viernes, 20 de enero de 2012

LOS DESCENDIENTES




Película: Los descendientes. Título original: The descendants. Dirección:Alexander PaynePaís: USAAño: 2011. Duración: 110 min. Género: Drama,comediaInterpretación: George Clooney (Matt King), Judy Greer (Julie Speer), Matthew Lillard (Brian Speer), Beau Bridges (primo Hugh), Shailene Woodley (Alexandra), Robert Forster (Scott Thorson), Nick Krause (Sid), Amara Miller (Scottie King), Mary Birdsong (Kai Mitchell), Rob Huebel (Mark Mitchell).Guion: Alexander Payne, Nat Faxon y Jim Rash; basado en la novela de Kaui Hart Hemmings. Producción: Jim Burke, Alexander Payne y Jim Taylor. Fotografía: Phedon Papamichael. Montaje: Kevin Tent. Diseño de producción: Jane Ann Stewart.Vestuario: Wendy Chuck. Distribuidora: Hispano FoxfilmEstreno en USA: 9 Diciembre 2011. Estreno en España: 20 Enero 2012. Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.


En “Los descendientes”, Matt King (George Clooney), casado y padre de dos niñas, se ve obligado a reconsiderar su pasado y a encauzar su futuro cuando su mujer sufre un terrible accidente de barco en Waikiki. Matt intenta torpemente recomponer la relación con sus hijas —la precoz Scottie, de 10 años, y la rebelde Alexandra, de 17—, al mismo tiempo que se enfrenta a la difícil decisión de vender las tierras de la familia. Herencia de la unión entre la realeza hawaiana y los misioneros, los King poseen algunas de las últimas zonas vírgenes de playa tropical de las islas, de un valor incalculable. Cuando Alexandra suelta la bomba de que su madre tenía una aventura amorosa en el momento del accidente, Matt tiene que empezar a mirar con ojos nuevos toda su vida, por no hablar de su herencia, durante una semana plena de cruciales decisiones. Con sus hijas a cuestas, Matt se embarca en la azarosa búsqueda del amante de su mujer. A lo largo del camino, donde se van alternando encuentros divertidos, conflictivos y trascendentales, Matt comprende que por fin se halla en la buena dirección para reconstruir su vida y su familia.


Han pasado siete años desde que Payne dirigió su última película, un periodo bastante largo de tiempo, algo que nos ha hecho esperar con bastante expectación su nuevo largometraje, en este tiempo tampoco ha estado parado si no que se ha dedicado bastante a su nueva tarea de productor, llevando a salir a la luz películas como La Familia Savage, Convención en Cedar Rapids o El Rey de California, también produjo la serie Hung de la HBO de la que dirigió el piloto, y escribió un guión que finalmente no se llevó a cabo pero que posiblemente realice después de estos Descendientes. Es cierto que no ha estado parado, pero estos siete años se han antojado demasiados para esperar el nuevo trabajo de uno de los realizadores norteamericanos más interesantes y que más va a tener que decir durante las próximas décadas.

Antes de que podamos ver los créditos iniciales Payne abre con una escena en el agua de vital importancia, una en la que la mujer del protagonista está en una lancha motora, realmente podríamos decir que es una escena de fuera de relato, de hecho esta es la única vez que veremos con vida a este personaje, pero la importancia de esa escena es vital y realmente  no dejará de estar presente durante toda la película. Ese incidente es el que cambia por completo la vida de Matt King, un tipo que podría parecer exitoso, tiene una familia, dos hijas, vive en el paraíso, <<¿Paraíso? Y una mierda>>, sentencia nada más comenzar la película, y es que en el Hawái que vive este Matt King no tiene nada que ver con ese idílico paraíso tropical que el cine nos ha mostrado casi siempre, y además él, pese a toda esa imponente fachada no es más que otra persona que siente fracasada en la vida y totalmente perdido dentro de su mundo, uno de esos perdedores que han estado siempre presentes el cine de Payne, como el profesor adultero de Election, el viudo recién jubilado de A propósito de Schmidt o el divorciado incapaz de publicar su novela de Entre Copas. Matt King de repente se ve solo y lo que es peor se ve sobrepasado por todo lo que no entiende y cargado de nuevas responsabilidades. Matt tendrá que lidiar con dos hijas rebeldes, de las que no puede entender por qué le guardan tan poco respeto, tampoco entiende por qué su mujer le engañaba y quería divorciarse de él, además como heredero de unas extensas tierras en Hawái se verá responsable a lidiar con todos sus primos en un interminable proceso de venta, ese es el paraíso actual de Matt King, normal que diga que ese paraíso es una mierda.
Tras enterarse de la infidelidad de su esposa, Matt se verá en la necesidad de encontrar a ese hombre para darle la noticia sobre el incidente, un acto que está a medio camino entre la curiosidad y el temor pero que sobre todo se acaba convirtiendo en un último acto de amor. Esto será lo que marque el devenir de toda la película, así se aventurará de una isla a otra del archipiélago de Hawái, una metáfora perfectamente usada por Payne para explicar el desperdigamiento de la familia, y es que uno de los muchos temas del film no deja de ser la disfunción familiar, para encontrarse con ese hombre sin saber muy bien si lo único que busca es encontrar los motivos que llevaron a su mujer a querer separarse de él cuando creía que todo iba bien o si realmente lo hace como una necesaria vía de escape a la que aferrarse. Esta visita también influirá en su decisión de cara a la futura venta de esos terrenos, algo que podría acabar siendo una mera comparsa de fondo, pero que Payne la utiliza muy bien para crear en ella una reconciliadora toma de conciencia con el pasado e incluso un valido argumento vengativo.

Lejos de caer en el melodrama en el que habría sido realmente fácil caer con una historia como ésta, Payne narra con el satírico sentido del humor que siempre ha acompañado a su cine, acompañando a la película con las ácidas reflexiones en off de su protagonista y regalándonos también secundarios de naturaleza divertida pero que no se dejan caer en la caricaturización. Payne consigue lograr un perfecto equilibrio entre la comedia y el drama sin perder nunca el sentido, sabiendo captar la complejidad de las relaciones emocionales y dotando a la película de un tono calmado, pero también triste y melancólico capaz de alternar en una misma escena un momento cómico con otro dramático o de aumentar el dramatismo en pequeños y necesarios momentos puntuales como el monólogo al lado de la cama de su esposa por parte de Clooney. Es precisamente Clooney una de las cosas que más destaca en la película con su increíble interpretación, quizá lo más grande de su papel es lo fácil que resulta creer a Clooney como un hombre medio abandonado, herido y perdido, porque es difícil conociendo a Clooney pensar en él así, pero aquí consigue borrar toda su fachada para dar vida a este pequeño perdedor que es Matt King. Y aunque realmente la película cuenta con un gran reparto dónde todos destacan, quizá la sorpresa más agradable nos la llevamos con una extraordinaria Shailene Woodley en un complejísimo papel de niño teniendo que ser adulto.
 
Una de las muchas cosas que resultan increíblemente fascinante en Los Descendientes es el tratamiento que se le da a Hawái, de una forma que posiblemente no hayamos visto nunca, Payne se aleja del habitual enfoque turístico con el que siempre ha aparecido la isla en el cine y nos traslada de lleno al corazón urbano de Honolulu, algo que está muy lejos de ese paraíso al que Matt King se refiere en la primera escena, esto también es de vital importancia puesto que como ya ocurría en Entre Copas el paisaje toma también posición privilegiada como un personaje más, que aunque es una visión desconocida tampoco renuncia a sus raíces, y no faltan esas horribles camisas de flores (‘Hasta el más rico de Hawái se viste como un vagabundo’ dice King) ni una estupenda banda sonora con temas autóctonos a ritmo de Ukelele. Payne completa una película redonda, donde sin miedo se aventura a tocar muchos temas, pero sabiendo ordenarlos para no tropezarse ni dejar que ninguno parezca superficial o se quede abandonado, y es que Payne abre sobre el agua, y cierra debajo de ella con un precioso plano contrapicado, cerrando así un círculo perfecto en el que consigue llegar, no solo la película, sino también sus personajes, a una necesaria estabilidad. ¿Que Los Descendientes tienen escrito Oscar en la frente? Por supuesto, pero con todo merecimiento. (EL SEPTIMO ARTE).

Nota: 8,5




Soberbio y sencillo drama familiar con tintes de humor, digno ganador del Globo de Oro. Como lo es su protagonista, un contenido George Clooney, que borda el papel de padre en apuros ante la enfermedad de su mujer y la rebeldía de sus dos hijas. Una película, como decía antes, sencilla y sin estridencias. Calmada y natural, que aprovecha los escenarios naturales de Hawaii para mostrarnos que las cosas no son perfectas ni mucho menos en el paraíso. Una película que enlaza perfectamente con trabajos anteriores del director Alexander Payne y que se postula como seria candidata a los Oscar. Aunque tiene una lista de competidoras como para no verlo claro...
El caso es que en tiempos en los que los dramas que parecen ganarse el beneplácito de la crítica y los premios son historias desgarradoras, de esas llamadas más grandes que la vida, Payne opta por una historia pequeña pero no por ello menos conmovedora. Un drama real en el que todos podemos sentirnos identificados. No paraba de pensar durante la proyección en las historias de gente como Alejandro González Iñarritu y sus grandilocuentes dramas en contraposición a esta pequeña historia. Y, la verdad sea dicha, me quedo con una película como Los Descendientes.
No porque sea mejor o peor sino porque me resulta más creíble. Aquí no hay un marido hundido porque su mujer ha sido tiroteada en Marruecos mientras sus hijos corren por la frontera en manos de una niñera sin papeles. Ni mujeres en busca de venganza en un camino directo al cementerio. Aquí tenemos la historia de un padre y marido con una esposa en coma irreversible debido a un accidente y unas hijas con las que no sabe cómo lidiar. La pequeña se dedica a meterse con sus compañeras de clase y a hacer fotos artísticas de su madre enferma para un trabajo de clase. La mayor está en un colegio internada por sus escarceos con el alcohol y los hombres. Como si encerrarla en otra isla fuese a solucionar las heridas abiertas.Y en todo ello el personaje de Clooney se ve obligado a tomar las riendas de su familia. Aprender a ser padre, algo que había dejado en manos de su mujer para dedicarse a su trabajo. Y ahora ve que lo pierde todo por momentos. Que se le escapa entre los dedos porque no ha sabido ser mejor hombre antes. No mejor padre o marido simplemente padre y marido. Algo que daba por hecho hasta que la tragedia le golpea. Como muchos de los personajes de Payne es un tipo gris y sin nada especial que se dedica a recordarnos que su tatarabuela era descendiente del rey Kamehameha I. Lo dice más de una vez porque le hace sentirse especial. Único. Cuando en realidad sólo es un tipo más que no sabía lo afortunado que era hasta que se le cae el castillo de naipes. Con dinero, con una mujer preciosa y unas hijas que le adoran. Pero como muchos de nosotros él no lo veía.
La historia se deja llevar por los personajes porque en ellos reside la historia. El aprender a lidiar con el dolor, saber decir adiós, madurar, apreciar a nuestros seres queridos. Soportar el dolor y la pérdida. Aprender a vivir con ello. Todo lo vivimos a través de las reacciones de sus personajes y de cómo lidian cada uno de ellos con lo que se les plantea. Con lo que les da la vida. George Clooney les guía en ese camino sin saberlo con una interpretación brillante. Sin histrionismos ni desgarradores gritos de dolor. Con una mirada serena que va de la tristeza y el shock a la aceptación. Inmenso como actor. Hace fácil lo más difícil. Convencernos de que es un tipo gris y normal con más defectos que virtudes.
No anda mal acompañado con Shailene Woodley, protagonista de Vida Secreta de una Adolescente, a la cabeza como la hija mayor (lo dice todo con una mirada), pero sin olvidar gente como Robert Forster (su escena del hospital es simplemente memorable), Beau Bridges (impresionante en el bar), Judy Greer, Matthew Lillard... A algunos incluso los recupera del ostracismo. Hasta el personaje de Sid, el amigo dela hija, que parece un simple bufón al principio, va creciendo en torno a Clooney según avanza la película.Tiene detalles de humor sutil e irreverente, muy efectivo, pero es en menor cantidad que otras obras del director. Un director al que se le nota cada vez más fino y elegante. Su uso de la elipsis (la firma con los primos, el final) resulta primoroso. Siempre ha sabido escribir muy buenos guiones, pero poco a poco se consolida como narrador que sabe aprovechar los elementos visuales de la historia. Aquí por supuesto, Hawaii con varias de sus islas. Sabe imprimir a la historia la ternura justa y el drama justo también. Nunca resulta ni demasiado blando ni demasiado dispuesto al exceso. Aunque la trama de los primos y la venta de las tierras pueda resultar innecesaria. Es quizá el momento que más alarga la película sin ofrecer nada que realmente brille sobre el resto del metraje. Pese a su simbolismo sobre el cambio, no aporta nada a la película que ésta no tuviese ya en el resto de la historia.En resumidas cuentas una película excelente. Un drama serio y coherente no propenso a los excesos ni a la comedia que lo aligere. Ni a los finales dulces ni a lo devastador. Sólo un sencillo reflejo de la vida. Delos lazos que creamos y las responsabilidades que asumimos. De la vida y cómo encajar la muerte. De nuestros hijos y lo que heredan de nosotros, mucho más importante que el dinero o las tierras. Con su ración justa de sorpresas y giros dosificados y nunca saliéndose de tono demasiado. Emocionando a través de las cosas más normales. Equilibrados. Y con un reparto que está en su mejor momento. Una película hecha para degustar buen cine.(ACCIÓN CINE).

Es un drama de dualidades. ¿O es una comedia? Los descendientes transita por los más ridículos vericuetos del absurdo compartiendo, a su vez, momentos de gran angustia y dolor. Como el supuesto paraíso en el que se desarrolla la trama, Waikiki, en Hawai: ¿una ciudad moderna con el progreso a las puertas o un pedazo de naturaleza que conserva el pasado más tradicional? Difícil escoger. Imposible. Así es el cine deAlexander Payne, agridulce, tragicómico, como la vida misma.  
Como en sus anteriores películas Election yEntre copas y, especialmente, A propósito de Schmidt, el director vuelve a colocar a su protagonista en la cuerda floja y lo insta a tomar una decisión, en un momento de transición, que le hace replantearse quién es, qué quiere y qué necesita. En Los descendientes, aquel Jack Nicholson, o Paul Giamatti, o Matthew Broderick, el tipo perdedor, frustrado y sin suerte, tiene el rostro y la insuperable sonrisa de George Clooney, su carisma. Sólo el enorme talento de actor y director hace posible que nos creamos que el soltero de oro de Hollywood es un tipo ¡imperfecto!, infeliz y absolutamente desorientado. También es cierto que ayuda verle con unas bermudas y camisas horrorosas. George Clooney es Los descendientes.Sin él, hubiera sido otro inteligente y emotivo filme de Alexander Payne. Con Clooney, Los descendienteses una de las películas del año.
Al comienzo del filme, su personaje, Matt King, voz en off de todo lo que va aconteciendo, arrastra la perplejidad como la bola de un reo. Primero, por el durísimo golpe de observar a su mujer en coma, en la habitación de un hospital, sin saber cómo manejar el asunto con sus dos hijas; después, cuando descubre que el amor de su vida, esa mujer postrada, le ha estado engañando, le ha sido infiel. El (casi) viudo y cornudo padre decide emprender entonces un viaje, un poco a lo loco, para –y aquí asoma el ego masculino– saber qué vio en el otro para alejarse de él. 
Esa huida le lleva de una isla a otra, el archipiélago como una metáfora de lo que somos: miembros de la misma familia, pero individuos al fin y al cabo. También aprovecha el viaje Alexander Payne para introducirnos en una temática aparentemente menos emocional, la de la compra- venta de tierras heredadas, algo muy común en un lugar como Hawai. Matt deberá decidir qué hacer con las suyas. Mientras en el hospital poco puede hacer por recuperar a su mujer; en su negocio tiene la oportunidad de tomar una decisión. 
En ese viaje conocemos a las niñas de este padre inexperto. Unas crías que explican también sus cambios de comportamiento. La pequeña no logra asimilar la realidad, como le ocurre al cabeza de familia; la mayor –magnífica Shailene Woodley, prota de la serie Vida secreta de una adolescentereprime sus sentimientos, hasta que decide confiar en su padre, y se preocupa por él. A ellos se suma elnovioamigo de la chica, un chaval torpe al que Matt rechaza sin comprender que, a pesar de su juventud, lleva ya algunas vidas quemadas. Que reciba un puñetazo del abuelo por reírse (sin saber) de su mujer con Alzheimer explica la tónica general del ser humano: ignorar la desgracia, ésa, que siempre acaba por llegar. Payne nos abre un poco la puerta.(CINEMANIA).

viernes, 13 de enero de 2012

MILLENNIUM:LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES



Película: Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres (2011).Título original: The girl with the dragon tattoo. Dirección: David Fincher.Países: USASueciaReino Unido y AlemaniaAño: 2011. Duración: 158 min. Género: ThrillerInterpretación: Daniel Craig (Mikael Blomkvist),Rooney Mara (Lisbeth Salander), Stellan Skarsgård (Martin Vanger), Robin Wright (Erika Berger), Christopher Plummer (Henrik Vanger),  Steven Berkoff (Frode),Joely Richardson (Anita Vanger), Yorick Van Wageningen (Bjurman). Guion: Steven Zaillian; basado en la novela de Stieg LarssonProducción: Ceán Chaffin, Scott Rudin, Søren Stærmose y Ole Søndberg. Música: Trent Reznor y Atticus RossFotografía: Jeff Cronenweth. Montaje: Kirk Baxter y Angus Wall. Diseño de producción: Donald Graham Burt. Vestuario: Trish Summerville. Distribuidora: Sony Pictures Releasing de España.Estreno en USA: 20 Diciembre 2011. Estreno en España: 13 Enero 2012. Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.


En el laberinto de la historia de “Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres” hallamos asesinatos, corrupción, secretos familiares y los demonios internos de dos inesperados socios en búsqueda de la verdad sobre un misterio oculto durante 40 años. Mikael Blomkvist (Daniel Craig) es un periodista financiero dispuesto a restaurar su honor tras ser declarado culpable por difamación. Contactado por uno de los empresarios más ricos de Suecia, Henrik Vanger (Christopher Plummer), para esclarecer la desaparición muchos años atrás de su querida sobrina Harriet —asesinada, según cree Vanger, por uno de los miembros de su familia— el periodista llega a una isla remota de la congelada costa sueca sin saber lo que allí le espera. Simultáneamente, Lisbeth Salander (Rooney Mara), una inusual pero ingeniosa investigadora, es contratada para averiguar los antecedentes de Blomkvist, una tarea que en última instancia la lleva a unirse a Mikael en su investigación sobre el asesinato de Harriet Vanger. Aunque Lisbeth se protege de un mundo que la ha traicionado una y otra vez, sus habilidades como hacker y su capacidad de concentración y determinación inquebrantable, la hacen imprescindible. Mientras Mikael se enfrenta cara a cara con los herméticos Vanger, Lisbeth trabaja en la sombra. Ambos comienzan a trazar una cadena de homicidios desde el pasado hasta el presente, forjando un frágil hilo de confianza, aun siendo arrastrados hacia una de las corrientes más salvajes del crimen contemporáneo.


.............'Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres' es básicamente un prodigio de narrativa, puesta en escena y ritmo, una elaborada y exquisita 'delicatessen' cinematográfica de primera categoría. O lo que es lo mismo, básicamente es un filme de David Fincher ante y sobre todo. La perfección casi tan enfermiza como los cuentos que nos relata del hijo bastardo de Kubrick -independientemente del corazón que cada cual le aporte- sólo puede dar de sí una obra de estudio formal para cualquier aspirante a director, donde confluyen en una mezcla perfecta para el cine del siglo XXI estética e historia para avanzar de la mano durante el tiempo que sea necesario. El notable guión de Steve Zaillian, especialmente brillante en la concisión de sus diálogos y transiciones; el notable aporte de un inmaculado reparto donde no sólo sobresalen los dos excelentes protagonistas (atención a la conversación que se produce en su teórico clímax...); la constante, atmosférica y sugestiva banda sonora de Trent Reznor & Atticus Ross, cuya premeditada ausencia curiosamente coincide con el momento de mayor tensión; un montaje que fluye con naturalidad sin que nos percatemos de su existencia y/o injerencia en la historia... No son sino un suma y sigue, partes de esa máquina que es cada una de las películas de este realizador que no nos permite perderle ni un instante de vista. Fincher vuelve a presentar su solicitud... ¿a la tercera irá la vencida? No creo, la verdad, ni falta que hace ni quita para que este 'Millennium' sea capaz de presentarse ante nosotros cómo si la historia que nos cuenta pareciera nueva, o mejor aún, como si fuera otra película completamente distinta... como es en realidad. El problema, si acaso, es que no lo es, de ahí que no le alcance para ese 9 que se le podía intuir... pero lo dicho, problema si acaso, porque por lo demás es un filme imprescindible.

Nota: 8.5


Lo mejor
- 160 minutos sin altibajos

Lo peor
- Que se trate de una nueva versión, lo que le resta un poco el efecto sorpresa.(EL SEPTIMO ARTE).


La versión Fincher es mejor que la versión anterior y más fiel a la novela, es además más clara en su desarrollo y desenlace.
Tal y como ya expliqué cuando hablaba de la versión europea de esta misma novela, Millenium no me parece precisamente un dechado de originalidad, por mucho que  haya tenido éxito notable en las librerías de todo el mundo. Lo que sí hace es acertar a mezclar dos variantes de la narrativa policiaca, el relato whodunit estilo Agatha Christie, también conocido como “¿quién lo hizo?”, donde impera la intriga, el enigma y la resolución del mismo sobre la acción, y el relato hardboiled, enmarcado en la serie y el cine negro, protagonizado por un detective duro, metiéndose en todo tipo de enredos, al mismo borde de la frontera del crimen, a punto de saltársela e incluso dispuesto a enfrentarse a las autoridades de turno, esencialmente corruptas. Es el tipo de esquema que encontraríamos en clásicos del cine negro como El halcón maltés o El sueño eterno, si nos da por rebuscar en la filmografía esencial de Bogart, pero que también puede encontrar referentes en la esencial Retorno al pasado, o en las cronológicamente hablando más próximas Chinatown y Blade Runner.
Toda la trama de la desaparición de la joven en la poderosa familia que ficha al periodista interpretado por Daniel Craig responde al esquema del whodunit, es un enigma por resolver, lo que podríamos denominar su faceta Cluedo, tomando prestado el nombre del célebre juego de mesa. Todo lo referido a Lisbeth Salander responde al esquema del hardboiled. Lo curioso de esta nueva versión de Millenium es que deja aún más claro lo más interesante de mezclar esas propuestas de relato policial esencialmente diferentes: los papeles tradicionales repartidos por sexos están invertidos. El asunto tiene aún más relevancia si contamos con la participación de Craig, el James Bond más duro y brutal de la saga de 007, que le saca aquí el mayor partido a desmarcarse de su propia imagen (curiosamente mientras el actor encargado de interpretar ese mismo papel en la versión europea ha hecho lo mismo, pero en sentido contrario, en Misión imposible: protocolo fantasma).
Digo que los papeles están invertidos respecto a lo que tradicionalmente nos ha propuesto el relato policial porque, como se las ingenia para remarcar David Fincher con mayor pericia que en la versión anterior, Lisbeth es la encargada de proteger, ayudar, investigar y ser el brazo armado de Mikael. Lo que en el cine más clásico habría hecho el protagonista masculino lo hace en esta ocasión la protagonista femenina. Fincher utiliza las escenas de sexo para dejar eso aún más claro, después de que disparen contra Mikael, o tras la escena de la tortura. Entre otras cosas, eso hace mucho más creíble los personajes y las situaciones, no tanto porque se aleja del estereotipo, de lo previsible, sino porque responde coherentemente a la manera en que han sido construidos los dos personajes. Mikael es un periodista, no un tipo duro y callejero. La dura y la callejera es ella. Lógico es que, con independencia de su sexo, sus relaciones y participación en la investigación se reconstruyan según esos parámetros. Lo contrario, además de desleal para la definición de los personajes, sonaría falso, poco verosímil y totalmente previsible para el espectador: pura fórmula. Creo que Fincher trabaja mejor y más claramente esta inversión de papeles tradicionales del relato policíaco más clásico.
Lo que diferencia aún más la versión Fincher de la versión europea de Millenium es precisamente el tercer factor que entra a relacionarse eficazmente con esa especie de alianza o encuentro entre el relato whodunit y el relato hardboiled que ya etaba presente en la novela original y en la película anterior: el propio estilo Fincher. Desde el momento en que los dos personajes empiezan a descubrir las claves del asesinato en serie, que estaba presente también en el relato original y es la columna vertebral del mismo, al menos en la primera novela, nos damos cuenta de que esta historia encaja como una pieza más del puzzle de relatos siniestros presentes en la filmografía de David Fincher. Así, Millenium se desvela como una pariente muy cercana de títulos como Seven Zodiac, pero además, por lo referido al enigma, encontramos huellas de The Game El club de la lucha, tanto en lo estético como en lo argumental.
Tomemos como ejemplo el elemento más obvio que pone de manifiesto ese encaje perfecto en la filmografía de Fincher ya desde el principio: los títulos de crédito, mercuriales y potentes, tan cercanos a los de cualquier otra película del director, especialmente Seven, en su manera de desplegar parte de la historia, aunque en el caso que nos ocupa el ritmo de los mismos y la música que los complementa responda más a la personalidad de Lisbeth y presente y anticipe no al villano, como en aquella sino la compleja y tempestuosa relación que vincula a los dos protagonistas. El desarrollo creativo de los créditos encaja en el excelente uso que suele hacer Fincher de esa herramienta narrativa tantas veces desperdiciada o mal utilizada para presentar o anticipar elementos esenciales de la trama.  Es el primer ladrillo de un edificio que demuestra ser otra adaptación distinta de la novela original, comercial, sin duda, pero igualmente clasificable dentro de las claves de su director como autor.
Me ha gustado bastante la manera de respetar los momentos más escabrosos de la trama, sin recrearse en la violencia y la tortura innecesariamente, manera morbosa. Son tan brutales como deben ser, pero dejando que cada espectador recomponga el puzzle según le cuadre o prefiera, sin automutilarse pero sin dejar que esos fragmentos tengan más protagonismo del estrictamente necesario para componer el arco de desarrollo de la trama y los personajes.
Pero además hay un elemento que me ha llamado poderosamente la atención en esta versión y que no estaba presente, o al menos no tenía la importancia en la trama que se le da en ésta: el triángulo sentimental. Se construye sobre las relaciones de Mikael con Erika, la directora de la revista -Robin Wright en un papel breve pero decisivo- y da pie a dos de las imágenes más definitorias de los vínculos que se establecen entre los dos protagonistas: el plano en el que vemos a Mikael hablando en la calle frente a Lisbeth, con Erika en un segundo término, y un plano final que me parece muy superior, más resolutivo y explícito, más contundente, que el de la versión europea de la novela de Stieg Larsson.
Finalmente hay otro tema que es inevitable abordar antes de acabar este comentario: las comparaciones odiosas entre los protagonistas de la versión europea y la norteamericana. A la pregunta: ¿devora el estrellato de Daniel Craig a Mikael? Contestaría que no, muy al contrario: Craig encuentra en el juego a la contra de su imagen como 007 un elemento positivo, que da pruebas de su talento como actor y su capacidad para escapar al encasillamiento. A la pregunta:  ¿Qué Lisbeth es mejor, la de Noomi Rapace o la de Rooney Mara? Contestaría que son distintas. Ni mejor ni peor. Dos versiones diferentes de un mismo personaje, cada una ajustada al tipo de película en el que tiene que habitar. La Lisbeth de Rapace era la mejor posible para la versión europea, del mismo modo que la de Mara es la mejor imaginable para la versión norteamericana.
A modo de resumen: estamos ante una película distinta, cuyas diferencias sabrán apreciar los aficionados al buen cine, quienes se entienden que esto no es tanto un remake como una nueva versión de la novela de Stieg Larsson, en mi opinión más fiel a la misma en algunos aspectos fundamentales de la misma, y conste que no me refiero sólo a que aparezca la hija de Mikael o se haga el debido hincapié en su relación con Erika.(REVISTA ACCIÓN).



El cine de David Fincher siempre ha demostrado una fascinación por los demiurgos y arquitectos que construyeron las estructuras subterráneas de nuestra sociedad. Es fácil saber qué es lo que le atrajo de la saga Millennium, cuya primera entrega gira en torno a una remota isla sueca que, en realidad, actúa como metonimia y caja de resonancia de una Europa secreta, erigida sobre sangre inocente y aún sobrevolada por el fantasma del nazismo. El monólogo final del villano acredita esta versión de Los hombres que no amaban a las mujeres como una obra quizá menor, pero completamente coherente con el discurso fincheriano, modulado aquí hasta reproducir los gélidos espacios de un thriller geométrico, envasado al vacío y tan despojado de toda emoción como la mirada reptil de Rooney Mara, esa heroína postpunk de sensualidad casi sintética.
La ansiedad que debió de sentir el cineasta ante tamaña franquicia se traduce en una serie de concesiones a los lectores, unos créditos que nos permiten fantasear con una reformulación fincheriana de la saga Bond y un dilatado tercer acto que, sin embargo, sería interesante analizar como una coda descreída y paranoica a 'La Red Social' (2010). Por lo demás, este cuento detectivesco de psicosis y romance sucio nunca había tenido una fuerza tan huracanada.(FOTOGRAMAS).




......La versión americana del primer volumen de la conocida trilogía de novelas Millennium, de las que es autor el malogrado Stieg Larsson, que no llegó a conocer con vida el enorme éxito de sus novelas, no digamos de su traslación al cine y la televisión. Sin atender a ningún pudor mantiene, si no aumenta, la enorme carga de morbo sexual y violencia presentes en la novela original y en la película sueca servida por Niels Arden Oplev. En lo que claramente mejora es en la estructura del inteligente guión de Steven Zaillian, donde las piezas argumentales casan mucho mejor, además de que existe una mejor definición de personajes, se humanizan Blomkvist y Salander, del primero se apunta aquí una vida familiar rota, y de ella se perfila mejor la relación con el primer tutor y las ilusiones que se hace en la relación con el periodista. Incluso los elusivos miembros del clan Vanger tienen algo parecido a la tridimensionalidad. De modo que el reparto lo tiene en tal sentido más fácil -Daniel CraigRooney MaraStellan SkarsgårdChristopher Plummer...- que los originalesMichael NyqvistNoomi Rapace y compañía, que debían llenar agujeros de guión con sus interpretaciones.
Además la película se beneficia claramente del talento visual de su director, David Fincher, por ejemplo en todas las escenas que muestran el avance en las pesquisas de Blomkvist y Salander, y también en la creación de atmósferas, la isla bajo la nieve, el viento que sopla en la casa de Martin, un sobrino de Henrik, en lo alto de una colina, o un pasaje tan breve como la escena del metro en que a Lisbeth le birlan el ordenador portátil.
Así las cosas, los defectos del film son los mismos que los de la obra de Larsson, que se enmarca en la moda del "noir" nórdico, del que también es muy representativo Henning Mankell y su Kurt Wallander, que también pasó de la versión sueca a la angloparlante con Kenneth Branagh de protagonista. La idea es mostrar los excesos de la opulenta sociedad occidental, donde han acontecido y acontecen todo tipo de depravaciones; el problema es la falta de referentes morales nítidos, ya que ante los crímenes horrorosos a los que se enfrentan los protagonistas -y de los que Lisbeth es víctima directa-, parece que vale cualquier respuesta, por salvaje que sea. Y eso que a tal respecto la película de Fincher y Zaillian se permite alguna licencia para suavizar actitudes y no convertir a Salander en la Terminator que podía verse en la versión fílmica de Oplev. Algunas truculencias y pasajes -las actitud del segundo tutor, la persecución en moto...- obligan a algo parecido a la suspensión de la incredulidad del espectador, aunque muchos espectadores -y lectores- pensarán que eso es parte del juego en que consisten película -y libro.
(DE CINE 21).