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viernes, 17 de agosto de 2012

EL LEGADO DE BOURNE



Película: El legado de Bourne. Título original: The Bourne legacy. Dirección:Tony GilroyPaís: USAAño: 2012. Duración: 135 min. Género: Acción,thrillerInterpretación: Jeremy Renner (Aaron Cross), Rachel Weisz (Dra. Marta Shearing), Edward Norton (coronel Eric Byer), Joan Allen (Pamela Landy), Albert Finney (Dr. Albert Hirsch), Oscar Isaac (Nº 3), Stacy Keach  (almirante Turso), Scott Glenn (Ezra Kramer), David Strathairn (Noah Vosen), Donna Murphy (Dita). Guion: Tony Gilroy y Dan Gilroy; basado en la novela de Eric van Lustbader, inspirada a su vez en los personajes creados por Robert Ludlum.Producción: Patrick Crowley, Frank Marshall, Ben Smith y Jeffrey M. Weiner. Música:James Newton HowardFotografía: Robert Elswit. Montaje: John Gilroy. Diseño de producción: Kevin Thompson. Vestuario: Shay Cunliffe. Distribuidora: Universal Pictures International SpainEstreno en USA: 10 Agosto 2012. Estreno en España: 15 Agosto 2012. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


Hace años conocimos a Jason Bourne mientras unos pescadores le sacaban del mar Mediterráneo. Durante tres películas seguimos sus pasos mientras intentaba sobrevivir y descubrir su identidad. Vimos a sus controladores de la CIA organizar auténticas operaciones internacionales para deshacerse de él. Descubrimos el programa Treadstone, las impresionantes habilidades de Bourne y, al concluir la trilogía, quizá pensamos que la historia había terminado. Pero “El legado de Bourne” desvela una intriga mucho más oscura, una mitología mucho más profunda y a un nuevo héroe que deberá luchar para seguir con vida cuando su programa se convierte en un peligro. Descubriremos que hay varios programas de inteligencia y que Treadstone, de la CIA, era simplemente uno de los primeros. Ahora se trata de impedir que salgan a la luz los otros programas. Aaron Cross es uno de los seis agentes secretos creados por el programa Outcome. Los agentes de este programa no pertenecen a la CIA, sino al Departamento de Defensa. No han sido diseñados para asesinar, sino para funcionar en solitario en misiones altamente arriesgadas de larga duración. El estudio del comportamiento que dio pie al programa Treadstone ha avanzado mucho, pero dado que ambos programas comparten el mismo origen, Outcome se convierte en un peligro cuando la historia de Bourne pasa al dominio público.


......Y no olvidemos que la pérdida de identidad es uno de los temas centrales de toda la franquicia que aquí se asocia también en el personaje de Weisz al tema de la responsabilidad sobre los propios actos, especialmente en el caso de los avances científicos, y tanto en el caso del personaje de Weisz como en el de Norton, al tema del autoengaño. La doctora se engaña diciéndose que ella sólo es una científica y ella y el personaje de Norton se engañan diciéndose que están justificados por su patriotismo
Otra cosa que me gusta de la película es su manera de desarrollar toda la trama de intriga primando la claridad y la fluidez en la exposición, sin por ello renunciar a recursos como el flashback que ayudan a explicar los vínculos previos establecidos entre sí por los tres personajes principales incorporando fogonazos narrativos de su pasado. Ello contribuye a darle mayor solidez, verosimilitud y complejidad a toda la trama.
El legado de Bourne sustituye el protagonismo más claro de Matt Damon en la trilogía anterior por un astuto protagonismo compartido. Así convierte al espectador al mismo tiempo en perseguidor y perseguido, adaptando a esta trama de acción y espionaje la fórmula de verdugo y víctima que hace funcionar el cine de terror. Asistimos tanto a los intentos de cazar al agente fugado y desmantelar a base de asesinatos toda la estructura de la conspiración que lleva a cabo el personaje de Norton con su equipo de analistas y al mismo tiempo somos partícipes de la peripecia de los fugitivos. Además me parece que en esta ocasión el personaje de la acompañante femenina es más sólido que el de las féminas de la trilogía anterior, básicamente porque introduce esa componente de responsabilidad, culpa y autoengaño de la que he hablado anteriormente.(REVISTA ACCIÓN)

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...Tony Gilroy, hasta ahora vinculado al universo de Robert Ludlum únicamente como guionista, era sin duda el candidato perfecto para llevarse los despojos principales de esa herencia, hacia un nivel parejo al de Paul Greengrass: el del thriller físico que trabaja el músculo de las filigranas de montaje, la multiplicidad de pantallas y la aparente sobrecarga de información cruzada en complejas telarañas de espionaje. Y todo eso, como demostrase en la muy notable “Michael Clayton” (2007), está presente en esta cuarta entrega de una factoría de antihéroes decididos a deconstruir su ejemplo. Aaron Cross posee el nombre y algunas curiosidades a la contra de lo común —anhela un virus en tiempos de paranoia e higienización—, pero no el alma para convertirse en el sucesor idóneo de Jason Bourne.
En verdad, la identidad de aquél sirve únicamente como pretexto para el detonante de la historia, mientras lo demás tiende lazos más bien vagos con la trilogía precedente y va adoptando un ritmo extraño y ascendente. Podría adscribirse a cualquier otra saga de espionaje, con menos secuencias trepidantes de lo esperable, protagonizadas por un sucedáneo de los experimentos sufridos por Bourne, aunque sin los dilemas de identidad y moral que acosaban a este último. Esa falta de emoción y emotividad en el protagonista y en las causas de su huida, o la frialdad cerebral inherente a la caligrafía Gilroy, más cercano a Doug Liman, debilita un conjunto por lo demás a la altura de unos materiales tan bien concebidos, desde las nuevas incorporaciones al set de rostros reconocibles —Edward Norton y Rachel Weisz— hasta la orquestación de escenas como la del laboratorio o la persecución de motos por Manila. Se echa en falta, en el interior de esa blancura de paisajes helados o de incendiario exotismo y del marco ético de la pareja protagonista, algo más de zonas oscuras, de esa locura que aúlla al oído de Aaron Cross desde el comienzo. Un hombre efectivo, pero sin madera de Bourne.(LA BUTACA).



¿Bourne? ¿Dónde está Jason Bourne? Ni se le ve ni se le espera, pero la sola mención de su nombre provoca tal estado de pánico en las misteriosas agencias paraestatales americanas dedicadas a fabricar supersoldados secretos, que deciden borrar sus letales programas del mapa; es decir eliminar a sus conejillos de indias. A todos menos a uno, claro porque si no, no habría ni legado ni película. Aaron Cross (Jeremy Renner), el Número Cinco, escapa de varios intentos de asesinarle y, con la ayuda de una científica valiente (Rachel Weisz) consigue las preciadas pastillas azules hechas del virus que le hace supersoldier. La trilogía del Bourne de Matt Damon, también dirigida por Gilroy, ya era bastante insostenible, pero al menos allí había un personaje en busca de su autor.
En esta, la trama es tan transparente que acaba desapareciendo detrás de saltos, explosiones, persecuciones y muchos sudores fríos en el rostro de Edward Norton, el jefe de los que se suponen controlan esos robots humanos. Si usted busca verosimilitud, lógica interna del relato o mensaje, aléjese de este film. Si, en cambio, está dispuesto a dejarse llevar por una montaña rusa desde las nieves de Alaska hasta el Mar de China, disfrute de un buen rato de película intrascendente y a ratos divertida.(FOTOGRAMAS).

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