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martes, 10 de abril de 2012

GRUPO 7




Película: Grupo 7. Dirección: Alberto Rodríguez. País: EspañaDuración: 95 min. Género: AcciónthrillerpoliciacodramaInterpretación: Antonio de la Torre (Rafael), Mario Casas (Ángel),  Inma Cuesta (Elena), José Manuel Poga (Miguel), Joaquín Núñez (Mateo), Julián Villagrán (Joaquín), Estefanía de los Santos (La Caoba), Alfonso Sánchez (Amador), Carlos Olalla (don Julián), Lucía Guerrero (Lucía). Guion: Rafael Cobos. Producción: José Antonio Félez y Gervasio Iglesias. Música: Julio de la Rosa. Fotografía: Alex Catalán. Montaje: José M.G. Moyano. Dirección artística: Pepe Domínguez. Vestuario: Fernando García.Distribuidora: Warner Bros. Pictures International EspañaEstreno en España: 4 Abril 2012Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.


“Grupo 7″ es una película policiaca de acción e intrigas criminales, de persecuciones y arrestos, pero también un drama de lealtades y mentiras de un grupo de hombres arrogantes y desvalidos, vulnerables y violentos. El grupo lo componen: Ángel, un joven aspirante a inspector, inteligente y compasivo; Rafael, un policía expeditivo, contundente y arrogante; Miguel y Mateo, los socarrones del grupo, capazces de las mayores brutalidades, pero también de inesperadas muestras de ternura. Para el Grupo 7 no existe la delgada línea que separa los recursos poco éticos de los abiertamente ilegales. Su modus operandi: violencia, coacciones, mentiras y medias verdades… todo vale.


Grupo 7. No es sólo buena. Es muy buena. Una película policíaca redonda, con todos los elementos del género. No lo duden: hay que verla. Retrocedemos a finales de los ochenta en una Sevilla que se prepara para celebrar la Exposición Universal a principios de los noventa y nos encontramos con una película policíaca ejemplar capaz de demostrar que se puede hacer cine de género sin perder las características del cine de autor, con escenas de acción trepidantes como la persecución por los tejados que se marca Mario Casas al principio de la película, y con interpretaciones tan contenidas y sobresalientes como la del co-protagonista, Antonio de la Torre. Con historias de policías corruptos o a medio corromper, que nos creemos más que las de sus tópicos equivalentes norteamericanos porque en el fondo son gente más cercana, y no me refiero sólo al idioma, sino a su manera de bromear, quedar para tomar cañas en un bar, pasar el domingo con la familia o apañarse la vida entre redada y redada de camellos en una calles ejemplarmente tratadas como un protagonista más de la película. Esa conversación entre el poli veterano y el novato, que se repite luego, sobre la foto del niño, “mu bonito”, es parte del alma de una película que además de la trama policial central tiene distintas subtramas bien construidas, capaces de dar vida y verdad a las peripecias de esos cuatro policías enfrentados además a uno de los antagonistas mejor construidos del cine policíaco que hemos visto en los últimos años. Mejor construido y mejor administrado en el guión, porque va creciendo y definiéndose apenas con algunas pinceladas a lo largo de toda la película, hasta aparecer finalmente en una secuencia de ajuste de cuentas que tiene la capacidad para no dejar que la tentación de montar un estallido melodramático exagerado se cargue la credibilidad con la que el director ha venido construyendo su historia y la existencia de sus personajes hasta ese momento.
Esto no es cine norteamericano, amigos, y se nota. Se nota para bien. Se nota en esa trama del policía Rafael poniendo velas a la virgen con el aplomo de un tipo duro del polar francés clásico, de esos que hablan poco con la boca y mucho con los ojos y con los gestos, pero sin perder su identidad española, más aún, su identidad sevillana. Se nota en ese trepa con buenas intenciones, pero no por ello menos trepa (una especie muy española, todos para nuestra desgracia conocemos alguno) que interpreta Mario Casas, un actor que por encima de ser un icono mediático en clave de sex-symbol demuestra aquí que puede echarse a la espalda un papel protagonista tranquilamente sin descomponer el gesto y ganándose a la cámara y al espectador sin despeinarse. Se nota en esos tres papeles femeninos, breves pero fundamentales, Elena (Inma Cuesta), Lucía (Lucía Guerrero) y Marisa (Diana Lázaro), que abren otro paisaje de la trama principal. O en esos dos segundos protagonistas, no secundarios, porque tienen su propio peso en el relato, Mateo (Joaquín Núñez) y Miguel (José Manuel Poga), y en ese chota, chivato o confite que le pasa información al policía, encarnado por Julián Villagrán, al que no hace mucho le hemos visto construyendo otro papel completamente distinto en Extraterrestre de Nacho Vigalondo, y que si me permiten la opinión, puede hacer el papel que le dé la gana, porque va a clavarlo fijo. En esos actores es en lo que se basa la calidad de una película que además visualmente está bien servida de talento por un director que consigue captar no sólo en las localizaciones, sino en la forma de presentar su historia, una especie de alma del cine policíaco de los ochenta, el buen cine policíaco de los ochenta quiero decir, hasta el punto de que con esos planos para situarnos cronológicamente y con la música que los acompaña, me recordó o puso tras la pista de una de las mejores películas del género que produjo la década de los 80: Vivir y morir en Los Ángeles, dirigida por William Friedkin en 1985.
De manera que Grupo 7 es un buen ejercicio de cine de autor desde las claves del género, o un buen ejercicio del cine de género desde las claves de autor. Tanto da. Elijan ustedes lo que más les guste, pero tengan claro que es una de las mejores películas españolas que vamos a ver este año. Y una de las mejores películas policíacas, españolas o no, que he visto en mucho tiempo. Bien construida, con personajes interesantes, con un reparto que borda su trabajo. Y narrada con pulso firme y con habilidad para meter calidad entre las imprescindibles claves del género que aborda. En mi opinión, este es el tipo de cine español que hay que apoyar en la taquilla, porque sin ceder terreno en hacer una propuesta de calidad, busca entretener a la mayoría, hacer que salgan ustedes del cine con la impresión de haber recibido aquello por lo que pagaron: evasión. Creo que en estos tiempos de crisis que vivimos, el cine de género abordado con la calidad y el talento que exhibe Grupo 7 es la mejor forma para mantener la industria en marcha.(ACCION CINE).




.......No se trata sólo de contar una historia, además hay que contar bien dicha historia. Y ahí es donde precisamente se hace fuerte esta muy vibrante 'Grupo 7', en el cómo cuenta con ritmo, nervio, tensión y pulso una historia que por otro lado podríamos considerar más o menos convencional, como en verdad vienen a ser las del 90% de las películas que se estrenan ya sean en las verdaderas salas de cine o en las de los cines ubicados en centros comerciales. Pero sobretodo 'Grupo 7' es digna y orgullosa seguidora del género al que se adhiere, el thriller policíaco, y fiel y respetuosa heredera de las señas de identidad de esa larga estirpe de títulos centrados en 'bad cops', en esta ocasión con acento andaluz, olor al cine de José Antonio de la Loma y un marco histórico muy concreto, la Sevilla previa a la Expo del 92, lo que la permite teñir a su narración de un trasfondo social con fuerte sabor a una época muy reconocible, y que a través de imágenes de archivo radiografían parte de nuestro espíritu como país del vino, la pandereta y la chapuza.

Esta especie de cruce entre 'No habrá paz para los malvados' y 'Training Day', por aquello de buscar referentes que no sea necesario explicar, se centra en la contraposición y enfrentamiento de los dos personajes interpretados por el limitado Mario Casas, un joven policía que poco a poco se dejará caer en el lado oscuro de la calle, y el siempre notable Antonio de la Torre, un veterano policía de vuelta de todo que encontrará algo de luz dentro de ese mismo lado oscuro, todo ello redondeado y redimensionado a través de los aportes de los notables Joaquín Núñez y José Manuel Poga quienes aprovechan sus oportunidades para dejarse notar como los otros dos miembros de este 'Grupo 7' con dificultades para discernir donde están los límites del bien y del mal. Familia al margen, y testimonial los aportes de mujer e hijos (como la muy desaprovechada Inma Cuesta) no más que para evidenciar que los protagonistas no son guiñoles, aquí lo importante es corroborar que no es tanto quien quiere como quien puede, y que el poder corrompe en la medida que uno permita que el camino fácil le corrompa.

Estamos ante un filme de género, seco, duro, con cierto toque amargo y que busca pretendidamente la sensación de realismo a través de unas secuencias de acción crudas, ásperas, donde prevalece el quiz de la cuestión antes que los excesos visuales o gratuitos, siempre centrado en su narrativa y donde a través de una realización con mucho nervio y un montaje muy ágil sus 100 minutos de metraje apenas sí causan daño alguno al espectador. Básicamente, Alberto Rodríguez pule buena parte de los méritos de '7 Vírgenes' para demostrar que el tiempo no pasa en balde, y que 'After' puede no ser más que un bache olvidable. Dicho en otras palabras, las mismas que siempre son tan susceptibles de mala leche, 'Grupo 7' es una de esas películas de las que si no fuera por la Expo, Sevilla y el incomprensible acento de Casas podríamos decir que "no parece española"... dicho sea sin tener en cuenta que mires donde mires sea reconocible su denominación de origen para orgullo de una cinematografía a la que aporta una de sus mejores películas en lo que llevamos de año, sino la mejor. Pero indiferentemente de todo ello, mejor y más importante, es que es una buena película que además lo parece, ya se esté en un bando o en el otro.(EL SEPTIMO ARTE).

Nota: 7.5


Parece que fue ayer, pero de la Expo sevillana del 92 ya pasaron dos décadas, y más aún desde que, algún tiempo antes, comenzó la gran operación de limpieza (de delincuentes) y construcción (de infraestructuras) que precedió a los fastos. De lo primero va este thriller considerablemente dinámico: de un grupo específico de la policía sevillana al que se encomienda que reduzca como sea la criminalidad y, sobre todo, gran azote de la época, la droga dura. Y a ello se lanzan los cinco protagonistas; y como en tantas películas americanas, aquí se tratará de contar los lazos que les unen, pero también la forma en que en su día a día se van deslizando más allá de los límites exigibles a una policía democrática.
En la descripción del grupo radican, hay que decirlo, las debilidades de la película: de una u otra forma, todo eso ya lo hemos visto antes. Pero Alberto Rodríguez, que de antiguo ha demostrado que se conoce al dedillo los barrios sevillanos (recordar su 7 vírgenes), logra salir airoso gracias a una sólida descripción de ambientes y personajes marginales, además de un toque crítico hacia la institución mucho más áspero de lo habitual y de una dirección de actores que para sí querrían muchos de sus colegas.(FOTOGRAMAS).

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