miércoles, 31 de octubre de 2012

SKYFALL





Película: Skyfall. AKA: 007 Skyfall / Bond 23. Dirección: Sam Mendes.Países: Reino Unido y USAAño: 2012. Duración: 143 min. Género: Acción,thrillerInterpretación: Daniel Craig (James Bond), Judi Dench (M),Bérénice Marlohe (Sévérine), Helen McCrory (Clair), Javier Bardem (Silva),Ralph Fiennes (Gareth Mallory), Ben Whishaw (Q), Naomie Harris (Eve), Albert Finney (Kincade), Ola Rapace (Patrice). Guion: John Logan y Neal Purvis; basado en un argumento de Robert Wade; a partir de los personajes creados por Ian Fleming.Producción: Barbara Broccoli y Michael G. Wilson. Música: Thomas Newman.Fotografía: Roger Deakins. Diseño de producción: Dennis Gassner. Vestuario: Jany Temime. Distribuidora: Sony Pictures Releasing de EspañaEstreno en Reino Unido:26 Octubre 2012. Estreno en España: 31 Octubre 2012. Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.

En “Skyfall”, la lealtad de James Bond hacia M será puesta a prueba cuando el pasado de M vuelve para atormentarla. Su vida se verá en peligro, de modo que el agente 007 deberá localizar y eliminar la amenaza, sin importar el precio personal que tendrá que pagar. Tras el fracaso de la última y fatídica misión de Bond y revelarse la identidad de varios agentes secretos en distintos puntos del planeta, la sede del MI6 es atacada, obligando a M a trasladar su agencia. Debido a estos sucesos, su autoridad y posición se verán amenazados por Mallory, el nuevo Presidente del Comité de Inteligencia y Seguridad. Ahora, el MI6 se enfrenta a amenazas tanto externas como internas por lo que M decide acudir al único aliado en quien puede confiar: Bond. El agente 007 desaparece en las sombras con una única aliada: la agente de campo Eve. Juntos le seguirán la pista al misterioso Silva, cuyas letales y ocultas motivaciones están aún por desvelarse.


En “Skyfall” hay más tela que cortar que en cualquier otro Bond de estos festejadísimos cincuenta años. Resumámoslo en cuatro breves apuntes. 1) Cicatrizada la herida de amor abierta en “007 Casino Royale” (2006) y todavía no cerrada en “007 Quantum of Solace” (2008), Bond sigue volcando toda su callada sentimentalidad en el personaje de M, que aquí adquiere rango de coprotagonista; es casi una película dentro de la película, un terso melodrama maternofilial. 2) Inesperadamente, el villano de turno (Bardem, tan amanerado como brillante) también echa el lazo a M en un argucia de guión de quitarse el peluquín. 3) De manera no menos insólita, viajamos a lo más profundo de 007, incluso a su infancia, para descubrir su “rosebud” particular. Comprobarán que “Skyfall” se permite muchas licencias para matar todo asomo de previsibilidad. Pero.. y 4) Finalmente la tradición se impone sobre la osadía y, al margen de las prescriptivas y excelentes secuencias de acción, reflota nuevamente el humor (autoparódico en el caso de Q), los cócteles están bien agitados y la conmovedora escena final reconduce la saga a los orígenes conneryanos, como diciendo “Pase, pase, Dr. No”.(FOTOGRAMAS).


.......La nueva debilidad de Bond, además de tener que justificar los gastos porque se acabó el derroche en el servicio secreto británico, es la ausencia de aquella frivolidad que le caracterizaba: la necesidad continua de justificación, de búsqueda de enemigos a su altura termina pasándole factura. Sólo el pasado puede mantenerle a salvo del desguace. Y aquí el filme ataca con todo lo que tiene a mano (excepto quizá el desfile innecesario y el destape de chicas Bond, aquí más bien controlado) para que el clasicismo envuelva al personaje, tras un inicio en la línea más convencional de la saga, que sorprendente y subterráneamente acabará derivando en la aventura más oscura (y más británica, de Londres a una Escocia prereferéndum, no vaya a ser que le quede poco al actual Reino Unido) de un James Bond marcado sin duda por los Batman de Nolan y con vocación de precuela en alguna de sus subtramas.
Empeñados en devolver al origen a 007, Mendes y sus guionistas cambian el trineo de Kane por una escopeta de caza de la familia. Pero no se acaba aquí el influjo de Orson Welles: hay cloacas, ratas e incluso un tercer hombre que también viene del pasado, como casi todo lo bueno que aporta la nueva vuelta de tuerca de la franquicia. A falta de otra cantera de enemigos, es un ex agente el que pone patas arriba el sistema y compite con Bond por impactar a la figura de M (Judi Dench), un personaje capital en el filme, una figura materna para los dos rivales, cuyas carencias afectivas quedan expuestas.
Capítulo Bardem: villano de pelucón oxigenado y tentetieso, el actor español necesita moderar una aparición demasiado afectada. A medida que pasa el metraje y sobre todo desde que muestra su verdadero rostro, Bardem se va conteniendo. Así, la desmesura inicial en su ambigüedad, casi cómica, acaba ajustándose poco a poco, hasta acabar ofreciendo un trabajo terroríficamente humano.
Los viejos tiempos acuden al rescate de Bond también desde el guión, que acaba proponiendo para el filme un desenlace de western, con encierro a lo Río Bravo, y hasta un abuelete guasón con rifle como Albert Finney de aliado. Sólo faltan Ricky Nelson y Dean Martin cantando My rifle, my pony and me. Sin trucos finales ni colorantes ni aditivos, la oscuridad invade la escena como si de una escena de purificación y purga de pecados se tratase y Bond (y alguno más) se hubiera ganado el derecho a un nuevo comienzo.
Solitario, envejecido, con menos chicas a las que arrimarse, cansado de buscar enemigos en las cloacas, peleado con la tecnología (y hasta con Q), con un servicio secreto en crisis y el Aston Martin en el taller, el James Bond de Daniel Craig, pese a sus dudas interiores, no puede prejubilarse aún: alguien tiene que apretar el gatillo. Y Sam Mendes le ha dejado unas cuantas balas en la recámara.(CINEMANIA).



Skyfall, el mejor Bond de Daniel Craig, Bardem mejor villano de toda la saga. Un reebot del reebot que fue Casino Royale.
Muerte y resurrección. Ese es tema central que aborda la tercera entrega de Daniel Craig como James Bond, completando una trilogía, poniendo fin a un ciclo, haciendo un original y complejo ejercicio de reboot del reboot. Me explico: Casino Royale era ya un reboot o relanzamiento del personaje de 007. Y ahora esta película no sólo le pone punto final a ese relanzamiento, sino que plantea un nuevo punto de partida para el personaje, configurándose como un fin de ciclo para la reescritura de las aventuras del agente con licencia para matar.
De ahí que la película pueda dividirse fácilmente en dos partes bien diferenciadas y que se complementan. En la primera, desde el trepidante principio de persecución hasta el encuentro de Bond con el villano interpretado por Javier Bardem, tenemos la historia habitual de 007 en la era Daniel Craig: persecuciones, acción tajante y resolutiva, peleas cuerpo a cuerpo que transmiten brutalidad, chicas bond con las que acostarse, y el resto de los condimentos de esa mezcla de cine de aventuras e intriga que siempre ha caracterizado el periplo cinematográfico del personaje. Incluso hay viaje exótico a Shangai, Macao, etcétera. Propio de la saga. Pero a partir del momento en que Bardem, que no aparece en esa primera parte, hace acto de presencia, la película inicia su giro hacia algo distinto con un tono claramente más siniestro y más serio en el que no habrá lugar ya sólo para la aventura. La entrada en ese otro territorio narrativo, que no es habitual en la saga de 007, en el que no hay ya chicas Bond sino una historia de “madre-hijo” muy interesante entre el agente y su superior, M (Judi Dench) se produce tras la secuencia en la que se da resolución a una de las “chicas Bond” de esta entrega poniéndole sobre la cabeza un vaso de whisky… Se cumple así con una seña de identidad de toda la saga cinematográfica del agente con licencia para matar, y al mismo tiempo se abre la puerta a otra cosa. Dicho sea de paso, la manera en que Bond repasa la vida de la chica en un monólogo que es un flashback verbal para presentarnos ese personaje femenino en tiempo récord y con la máxima economía de metraje y medios narrativos, plano contra plano, es una lección de buen uso de los recursos del guión.
La primera secuencia del villano interpretado por Bardem en el cuartel general del MI6, además de hacerse eco astutamente del estilo de algunas de las producciones que han marcado el género de espionaje en la ficción en los últimos años en series como Alias o Nikita, culmina con una transformación física posible, no fantástica, y precisamente por ello mucho más terrorífica, del antagonista, completando la presentación del mismo con unos tonos que recuerdan tanto a Hannibal Lecter como al Joker de El caballero oscuro, película con la cual Skyfall tiene mucho en común por su ritmo de narración y giros constantes en los puntos de agotamiento de la narración capaces de renovar la misma y mantener impecablemente el interés del espectador en los momentos clave. No es casualidad que este cambio de tono se produzca en Londres, en lugar de en una localización más exótica y lejana, y que uno de sus puntos álgidos sea una persecución en el metro de la capital británica que es una especie de versión 007 de la persecución que propusiera William Friedkin para The French Connection. Más tarde la película nos reserva aún una nueva sorpresa, pasando de esa clave de cine de acción urbanita a un planteamiento de western en Escocia con el que el arco argumental camina hacia su desenlace, y llegando a unas escenas en el páramo que enlazan directamente con las propuestas visuales de los títulos de crédito iniciales con la canción de Adele, que se cuentan entre los mejores de toda la serie Bond. Las secuencias en el páramo iluminado por las llamas son la materialización de la promesa de viaje al inframundo del protagonista que ya estaba en dichos títulos de crédito y constituyen un ejemplo perfecto de la cuidadosa y estilizada resolución visual y propuesta estética que acompaña a 007 en esta aventura y brilla especialmente en otras secuencias que parecen estallar visualmente para contrastar con los tonos más realistas del resto del relato, como la pelea cuerpo a cuerpo en Shangai, con las siluetas recortándose en el anuncio luminoso de neón, o esa isla abandonada en la que habita el villano, una especie de Chernóbil en el lejano oriente, entorno monumental que recuerda también las creaciones oníricas del desenlace de origen y de algún modo rinde homenaje a la isla de Scaramanga, el villano de El hombre de la pistola de oro. Eso me lleva a destacar que los guiños de homenaje al pasado del personaje a través de objetos y referencias varias a otras entregas de la serie muestran también la elegancia y la estilización de esta entrega que celebra el 50 aniversario de James Bond, sin entorpecer la narración, antes al contrario: sirven como oportuno refuerzo de la misma. La pistola Walter PPK, el Martini agitado, la Beretta, el Aston Martin, la señorita Moneypenny… son ecos de otras entregas, pero al mismo tiempo reafirman esa declaración de principios a favor de la supervivencia del personaje de Bond como icono de la cultura popular y el cine de acción, así como de la propia saga. Es una declaración de principios que puede resumirse en una frase de guión: “perro viejo, trucos nuevos”, pero también está en ese guiño al pasado estableciendo los cuarteles del MI6 en el que fuera cuartel general de Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial, en el poema de Tennyson que recita M en la vista sobre su competencia como directora del MI6 y también, por qué no, en esa figura de perro bulldog con la bandera británica que adorna la mesa de la jefa de 007 y contiene un mensaje final muy claro para el agente. Todo ello alude a otro elemento esencial de esta nueva entrega de la saga de 007 junto a la muerte y la resurrección: la memoria.
O lo que es lo mismo: muerte y resurrección de Bond, reboot del reboot.
He dejado para el final un rotundo aplauso y una advertencia.
El aplauso es para Javier Bardem, que con todos mis respetos para quienes le han precedido en el azaroso empeño de ser un villano de la serie Bond, ha puesto el listón muy alto en este terreno. Tan alto que me atrevo a calificarle como el mejor villano de toda la serie. Es difícil encontrar los matices que Bardem le ha dado a este tipo de personaje con tendencia a caer en el tópico y la fórmula en otros antagonistas anteriores de la saga, no obstante haber contado ésta con notables actores dedicados a esta parcela. Lo que ocurre es que Bardem vuelve a demostrar y lucir su curiosa mezcla de arrollador talento, pura animalidad cinematográfica liberada que no entiende de tópicos y fórmulas y vuelve a desarrollar un trabajo de todoterreno muy complejo, aunque él lo haga fluir con una aparente facilidad de fluidos gestos e indicaciones mínimas, pequeños detalles en situaciones aparentemente tan convencionales y tópicas como lanzar una granada dentro de un edificio.
Jamás tuvo James Bond enfrente un villano más competente e inquietante que éste.
El aviso está relacionado también con el papel de Bardem: hay que ver la película en versión original para apreciar el trabajo del actor. Yo la he visto así en el pase de prensa. Desconozco qué va a ocurrir con la voz de Bardem en la copia doblada al castellano, pero aviso que si es la misma del tráiler, no tiene nada que ver con el original. Así que no se dejen guiar por ese tráiler.
En conclusión: una entrega de cinco estrellas en el seno de la saga de 007.(REVISTA ACCIÓN).



........La apertura lúdica, desenfadada y sexual de las primeras producciones se ha perdido casi definitivamente frente al empuje de lo que podría llamarse ‘gravitas Nolan’, o la tragedia de un héroe que ha sido un casquivano y el ojo derecho de mamá durante demasiado tiempo. La prueba de resistencia física y emocional de Bond acaba siendo más una broma interna que un serio cuestionamiento, pero los interrogantes sobre su conservadurismo quedan ahí, para cada uno. “Skyfall” no es una caída del universo del MI6, y asciende sobre los desiertos estéticos y narrativos propuestos en “Quantum of solace” (Marc Forster, 2008), aunque es en el diálogo entre la tradición —guiños poco camuflados al fan, convenciones como los créditos kitsch, la familiaridad de la canción de Adele, un villano delirante y gaylord de manos de Javier Bardem, inesperada voz crítica de la saga—, y el nuevo orden —cambios de rostros para personajes conocidos, la vigencia innecesaria del agente secreto en tiempos sobreinformados y de crisis imperiales— donde reside la elegía más poética, y la más difícil de superar, en lo que llevamos de Bond.(LA BUTACA).

martes, 30 de octubre de 2012

HOTEL TRANSILVANIA





Película en 3D: Hotel Transilvania. Título original: Hotel Transylvania.Dirección: Genndy TartakovskyPaís: USAAño: 2012. Duración: 82 min.Género: AnimacióncomediafamiliarDoblaje original: Adam Sandler  (Drácula), Selena Gomez (Mavis), Kevin James (Frankenstein), Steve Buscemi (Wayne), David Spade (El Hombre Invisible), Andy Samberg(Jonathan), Fran Drescher (Eunice), Molly Shannon (Wanda), CeeLo Green (Murray).Guion: Peter Baynham y Robert Smigel; basado en un argumento de Dan Hageman, Kevin Hageman y Todd Durham. Producción: Michelle Murdocca. Música: Mark MothersbaughMontaje: Catherine Apple. Diseño de producción: Marcelo Vignali.Distribuidora: Sony Pictures Releasing de España. Estreno en USA: 28 Septiembre 2012. Estreno en España: 26 Octubre 2012Calificación por edades: Apta para todos los públicos.



Drácula es el sobreprotector padre de la jovencita Mavis, de tal modo que idea todo tipo de peligrosos relatos que sirvan para frenar el espíritu aventurero de su hija. Ambos viven en el lujoso Hotel Transilvania, un sitio donde los monstruos y sus familias pueden mantenerse alejados de los humanos. El problema llega cuando aparece Jonathan, un muchacho de 21 años que se enamora de Mavis.




Los monstruos, más aún si son los clásicos de la vieja Universal, ejercen una extraña atracción en los niños. Quizá, porque los unos se reconocen en los otros y viceversa. Niños y monstruos viven por y para una fantasía fundamentalmente anárquica, casi dionisíaca y algo infernal. El susto, lo repulsivo, escatológico y hasta repugnante, forma parte de ese mismo universo oral que comparten las criaturas del Id, con los tiernos infantes, cuyas fantasías primigenias siguen siempre ocultas en sus padres adultos. Por eso, las películas como Hotel Transilvania cumplen una tarea fundamental en el mundo de hoy.Permiten a padres e hijos celebrar conjuntamente orgías iniciáticas con chistes plagados de gusanos y mucosidades varias, gags macabros, bromas de mal gusto, y alusiones veladamente sexuales, todo, obviamente, disfrazado de cuento con moraleja tolerante y políticamente correcta. No hay que buscar en Hotel Transilvania el tono melancólico y gothic de Tim Burton, sino, simplemente, olvidarse de la mera anécdota argumental y dejarse llevar por una deliciosa coreografía llena de bichos, guiños cinéfagos, chistes pringosos y monstruos entrañables, al servicio de la pura diversión. Aunque escondido en su desván esté el monstruo que todo buen padre es para sus hijos.(FOTOGRAMAS).


El Hotel Transilvania, lujoso resort de cinco "estacas", fue creado para que los monstruos pudieran tomarse unas vacaciones tranquilos, pues el lugar está a salvo de los humanos. Mavis, hija adolescente del dueño –nada menos que el conde Drácula– está a punto de llegar a la mayoría de edad vampírica. Para celebrar su 118º cumpleaños a todo tren llegan al lugar familiares y amigos variopintos, como el monstruo de Frankenstein, la Momia, una familia de hombres lobo que habla con acento andaluz (en la versión española), unos gremlins argentinos y hasta The Blob. Desde que los seres humanos mataron al amor de su vida, Drácula se muestra sobreprotector con su hija y la mantiene lo más alejada posible de ellos, de ahí que el vampiro se salga de sus casillas cuando aparezca por el lugar un muchacho que hace turismo, y que además ha atraído la atención de Mavis.
Primer largometraje de cine dirigido por el ruso afincado en Estados Unidos Genndy Tartakovsky, con amplia experiencia y prestigio en el mundillo de la animación por su trabajo en series comoLas supernenas o Las guerras clones, y que creó Dexter's Laboratory. Ejerce como productor ejecutivo el cómico Adam Sandler, que en la versión original también pone la voz a Drácula. Hotel Transilvania llega a los cines cuando están más de moda que nunca los monstruos, que hacen furor también en los libros infantiles. El estreno coincide más o menos con Frankenweenie y El alucinante mundo de Norman, también con ambientación gótica y homenajes a ultranza a los clásicos del cine de terror.
Numerosos gags cómicos de Hotel Transilvania tienen su gracia. Si bien la calidad de la animación no llega a la altura de los mejores producciones de terror, el estilo sencillo y de aire 'retro' de los personajes tiene su encanto y trata de forma positiva el tema central: las relaciones paternofiliales. El conjunto parece estar enfocado sobre todo al público infantil, aunque su moraleja también tiene su interés para los adultos: los jóvenes deben explorar el mundo por sí mismos, por mucho que la ayuda y el cariño de sus padres resulten muy útiles para abrirse camino. También se puede interpretar como un sencillo pero eficaz alegato contra los prejuicios y a favor de la tolerancia.(DE CINE 21).

sábado, 27 de octubre de 2012

ARGO




Película: Argo. Dirección: Ben AffleckPaís: USAAño: 2012. Duración: 120 min. Género: ThrillerInterpretación: Ben Affleck (Tony Mendez), Bryan Cranston (Jack O’Donnell), John Goodman (John Chambers), Alan Arkin  (Lester Siegel), Victor Garber (Ken Taylor), Tate Donovan (Bon Anders), Clea DuVall (Cora), Kyle Chandler (Hamilton), Scoot McNairy (Joe), Chris Messina (Malinov), Taylor Schilling (Christine Mendez). Guion: Chris Terrio; basado en un capítulo de “El maestro del disfraz”, de Antonio J. Mendez; y en el artículo “The great escape” de la revista Wired, escrito por Joshuah Bearman. Producción: George Clooney, Grant Heslov y Ben Affleck. Música: Alexandre DesplatFotografía: Rodrigo Prieto. Montaje: William Goldenberg. Diseño de producción: Sharon Seymour.Vestuario: Jacqueline West. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.Estreno en USA: 12 Octubre 2012. Estreno en España: 26 Octubre 2012. Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.


“Argo” nos relata cómo el 4 de noviembre de 1979, mientras la revolución iraní alcanzaba su punto álgido, algunos militantes irrumpieron en la embajada de Estados Unidos en Teherán y tomaron cincuenta y dos prisioneros estadounidenses. Sin embargo, en mitad del caos, seis de ellos logran escapar y encuentran refugio en casa del embajador canadiense. Sabiendo que es solo cuestión de tiempo que les encuentren y, muy probablemente, les maten, un especialista de la CIA en operaciones especiales llamado Tony Mendez (Ben Affleck) urde un arriesgado plan para sacarlos del país. Un plan tan increíble que solo podría salir bien en una película.


Resulta fascinante que un actor por el que apenas ningún especialista ni espectador apostaría su confianza ni sus dineros haya conseguido que su desgracia sea una ventaja y, lo más loable, su propio discurso. La cacareada sosería de Ben Affleckcomenzó a ofrecer sus réditos con aquella inaudita Copa Volpi al Mejor Actor por“Hollywoodland” (Allen Coulter, 2006), a propósito de la cual pocos listos quedaron sin remarcar que su papel era, precisamente, el de un mal actor. En su debut como director, inquietud artística nada caprichosa y venida de sus tiempos estudiantiles, supo retirarse a un segundo plano en el que, como la niña desaparecida de la novela de Dennis Lehane, firmaba un “Adiós pequeña, adiós” (2007) que constituía un inestimable y sorpresivo primer saque como cineasta. Ahora, tras superar la leyenda negra del segundo filme con “The town (Ciudad de ladrones)” (2010), en “Argo” (vertráiler) Affleck se atreve a asomar de nuevo la cabeza en el pellejo de un héroe, eso sí, seco de expresiones, poco diestro en emociones y protagonista de una de esas proezas archivadas por el secretismo gubernativo.
No parece casual, a estas alturas de su carrera y aún en un clímax juvenil, que Affleck se sintiera identificado con la hazaña de un experto en resolver secuestros y, por causa del Estado, en abonarse un mérito de tapadillo, desapercibido para un gran público que no asocia su nombre al de un victorioso desenlace. Durante los créditos finales de “Argo”, toma la (en apariencia) maniquea decisión de comparar fotografías reales con su reconstrucción en pantalla; pero al término de esa aventura tensa, descorazonadora y negrísimamente divertida, es más plausible pensar que Affleck no está aportando pruebas de su fidelidad a la Historia, sino de las correspondencias y derivaciones más o menos exactas con la realidad. El diálogo entre la grisura de la vida y una ficción trepidante se extiende, además, al propio espíritu de la película, que por encima de todo es un homenaje rendido y muy diestro al cine de operaciones encubiertas de los setenta, y una bufonada cargada de hiel y cariño hacia el oficio de contar historias increíbles y excitantes.
Porque la trama de “Argo”, como película real y como película ficticia que sirve de tapadera al protagonista y los seis norteamericanos escondidos para salir de Irán, suma una serie de saltos rocambolescos que no habrían funcionado con un pulso menos firme y más serio. La virtud de Affleck ha sido la de mantenerse apegado al suceso real para permitirse, entonces, la licencia de exagerar el lenguaje cinematográfico e incluso el metadiscurso, con el propósito limpio de convertir en una función de magia lo soso e imposible de un registro de la CIA, cebo para miradas periodísticas. El mérito de mantener en vilo la inquietud de quien asiste al espectáculo, sabiendo de sobra cuáles son las siguientes curvas de la riada, es suficiente para un filme que desde luego aparca dilemas morales y explicaciones históricas, y que convierte una compleja confrontación sociocultural en un, a ratos, racista episodio extendido de “El equipo A”. Pero no hay malicia en la mirada de Affleck, y su función está tan bien medida que habrá que recordarse que todas esas bondades de ritmo y cast le corresponden de forma poética a él, el héroe por el que no apostaba nadie.
Calificación: 8/10         (LA BUTACA).



Brillante muestra de suspense y cine político, una de las joyas del año. Y, nuevamente, como sucedió en 2010 cuando estrenó la también brillante The Town, el nombre de la película y de todos los relacionados con la misma, empieza a sonar como una de las posibles nominadas a los Oscar. Llega en buen momento para ser considerada a todos los premios del año, y sin duda lo merece, pero también espero que no le suceda lo mismo que a The Town, que a la hora de la verdad fue olvidada incluso cuando iban a ser 10 las candidatas a mejor película ese año. Estoy más que seguro de que aquella película merecía la nominación mucho más que algunas de las nominadas. Y esta es incluso más redonda que la película anterior de Ben Affleck. Argo es, repito, una de las mejores películas del año.
Nunca he sido de los que lapidaron a Ben Affleck en su momento. Desde que formaba parte de la tropa que trabajaba con Kevin Smith, allá por los tiempos de Mallrats, me caía bien como actor. Limitado como era, pero tenía algo que lo hacía simpático. Luego, tras la debacle que supuso para su carrera la relación con Jennifer López, tampoco creía necesario hundir en la miseria a un actor que había participado en películas que me habían hecho pasar grandes ratos, buenas o malas (¿he oído Armaggeddon por ahí? Pues esa y otras como Persiguiendo a Amy, Dogma o Al Límite de la Verdad sirven de ejemplos). Por eso me alegré cuando llegó su primera película como director, la también muy buena Adiós, Pequeña, Adiós, porque tras un tiempo en el que era parte de los chistes de Hollywood, había dejado su estatus de estrella atrás para dirigir aquella pequeña gran película. Había material de gran director y guionista.
The Town fue la confirmación, y suponía también su regreso por la puerta grande a la gran pantalla, con una película que fue un enorme éxito en taquilla en USA y que empezaba a sonar para los premios de la Academia. Un regreso por todo lo alto que ha llevado a esta tercera película, de nuevo con él como protagonista y con más presupuesto, lo que también le ha permitido abandonar el Boston donde se ambientaban las dos primeras películas, para viajar de Los Angeles a Washington e Irán. E incluso se ha permitido el lujo de contratar a otro guionista, en lugar de trabajar él mismo en el guión. El resultado es una apuesta por un tipo de cine que ya no se hace y que bien podría ser Todos los Hombres del Presidente para el siglo XXI.
Porque si Affleck ha demostrado algo en sus tres películas es que la base de su trabajo como director es el guión y su reparto. Aquí lo primero parte de una historia real de finales de los años 70 con la caída del Sha en Irán y el asalto a la embajada americana, lo que llevó al encarcelamiento de sus trabajadores y a la huida de seis de ellos, escondidos gracias al embajador canadiense. Desde Estados Unidos se creó un plan absurdo para sacar a esos seis de Irán antes de que fuesen asesinados, viajar con el pretexto de rodar una falsa película de ciencia ficción y sacar a los miembros de la embajada como parte del equipo de rodaje.
Un plan que parece sacado de las mentes de Hollywood de puro surrealista, pero que nos recuerda también a La Cortina de Humo, aquella película con Robert de Niro y Dustin Hoffman en la que las altas esferas de Estados Unidos creaban una guerra falsa para desviar la atención de un escándalo, y contaban con Hollywood para aquel esfuerzo. Con menos humor y más thriller, Affleck nos relata esta historia, donde el guión se centra en acercarnos a los personajes en una historia coral, aunque todos los personajes terminen girando en torno a Affleck. Un Affleck que ha mejorado una barbaridad como actor, y que aquí aguanta el tipo frente a un reparto de grandísimos actores que están, sencillamente brillantes. No es fácil dar la humanidad que da a su personaje, sobre todo cuando se enfrenta a un reparto como éste.
Nombres como Bryan Cranston, Alan Arkin, John Goodman, Victor Garber, Clea duVall, Tate Donovan, Kyle Chandler, Titus Welliver… todos son grandes actores, rostros populares aunque quizá sus nombres no nos suenen a veces. El reparto hace un trabajo sensacional (la compra del guión de Arkin no tiene precio, por ejemplo), y eso hace que los cimientos de la película sean sólidos, muy sólidos. Y Argo se sujeta sobre ellos con una elegancia magnífica. Construyendo poco a poco el suspense a través de pequeños detalles (esos vasos que se rompen de los nervios), de momentos magistrales (la secuencia del mercado en Teherán). Para llevarnos a un clímax sencillo y funcional. Sin pirotecnias. Sin alardes innecesarios, pero manteniéndote en vilo hasta el final. Un final que no importa conocer de antemano. Son hechos reales a fin de cuentas.
La mención anterior a Todos los Hombres del Presidente no era en vano. Se nota la influencia de la película en su director. Los movimientos de cámara, el look… Affleck sabe contarnos la historia y lo hace con mucha sobriedad y talento. La cámara se mueve casi continuamente, a veces como si fuera un personaje más. Y hay elementos que encadenan las tramas de forma perfecta, como esa televisión que ven a la vez desde la lectura del guión en Los Angeles a Washington, y que nos lleva a la escalofriante escena de las ejecuciones… Y sí, es cine americano, pero es menos obvio, no trata de dogmatizar ni de dar discursos. Los personajes son apolíticos, no dan discursos. Sólo importa la vida de los seis. No hay villanos malvados, sólo gente que hace su trabajo. Y deja claro desde el inicio que, irónicamente, la culpa de todo la tiene Estados Unidos, desde los créditos iniciales, mostrándonos además las reacciones poco tolerantes y comprensivas de los americanos a pie de calle a través de las televisiones que emiten imágenes de la época y que son otro personaje más.
Nos queda cine de calidad, brillante, inteligente, divertido… con un sentido del humor cínico y descreído. Cine con miga que nos habla del principio de una época, la que estamos viviendo ahora, a través de lo que pasó hace más de 30 años. Entretenida, inteligente, excelentemente escrita y mejor dirigida. Y con un reparto espectacular. ¿Alguien da más? Está complicado. Argo es una de las mejores películas del año.(ACCIÓN DE CINE).



Después de recibir parabienes generalizados, aunque tal vez algo descreídos, por 'Adios pequeña adiós' (2007) y 'The Town' (2010) resulta evidente que, con este su tercer trabajo como director, Ben Aíeck ya sí parece destinado a seguir a Clint Eastwood, Robert Redford o más recientemente George Clooney como estrella/galán con mejor reputación tras la cámara que frente a ella. El resultado es más elemental y fácil de digerir que aquellos thrillers setenteros de denuncia y desencanto hacia el sistema a los cuales Aíeck, de tener menos personalidad, podría haber citado con sumisión de admirador rendido. Pero estamos ante un flm lo bastante agudo en su mensaje y hábil en su confección como para dejar cierta huella propia, si no en la Historia del Cine (como determinadas obras de Alan J. Pakula o Sidney Lumet), sí al menos en el panorama reciente. Propuesta gratamente cohesionada en su traviesa mezcla de intriga políticoprocedimental, comedia de cine dentro del cine, e incluso drama familiar no empalagoso, en Argo funciona el suspense, la ironía e incluso, cuando toca, hasta la emoción. Aunque si deja ese buen sabor que la convierte en una de las cintas actuales que más satisface a la mayoría es por su arrollador tramo fnal, todo un peligro para las uñas de los más nerviosos.(FOTOGRAMAS).

jueves, 11 de octubre de 2012

LO IMPOSIBLE







Película: Lo imposible. AKA: The impossible. Dirección: J.A. Bayona.Países: EspañaAño: 2012. Duración: 107 min. Género: Drama.Interpretación: Naomi Watts (María), Ewan McGregor (Henry), Tom Holland (Lucas), Samuel Joslin (Thomas), Oaklee Pendergast (Simon), Marta Etura (Simone), Sönke Möhring (Karl), Geraldine Chaplin (mujer mayor). Guion: Sergio S. Sánchez, basado en un argumento de María Belón.Producción: Belén Atienza, Álvaro Augustín, Enrique López Lavigne y Ghislain Barrois.Música: Fernando Velázquez. Fotografía: Óscar Faura. Montaje: Elena Ruiz y Bernat Vilaplana. Diseño de producción: Eugenio Caballero. Vestuario: Sparka Lee Hall, Anna Bingemann y María Reyes. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.Estreno en España: 11 Octubre 2012. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


En “Lo imposible”, María (Naomi Watts), Henry (Ewan McGregor) y sus tres hijos comienzan sus vacaciones de invierno en Tailandia. En la mañana del 26 de diciembre, la familia se relaja en la piscina después del día de Navidad cuando el mar, convertido en un enorme y violento muro de agua negra, invade el recinto del hotel. María solo tiene tiempo de gritar antes de ser engullida y arrastrada por la terrible ola. Sin tiempo para asimilar lo incomprensible e inesperado del desastre natural que acaban de sufrir, deberán luchar por la supervivencia y por volver a reencontrarse. La película se basa en una historia real que tuvo lugar durante el tsunami que azotó a la costa tailandesa en el año 2004.


Basada en la historia real de una familia que sobrevivió al tsunami tailandés de 2004, 'Lo Imposible' tiene el mismo corpus temático que el debut de su director, 'El Orfanato' (2007), película de fantasmas con un melodrama familiar dentro. Cambian el género (si bien la primera mitad de este film es puro terror, un survival desgarrador), las situaciones y el diálogo con la realidad, pero los asuntos son los mismos. Se trata de las relaciones familiares y el sentido de pérdida, temas que, por el cuidado y la emoción con los que están tratados, se intuyen constantes en la obra de su autor.
Sin dejar que el apabullante aparato formal de la película eclipse la historia, J.A. Bayona firma un melodrama contundente y emotivo sobre la pérdida, mostrada en distintas fases. 'Lo Imposible' es una película partida en dos, pero ese quiebro no es negativo: el tono, la atmosfera e incluso el género son distintos, pero ambas mitades dialogan entre sí.
Paisaje familiar tras el impacto físico
La primera parte es una recreación hiperrealista de la llegada de la ola y su inmediato impacto físico y emocional sobre los personajes. Esa mitad es un incontestable prodigio formal. Una fotografía y un diseño de producción y sonido espectaculares, enfocados a la verosimilitud, así como un rechazo radical de los excesos digitales sirven al cineasta para reproducir de forma realista el azote de la Naturaleza y hablar de su poder incontrolable, otro tema fundamental de 'Lo Imposible', cuyo tratamiento remite a Peter Weir y Terrence Malick. Y le ofrece un marco idóneo para el realismo, un escenario físico y sonoro donde las heridas físicas y emocionales de los protagonistas (unos soberbios Naomi Watts y Tom Holland) se nos revelan en toda su fiereza. Bayona propone una primera parte casi sin texto, donde el diálogo y la reflexión son mínimos porque los personajes están en shock, porque la película busca la reproducción del impacto.
El gusto por el gesto
Pero el director esquiva la recreación aséptica al detenerse en una serie de gestos y decisiones, abordados con sublime delicadeza (la escena del árbol), que sirven de antesala a una segunda mitad (con una narrativa y una ejecución más convencionales) en la que, tras el shock, en una primera toma de conciencia de la tragedia, 'Lo Imposible' se torna más reflexiva y aborda los sentimientos de una forma más directa.
A partir de un guión de Sergio G. Sánchez, Bayona expone con lucidez y emoción sus temas de cabecera (la infancia, la relación entre madres e hijos, la educación), conmueve con su forma de mostrar la asimilación de la pérdida y cierra la película con un maduro gesto final que insinúa que el viaje de los personajes no acaba ahí.(FOTOGRAMAS).



Lo imposible, gran trabajo de dirección y actores sin falso melodrama. Buen cine que dignifica el género de catástrofe.
Basándose en hechos reales, eso sí, convenientemente maquillados para el cine y cambiando algunas cosas y nombres para buscar una más fácil distribución internacional, algo perfectamente lícito desde el punto de vista empresarial (no olvidemos que el cine es sobre todo una industria), Juan Antonio Bayona vuelve a dar en el clavo como ya hiciera con El orfanato. Ambas películas tienen en común un mismo tema central, la familia. Comparten también un mismo planteamiento: mezclar las características de un género con cierta mirada más personal del director sobre sus personajes. El resultado es una curiosa alianza entre las claves del cine comercial y el cine de autor que Bayona mantiene con eficacia en equilibrio y complementándose en todo momento. Ambas películas tienen también en común un gran trabajo de sus actores. Es algo esencial para la manera en la que Bayona se plantea contar su historia, manteniéndose muy cerca de los personajes, en este caso aún más intensamente próximo que en El orfanato, porque no se trata de creaciones de ficción, sino de personajes inspirados por personas reales. El respeto se impone sin que ello coarte en ningún momento la libertad del director para construir los momentos dramáticos. Más bien ocurre lo contrario: es el respeto por los personajes y por la tragedia real que está retratando lo que facilita una clave para contar la historia. Ese respeto a la tragedia real del Tsunami en Tailandia y a sus protagonistas impone un tono de sobriedad en el tratamiento de la trama y los personajes que evita todo exceso o melodrama gratuito. De ese modo, la película queda revestida de una verosimilitud tanto más terrible cuanto que es más creíble. Y así es también más madura que cualquier otro ejercicio de la fórmula genérica de cine de catástrofe rodado hasta el momento. La sobriedad y la madurez de la película deriva por tanto de ese respeto por el tema, que acaba siendo también un respeto por el público, al que no se acosa en un intento de arrancarle las lágrimas por la vía de la hipérbole banal de la tragedia que con frecuencia caracteriza otras películas catastrofistas.
Por supuesto Lo imposible contiene unas espectaculares e impresionantes escenas del tsunami, el mar invadiendo la tierra y consigue personalizar la experiencia de los protagonistas a través del sonido y con un planteamiento visual y una planificación que prolonga en duración e intensidad ese breve apunte del asunto que nos diera Clint Eastwood en Más allá de la vida. Durante diez minutos asistimos a la brutal experiencia de ser arrastrados por el agua con María, la madre que interpreta Naomi Watts, y su hijo Lucas, interpretado por Tom Holland. El sonido y las imágenes se alían para hacernos sentir dentro del agua.
Pero pronto queda claro que, al contrario de lo que ocurre en el cine de catástrofe, aquí la propia catástrofe no es la protagonista, sino el detonante de la verdadera historia, que es una aventura de supervivencia y superación de la adversidad sin lágrimas fáciles ni resonancias épicas. Muy al contrario. Bayona elige una planificación visual espectacular en la que no cae en la trampa de dejarse llevar por la enorme magnitud de la catástrofe hasta convertirla en un espectáculo. Porque su tema son en todo momento las personas, y no sólo personajes.
Ese respeto es también el origen de tres momentos que marcan el tono de madurez y la solidez de la película. El primero nos muestra una reacción de terror del hijo al ver el destrozo en el cuerpo de su madre e inmediatamente después un momento de pudor al ver el seno desnudo. El segundo consigue ponernos el nudo en la garganta cuando el padre llama al abuelo de sus hijos. El tercero es una especie de canto funeral por los que perecieron en la catástrofe, los que nunca fueron encontrados, el recuerdo a los caídos que cada protagonista llevará siempre a través de esas frases y objetos. Es la memoria, que tan frágil se muestra en el público general en cuanto pasan unos días de la tragedia y otra nueva tragedia estalla en algún otro sitio, porque incluso en esto de compadecernos del prójimo nuestra sociedad se cansa pronto de llorar a los mismos muertos y se muestra ávida y voraz en la búsqueda de nuevas catástrofes.
Esos tres momentos recogen el verdadero acierto de Lo imposible junto con la resolución visual de otras secuencias y el talento del director para trabajar con el encuadre y la cámara borrando la distancia que separa al público y los personajes hasta situarnos casi dentro de la propia película. Hay que destacar aquí el trabajo de dirección de actores, que ha conseguido sacar la máxima naturalidad incluso de los integrantes más jóvenes del reparto. En ese sentido los dos hermanos pequeños son un ejemplo de sencillez en la que no se aprecia la afectación que a veces marca la interpretaciones infantiles en el cine. Los niños de esta película realmente parecen niños, no monstruitos sabihondos. En cuanto a Tom Holland forma con Naomi Watts un dúo perfecto, capaz de meternos totalmente dentro de los momentos más duros que viven los personajes que interpretan. Holland me ha recordado otros dos grandes trabajos de jóvenes actores, Christian Bale en El imperio del sol y Jamie Bell en Billy Elliott. Y para ser sincero me resulta difícil pensar en un momento tan intenso de derroche de talento en la filmografía de Ewan McGregor como el que interpreta con un teléfono en esta película.
No niego que la película tiene un recorrido argumental algo limitado, pero creo que eso también obra en su beneficio. La credibilidad de la historia se perdería prolongando el metraje innecesariamente o introduciendo más situaciones y escenarios. Es más verosímil tal y como se nos presenta, centrando la trama en el arco de desarrollo de la vivencia de estas personajes en primera persona.
Podríamos decir que es una historia intimista en un marco espectacular.
Por otra parte no es tan morbosa como podría haber sido, y aunque haya espectadores que no podrán separarse del pañuelo de papel, no es una película que busca la lágrima fácil.
En conclusión: un gran trabajo. Y un notable esfuerzo de producción que no tiene nada que envidiar a cualquier otra cinematografía.
Lo imposible es plenamente exportable, plenamente eficaz para todo tipo de público, en cualquier lugar del mundo.
(REVISTA ACCIÓN).



Lo imposible se encuadra en un género, el catastrofista, que se presta mucho al convencionalismo, al tópico, al “déjà vu”. Y el mérito, enorme, de Juan Antonio Bayona y su guionista Sergio G. Sánchez, es contar con frescura y mirada de “la primera vez” algo que en otras manos habría sido simplemente normalito, una bonita historia de interés humano, pero como tantos telefilmes, si acaso con efectos especiales más elaborados...
En Lo imposible se nos cuenta la historia -basada en un caso real- de los Bennett, el matrimonio, María y Henry, y sus tres hijos Lucas, Thomas y Simon, de doce, siete y cinco años de edad, de vacaciones por Navidad en Tailandia. Días placenteros en un lugar idílico, puestos literalmente patas arriba por el tsunami destructor que asoló la costa en 2004. La familia se dispersa, tenemos dudas sobre la supervivencia de unos y otros, viven experiencias personales, y con otros individuos que conocen, muy fuertes. Lo típico, pero contado con un talento narrativo excepcional.
Porque la recreación de la catástrofe en Lo imposible resulta sencillamente asombrosa, el espectador vive el desastre en primera persona. Nada que envidiar a lo que hizo Clint Eastwooden uno de los hilos narrativos de Más allá de la vida. Si acaso más espectacular, mejor. Pero dentro del despliegue de producción, asombroso, está la historia, muy bien llevada, con pulso dramático excelente y momentos emocionantes de genuino suspense, sostenidos con increíble osadía, jugando al despiste sin caer en las trampas fáciles. Sí, se confirma que lo de Bayona y Sánchez enEl orfanato no fue un espejismo.
Pero están además los personajes, anglosajones, rubitos, preciosos. ¿No podía ser aquello la puerta abierta a lo meloso y acaramelado, un empacho de buenos sentimientos mil veces vistos en cine? Y sin embargo, imposible no sufrir con el pequeño Tom Holland y su Lucas, obligado a madurar al estilo de Jim en El imperio del sol de Steven Spielberg. Imposible no llorar con Ewan McGregor y sus llamadas con el teléfono móvil. Imposible no pensar que las estrellas de las que habla Geraldine Chaplin conforman una hermosa metáfora sobre la vida y la muerte. Los críos más pequeños son críos, y eso es muy bueno, y se les concede el espacio justo. Y Naomi Watts, imposible no padecer con ella, o dejar de recordar que ya vimos a otra madre sufriente en las manos de Bayona y Sánchez, la que encarnó Belén Rueda en El orfanato.(DE CINE 21).