sábado, 31 de marzo de 2012

IRA DE TITANES





Película: Ira de titanes 3D. Título original: Wrath of the titans. AKA: Furia de titanes 2. Dirección: Jonathan LiebesmanPaíses: USA y EspañaAño:2012. Duración: 99 min. Género: AcciónfantásticoInterpretación: Sam Worthington (Perseo), Liam Neeson (Zeus), Ralph Fiennes (Hades), Danny Huston (Poseidón), Toby Kebbell (Agénor), Bill Nighy (Hefesto), Rosamund Pike (Andrómeda), Edgar Ramírez (Ares). Guion: Dan Mazeau, David Leslie Johnson y Steven Knight; basado en un argumento de Greg Berlanti, David Johnson y Dan Mazeau. Producción: Basil Iwanyk y Polly Johnsen. Música: Javier Navarrete.Fotografía: Ben Davis. Montaje: Martin Walsh. Diseño de producción: Charles Wood.Vestuario: Jany Temime. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.Estreno en USA: 30 Marzo 2012. Estreno en España: 30 Marzo 2012Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


La historia de “Ira de titanes 3D” se desarrolla diez años después de los sucesos que vimos en “Furia de titanes”, encontrándonos con un Perseo (Sam Worthington) que quiere vivir de forma tranquila con su hijo Helio. Sin embargo, los dioses, debilitados por la falta de fe de la humanidad, pierden el control de los titanes, cuyo líder no es otro que Crono, el padre de Zeus, Hades y Poseidón. Hades y Ares llegan a un acuerdo con Crono para capturar a Zeus, de ahí que Perseo decida rescatarlo. Para ello contará con la ayuda de Andrómeda, Agénor y Hefesto.


.......«No hay dios bueno». Como radicalización antropocentrista de los postulados palomiteros de su predecesora, esta nueva entrega es aún más culebronera ─¿y qué es la mitología sino una pasión de deidades, concebida para animar y atenazar el espíritu del hombre desde el respeto impuesto a sugeridas omnipotencias vigilantes?─, descerebrada ─irritará sin motivo a los radicales de los textos clásicos─ y huracanada, todo ello enfocado desde su total, absoluta y desarmante falta de pretensiones más allá de divertir durante algo más de hora y media. Lo consigue, y de una manera harto efectiva, defendiendo el estandarte de la serie B comercial de un modo mucho más honesto y juguetón que su prima, la reciente “Immortals”.
Entre el folletín y el videojuego de plataformas, Jonathan Liebesman propone un espectáculo bien presentado y resuelto en lo visual, con secuencias realmente notables dentro y fuera del torbellino en que se convierte la aventura progresivamente, con una banda sonora estruendosa y una edición de sonido que sublima este delirio épico hasta convertirlo en un festejo continuado de la iconografía de la que bebe con desvergüenza. Liam Neeson y Ralph Fiennes, más pastoriles que metaleros, se lo pasan pipa como veteranos olímpicos, Worthington reparte, Bill Nighy desbarra,Rosamund Pike contempla, Toby Kebbell contrapuntea y Edgar Ramírez supura pus celestial como hermano celoso del hijo pródigo. Por lo que a nosotros respecta, los titanes se pueden cabrear todo lo que quieran. Cuanto más, mejor.(LA BUTACA).





Más grande, más épica y más divertida que su antecesora. Ira de Titanes toma lo mejor del cine de evasión de los ochenta para darnos un espectáculo visual de primer orden en el que lo que importa es hacer recuperar al espectador ese sentido de la maravilla propio de películas como Star Wars o la reciente John Carter, para darnos noventa minutos de acción y aventuras sin descanso, con momentos ciertamente épicos y mucho mejor resuelta a todos los niveles que la entrega anterior. Sí, eso incluye el 3D que tan criticado fue en la primera película. Aunque no fue lo único que dejó descontentos a los espectadores.
Furia de Titanes fue en 2010 una sorpresa en la taquilla. Su éxito arrollador, muy superior al esperado, se debió en gran medida a que se estrenó en 3D poco tiempo después de Avatar y el público estaba enganchado al 3D debido a la película de James Cameron. Siendo como era una película entretenida y simpática, con mucha acción y un gran reparto, en el recuerdo queda una conversión al 3D discreta, en el mejor de los casos, que se hizo deprisa y corriendo, sí, pero que no era lo único que ofrecía la película. La película era mucho más. Sabía homenajear al clásico de los ochenta del que era remake, sin caer en algunas de las debilidades de aquella película que protagonizó Harry Hamlin, como era el toque infantil del búho, remedo de R2D2, o la ausencia de carisma del protagonista.
Sin embargo hoy todos la recordamos por el dichoso 3D. Y los responsables de la película lo saben y han sabido corregir ese error para darle al espectador lo que va buscando cuando entra en una sala a ver una película como Ira de Titanes. Más aun siendo una secuela. Más acción, más aventura y una sensación de estar viendo algo mucho más grande y complejo que en la película anterior. Y para ello ha sido vital el cambio en la silla del director, de Louis Leterrier a Jonathan Liebesman, donde el segundo ha traído algo de cordura y coherencia sobre todo en lo que a puesta en escena se refiere.
Tampoco nos engañemos que luego pasa lo que pasa. Esto no es Shakespeare y el que así lo crea lo lleva de colores. Ya lo verán por ahí, sin duda, pero alguno parece que entra a ver Ira de Titanes como si entrase a ver la última adaptación de Otelo y así nos va. Esto es cine de evasión pura. Si alguien piensa que el guión va a ser lo más destacado de la película, por favor, que se lo replantee, que respire hondo, y que salga de la sala antes de que empiecen las persecuciones y batallas. El guión es sencillo, discreto, busca no ofender, y está lleno de homenajes al cine de los 80, llegando a convertirse en un remedo de Star Wars con dioses griegos, y sumando líneas de esas que son lapidarias a los diálogos. Algo que parece haber tomado todo este tipo de cine desde que se estrenó 300.
Pero recordemos también la última película de cine de este género a la que nos enfrentamos, la muy inferior Inmortals. Recomiendo a todos los detractores de Ira de Titanes que repasen la escena de Teseo y el minotauro de aquella y la comparen con la de Perseo en ésta. Narración, decorados y minotauro incluido. Ira de Titanes gana por goleada. El hecho de que se haya optado por un minotauro de carne y hueso (y qué minotauro), le da un aspecto que a veces, por desgracia, pierde el resto de la película. Y el laberinto es visualmente impresionante.
Porque la historia es sencilla, los dioses enfrentándose a su último desafío, Zeus secuestrado y Perseo de vuelta a lomos de Pegaso para evitar esta vez que Cronos destruya el mundo. No hace demasiado hincapié en la historia de amor, ni tampoco se vuelve loco buscando esa seriedad y gravedad que tenía la primera y que aquí se aligera con bastante sentido del humor, sobre todo de la mano del personaje de Toby Kebbell, un auténtico robaplanos. O con la aparición de Bill Nighy, que incluye un homenaje/parodia a la película original de los ochenta simplemente brillante. Y es que, además, la película sabe reírse de sí misma.
Antes hablábamos de la coherencia que ha traído Liebesman a la película y eso es algo que se nota, por ejemplo, en el cambio de indumentaria de los dioses (Zeus ya no lleva un traje de papel de aluminio), el diseño de decorados (el Tártaro, el laberinto, la playa de la batalla final) o las escenas de acción, como la violenta pelea entre Perseo y Ares o el desenlace final, que no puede por más que recordarnos el asalto a la Estrella de la Muerte de El Retorno del Jedi. Y si alguien no me cree cuando digo que homenajea a Star Wars, observen el diálogo de despedida entre Perseo y su hijo.
Y todo ello con un 3D que esta vez sí funciona (ojo a la mantícora que asalta el pueblo y su cola, o el paseo por el laberinto, sin ir más lejos), una conversión excelente porque aprovecha lo más efectista del 3D y lo pone en una película que necesita y quiere ser efectista. Directa, rápida y divertida.
En definitiva, Ira de Titanes no pasará a ser un clásico del cine, pero sí supone un entretenimiento de primer orden que en apenas hora y media de proyección nos da aventuras, acción, épica y una buena colección de efectos especiales (aunque algunos sean… más especiales que efectos, como los cíclopes), con poco tiempo para la reflexión y aire a veces de videojuego, a veces de cine de aventuras de otro tiempo. Con un reparto que se lo pasa pipa en sus personajes (los duelos dialécticos entre Liam Neeson y Ralph Fiennes, el aire de héroe por error de Sam Worthington…) y unos espectadores que seguro se lo pasarán bien con esta secuela. Ni siquiera da tiempo a aburrirse…(ACCION DE CINE).



La ‘Furia de titanes’ (2010) de Louis Leterrier insistía, con singular incompetencia, en aplicar cargas de profundidad y complejidad dramática a lo que no era más que mitología de derribo (en el sentido más amplio del término). Cualquier espectador con ganas de juerga hubiera preferido que aquel remake se concentrase en los placeres más, digamos, epidérmicos del género de espadas y sandalias. A saber: los monstruos, las peleas, la sangre y la gloria. ‘Ira de Titanes 3D’ no es exactamente ese orgiástico post-péplum para la era ‘Transformers’ que ansiaba nuestro poligonero interior, pero el director Jonathan Liebesman parece tener más claras sus prioridades: el grandilocuente argumento, las subtramas sentimentales y el sustrato grave no son más que una excusa para conjurar algunas de las set pieces más enérgicas de la temporada.
Liebesman emplea esa urgencia de cámara en mano y primera línea de fuego que testó en la inferior ‘Invasión a la Tierra’ (2011), consiguiendo imprimir fisicidad a secuencias tan extravagantes como el enfrentamiento de Sam Worthington (transmutado en el doble apolíneo de Danny McBride) con la quimera. Más cercana al sturm und drang del videojuego ‘God of War’ que al clásico de Desmond Davis, ‘Ira de Titanes 3D’ remata su despilfarro de adrenalina con una desconcertante invitación al ateísmo: ideal para estas vacaciones.(FOTOGRAMAS).

viernes, 23 de marzo de 2012

EXTRATERRESTRE





Película: Extraterrestre. Título internacional: Extraterrestrial. Dirección y guion: Nacho VigalondoPaís: EspañaAño: 2011. Duración: 90 min.Género: Comedia románticaciencia-ficciónInterpretación: Michelle Jenner (Julia), Julián Villagrán (Julio), Carlos Areces (Ángel), Raúl Cimas(Carlos), Miguel Noguera (tipo). Producción: Nahikari Ipiña y Nacho Vigalondo. Música: Jorge Magaz. Fotografía: Jon D. Domínguez. Dirección artística:Idoia Esteban. Vestuario: Ana María Holgueras. Distribuidora: Vértigo FilmsEstreno en España: 23 Marzo 2012Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años. 


En “Extraterrestre”, Julio y Julia no se conocen el uno al otro, pero despiertan en la misma cama después de una borrachera de la que no recuerdan nada. Él se enamora al instante; ella no. Y por si la situación no fuese lo suficientemente incómoda, Julio y Julia se dan cuenta de que un gigantesco OVNI flota sobre la ciudad. 


......Deliciosamente lánguida, agudamente profunda, “Extraterrestre” no es sino un radical circunloquio en torno a una post data emocional, concretada en un clímax que invita a la reflexión acerca de lo que nos impulsa como seres individuales. Vigalondo, además, se desvela como un gran director de actores, exprimiendo las posibilidades de un reparto minúsculo en el que cómicos de raza como Villagrán, Raúl Cimas y Carlos Areces orbitan alrededor de una Michelle Jenner estupenda como dulce objeto de deseo; mención aparte merece un autorreferencial Miguel Noguera, guinda de un pastel que demuestra una vez más que, con poco, se puede hacer mucho. (LA BUTACA).


.....  "Extraterrestre", su segundo largometraje, se adentra en un género bien distinto, utilizando una nave espacial como trasfondo encierra a los personajes en un edificio, dando lugar a una historia de amor que también es comedia, creando la inusual mezcla de géneros, la ciencia-ficcion y la comedia romántica, no se dejen engañar por el cartel, aquí el ovni solo es una excusa para mantener la tensión del momento, un motivo para llevar a estos personajes a determinadas situaciones y elaborar un guión inteligente, una historia muy bien contada y sorprender en su tercer acto. En ningún momento la historia decae, no deja de sorprender por lo rebuscado de su guión y los giros inesperados que van sucediendose, una lastima que no introdujera mas elementos de ciencia-ficción en la historia, sobre todo para complacer a los amantes de la misma. Abandone la sala con la experiencia de haber visto una buena película que sin duda esta por encima de la media, pero con la sensación de que podría haber sido mucho más.

   La pareja formada por Julián Villagrán y Michelle Jenner esta fantástica, Raúl Cimas y Carlos Areces sostienen gran parte de las escenas que provocaron mas risas, actores ya curtidos en el genero de la comedia que hacen un humor fresco, inteligente y original. Destacar a Raúl Cimas, grande en su actuación y muy grande en algunas de las escenas que mas risas crearon.

   Quizás tenga dudas sobre la aceptación que tendrá la película cuando se estrene en salas españolas, la forma en la que se ha promocionado la cinta no ha sido la mas correcta, aunque ya desde hacia tiempo Nacho señalaba y daba pistas sobre lo que nos íbamos a encontrar, unos la adoraran y otros la repudiaran, pero lo que no se puede negar es que estamos ante el que seguramente sea uno de los directores españoles actuales que mas ha encandilado al otro lado del charco, véase la experiencia ocurrida con "Los cronocrimenes", si algo sabe hacer Nacho, además de buenas películas, es promocionarlas, sabe venderlas, cuando apareció el cartel todo el mundo se preguntaba por la pelota de tenis, algo irrelevante si tenemos en cuenta que en el mismo cartel aparece un ovni (gran detalle y muy inteligente el uso de la pelota en la película). Esperemos a ver que tal la trata el tiempo y la taquilla, desde luego que a quien escribe le ha encantado, y logro crear carcajadas y aplausos en la sala, lo cual no es nada fácil y ya es todo un logro. (EL SEPTIMO ARTE)



Como bien saben los seguidores de la ciencia-ficción y el cine de catástrofes, la última palabra en la evolución de esos géneros pasa por conjugarlos en clave íntima: colocando el acento en el yo de esta era del narcisismo. Vigalondo propone aquí una estimulante variación sobre el modelo, al colocar la sombra (y la posibilidad) de una aparatosa invasión sobre lo que parece una comedia portátil de enredos sentimentales. Al abrir los ojos, su protagonista descubre lo que podría ser la respuesta legañosa y unplugged a lo que veía Richard Dreyfuss al final de Encuentros en la Tercera Fase (Steven Spielberg, 1977). En una (cotidiana) tierra extraña, se convertirá en el intruso dentro del tenso juego de fuerzas (sentimentales) que ha crecido en un rellano de escalera, mientras, sobre los cielos de Madrid, un presunto ejército invasor parece suscribir aquel bartlebyano preferiría no hacerlo. Del mismo modo que, por debajo de Los Cronocrímenes (historia de un tipo que construye y destruye su fantasma sexual), latía el recuerdo de Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958), Extraterrestre revive la memoria de otro clásico imperecedero: Casablanca (Michael Curtiz, 1942), cuya épica de la retirada palpita en las decisiones que toma un antiheroico Julián Villagrán ante las derivas de ese héroe paranoico que compone un Raúl Cimas soberbio. (FOTOGRAMAS).

viernes, 9 de marzo de 2012

INTOCABLE




Película: Intocable. Título original: Intouchables. Dirección y guion: Eric Toledano y Olivier Nakache. País: FranciaAño: 2011. Duración: 115 min.Género: Comedia dramáticaInterpretación: François Cluzet (Philippe),Omar Sy (Driss), Audrey Fleurot (Magalie), Anne Le Ny (Yvonne), Clotilde Mollet (Marcelle), Alba Gaïa Bellugi (Elisa), Cyril Mendy (Adama), Christian Ameri (Albert). Producción: Nicolas Duval-Adassovsky, Laurent Zeitoun y Yann Zenou.Música: Ludovico Einaudi. Fotografía: Mathieu Vadepied. Montaje: Dorian Rigal-Ansous. Vestuario: Isabelle Pannetier. Distribuidora: A Contracorriente FilmsEstreno en Francia: 2 Noviembre 2011. Estreno en España: 9 Marzo 2012Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.


Tras un accidente de parapente, Philippe, un rico aristócrata, contrata a Driss como asistente y cuidador, un joven procedente de un barrio de viviendas públicas que ha salido recientemente de prisión —en otras palabras, la persona menos indicada para el trabajo—. Juntos van a mezclar a Vivaldi y “Earth, Wind & Fire”, la dicción elegante y la jerga callejera, los trajes y los pantalones de chándal. Dos mundos van a chocar y van a tener que entenderse mutuamente para dar lugar a una amistad tan demencial, cómica y sólida como inesperada, una relación singular que genera energía y los hace… ¡intocables!


......Olivier Nakache y Eric Toledano escriben y dirigen una película basada en hechos reales, aunque tamizada por el humor, el tono de su trabajo es de comedia, aunque no falten los momentos dramáticos. Aciertan los autores en su dibujo de "la extraña pareja", saben darnos en el momento justo la información que necesitamos de los personajes, la viudez de Philippe, su hija adolescente, su amor platónico, y la complicada familia de Driss y el modo en que llegó a Francia.
Domina en la narración el tono ligero, estamos ante una película desengrasante. No es que se quite hierro a la difícil vida de alguien en el estado de Philippe, pero sí hay un intento de desdramatizar, con abundantes gags, donde la química entre François Cluzet y Omar Sy es perfecta, demostrando este último actor ser un auténtico "ganso", algunos de los momentos que brinda son realmente desternillantes. Las bromas son en general elegantes, tienen estilo, aunque no falte alguna frivolidad acorde a la visión de la sexualidad dominante en la actualidad.(DE CINE 21).




Cada temporada se estrena una estampida de películas diseñadas con mentalidad de éxito. Suelen ser amables, de algún modo comprometidas y con protagonistas luchadores. Pero, pese a esa fórmula sencilla, son pocas las que alcanzan su objetivo y muchas las que se vuelven deshonestas en su esfuerzo por gustar. Intocable entra en esa minoría de films que buscan a un público amplio sin recurrir a artimañas indecorosas. Sobre el papel, siendo esta una película claramente comercial, su estampida de temas importantes genera desconfianza: diferencia de clases, integración social, discapacidad física y racismo. Demasiados asuntos que precisan del trato adecuado para no dar films moralistas, efectistas o lacrimógenos. Pero sus directores y guionistas se manejan bien con el combinado para explicar la amistad entre un millonario tetrapléjico y el inmigrante negro que le cuida. Las claves de la eficacia de Intocable son una huida de la compasión, una escritura cuidadosa de los personajes y un uso extraordinario del humor: los autores no temen a la comedia negra para relativizar el dolor y hablar con sagacidad del ser humano.(FOTOGRAMAS).


Lo he dicho y no me cansaré de decirlo: la corrección política me parece castrante. Por eso me ha resultado especialmente liberadora esta comedia de origen francés que ha batido todos los récords de recaudación del país vecino y demuestra ser capaz de meterse en el bolsillo a todo tipo de audiencias, independientemente de la edad, sexo, color, procedencia cultural o cualquier otra cosa que nos separa a cada uno de nosotros de nuestro prójimo. ¿Su secreto? La sencillez.
Partiendo de una historia real, la película nos habla de algo que ha estado ocurriendo, ocurre y afortunadamente ocurrirá en nuestra sociedad, sin que ningún ministro de igualdad o bicharraco de similar calibre tenga que marcarnos la pauta de cómo hablar o cómo escribir o cómo dirigirnos a un público: gente muy distinta, de distintos estratos sociales, con distinta educación, distintos intereses, distinta condición física, color, raza, sexo, etcétera, es protagonista y como suele suceder a ratos también víctima, de un pequeño milagro consistente en descubrir que en lo esencial, todos somos iguales.
Ojo, he dicho en lo esencial. Sin eliminar las particularidades ni las características, costumbres, raíces culturales, lastres sociales o manías persecutorias que nos caracterizan como individuos y en muchos casos son las que nos hacen sacar los pies de la cama cada mañana para seguir jugando a vivir.
Intocable cuenta la historia de un tipo, negro, de suburbio, recién salido de la cárcel, que encuentra a otro tipo, blanco, con abultada fortuna y obligado a convivir con una silla de ruedas. De tan improbable asociación, que no obstante su poca probabilidad acabó dando frutos en la vida real, como nos demuestran las imágenes finales en los créditos presentándonos a los verdaderos protagonistas de la historia, sale una de las películas más frescas y humorísticamente plenas que  ha llegado a la cartelera en mucho tiempo. La asociación de la naturaleza eminentemente gamberra, pero además esencialmente ingenua de uno de los personajes, y las ganas de mandar a tomar por saco las babas y atenciones de quienes le rodean de otro, consiguen tender los puentes para que la alianza sea posible. La explicación de por qué el adinerado en silla de ruedas reconoce a su asistente torpe y básicamente ajeno como un igual radica en que éste, desde su físico en pleno funcionamiento y desde su juventud, realmente le ve como un igual,  tan igual que la mayor parte de las veces ni siquiera se acuerda de que el otro está en una silla de ruedas y no puede mover más que la cabeza, así que ni siquiera se molesta en acercarle las cosas. Más aún, el de los suburbios ni siquiera  trata al otro como su jefe, sino más bien como a un tío plasta que le puede conseguir un documento para seguir cobrando el paro al principio y más tarde simplemente como a un amiguete algo excéntrico que vive en un palacio y tiene una bañera y una secretaria que está muy buena y a la que le gustaría meter en la bañera. De la silla de ruedas, nada. Bueno, sí, algo, es un coñazo y no piensa ir con ella en una furgoneta si tiene un cochazo deportivo en el que puede acomodarse con su colega para ir a dar un paseo y correr como el demonio.
No se equivoquen: no hay un mínimo atisbo de deleznable baba buenrrollista en toda la película, no hay discursitos ministeriales de sociedad humanista perfecta y tolerancia. Lo de estos tipos no es algo tan infumable como la “tolerancia”, ese término tan curioso que básicamente consiste en que yo “tolero” a otro, es decir, le aguanto, me fastidio y soporto con los pocos gramos de humanismo gafapasta que algún otro tenga la tremenda osadía de ser distinto a mí, aunque no me guste un pelo esa diferencia. Lo exige la civilización.
Aquí simplemente lo que hay es que los dos protagonistas simplemente se reconocen como iguales pasando por encima de todas sus diferencias y de todo aquello que les separa, pero sin cometer el tremendo error de ignorar las muchas cosas en las que difieren. En lugar de barrer toda la basura bajo la alfombra y esconderla para que no se vea, aunque sigue estando allí, que viene a ser la doctrina de lo políticamente correcto y la tolerancia de las narices, asumen lo que son y tiran para adelante, porque no les queda otra, y si hay que bailar con la más fea (¡Sí, sorpréndanse, en este mundo hay gente fea! ¡y guapa! ¡y gorda! ¡y baja! ¡y demasiado alta!....), se baila, a ver si cae algo por algún sitio, que todo pudiera ser.
Esa filosofía de la vida es lo mejor de lo que nos transmite al salir del cine Intocable, un título que imagino alude a ambos protagonistas, la pareja humorística con más química y mejor conjuntada que he visto en el cine desde que Walter Matthau se peleaba con Jack Lemmon en las películas de Billy Wilder.
La película se construye sobre el protagonismo bicéfalo de estos dos personajes, y tiene mucho cuidado de no cargar las tintas en lo más dramático de sus vidas, aunque sin esconderlo. Por ejemplo la relación del tipo de suburbio con su madre y sus hermanos y hermanas queda expresada con muy pocas secuencias, eminentemente visuales, sin diálogo, pero bastante emotivas, del mismo modo que se aborda su pasado. Lo mismo ocurre con la vida que lleva el tipo de la silla de ruedas, con su hija, con esa amiga y la relación que mantiene con ella por carta, y por supuesto con la propia silla de ruedas…
Sólo hay una escena que realmente corre el riesgo de caer en lo excesivamente poético y discursivo: el vuelo en ala delta o similar –tampoco me fijé mucho en qué tipo de chisme estaban utilizando para pasearse entre las nubes-, pero se la perdonamos, porque antes tiene esa entrada decidida y sin hacer prisioneros en la historia, con la persecución de la policía, que convierte hábilmente todo el relato en una especie de flashback incorporando un cierto toque de intriga muy saludable para el relato, que se mantiene casi hasta el final sobre la pregunta: ¿qué les pasó a estos dos tipos para acabar así en esa carretera? ¿Cómo dos tíos tan distintos llegaron a esa amistad?
Si quieren pasar un buen rato y ver una buena comedia que quizá ayude de paso a cambiar algo su forma de mirar e incluso ver algunas cosas y personas que nos rodean, vayan a ver Intocable. Está entre lo más recomendable de la cartelera de este fin de semana.(ACCIÓN DE CINE).

domingo, 4 de marzo de 2012

LUCES ROJAS




Película: Luces rojas. Título original: Red lights. Dirección y guion: Rodrigo CortésPaíses: España y USAAño: 2012. Duración: 119 min. Género:Thriller sobrenaturalInterpretación: Cillian Murphy (Tom Buckley),Sigourney Weaver (Margaret Matheson), Robert De Niro (Simon Silver),Elizabeth Olsen (Sally Owen), Leonardo Sbaraglia (Palladino), Toby Jones(Doctor Shackleton), Joely Richardson (Monica Handsen). Producción: Rodrigo Cortés y Adrián Guerra. Música: Víctor Reyes. Fotografía: Xavi Giménez. Dirección artística:Antón Laguna. Vestuario: Patricia Monné. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International SpainEstreno en España: 2 Marzo 2012Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.

En “Luces rojas”, dos investigadores de fraudes paranormales —la veterana doctora Margaret Matheson y su joven ayudante Tom Buckley— estudian los más diversos fenómenos metapsíquicos con la intención de demostrar su origen fraudulento. Simon Silver, legendario psíquico, tal vez el más célebre de todos los tiempos, reaparece después de treinta años de enigmática ausencia para convertirse en el mayor desafío mundial para la ciencia ortodoxa y los escépticos profesionales. Tom comienza a desarrollar una densa obsesión por Silver, cuyo magnetismo se refuerza de forma peligrosa con cada nueva manifestación de oscuros fenómenos inexplicables…


Luces rojas. Después de Buried, Rodrigo Cortés nos propone otro interesante juego de intriga en el que brilla especialmente Sigourney Weaver.
Sacándole el máximo partido a sus actores, Cortés proporciona en Luces rojas uno de los mejores papeles que hemos visto interpretar a la protagonista de Alien en los últimos tiempos. No es que Sigourney Weaver necesite reivindicación de ningún tipo a estas alturas, pero lo cierto es que el personaje de la doctora Matheson (en la entrevista que publicamos en la edición en papel de la revista nos aclara qué significado tiene para él ese apellido),  que Cortés le propone en Luces rojas es uno de los más interesantes que le hemos visto interpretar a la actriz desde hace mucho tiempo. Ocurre lo mismo con el personaje de psíquico interpretado por Robert De Niro, actor muy dado a autoparodiarse o autoexplotar su imagen en los últimos años y que en esta ocasión tiene sin embargo algo a lo que agarrarse para construir un personaje muy interesante. Como suele ocurrir en el cine del director de Concursante o Buried, su personaje de villano va más allá de lo previsible y supera con relativa facilidad las barreras del tópico para convertirse en otra cosa a medida que avanzamos hacia un final con revelación sorpresa. Es especialmente curioso el trabajo de guión para que estos dos astros de Hollywood, Weaver y De Niro, puedan mantener un duelo en la película sin llegar a enfrentarse directamente.
Cuando le pregunté al director por la forma en la que había concebido este proyecto y destaqué su empeño por apartarse de los tópicos incluso desde el principio del relato, cuando aborda una sesión espiritista pero sorprende dando un giro inesperado a la situación con el que empieza a facilitarnos información sobre los dos proatagonistas, interpretados por Cillian Muphy y Sigourney Weaver, Cortés contestó: “La repetición de las fórmulas puede ser la tónica del cine actual, pero la experiencia demuestra que eso también es arriesgado. Si eso fuera la clave del éxito, sería fácil, pero es que tampoco es así. Al final la observación del entorno te permite darte cuenta de que las posibilidades de éxito son muy escasas. Y la gente hace películas por consenso que no funcionan. Y hay películas personales que tampoco funcionan. Y películas personales que sí y películas por consenso que sí. Y en general son noventa que no funcionan y diez que sí. Dado que la posibilidad del éxito es muy escasa, al menos que sea con algo en lo que creas, en algo en lo que puedas poner tu corazón, tu cabeza, tus huesos, tus músculos y tu piel. Que por lo menos todo aquello que no le guste a nadie de tu película sea culpa tuya. Supongo que siempre ha existido esta tendencia a la repetición en el sentido en que todo el mundo busca, dentro de lo posible, seguridades y garantías, pero había un convencimiento mayor de que no era posible. En los viejos estudios seguro que había muchos problemas para poder expresarte con una voz personal, pero estaban regidos por gente que amaba el cine, sin duda. El dinero llegaba. Ahora mismo, mucha de la gente que trabaja produciendo el cine, no toda, no ama el cine, y lo considera lo mismo que una caja de zapatos o una hamburguesa, y su capacidad de hacer dinero con el cine no ha mejorado. Así que sería conveniente que intentáramos convertir nuestras películas en la mejor versión posible de sí mismas y confiar en que el resto de llega”.
Es esta capacidad para arriesgarse otorgándole personalidad propia a su fábula sobre los fenómenos paranormales  lo que queda resumido a la perfección en el planteamiento argumental arriesgado de Luces rojas, película sobre la que hay que advertir que, afortunadamente, no es un vehículo de terror con sustos al uso, sino algo mucho más complejo y completo, un juego con el espectador que personalmente me ha recordado a las célebre muñecas rusas que se esconden en el interior de sus hermanas mayores, hasta quedar reducidas a su máxima expresión. La película elige un camino para desarrollarse que requiere como herramienta esencial una cierta complicidad con el espectador ganada sobre todo merced a ese personaje de la doctora Matheson interpretado por Sigourney Weaver, a partir del cual, y siguiendo claves que en mi opinión remiten a la fórmula de Psicosis, juega con el público aprovechando la situación de desequilibrio que genera un suceso que se produce más o menos a mitad de la película y marca el desarrollo del relato a partir de ese momento que marca una alternancia en el protagonismo dentro del relato, que no lleva a seguir el relato a través de otros ojos y con un punto de vista distinto. Sería lo más fácil pensar que la película pierde enteros a partir de ese momento, pero pienso que ese no es el caso. Simplemente es un puente a la sensación de creciente incomodidad que vamos sintiendo a medida que Cortés, como ya hiciera en sus producciones anteriores, consigue instalar en nuestra manera de ver la película dudas razonables sobre lo que estamos viendo en la pantalla. En ese sentido opera el personaje de Leonardo Sbaraglia con un papel que es más que un capricho del director para incorporarle como actor-fetiche al relato. Las dos apariciones de su personaje, Leonardo Palladino, marcan momentos importantes en las dos parte del relato, es como una especie de brújula que marca al personaje de Cillian Murphy de algún modo el camino que va a seguir, un guía que, como no podía ser menos en el juego contra el tópico practicado habitualmente por el cine de Ricardo Cortés, no guía ni da pistas cruciales, simplemente está ahí plantado, como una especie de marca o señal en el camino, facilitando un tránsito fluido de la parte del relato protagonizada por Matheson a la parte en la que domina Buckley, siendo en ambas el papel de De Niro, Simon Silver, una especie de sombra que crece en tamaño a medida que progresa la fábula, hasta convertirse en el antagonista total del relato.
Hay que decir por tanto que Luces rojas no es una historia de terror propiamente dicha, aunque al mismo tiempo va más allá del suspense, y tiene cierta cualidad de espejo, porque de algún modo nos vemos reflejados en esa especie de pulso entre creer y no creer que es lo más interesante de la película y mantienen el personaje de Sigourney Weaver con el de Toby Jones.
Una propuesta interesante por tanto, arriesgada y que no nos va a dar lo que quizá esperen algunos en una clave de espectáculo terrorífico, aunque proporcione un buen ejercicio de juego con nuestra capacidad para creer o no creer lo que vemos en pantalla  y para implicarnos en los acontecimientos que allí se suceden, en un esquema argumental sobre la verdad, la mentira y las incógnitas del mundo de lo inexplicable.  (ACCIÓN CINE).




........“Luces rojas” se beneficia de los dos grandes puntales del realizador, una dirección soberbia y una excelente labor de edición, que corre también a su cargo y se convierte progresivamente en la principal herramienta para atrapar al espectador. Y envolviendo el conjunto, un fantástico trabajo de sonido ─tanto en el gravísimo score de Víctor Reyes como en la edición sonora─ y una gran fotografía de Xavi Giménez, conformando un espectro técnico rematado por un elenco elegido con acierto incontestable. Sigourney Weaver recupera ese aura resabiada y atractiva de sus Helen Hudson o Grace Augustine, acompañada de un tormentoso Cillian Murphy ─su físico se acopla al personaje perfectamente─, una Elizabeth Olsen a la que hay que empezar a seguir muy de cerca, los siempre estupendos Toby Jones y Joely Richardson y un Robert De Niro al que hacía tiempo no veíamos tan bien aprovechado en pantalla. Toda una alegría.(LA BUTACA).


Luz y oscuridad, una dicotomía tan simple como universal, iluminaría el secreto discurso enterrado en el cine de Rodrigo Cortés. Tres películas hasta la fecha que parecen evocar, desde un apasionante juego del despiste genérico y del claroscuro, a dos faros referenciales: Roger Corman y Jacques Tourneur. Aun envuelto en códigos modernos, en ambientes y lenguaje de, por ejemplo, Christopher Nolan, Luces Rojas es hija del gran fantástico de los años 50. Ese ciego y borgiano orate al que da vida Robert De Niro podría ser el Ray Milland cormaniano automutilado por las revelaciones de los rayos X. Sí, en el largo prolegómeno que dedica Cortés a perseguir fantasmas hay mucho de la moral y el zozobrante choque entre seres humanos y la posibilidad de una terrible divinidad de quien se sacara los ojos cuando creyó ver a Dios.
En la segunda parte, la más brillante, penetraremos en un sobrecogedor páramo (o una carretera perdida lynchiana: la habitación roja del vidente) de miedos, supersticiones, magia, engaños y verdades desoladoras. Es terreno de Tourneur, de La Noche del Demonio (1957), de un enrarecido clímax, teatral, majestuoso, donde se materializan los horrores enfrentando ciencia y fe. Un acto de fe es Luces Rojas: abramos los ojos para querer creer en ella, para querer entenderla.(FOTOGRAMAS).