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viernes, 23 de noviembre de 2012

GOLPE DE EFECTO





Película: Golpe de efecto. Título original: Trouble with the curve. Dirección:Robert LorenzPaís: USAAño: 2012. Duración: 111 min. Género: Drama.Interpretación: Clint Eastwood (Gus Lobel), Amy Adams (Mickey Lobel),Justin Timberlake (Johnny), John Goodman (Pete Klein), Matthew Lillard  (Phillip Sanderson), Robert Patrick (Vince), Joe Massingill (Bo Gentry), Scott Eastwood (Billy Clark). Guion: Randy Brown. Producción: Clint Eastwood, Robert Lorenz y Michelle Weisler. Música: Marco BeltramiFotografía: Tom Stern. Montaje: Joel Cox y Gary Roach. Diseño de producción: James J. Murakami. Vestuario: Deborah Hopper.Distribuidora: Warner Bros. Pictures International EspañaEstreno en USA: 21 Septiembre 2012. Estreno en España: 23 Noviembre 2012.


Gus Lobel (Clint Eastwood) ha sido uno de los mejores cazatalentos de béisbol durante décadas, pero, a pesar de sus esfuerzos por esconderlo, su edad empieza a pasarle factura. A pesar de esto, Gus, que puede decir cómo es un lanzamiento solo por el sonido del bate, se niega a quedarse en el banquillo en lo que podría ser el último trabajo de su carrera. Pero podría no tener elección. Los directivos de los Atlanta Braves empiezan a cuestionar sus opiniones, especialmente con el último fenómeno del país, un bateador que espera a que le convoquen. La única persona que podría ayudarle es también la única persona a la que Gus nunca pediría ayuda: su hija, Mickey (Amy Adams), empleada de un importante bufete de abogados de Atlanta, cuyas ganas y ambición le han hecho ascender hasta convertirse en socia. Mickey nunca ha tenido mucho contacto con su padre, que no estaba preparado para ser padre soltero después de la muerte de su esposa. Incluso ahora, en los pocos momentos que pasan juntos, él se distrae fácilmente por lo que Mickey asume que es su primer amor: el juego. A pesar de su buen criterio y de las objeciones de Gus, Mickey acompaña a su padre en su último viaje a Carolina del Norte, poniendo en peligro su carrera para salvar la de su padre. Obligados a pasar tiempo juntos por primera vez en años, los dos descubren cosas nuevas del otro, revelándose historias de hace mucho tiempo sobre su pasado y presente que podrían cambiar su futuro.


Si “Gran Torino” suponía una suerte de telón crepuscular al personaje de Harry el Sucio, “Golpe de efecto” vendría a ser un amable, ligero, canto del cisne de esos otros personajes de Clint Eastwood en el ámbito de la comedia más intrascendente (pero reivindicable) que jalona su trayectoria, la que está en, verbigracia, “Duro de pelar” o “El Cadillac rosa”. Este ojeador, cazatalentos beisbolístico ya achacoso, medio ciego y gruñón que interpreta el actor podría haberse decantado hacia el desencanto, pero la película ni quiere ni pretende eso. Es verdad que hay una clave en la trama que parece llevarnos a los umbríos terrenos de “Mystic River” o “El intercambio”, aunque solamente es uno de los varios apuntes dramáticos que Robert Lorenz, el director, desdramatiza porque nunca pretende hacer otra cosa que una dramedy de sentimientos muy familiar, muy “En el estanque dorado” con una hija reconciliándose (conociendo tal vez por primera vez) con su padre. Envolviendo esta encuentro paternofilial tenemos una bastante fidedigna y crítica visión del mundo del béisbol, pese a su resolución final de cuento de hadas y Cenicientos varios. Visión que no anda alejada de la de “Rocky Balboa” y el boxeo (la escena de Eastwood conversando con la tumba de su mujer es idéntica a la del film de Stallone), y de esa apología de la veteranía frente a un mundo tomado por carroñeros trepas jóvenes. Y veterana es “Golpe de efecto”, en su forma clásica, en su fondo y en Clint Eastwood en una de las mejores interpretaciones de su carrera. Junto a él, mejorando la película, una deslumbrante Amy Adams, asimismo una actriz de corte clásico (¡lo que nos daría en la screwball comedy más hawksiana!) que sabe atrapar todas las bolas curvadas que el abuelete Clint le lanza desde su experiencia. Resumiendo: sin ser nada del otro mundo, “Golpe de efecto” gana todas las bases de nuestras simpatías… ¡Y encima reivindican a Ice Cube como actor más versátil que Robert De Niro! Home run….(FOTOGRAMAS).


Golpe de efecto mezcla el tono de Gran Torino con la comedia romántica. Clint Eastwood como siempre: grande.
Anunció que se retiraba y eso no es aceptable. Clint Eastwood es uno de los directores más destacados de nuestros días, te guste o no su estilo. Pero además como actor es un imprescindible. Y esta película lo demuestra nuevamente. De hecho, sin él sería otra cosa completamente distinta, porque el principal punto a favor de Golpe de efecto es esa especie de variante del personaje que Eastwood interpretó en Gran Torino que comparte protagonismo con Amy Adams en una trama de espíritu claramente telefílmico que sin ellos dos nos podríamos haber encontrado perfectamente ubicada en un melodrama de sobremesa cocinado para la pequeña pantalla de esos que algunas cadenas suelen programar en el fin de semana para oprobio de los intrépidos espectadores que se arriesgan a probar suerte con ese tipo de productos.
Lo que ocurre es que Eastwood saca además el máximo jugo a los chistes más destacados de un guión que es bastante potable cuando pasea el cinismo del personaje ante la edad, pero no tanto cuando se mete a desarrollar la trama romántica entre la joven hija del protagonista y un pretendiente interpretado por el cantante Justin Timberlake, que se las apaña moderadamente bien como galán previsible pero como actor tiene un registro algo limitado, si exceptuamos ese gesto sardónico a lo Quentin Tarantino que emplea cada vez que su personaje tiene que sonreír y que inevitablemente me recuerda al director de Reservoir Dogs explicando qué significa realmente el tema Like a Virgin de Madonna, ya saben ustedes, aquello de Charles Bronson ejerciendo de gran taladrador y tal.
Eastwood puede darle una patada a una mesa y soltar un taco, puede soltarle una chorrada a un tipo al que va a pegar en un bar, o te puede explicar lo que es el estilo Feng-chungo mejor que cualquier otro actor del cine americano de su generación. No tiene competencia. Es único. Un tesoro para quienes vamos al cine esperando evadirnos y divertirnos. Y así lo ha sido desde hace décadas, de manera que toda esa trayectoria encima trabaja a su favor cuando compone personajes como éste, que inevitablemente tienen algo de tópicos, pero también mucho de verdad y una carga mítica de historia del cine que viene muy bien para adornar a estos viejos gruñones en el ocaso de la vida que intentan mantenerse a flote en un mundo empeñado en pasarles por encima a golpe de ratón de ordenador.
Eastwood se está dando el lujo de hacer lo que no pudieron hacer de manera tan drástica un mito clásico del cine de acción como John Wayne, por ejemplo: se autoparodia, se ríe de su propia imagen como Harry “el Sucio” Callahan o cualquier otro tipo duro que haya interpretado ante las cámaras. Y al hacerlo, sorpresa: engrandece aún más su imagen como icono de los tipos duros, pero al mismo tiempo se vuelve cada vez más cercano, más humano. Un ejemplo: el comienzo de esta película, con Eastwood hablando airadamente con sus genitales en la micción difícil de la mañana como si le estuviera diciendo al delincuente de turno aquello que decía Harry el Sucio: “Anda, alégrame el día”.
Wayne se tomaba demasiado en serio su papel como icono cinematográfico para arriesgarse a ese juego. Eastwood no tiene problema con ello, como en su momento no tuvo problema en arriesgarse a romper esa misma imagen por el camino de lo romántico protagonizando Los puentes de Madison y como en su primera película como director Escalofrío en la noche, tampoco tuvo problema en llevarle la contraria a su personificación del héroe de acción interpretando a un locutor de radio acosado y asustado por la persecución de una seguidora perturbada.
Sólo él puede hacer esas cosas y que encima nos resulten tan divertidas como entrañables y cercanas.
Así que no es extraño que Golpe de efecto se edifique en torno a su imagen como “abuelete gruñón”, que tan buenos resultados comerciales dio en Gran Torino y tan bien aceptada fue por el público.
Garantizada esa fórmula, y destacando la excelente química que tiene el dúo formado por Eastwood y Amy Adams, hay que aclarar que lo más flojo de la película es esa historia de amor totalmente previsible y anodina que repasa todos los tópicos de este tipo de tramas y resta metraje a lo realmente interesante de la historia, que es la relación de padre e hija.
Por otra parte, en esta relación parece darse un paulatino fenómeno de contagio del aire tópico que preside la parte romántica de la trama, de manera que se intenta justificar el abandono del padre de la hija cargando las tintas en un flashback bastante artificial, tanto en lo visual como en lo dramático. Muy forzado. Casi tanto como ese final de caramelo, que sin embargo le perdonamos como espectadores porque los personajes de padre e hija nos caen tan bien que queremos que salgan del asunto lo más enteros y triunfantes posibles. Pero eso no evita que el giro final de la trama deportiva propiamente dicha, ese duelo entre el lanzador y el bateador, resulte demasiado obvia, artificial, de postal, sacando lo peor y más melodramático de las historias deportivas legendarias y “de cine” que tanto gustan al espectador medio norteamericano en el cine y que en este caso tiran además de lo políticamente tramposo, más que de lo políticamente correcto.
Hay que decir no obstante que esa parte de artificio de la trama tiene a su favor la máxima sencillez que aplica a la construcción de tópicos: el “villano” antagonista hace un comentario procaz, fuera de tono, sobre la relación de padre e hija que no podemos tolerarle porque plantea no sólo el tabú del incesto, sino un ataque a la virilidad del anciano héroe, y automáticamente le odiamos. El niñato aspirante a estrella del béisbol está caracterizado como el típico matón de instituto (o para el caso de equipo juvenil) pagado de sí mismo cuyo objetivo es acostarse con las protagonistas de la serie Mujeres desesperadas porque dice ser suficientemente maduro para interesarse por mujeres maduras, frente al noble latino que ayuda y obedece a su madre y cuida de su hermanito. Y en lo referido a lo romántico la historia gira en torno una fantasía paternalista según la cual el padre le busca a su hija el mejor marido posible, que inevitablemente es alguien de su misma profesión, o lo que es lo mismo: una versión más joven de sí mismo. Es el candidato que le parece puede hacerla feliz frente al pretendiente abogado, que sólo serviría para “mantenerla”.
Todo ello son tópicos, pero al mismo tiempo es un buen ejercicio de manipulación del espectador siguiendo fórmulas argumentales de probada eficacia para contar historias que en el fondo el espectador medio acepta de buen grado, especialmente si se desarrollan con cierta fluidez, como es el caso en Golpe de efecto.
De manera que la película queda perfectamente definida por su título: es un entretenido golpe de efecto con un Clint Eastwood como siempre: grande. Así que incluso con sus tópicos, esta comedia dramática es un buen producto de evasión sin complicaciones.(REVISTA ACCIÓN).



........En 'Golpe de efecto' nos encontramos con una (políticamente) correcta producción marca de la casa sin sorpresas, cuyo argumento se nos muestra telegrafiado desde antes incluso de saltar al terreno de juego y que nunca se sale de las líneas maestras que delimitan lo que podríamos considerar como "el círculo de confianza". De buenas intenciones y valores morales, de ingenuidad muy definida que no admite reflexión alguna (seria), y sustentada principalmente en una puesta en escena discreta que deje espacio para el lucimiento de un reparto intachable en el que destaca, al margen de la presencia de Eastwood (haciendo de quien suponemos es Eastwood), una Amy Adams cuya química con su padre en la ficción sustenta buena parte de la atención, mención y consideración hacia el filme (sin olvidar al siempre grande John Goodman). Lo que se vendría a llamar un filme menor en la carrera de Clint Eastwood que tanto da ver como dejar de ver, que se puede llegar a disfrutar pero que en ningún momento emociona, y que a pesar de que siempre es un placer ver a Eastwood reverdeciendo su mala leche "feng shunga" no ofrece nada realmente ni nuevo ni relevante ni memorable ni fresco... que cause un auténtico golpe de efecto.  

Nota: 6.5


Lo Mejor
- Clint Eastwood y Amy Adams, o más bien la química que hay entre ambos (y que sostiene al film más que el propio filme)

Lo Peor
- Su irrelevancia (y un final demasiado manipulador y condescendiente).(EL SEPTIMO ARTE).

sábado, 10 de noviembre de 2012

EN LA CASA




Película: En la casa. Título original: Dans la maison. Dirección: François OzonPaís: FranciaAño: 2012. Duración: 105 min. Género: Drama,comediathrillerInterpretación: Fabrice Luchini (Germain), Ernst Umhauer(Claude), Kristin Scott Thomas (Jeanne), Emmanuelle Seigner (Esther), Denis Ménochet (Rapha padre), Bastien Ughetto (Rapha hijo), Jean-François Balmer (director), Yolande Moreau (gemelas), Catherine Davenier (Anouk).Guion: François Ozon; adaptación libre de la obra de teatro “El chico de la última fila”, de Juan Mayorga. Producción: Eric Altmeyer y Nicolas Altmeyer. Música: Philippe Rombi.Fotografía: Jérôme Alméras. Montaje: Laure Gardette. Diseño de producción: Arnaud De Moleron. Vestuario: Pascaline Chavanne. Distribuidora: GolemEstreno en Francia: 10 Octubre 2012. Estreno en España: 9 Noviembre 2012.


“En la casa” trata sobre las relaciones entre un profesor y uno de sus alumnos, un juego ingenioso en el que la realidad y la ficción se entremezclan hasta confundirse y en el que no se sabe qué oscuras intenciones esconde el joven o hasta dónde llegarán sus maquinaciones.


El francés François Ozon tiene talento narrativo, y con En la casa logra captar la atención prácticamente desde la primera escena, el profesor de literatura Germain reincorporándose al instituto tras las vacaciones y mostrando desde su pedestal un indudable escepticismo ante la idea de implantar, como experiencia piloto, el uso del uniforme y el maridaje en las aulas de alumnos de distintas clases sociales. Todo el reparto es fantástico, pero Fabrice Luchini logra impregnar a su personaje de la amargura de quien se siente incomprendido, ese sentirse invisible a pesar de su clarividencia, y de tener pocas personas con las que poder establecer cierta complicidad.
Entre una clase de estudiantes a los que Germain considera mediocres, despierta su atención Claude y su redacción sobre lo que ha hecho durante el fin de semana. Cuenta allí cómo él, de clase obrera, se ha fijado en Rapha, de mejor posición social, y se ha ofrecido a darle clases de matemáticas para poder introducirse en su casa. El final de su trabajo, “continuará”, y un talento incipiente para contar historias, le animan a pedir nuevas entregas sobre sus impresiones en casa de Rapha y con sus padres, Rapha y Esther; y compartirá los trabajos con Jeanne, su esposa, galerista de arte. Ese meterse en casa ajena mediante las palabras de Claude produce una interés creciente en Germain y Jeanne, pero la cosa puede ir demasiado lejos, tal ejercicio de voyeurismo se convierte en una espiral incontrolable donde las fronteras entre ficción y realidad empiezan a desdibujarse.
Ozon adapta En la casa libremente “El chico de la última fila”, una obra de teatro del español Juan Mayorga, y sobre lo aparentemente banal construye una intriga fascinante donde evita algunos caminos trillados, ofreciendo a cambio ciertas sorpresas, ello en una atmósfera siempre atravesada por una mirada cínica. Atrapa la relación profesor-alumno, la crueldad del adolescente tras un aspecto angelical, y cierta imposibilidad por mantener el control de su curioso juego, los sentimientos cuentan, junto al exorcismo de cierta frustración de Germain, que puede opinar sobre lo que es bueno en la creación literaria, que ve cosas de él en el joven Claude, y cuyos aires de superioridad van a padecer el inevitable correctivo.
Hay ciertos excesos en la narración de En la casa, pero siempre existe la coartada de que tales excesos serían no de Ozon, sino del precoz escritor Claude y su talento todavía no desarrollado, y que incluso podría ser puro espejismo, quedarse en otro Germain. Los momentos en que el lector irrumpe en lo que lee, en su representación cinematográfica, superan el peligro del puro artificio, son contados y usados con cierta inteligencia. El problema, si se quiere, es que todo en la película es puro juego, dos personajes complementarios, como se ve en la escena del banco, en que juegan a imaginar historias en las ventanas que tienen enfrente, asumiendo los papeles de dos mujeres que discuten, hablando uno y replicando el otro. Queda en cualquier caso la idea de que la literatura nos enseña a vernos tal y como somos.(DE CINE 21).




Basada en ‘El chico de la última fila’, una obra de teatro del madrileño Juan Mayorga, ‘En la casa’ es una aproximación fascinante, adictiva y a ratos aterradora al arte de contar historias y las distintas maneras de recibirlas y hacerlas nuestras. El interés, cada vez más agudo y paulatinamente irracional, de un veterano profesor (Fabrice Luchini) por las redacciones de un alumno (Ernst Umhauer) sirven de base a Ozon para reflexionar con ingenio sobre los mecanismos para contar historias, la capacidad de manipulación mediante las palabras (a veces cerca de la tortura psicológica) y las posibilidades nocivas del juego verbal.
'En la casa' también se pone del lado de la antítesis del contador de historias, y levanta en torno a ella una ingeniosa y punzante cavilación sobre la búsqueda de la evasión en el relato ajeno, la necesidad imperiosa de poner a prueba nuestra inteligencia y la impotencia de saberse manipulado y no hallar (o no querer hallar) las herramientas para esquivar el mangoneo. El film se basa, pues, en la palabra; pero no es teatro filmado. François Ozon se apoya en dos variables para adaptar la obra al lenguaje cinematográfico: la interpretación naturalista de los actores y el reflejo en la atmósfera de los procesos emocionales de los personajes.(FOTOGRAMAS).



.......Es evidente que Ozon siente la necesidad de convertir la pieza teatral de Juan Mayorga en su propio constructo de creador que dialoga con su capacidad para cambiar el mundo de los sueños y las cosas más cercanas, por lo que renuncia a toda lectura social y crítica educativa, tratadas no obstante con una sutileza que completa el conjunto. Lo mejor de “En la casa” es que acaba funcionando como un ejercicio ‘meta’ libre de pretensiones y barullos conceptuales: realmente es un espacio lleno de posibilidades, como una vivienda construida en un videojuego que tan rápido amplía los muros del baño como reforma los arriates del jardín. Claude le propone a su profesor Germain (Fabrice Luchini), y de paso a sí mismo, una ficción aún más viva que la realidad, donde lleva al extremo sus anhelos como individuo corriente y sus oscuras libertades como escritor, por ende dios de su propio universo.
En ese sentido, resulta fascinante cómo Claude y Germain se manipulan de manera recíproca, cómo sus palabras inocentes acaban transformando a los secundarios y a los ambientes, y a la vez cómo Ozon consigue que todo ello trastoque la percepción del espectador, atrapado en un océano sin barreras donde todo puede ser verdad o mentira, o ambas cosas al mismo tiempo. La aventura discurre sin grandes sobresaltos, buscando la dificilísima tensión y poesía de lo cotidiano, sin renunciar al humor ni a la autocrítica, que se mueve entre la atracción y la repulsa hacia unos protagonistas que, como no puede ser de otro modo, no saben vivir fuera de sus ficciones. Tan original discurso tenía que evolucionar por inercia hacia una amargura en la que a Ozon le tiembla un poco el pulso, pero es difícil concluir una historia así, contenedora de un infinito, y entretanto se ha atrevido con lo que pocos siquiera se plantearían. Que las historias sobreviven solas, y la voz que las guía, como la de Claude o la de Ozon, sólo avivan sobre ellas una atención que de otro modo nunca les hubiéramos prestado.
Calificación: 8/10   (LA BUTACA).