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jueves, 10 de mayo de 2012

LES LYONNAIS



Película: Les Lyonnais. Dirección: Olivier Marchal. País: FranciaAño: 2011.Duración: 104 min. Género: DramathrillerInterpretación: Gérard Lanvin(Edmon Vidal, alias Momon), Tchéky Karyo (Serge Suttel), Daniel Duval (Christo), Dimitri Storoge (Edmon Vidal de joven), Patrick Catalifo (comisario Max Brauner), François Levantal (Joan), Francis Renaud (Brandon), Valeria Cavalli (Janou). Guion: Olivier Marchal y Edgar Marie, basado en el libro “Por un puñado de cerezas” de Edmond Vidal. Producción: Cyril Colbeau-Justin y Jean-Baptiste Dupont. Música: Erwann Kermorvant. Fotografía: Denis Rouden. Montaje: Hubert Persat. Distribuidora: Vértigo FilmsEstreno en Francia: 30 Noviembre 2011. Estreno en España: 4 Mayo 2012Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.



Tras crecer en un miserable campo gitano, Edmon Vidal, alias Momon, conserva un sentimiento de familia, lealtad inquebrantable y orgullo de su origen. Sobre todo, ha mantenido su amistad con Serge Suttel, con el que descubrió la vida en prisión por algo tan ridículo como robar cerezas. Los dos acaban inevitablemente metiéndose en el crimen organizado. El equipo que formaron, la banda de Los Lioneses, llevó a cabo el más célebre robo armado de principios de los años 70. Su auge imparable acabó en 1974 con un arresto espectacular. Cercano a la edad de 60 años, a Momon le gustaría olvidar esa parte de su vida. Ha encontrado la paz junto a su mujer Janou —quien tanto sufrió en el pasado— y a sus hijos y nietos, quienes respetan enormemente a este hombre sencillo de principios universales, de cabeza clara y lleno de bondad. Pero entonces Serge Suttel, que no ha abandonado nada del pasado, entra de nuevo en escena.



.......Intensa película de atmósfera “padrinesca”, basada en hechos reales, los golpes que realizaban en Francia, en la zona de Lyon, entre 1967 y 1977, una banda de atracadores gitanos conocida precisamente como “los lioneses”. Fuente principal del film es el libro escrito por el propio Edmon Vidal, alias Momon, “Por un puñado de cerezas”, que alude a cómo su carrera fuera de la ley empezó por un robo menor, castigado con desmesura por motivos raciales. Además del referente claro de la obra de Francis Ford Coppola -los saltos temporales en la narración, el fatalismo que impide a Momon llevar una vida normal, y le empuja a hacer daño a las personas que quiere, el sentido de familia, honor y lealtad, la reunión en torno a un bautizo...-, manejado con personalidad, también parecen haber influido títulos sobre criminales recientes en Francia comoUn profeta.
Olivier Marchal sigue el tono de su filmografía como director (MR 73Asuntos pendientes) y entrega una historia gangsteril de ritmo impecable y algún giro imprevisto, bien soportada por su lacónico y perfecto protagonista, Gérard Lanvin. Están bien trazadas las relaciones entre los componentes del grupo de los lioneses, el modo en que afectan sus andanzas a sus familias, o el acecho policial, todo ello enmarcado por la mirada, cada vez más confusa, de Momon, que creía tener ciertas nociones de qué era lo correcto. No faltan los pasajes de brutalidad extrema, aunque sin intención de glorificar o banalizar la violencia mostrada.(DE CINE 21).




......«Un canalla dormido sigue siendo un canalla». Lo que retrata el cineasta, que firma el libreto junto a Edgar Marie, no es el frenético ascenso del protagonista en el escalafón criminal, sino la lucha por liberarse de un pasado que, si bien no rehuyó en sus momentos de gloria ─la banda de Los Lioneses fue la más famosa de su época, entre los últimos 60 y los primeros 70─, sí encontró en un azar ciertamente injusto ─la pena de siete años de prisión por robar las cerezas del título de la novela─ el detonante principal de una existencia trágica. Códigos de lealtad y amistad nutren un entorno de violencia constante y desmedida, que acompañará por siempre a la figura central. Un clásico del género.

Pero que se trate de un icono habitual del thriller gangsteril y camorrista no hace la película menos interesante, tanto en su planteamiento como en su progresión. Bien resuelta técnicamente, muy fluida en su desarrollo espacio temporal, con una notable edición que impulsa los flashbacks apoyados en una estupenda dirección artística ─quien disfrute de los parques automovilísticos de leyenda gozará de lo lindo─, “Les Lyonnais” atrapa con su maraña de ambigüedades morales, con sus momentos de acción y con la intensidad de su poso dramático. Además, la historia de Vidal, atrapado por su pasado, atrapado por su presente, subraya el gran estado de forma del cine del país vecino. Que dure.(LA BUTACA).



Olivier Marchal logra al cuarto intento, des­pués de Gansters (2002), Asuntos pendien­tes (2004) y MR 73 (2008), un thrillerpo­deroso y mejor llevado que los anteriores, par­cialmente basado en hechos reales. La his­toria de una banda criminal, la de los Lio­neses, tiene en su líder el eje dramático. Edmon Vidal, un gitano francés, lleva un tiem­po re­tirado, después de años de atracos, asaltos y pasos por la cárcel. Cuando su me­jor amigo y compinche del pasado es dete­nido, se siente obligado a ayudarle.
La película está muy bien interpretada y se ha rodado con esmero. Lo venimos dicien­do desde hace tiempo: el cine francés no tiene nada que envidiar al mejor cine nor­teamericano en el género negro o polar, co­mo se quiera llamar. Marchal roza la tenta­dora hagiografía criminal pero es lo suficien­temente hábil para mantener el equilibrio y no mitificar a unos criminales implaca­bles. El retrato de la policía y de la vida po­lítica francesa no es nada complaciente, pe­ro tampoco se cargan las tintas.
Quitando una música bastante desafortuna­da, hay que reconocer que el conjunto tie­ne fuerza y ritmo. Cosa meritoria teniendo en cuenta los frecuentes flashback que po­drían haber roto el tempo de una película que fluye y sabe mantener un tono que sin ser directamente comercial tampoco es ci­ne de autor, aunque el toque trágico le da un aire de drama estilizado. En suma, una cin­ta hábil, brutal y desgarradora, que pudien­do hacer un torpe elogio del mito del ban­dido heroico, se acerca más al tono de lar­gometrajes como Un profetaGomorra y Promesas del este.

 El tono trágico, muy conseguido.
 La frívola música discotequera en los atracos. (FILA 7).

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