viernes, 13 de diciembre de 2013

12 AÑOS DE ESCLAVITUD




Película: 12 años de esclavitud. Título original: Twelve years a slave. Dirección: Steve McQueenPaíses: USA y Reino UnidoAño: 2013. Duración: 135 min. Género: Biopic,dramaInterpretación: Chiwetel Ejiofor (Solomon Northup), Michael Fassbender (Edwin Epps), Benedict Cumberbatch (Ford), Brad Pitt (Bass), Paul Dano (Tibeats), Garret Dillahunt (Armsby), Paul Giamatti (Freeman), Sarah Paulson (Sra. Epps), Scoot McNairy (Brown), Lupita Nyong’o (Patsey), Alfre Woodard (Sra. Shaw). Guion: John Ridley; basado en la autobiografía de Solomon Northup. Producción: Brad Pitt, Dede Gardner, Anthony Katagas, Jeremy Kleiner, Bill Pohlad, Arnon Milchan y Steve McQueen. Música: Hans Zimmer. Fotografía: Sean Bobbit. Montaje: Joe Walker. Diseño de producción: Adam Stockhausen. Vestuario: Patricia Norris. Distribuidora: DeAPlaneta. Estreno en USA: 8 Noviembre 2013. Estreno en España: 13 Diciembre 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.


“12 años de esclavitud”, basada hechos reales, refleja la lucha de un hombre por su libertad y supervivencia. Dos décadas antes de la Guerra Civil estadounidense, Solomon Northup, un hombre libre de raza negra que vivía en el estado de Nueva York, fue secuestrado y vendido como esclavo. En los años siguientes, en los que conoció la crueldad (personificada por un despiadado propietario de esclavos) y también la amabilidad en momentos inesperados, Solomon luchó no sólo por conservar su vida, sino también su dignidad. Pero en el duodécimo año de su suplicio, un encuentro casual con un abolicionista canadiense cambió su vida para siempre.


......Formidable película, quizá el mejor drama que se ha filmado en cine sobre la esclavitud en Estados Unidos, destinado a tener el impacto que sobre el holocausto tuvo La lista de Schindler. Se basa en una historia real, que contó el propio Solomon Northup en un libro publicado en 1853.Steve McQueen (II) ha probado sobradamente sus capacidades como cineasta en Hunger –las huelgas de hambre de terroristas del IRA– y Shame –las adicciones sexuales–. Aquí se aplica con realismo en describir las penalidades de un hombre libre reducido al estado de esclavitud sin que pueda hacer nada por impedirlo, lo que supone una inmersión en el infierno de algo socialmente aceptado, disponer de las personas como si pudieran ser propiedad de alguien. Hay innegable crudeza en varios pasajes –las flagelaciones, el impuesto despojo de la intimidad...–, pero justificable y medianamente elegante......
(DE CINE 21).


12 de esclavitud, firme candidata a los Oscar, a menos que los de la Academia se hayan vuelto locos del todo.
Ya ningunguearon a Shame, la anterior película de Steve McQueen, así que no me sorprendería que con esta nueva lección de cine del mismo director cometieran el mismo trágico error. Hay algunos que si no tropiezan con la misma piedra dieciocho veces no se sienten realizados. Pero creo que en esta ocasión, por abordar el tema que aborda, esto es, el racismo en Estados Unidos (podríamos decir que el racismo es igual en todas partes, pero quien esto escribe sospecha que esta mala bestia tiene pelaje distinto en distintos lugares, culturas y subcuturas, aunque en el fondo todos llevamos un resto de racismo dentro), es posible que 12 años de esclavitud esté finalmente entre las nominadas a los premios de la Academia de Hollywood de este año.
Sus merecimientos son varios, pero principalmente me llama mucho la atención su madurez a la hora de plantear el asunto sin trucos, como ya hiciera McQueen con el tema de la la soledad y la adicción al sexo (una cosa lleva a la otra) en Shame. Me resulta particularmente entretenido comparar esta película con otras que es su polo opuesto, El mayordomo, por mucho que, como ya dije en mi crítica en esta misma página, me parezca eficaz y además crea que su protagonista también puede optar a nominación al Oscar este año. Curiosamente ambas adaptan las vicisitudes de personajes reales, pero donde en El mayordomo prima el intento de lavar la mala conciencia norteamericana con el tema del racismo contra los negros, la segunda adquiere todo el carácter y al personalidad de un testimonio más sólido sobre el asunto, construyendo el mismo dese la experiencia privada del protagonista. La voz en off funciona más eficazmente como monólogo interior y le otorga un carácter más íntimo a lo que se nos cuenta que nunca tuvoEl mayordomo. Mientras aquella estaba repleta de trucos de culebrón televisiva al estilo de Grandes relatos, ésta otra juega sólo con la verdad, lo cual en estos tiempos que vivimos es francamente temerario, porque la verdad está en busca y captura, no sea que nuestro “país de la piruleta” se nos vaya a freír puñetas, que encima cae en verso.
Doce años de esclavitud se convierte en una de esas películas imprescindibles y necesarias para reconducir nuestra mirada del mundo. Si tuviera que buscarle una compañera de viaje para un programa doble no sería El mayordomo, sino La lista de Schindler, que sigue pareciéndome la película más inquietante de toda la filmografía de Steven Spielberg. Inquietante porque nos permitió mirar al abismo del tema del genocidio y los campos de concentración, que como el racismo, en el caso que nos ocupa, estaba aparentemente muy trillado y abordado del derecho y del revés, pero no de una manera que llevara la mirada y la reflexión del espectador más allá de lo obvio, lo superficial, el tópico, lo evidente. En el caso del genocidio judío incluso habíamos tenido la oportunidad de ver una serie de éxito arrollador en la pequeña pantalla: Holocausto, en 1978. En el caso del racismo tuvimos, un año antes, en 1977, Raíces. Ambas en la misma década, los años setenta. Luego, por “simpatía comercial”, esto es, para explotar el filón, vendrían muchas más producciones de cine y televisión intentando explotar el mismo asunto. Así que apunten en su memoria el papel de la pequeña pantalla para dar el pistoletazo de salida al tratamiento de los mismos. Pero tuvo que pasar mucho tiempo para que Spielberg y ahora McQueen nos llevaran hasta el borde del precipicio, a contemplar el mal en su estado puro, la deshumanización en todas sus variantes y el oprobioso espectáculo de las víctimas y los verdugos bailando su danza de la muerte y el olvido. La lista de Schindler tenía a un villano ejemplar, Amon Goeth, interpretado por Ralph Fiennes. Y Doce años de esclavitud tiene otro tanto con Edwin Epps, interpretado por Michael Fassbender (¿le darán ahora la nominación al Oscar que le deben desde que protagonizó Shame?, quizá este año que tiene también en su agenda El consejero finalmente le toque…). El mal puro y duro. Sin adornos. Ese es el cometido de Fassbender en esta película en la que además ha saltado un duro competidor para cualquier otro nominado en la carrera de los Oscar: Chiwetel Ejiofor, el protagonista de esta pesadilla. Apunten en el reparto otra aportación en clave de cameo o secundario en la que, tal como ocurre con su contribución a El consejero, Brad Pitt, mantiene esa línea ascendente como actor que en mi opinión comenzó con su trabajo enMátalos suavemente. Sea por la edad o porque finalmente su estatus como estrella le permite mayor libertad de elección y mejores propuestas de trabajo, el caso es que Pitt está consiguiendo convencerme mucho más en sus últimos tiempos y demuestra que el nivel alto de sus trabajos en películas como Doce monos o El club de la lucha no era la excepción de la regla. Más que liberarse de su etiqueta como galán guapete de Hollywood lo que está haciendo es aprovecharla con gran astucia para imponerse como un actor mucho más interesante de lo que ha sido en su larga trayectoria como ídolo de mojabragas desaforadas con la brújula del criterio instalada entre las piernas.
Vayan a ver 12 años de esclavitud. Tengan agallas y miren al abismo.
(ACCIÓN DE CINE)


El cuerpo y sus torturas. En ese paisaje después de la batalla se libra el cine belicoso de Steve McQueen. Por eso la imagen más signifcativa de '12 años de esclavitud' es la del cuerpo colgante de Solomon Northup mientras a su alrededor los esclavos de la plantación reanudan sus actividades cotidianas, como si su sufrimiento ocurriera en una burbuja, indiferente al tiempo, encarcelado en un espacio abierto. Es también el momento en que la postura ideológica de la película resulta más declaradamente polémica; en la que, en fin, los blancos dejan de ser los villanos, transfriendo su responsabilidad a todos los que miraron hacia otro lado para sobrevivir.
'12 años de esclavitud' es 'La Pasión de Cristo' (Mel Gibson, 2004) menos el arameo. O así entiende McQueen ese período de la historia de América: hay que ver las heridas, hay que oír los latigazos. Como el 'Mandingo' (1975) de Richard Fleischer, pero en versión arty. La distancia expositiva a la que tiende el cineasta británico, en la elegancia de sus encuadres y la intensidad taimada en la dirección de actores (el magnífco Chiwetel Ejiofor no está solo en esta empresa: ni una sola interpretación, ni la más secundaria, chirría en una película controlada con mano de hierro), evita el melodrama. Emociona, pero sin lágrimas.(FOTOGRAMAS).


Una lectura apresurada de este peliculón tenderá a afirmar, con razón, que estamos ante un clásico instantáneo, ante la película definitiva sobre el esclavismo, y la considerará, con menos tino, el punto medio perfecto entre la corrección vacua (llorica incluso) de El mayordomo y la brutal huida hacia adelante de Tarantino en su Django. Pero igual que su tráiler no hace justicia al filme, todas estas definiciones puramente administrativas, rutinarias en su excelencia, no alcanzan para reconocer el carácter de una obra que enmascara (a través de los resortes del sistema de Hollywood) una docilidad estilística de la que carece, excepto en su resolución final (un alivio en la llaga del espectador, deudor quizá del texto original de 1853). Pese al crédito como productor y a la reserva de personaje a favor de corriente de Brad Pitt, ésta es una obra del McQueen artista, el premio Turner, el torturador necesario de Hunger, el devastador intelectual de Shame, y, por eso, nunca será la película favorita sobre el racismo de Barack Obama.
El primer reto superado es el estético: con su estilo aliado a la temática de la exploración de los extremos del hombre, un juego con el pánico y la soledad que viene de sus anteriores filmes, 12 años de esclavitud remite al mejor Malick, el controlado, sumiso a la naturaleza, y al Paul Thomas Anderson que pone al hombre frente a la inmensidad, física y mental. Soberbios maestros expresionistas de un país que es en realidad una cultura universal; el mérito de todos ellos, y el británico McQueen lo hace además con tan sólo dos filmes americanos (tiene el valor de situarnos ante la magnitud insuperable de un choque genial entre negros e indios), es haberse presentado como contracultura desde lo más hondo de unos valores estéticos asequibles a través una pantalla de cine.
El segundo desafío estriba en la superación del tópico esclavista, del buenismo de Kunta Kinte o de la visión spielbergiana de El color púrpura. Una extraña delicadeza desnuda, desprovista de amaneramiento sentimental pone en contraste forma y fondo (la violencia, durísima, no sólo física: ese plano del hombre colgado por blancos e ignorado por negros) para llevarnos, con permiso del libro de Northup, a reflexionesen la órbita de Hannah Arendt y el Holocausto. Cuando el protagonista pide perdón a los suyos, lo hace por no haber hecho lo suficiente, por no haber peleado por su libertad hasta la muerte: McQueen no culpa sólo a los blancos esclavistas; registra la presencia de un apasionante catálogo de miedos humanos.Reparte inteligentemente las responsabilidades, sin maniqueísmos, pero lejos de equidistancias, mientras Chiwetel Ejiofor clava un personaje para la historia. Hay además un asterisco sobre el trabajo de Fassbender, inmenso en la complejidad de un trastorno de raíces profundas. Ambos facilitan la tarea del director (y guionista), que no cae en un catálogo de poesía del dolor, un dolor nunca redentor sino odioso. Steve McQueen ha dado un nuevo paso para convertirse en el primer personaje que aparece cuando googleas su nombre, por delante del rey cool con pelo a lo marine. Lo va a conseguir a latigazos.(CINEMANIA). 

sábado, 30 de noviembre de 2013

FROZEN: EL REINO DEL HIELO







Película: Frozen: El Reino del Hielo. Título original: Frozen.  Dirección: Chris Buck y Jennifer Lee. País: USAAño: 2013.Duración: 108 min. Género: Animaciónaventurascomedia,  familiarDoblaje original: Kristen Bell (Anna), Idina Menzel (Elsa, Reina de la Nieve), Jonathan Groff (Kristoff), Santino Fontana (Hans), Josh Gad (Olaf), Alan Tudyk (duque de Weselton), Chris Williams (Oaken). Guion: Jennifer Lee; inspirado en el cuento “La reina de las nieves”, de Hans Christian Andersen. Producción:Peter del Vecho. Música: Christophe BeckMontaje: Jeff Draheim. Diseño de producción: David Womersley. Distribuidora: The Walt Disney Company SpainEstreno en USA: 27 Noviembre 2013. Estreno en España: 29 Noviembre 2013.


Una profecía condena a un reino a un invierno eterno. Así que Anna se ve obligada a unirse a Kristoff, un audaz hombre de las montañas, y emprender un viaje épico en busca de la Reina de la Nieve para poner fin al gélido hechizo. Anna y Kristoff harán frente a temperaturas extremas, a criaturas místicas y lucharán contra los elementos en una carrera contrarreloj para salvar al reino de la destrucción más absoluta.


Disney vuelve al ataque con una secuela espiritual de Enredados. Es decir, que intenta regresar a las historias que tanta fama le dieron de princesas y cuentos de hadas (aquí inspirándose en un cuento del maestro Hans Christian Andersen) pero aplicándole las nuevas técnicas de animación en 3D, como ya vimos en Enredados, con la que comparte espíritu y diseño de personajes, aunque cambiando de reino para llevarnos a un mundo helado. Un reino con dos princesas muy peculiares, una vivaz, curiosa y llena de vida, la otra escondida desde niña en su cuarto debido a sus poderes de hielo, que la convertirían en un monstruo si la gente los descubriese, o eso piensan sus padres. Cuando la mayor deba convertirse en reina y al mismo tiempo lidiar con esos poderes, surgirán los problemas y ambas hermanas se enfrentarán a la aventura de sus vidas, una tratando de huir, la otra buscándola en compañía de un joven, su reno y un curioso muñeco de nieve.
Sorprende y agrada de la película su tono sombrío desde el inicio. Frozen acepta la tragedia como algo propio e inherente al ser humano. Todos perdemos y perderemos a gente en nuestras vidas y tenemos que aprender a vivir con ello. No hay paños calientes ni magia inesperada que salve el día ante determinadas cosas. Los cuentos son muchas veces trágicos y oscuros aunque tengan un final feliz, porque de ese modo sirven como lección para los pequeños lectores y los preparan para un mundo que nunca es ni será justo o perfecto. Y Frozen clava esa teoría a la perfección con sus notas tristes. Como también lo borda con su historia de persona que no encaja en el mundo. No intenta convencernos de que todos tenemos que ser iguales, sino que asume que aunque haya gente a la que podamos asustar o que nos ataquen por ser diferentes, hay que asumir esas diferencias y disfrutar de ellas. No busca más corderos siguiendo al rebaño, y eso parecía haberse perdido en el cine de animación reciente.
Pero tiene varias cosas que no terminan de cuajar y que dejan un sabor menos satisfactorio que el de Enredados. El humor muchas veces no termina de cuajar, exceptuando ese sensacional, absurdo y algo memo muñeco de nieve (ojo a su canción… pura ironía). La fórmula “animal-más-inteligente-como-compañero” se repite de Enredados, cambiando al caballo (que se puede decir que hace un cameo) por un reno. Y las canciones no tienen ni el encanto ni la magia de la película anterior. Ésta cae un poco más en la fórmula, en lo ya visto, que en la magia de Disney y sus personajes. Aunque tiene un giro de guión al final verdaderamente sorprendente y curioso. Aunque la historia de amor sea más entre dos hermanas que romántica. Sí, el romance es más sutil y menos obvio o baboso, pero al final hay un par de detalles que no terminan de cuajar. No quita que siga siendo una buena muestra de animación, completamente disfrutable y con grandes apuntes. Un resurgir del género de princesas, sí. Pero está por debajo de Enredados, y eso se nota. Con todo, perfecta para ver que las princesas cuando realmente interesan es cuando son guerreras.(REVISTA ACCION).


Desde que, en los 40, Walt Disney y Samuel Goldwyn se plantearan colaborar en un compartido homenaje a Andersen que combinase animación e imagen real, la fgura de la Reina de las Nieves parece haber planeado sobre los talentos del estudio con la persistencia de los problemas irresolubles. 24 años después de que otro personaje de Andersen devolviera el esplendor a la compañía con 'La sirenita' (1989), 'Frozen, El Reino del Hielo' podría erigirse como gran paradigma de la domesticación disneyana del gran imaginario fantástico del cuento de hadas europeo: una lección magistral de traición creativa que, he aquí lo importante, se convierte, también, en una gran película y un espectacular acto de autoafirmación.
Catedral de hielo levantada en el centro del imaginario de las Princesas Disney, 'Frozen' se plantea como gran musical a lo Menken, con el secundario cómico más carismático desde el genio de 'Aladdin' (1992) y una protagonista que rompe con el tópico de la mujer independiente para lidiar con los claroscuros de la disponibilidad sentimental: el mazazo moral que recibe la sufrida Anna en un momento clave es inédito en el historial Disney. Si bien la Reina de las Nieves no está forjada en materia oscura como en el cuento, algo de las turbulencias y la amargura del poeta danés perviven bajo el hielo.(FOTOGRAMAS).


Frozen: El Reino del Hielo llega tres años después de En­redados, siguiendo la estela de los clásicos Disney de antaño, muy en particular La bella durmiente, mo­de­lo perpetuo para la factoría. En este caso, se juntan la vieja idea del fundador de los estudios, la nueva tec­no­logía de animación digital y la sangre nueva que apor­ta Pixar a la empresa, y el resultado es notable. Los solventes Chris Buck (Tar­­zán) y Jennifer Lee (guión de ¡Rompe Ralph!) están al mando.
La historia se narra a ritmo de musical de Broadway. Hay muchas canciones -ninguna de ellas realmente pegadiza-, la mayoría simplemente co­rrectas, dos temas son una genialidad; los responsa­bles son Ro­bert Ló­pez y su mujer Kristen Anderson Ló­pez, fi­guras del mu­sical neoyorquino, que ya han tra­bajado con Disney.
La intro­ducción presenta unos lugares poco llamativos: palacios, puertos, montes, pero cuando aparece el in­vierno, hay que descubrirse ante be­lleza deslumbrante que crean los diseñadores y animado­res.
Cada gesto, cada pala­bra, cada mo­vimiento es per­fecto y fluido. La imagen en 3D llama poderosamente la atención, es un recurso bien empleado ca­si todo el tiempo.
La historia discurre ágilmente, pa­sando del suspense al drama, de la aventura a la comedia, con acción y con mu­cho humor. Una pequeña deli­cia, no perfecta, pe­ro bas­tante más que notable, de lo me­jor de los últi­mos años en animación.(FILA SIETE).

sábado, 16 de noviembre de 2013

BLUE JASMINE




Película: Blue Jasmine. Dirección y guion: Woody AllenPaís:USAAño: 2013. Duración: 98 min. Género: Comedia dramática.Interpretación: Cate Blanchett (Jasmine), Alec Baldwin (Hal), Sally Hawkins (Ginger), Alden Ehrenreich (Danny), Andrew Dice Clay  (Augie), Louis C.K. (Al), Charlie Tahan (joven Danny), Bobby Cannavale (Chili), Max Casella (Eddie), Peter Sarsgaard (Dwight), Michael Stuhlbarg (Dr. Flicker). Producción: Letty Aronson, Stephen Tenenbaum y Edward Walson. Fotografía: Javier Aguirresarobe. Montaje: Alisa Lepselter. Diseño de producción: Santo Loquasto.Vestuario: Suzy Benzinger. Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.Estreno en USA: 23 Agosto 2013. Estreno en España: 15 Noviembre 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


Cuando su vida entera se desmorona, incluyendo su matrimonio con Hal, un adinerado hombre de negocios, la elegante Jasmine, conocida personalidad de la alta sociedad de Nueva York, se muda al modesto apartamento de su hermana Ginger, en San Francisco, para intentar recuperarse y recomponer su vida.


......La mejor película “seria” de Woody Allen desde que filmara Match Point, y del nivel de la también notabilísima Midnight in Paris. Esta vez el director y guionista vuelve con Blue Jasmine a Estados Unidos, con notable presencia de su amada Nueva York, a la que se suma la de San Francisco, ciudad donde se criaron las dos hermanas. Y aunque la filmografía de Allen siempre ha pintado a cierto tipo de personas contemporáneas que él conoce bien, enfrentados a las grandes cuestiones que se plantea siempre el ser humano, aquí, quizá por primera vez, aborda un tema de rabiosa actualidad, el de la actual crisis económica con las actitudes que han dado pie a tan dramática situación y sus consecuencias.
La cinta pivota alrededor de ese colapso económico y vital, centrada sobre todo en Jasmine, con numerosos flash-backs que permiten comparar la época de estar en la cima del mundo, con la de la precariedad, sobre todo psicológica, que dificulta asumir las nuevas circunstancias para pasar página. En tal sentido Cate Blanchett hace un trabajo formidable, su personaje de rica venida menos que quiere mantener su estatus se prestaba a la caricatura o al histrionismo, y en sus manos se convierte en un ser humano al que podemos entender y compadecer. Por supuesto, como suele ocurrir en las películas de Woody Allen, todos los actores de Blue Jasmine lo hacen muy bien, incluida la estupenda Sally Hawkins como la otra hermana, pero lo de Blanchett es sencillamente increíble.
Con su clásica actitud pesimista, Allen invita a reflexionar sobre las vidas huecas, construidas sobre una fantástica nada. Y donde el bienestar, la riqueza, las relaciones sociales, la pose, resultan tener bastante menos valor que el simple hecho de mantener los pies pegados al suelo, lo que ayuda a encajar las inevitables contrariedades que consigo lleva la existencia. ¿Es Ginger mejor que Jasmine? Desde luego no es perfecta, pero está armada de ciertos recursos morales para rectificar, algo que parece imposible en el caso de su “cristalizada” hermana, que nunca se ha ganado la vida, y que en más de un sentido se ha labrado su propia ruina, aceptando que la mentira presida su existencia.
Blue Jasmine es una película muy bien armada, con espacio incluso para la sorpresa. Contiene algún momento humorístico –Jasmine trabajando en la recepción de un dentista–, pero domina un tono de amargura, pues pinta con acierto la degradación moral de una persona. Y nos hace preguntarnos, cómo hacía Mario Vargas Llosa en “Conversación en la catedral”: ¿en qué momento se jodió todo?
(DE CINE 21).


Woody Allen en su mejor versión, no hay mucho más que decir. O sí. Es la respuesta perfecta en formato de película a todos aquellos que creían que Medianoche en París era la panacea del cine de Allen, aunque muchos (y se ha leído en más de un sitio, pueden creerme) nunca hubiesen visto joyas como Manhattan, Hannah y sus Hermanas, Annie Hall, Delitos y Faltas o tantas y tantas otras. Hay que reconocer que en los últimos años, o década incluso, el talento de Allen parecía disperso, forzado (exceptuando Match Point), porque el director y guionista sigue empeñado en rodar una película al año. Y a veces es mejor reposar un par de años. Dejar la tierra en barbecho antes de agotarla. Aunque esta vez la jugada ha salido, bien. Muy bien.
La historia está contada en dos tiempos, casi dos realidades paralelas, el presente en el que el mundo de la protagonista se ha convertido en añicos, y el pasado, en el que vemos cómo los años hacen poco a poco mella y van acabando con la historia del personaje, desde su cuento de hadas hecho realidad, hasta el momento en el que todo acaba en miseria y con su marido en la cárcel tras estafar a todo el mundo. Esos viajes vívidos, que más que recuerdos son sentimientos, mantienen el tipo siempre con la historia actual, ninguna de las dos flojea, algo que suele pasar en algunas películas con este formato. Aquí Allen sabe mantener ambas historias en pie de guerra y con sorprendentes giros, pese a que sepamos cómo va a terminar todo. Se guarda el director más de un as en la manga y funcionan.
Para que ese viaje a la locura, la miseria y la tristeza sea posible, el director confía en una pedazo de actriz como Cate Blanchett, quien da vida a esa protagonista que se niega a ver, creer y aceptar la realidad. La actriz está simplemente portentosa en su papel y se merece un Oscar, o al menos la nominación, para verse las caras con la otra más que posible nominada, Sandra Bullock. Pero es sólo la punta del iceberg de un reparto que tiene nombres como Alec Baldwin, Peter Sarsgaard, Louis C.K., Andrew Dice Clay (el gran Ford Farlaine…), pero sobre todo dos nombres propios, un magnífico Bobby Cannavale y una no menos magnífica Sally Hawkins, que rebosa naturalidad y talento.
A veces la historia parece intrascendente, aunque mezcla muy sabiamente comedia, cinismo y drama, con unos diálogos perfectos, pero tiene esos pequeños momentos, sobre todo en las historias que rodean a la de la protagonista, como es el caso de Louis C.K. cuya presencia da la sensación casi de ser un cameo sin explotar completamente. O los hijos de la hermana, que van y vienen como el Guadiana, desapareciendo a voluntad. Eso no quita que sea la mejor película de Woody Allen desde Match Point, con la que tiene mucho más que ver que con Scoop o Vicky Cristina Barcelona, gracias a dios. Y por eso merece tanto la pena que vayamos a verla.(ACCION DE CINE)


Si un producto abunda es habitual que hasta los más devotos tiendan a relajar algo su juicio sobre él, cuando no a valorarlo desde la costumbre, condescendiendo incluso tras cierta máscara de rutinaria admiración; véase la trayectoria de Woody Allen, tan copiosa como marcada por la pura adicción al trabajo, además de, últimamente, algo sospechosa de un afán crematístico rozando lo veraneante. Es por ello que cuando, cada cierto tiempo, el hiperactivo neoyorquino se desmarca con una obra en verdad importante, como es el caso de 'Blue Jasmine', film de auténtico peso y alcance moral llamativamente por encima de la mayoría de gratos entremeses que alfombran el suelo de su filmografía reciente, convenga hacer hincapié en ello; por un lado, para incitar a refexiones más allá de cuantos (merecidos) clichés suele atraer cada nueva película suya, y, por otro, para recordarnos que, pese a su tendencia al sucedáneo autoindulgente, seguimos estando ante uno de los mayores talentos cinematográficos en activo.
Estructurada con sofisticación, habitada por personajes que trascienden lo farsesco sin por ello renunciar a destellos realmente divertidos, y apoyada con idéntica solidez en un pilar ético-discursivo y en otro emocionantemente dramático, estamos, me parece obvio, ante su largometraje más sólido desde hace años.(FOTOGRAMAS).

viernes, 1 de noviembre de 2013

THOR ,EL MUNDO OSCURO



Película: Thor: El mundo oscuro. Título original: Thor: The dark world. AKA: Thor 2. Dirección: Alan TaylorPaís: USAAño: 2013. Duración: 113 min. Género: Acción,fantásticoInterpretación: Chris Hemsworth (Thor), Natalie Portman (Jane Foster), Tom Hiddleston (Loki), Anthony Hopkins (Odin), Jaimie Alexander (Sif), Idris Elba  (Heimdall), Stellan Skarsgård (Dr. Erik Selving), Rene Russo (Frigga), Christopher Eccleston (Malekith), Zachary Levi (Fandral), Adewale Akinnuoye-Agbaje (Algrim / Kurse),Kat Dennings (Darcy), Clive Russell (Tyr). Guion: Christopher Yost, Christopher Markus y Stephen McFeely, basado en un argumento de Don Payne y Robert Rodat, a partir del cómic de Stan Lee, Larry Lieber y Jack Kirby. Producción: Kevin Feige. Música: Brian Tyler. Fotografía: Kramer Morgenthau. Montaje: Dan Lebental y Wyatt Smith. Diseño de producción: Charles Wood. Vestuario: Wendy Partridge. Distribuidora: The Walt Disney Company SpainEstreno en USA: 8 Noviembre 2013. Estreno en España: 31 Octubre 2013. Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.


En “Thor: El mundo oscuro″, Thor lucha por restablecer el orden en todo el cosmos… pero una antigua raza liderada por el vengativo Malekith regresa para volver a sumir al universo en la oscuridad. Thor se enfrenta a un enemigo al que ni siquiera Odín y Asgard pueden hacer frente, y deberá embarcarse en su viaje más peligroso a la vez que personal. En este viaje se reunirá con Jane Foster y le obligará a sacrificarlo todo para salvar el mundo.


En Marvel saben que incluso las gallinas de oro hay un día que dejan de poner huevos. También que las raciones de superhéroes hay que administrarlas con dosificador o, si las leyes del mercado obligan a hacerlo con más periodicidad de la deseable, es imprescindible cambiarles el aspecto, la consistencia y hasta el sabor. No es casualidad que hablen de "fases" para planificarse, tampoco que vayan tachando casillas en la tabla de géneros para evitar repetirse. La primera Thorapostaba por una especie de Starman caído del cielo –era un dios nórdico, pero el rubio mazas podría haber sido un extraterrestre–, Capitán América: El primer vengador por el cine de aventuras clásico, Iron Man 2 por la ligereza bondiana, hasta confluir en la épica de la catástrofe que era Los Vengadores. "¿Cuántas equis llevamos puestas?", debió preguntar alguien en Marvel Studios mientras revisaba el esquema.
Después de ver Thor: El mundo oscuro parece bastante claro que las películas individuales de los héroes más poderosos de la Tierra no van a desafiar en tamaño a las del combo. Como ya anticipaba Iron Man 3, se trata de buscar un equilibrio entre lo sorprendente y lo familiar, y mantenerlo a una escala (super)humana. En el caso de esta secuela, creíamos que la novedad sería una apuesta juegotronista por las batallas sangrientas y las intrigas cortesanas -que el director elegido fuera Alan Taylor era una buena pista–, pero no, era sólo una maniobra de distracción. El acento se pone en la comedia, llevando la película a un territorio entre cínico y bromista en el que Loki (Tom Hiddleston) se desenvuelve con libertad de movimientos. Se nota la mano del bombero Joss Whedon.
No es mala idea, sobretodo porque Chris Hemsworth Natalie Portman –¿cuándo fue la última vez que la viste reír?– están muy por la labor. El asunto es que incluso de cachondeo necesitan un villano terrible con ganas de dominar este y otros mundos. Ahí entra Malekith (Christopher Eccleston), un elfo oscuro con trenza platino que no entraría en un top 200 de malos de película. Vamos, que la historia nos la trae un poco al pairo, porque lo que cuentan son los gags, las ocurrencias de los secundarios y ese divertido portal interdimensional-gravitatorio que convierte el último tramo de la película en una batalla orquestada por los hermanos Marx.(CINEMANIA).


Hace unos años, cuando se le quería rebajar el nivel a una película, por su ligereza o superficialidad, se solía decir de ella que era “como un comic”. Tras “Los Vengadores” (2012), a los lectores de tebeos que no se avergüenzan de serlo –porque, de hecho, no tendrían por qué- les ha quedado claro lo largo, extenuante, complejo y difícil que ha sido el camino que habría de desembocar en la película realmente digna de ser comparada, por fin –y no para mal-, con un comic-book: no es fácil que una pantalla vibre como una buena página de historieta, sin techo para la imaginación visual y el sentido del asombro. La división cinematográfica de la Marvel conquistó allí algo que no parece dispuesta a perder y este “Thor: el mundo oscuro”, en su condición de entrega de transición de este macro-serial marveliano hecho de elefantiásicos blockbusters, así lo reafirma.
Alan Taylor no parece tener muy presente su paso por “Juego de tronos” en esta película que apuesta por la diversión desbocada y el dinamismo sostenido antes que por las luchas intestinas de poder en el panteón nórdico. Quizá el cine de súper-héroes aún tarde en alumbrar a sus propios Alan Moore, Grant Morrison o Mark Millar –de hecho, aún no ha alumbrado a sus finos estilistas como Jack Kirby o Steve Ditko-, pero esta aventura de clímax cuántico, con dos continuarás y su incesante encadenado de escenas frenéticas, está a la altura de algo, en efecto, muy difícil de convocar: el placer de la lectura de una sobresaliente página de tebeo de súper-héroes.(FOTOGRAMAS).


Thor, el mundo oscuro. Mejor que Thor, me gusta más que Iron Man 3 y es más cercana a Los Vengadores.
Esta segunda película sobre Thor tiene las cosas más claras sobre su identidad como producto Marvel que la primera. Dicho de otro modo: es más cercana a los comics en que se basa en todos sus aspectos. Y conste que la película dirigida por Kenneth Branagh siempre me ha parecido buena, aunque personalmente me divirtiera más viendo la película de El Capitán América. Además Thor el mundo oscuro tiene gran habilidad para administrar el protagonismo de sus distintos personajes en diferentes fases del relato, lo que fue sin duda uno de los mayores aciertos de Los Vengadores y es una característica que define los comics de superhéroes de la editorial Marvel. En éstos los superhéroes propiamente dichos son sin duda los principales protagonistas, pero nunca son los únicos protagonistas. Por eso la película nos propone primero el reencuentro con Loki, antes de saltar a un momento que deja claro que Thor el mundo oscuro es mucho más cercana a las viñetas de la Marvel que la película anterior: la batalla en Vannaheim. Ahí es donde empieza a hacerse patente que Sif va a tener mayor peso en la trama, lo mismo que los compañeros guerreros del protagonista. Esa apertura de carácter épico marca la pauta del resto de la película, que mezcla con habilidad elementos de las historias de Espada y Brujería y el género de aventuras con la ciencia ficción. Además deja claro que estamos ante una visión del universo Marvel en el cine perfectamente conjuntada con las estrategias narrativas y de explotación cinematográfica de los cómics de esa editorial aplicadas en Los Vengadores. Continuidad total que se extiende tanto a una broma visual entre Thor y Loki a mitad de la película en clave de cameo de otro personaje como al primer fragmento post-créditos en el que se deja bastante claro cuál será el tema y el villano de Los Vengadores 2. La continuidad que toma como epicentro del universo Marvel en el cine Los Vengadores es probablemente lo que buscaba la productora cuando cambió al autor de la música de la película propuesto por el director por el compositor de Iron Man 3, Brian Tyler. Otro elemento de continuidad de las claves que propiciaron el éxito de Los Vengadores lo encontramos en el uso del sentido del humor. Tras el comienzo en Asgard con los “dioses”, entra en el relato la Tierra y los humanos aportando la parte más humorística al argumento, antes de convertir a Jane Foster (Natalie Portman) nuevamente en el puente entre el mundo de Thor y nuestro planeta y al mismo tiempo en una especie de variante de Alicia en el país de las maravillas que pasa al otro lado del espejo.
Thor, el mundo oscuro desarrolla un papel más interesante para Loki, y con un conflicto que da más juego que el tradicional encuentro entre protagonista y antagonista.  En esta película, Loki se confirma como el gran villano o antagonista de las producciones de superhéroes producidas por Marvel. Además los elfos oscuros son más sólidos y tienen más personalidad que los gigantes del hielo de la primera entrega. Frente a la primera entrega, ésta cuenta con más secuencias de acción (la batalla de Vannaheim, las mazmorras, el ataque a Asgard en plan batalla de Inglaterra, el enfrentamiento final …), saca el máximo partido a la misión imposible de Thor y sus compañeros en la línea de explotación del grupo de personajes, cada cual con su momento de protagonismo. Además la película exhibe una gran capacidad para aportar información con un solo plano a modo de viñeta de cómic (por ejemplo el plano de Thor, Odin, Frigga y Jane Foster después del ataque de los elfos a Asgard). Y para completar el trabajo cierra su trama con una batalla espectacular y con un final de cliffhanger imposible de superar que además encaja perfectamente con la personalidad del relato y los personajes del comic en el que se basa la película. El guión se mueve con más libertad y ritmo que en la primera entrega una vez que presentara en aquella a los personajes, los actores están más cómodos en sus papeles, Hiddleston tiene totalmente dominado su papel como Loki y sus secuencias con Hemsworth interpretando a Thor son mejores que las de la primera entrega. Todos los actores del reparto sacan partido del mejor aprovechamiento de sus personajes en el guión, empezando por Stellan Skarsgaard y su breve pero hilarante papel como contrapunto cómico o Idris Elba dando vida a la clave más épica de su papel como Heimdall, el guardián del puente, o Kat Dennings ejerciendo como la chispeante becaria/amiga de la protagonista.  
Aviso: es preciso quedarse hasta el final de todos los títulos de crédito para conocer el verdadero desenlace de este relato. Además del guiño de anticipo para próximos proyectos Marvel, esta es la primera película de los superhéroes de la compañía que termina el arco dramático de su argumento después de los créditos finales. Sospecho que más de un impaciente se va a quedar sin ver el verdadero desenlace de la película.
En cuanto a verla o no en 3D, opino que ésta es una de esas ocasiones en las que merece pagar el sobreprecio por la carga de acción constante que nos propone el argumento. Thor el mundo oscuro tiene más acción y de forma más continuada que cualquier otra película producida por la Marvel, excepto Los Vengadores. Y realmente en las escenas de batalla saca buen partido a la aplicación del 3D.(REVISTA ACCIÓN)