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sábado, 27 de octubre de 2012

ARGO




Película: Argo. Dirección: Ben AffleckPaís: USAAño: 2012. Duración: 120 min. Género: ThrillerInterpretación: Ben Affleck (Tony Mendez), Bryan Cranston (Jack O’Donnell), John Goodman (John Chambers), Alan Arkin  (Lester Siegel), Victor Garber (Ken Taylor), Tate Donovan (Bon Anders), Clea DuVall (Cora), Kyle Chandler (Hamilton), Scoot McNairy (Joe), Chris Messina (Malinov), Taylor Schilling (Christine Mendez). Guion: Chris Terrio; basado en un capítulo de “El maestro del disfraz”, de Antonio J. Mendez; y en el artículo “The great escape” de la revista Wired, escrito por Joshuah Bearman. Producción: George Clooney, Grant Heslov y Ben Affleck. Música: Alexandre DesplatFotografía: Rodrigo Prieto. Montaje: William Goldenberg. Diseño de producción: Sharon Seymour.Vestuario: Jacqueline West. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.Estreno en USA: 12 Octubre 2012. Estreno en España: 26 Octubre 2012. Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.


“Argo” nos relata cómo el 4 de noviembre de 1979, mientras la revolución iraní alcanzaba su punto álgido, algunos militantes irrumpieron en la embajada de Estados Unidos en Teherán y tomaron cincuenta y dos prisioneros estadounidenses. Sin embargo, en mitad del caos, seis de ellos logran escapar y encuentran refugio en casa del embajador canadiense. Sabiendo que es solo cuestión de tiempo que les encuentren y, muy probablemente, les maten, un especialista de la CIA en operaciones especiales llamado Tony Mendez (Ben Affleck) urde un arriesgado plan para sacarlos del país. Un plan tan increíble que solo podría salir bien en una película.


Resulta fascinante que un actor por el que apenas ningún especialista ni espectador apostaría su confianza ni sus dineros haya conseguido que su desgracia sea una ventaja y, lo más loable, su propio discurso. La cacareada sosería de Ben Affleckcomenzó a ofrecer sus réditos con aquella inaudita Copa Volpi al Mejor Actor por“Hollywoodland” (Allen Coulter, 2006), a propósito de la cual pocos listos quedaron sin remarcar que su papel era, precisamente, el de un mal actor. En su debut como director, inquietud artística nada caprichosa y venida de sus tiempos estudiantiles, supo retirarse a un segundo plano en el que, como la niña desaparecida de la novela de Dennis Lehane, firmaba un “Adiós pequeña, adiós” (2007) que constituía un inestimable y sorpresivo primer saque como cineasta. Ahora, tras superar la leyenda negra del segundo filme con “The town (Ciudad de ladrones)” (2010), en “Argo” (vertráiler) Affleck se atreve a asomar de nuevo la cabeza en el pellejo de un héroe, eso sí, seco de expresiones, poco diestro en emociones y protagonista de una de esas proezas archivadas por el secretismo gubernativo.
No parece casual, a estas alturas de su carrera y aún en un clímax juvenil, que Affleck se sintiera identificado con la hazaña de un experto en resolver secuestros y, por causa del Estado, en abonarse un mérito de tapadillo, desapercibido para un gran público que no asocia su nombre al de un victorioso desenlace. Durante los créditos finales de “Argo”, toma la (en apariencia) maniquea decisión de comparar fotografías reales con su reconstrucción en pantalla; pero al término de esa aventura tensa, descorazonadora y negrísimamente divertida, es más plausible pensar que Affleck no está aportando pruebas de su fidelidad a la Historia, sino de las correspondencias y derivaciones más o menos exactas con la realidad. El diálogo entre la grisura de la vida y una ficción trepidante se extiende, además, al propio espíritu de la película, que por encima de todo es un homenaje rendido y muy diestro al cine de operaciones encubiertas de los setenta, y una bufonada cargada de hiel y cariño hacia el oficio de contar historias increíbles y excitantes.
Porque la trama de “Argo”, como película real y como película ficticia que sirve de tapadera al protagonista y los seis norteamericanos escondidos para salir de Irán, suma una serie de saltos rocambolescos que no habrían funcionado con un pulso menos firme y más serio. La virtud de Affleck ha sido la de mantenerse apegado al suceso real para permitirse, entonces, la licencia de exagerar el lenguaje cinematográfico e incluso el metadiscurso, con el propósito limpio de convertir en una función de magia lo soso e imposible de un registro de la CIA, cebo para miradas periodísticas. El mérito de mantener en vilo la inquietud de quien asiste al espectáculo, sabiendo de sobra cuáles son las siguientes curvas de la riada, es suficiente para un filme que desde luego aparca dilemas morales y explicaciones históricas, y que convierte una compleja confrontación sociocultural en un, a ratos, racista episodio extendido de “El equipo A”. Pero no hay malicia en la mirada de Affleck, y su función está tan bien medida que habrá que recordarse que todas esas bondades de ritmo y cast le corresponden de forma poética a él, el héroe por el que no apostaba nadie.
Calificación: 8/10         (LA BUTACA).



Brillante muestra de suspense y cine político, una de las joyas del año. Y, nuevamente, como sucedió en 2010 cuando estrenó la también brillante The Town, el nombre de la película y de todos los relacionados con la misma, empieza a sonar como una de las posibles nominadas a los Oscar. Llega en buen momento para ser considerada a todos los premios del año, y sin duda lo merece, pero también espero que no le suceda lo mismo que a The Town, que a la hora de la verdad fue olvidada incluso cuando iban a ser 10 las candidatas a mejor película ese año. Estoy más que seguro de que aquella película merecía la nominación mucho más que algunas de las nominadas. Y esta es incluso más redonda que la película anterior de Ben Affleck. Argo es, repito, una de las mejores películas del año.
Nunca he sido de los que lapidaron a Ben Affleck en su momento. Desde que formaba parte de la tropa que trabajaba con Kevin Smith, allá por los tiempos de Mallrats, me caía bien como actor. Limitado como era, pero tenía algo que lo hacía simpático. Luego, tras la debacle que supuso para su carrera la relación con Jennifer López, tampoco creía necesario hundir en la miseria a un actor que había participado en películas que me habían hecho pasar grandes ratos, buenas o malas (¿he oído Armaggeddon por ahí? Pues esa y otras como Persiguiendo a Amy, Dogma o Al Límite de la Verdad sirven de ejemplos). Por eso me alegré cuando llegó su primera película como director, la también muy buena Adiós, Pequeña, Adiós, porque tras un tiempo en el que era parte de los chistes de Hollywood, había dejado su estatus de estrella atrás para dirigir aquella pequeña gran película. Había material de gran director y guionista.
The Town fue la confirmación, y suponía también su regreso por la puerta grande a la gran pantalla, con una película que fue un enorme éxito en taquilla en USA y que empezaba a sonar para los premios de la Academia. Un regreso por todo lo alto que ha llevado a esta tercera película, de nuevo con él como protagonista y con más presupuesto, lo que también le ha permitido abandonar el Boston donde se ambientaban las dos primeras películas, para viajar de Los Angeles a Washington e Irán. E incluso se ha permitido el lujo de contratar a otro guionista, en lugar de trabajar él mismo en el guión. El resultado es una apuesta por un tipo de cine que ya no se hace y que bien podría ser Todos los Hombres del Presidente para el siglo XXI.
Porque si Affleck ha demostrado algo en sus tres películas es que la base de su trabajo como director es el guión y su reparto. Aquí lo primero parte de una historia real de finales de los años 70 con la caída del Sha en Irán y el asalto a la embajada americana, lo que llevó al encarcelamiento de sus trabajadores y a la huida de seis de ellos, escondidos gracias al embajador canadiense. Desde Estados Unidos se creó un plan absurdo para sacar a esos seis de Irán antes de que fuesen asesinados, viajar con el pretexto de rodar una falsa película de ciencia ficción y sacar a los miembros de la embajada como parte del equipo de rodaje.
Un plan que parece sacado de las mentes de Hollywood de puro surrealista, pero que nos recuerda también a La Cortina de Humo, aquella película con Robert de Niro y Dustin Hoffman en la que las altas esferas de Estados Unidos creaban una guerra falsa para desviar la atención de un escándalo, y contaban con Hollywood para aquel esfuerzo. Con menos humor y más thriller, Affleck nos relata esta historia, donde el guión se centra en acercarnos a los personajes en una historia coral, aunque todos los personajes terminen girando en torno a Affleck. Un Affleck que ha mejorado una barbaridad como actor, y que aquí aguanta el tipo frente a un reparto de grandísimos actores que están, sencillamente brillantes. No es fácil dar la humanidad que da a su personaje, sobre todo cuando se enfrenta a un reparto como éste.
Nombres como Bryan Cranston, Alan Arkin, John Goodman, Victor Garber, Clea duVall, Tate Donovan, Kyle Chandler, Titus Welliver… todos son grandes actores, rostros populares aunque quizá sus nombres no nos suenen a veces. El reparto hace un trabajo sensacional (la compra del guión de Arkin no tiene precio, por ejemplo), y eso hace que los cimientos de la película sean sólidos, muy sólidos. Y Argo se sujeta sobre ellos con una elegancia magnífica. Construyendo poco a poco el suspense a través de pequeños detalles (esos vasos que se rompen de los nervios), de momentos magistrales (la secuencia del mercado en Teherán). Para llevarnos a un clímax sencillo y funcional. Sin pirotecnias. Sin alardes innecesarios, pero manteniéndote en vilo hasta el final. Un final que no importa conocer de antemano. Son hechos reales a fin de cuentas.
La mención anterior a Todos los Hombres del Presidente no era en vano. Se nota la influencia de la película en su director. Los movimientos de cámara, el look… Affleck sabe contarnos la historia y lo hace con mucha sobriedad y talento. La cámara se mueve casi continuamente, a veces como si fuera un personaje más. Y hay elementos que encadenan las tramas de forma perfecta, como esa televisión que ven a la vez desde la lectura del guión en Los Angeles a Washington, y que nos lleva a la escalofriante escena de las ejecuciones… Y sí, es cine americano, pero es menos obvio, no trata de dogmatizar ni de dar discursos. Los personajes son apolíticos, no dan discursos. Sólo importa la vida de los seis. No hay villanos malvados, sólo gente que hace su trabajo. Y deja claro desde el inicio que, irónicamente, la culpa de todo la tiene Estados Unidos, desde los créditos iniciales, mostrándonos además las reacciones poco tolerantes y comprensivas de los americanos a pie de calle a través de las televisiones que emiten imágenes de la época y que son otro personaje más.
Nos queda cine de calidad, brillante, inteligente, divertido… con un sentido del humor cínico y descreído. Cine con miga que nos habla del principio de una época, la que estamos viviendo ahora, a través de lo que pasó hace más de 30 años. Entretenida, inteligente, excelentemente escrita y mejor dirigida. Y con un reparto espectacular. ¿Alguien da más? Está complicado. Argo es una de las mejores películas del año.(ACCIÓN DE CINE).



Después de recibir parabienes generalizados, aunque tal vez algo descreídos, por 'Adios pequeña adiós' (2007) y 'The Town' (2010) resulta evidente que, con este su tercer trabajo como director, Ben Aíeck ya sí parece destinado a seguir a Clint Eastwood, Robert Redford o más recientemente George Clooney como estrella/galán con mejor reputación tras la cámara que frente a ella. El resultado es más elemental y fácil de digerir que aquellos thrillers setenteros de denuncia y desencanto hacia el sistema a los cuales Aíeck, de tener menos personalidad, podría haber citado con sumisión de admirador rendido. Pero estamos ante un flm lo bastante agudo en su mensaje y hábil en su confección como para dejar cierta huella propia, si no en la Historia del Cine (como determinadas obras de Alan J. Pakula o Sidney Lumet), sí al menos en el panorama reciente. Propuesta gratamente cohesionada en su traviesa mezcla de intriga políticoprocedimental, comedia de cine dentro del cine, e incluso drama familiar no empalagoso, en Argo funciona el suspense, la ironía e incluso, cuando toca, hasta la emoción. Aunque si deja ese buen sabor que la convierte en una de las cintas actuales que más satisface a la mayoría es por su arrollador tramo fnal, todo un peligro para las uñas de los más nerviosos.(FOTOGRAMAS).

1 comentario:

  1. Qué buena historia me mantuvo en suspenso todo el tiempo y preocupada hasta el final. Salen Bryan Cranston y Christopher Stanley dos actores de mis series favoritas que son Breaking Bad y Mad Men.

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