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sábado, 10 de noviembre de 2012

EN LA CASA




Película: En la casa. Título original: Dans la maison. Dirección: François OzonPaís: FranciaAño: 2012. Duración: 105 min. Género: Drama,comediathrillerInterpretación: Fabrice Luchini (Germain), Ernst Umhauer(Claude), Kristin Scott Thomas (Jeanne), Emmanuelle Seigner (Esther), Denis Ménochet (Rapha padre), Bastien Ughetto (Rapha hijo), Jean-François Balmer (director), Yolande Moreau (gemelas), Catherine Davenier (Anouk).Guion: François Ozon; adaptación libre de la obra de teatro “El chico de la última fila”, de Juan Mayorga. Producción: Eric Altmeyer y Nicolas Altmeyer. Música: Philippe Rombi.Fotografía: Jérôme Alméras. Montaje: Laure Gardette. Diseño de producción: Arnaud De Moleron. Vestuario: Pascaline Chavanne. Distribuidora: GolemEstreno en Francia: 10 Octubre 2012. Estreno en España: 9 Noviembre 2012.


“En la casa” trata sobre las relaciones entre un profesor y uno de sus alumnos, un juego ingenioso en el que la realidad y la ficción se entremezclan hasta confundirse y en el que no se sabe qué oscuras intenciones esconde el joven o hasta dónde llegarán sus maquinaciones.


El francés François Ozon tiene talento narrativo, y con En la casa logra captar la atención prácticamente desde la primera escena, el profesor de literatura Germain reincorporándose al instituto tras las vacaciones y mostrando desde su pedestal un indudable escepticismo ante la idea de implantar, como experiencia piloto, el uso del uniforme y el maridaje en las aulas de alumnos de distintas clases sociales. Todo el reparto es fantástico, pero Fabrice Luchini logra impregnar a su personaje de la amargura de quien se siente incomprendido, ese sentirse invisible a pesar de su clarividencia, y de tener pocas personas con las que poder establecer cierta complicidad.
Entre una clase de estudiantes a los que Germain considera mediocres, despierta su atención Claude y su redacción sobre lo que ha hecho durante el fin de semana. Cuenta allí cómo él, de clase obrera, se ha fijado en Rapha, de mejor posición social, y se ha ofrecido a darle clases de matemáticas para poder introducirse en su casa. El final de su trabajo, “continuará”, y un talento incipiente para contar historias, le animan a pedir nuevas entregas sobre sus impresiones en casa de Rapha y con sus padres, Rapha y Esther; y compartirá los trabajos con Jeanne, su esposa, galerista de arte. Ese meterse en casa ajena mediante las palabras de Claude produce una interés creciente en Germain y Jeanne, pero la cosa puede ir demasiado lejos, tal ejercicio de voyeurismo se convierte en una espiral incontrolable donde las fronteras entre ficción y realidad empiezan a desdibujarse.
Ozon adapta En la casa libremente “El chico de la última fila”, una obra de teatro del español Juan Mayorga, y sobre lo aparentemente banal construye una intriga fascinante donde evita algunos caminos trillados, ofreciendo a cambio ciertas sorpresas, ello en una atmósfera siempre atravesada por una mirada cínica. Atrapa la relación profesor-alumno, la crueldad del adolescente tras un aspecto angelical, y cierta imposibilidad por mantener el control de su curioso juego, los sentimientos cuentan, junto al exorcismo de cierta frustración de Germain, que puede opinar sobre lo que es bueno en la creación literaria, que ve cosas de él en el joven Claude, y cuyos aires de superioridad van a padecer el inevitable correctivo.
Hay ciertos excesos en la narración de En la casa, pero siempre existe la coartada de que tales excesos serían no de Ozon, sino del precoz escritor Claude y su talento todavía no desarrollado, y que incluso podría ser puro espejismo, quedarse en otro Germain. Los momentos en que el lector irrumpe en lo que lee, en su representación cinematográfica, superan el peligro del puro artificio, son contados y usados con cierta inteligencia. El problema, si se quiere, es que todo en la película es puro juego, dos personajes complementarios, como se ve en la escena del banco, en que juegan a imaginar historias en las ventanas que tienen enfrente, asumiendo los papeles de dos mujeres que discuten, hablando uno y replicando el otro. Queda en cualquier caso la idea de que la literatura nos enseña a vernos tal y como somos.(DE CINE 21).




Basada en ‘El chico de la última fila’, una obra de teatro del madrileño Juan Mayorga, ‘En la casa’ es una aproximación fascinante, adictiva y a ratos aterradora al arte de contar historias y las distintas maneras de recibirlas y hacerlas nuestras. El interés, cada vez más agudo y paulatinamente irracional, de un veterano profesor (Fabrice Luchini) por las redacciones de un alumno (Ernst Umhauer) sirven de base a Ozon para reflexionar con ingenio sobre los mecanismos para contar historias, la capacidad de manipulación mediante las palabras (a veces cerca de la tortura psicológica) y las posibilidades nocivas del juego verbal.
'En la casa' también se pone del lado de la antítesis del contador de historias, y levanta en torno a ella una ingeniosa y punzante cavilación sobre la búsqueda de la evasión en el relato ajeno, la necesidad imperiosa de poner a prueba nuestra inteligencia y la impotencia de saberse manipulado y no hallar (o no querer hallar) las herramientas para esquivar el mangoneo. El film se basa, pues, en la palabra; pero no es teatro filmado. François Ozon se apoya en dos variables para adaptar la obra al lenguaje cinematográfico: la interpretación naturalista de los actores y el reflejo en la atmósfera de los procesos emocionales de los personajes.(FOTOGRAMAS).



.......Es evidente que Ozon siente la necesidad de convertir la pieza teatral de Juan Mayorga en su propio constructo de creador que dialoga con su capacidad para cambiar el mundo de los sueños y las cosas más cercanas, por lo que renuncia a toda lectura social y crítica educativa, tratadas no obstante con una sutileza que completa el conjunto. Lo mejor de “En la casa” es que acaba funcionando como un ejercicio ‘meta’ libre de pretensiones y barullos conceptuales: realmente es un espacio lleno de posibilidades, como una vivienda construida en un videojuego que tan rápido amplía los muros del baño como reforma los arriates del jardín. Claude le propone a su profesor Germain (Fabrice Luchini), y de paso a sí mismo, una ficción aún más viva que la realidad, donde lleva al extremo sus anhelos como individuo corriente y sus oscuras libertades como escritor, por ende dios de su propio universo.
En ese sentido, resulta fascinante cómo Claude y Germain se manipulan de manera recíproca, cómo sus palabras inocentes acaban transformando a los secundarios y a los ambientes, y a la vez cómo Ozon consigue que todo ello trastoque la percepción del espectador, atrapado en un océano sin barreras donde todo puede ser verdad o mentira, o ambas cosas al mismo tiempo. La aventura discurre sin grandes sobresaltos, buscando la dificilísima tensión y poesía de lo cotidiano, sin renunciar al humor ni a la autocrítica, que se mueve entre la atracción y la repulsa hacia unos protagonistas que, como no puede ser de otro modo, no saben vivir fuera de sus ficciones. Tan original discurso tenía que evolucionar por inercia hacia una amargura en la que a Ozon le tiembla un poco el pulso, pero es difícil concluir una historia así, contenedora de un infinito, y entretanto se ha atrevido con lo que pocos siquiera se plantearían. Que las historias sobreviven solas, y la voz que las guía, como la de Claude o la de Ozon, sólo avivan sobre ellas una atención que de otro modo nunca les hubiéramos prestado.
Calificación: 8/10   (LA BUTACA).

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