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sábado, 11 de febrero de 2012

WAR HORSE (CABALLO DE BATALLA)




Película: War horse (Caballo de batalla). Título original: War horse.Dirección: Steven SpielbergPaíses: USA y Reino UnidoAño: 2011.Duración: 148 min. Género: DramabélicoInterpretación: Jeremy Irvine  (Albert), David Thewlis (Lyons), Emily Watson (Rose), Toby KebbellDavid Kross (Gunther), Peter Mullan (Ted), Niels Arestrup (abuelo), Eddie Marsan (sargento Fry), Benedict Cumberbatch (mayor Jamie Stewart), Tom Hiddleston (capitán Nicholls), Celine Buckens (Emilie). Guion: Lee Hall y Richard Curtis; basado en la novela de Michael MorpurgoProducción: Frank Marshall y Steven Spielberg. Música:John WilliamsFotografía: Janusz Kaminski. Montaje: Michael Kahn. Diseño de producción: Rick Carter. Vestuario: Joanna Johnston. Distribuidora: The Walt Disney Company SpainEstreno en USA: 25 Diciembre 2011. Estreno en España: 10 Febrero 2012Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.


“War horse (Caballo de batalla)” nos cuenta la extraordinaria historia de amistad que surge entre el joven Albert y un caballo llamado Joey, separándose sus caminos a causa de la Primera Guerra Mundial. El padre de Albert vende a Joey a la caballería del ejército británico para luchar en el frente. Joey será testigo de un extraordinario periodo de la Historia con la Gran Guerra como trasfondo. A pesar de los obstáculos que encuentra en su camino, su coraje será fuente de inspiración para todos los que se cruzan con el noble animal. Albert no puede olvidar a su caballo y abandona su hogar para luchar en los campos de batalla de Francia. Allí busca incansablemente a su amigo para traerlo sano y salvo a casa.


......La habitual maestría de Spielberg con la cámara y con sus repartos vuelve a dejarse notar en “War horse (Caballo de batalla)”. Son innumerables las escenas que rezuman belleza, no sólo por la forma en la que se nos presentan los paisajes en los que acontece parte de la historia, sino por cómo se retratan las intimistas vivencias de algunos de los protagonistas. Al respecto, cabe señalar el formidable trabajo de intérpretes tan jóvenes como Celine Buckens o Jeremy Irvine. Asimismo, es de justicia destacar la actuación de Peter MullanNiels ArestrupTom Hiddleston y de una fantástica Emily Watson. El director también nos muestra las tinieblas del relato, pero tanto en los fragmentos minimalistas (el fusilamiento) como en los épicos (la carga de la caballería) lo hace con una encomiable sutileza. Puede que muchos digan que esta cinta es una mera sucesión de sensiblerías, pero para mí significa introducirme en lugares que me recuerdan por qué amo el cine. Y su preciosista conclusión es uno de ellos.(LA BUTACA).



.......Con esta trama, nos encontramos de nuevo ante un trabajo meramente sensiblero dentro de un género en el que Spielberg nunca ha conseguido destacar como es el drama, y una vez más, su empeño por buscar la lágrima fácil en el público limita el que, aun así, es un trabajo perfecto técnicamente hablando. Pero la técnica no es razón suficiente para salvar el conjunto de un film firmado por un hombre que, gracias a su fama, puede rodearse de profesionales de la talla de Janusz Kaminski, que realiza un trabajo brillante en cuanto a la dirección de fotografía, por poner un ejemplo. Aun así podemos encontrar pegas en algunos de sus habituales colaboradores, como John Williams, que firma por su parte una banda sonora de lo más típica y anodina.

Por las razones expuestas, es muy fácil despotricar sobre la apatía y sensiblería ñoña que rodea a cada nuevo trabajo del bueno de Steven, pero también es fácil reconocer que es prácticamente imposible no encontrar entretenimiento en un producto que lleve su firma. Es de elogiar también el trabajo del director en cuanto a la dirección de actores, que en esta película son prácticamente desconocidos y, aunque no destaquen, sí son correctas las actuaciones que realizan. Sin embargo, y reiterando lo ya dicho hasta ahora, hace tiempo que Spielberg no es capaz de ser aquél impresionante realizador que comenzó su carrera a finales de los 70. En definitiva, y centrándonos en la película que nos ocupa y no en la irregular carrera de su director, ‘War Horse’ es un drama que trata de forzar los sentimientos en el espectador cuando estos deberían salir de manera natural, y lo peor es que no lo consiga muy a menudo durante el metraje.

Frase memorable: El diálogo completo entre los dos soldados, alemán e inglés, que en un momento dado se encuentran en son de paz.

LO MEJOR: Las secuencias bélicas, que son sencillamente brillantes.

LO PEOR: El empeño de Spielberg en dotar de propiedades o comportamientos humanos a un caballo.

NOTA: 6,8/10 (EL SEPTIMO ARTE).


War Horse nos mete de cabeza en la Primera Guerra Mundial con una cabalgada espectacular que rinde homenaje a los clásicos de Hollywood.
Lo que nos propone Steven Spielberg en su última película es un ejercicio narrativo que puede parecer en principio poco original, porque se basa en la fórmula del animal  u objeto que va pasando de una mano a otra, revelando un puzzle de personajes en el recorrido, pero ese es sólo el principio del esquema argumental que le permite dibujarnos un cuadro visualmente impresionante de distintos aspedctos del conflicto que ha elegido visitar en esta nueva incursión en el cine bélico del director que hace años decidió visitar los escenarios de la Segunda Guerra Mundial en Salvar al soldado Ryan. A lomos de este caballo de guerra que da título a la película, conoceremos ahora otra guerra distinta, confirmándose que distintas guerras dan como resultado distintos tipos de película. Spielberg, conocedor de la historia en general y de la historia del cine en particular, es plenamente consciente de ello y por eso en esta ocasión toma el pulso visual del paisaje dantesco de las trincheras de la que fuera llamada también Gran Guerra consiguiendo por un lado retratar dicho conflicto a base de inspirarse más en los cuadros dibujados sobre el mismo por algunos artistas que llegaron a conocer y sufrir esa tragedia en carne propia que en las películas filmadas sobre el mismo, si bien en algunos planos, escenas y secuencias se advierte la alargada sombra de títulos clásicos que han abordado este mismo asunto, como El gran desfile (King Vidor, 1925), Sin novedad en el frente (Lewis Milestone, 1930), que incorporó por primera vez el sonido a la descripción de la guerra, haciendo que la experiencia de combate fuera mucho más intensa para el espectador, Cuatro de infantería (G.W. Pabst, 1930), Adiós a las armas (Frank Borzage, 1932) o Senderos de gloria (Stanley Kubrick, 1957). Por otro lado, el director logra que su mensaje antibelicista  pueda aplicarse igualmente a cualquier guerra y más concretamente a las guerras que se libran en este siglo XXI. La afirmación lapidaria –nunca mejor dicho- del oficial alemán al abuelo de la niña es un buen ejemplo de ello: “La guerra se lo quita todo a todo el mundo”.
Además en este brillante cuadro bélico, Spielberg ha optado por jugar astutamente la baza del contraste y el enfrentamiento entre opuestos. Me explico: introduce la película con un prólogo de carácter sosegado, casi contemplativo de los grandes horizontes, los espacios abiertos, en un fragmento que está dominado esencialmente por el paisaje, en una obertura que acerca esta fábula a los territorios y las armas del western. Y más tarde nos saca de ese entorno en el que hemos empezado a compartir cierto grado de épica cotidiana para meternos casi de cabeza en una carga de caballería que es el último rasgo de un mundo y unas formas de combate que están a punto de desaparecer, destacando así una de las características más definitorias de por qué la Primera Guerra Mundial resultó  ser una carnicería: simplemente porque la guerra adquirió naturaleza industrial servida fielmente por letales avances científicos y tecnológicos. Esa última carga y la subsiguiente masacre son un dibujo perfecto del ocaso de unos valores y unas formas de hacer la guerra que dejan paso a otras mucho más terribles, y la mirada del oficial británico al sable que cuelga de la silla sobre el caballo protagonista es uno de esos momentos de cine puro que lo dice todo sin palabras, sólo con la imagen. 
El final terrible de ese primer fragmento bélico a los pies del molino abre paso a un interludio nuevamente paisajístico y bucólico, más sosegado, en el que incluso parecería que hemos cambiado de película, o que la película va a cambiar de rumbo. He escuchado algunas críticas afirmando que ese cambio de ritmo, personajes y paisajes es una apuesta por la sensiblería gratuita, pero discrepo. Es preciso tener en cuenta la construcción de la película en su conjunto, en lugar de parcelarla en sus distintas fases. La película es un todo, y mirada como un todo entendemos mejor cómo Spielberg utiliza esa historia intermedia de la niña, el abuelo y los caballos como un paréntesis de serenidad en el crispado paisaje de la guerra, cuya función consiste en primer lugar en mostrar toda aquella riqueza de la paz que nos roba la guerra. De ahí la frase ya mencionada del oficial alemán que cierra ese paréntesis, que llega a la pantalla por otra parte precedido por una de las imágenes más terribles de la filmografía del director: el fusilamiento en la noche, mostrado en un plano en picado. En segundo lugar, ese epígrafe más paisajístico y relajado refuerza la crispación salvaje que nos produce el encuentro con el paisaje sangriento que nos espera en la parte final de la historia, cuando volvemos al frente con el caballo protagonista. En ese retorno a las trincheras nos reencontramos no sólo con el personaje humano que arrancó la historia, sino con la temible guerra de trincheras, que aporta a la historia una dosis de horror superior a la que hemos visto hasta ese momento en los epígrafes anteriores de esta historia-río, construida según los mimbres de la novela-río. Sipielberg insiste así en mantener con el espectador ese pulso derivado del protagonismo del caballo, que pone a prueba y se enfrenta frontalmente a las expectativas del espectador, lógicamente más inclinado a identificarse con personajes humanos que con el cuadrúpedo, por motivos meramente antropológicos, pero que finalmente habrá de acabar aceptando al equino como héroe y al mismo tiempo víctima – la escena de los gigantescos cañones en el barro es ejemplar en ese sentido-, que se desvela plenamente en esa fase épica que camina hacia el final del relato. El director sabe mantenerse en sus trece e imponer el protagonismo del caballo reforzando el mismo con la baza de los personajes humanos que rodean al animal, como muestra la escena del soldado francés y el soldado alemán dejando de lado sus diferencias para luchar contra un enemigo común: la alambrada.     
Llegados a este punto del comentario, hay que aclarar que para hacer todo lo anterior, Steven Spielberg elije seguirle la pista e incluso homenajear a uno de sus directores favoritos, del que ha tomado muchas de las características de su cine: John Ford. 
Esto es evidente en el arranque de la película, todo ese prólogo en las verdes colinas y ese paseo por el mundo rural y sus pintorescos personajes, que nos recuerda el paisaje natural desplegado por Ford en películas como Qué verde era mi valle y El hombre tranquilo, incluyendo una escena de humor típicamente fordiana: el ganso persiguiendo a los visitantes indeseables hasta echarlos de la granja de los protagonistas. 
Pero es que en la parte final del relato, la escena de la huida del caballo en la noche le ha recordado a quien esto escribe una de las secuencias de acción más bellas rodadas por Ford, la carga de caballería contra el campamento indio y la estampida de caballos de la parte final de La legión invencible, película que presenta además una clave cromática muy similar a la de War Horse en sus escenas finales con el sol en un ocaso imposible de rabiosos tonos rojos que parecen haber dejado su huella en Spielberg a la hora de poner punto final a uno de sus trabajos más brillantes.(ACCIÓN DE CINE).




.....Notable adaptación de la novela de Michael Morpurgo, que estaba narrada con talento desde el punto de vista del caballo del título. Steven Spielbergy sus dos guionistas Richard Curtis y Lee Hall han renunciado a intentar trasladar esta óptica a la pantalla, un desafío del que seguramente podían haber salido escaldados, lo que no obsta para que en un buen puñado de escenas Joey sea protagonista principal, y exista una clara fidelidad al original. De modo que el film sigue un enfoque más tradicional, en la línea del western Winchester 73, en que vemos cómo el caballo pasa por distintas manos que se ocupan de él, la primera de ellas y la más importante la del joven Albert. Ello permite presentar distintos escenarios y personajes donde cambia el tono, pero siempre está presente la humanidad, seres de carne y hueso con ilusiones, y que al tiempo sufren diversas penalidades: los padres sufridores, el oficial de palabra, los adolescentes obligados a alistarse, el cuidador de caballos, el abuelo que se ocupa de su nieta enferma... Hay acierto en un reparto sin grandes estrellas pero sí con grandes actores.
No se hurta el horror de la guerra y el inevitable miedo, pero no hay regodeo en mostrar sus peores efectos, prevaleciendo en cambio el tono épico, la idea del cumplimiento del deber y de la lucha como "brothers in arms", en el combate todos son hermanos aunque hayan podido tener diferencias. Ayuda mucho a la atmósfera la formidable partitura musical de John Williams. En realidad gran parte del equipo habitual de Spielberg -el director de fotografía Janusz Kaminski, el montador Michael Khan, la productora Kathleen Kennedy...- ayudan a que la ambientación sea perfecta.
Hay mucha cinefilia y maravilloso clasicismo en el film de Spielberg, mucho más logrado que su otro trabajo de 2011, la tarea imposible de llevar Tintín satisfactoriamente a la pantalla grande. Enmarcan el film pasajes deudores de John Ford, el desafío en la granja del primer acto, o la escena con el sol poniéndose con que se llega al final. Pero entre medias hay guerra, mucha guerra, la maravillosa carga de la caballería, o las trincheras que nos retrotraen a Stanley Kubrick y sus Senderos de gloria. Hay momentos maravillosos, que sólo el talento de un gran cineasta sería capaz de pasar satisfactoriamente del papel a la pantalla: destaca esa versión equina de la tregua de Feliz Navidad, o aquel que no es cuestión de destripar y que podríamos calificar de "milagroso", con un "ciego que ve" y un incrédulo que no mete las llagas en ningún costado como Santo Tomás, pero casi.(DE CINE 21).

.......También hace unos meses, en diciembre, el director de Tiburón cumplió 65 años. Ya no necesita demostrar que es un adulto, pero cada película es una oportunidad para poner una cruz en las tareas pendientes para grandes directores. No tenía todavía su filme fordiano. Aquí está. War Horse tiene lugar en Inglaterra, pero en cualquier momento podría aparecer Maureen O´Hara arrastrada de los pelos. Le faltaba su homenaje al cielo pintado y crepuscular de Lo que el viento se llevó, y la madre Emily Watson al contraluz no pasaría por Escarlata pero sí por Melania.
Capaz de emocionarse hasta la lágrima con la obra de Broadway –basado a su vez en el clásico escolar de Michael Morpurgo–, el director se ha tomado como una misión especial convertir en película lo que vio sobre el escenario. Fidelidad y entrega total, Spielberg parece un soldado cumpliendo las órdenes de ¿una voz divina? Ni parece ni es un encargo. War Horse es un acto de fe. Será por eso –porque, como la emoción, algo así no se explica o se entiende, se siente–, de poco sirve que esté rodada de forma soberbia con historia tan flojita. Una montura que pasa de mano en mano, presenciando metáforas antibelicistas, con sus amos aleatorios creyendo que les mira fijamente o que busca con las orejas sus monologuillos. Daría para una aventura de El corcel negro, pero no para un Salvar al caballo Ryan. (CINEMANIA).



Vaya por delante una advertencia: esta no es una propuesta para ser contemplada desde una óptica distanciada. Después de tantear las posibilidades de un cine futuro con su adaptación de Tintín, Spielberg ha emprendido el camino contrario: volver a las esencias, a una época en que las películas aún importaban algo, a la pureza de la sala oscura. War Horse (Caballo de batalla) es una carta de amor a los grandes maestros, escrita en un espacio sentimental que parece preceder a la ironía. Para el cineasta, un animal herido en tierra de nadie puede simbolizar lo mejor del ser humano en tiempos deshumanizadores, y las aspas de un molino pueden cobrar una insospechada elocuencia cuando se trata de dignificar una muerte injusta.
Spielberg ha relatado una historia de amistad entre muchacho y caballo con una ternura marca de la casa. Como pieza vintage de cine familiar, el film no teme recurrir al kistch o la obviedad para, acto seguido, transitar por zonas más oscuras. El formalismo del cineasta alcanza cotas de majestuosidad sencillamente apabullantes en un trabajo que apela a la memoria cinéfila para reivindicar la inocencia en tiempo de guerra: su epílogo es, sin duda, el canto a la esperanza de alguien que aún cree en el poder catártico del arte.(FOTOGRAMAS).

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