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viernes, 21 de septiembre de 2012

MÁTALOS SUAVEMENTE





Película: Mátalos suavemente. Título original: Killing them softly. AKA:Cogan’s trade. Dirección: Andrew DominikPaís: USAAño: 2012.Duración: 97 min. Género: ThrillerInterpretación: Brad Pitt (Jackie Cogan),Richard Jenkins (Driver), James Gandolfini (Mickey), Ray Liotta (Markie),Scoot McNairy (Frankie), Ben Mendelsohn (Russell), Vincent Curatola (Johnny Amato), Sam Shepard (Dillon). Guion: Andrew Dominik; basado en la novela de George V. Higgins. Producción: Dede Gardner, Brad Pitt, Paula Mae Schwartz, Steve Schwartz y Anthony Katagas. Fotografía: Greig Fraser. Montaje: Brian A. Kates. Diseño de producción: Patricia Norris. Vestuario: Patricia Norris. Distribuidora: DeAPlaneta.Estreno en USA: 19 Octubre 2012. Estreno en España: 21 Septiembre 2012.Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.


En “Mátalos suavemente”, unos criminales no demasiado inteligentes y recién salidos de la cárcel deciden dar un nuevo golpe: atracar una partida de cartas controlada por la mafia. Con una pinta ridícula inician el robo y milagrosamente logran cometerlo. Entonces, la mafia decide contactar con Jackie Cogan (Brad Pitt) para que resuelva el caso, encuentre a los ladrones y acabe con ellos. Jackie, el único inteligente de esta historia, intentará sacar su propia tajada.


Si hubo un bombazo el año pasado en el Festival de Cine de Cannes; una película a la que en un principio se prestó poca atención pero que después causó auténtico furor (no solamente en la Croisette, sino mucho más allá, convirtiéndose la cinta en cuestión en un auténtico título de culto), ésta fue sin duda 'Drive'. La que fuera la protegida de Johnny To (siempre haciendo caso a la rumorología) en el palmarés de la 64ª edición de dicho certamen, sorprendió primero a la crítica y más tarde al público de medio mundo, por suponer ésta una radical -en esencia- pero exageradamente agradable a la vista reinterpretación del noir genuinamente americano. Dicha lectura corrió a cargo (paradógicamente... o todo lo contrario) de un autor danés, y por ello teóricamente (esta palabra debería escribirse aquí en mayúsculas) ajeno a los cánones hollywoodienses. Nicolas Winding Refn y su última creación dejaron huella, con lo que era de esperar que Thierry Frémaux y compañía no tardaran en repetir la jugada.------
-----Dirigiendo esta orquesta de lujo está el neozelandés Andrew Dominik, quien después de su muy discutida pero igualmente estimable 'El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford', repite colaboración con Pitt para llevarnos una vez más al terreno que mejor conoce (así lo atestigua su currículum, en el que también encontramos la repulsiva 'Chopper'): los bajos fondos de la sociedad. Como ya sucediera en el clásico de Martin Scorsese antes citado, se trata de un mundo en el que la mujer tiene un papel residual -sino denigrante-; es un mundo de hombres, o mejor dicho, de auténticas piltrafas humanas. Drogadictos, ladrones, asesinos a sueldo, chanchulleros de poca monta... Si analizáramos los crímenes de todos los personajes de este filme a medio camino entre el thriller y la comedia (ambas facetas con un toque negrísimo), seguramente estaríamos haciendo un repaso exhaustivo a cualquier código penal de cualquier país del mundo.
Las actividades delictivas que se muestran en 'Mátalos suavemente' son de una violencia que lo impregna todo. Desde los excelentes títulos de crédito iniciales (con un montaje sonoroimpactante y calculadamente incómodo) hasta las escenas más explícitas (como la brutal paliza filmada a cámara lenta, en lo que puede interpretarse como una notable resurrección / actualización del cine de Sam Peckinpah y Walter Hill), la degradación moral se impone en cada situación. Esta podredumbre ya estaba presente en 'Cogan's Trade', la novela en la que se basa el filme, escrita por el casi padre fundador George V. Higgins, un autor también especializado en adentrarse en las cloacas más infectas, así como en impregnar su expedición de cuanta más suciedad mejor.

La novedad que aporta Andrew Dominik es contextualizar el relato original a los Estados Unidos más contemporáneos. La apuesta es valiente, en algunos tramos excesivamente obvia, pero siempre efectiva. Entre la comisión de crímenes varios y la sucesión de de los diversos -y geniales- diálogos y monólogos higginianos (término que posteriormente pasaría a denominarse "tarantiniano", en lo que es la cautivadora y muy atractiva narración, falsamente banal, de lo que podría definirse como una cotidianidad atípica en unos casos, desubicada en otros y a todas horas chocante), 'Mátalos suavemente' va introduciendo en un fondo que en realidad acapara el primer plano, numerosos cortes de voz reales en los que reconocibles figuras de la política estadounidense van manifestando sus opiniones sobre el estado de su amado país (¿o debería decirse negocio?), con la vista y la mente siempre puestas en la conquista de la Casa Blanca.

Con todos estos elementos cuidadosamente puestos sobre la mesa, Dominik se dedica a hacer malabares con ellos, con un estilo magnético y moderno. El resultado es un noir antológico, en el que se roza la perfección a lo largo de su primera hora de metraje. Pasado este período de tiempo, el relato pierde en fuerza, que nunca en interés, ya sea porque al fin y al cabo el núcleo central de la historia puede reducirse a mínimos microscópicos, ya sea porque llega un punto en el que el director parece no saber muy bien cómo concretar la figura que ha ido moldeando con tanta gracia. Sea como fuere, y lo pretendiera o no el equipo de Cannes, 'Mátalos suavemente' es una de las cintas más importantes del año, al tener ésta el mértio de hacer que lo escueto de su nudo argumental trascienda su estupenda dimensión estética, conviriténdose el conjunto en un desolador canto sobre la crisis de valores de un sistema social en crisis.(EL SEPTIMO ARTE).


Consciente de que la esencia del noir está en su compromiso con la realidad inmediata (o sus fantasmagorías), y que, por tanto, el ejercicio de estilo o la nostalgia formal son una manera de pervertir la razón de ser del género, Andrew Dominik ha convertido su adaptación de la novela Cogan’s Trade, que George V. Higgins publicó en 1974, en irónica paráfrasis de esa caída del sistema que aún no ha culminado. El cineasta no se revela demasiado sutil, y no deja de subrayar su ocurrencia con el constante uso de discursos de Bush y Obama como fondo sonoro de su carrera de ratas, pero el resultado desborda energía, maestría cómica, estilo y mal café ideológico.
La tesis es sencilla: los protocolos de las zonas más innobles del submundo criminal son la forma microeconómica de las dinámicas que han llevado a la debacle macroeconómica. Dominik aprovecha la maestría para el diálogo de Higgins –autor de Los amigos de Eddie Coyle, que Peter Yates convirtió en la insoslayable El confidente (1973)–, y compone escenas magistrales con registro de comicidad envasada al vacío: los diálogos que mantiene el personaje de Brad Pitt con Richard Jenkins y James Gandolfini tocan el Cielo. Quizá la película no sea nuevo cine negro, sino la comedia más sofisticada de la temporada.(FOTOGRAMAS)-



Mátalos suavemente, brillante fábula en clave de cine negro sobre la actual situación política y social.
Brad Pitt se reúne con el director de El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford para protagonizar una de las mejores películas del año. Y también una de las más difíciles de definir o clasificar. Mátalos suavemente tiene el ritmo pausado de aquella otra película. Si con El asesinato de Jesse James… Andrew Dominik reformuló de algún modo los códigos del género western llevándolos hacia otro territorio genérico más amplio y complejo, con Mátalos suavemente repite esa maniobra consiguiendo que una trama de cine negro acabe convertida en una parábola sobre la crisis económica, política y social que está definiendo estos tiempos, no sólo en Estados Unidos sino en casi cualquier lugar del mundo.
Adaptación de la novela de George V. Higgins, Mátalos suavemente comienza con un diálogo entre dos delincuentes de poca monta que recuerda las películas de Jim Jarmush. Los dos tipos podrían ser el futuro más dramático y oscuro de los protagonistas de Perdidos en el paraíso, por ejemplo. A partir de ahí progresa hacia un momento de suspense propio del cine negro en su vertiente crook story y empieza a desvelar su verdadera naturaleza como película de protagonismo coral, sustentado en un reparto donde destacan especialmente las contribuciones de Ray Liotta y James Gandolfini.
Película construida esencialmente sobre el talento de sus actores. De diálogos largos, en plano contra plano. Muy literaria en algunas secuencias. Precisamente por todo eso es por lo que incluye algunos momentos brillantes, como los diálogos de Gandolfini con Pitt en el bar y en el hotel.
Junto a esas secuencias de diálogo prolongadas más allá de lo que suele ser habitual en el epiléptico y nervioso cine actual, y sin que ello rompa el ritmo narrativo, la película incluye tres o cuatro momentos de acción totalmente diferenciados entre sí. El director ha aplicado una fórmula distinta de narrar cada uno de ellos. Alterna el planteamiento a cámara lenta, visualmente más efectista y sobrecargado en el primer asesinato que comete el personaje de Pitt, con una perspectiva más fría y distante, casi documental, propia de una pieza televisiva, en los últimos asesinatos o la brutal paliza al personaje de Ray Liotta. Demuestra así nuevamente que la violencia en el cine, cuanto más adornada y por tanto falseada visualmente, resulta más espectacular pero al mismo tiempo es menos inquietante que cuando se muestra totalmente desprovista de adornos. Más fría. Más dura. La forma en la que el personaje de Pitt perpetra los últimos asesinatos, como una actividad cotidiana que para él es sólo es un trabajo más, resulta mucho más intranquilizadora que la coreografía de imágenes a cámara lenta en la no obstante espectacular escena del tiroteo en los coches.
Ocurre lo mismo en el resto de las secuencias de la película. La pelea brutal a Liotta es finalmente menos inquietante que esa confesión de la caída en el infierno que protagoniza el personaje de James Gandolfini simplemente con el diálogo, sin ninguna secuencia de acción.
El equilibrio entre las distintas partes que integran este puzzle convierten el resultado final en un caleidoscopio en el que personajes del mundo criminal que parecen salidos de la colección de delincuentes estúpidos pero entrañables de las novelas de Elmore Leonard se ven de repente metidos en situaciones que parecen salidas de una novela del realismo sucio y minimalista de Raymond Carver. Escuchar al asesino a sueldo interpretado por Gandolfini hablar del pasado y de los problemas con su mujer es casi como releer algún párrafo de algún texto de Carver, como por ejemplo El elefante: “Sabía que era un error dejarle aquel dinero a mi hermano. ¿Qué necesidad tenía yo de más deudores … ? Pero me llamó y me dijo que no podía pagar el plazo de la casa. ¿Oué otra opción me quedaba? No había estado nunca en su casa (vivía en California, a mil quinientos kilómetros de distancia); ni siquiera la había visto, pero no quería que la perdiera. Lloraba en el teléfono, y decía que iba a perder lo que había conseguido en toda una vida de trabajo. Dijo que me devolvería el dinero. En febrero, dijo. Incluso antes. En marzo, a más tardar...”
El relato criminal es engullido en esa curiosa mezcla por la descripción de personajes que se expresan a través de lo que dicen, y no necesariamente por lo que hacen. Algo poco habitual en el cine de nuestros días. Algo que es de agradecer. Algo que convierte esta película en una de las mejores que he visto en el presente año. Un ejemplo interesante de cine policíaco que además no menosprecia al espectador limitándose a lanzarle un encadenado de secuencias de acción trepidante. Al contrario. Pide y consigue nuestra complicidad para organizar las piezas de ese puzzle de personajes marginales, maltratados y condenados a encontrarse entre sí y chocar brutalmente.
Mátalos suavemente incluye además un detalle curioso en el papel como narrador del personaje de Brad Pitt, que nos va guiando por la historia con sus diálogos con su empleador y acaba por convertirse en parte de la misma. Esa fórmula permite al director ir creando una tensión creciente sobre la irrupción en las vidas del resto de los personajes que se nos van presentando de este asesino, uno de los mejores trabajos de Brad Pitt en los últimos tiempos. Una incorporación del personaje al relato que es dinámica y fluida como todo el resto del ritmo de la narración.
En conclusión: una de las mejores asociaciones de literatura y cine, un buen ejemplo de adaptación de la narración literaria a las necesidades de la narración cinematográfica. De cinco estrellas.(Revista acción).

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