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domingo, 30 de septiembre de 2012

BLANCANIEVES






Película: Blancanieves. Dirección: Pablo BergerPaíses: España y Francia.Año: 2012. Duración: 90 min. GéneroDramaInterpretación: Maribel Verdú(Encarna, la madrastra), Daniel Giménez Cacho (Antonio, el padre), Pere Ponce (Genaro, el chófer), Ángela Molina (doña Concha), José Maria Pou(don Carlos), Inma Cuesta (Carmen de Triana), Macarena García (Carmen / Blancanieves), Sofía Oria (Carmencita), Ramón Barea (don Martín). Guion: Pablo Berger; inspirado en el cuento de los hermanos Grimm. Producción: Pablo Berger, Ibon Cormenzana y Jérôme Vidal. Música: Alfonso de Vilallonga. Fotografía en B/N:Kiko de la Rica. Montaje: Fernando Franco. Diseño de producción: Alain Bainée.Vestuario: Paco Delgado. Distribuidora: Wanda VisiónEstreno en España: 28 Septiembre 2012Calificación por edades: Apta para todos los públicos.


“Blancanieves”, de Pablo Berger, es una adaptación muy libre del popular cuento de los hermanos Grimm, ambientada en los años 20 en el sur de España. Blancanieves es Carmen (Macarena García), una bella joven con una infancia atormentada por su terrible madrastra, Encarna (Maribel Verdú). Huyendo de su pasado, Carmen emprenderá un apasionante viaje acompañada por sus nuevos amigos: una troupe de enanos toreros. Con un final inesperado y sorprendente, “Blancanieves” nos descubrirá que la vida no es como en los cuentos, sino como en un melodrama gótico.


Ahora sí que sí. Este viernes va a celebrarse la última clase de esa asignatura a la que el cine nos ha sometido, sin que nosotros lo acabáramos de pedir. El título: "Blancanieves 2012 I" (siempre hay más partes en toda fábrica de créditos universitarios que se precie). Quien haya hecho los deberes a lo largo del año, recibirá el título prometido de Doctor en el cuento de los hermanos Grimm -faltaría más- y podrá contestar, a modo de cuestionario, a una pregunta que obviamente estará planteada tipo test, por aquello de ahorrarle tiempo al pobre corrector. Dirá así: "¿Cuál ha sido la película de Blancanieves estrenada en el año 2012 que más le ha gustado? a)- 'Blancanieves (Mirror, Mirror)', de Tarsem Singh. b)- 'Blancanieves y la leyenda del cazador', de Rupert Sanders. c)'Blancanies', de Pablo Berger. d)- Ninguna de las anteriores."

A sabiendas que para gustos, los colores, la concesión del certificado no estará condicionada a la respuesta del encuestado. Pero ya que estamos analizando, servidor tiene clarísima su preferencia. No la de Tarsem Singh. No la de de Rupert Sanders. La de Pablo Berger. La mejor. De largo. Antes de ir a la sala de cine, dos handicaps de los más fuertes. Injustos -e injustificables dirán otros-, sí, pero innegables. El primero, la estela de premios y aplausos que "un tal" Michel Hazanavicius conquistó hará poco menos de un año con una propuesta estéticamente (en negrita mejor) muy similar. Lo nuevo, aunque en realidad sea tan viejo como el cinematógrafo, gusta. Lo viejo, aunque sea tan "nuevo" como, por ejemplo, el 3D, gusta. Lo viejo, si tiene apariencia de antiguo, echa para atrás. Hasta aquí la pelota mental.

Segundo prejuicio: a estas alturas el mítico relato de los Grimm, ya de por sí imprimido a fuego en la cultura popular, sin necesidad de película alguna, ya está más sobado que las excusas económicas de nuestro gobierno. Una vez más, con las historias que ya sabemos, preferimos no tener que pasar por el peaje para que nos las cuenten. Con las historias nuevas sucede justamente lo contrario: nos matamos los unos a los otros si hace falta con tal de descubrir nuevas fórmulas; nuevas sensaciones. Es mentira podrida. Pero a base de mentiras funcionamos... no hay que mirar el Congreso de los Diputados. Ya lo dejo. El caso es que si consigue sacarse de encima todos estos absurdos y contraproducentes prejuicios, el espectador (de cualquier edad; con cualquier gusto) descubrirá un prodigio. Una maravilla.


Una razón para seguir creyendo en ese séptimo arte que tantos palos nos da... pero que de vez en cuando sabe recompensar nuestra fe. Y ahí está. La pobre huérfana (atentos a Macarena García), la madrastra (estupenda Maribel Verdú), el castillo, los siete enanitos, la manzana, el cazador (de talentos)... todos estos elementos desde hace siglos instaurados en el imaginario colectivo se trasladan a la Andalucía de principios del siglo XX. Se nos presentan todos los factores en un blanco y negro que quita el hipo, y tan mudos como el presidente de nuestro gobierno cuando realmente se necesita que dé la cara. Ésta ha sido la última, lo prometo. La pantalla del cine vuelve a los orígenes, adoptando su forma cuadrada original, para narrarnos por enésima vez una historia fundamental a la hora de originar nuestra cultura. En este marco tan fundamental; tan original, si se permite, todo es posible.

Es posible que el toreo sirva para presentar a la familia de la heroína. Es posible que el flamenco se use como fondo dramático. Es posible que la provocación sexual se encarne en la villana de la función. Es posible que el legendario castillo se convierta en un mausoleo dedicado a tiempos pasados, y símbolo del muy nuestro latifundismo. Dicho esto, el factor pereza ante estas características no debería existir, sobre todo gracias a (ya ahora es cuando el inconveniente debería transformarse en incentivo) aquella joya titulada 'The Artist' que cautivó a medio mundo. Por si todavía persistiera, servidor se ve con la obligación moral de hacerse pesado, e insistir en que los rumores que nos llegaron del Festival de Cine de Toronto hace unos días (y que posteriormente se harían más fuertes en San Sebastián) no eran falsos.

'Blancanieves' realmente es el prodigio que nos han vendido. Es la enésima muestra de que no hay nada más universal que el cine silente bien hecho. No hay nada más disfrutable que reconocer en la misma proyección a genios de la talla de Fritz lang, F.W. Murnau, Tod Browning, Charles Chaplin... y sí, incluso al Billy Wilder de 'El crepúsculo de los dioses'. Pablo Berger, un loco -bendita locura- que después de filmar la deliciosa 'Torremolinos 73' (también muy nuestra... y muy exportable), decidió embarcarse en una misión imposible que, tras mucho sudor y muchas más carambolas -así se dan los milagros-, se convirtió no sólo en una de las mejores cintas recientes de nuestra filmografía, sino también de todo el mundo. 'Blancanieves', que pasa por ser seguramente la mejor interpretación del clásico de los hermanos Grimm de todos los tiempos, son toneladas de cine en estado puro concentradas poco más de hora y media de metraje. Es una mezcla (solamente posible cuando se celebra el arte llevado a su máxima esencia), de comicidad, tristeza, terror y mucho, mucho duende. Una obra inmensa, que huele a premios a la legua. Ojalá. Una película tan perenne como el cine original. ¡Olé!(EL SEPTIMO ARTE).



 Una década después de la notable “Torremolinos 73”Pablo Berger dirige “Blancanieves” (ver tráiler y escenas), fantástica propuesta que corre el riesgo de ser tildada de oportunista por estrenarse cuando aún resuenan a lo lejos los ecos de aquella “The artist” (2011) con la que comparte esencias formales evidentes, pero que sin embargo comenzó a gestarse  mucho antes de que Michel Hazanavicius encandilara a crítica y público con la historia de George Valentin. Las cosas de la industria.
«Bienvenida a tu nuevo hogar, pequeña». El cineasta, también firmante del guion, aúna de manera espectacular en este homenaje a lo más eterno del séptimo arte las pautas básicas del texto original de los hermanos Grimm con los tópicos más reconocibles del españolismo rancio, en un drama sorprendente vigoroso en su narración gracias a un montaje alucinógeno y a una disposición visual que equilibra candor, emoción, tenebrismo y bizarrismo freak con asombrosa facilidad. Abiertamente expresionista, la aventura de una niña desvalida que emerge a pesar de sus circunstancias hipnotiza por lo elaboradísimo de su puesta en escena, en un despliegue técnico fabuloso arropado por una impetuosa banda sonora de Alfonso de Vilallonga tan sólo interrumpida por algún que otro guiño al sonoro perfectamente medido.
Además, Berger trata con inteligencia los elementos más brutales y vergonzantes de eso que se llama fiesta nacional, abriendo la puerta a un público universal por su uso del toreo como marco generador de vibraciones, sin regodeos ni incidencias en el sufrimiento animal. Como cine mudo que es, “Blancanieves” es una película de rostros, de gestualidades, y el reparto al completo, desde la luminosidad infantil de Sofía Oria y Macarena García hasta la paternal cercanía de Daniel Giménez Cacho y la brillantez de una genial Maribel Verdú está a la altura de transmitir con sus expresiones lo que sus bocas silentes claman escasamente a través de rótulos intercalados. “Blancanieves” es una sorpresa y una alegría, y la opción más evidente ─y merecida, sin duda─ de cara a los próximos premios Goya. Les felicitamos desde ya mismo. ElOscar® ya es otro cantar, esa es batalla más complicada.(LA BUTACA).



Era complicado que, nueve años después de Torremolinos 73, Pablo Berger hiciera algo todavía más sorprendente, exquisito, deslumbrante. La buenísima noticia es que lo ha conseguido, con esta Blancanievesque no se conforma con ser una versión más del cuento de toda la vida, sino que integra otros relatos e influencias argumentales y estéticas hasta desembocar en la película final que es: una virguería, tomando virguería (o filigrana) como nuevo género cinematrográfico del Siglo XXI. No es un homenaje convencional al cine mudo. Es mucho más. No es un film en blanco y negro: es eso, sí, pero con dosis extra de diversión, movimientos de cámara, música, alegría narrativa, fusión.
Estamos, pues, ante un viaje a los orígenes de la imagen explicados por un inspirado y fabulador, Berger, que, como el Josep Maria Pou del tristísimo tramo final del film, sabe que tiene algo extraordinario que mostrar, y no metido en una estrecha urna de circo cutre, sino en una pantalla grande que, poco a poco, va mostrando un carrusel de historias, personajes, vivencias, emociones. Blancanieves ha tardado en llegar para no desaparecer de nuestras retinas (nunca) jamás.(FOTOGRAMAS).

viernes, 21 de septiembre de 2012

MÁTALOS SUAVEMENTE





Película: Mátalos suavemente. Título original: Killing them softly. AKA:Cogan’s trade. Dirección: Andrew DominikPaís: USAAño: 2012.Duración: 97 min. Género: ThrillerInterpretación: Brad Pitt (Jackie Cogan),Richard Jenkins (Driver), James Gandolfini (Mickey), Ray Liotta (Markie),Scoot McNairy (Frankie), Ben Mendelsohn (Russell), Vincent Curatola (Johnny Amato), Sam Shepard (Dillon). Guion: Andrew Dominik; basado en la novela de George V. Higgins. Producción: Dede Gardner, Brad Pitt, Paula Mae Schwartz, Steve Schwartz y Anthony Katagas. Fotografía: Greig Fraser. Montaje: Brian A. Kates. Diseño de producción: Patricia Norris. Vestuario: Patricia Norris. Distribuidora: DeAPlaneta.Estreno en USA: 19 Octubre 2012. Estreno en España: 21 Septiembre 2012.Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.


En “Mátalos suavemente”, unos criminales no demasiado inteligentes y recién salidos de la cárcel deciden dar un nuevo golpe: atracar una partida de cartas controlada por la mafia. Con una pinta ridícula inician el robo y milagrosamente logran cometerlo. Entonces, la mafia decide contactar con Jackie Cogan (Brad Pitt) para que resuelva el caso, encuentre a los ladrones y acabe con ellos. Jackie, el único inteligente de esta historia, intentará sacar su propia tajada.


Si hubo un bombazo el año pasado en el Festival de Cine de Cannes; una película a la que en un principio se prestó poca atención pero que después causó auténtico furor (no solamente en la Croisette, sino mucho más allá, convirtiéndose la cinta en cuestión en un auténtico título de culto), ésta fue sin duda 'Drive'. La que fuera la protegida de Johnny To (siempre haciendo caso a la rumorología) en el palmarés de la 64ª edición de dicho certamen, sorprendió primero a la crítica y más tarde al público de medio mundo, por suponer ésta una radical -en esencia- pero exageradamente agradable a la vista reinterpretación del noir genuinamente americano. Dicha lectura corrió a cargo (paradógicamente... o todo lo contrario) de un autor danés, y por ello teóricamente (esta palabra debería escribirse aquí en mayúsculas) ajeno a los cánones hollywoodienses. Nicolas Winding Refn y su última creación dejaron huella, con lo que era de esperar que Thierry Frémaux y compañía no tardaran en repetir la jugada.------
-----Dirigiendo esta orquesta de lujo está el neozelandés Andrew Dominik, quien después de su muy discutida pero igualmente estimable 'El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford', repite colaboración con Pitt para llevarnos una vez más al terreno que mejor conoce (así lo atestigua su currículum, en el que también encontramos la repulsiva 'Chopper'): los bajos fondos de la sociedad. Como ya sucediera en el clásico de Martin Scorsese antes citado, se trata de un mundo en el que la mujer tiene un papel residual -sino denigrante-; es un mundo de hombres, o mejor dicho, de auténticas piltrafas humanas. Drogadictos, ladrones, asesinos a sueldo, chanchulleros de poca monta... Si analizáramos los crímenes de todos los personajes de este filme a medio camino entre el thriller y la comedia (ambas facetas con un toque negrísimo), seguramente estaríamos haciendo un repaso exhaustivo a cualquier código penal de cualquier país del mundo.
Las actividades delictivas que se muestran en 'Mátalos suavemente' son de una violencia que lo impregna todo. Desde los excelentes títulos de crédito iniciales (con un montaje sonoroimpactante y calculadamente incómodo) hasta las escenas más explícitas (como la brutal paliza filmada a cámara lenta, en lo que puede interpretarse como una notable resurrección / actualización del cine de Sam Peckinpah y Walter Hill), la degradación moral se impone en cada situación. Esta podredumbre ya estaba presente en 'Cogan's Trade', la novela en la que se basa el filme, escrita por el casi padre fundador George V. Higgins, un autor también especializado en adentrarse en las cloacas más infectas, así como en impregnar su expedición de cuanta más suciedad mejor.

La novedad que aporta Andrew Dominik es contextualizar el relato original a los Estados Unidos más contemporáneos. La apuesta es valiente, en algunos tramos excesivamente obvia, pero siempre efectiva. Entre la comisión de crímenes varios y la sucesión de de los diversos -y geniales- diálogos y monólogos higginianos (término que posteriormente pasaría a denominarse "tarantiniano", en lo que es la cautivadora y muy atractiva narración, falsamente banal, de lo que podría definirse como una cotidianidad atípica en unos casos, desubicada en otros y a todas horas chocante), 'Mátalos suavemente' va introduciendo en un fondo que en realidad acapara el primer plano, numerosos cortes de voz reales en los que reconocibles figuras de la política estadounidense van manifestando sus opiniones sobre el estado de su amado país (¿o debería decirse negocio?), con la vista y la mente siempre puestas en la conquista de la Casa Blanca.

Con todos estos elementos cuidadosamente puestos sobre la mesa, Dominik se dedica a hacer malabares con ellos, con un estilo magnético y moderno. El resultado es un noir antológico, en el que se roza la perfección a lo largo de su primera hora de metraje. Pasado este período de tiempo, el relato pierde en fuerza, que nunca en interés, ya sea porque al fin y al cabo el núcleo central de la historia puede reducirse a mínimos microscópicos, ya sea porque llega un punto en el que el director parece no saber muy bien cómo concretar la figura que ha ido moldeando con tanta gracia. Sea como fuere, y lo pretendiera o no el equipo de Cannes, 'Mátalos suavemente' es una de las cintas más importantes del año, al tener ésta el mértio de hacer que lo escueto de su nudo argumental trascienda su estupenda dimensión estética, conviriténdose el conjunto en un desolador canto sobre la crisis de valores de un sistema social en crisis.(EL SEPTIMO ARTE).


Consciente de que la esencia del noir está en su compromiso con la realidad inmediata (o sus fantasmagorías), y que, por tanto, el ejercicio de estilo o la nostalgia formal son una manera de pervertir la razón de ser del género, Andrew Dominik ha convertido su adaptación de la novela Cogan’s Trade, que George V. Higgins publicó en 1974, en irónica paráfrasis de esa caída del sistema que aún no ha culminado. El cineasta no se revela demasiado sutil, y no deja de subrayar su ocurrencia con el constante uso de discursos de Bush y Obama como fondo sonoro de su carrera de ratas, pero el resultado desborda energía, maestría cómica, estilo y mal café ideológico.
La tesis es sencilla: los protocolos de las zonas más innobles del submundo criminal son la forma microeconómica de las dinámicas que han llevado a la debacle macroeconómica. Dominik aprovecha la maestría para el diálogo de Higgins –autor de Los amigos de Eddie Coyle, que Peter Yates convirtió en la insoslayable El confidente (1973)–, y compone escenas magistrales con registro de comicidad envasada al vacío: los diálogos que mantiene el personaje de Brad Pitt con Richard Jenkins y James Gandolfini tocan el Cielo. Quizá la película no sea nuevo cine negro, sino la comedia más sofisticada de la temporada.(FOTOGRAMAS)-



Mátalos suavemente, brillante fábula en clave de cine negro sobre la actual situación política y social.
Brad Pitt se reúne con el director de El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford para protagonizar una de las mejores películas del año. Y también una de las más difíciles de definir o clasificar. Mátalos suavemente tiene el ritmo pausado de aquella otra película. Si con El asesinato de Jesse James… Andrew Dominik reformuló de algún modo los códigos del género western llevándolos hacia otro territorio genérico más amplio y complejo, con Mátalos suavemente repite esa maniobra consiguiendo que una trama de cine negro acabe convertida en una parábola sobre la crisis económica, política y social que está definiendo estos tiempos, no sólo en Estados Unidos sino en casi cualquier lugar del mundo.
Adaptación de la novela de George V. Higgins, Mátalos suavemente comienza con un diálogo entre dos delincuentes de poca monta que recuerda las películas de Jim Jarmush. Los dos tipos podrían ser el futuro más dramático y oscuro de los protagonistas de Perdidos en el paraíso, por ejemplo. A partir de ahí progresa hacia un momento de suspense propio del cine negro en su vertiente crook story y empieza a desvelar su verdadera naturaleza como película de protagonismo coral, sustentado en un reparto donde destacan especialmente las contribuciones de Ray Liotta y James Gandolfini.
Película construida esencialmente sobre el talento de sus actores. De diálogos largos, en plano contra plano. Muy literaria en algunas secuencias. Precisamente por todo eso es por lo que incluye algunos momentos brillantes, como los diálogos de Gandolfini con Pitt en el bar y en el hotel.
Junto a esas secuencias de diálogo prolongadas más allá de lo que suele ser habitual en el epiléptico y nervioso cine actual, y sin que ello rompa el ritmo narrativo, la película incluye tres o cuatro momentos de acción totalmente diferenciados entre sí. El director ha aplicado una fórmula distinta de narrar cada uno de ellos. Alterna el planteamiento a cámara lenta, visualmente más efectista y sobrecargado en el primer asesinato que comete el personaje de Pitt, con una perspectiva más fría y distante, casi documental, propia de una pieza televisiva, en los últimos asesinatos o la brutal paliza al personaje de Ray Liotta. Demuestra así nuevamente que la violencia en el cine, cuanto más adornada y por tanto falseada visualmente, resulta más espectacular pero al mismo tiempo es menos inquietante que cuando se muestra totalmente desprovista de adornos. Más fría. Más dura. La forma en la que el personaje de Pitt perpetra los últimos asesinatos, como una actividad cotidiana que para él es sólo es un trabajo más, resulta mucho más intranquilizadora que la coreografía de imágenes a cámara lenta en la no obstante espectacular escena del tiroteo en los coches.
Ocurre lo mismo en el resto de las secuencias de la película. La pelea brutal a Liotta es finalmente menos inquietante que esa confesión de la caída en el infierno que protagoniza el personaje de James Gandolfini simplemente con el diálogo, sin ninguna secuencia de acción.
El equilibrio entre las distintas partes que integran este puzzle convierten el resultado final en un caleidoscopio en el que personajes del mundo criminal que parecen salidos de la colección de delincuentes estúpidos pero entrañables de las novelas de Elmore Leonard se ven de repente metidos en situaciones que parecen salidas de una novela del realismo sucio y minimalista de Raymond Carver. Escuchar al asesino a sueldo interpretado por Gandolfini hablar del pasado y de los problemas con su mujer es casi como releer algún párrafo de algún texto de Carver, como por ejemplo El elefante: “Sabía que era un error dejarle aquel dinero a mi hermano. ¿Qué necesidad tenía yo de más deudores … ? Pero me llamó y me dijo que no podía pagar el plazo de la casa. ¿Oué otra opción me quedaba? No había estado nunca en su casa (vivía en California, a mil quinientos kilómetros de distancia); ni siquiera la había visto, pero no quería que la perdiera. Lloraba en el teléfono, y decía que iba a perder lo que había conseguido en toda una vida de trabajo. Dijo que me devolvería el dinero. En febrero, dijo. Incluso antes. En marzo, a más tardar...”
El relato criminal es engullido en esa curiosa mezcla por la descripción de personajes que se expresan a través de lo que dicen, y no necesariamente por lo que hacen. Algo poco habitual en el cine de nuestros días. Algo que es de agradecer. Algo que convierte esta película en una de las mejores que he visto en el presente año. Un ejemplo interesante de cine policíaco que además no menosprecia al espectador limitándose a lanzarle un encadenado de secuencias de acción trepidante. Al contrario. Pide y consigue nuestra complicidad para organizar las piezas de ese puzzle de personajes marginales, maltratados y condenados a encontrarse entre sí y chocar brutalmente.
Mátalos suavemente incluye además un detalle curioso en el papel como narrador del personaje de Brad Pitt, que nos va guiando por la historia con sus diálogos con su empleador y acaba por convertirse en parte de la misma. Esa fórmula permite al director ir creando una tensión creciente sobre la irrupción en las vidas del resto de los personajes que se nos van presentando de este asesino, uno de los mejores trabajos de Brad Pitt en los últimos tiempos. Una incorporación del personaje al relato que es dinámica y fluida como todo el resto del ritmo de la narración.
En conclusión: una de las mejores asociaciones de literatura y cine, un buen ejemplo de adaptación de la narración literaria a las necesidades de la narración cinematográfica. De cinco estrellas.(Revista acción).

sábado, 15 de septiembre de 2012

UNA BOTELLA EN EL MAR DE GAZA




Película: Una botella en el mar de Gaza. Título original: Une bouteille à la mer. Dirección: Thierry Binisti. Países: FranciaIsrael y CanadáAño: 2011.Duración: 99 min. Género: DramaInterpretación: Agathe Bonitzer (Tal),Mahmoud Shalaby (Naïm), Hiam AbbassGuion: Thierry Binisti y Valérie Zenatti; basado en la novela “Una botella al mar de Gaza”, de Valérie Zenatti. Producción: Anne-Marie Gélinas, Amir Harel, Ayelet Kait, Milena Poylo y Gilles Sacuto. Fotografía: Laurent Brunet. Montaje: Jean-Paul Husson. Vestuario: Hamada Atallah. Distribuidora: GolemEstreno en Francia: 8 Febrero 2012. Estreno en España:14 Septiembre 2012Calificación por edades: Apta para todos los públicos.


Tal es una joven francesa que vive en Jerusalén con su familia. Tiene diecisiete años, la edad del primer amor, del primer cigarrillo, del primer piercing… y también del primer atentado. Después de que un terrorista se inmole en un café del barrio donde vive, Tal escribe una carta a un palestino imaginario en la que expresa sus preguntas y su rechazo a que solo pueda existir odio entre los dos pueblos. Mete la carta en una botella que entrega a su hermano, pidiéndole que la tire al mar cerca de Gaza, donde hace la mili. Unas semanas después, Tal recibe la contestación de un misterioso “Gazaman”.


El conflicto entre Palestina e Israel desde los ojos de dos adolescentes, uno a cada lado de la frontera. Película rodada en su mayor parte en francés, aunque con bastante diálogo en los dos idiomas de la zona, además de algunos momentos en inglés. Eso eleva el idioma francés en la película a universal, para que luego digan que no son chovinistas los amigos… Es una de las lagunas de una cinta que podía ser muy bien una gran crítica social al conflicto más importante de nuestros tiempos, pero que se queda a medio camino por culpa de algún detalle y de un guión demasiado paternalista, buenrrollista y obvio. Algo de lo que no somos muy fans en la redacción.
La historia comienza con un atentado en Jerusalem. Una joven muchacha israelí le pide a su hermano soldado en la frontera, que lance una botella al mar de Gaza con un mensaje, una pregunta, la búsqueda de una explicación desde el otro lado, desde Palestina. Un joven palestino responde al mensaje, con ira y odio, pero inicia de este modo una línea de comunicación entre ambos que poco a poco se convertirá en una poderosa amistad dentro de un mundo cerrado y temeroso como es en el que viven. Dos jóvenes que deciden conocer a su enemigo y descubren, para su asombro, que no son tan distintos como parecen y pensaban.
Vamos a ignorar que la casualidad quiera que la botella la coja un joven de 20 años y no una anciana de 70 o un obrero de mediana edad. Sin esa premisa nos quedamos sin película. Es mucha suerte pero, pase. El tema central de la historia, pese a ese salto de fe, está bien construido e hilvanado. Son dos jóvenes que no comprenden realmente el miedo que sienten y les rodea (brillante la escena de ella en el bus y de él con sus amigos en una terraza cuando cae un misil no muy lejos). Un miedo heredado de padres, profesores, políticos, militares… Un miedo que se puede vencer cuando se buscan los puntos en común más que lo que nos separa. Que en ambas tierras hay gente inocente que muere y que teme morir. Gente que busca la paz y gente que desea la guerra. Y que ellos son jóvenes y tienen la posibilidad de conocerse y de aprender el uno del otro. De mejorar. De no temer. Donde ambos son el espejo distorsionado del otro, con una gran ambientación para mostrarnos los lujos de Jerusalem y la modestia de Gaza, a través de casas, calles, hospitales…
Pero el tono de la película en demasiadas ocasiones, pese al excepcional trabajo de sus jóvenes protagonistas, gira hacia el adoctrinamiento. En lugar de charlar de sus cosas, de conocerse realmente, los protagonistas mensaje tras mensaje parecen empeñados en sólo hablar de política. De lo bonito que sería el mundo en paz. De lo hartos que están de tener miedo. Son amigos, pero a ratos parecen políticos en campaña… Y el final… no voy a reventarlo pero ofrece una salida demasiado fácil, optimista y cobarde. Hagan las cuentas. Podía haber sido una gran película. Se queda en una buena propuesta.(REVISTA ACCIÓN).



Casi al principio de esta película, la protagonista, una joven israelí de origen francés, va con sus compañeros de clase a las ruinas de Masada, la fortaleza en la que se inmolaron, en el Siglo I, los últimos resistentes judíos ante los romanos. Y frente al discurso casi poético del profesor, un colega le dice a la chica: ¡Vaya kamikazes!, poniendo de repente en perspectiva a los inmolados propios de ayer con los no menos inmolados, pero enemigos, de hoy. Es sólo un rasgo, pero también una declaración de principios: la cosa no va a ir de buenos y malos, sino de las razones de cada uno.
La verdadera razón de ser de 'Una botella en el Mar de Gaza' es justamente esta: el contar una trabajosa historia de comprensión, progresivo respeto y definitivo amor entre una adolescente israelí y un palestino que no se conocen, que sólo se comunican
por Internet y que viven todas las contradicciones de su origen y condición. Se trata, parece decir el director, de poner sobre la mesa los ingredientes para una discusión (más para el espectador de fuera, tal vez, que para los involucrados), todo lo apasionada que se quiera, pero lo más civilizada posible. Y el resultado es un film que se ve sin grandes problemas, con una historia entre tierna y naïve, pero efectiva, y unas consecuencias que serán las que el espectador decida.(FOTOGRAMAS).


Adaptación de la novela homónima de la francesa Valérie Zenatti, que a los 13 años se fue a vivir a Israel donde pasó gran parte de su adolescencia y juventud. Sus experiencias le sirvieron de base para el libro.
Tai, una francesa de 17 años instalada con su familia en Israel, queda impactada tras la inmolación de un terrorista en un café cercano a su casa. Escribe una carta dirigida a un palestino imaginario en la que rechaza que palestinos e israelíes estén condenados a odiarse para siempre. Tai mete en una botella el texto, que incluye su correo electrónico por si alguien quiere contestar, y se la entrega a su hermano, militar en Gaza, para que la arroje al mar. La recoge un grupo de chicos de la franja de Gaza, y uno de ellos, Naïm, acaba contestando, primero con una actitud desafiante... Pero poco a poco, ambos interlocutores comienzan a confiarse su intimidad...
Dirige Una botella en el mar de Gaza Thierry Binisti, hasta ahora centrado casi en exclusiva en las 'TV movies' francesas. También autor del guión, logra sortear el principal problema de la adaptación, que parte de una novela epistolar compuesta por los mails de los personajes. Pero a pesar de que incluye en off fragmentos de la correspondencia entre ambos, lo que a veces ralentiza el ritmo, por lo general el film resulta ser lo suficientemente visual y dinámico como para que funcione sobradamente.
En su arranque parece que Una botella en el mar de Gaza va a ser excesivamente idealista, limitándose a reseñar una bonita y almibarada relación hipotética entre un palestino y una habitante de Israel. Pero el director Thierry Binisti acierta al apoyarse en una puesta en escena realista, con la que logra describir de forma convincente el día a día en la franja, una realidad poco conocida "¿Llega internet hasta Gaza?", se pregunta la amiga de la protagonista en un momento dado. La mayoría de espectadores posiblemente tengan dudas similares, puesto que los medios de comunicación sólo difunden la violencia, y las tragedias desgraciadamente frecuentes, pero no el día a día. El resultado es un alegato a favor de la tolerancia que no esconde las dificultades para llegar a un entendimiento definitivo.
La palestina Hiam Abbass (The Visitor) –que como cabía esperar derrocha autenticidad como madre del chico palestino– es el nombre más conocido de un reparto encabezado por Agathe Bonitzer (Le mariage à trois) y Mahmud Shalaby (Les hommes libres) que pese a su juventud realizan un buen trabajo.(DE CINE 21).

sábado, 1 de septiembre de 2012

EL AMIGO DE MI HERMANA


Película: El amigo de mi hermana. Título original: Your sister’s sister.Dirección y guion: Lynn Shelton. País: USAAño: 2011. Duración: 90 min.Género: Comedia dramáticaInterpretación: Emily Blunt (Iris), Rosemarie DeWitt (Hannah), Mark Duplass (Jack). Producción: Steven Schardt.Música: Vince Smith. Fotografía: Benjamin Kasulke. Montaje: Nat Sanders.Diseño de producción: John Lavin. Distribuidora: AvalonEstreno en USA: 15 Junio 2012. Estreno en España: 31 Agosto 2012Calificación por edades: Apta para todos los públicos.
Jack perdió a su hermano hace un año y desde entonces no levanta cabeza. Iris, su mejor amiga, decide llevarlo a pasar unos días a la casa familiar. Su vida dará un vuelco tras una noche loca y mucho tequila.

Peliculita “indie”, algo rebuscada en sus artificios, y que exige al espectador la suspensión de su incredulidad ante una serie de casualidades demasiado casuales: la casa no está vacía, el plan de soledad queda olvidado, surge el plan de la maternidad por arte de birlibirloque. A pesar de algunos baches, El amigo de mi hermana tiene su ritmo, la guionista y directora Lynn Sheltonmuestra cierto pulso narrativo, saca partido a un presupuesto escaso y maneja bien a sus tres actores: a Mark Duplass, con el que ya había hecho Humpday, y a las féminas Emily Blunt yRosemarie DeWitt.
La historia de El amigo de mi hermana es hija de su tiempo. Es decir, adultos que no acaban de madurar, desorientación sexual y afectiva, y la propuesta de que existen muchos y variados modelos de familia que surgen con espontaneidad, no habría que estar cerrado a nada, todo vale si se quieren, parece decir Shelton. El título de El amigo de mi hermana es cuando menos, una traducción curiosa del original “Your Sister’s Sister”, que aludiría, pensamos, a que la relación inicial entre Jack e Iris es de “amigos” o “hermanos”.(DE CINE 21).



Si surgieran más comedias románticas tan agudas, sorprendentes y bien concebidas como esta, mi proverbial aversión a ellas dejaría de tener sentido. Claro que para eso haría falta que el subgénero (ya saben: guerra de sexos, ternura y palique majete) se librara tanto del estulto feminazismo de conveniencia excretado desde los despachos como de la afectación de brazos caídos y césped de campus tan propia del panorama indie. O, mejor aún, que de pronto apareciera una nueva generación de creadores con el talento y la personalidad de la cineasta Lynn Shelton, cuya corta aunque fiable filmografía la convierte en pilar de la, llamémosle mejor así, comedia de relaciones actual. De trama sencilla pero con requiebros que, sin salirse de lo plausible, logran cogerte desprevenido, El amigo de mi hermana cuenta no solo con algunos de los diálogos más divertidos, realistas y emotivos escuchados recientemente, sino también con tres actores cuyo trabajo no merece otro calificativo que el de impresionante. Fusionando la chispa y encanto de la screwball de La Cava, Preston Sturges o Cukor, con el jolgorio agridulce de Cassavetes, Bogdanovich o Mazursky, la directora de la anterior y ya excelente Humpday (si pueden, véanla) ha logrado, a pequeñísima escala, un ejemplo en verdad modélico de eso que un día llamamos alta comedia.(FOTOGRAMAS).


En 2009, Lynn Shelton, actriz, guionista y directora, ponía una pica en el Festival de Sundance con “Humpday”, cinta que daba una vuelta de tuerca al concepto debromance en gran pantalla. Ese mismo año se estrenaba “Te quiero, tío” (John Hamburg, 2009), la propuesta de Hollywood sobre el mismo esquema de acercamiento entre arquetipos de mismo sexo. Este nuevo escalón en la subida de Shelton como cineasta de circuitos —cada vez menos— alternativos, absorbe otra estructura clásica hollywoodiense —el juego de ocultamientos, elipsis y mímicas, todo ello en un entorno cerrado que se amplía mediante puertas y diálogos sin respiro— y la arrastra, un poco a la fuerza, al mundillo de los rasgos independientes.
Improvisación —“El amigo de mi hermana” se rodó en doce días, y se nota en su intrepidez actoral, por momentos descompensada, y en el mantenimiento de un ritmo constante que sabe muy bien qué desea contar, aunque esto sea poco—; intérpretes prestigiosos fuera de la gran industria —Rosemarie DeWitt y Mark Duplass— junto a algún rostro conocido que se desprende de los hábitos del glamour —la muy inglesa pero flexible Emily Blunt—. Entre los equívocos de la era dorada de la comedia clásica y el microuniverso de un Noah Baumbach, Shelton deposita todo el potencial en los hombros de ese trío, sujeto a vínculos extraños y espontáneos, que revela una química bastante efectiva.
A partir de ahí, la historia ofrece suficientes argumentos para  mantener la atención, sea ésta un afán por el chiste basado en situaciones incómodas o por el peso dramático encerrado tras escenas aparentemente ridículas. En esa brecha entre ambos intereses, sin embargo, es donde Shelton y sus personajes callan y optan por transiciones bruscas orientadas al desenlace rápido e insatisfactorio. A pesar de ese aprovechamiento del código indie para una fórmula algo más comercial, “El amigo de mi hermana” muestra espíritu de entremés y un honorable intento por hablar sobre identidades y cargas entre lo propio y lo ajeno, a través de conversaciones sinceras. Aunque, después de todo, ese esfuerzo proponga un debate simple con dos alternativas complejas, la decepción o la sorpresa, en un único plano.(LA BUTACA).
Calificación: 7/10