8,5




Soberbio y sencillo drama familiar con tintes de humor, digno ganador del Globo de Oro. Como lo es su protagonista, un contenido George Clooney, que borda el papel de padre en apuros ante la enfermedad de su mujer y la rebeldía de sus dos hijas. Una película, como decía antes, sencilla y sin estridencias. Calmada y natural, que aprovecha los escenarios naturales de Hawaii para mostrarnos que las cosas no son perfectas ni mucho menos en el paraíso. Una película que enlaza perfectamente con trabajos anteriores del director Alexander Payne y que se postula como seria candidata a los Oscar. Aunque tiene una lista de competidoras como para no verlo claro...
El caso es que en tiempos en los que los dramas que parecen ganarse el beneplácito de la crítica y los premios son historias desgarradoras, de esas llamadas más grandes que la vida, Payne opta por una historia pequeña pero no por ello menos conmovedora. Un drama real en el que todos podemos sentirnos identificados. No paraba de pensar durante la proyección en las historias de gente como Alejandro González Iñarritu y sus grandilocuentes dramas en contraposición a esta pequeña historia. Y, la verdad sea dicha, me quedo con una película como Los Descendientes.
No porque sea mejor o peor sino porque me resulta más creíble. Aquí no hay un marido hundido porque su mujer ha sido tiroteada en Marruecos mientras sus hijos corren por la frontera en manos de una niñera sin papeles. Ni mujeres en busca de venganza en un camino directo al cementerio. Aquí tenemos la historia de un padre y marido con una esposa en coma irreversible debido a un accidente y unas hijas con las que no sabe cómo lidiar. La pequeña se dedica a meterse con sus compañeras de clase y a hacer fotos artísticas de su madre enferma para un trabajo de clase. La mayor está en un colegio internada por sus escarceos con el alcohol y los hombres. Como si encerrarla en otra isla fuese a solucionar las heridas abiertas.Y en todo ello el personaje de Clooney se ve obligado a tomar las riendas de su familia. Aprender a ser padre, algo que había dejado en manos de su mujer para dedicarse a su trabajo. Y ahora ve que lo pierde todo por momentos. Que se le escapa entre los dedos porque no ha sabido ser mejor hombre antes. No mejor padre o marido simplemente padre y marido. Algo que daba por hecho hasta que la tragedia le golpea. Como muchos de los personajes de Payne es un tipo gris y sin nada especial que se dedica a recordarnos que su tatarabuela era descendiente del rey Kamehameha I. Lo dice más de una vez porque le hace sentirse especial. Único. Cuando en realidad sólo es un tipo más que no sabía lo afortunado que era hasta que se le cae el castillo de naipes. Con dinero, con una mujer preciosa y unas hijas que le adoran. Pero como muchos de nosotros él no lo veía.
La historia se deja llevar por los personajes porque en ellos reside la historia. El aprender a lidiar con el dolor, saber decir adiós, madurar, apreciar a nuestros seres queridos. Soportar el dolor y la pérdida. Aprender a vivir con ello. Todo lo vivimos a través de las reacciones de sus personajes y de cómo lidian cada uno de ellos con lo que se les plantea. Con lo que les da la vida. George Clooney les guía en ese camino sin saberlo con una interpretación brillante. Sin histrionismos ni desgarradores gritos de dolor. Con una mirada serena que va de la tristeza y el shock a la aceptación. Inmenso como actor. Hace fácil lo más difícil. Convencernos de que es un tipo gris y normal con más defectos que virtudes.
No anda mal acompañado con Shailene Woodley, protagonista de Vida Secreta de una Adolescente, a la cabeza como la hija mayor (lo dice todo con una mirada), pero sin olvidar gente como Robert Forster (su escena del hospital es simplemente memorable), Beau Bridges (impresionante en el bar), Judy Greer, Matthew Lillard... A algunos incluso los recupera del ostracismo. Hasta el personaje de Sid, el amigo dela hija, que parece un simple bufón al principio, va creciendo en torno a Clooney según avanza la película.Tiene detalles de humor sutil e irreverente, muy efectivo, pero es en menor cantidad que otras obras del director. Un director al que se le nota cada vez más fino y elegante. Su uso de la elipsis (la firma con los primos, el final) resulta primoroso. Siempre ha sabido escribir muy buenos guiones, pero poco a poco se consolida como narrador que sabe aprovechar los elementos visuales de la historia. Aquí por supuesto, Hawaii con varias de sus islas. Sabe imprimir a la historia la ternura justa y el drama justo también. Nunca resulta ni demasiado blando ni demasiado dispuesto al exceso. Aunque la trama de los primos y la venta de las tierras pueda resultar innecesaria. Es quizá el momento que más alarga la película sin ofrecer nada que realmente brille sobre el resto del metraje. Pese a su simbolismo sobre el cambio, no aporta nada a la película que ésta no tuviese ya en el resto de la historia.En resumidas cuentas una película excelente. Un drama serio y coherente no propenso a los excesos ni a la comedia que lo aligere. Ni a los finales dulces ni a lo devastador. Sólo un sencillo reflejo de la vida. Delos lazos que creamos y las responsabilidades que asumimos. De la vida y cómo encajar la muerte. De nuestros hijos y lo que heredan de nosotros, mucho más importante que el dinero o las tierras. Con su ración justa de sorpresas y giros dosificados y nunca saliéndose de tono demasiado. Emocionando a través de las cosas más normales. Equilibrados. Y con un reparto que está en su mejor momento. Una película hecha para degustar buen cine.(ACCIÓN CINE).

Es un drama de dualidades. ¿O es una comedia? Los descendientes transita por los más ridículos vericuetos del absurdo compartiendo, a su vez, momentos de gran angustia y dolor. Como el supuesto paraíso en el que se desarrolla la trama, Waikiki, en Hawai: ¿una ciudad moderna con el progreso a las puertas o un pedazo de naturaleza que conserva el pasado más tradicional? Difícil escoger. Imposible. Así es el cine deAlexander Payne, agridulce, tragicómico, como la vida misma.  
Como en sus anteriores películas Election yEntre copas y, especialmente, A propósito de Schmidt, el director vuelve a colocar a su protagonista en la cuerda floja y lo insta a tomar una decisión, en un momento de transición, que le hace replantearse quién es, qué quiere y qué necesita. En Los descendientes, aquel Jack Nicholson, o Paul Giamatti, o Matthew Broderick, el tipo perdedor, frustrado y sin suerte, tiene el rostro y la insuperable sonrisa de George Clooney, su carisma. Sólo el enorme talento de actor y director hace posible que nos creamos que el soltero de oro de Hollywood es un tipo ¡imperfecto!, infeliz y absolutamente desorientado. También es cierto que ayuda verle con unas bermudas y camisas horrorosas. George Clooney es Los descendientes.Sin él, hubiera sido otro inteligente y emotivo filme de Alexander Payne. Con Clooney, Los descendienteses una de las películas del año.
Al comienzo del filme, su personaje, Matt King, voz en off de todo lo que va aconteciendo, arrastra la perplejidad como la bola de un reo. Primero, por el durísimo golpe de observar a su mujer en coma, en la habitación de un hospital, sin saber cómo manejar el asunto con sus dos hijas; después, cuando descubre que el amor de su vida, esa mujer postrada, le ha estado engañando, le ha sido infiel. El (casi) viudo y cornudo padre decide emprender entonces un viaje, un poco a lo loco, para –y aquí asoma el ego masculino– saber qué vio en el otro para alejarse de él. 
Esa huida le lleva de una isla a otra, el archipiélago como una metáfora de lo que somos: miembros de la misma familia, pero individuos al fin y al cabo. También aprovecha el viaje Alexander Payne para introducirnos en una temática aparentemente menos emocional, la de la compra- venta de tierras heredadas, algo muy común en un lugar como Hawai. Matt deberá decidir qué hacer con las suyas. Mientras en el hospital poco puede hacer por recuperar a su mujer; en su negocio tiene la oportunidad de tomar una decisión. 
En ese viaje conocemos a las niñas de este padre inexperto. Unas crías que explican también sus cambios de comportamiento. La pequeña no logra asimilar la realidad, como le ocurre al cabeza de familia; la mayor –magnífica Shailene Woodley, prota de la serie Vida secreta de una adolescentereprime sus sentimientos, hasta que decide confiar en su padre, y se preocupa por él. A ellos se suma elnovioamigo de la chica, un chaval torpe al que Matt rechaza sin comprender que, a pesar de su juventud, lleva ya algunas vidas quemadas. Que reciba un puñetazo del abuelo por reírse (sin saber) de su mujer con Alzheimer explica la tónica general del ser humano: ignorar la desgracia, ésa, que siempre acaba por llegar. Payne nos abre un poco la puerta.(CINEMANIA).

4 comentarios:

  1. Esta muy bien el blog, no lo conocía hasta ahora, me pasaré más a menudo a leerlo. Aprovecho para felicitarte el 2012, un saludo!!

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  2. Agradecido por tu interés,en mi blog.
    Un saludo...y feliz año.

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  3. Ola tu blog está excelente, me encantaría afiliarte en mis sitios webs. Por mi parte te pediría un enlace hacia mis web y asi beneficiar ambos con mas visitas.

    me respondes a munekitacate@gmail.com
    besoss
    Catherine

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