viernes, 18 de mayo de 2012

PROFESOR LAZHAR




Película: Profesor Lazhar. Título original: Monsieur Lazhar. Dirección:Philippe Falardeau. País: CanadáAño: 2011. Duración: 94 min. Género:Comedia dramáticaInterpretación: Mohamed Fellag (Bachir Lazhar), Sophie Nélisse (Alice), Émilien Néron (Simon), Danielle Proulx (Srta. Vaillancourt), Brigitte Poupart (Claire), Vincent Millard (Victor). Guion:Philippe Falardeau; basado en la obra de Evelyne de la Chenelière. Producción: Luc Déry y Kim McCraw. Música: Martin Léon. Fotografía: Ronald Plante. Montaje: Stéphane Lafleur. Diseño de producción: Emmanuel Fréchette. Vestuario: Francesca Chamberland. Distribuidora: A Contracorriente FilmsEstreno en Canadá: 28 Octubre 2011. Estreno en España: 18 Mayo 2012. Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.


Bachir Lazhar, de 55 años y origen argelino, es contratado como sustituto de un maestro de primaria que ha muerto en trágicas circunstancias en una escuela de Montreal. El carisma y la forma muy particular de enseñar del profesor Lazhar resultarán fundamentales para sacar adelante el curso y cambiar la vida de sus jóvenes alumnos.


Profesor Lazhar, una gran película que habla de la superación de la pérdida sin tragedia gratuita, respetando al espectador. Imprescindible.
Siempre digo que no me gustan las películas con niños. Principalmente porque los niños suelen ser tratados en el cine como muchas veces los trata la sociedad, como si más que niños fueran animales de compañía, muñecos de peluche o adornos para sacarse una foto en el jardín. Cualquier cosa antes que simplemente lo que son: personas en la primera etapa de su vida. Personas completas. Inocentes o no. Simpáticos o no. Divertidos o no. Como cualquier otra persona en cualquier otra etapa de su vida.
Profesor Lazhar me ha confirmado que lo que no me gustan no son las películas con niños, sino las películas que reducen la infancia a una etiqueta, o las películas con niños repelentes, resabiados, esas estrellas en miniatura que de repente te hacen recordar al Pewee Herman de la película de Tim Burton… y son una especie de monstruitos intragables.
Por el contrario, cuando los niños son como los que arrancan la trama de Profesor Lazhar, dignos, inteligentes, entrañables e incluso divertidos, pero divertidos no como animales de compañía o trofeos sociales para sus padres, sino como personas de talento capaces de mirar la vida con una socarronería que muchos pensarían no es muy natural para su edad. En realidad sí es natural, porque hay niños más socarrones que otros, y lo de la inocencia infantil está sobrevalorado por el melodrama barato y facilón, cualquiera que haya tratado con niños lo sabe.
La alianza de esa naturalidad de comportamiento y esa socarronería de personajes infantiles completos, no mutilados por los tópicos sociales sobre la infancia que vemos en el patio del colegio al principio, junto con ese descubrimiento que introduce el caos de lo terrible en su mundo cotidiano más o menos ordenado, es un buen punto de arranque para atrapar al espectador. Ese plano del niño que va a buscar ayuda, o mejor a contar lo que ha visto, y se pierde en el pasillo, al otro lado de una puerta abierta. Ese plano que se mantiene y nos echa encima toda la tensión de no saber qué va a ocurrir a continuación, es un excelente principio para engancharnos a esta historia.
Y no es una historia fácil. Aunque el director se las ingenia para que sus momentos difíciles transcurran sin el histrionismo del melodrama, con una fluidez marcada por la música que hace esa dificultad al mismo tiempo más cercana y menos insoportable para el público. El encadenado de la declaración de Lazhar en el tribunal y la secuencia siguiente en la que abre esa caja de cartón triste de los recuerdos de un pasado consumido brutalmente es uno de los momentos más duros de la historia, pero perfectamente soportable por el público, porque no está trabajando audiovisualmente sobre el histrionismo, sino sobre una demoledora naturalidad que nos recuerda al mismo tiempo que no vivimos en una idealista fantasía de Hollywood, que los momentos duros existen, que la pérdida es una constante en nuestras vidas, a distintos niveles, y que todo es, por terrible que resulte, es habitual, cotidiano.
El tema de la película es la pérdida y aún más la recuperación de esa pérdida. Dicho tema nos llega con una elegancia sutil y fluida que se aparta de la inverosimilitud de las fórmulas del melodrama para abrazar las del drama sin cargar las tintas más de lo imprescindible en lo que se refiere a la tragedia de los personajes. Porque el tema de la película es más la recuperación que la propia pérdida. Una recuperación expresada en pequeños detalles. Como ese sello para calificar trabajos de alumnos que Lazhar recupera del pasado, de su esposa, o ese momento en el que vuelve a bailar, o el detalle del niño que vuelve a gastar bromas con el sombrero de su compañero… Pequeños rasgos que nos preparan para ese tercer acto de la historia en una película que tiene como principal arma una demoledora sencillez capaz de desarmarnos.
Esa cercana naturalidad es lo que nos conquista como espectadores en esta película donde se nos habla también de la violencia. Tal como explica una frase de diálogo de Lazhar cuando intenta defender la expresión violenta de una alumna en una redacción sobre el asunto con el que arranca la película: “Es la vida lo que es violento. No el texto”.
En un remanso de supuesta paz, la violencia no ha desaparecido. Está en la soterrada xenofobia que los educados padres de una de sus alumnas utilizan con supuesta elegancia contra Lazhar como medio para imponerse en la habitual pugna entre padres y profesores.
Además, se plantean otros temas que inevitablemente están en el debate de la educación, y de cómo ha cambiado la educación. Del miedo de los profesores a salirse de las normas en el trato con los alumnos, expresado por el profesor de gimnasia (tan astuta y bien definido por su silbato): “Hoy se trabaja con los niños igual que con los residuos radiactivos. Manos fuera o te vas a quemar (…) Intenta enseñarles en el caballo con arcos sin tocarlos”.
Mención especial merece la forma sencilla de contar su historia de esta película que en poco más de hora y media mueve a sus personajes por un amplio abanico de asuntos, algunos de ellos, como el pasado de Lazhar, solucionados de manera eficaz en tan sólo dos o tres secuencias (la cita con el abogado, la declaración ante al tribunal, la apertura de la caja de cartón).
Finalmente, la película da una lección magistral sobre lo que es o debe ser un aula, cualquier aula, con cualquier tipo de alumnos, sin importar la materia que se imparta en la misma, ni la edad o procedencia de los que allí estudian. Al menos eso es lo que pensamos muchos que nos dedicamos a dar clase. Lazhar les dice a sus alumnos: “Un aula es un lugar para la amistad, el trabajo y la cortesía. Un lugar lleno de vida al que le dedicas tu vida y en el que te dan su vida”.
Los profesores aprendemos tanto de los alumnos como nos gusta pensar que los alumnos aprenden de nosotros, independientemente de si somos capaces de enseñarles algo o no.
Y ese espíritu del ideal de lo que debería ser la enseñanza está muy bien reflejado en esta película que consigue ganarse al espectador desde su sencillez y su sinceridad. Sin trucos, sin trampas.
Como se debería tratar a los niños: con el respeto que merecen como seres humanos capaces de pensar. El mismo respeto con el que trata a sus espectadores esta película.( REVISTA ACCIÓN).


Desconozco la pieza teatral que sirve de base a esta película absorbente, pero qué duda cabe que los mimbres con que parece hecha no pueden ser más pertinentes: integración cultural, social y laboral de personas de otras culturas, choques que ocasiona dicha integración, responsabilidad de una sociedad avanzada en la preservación de oportunidades en una situación económica cada vez más compleja: ahí es nada.
Y de todo esto va 'Profesor Lazhar', una película considerablemente audaz, que concede protagonismo no a un inmigrante magrebí pobre, sino a un maestro de escuela; y que condensa en el aula de clase de una escuela canadiense todas las contradicciones de una sociedad permeable y compleja.
Concebida para hacer pensar, pero sin ocultar también que lo hace a partir de los sentimientos, la película que ha dirigido Philippe Falardeau sirve igualmente para hacernos ver que, detrás de un inmigrante, hay todo un mundo, unas contradicciones no menores que las nuestras: el poderoso peso de una historia personal, duros traumas incluidos. Hábil para pulsar las más finas cuerdas emotivas (ahí es nada enfrentar a la infancia con la muerte), la mezcla de drama y sonrisas de este film lo hacen particularmente apto para públicos variopintos.(FOTOGRAMAS).




......Partiendo de una obra teatral escrita por Evelyne de la Chenelière concebida, curiosamente, como un monólogo para un sólo personaje, Falardeau logra con este filme toda un ejercicio de inteligencia para trazar con muy pocos elementos y de forma harto sutil un puñal que ataca a la razón, un filme que juega con habilidad a mostrar sin juzgar para que el público pueda interpretar su propia lección y que, a medio camino del drama y la comedia, resume sin salir del recinto de una escuela y con humildad una variada ración de temas y contradicciones a las que regresar después de los créditos, algo que no es óbice para que lejos de ser una producción moralista e intencionada a mayor gloria de un profesor en apuros con el resto del mundo al fondo, léase ese 'Katmandú' de Iciar Bollain, este logre extraer una brillante interpretación de todos sus jóvenes intérpretes capaz de arrebatar el corazón, capaz de que luzcan como aquello que son en realidad, como niños... pero de carne y hueso, que no de película. 

Y es que 'Profesor Lazhar' es una película que luce como la vida misma, con sus pros y sus contras, y cuya lección resulta mucho más estimulante que la del Carpe Diem de John Keating por una sencilla razón, aquí nadie se levanta al final para gritar ¡Oh Capitán, mi capitán!, aquí nadie te da una respuesta concluyente que no sea que las verdades hay que buscarlas ahí fuera, y si acaso la de poner punto final a su argumento como compromiso narrativo y emocional para con el espectador. No. Aquí por no haber no hay casi ni música que, como decía el Jim Carrey de 'Un loco a domicilio', hacía que las películas siempre fueran mejores que la realidad... ¿y lo son? Puede ser, supongo, dependerá del grado de manipulación del que guste cada uno.(EL SEPTIMO ARTE).

Nota: 7.25


Lo Mejor
- Su buena caligrafía

Lo Peor
- La frialdad de sus emociones

domingo, 13 de mayo de 2012

SOMBRAS TENEBROSAS




Película: Sombras tenebrosas (Dark shadows). Título original: Dark shadows. Dirección: Tim BurtonPaís: USAAño: 2012. Género: Comedia,fantásticoInterpretación: Johnny Depp (Barnabas Collins), Michelle Pfeiffer(Elizabeth Collins Stoddard), Helena Bonham Carter (Dra. Julia Hoffman),Eva Green (Angelique Bouchard), Chloë Grace Moretz (Carolyn Stoddard),Jackie Earle Haley (Willie Loomis), Jonny Lee Miller (Roger Collins), Gulliver McGrath (David Collins), Bella Heathcote (Victoria Winters), Ray Shirley (Sra. Johnson),Christopher Lee (Clarney). Guion: Seth Grahame-Smith; a partir de un argumento de John August y Seth Grahame-Smith; basado a su vez en la serie de televisión creada por Dan Curtis. Producción: Christi Dembrowski, Johnny Depp, David Kennedy,Graham King y Richard D. ZanuckMúsica: Danny ElfmanFotografía: Bruno Delbonnel.Montaje: Chris Lebenzon. Diseño de producción: Rick Heinrichs. Vestuario: Colleen Atwood. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International EspañaEstreno en USA: 11 Mayo 2012. Estreno en España: 11 Mayo 2012Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.


“Sombras tenebrosas (Dark shadows)” es la adaptación cinematográfica de una serie de televisión de la década de los 60 en la que se dejaban ver habituales criaturas del mundo del terror, como fantasmas, zombies, vampiros, licántropos o brujas. En el año 1752, Joshua y Naomi Collins, con su jovencito hijo Barnabas, zarpan de Liverpool, Inglaterra, para iniciar una nueva vida en América. Pero incluso un océano no es suficiente para escapar de la misteriosa maldición que ha caído sobre su familia. Pasan dos décadas y Barnabas (Johnny Depp) tiene el mundo a sus pies, o por lo menos la ciudad de Collinsport, Maine. Barnabas, el amo de Collinwood Manor, es rico, poderoso y un mujeriego impenitente… hasta que comete el grave error de romperle el corazón a Angelique Bouchard (Eva Green). Angelique, una bruja en toda la extensión de la palabra, le condena a un destino peor que la muerte: le convierte en vampiro y le entierra vivo. Dos siglos después, Barnabas sale de su tumba y emerge en 1972 en un mundo muy distinto del que conocía. Regresa a Collinwood Manor para encontrar que lo que en su tiempo era una gran casa solariega, está ahora en ruinas. A los restos disfuncionales de la familia de Collins no les ha ido mucho mejor que a la casa, y cada uno de ellos encierra oscuros secretos. La matriarca Elizabeth Collins Stoddard (Michelle Pfeiffer) ha recurrido a una psiquiatra residente, la Dra. Julia Hoffman (Helena Bonham Carter), para que la ayude en sus problemas familiares.


Durante los últimos 15 años, Tim Burton se ha afanado en dos tareas autorreferentes: atraer obras ajenas hacia su universo (El planeta de los simios, Alicia en el País de las Maravillas, Charlie y la fábrica de chocolate, Sweeney Todd) o revisitar su filmografía (Big Fish, La novia cadáver,la próxima Frankenweenie). Al igual que sus protagonistas, aislados por la acción u omisión de los otros y propensos a la venganza, el cineasta norteamericano vampiriza sus libros o series de referencia como una pequeña victoria que reafirma su propia visión artística. Sombras tenebrosas, basada en un serial estadounidense de los 60, sufre ese mismo proceso: lo que en aquella ficción televisiva mutaba entre la soap opera, la comedia oscura y los cuentos de terror, aquí se acomoda a los artilugios narrativos hiperreconocibles de Burton.
El prólogo arranca con el noble Barnabas Collins (Johnny Depp) condenado al averno del vampirismo por una bruja (Eva Green) y resucitado después en plena era post-hippie. Ya desde ese punto la película se instala en la inercia de la repetición: ¿otra vez Bonham-Carter? ¿otra vez una novia fantasma? ¿otra vez un niño incomprendido? Así, quizá la participación más estimulante del proyecto sea la del guionista Seth Grahame-Smith, autor de la estupenda Orgullo y prejuicio y zombies. Las mejores etapas del metraje nos hacen pensar que él pueda ser el perverso instigador de esa sexualidad screwball entre Eva Green y Johnny Depp que termina robando el filme; o de uno de los momentos manifiestamente malvados (y, claro, celebrados) de la cinta: el descubrimiento por parte del vampiro del logo de McDonald’s y sus conexiones mefistofélicas.
En el intento de Sombras tenebrosas de reubicar la propuesta original en un mosaico burtoniano, se pierden muchos de sus méritos primigenios. Con esta filosofía dominante, la película nunca consigue encajar en menos de dos horas la necesaria esencia serial que exige una narración de este tipo, abandonando demasiados personajes incompletos por el camino. Cuando uno piensa en John Waters rodando este material, mosquea intuir que una gran parte del último trabajo de Burton está viciada por determinados automatismos que suelen acabar en el escaparate de un franquiciado cualquiera.(CINEMANIA).




Es indudable que Tim Burton se merece un respeto guste o no, pues no todos los que dicen hacer cine son capaces de definir un estilo tan característico y personal con la mención de su nombre y sin tan siquiera recurrir a citar alguno de sus trabajos para situarle. Y esa es probablemente la mejor cualidad que puede poseer un artista, ese toque propio y personal que le identifique como tal, si bien esa misma cualidad es un arma de doble filo que puede volverse contra él en el mismo instante en que el propio artista se vea incapaz de alcanzar el volumen de la sombra proyectada por su nombre. No hay nadie como Tim Burton para hacer una película de Tim Burton... incluso en ocasiones tal vez ni el propio Tim Burton. Y evidentemente si lo comento es por algo, y de ese algo hay en 'Sombras tenebrosas', un filme de Tim Burton que aún siendo de Tim Burton no luce tan bien como un buen filme de Tim Burton. ¿Me explico? Y si no me creen lo explicaré de esta forma: Hasta la banda sonora de Danny Elfman se oye muy discreta y sin un tema central que resuene al final.

Recientemente, siento no recordar donde para darle el crédito que se merece, escuché una frase de lo más acertada: No es tanto que el éxito cambie a la gente como que el éxito cambia el cómo te mira la gente. Tim Burton es un autor que lleva 25 años haciendo una de Tim Burton tras otra -salvo excepciones puntuales como esa fugaz visita a un planeta de los Simios al que nadie ha querido volver-, e incluso cuando se ha apropiado de material ajeno que no parecía tener el influjo de su sombra como 'Big Fish' o 'Sweeney Todd', sus dos mejores producciones del siglo XXI, se ha visto ratificada con entusiasmo esta condición de director "original" y "personal" aunque sus únicas y verdaderas creaciones originales (Bitelchús, Eduardo Manostijeras, Jack Skeleton) surgieran en los lejanos años 80. ¿Insinúo con esto que Burton puede ser un autor con muestras de... agotamiento? No es descartable a pesar de que sus dos filmes más taquilleros sean tan recientes como ese 'Charlie y esa 'Alicia' tan insípidos, aunque no es eso a lo que me refiero acerca de un director que siempre se ha mostrado irregular por costumbre incluso dentro de una misma película.

Ahora parece difícil que podamos cansarnos del cine de Christopher Nolan, David Fincher o Quentin Tarantino, pero no cabe duda de que ese día puede llegar (por más que no queramos estar vivos para verlo). No obstante Tarantino tiene algo de lo que carecen los otros dos nombres junto con Burton, y es su capacidad para reinventarse en cada nueva película... para ser distinto sin dejar de ser él aun siendo tan referencialista como lo es Burton, quien le debe mucho por ejemplo a esa Hammer que tan evidente resulta en su última película. Así en 'Sombras tenebrosas' tenemos un filme de Tim Burton que precisamente por ser tan propio de Tim Burton -Johnny Depp incluido- ya no sorprende, ya no luce como una de Burton sino como una más de Burton, que es lo que es: Una más, y que como tal, como "imitación", no marcará sino la huella ya marcada de antemano a la que parece seguir con una elegante falta de ambición. Se deja ver, es más que correcta y en la práctica es sumamente entretenida, pero mientras que en 'Eduardo Manostijeras' ese oscuro romanticismo gótico resultaba arrebatador en esta aparenta ser más una pose, una seña de identidad de obligada presencia más no por ello de verdadera expresión emocional que le suponga reto alguno, y por ende, un auténtico esfuerzo por el que le merezca llevar el producto a otro terreno que no sea el de su comodidad artística.

No es el hecho de tener un toque tan reconocible, que al fin y al cabo es por lo mismo que se le aprecia; es más bien por la falta de riesgo dentro de ese toque tan reconocible que en 'Sombras tenebrosas' no se ve respaldado -salvo por los intérpretes si acaso- por una historia, un guión o unos elementos que fortalezcan una apuesta en la que no encontramos novedades relevantes que nos inciten a hacer de ella algo memorable, sensación palpable en un tercio final caótico que no parece tener muy claro como llegar a la palabra fin de forma convincente, una constante por otro lado en un guión algo desdibujado que pretende abarcar mucho pero aprieta poco, con una estructura excesivamente televisiva y demasiado cerrado en sí mismo. Burton vuelve a sus raíces, abandona el esperpento y los excesos digitales de 'Alicia' y se centra en la vertiente más humana por llamarlo de alguna manera, ayudarse de la planificación y la narrativa, y darle mucho peso a la palabra escrita si bien lo hace con un exceso de confianza, de una falsa seguridad no exenta de ese miedo de quien no quiere perder "su sitio" antes que reforzar "ese sitio", por lo que quien sabe si tras el pinchazo artístico de 'Alicia' no pretendía más que hacer un filme fácil y cobarde, uno de esos que se consideran "menores" y casi lo menos que un ajuste de cuentas hacia el pasado surgido del compromiso de ser su propia maldición, de ser Tim Burton.

Y de la misma manera ocurre con Johnny Depp como único nombre por encima del título, una actuación como siempre solvente y carismática pero ante la que cuesta sorprenderse. Su personaje es el motor de la acción y queda perfectamente perfilado; ninguna queja en torno a esta cuestión, Depp tiene ganados sus galones. Pero condensar gran parte del contenido de una serie en un largo de no más de dos horas encierra la posibilidad de que el desarrollo de la historia termine por resultar algo simple y caprichoso, un pasatiempo agradable de ver pero irrelevante de recordar lastrado por un propósito principal que no le queda otra que cerrar vías secundarias aunque sea a capón. En 'Sombras tenebrosas' esto se traslada a un plantel de secundarios desaprovechado como guiñoles de fondo a lo Familia Adams, y por donde salen perdiendo personajes como los de Jackie Earle Haley, Jonny Lee Miller o Bella Heathcote, auténticas sombras en la noche mientras que el oficio de Michelle Pfeiffer, Helena Bonham Carter o Chloë Grace Moretz les baste para aguantar el tipo siendo la mejor parada del reparto una Eva Green convertida, en cuerpazo y alma, en auténtica protagonista en un cara a cara con Depp donde la maldad de su personaje prevalece ante el tono demasiado amable de una oscuridad poco elocuente (y que pasa muy por alto que Depp, al fin y al cabo, es un asesino de masas...).

'Sombras tenebrosas' es una cuento gótico muy del gusto de Burton, en apariencia simpático pero algo frío y distante, a todas luces irregular y de un humor singular que de tan imprevisible tiende a la confusión ante lo que no termina de quedar claro si es un filme de terror, una comedia de época, un thriller empresarial o un drama familiar, todo agitado y revuelto para que como viene ser costumbre parezca más transgresor de lo que realmente es. Una producción dubitativa ante su propia seguridad que no tiene muy claro a qué apostar salvo a sí misma, sea lo que sea que signifique esto. Puede que seamos nosotros o puede que sea Burton, pero a 'Sombras tenebrosas' le falta un tanto de ese alma que de permita algo más que entretener, un retrato familiar muy profesional y correcto pero que, visto desde la perspectiva del vecino, resulta algo hueco y sobre todo irrelevante. No obstante una producción ejemplar y de buen acabado visual a la que tampoco, ojo, hay por qué hincarle el diente con la mala saña que no se merece, por más que esté debajo de las prestaciones de alguien considerado como notable, y que en otro tiempo hubiera sido tal vez recibida con más alegría, un filme con ciertos ecos del pasado y un tanto anclada en sus raíces a la que uno, si es fan de Burton, le encontrará la gracia que quien no lo sea no le encontrará... y esa es, a menudo, la maldición del espectador como tal.  

Nota: 6.5                  (EL SEPTIMO ARTE).




Se diría que Tim Burton anda carente de ideas. Se abrió camino con guiones originales, pero a lo largo de la última década ha entregado entre otras cosas dos remakes –Charlie y la fábrica de chocolateEl planeta de los simios (2001)–, y una aproximación al universo de Lewis Carroll (Alicia en el país de las maravillas). Ahora lleva a la gran pantalla Sombras en la oscuridad, culebrón televisivo con tintes sobrenaturales poco conocido fuera de Estados Unidos que se emitió entre 1966 y 1971, alcanzando la friolera de 1.225 episodios.
1752, en la ciudad de Collinsport (Maine). El rico inmigrante inglés Barnabas Collins (cuyo apellido da nombre a la localidad) rompe el corazón de Angelique, que resulta ser una bruja. Para vengarse, ésta incita a su novia a suicidarse, y a él le convierte en un vampiro al que sus vecinos acaban enterrando vivo. Pero en 1972, unos obreros le liberan accidentalmente de su tumba, por lo que vuelve a su mansión, donde residen sus descendientes: la matriarca Elizabeth Collins al frente de su disfuncional familia. Su antigua enemiga sigue viva y se ha convertido en una mujer muy poderosa.
Burton mantiene su potencia visual, y logra los mejores resultados en las secuencias que ilustra con clásicos de la música de los 70. El elemento nostálgico tiene gran importancia en la trama, que sigue el típico esquema de pez fuera del agua con un personaje del XVIII desfasado que se despierta en el siglo XX. La época de los hippies, cuando transcurrió la infancia del realizador, y de donde proviene la serie, se describe con amabilidad. Tampoco ha perdido el toque para caracterizar como estrambóticos seres a actores de primer orden, como Johnny Depp (en su octava colaboración juntos) y Eva Green (la otra actriz que tienen más peso), una recuperadaMichelle Pfeiffer que fue la Catwoman de Batman vuelveJackie Earle HaleyChloë Moretz, la prometedora Bella Heathcote (In Time) y por supuesto, unos Christopher Lee y Helena Bonham Carter, su esposa, a los que suele dar papeles siempre.
Por desgracia, Burton no logra remontar el mayor punto débil, un guión muy poco inspirado de su nuevo descubrimiento, Seth Grahame-Smith, al que ha apoyado también como productor de la adaptación al cine de su novela Abraham Lincoln: Cazador de vampiros que dirige Timur Bekmambetov. Para empezar, quedan absolutamente desdibujados todos los secundarios, y aunque el original venía a ser similar a La familia Addams y La familia Monster, aquí parecen sobrar todos los descendientes del personaje de Johnny Depp. Está lleno de elementos que no encajan en el universo de Burton, como algún chiste grosero y una escena de sexo sobrenatural, que el realizador parece haber rodado con muy poca autoconvicción. Los golpes cómicos no acaban de funcionar, y el romanticismo decimonónico que pretende imprimir al vampiro protagonista acaba rompiéndose al involucrar a éste en relaciones sexuales.
Debido a estos defectos, Burton no puede evitar ofrecer cierta sensación de agotamiento, pues en el fondo, al ritmo de otra partitura de Danny Elfman, ha vuelto a convertir a Depp en inadaptado que a pesar de sus buenas intenciones choca con su entorno, como el protagonista de Ed WoodEduardo Manostijeras, Jack Skeleton, etc.(DE CINE 21).

jueves, 10 de mayo de 2012

LES LYONNAIS



Película: Les Lyonnais. Dirección: Olivier Marchal. País: FranciaAño: 2011.Duración: 104 min. Género: DramathrillerInterpretación: Gérard Lanvin(Edmon Vidal, alias Momon), Tchéky Karyo (Serge Suttel), Daniel Duval (Christo), Dimitri Storoge (Edmon Vidal de joven), Patrick Catalifo (comisario Max Brauner), François Levantal (Joan), Francis Renaud (Brandon), Valeria Cavalli (Janou). Guion: Olivier Marchal y Edgar Marie, basado en el libro “Por un puñado de cerezas” de Edmond Vidal. Producción: Cyril Colbeau-Justin y Jean-Baptiste Dupont. Música: Erwann Kermorvant. Fotografía: Denis Rouden. Montaje: Hubert Persat. Distribuidora: Vértigo FilmsEstreno en Francia: 30 Noviembre 2011. Estreno en España: 4 Mayo 2012Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.



Tras crecer en un miserable campo gitano, Edmon Vidal, alias Momon, conserva un sentimiento de familia, lealtad inquebrantable y orgullo de su origen. Sobre todo, ha mantenido su amistad con Serge Suttel, con el que descubrió la vida en prisión por algo tan ridículo como robar cerezas. Los dos acaban inevitablemente metiéndose en el crimen organizado. El equipo que formaron, la banda de Los Lioneses, llevó a cabo el más célebre robo armado de principios de los años 70. Su auge imparable acabó en 1974 con un arresto espectacular. Cercano a la edad de 60 años, a Momon le gustaría olvidar esa parte de su vida. Ha encontrado la paz junto a su mujer Janou —quien tanto sufrió en el pasado— y a sus hijos y nietos, quienes respetan enormemente a este hombre sencillo de principios universales, de cabeza clara y lleno de bondad. Pero entonces Serge Suttel, que no ha abandonado nada del pasado, entra de nuevo en escena.



.......Intensa película de atmósfera “padrinesca”, basada en hechos reales, los golpes que realizaban en Francia, en la zona de Lyon, entre 1967 y 1977, una banda de atracadores gitanos conocida precisamente como “los lioneses”. Fuente principal del film es el libro escrito por el propio Edmon Vidal, alias Momon, “Por un puñado de cerezas”, que alude a cómo su carrera fuera de la ley empezó por un robo menor, castigado con desmesura por motivos raciales. Además del referente claro de la obra de Francis Ford Coppola -los saltos temporales en la narración, el fatalismo que impide a Momon llevar una vida normal, y le empuja a hacer daño a las personas que quiere, el sentido de familia, honor y lealtad, la reunión en torno a un bautizo...-, manejado con personalidad, también parecen haber influido títulos sobre criminales recientes en Francia comoUn profeta.
Olivier Marchal sigue el tono de su filmografía como director (MR 73Asuntos pendientes) y entrega una historia gangsteril de ritmo impecable y algún giro imprevisto, bien soportada por su lacónico y perfecto protagonista, Gérard Lanvin. Están bien trazadas las relaciones entre los componentes del grupo de los lioneses, el modo en que afectan sus andanzas a sus familias, o el acecho policial, todo ello enmarcado por la mirada, cada vez más confusa, de Momon, que creía tener ciertas nociones de qué era lo correcto. No faltan los pasajes de brutalidad extrema, aunque sin intención de glorificar o banalizar la violencia mostrada.(DE CINE 21).




......«Un canalla dormido sigue siendo un canalla». Lo que retrata el cineasta, que firma el libreto junto a Edgar Marie, no es el frenético ascenso del protagonista en el escalafón criminal, sino la lucha por liberarse de un pasado que, si bien no rehuyó en sus momentos de gloria ─la banda de Los Lioneses fue la más famosa de su época, entre los últimos 60 y los primeros 70─, sí encontró en un azar ciertamente injusto ─la pena de siete años de prisión por robar las cerezas del título de la novela─ el detonante principal de una existencia trágica. Códigos de lealtad y amistad nutren un entorno de violencia constante y desmedida, que acompañará por siempre a la figura central. Un clásico del género.

Pero que se trate de un icono habitual del thriller gangsteril y camorrista no hace la película menos interesante, tanto en su planteamiento como en su progresión. Bien resuelta técnicamente, muy fluida en su desarrollo espacio temporal, con una notable edición que impulsa los flashbacks apoyados en una estupenda dirección artística ─quien disfrute de los parques automovilísticos de leyenda gozará de lo lindo─, “Les Lyonnais” atrapa con su maraña de ambigüedades morales, con sus momentos de acción y con la intensidad de su poso dramático. Además, la historia de Vidal, atrapado por su pasado, atrapado por su presente, subraya el gran estado de forma del cine del país vecino. Que dure.(LA BUTACA).



Olivier Marchal logra al cuarto intento, des­pués de Gansters (2002), Asuntos pendien­tes (2004) y MR 73 (2008), un thrillerpo­deroso y mejor llevado que los anteriores, par­cialmente basado en hechos reales. La his­toria de una banda criminal, la de los Lio­neses, tiene en su líder el eje dramático. Edmon Vidal, un gitano francés, lleva un tiem­po re­tirado, después de años de atracos, asaltos y pasos por la cárcel. Cuando su me­jor amigo y compinche del pasado es dete­nido, se siente obligado a ayudarle.
La película está muy bien interpretada y se ha rodado con esmero. Lo venimos dicien­do desde hace tiempo: el cine francés no tiene nada que envidiar al mejor cine nor­teamericano en el género negro o polar, co­mo se quiera llamar. Marchal roza la tenta­dora hagiografía criminal pero es lo suficien­temente hábil para mantener el equilibrio y no mitificar a unos criminales implaca­bles. El retrato de la policía y de la vida po­lítica francesa no es nada complaciente, pe­ro tampoco se cargan las tintas.
Quitando una música bastante desafortuna­da, hay que reconocer que el conjunto tie­ne fuerza y ritmo. Cosa meritoria teniendo en cuenta los frecuentes flashback que po­drían haber roto el tempo de una película que fluye y sabe mantener un tono que sin ser directamente comercial tampoco es ci­ne de autor, aunque el toque trágico le da un aire de drama estilizado. En suma, una cin­ta hábil, brutal y desgarradora, que pudien­do hacer un torpe elogio del mito del ban­dido heroico, se acerca más al tono de lar­gometrajes como Un profetaGomorra y Promesas del este.

 El tono trágico, muy conseguido.
 La frívola música discotequera en los atracos. (FILA 7).