Seguidores

sábado, 4 de febrero de 2012

MONEYBALL




Película: Moneyball: Rompiendo las reglas. Título original: Moneyball.Dirección: Bennett MillerPaís: USAAño: 2011. Duración: 133 min. Género:BiopicdramaInterpretación: Brad Pitt (Billy Beane), Jonah Hill (Peter Brand), Philip Seymour Hoffman (Art Howe), Robin Wright (Sharon), Chris Pratt (Scott), Tammy Blanchard (Elizabeth), Stephen Bishop (David). Guion:Steven Zaillian y Aaron Sorkin; basado en un argumento de Stan Chervin; a partir de una novela de Michael Lewis. Producción: Michal De Luca, Rachael Horovitz, Scott Rudin y Brad Pitt. Música: Mychael DannaFotografía: Wally Pfister. Montaje:Christopher Tellefsen. Diseño de producción: Jess Gonchor. Vestuario: Kasia Walicka-Maimone. Distribuidora: Sony Pictures Releasing de EspañaEstreno en USA: 23 Septiembre 2011. Estreno en España: 3 Febrero 2012Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


“Moneyball: Rompiendo las reglas” está basada en la historia real de Billy Beane (Brad Pitt), una prometedora estrella del béisbol que, incitado por el fracaso de no haber demostrado en el campo todo lo que se esperaba de él, enfocó toda su naturaleza competitiva hacia el área de la dirección de equipos. Al comienzo de la temporada 2002, Billy se enfrenta a una situación deprimente: su modesto equipo, los Oakland Athletics, ha perdido, una vez más, a sus mejores jugadores a manos de los clubes grandes y encima tiene que reconstruirlo con sólo un tercio del presupuesto. Sin embargo, decidido a ganar, Billy se enfrenta al sistema desafiando a los más grandes de este deporte. Así, busca opciones fuera del mundo del béisbol y se topa con las teorías innovadoras de Bill James. Es entonces cuando se decide a contratar a Peter Brand (Jonah Hill), un economista de Yale, inteligente y con talento para los números. Juntos se enfrentan a las teorías establecidas para medir la actividad en el juego y las reexaminan apoyándose en el análisis estadístico por ordenador, hasta entonces despreciado por la clase dirigente del béisbol. Llegan a conclusiones que desafían la imaginación y van a por jugadores descartados por los demás por raros, mayores, lesionados o problemáticos, pero con habilidades claves poco valoradas. A medida que Billy y Peter avanzan, sus nuevos métodos y su lista de “inútiles” irritan a la vieja guardia, a los medios de comunicación, a los forofos y al propio director de campo (Philip Seymour Hoffman) que se niega a cooperar. Finalmente, el experimento no solo cambiará la forma de jugar, sino que también aportará a Billy una nueva comprensión que trasciende el juego y que le hará avanzar en el terreno personal.


.......Estamos ante un film más difícil de lo que parece a simple vista. Por un lado, se basa en un libro de Michael Lewis, "Moneyball: The Art of Winning an Unfair Game", que no es una novela, y que si bien documenta al milímetro la gesta de Beane, es más un estudio con muchos datos sobre el mercado del béisbol. Además, la historia real no se presta a priori a rodar un título convencional sobre este deporte, pues no va sobre un jugador o un entrenador, que es lo típico, sino básicamente sobre la persona que realiza los fichajes.
Así las cosas, era todo un reto para dos de los pesos pesados de los guiones de la actualidad, Steven Zaillian y Aaron Sorkin -de nuevo emparejados tras Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres-, que junto con el debutante Stan Chervin, han logrado una justa nominación al Oscar al guión adaptado. Su trabajo es modélico, sobre todo porque se centran en explicar bastante bien para el público de toda condición en qué consistían básicamente las maniobras del manager de los Athletics, y además logran dar emoción a las negociaciones. No muestran ningún partido de continuo hasta que llega el momento decisivo, ya que el personaje real tenía la norma de no ver jugar a su equipo. En esencia, se ciñen al esquema del cine deportivo sobre superación personal (equipo en crisis remonta a base de trabajo), al tiempo que le dan un aire de bastante frescura.
Bennett Miller, director que llevaba seis años de inactividad desde que dio la campanada con Truman Capote, aprovecha un buen guión en torno a la importancia del elemento humano, frente a la frialdad de los métodos científicos, y hace gala de una puesta en escena clásica que funciona a la perfección.
El film, técnicamente impecable, ha logrado otras cinco candidaturas indiscutibles en las categorías de película, edición, mezcla de sonido, actor (Brad Pitt) y secundario (Jonah Hill). En su línea, Pitt resulta bastante creíble como el personaje central, un tipo con gran capacidad de riesgo que consagra su vida a su trabajo excepto por los ratos que pasa con su pequeña hija. Sorprende más, por ser su primer papel realmente serio,Jonah Hill, ideal para encarnar a un friqui prodigio de los números. Quizás están un tanto desaprovechados Philip Seymour Hoffman y Robin Wright, por su reducida presencia.(DE CINE 21).



Cine deportivo con un intenso guión que aprovecha a unos actores en estado de gracia. MOneyball nos ofrece una experiencia que va más allá de conocer o descubrir una gesta épica de un equipo de baseball, que también, para centrarse en una lucha entre intuición y matemáticas, entre cabeza y corazón, que lleva al espectador a un complejo viaje al corazón de un deporte que en España nos es casi desconocido, pero que en USA es el deporte rey. Y lo más importante, nos lleva al corazón de unos personajes que se mueven por un mundo tan intenso como peculiar.
Quizá la mayor virtud de la película sea su enorme y complejo guión. Juntar a dos talentos como Steve Zaillian y Aaron Sorkin no tiene mucho mérito en sí. Es de cajón de sastre que cuando uno mezcla a los que posiblemente sean dos de los mejores (si no los mejores) guionistas de cine y televisión del momento, en un proyecto a cuatro manos, es más que posible que el resultado final sea una pequeña joya, al menos en lo que a guión se refiere. Pero, claro, aquí no todo está inventado ni existen fórmulas infalibles, y también podía haber resultado de la colaboración de estos dos enormes talentos, un embrollo enorme de proporciones galácticas. Es un riesgo aunque parezca sencillo sumar la capacidad de ambos para escribir un excelente guión. Vamos, que podía haberles salido el tiro por la culata.
Pero mira por donde que no, que la cosa sale como se supone que tendría que salir y el guión queda redondo e inmaculado, perfecto a la hora de adaptar lo que se suponía que era un libro inadaptable, con el mismo título que la película, y que se centraba en la economía de los débiles y cómo un equipo con un presupuesto tan reducido se había convertido en un equipo ganador debido a las estadísticas. Y si logra convencer en esa complicada adaptación es porque la historia no sólo se centra en ese equipo de baseball, los Athletics de Oklahoma, sino en la gente, en las personas que movieron esa historia, que creyeron en el proyecto y que contra viento y marea se empecinaron en su viabilidad. Dejando de lado la intuición y el corazón, dejándose guiar por matemáticas y estadísticas. Intentando cambiar el juego desde dentro.
Eso sí, empezando por lo menos bueno de la película, su complejidad y ambición y el tema que trata pueden hacerla de muy difícil acceso no sólo para aquellos que desconocen el deporte, sino incluso para aquellos que conociéndolo no estén muy interesados en cifras, traspasos y estadísticas. Porque baseball, lo que es baseball, en la película vemos más bien poco. Aunque tenemos el clásico partido épico en el que se consigue parte de un sueño, aquí estableciendo un récord de victorias, la mayor parte de la película tenemos como protagonista la historia que sucede tras los focos del campo, la gente que mueve el negocio, con el mánager interpretado por Brad Pitt a la cabeza. No es fácil entrar en Moneyball y no es fácil comprender todo lo que está pasando en las oficinas y despachos, ni mucho menos cuando empiezan a hablar de números y porcentajes o cuando empiezan a intercambiar jugadores. La escena de Pitt a mitad de temporada haciendo malabares para obtener al jugador que quiere, pese a su genialidad, es complicada de seguir, entre otras cosas porque se aplica el sistema de diálogos de Sorkin a velocidad de relámpago a una conversación telefónica a tres bandas.
Entre ese caos de complejidad, sale vencedor un enorme Brad Pitt, alejado de tanta posturita y tanta sonrisa, aunque aún le quedan algunos tics que pulir (lo del personaje comiendo es algo que hereda desde Ocean’s Eleven), pero que aquí se bebe su personaje para que disfrutemos de la fuerza de una persona muy particular, algo egoísta, algo ensimismada con su trabajo y sus manías, como nunca ver los partidos en el campo o no entablar relaciones con sus jugadores. Lo mejor es la capacidad del actor para empatizar con el espectador con una mirada, como cuando su hija canta para él. De todos modos si el guión es importante, la presencia de Pitt lo es tanto o más.
Sucede algo parecido con Jonah Hill, que se mete en la piel de un tipo tímido y apocado, genio de los números, con una forma de enfocar la vida y el trabajo muy diferente de la del personaje de Pitt. A veces alivio cómico, cuando el actor debe dar en la mesa un puñetazo dramático lo da con una fuerza que muchos no esperarían de alguien como Hill. Si  les sumamos la presencia de nombres como Robin Wright o Phillip Seymour Hoffman, siempre sensacionales, nos queda un reparto que sabe aprovechar a la perfección el guión brillante sobre el que trabajan.
También merece ser destacada la puesta en escena, la elegancia de la misma, lo bien enlazados que están los flashbacks y lo mucho que ayudan a entender al personaje de Brad Pitt desde su juventud. La mezcla de imágenes reales y película, o el uso de la radio y sus comentaristas como un personaje más dentro de la película. Basta ver la escena en la que vemos cómo descuelgan las imágenes de las estrellas que se han marchado del equipo, que casi engloba todas esas virtudes.
Puede tirar un poco para atrás una película como esta, sobre todo si nos importa bien poco el deporte en general y el baseball en particular. Pero para los fans de su estrella y para aquellos que quieran disfrutar de un gran guión, deberían dejar de lado cualquier prejuicio y lanzarse a ver una película tan buena como Moneyball, que incluso con su duración de más de dos horas, no aburre en ningún instante. Cine deportivo, sí, pero de calidad. De mucha calidad.(ACCION DE CINE).



Para bien o para mal, las comparaciones entre Moneyball: Rompiendo las reglas y La Red Social (David Fincher, 2010) resultan inevitables. Las dos películas están protagonizadas por lobos solitarios decididos a cambiar los paradigmas del juego y el éxito; y ambos films testimonian, a través del incisivo prisma del guionista Aaron Sorkin, la revancha de los nerds, o el destronamiento de una vieja guardia aristocrática a manos de los nuevos administradores del conocimiento: los reyes de las nuevas tecnologías.
En todo caso, la clave está en las diferencias: La Red Social analizaba el cambio de modelo desde el punto de vista del revolucionario, mientras Moneyball lo hace desde la óptica del gestor (Brad Pitt), un veterano que encuentra en las nuevas reglas una forma de reivindicación personal. Consecuentemente, La Red Social era una película que se aferraba al vértigo de los acontecimientos para llegar a la emoción, mientras que Moneyball recorre el camino inverso: parte de la frustración y los traumas del protagonista para plantear un abordaje romántico de los hechos. Y, en este sentido, el notable talento de Bennett Miller para el drama sobrio e intimista, como demostró en Truman Capote (2005), no puede compararse a la maestría de David Fincher para la crónica más analítica.(FOTOGRAMAS).

No hay comentarios:

Publicar un comentario